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Full text of "Anales Del Instituto De Lingüistica. 1950. Tomo 4. Mendoza, 1950"

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UNIVERSIDAD NACIONAL DE CUYO 
FACULTAD DE FILOSOFIA Y LETRAS 


ANALES 


DEL 


INSTITUTO DE LINGUÍSTICA 


TOMO IV 


Año del Libertador General San Martín 
MENDOZA : 
1950 


PUBLICACIONES PRÓXIMAS DEL INSTITUTO 
DE LINGUISTICA 


ANALES DEL INSTITUTO DE LiNGUÍSTICA 


J. Amades, Cristóbal Colón en la tradición catalana, 

J. Amades, Imitació dels sons. 

S. Bucca, Consideraciones sobre la glosemática. 

A. Dornheim, Los enseres domésticos de la casa rural del Valle de 
Nono (Córdoba). 

W. Ebeling y F. Kriiger, La castaña en el N. O. de la Península 
Ibérica. 

L. da Silva Ribeiro, Moinho de máo na Ilha Terceira (Acores) 

M». E. Zappacosta de Willmott, La vitivinicultura de Mendoza. 

R. Wilmes, La casa rural en el valle de Vió (Aragón). 


Esrupios LincUísTICOS 


1 - G. Rohlfs, Lengua y cultura. 

2 - W. Havers, El tabú en las lenguas indoeuropeas. 

3 - M. L. Wagner, Contribuciones para el estudio de los sufijos 
iberorromances. 

4 - F. Kriger, Los dialectos de Sanabria y de sus zonas colindantes, 
(Fonética, morfología, léxico). 


CUADERNOS DE EsTuDIOS FRANCESES publicados por la Sección Lengua 
y Literatura Francesas de la U. N. de Cuyo. 


F. Kriiger, Géographie des traditions populaires en France. 


El Indice de las palabras del tomo 1V será incluído en el tomo V de 
los Anales. 


ANALES 
DEL 


INSTITUTO DE LINGUÍSTICA 


- UNIVERSIDAD NACIONAL DE CUYO | 
FACULTAD DE FILOSOFIA Y LETRAS 


ANALES 


DEL / 


.. , 


INSTITUTO DE LINGUISTICA 


TOMO IV 


Año del Libertador General San Martín 
MENDOZA 
1950 


UNIVERSIDAD NACIONAL DE CUYO 


AUTORIDADES E INSTITUTOS 


RECTOR 
Dr. 1. Fernando Cruz 


FACULTAD DE FiLosoría Y LETRAS 
Delegado Interventor: Prof. Toribio M. Lucero 


FACULTAD DE CIENCIAS [AGRARIAS 
Delegado Interventor: Ing. Santiago Curelli 


FAcULTAD DE Ciencias ECONÓMICAS 
Decano: Prof. Francisco Femenía 


FACULTAD DE CIENCIAS DE LA EDUCACIÓN 
«Delegado Interventor: Dr. Juan Carlos Sáa 


FACULTAD DE INGENIERÍA Y CIENCIAS EXACTAS, 
Físicas Y NATURALES 


Delegado Interventor: Dr. Alberto A. Tomaghelli 


EscuELA SUPERIOR DE ARTES PLÁSTICAS 
Director Interino: Sr. José de España 


EscuELAa SUPERIOR DE MúsicA 
Director: Prof. Julio Perceval 


ESscuELA SUPERIOR DE ARTE EscÉNICO 
Directora: Dalina Zuaenko de Tolmacheva 


Secretario General: Dr. Carlos M. Puebla 
Prosecretario Crd Dr. Enrique P. Oliva 


FACULTAD DE FILOSOFIA Y LETRAS 


Delegado Interventor: Prof. Toribio M. Lucero 
Secretario: Prof. Enrique M. Campoy 


ProrESsORADO DE LENGUAS VIVAS 


Director Interino: Prof. Alfonso Solá González 
INSTITUTOS DE INVESTIGACIONES DE LA FACULTAD 


Instituto de Filosofía y Disciplinas Auxiliares 
Instituto de Historia y Disciplinas Auxiliares 
Instituto de Lenguas y Literaturas Clásicas 
Instituto de Lenguas y Literaturas Modernas 


Instituto de Lingúística 


InsTITUTO DE LINGUÍSTICA 
Director: Dr. F. Kriger 


Jefe de Trabajos Prácticos: Prof. María E. Zappacosia de Willmoti 


Ayudantes de Investigación: 


Prof. Angélica Guiñazú - María Aranalde 


AL LECTOR 


Después de una tregua de casi cinco años se reanuda la publicación 
de los ANALES DE LINGUÍSTICA con la aparición del Tomo IV redactado 
en 1949, primer año de mi actuación en Mendoza. Creo que la ocasión es 
propicia para destacar brevemente cuál es el carácter especial que esta re- 
vista adquiere desde el presente número, 

Sin perder de vista el amplio panorama de los problemas generales de 
la lingiíística, en los Anales tendrán cabida no sólo las investigaciones de la 
filología romance, sino también aquellos aspectos del folklore y la etnografía 
que más estrechamente se relacionan con la ciencia del lenguaje; de este modo 
creemos poder vincularnos directamente con la historia de los pueblos y sus 
legítimas adquisiciones culturales. 

Para los fines expresados orientaremos nuestra labor tendiendo un nexo 
científico entre la filología europea y la hispanoamericana; ocuparán un sitial 
de privilegio las lenguas y culturas hispánicas y muy especialmente las de 
la América Latina porque ellas ofrecen al lingiiista una problemática de 
breve trayectoria científica, pero de gran valor por su riqueza y variedad. 

Son estas razones las que nos incitan a la publicación de artículos e 
informaciones sistemáticas por medio de reseñas para contribuir así al per- 
feccionamiento de métodos y fomentar la producción creadora. 

Los Anales serán pues el portavoz de las investigaciones de este Ínsti- 
tuto el que, por otra parte, se sentirá honrado si consigue despertar el interés 
de los romanistas por colaborar en la tarea que nos hemos impuesto. 

La publicación del presente lomo, que será seguida próximamente por 
la de una serie de “Estudios Lingiñísticos” —anejos de los Anales—, se 
debe a la gestión entusiasta y a la directa intervención del Señor Rector de 
la Universidad Nacional de Cuyo Dr. 1. FERNANDO CRUZ y del Señor 
Delegado Interventor de la Facultad de Filosofía y Letras Prof. ToriBlo 
M. Lucero. 4 ellos reitero aquí mi agradecimiento por haber dado, desde 
la hora inicial, una nueva base a mi actividad filológica en esta promisora 
Universidad argentina. 


F. KrUcER 


, 
: 


LA EVOLUCIÓN ESTILÍSTICA EN LA POESÍA 
ROMANCE » 


La moderna filología, particularmente la investigación romanística de 
hoy, se ha empeñado constantemente en profundizar y ampliar su tradicional 
radio de acción. Es un hecho conocido, por ejemplo, que el sector lingilístico 
está influido en la actualidad sobre todo por las recientes conquistas de la 
geografía lingilística y el estudio sistemático de “palabras y cosas”. Pero 
también la crítica literaria está a punto de tomar una nueva fisonomía desde 
que ha comenzado a poner cada vez más en primer plano los problemas 
estilísticos y, por lo tanto, a consolidar los vínculos entre la lingúística y la 
estética literaria comparada. Las poesías no son valorizadas sólo como ma- 
nifestaciones del espíritu y estimadas por su contenido moral, sino también, 
como les corresponde, desde el punto de vista formal. Si se quiere descu- 
brir y explicar la riqueza de sentimientos de una obra poética por los me- 
dios expresivos que la distinguen, nos debemos someter a las mismas exigencias 
fundamentales que debió haber tenido presente el propio poeta al crear su 
obra: un sentido estético espontáneamente desarrollado y una profunda 
experiencia literaria. 

El efecto de la obra artística depende de la impresión que ella produce 
en el que la contempla. Hay para el observador dos clases distintas de obras 
de arte: aquellas que pueden ser comprendidas sin mayores dificultades y 
otras cuya índole podrá ser entendida sólo después de una especial experien- 
cia educativa. La antigiiedad greco-romana, así como el Renacimiento ita- 
liano, son más familiares a los romanos y germanos, en razón de su formación 
clásica que, por ejemplo, el mundo del Islam. Para que éste produzca ver- 
dadera impresión necesita no sólo aclaraciones sino una verdadera compene- 
tración de sus problemas por parte del crítico. Sin embargo para citar ejem- 
plos apropiados, no es necesario dirigir la mirada más allá de los límites de 
occidente. ¿Cualquiera que no sea castellano podría comprender la obra de 


1) Resumen del libro inédito El mensaje poético de los pueblos latinos. 
Contribución al estudio de las formas de expresión poética en la poesía de los 
pueblos románicos. (Aproximadamente 500 páginas). 


2 E. FRHR. v, RICHTHOFEN 

El Greco? Porque, en efecto, la modalidad de su arte pictórico no sólo se 
caracteriza por los matices del cielo veneciano o las proporciones bizantinas, 
sino más particularmente por la manifestación del alma en la reproducción 
de los nobles castellanos, característica que se hace evidente aún en el tipo 
de figuras sagradas de este pintor. Sólo es posible acercarse a ellas penetran- 
do profundamente en esa peculiar mistificación del alma castellana. Del 
mismo modo debe acercarse uno a la poesía: el Cantar del Mio Cid reclama 
una apreciación distinta de las epopeyas de la antigiiedad o los cantares 
heroicos germánicos, aun cuando aquél tenga ciertos puntos de contacto con 
la llíada o el Cantar de los Nibelungos. 

La poesía se manifiesta en múltiples formas de expresión. 
El concepto que ella encierra, la intención, el tema o la trama no es nece- 
sario que realicen por sí mismos un arte cumplido. Merece nuestra estimación 
no sólo el “qué” sino muy especialmente el “cómo”. Y este “cómo” es la 
forma, con la cual un concepto, un tema o una trama nos son presentados 
por el poeta. De él recibe la idea su pathos ético; el asunto, vida; la trama, 
estructura. De este modo podría establecerse una analogía con las artes 
plásticas. En efecto, tales comparaciones se han hecho entre la plástica de 
Miguel Angel y sus poesías líricas o entre el estilo de El Greco y el mis- 
ticismo barroco de Calderón; entre las pinturas clásicas de Poussin o la 
arquitectura del clasicismo francés y la estructura de una tragedia de Racine. 
Esta forma interna de la obra de arte, que revela en cada caso un determina- 
do pathos ético, un carácter puesto en evidencia o la misma naturaleza, es 
sometida por el cincel del escultor o por la pincelada del pintor a una técnica, 
a un estilo determinado que para el poeta es la forma lingúlística y la estruc- 
tura del verso. 

El único arte que, desprendido de intención, de tema o trama, tiene en 
sí mismo su inspiración y su forma es la música. Pero también la poesía en 
su última y altísima concepción se revela en una forma tan sublimizada como 
la música. El elemento creativo tan decisivo obra a menudo independientemen- 
te de la intención, del tema o la trama, derivándose en tal caso únicamen- 
te del fondo ético de su autor. De no ser así difícilmente podrían haber expe- 
rimentado las mismas materias distintas estructuraciones. Compárese solamente 
la evolución progresiva de la Ifigenia desde Eurípides a Racine, Goethe y 
Hauptmann. Sin embargo también se puede observar lo contrario: la exqui- 
sita y graciosa comedia de amor de Moreto no pudo ser superada por sus 
imitadores, ni aún por Moliére. 

Esta forma es la estructuración lingilística creada por el poeta, el 
estilo, la forma de expresión poética que brota naturalmente del contenido 
de la obra así como de la personalidad de su creador. Ella es la que dife- 


La evolución estilística 3 
rencia la alta poesía del relato simplemente narrativo en prosa. El don de 
la expresión artísticamente lograda es, en verdad, común al prosista y al 
poeta, sea lírico, épico o dramático, pero éste se ve obligado a sostener una 
lucha mucho más intensa con los medios estilísticos para alcanzar efectos 
sonoros. Aquél escribe en una lengua que deberá servir tan sólo a la lectura; 
éste, en cambio, sopesa tanto su expresión que produce una poesía que habla 
musicalmente al oído o que despierta, por lo menos, el oído interior del 
lector. La poesía tiende más a la sugerencia que la narración del prosista; 
pues a ésta, por escogida u ordenada que sea, sólo muy difícilmente le es 
propio el matiz lírico o el carácter de la epopeya. 

Las grandes poesías épicas como la Eneida, la Chanson de Roland, 
la épica de Dante y Ariosto, así como muchos géneros líricos tales como la 
secuencia, la canzone, los sonetos de Petrarca juntamente con todos los 
escritos dramáticos, requieren la recitación y por ello el poeta debe tener 
en cuenta el efecto rítmico de su poesía. También la lírica moderna de los 
pueblos románicos (y aún la más reciente) está esencialmente de acuerdo 
con este concepto. Mallarmé recitaba con gusto, como lo refiere Valéry, y 
él mismo ha llamado la atención sobre la extraordinaria importancia que el 
efecto musical tiene en la poesía. 

Lo que en la pintura denominamos forma visual y en la música sentido 
de la armonía, en la poesía está representado por la forma de expresión, la 
espléndida vestidura con la cual el poeta cubre oportunamente su obra ya 
meditada. El estudio de los medios de expresión corresponde a la estilística, 
a la sintaxis, a la métrica y aún a la fonética. La finalidad ideal, cabal de la 
crítica literaria ha sido muy bien expresada por Paul Valéry: “L'art litté- 
raire. . . est, de tous les artes, celu qui engage et utilise le plus grand nom- 
bre de parties indépendantes (son, sens, formes syntaxiques, concepts, 
images. ..). Son étude ainsi congue est évidemment des plus dificiles á 
conduire...”. 

El arte del estilo poético está arraigado por regla general en la 
tradición, aunque no necesita de ningún modo basarse en la estricta 
imitación. Racine emplea el “clásico” alejandrino, sujeto en su tiempo a 
severas prescripciones, y sin embargo tiene una contextura distinta del de 
Corneille. A un verdadero genio poético no le incumbe imitar; para él la 
creación literaria consiste en un esfuerzo continuo, en una lucha por la ex- 
presión dentro o fuera de los límites de las formas tradicionales. No imitará, 
sino que transformará y aclarará, como Goethe en la recolección de Hafi; 
aspirará a mejorar, vivificar o atenuar como hicieron Corneille y Racine con 
la forma dramática de sus predecesores; y sólo en el mejor de los casos 
darles forma original y color propio como hicieron Dante con sus tercetos y 


4 E. FRHR. v. RiCHTHOFEN 

Ariosto con su epopeya en octavas. En esto reside la fuerza creadora de la 
expresión poética. De ella recibe la Chanson de Roland el revivido acento 
semidulce, a la vez que nostálgico y natural de su lenguaje épico; la lírica 
de Dante, su aristocrática mesura; la Commedia, su plasticidad y su extra- 
ordinaria sonoridad; el cancionero de Petrarca, su ritmo flexible; la epopeya 
de Ariosto, su risueña amenidad; la Celestina, el dinámico realismo en me- 
dio de una trágica pesadumbre; la obra dramática de Cervantes y Lope 
de Vega, el recio pathos; las reflexiones de Calderón, su pomposa gravedad; 
el drama de Corneille, la frase sentenciosa y apasionada; las tragedias de 
Racine, la serenidad llena de majestad y armonía, y por fin, las fábulas de 
La Fontaine, su agudeza encantadora. 

En este sentido, la imitación de modelos estilísticos debe ser conside 
rada como una de las primitivas formas de expresión poética. Se encuentra 
frecuentemente aún en la Chanson de Roland. Las numerosas 
amplificaciones, las hipérboles, las preguntas retóricas y las interjecciones, así 
como la plasticidad de la expresión, los presagios divinos, las prácticas 
jurídicas y los llantos fúnebres debieron basarse en una técnica épica común 
a todos los cantares de gesta. Un retorno a los esquemas perfeccionados 
ya en la antigiiedad testimonia también la poesía latina medieval, como por 
ejemplo el poema de Gualter y hasta la Gesta de los Nibelungos. La técnica 
épica se manifiesta con particular intensidad, cuando ya ha pasado un par 
de siglos desde la fecha de los acontecimientos que la epopeya tiene por 
objeto, como acontece exactamente con la Chanson de Roland, pero no con 
el Cantar de Mio Cid, o cuando la leyenda no tiene una base real o sea un 
fondo histórico comprobado. Aparte de las convencionales sentencias, excla- 
maciones, preguntas, repeticiones y sinónimos, el poeta de la Chanson de 
Roland se sirve de otros medios mucho más característicos de su estilo: tanto 
de la figura de la “oppositio””, de la antítesis, de la variación, como de la 
aclaración de la acción por medio de gestos y mímica que contribuyen con- 
siderablemente a la plasticidad de la expresión. Sin embargo en la epopeya 
heroica se hace un uso mucho más restringido de las descripciones largas, 
pinturas de la naturaleza y comparaciones como las que aparecen con tanta 
frecuencia en la épica caballeresca, 

La orgánica trabazón interna y el redondeamiento de la laisse per- 
miten una comparación con la técnica del romance español. Sus versos 
iniciales y finales atraen notablemente la atención del mismo modo que la 
base y la cúspide de una pirámide. Como macizos bloques se interponen las 
descripciones de combates y la nómina de los héroes. Como un soplo violento 
se produce la serie de oraciones paratácticas. Estos elementos que aparecen 
con suma frecuencia constituyen una evolución de formas de expresión ya 


La evolución estilística 5) 
existentes, el resultado de un fructífero entendimiento del poeta con el modo 
estilístico tradicional. Ellos dejan ver que la Chanson de Roland es una 
verdadera epopeya artística. No obstante, no está construída con el mismo 
sentido de la épica de los clásicos latinos. 

No obstante se evidencia que en la Chanson de Roland, modelo 
de epopeya francesa, la participación directa de los elementos estilísticos 
virgilianos y de la épica latina medieval es sumamente escasa. Las coinci- 
dencias de la Chanson con detalles de la epopeya latina, prescindiendo de 
las pocas verdaderas analogías con la Eneida, el poema de Gualter y la obra 
de Ermoldus Nigellus, se deben basar más bien en una técnica épica común 
a todos los pueblos. Tampoco queda nada esencial, desde el punto de 
vista formal, de la supuesta herencia germánica. En la investigación de la 
épica románica, se ha hablado insistentemente desde los días de Gaston 
Paris de la “hipótesis germánica”; entre otros la hemos sostenido Theodor 
Frings y últimamente yo mismo. Puede sin embargo ser válida tan sólo cuando 
se refiere a coincidencias de motivos realmente comprobables en las leyendas 
de los cantares, es decir, a la estructuración de esos temas por medio de adi- 
ciones y combinaciones del tesoro legendario, o a la supervivencia de determi- 
nadas leyendas heroicas en forma todavía épica o ya diluída, principalmente 
en las refundiciones del último período, que son más bien compilaciones que 
verdaderas poesías artísticas. Ejemplo de esto último lo constituye la refun- 
dición de la leyenda de los Siete Infantes de Lara en la Primera Crónica 
General. Ya sabemos lo que Gaston Paris quiere decir cuando habla, refi- 
riéndose a la poesía épica francesa, del “esprit germanigue dans une forme 
.omane”: actitud de los francos en el combate, veneración por el emperador 
Carlos y los nobles, usos jurídicos germánicos y la vocación por el canto 
heroico, todo eso dentro de una vestidura románica. Ciertamente que en la 
Chanson de Roland el “esprit germanigue” (con lo cual se designa el es- 
píritu franco) es en realidad apenas perceptible, pues se diluyó en el mundo 
francés a causa de la romanización. Y aun cuando fuera posible encontrar 
tales indicios dentro del marco románico, solamente pueden referirse al espí- 
ritu de la poesía épica o a los detalles de la acción, pero no a la “forme 
romane”. En este sentido entiendo la formulación de Gaston Paris y reconoz- 
co su validez actual: la Chanson de Roland deja filtrar algo del espíritu 
franco en una forma de expresión completamente románica y hasta marcada- 
mente personal. 

Una situación particular parece ocupar exclusivamente la canción fran- 
cesa de Gormond et Isembart. Ella contiene, tal vez como 
excepción única, elementos estilísticos puramente germánicos trasmitidos muy 
probablemente por medio de la tradición de los vikins normandos. En la 


6 E. FRHR. v. RICHTHOFEN 


Canción de Gormond se encuentran numerosas palabras de procedencia ger- 
mánica para designar las armas, así como reminiscencias de formas de pen- 
samiento y expresión germánicas. Gormond es delineado como un conquista- 
dor viking, como atrevido héroe y orgulloso pagano. La lucha entre padre e 
hijo en el episodio de Isembart recuerda la tradición legendaria de Hilde- 
brando. Sin embargo la Canción de Gormond constituye justamente una 
verdadera excepción. Por otra parte, la mayoría de las narraciones se ha 
apoyado estrechamente en el modelo de la Chanson de Roland. La forma 
de la epopeya francesa se ha originado pues esencialmente en sí misma. Lo 
mismo se puede decir, y hasta en mayores proporciones aún, de la epopeya 
española que, prescindiendo de la aceptación de ciertos medios estilísticos 
franceses, adopta precisamente formas de expresión autóctonas. 

El Cantar de Mio Cid se caracteriza formalmente por los recios rasgos 
de sus descripciones, produciendo, en contraposición con los cantares france- 
ses, la impresión de un relato marcadamente histórico a la manera de un 
diario de guerra poematizado por uno de los compañeros del Cid, El estilo 
épico moldeado por el Poema del Cid deja sus huellas aún en las Crónicas, 
aunque sin duda con pérdida del vigor primitivo de la epopeya. La relación 
que media entre una tirada del Cid, tosca, en efecto, pero sublime en sí 
misma, y el relato en prosa de las Crónicas es aproximadamente la misma que 
hay entre un canto de la Edda y un texto legendario de la Saga nórdica. 
Pero allí donde las Crónicas se sirven de algunos motivos legendarios ger- 
mánicos, como en los relatos de los Infantes de Lara, no adoptan sus formas 
de expresión. La herencia de los visigodos, francos y vikins había sido 
considerablemente asimilada en Francia y en España, aunque no en la misma 
proporción en que, en su tiempo, el elemento ibero y celta asimiló la fuerza 
incomparable de lo latino. 

Si echamos una mirada sobre las regiones donde se originó y por donde 
se extendió la poesía épica romance comprobaremos que ésta ha quedado 
circunscripta a determinados centros y zonas limitadas de la Romania. Así 
como la épica griega no floreció en Arcadia ni la romana en el sud de 
Jtalia, tampoco resuena durante toda la Edad Media en Galicia, Cataluña 
y el centro y sud de Italia ningún cantar de gesta original. Se concentra más 
bien en las regiones lingilísticas genuinamente francesas y castellanas y sólo 
posteriormente se extiende a la Provenza y por el norte de Italia. 

Ésta ha sido también la encargada de continuar y desarrollar más tarde 
la tradición de los trovadores. El canto trovadoresco se ex- 
tiende primeramente por el norte de Italia y luego se forman escuelas líricas 
en Sicilia, Boloña y Florencia. Aquí los cantos trovadorescos son substituí- 
dos por una forma poética ya no cantable, aunque todavía muy sonora; el so- 


Y 


La evolución estilística 
neto. En lo que respecta al contenido siguió el camino del tradicional culto a 
la mujer, para pasar al problema de la esencia del amor y la añoranza del 
“cor gentile” y llegar a la poesía emocional que glorifica a Beatriz y a Laura. 

Los orígenes de la lírica amorosa no hay que buscarlos mucho más allá 
de los límites de la Provenza. Con su romanización temprana, la influencia 
germánica relativamente poco considerable y el florecimiento del feudalismo 
medieval, la antigua ““provincia” había adquirido una situación peculiar. 

Algunos investigadores se han empeñado en demostrar la influencia de 
la poesía arábigo-andaluza sobre la lírica amorosa de los trovadores, expli- 
cación que resulta parcialmente exacta. Si estas conclusiones fueran ver- 
daderas, la cultura del Islam habría influído, así como la germánica en 
la poesía épica, más desde el punto de vista temático que formal. Los cantos 
trovadorescos esperan, según nuestro juicio, tan sólo la solución de los pro- 
blemas formales, si se estima el amor cortesano como una manifestación de 
las condiciones del feudalismo occidental mediterráneo. "También pertenecen 
a un estrato común la técnica poética de las Qasidas de Aben Sail Almagribi 
(según comprobaciones de García Gómez y Dámaso Alonso) y del Gón- 
gora del último tiempo, técnica renovada hoy, por lo demás, en la lírica 
de García Lorca y de Rafael Alberti. La constante presencia del elemento 
árabe en la historia de la cultura española no debe conducir, sin embargo, a 
conclusiones demasiado aventuradas. Es verdad que el canto trovadoresco 
encontró en España, en una época no muy remota, como era la de la adopción 
del zéjel, un contacto parcial con el estilo poético árabe; sin embargo dicho 
canto no ha nacido en este país ni en la actual Provenza, sino muy proba- 
blemente en el sudoeste de Francia. 

Ya estas breves observaciones denotan que el problema de los orígenes 
de la poesía trovadoresca está aún por resolverse. Por eso resulta interesan- 
te gue lo discutan y aclaren las diversas ramas de la crítica literaria, tanto 
los romanistas, medievistas, germanistas como los arabistas, y naturalmente, 
en esta materia mucho quedará todavía en el terreno de las hipótesis como 
en todos los casos en que se pisa tierra virgen. En este sentido desearía por 
lo menos manifestar aquí que las designaciones aún no completamente acla- 
radas en su etimología de trobar: ““componer poesías”? y trobador: “poeta”, 
que surgen en el primer cuarto del siglo XII, pueden tener cierta relación 
con la drapa del antiguo nórdico, cantata cortesana (drottkvaett) de la 
antigua poesía escandinava. Es posible que la palabra nórdica fué llevada 
a la Romania en una forma fonética hoy apenas reconocible, por un escaldo, 
acaso por el célebre Sigvatr póroarson, cuyo viaje a Roma en el siglo XI, 
tenía por objeto también visitar las cortes. Allí la palabra escandinava ha 
influído sobre la latina (con)tropar, “componer en tropos”, que evidente- 


8 E. FRHR. v. RICHTHOFEN 
mente no tenía todavía el matiz semántico de ““componer una cantata con 
estribillo". Por lo demás se puede demostrar que no sólo el sudoeste de 
Francia, donde nació el canto trovadoresco en el primer cuarto del siglo 
XII y donde experimentó su primera gran floración, sino también el sudeste, 
donde empezó alrededor de 1150 con Raimbaut d'Orange, han sido fre- 
cuentemente visitados por importantes personajes del norte. Así por ejemplo, 
el orcada Ragnvald permaneció mucho tiempo en Narbona en la corte de 
la histórica Condesa Ermingarda, la hija de Aimeric Il, y compuso sobre 
su belleza, como más tarde lo hiciera Peire Rogier, cantos amorosos que 
han llegado a la posteridad en la saga de las Orcadas. También se puede su- 
poner que cruzados nórdicos de comienzos del siglo XII llegaron más a me- 
nudo a las cortes y tal vez encontraron allí, como Ragnvald, hospitalaria 
acogida. Aun parece más autorizada la suposición de que en muchas oca- 
siones se declamaban versos y que en tales viajes habrían tomado parte tam- 
bién escaldos renombrados. En épocas posteriores esto era el caso gene- 
ral, según lo atestiguan documentos desde entonces más numerosos. 
Por tal motivo sería equivocado creer que se trata aquí, como en la remota 
época de los vikins, de piratas ávidos de presa de la categoría de Gormond. 
Como primera prueba de que la Germania del norte y la Romania del sud 
entablaron relaciones políticas, tenemos en el siglo XIII, el viaje del embaja- 
dor Hákons Hákonarson y de todo el cortejo nupcial de la princesa Cristina 
desde Noruega a España, vía Narbona. En los festejos de Valladolid fué 
referido un suceso de loz Harlungen que, como supuse ya anteriormente, 
fué sacado de la zidrekssaga y contribuyó a la formación de la Leyenda de 
los Infantes de Lara. Menéndez Pidal ha proporcionado recientemente, 
después de K, A. Porter, la comprobación de la supervivencia de la Saga 
de Sigfrido en España, en el relieve de un pórtico conventual en Navarra. 
Estas indicaciones habrán demostrado suficientemente con qué amplitud ha 
de ser incluído no sólo el patrimonio de los visigodos, como admitió Menén- 
dez Pidal respecto a la leyenda de Rodrigo, sino también las disquisiciones 
históricas acerca de las culturas occidentales del medievo. Los problemas 
exigen no sólo ser condensados sino también desplegados como se desarrollan 
los tapices en toda su amplitud sin que quede velada ninguna de sus partes. 
También necesita una discusión más detallada el origen del sone- 
to italiano, lleno de contenido nuevo, paulatinamente cambiante, 
cuya serie de rimas entrecruzadas —sobre todo en su época de florecimiento, 
iniciada por el petrarquismo— y cuya sintética estructura estrófica producen 
frecuentemente un orden de palabras entrecruzado que parece amoldarse al 
procedimiento latino. Está fuera de dudas que algunas formas precursoras 
del soneto se pueden remontar en sus orígenes hasta la más antigua lírica 


La evolución estilística 9 
trovadoresca. En Provenza y Portugal se fijaron en la estrofa de siete versos 
varios grados evidentemente anteriores al soneto italiano: melódicas combi- 
naciones consonánticas ya en Cercamon (por ejemp. -ira, -is, -is, -era, -er, 
-er, -ira) y Marcabru (por ejemp. -aíge, -ada, -alge, -ada, -ura, -ura, -iza) ; 
un sistema fijo de dos estrofas compuestas de versos pentasílabos, pero sepa- 
radas mediante exposición y conclusión, en la lírica portuguesa del poeta 
Lourengo y de Paay Gómez Charinho; también las estrofas de las “tenzos”” 
de Peire y Bernart subdivididas en cada caso en versos correspondientes a 
cuatro más tres. Aquí nos encontramos ya en las proximidades del ideal 
poético italiano. El soneto logrado por los italianos (antes de Dante y Pe- 
trarca todavía bastante rudimentario) es la perfección artística de una forma 
espontáneamente brotada y orgánicamente crecida, pero latente desde hacía 
un siglo. 

En la creación de un estilo digno de la poesía italiana, el papel decisi- 
vo recae en dos geniales poetas: Dante y Petrarca. Dante se 
muestra en su libro sobre la lengua vulgar como un eminente erudito cuyo 
conocimiento de los dialectos italianos y su exacto avaloramiento de los 
mismos concuerda ya, a grandes rasgos, con los resultados fundamentales 
de la geografía lingiñística moderna. La poética contenida en esta obra y en 
el Convivio referente al “vulgare illustre””, encuentra su realización en la 
Commedia. 

La lengua de la Commedia es admirable por el empleo de numerosas 
e impresionantes parábolas y metáforas así como por el magistral ritmo 
del verso y de la frase. Las imágenes de Dante pueden ser designadas 
como verdaderamente épicas. Numerosos ejemplos como éste: 


E come 1 gru van cantando lor lai 
Facendo in aere di si lunga riga, 
Cosi vidi venir traendo guai, 

Ombre portate dalla detta briga. 


(Inf. V, 46-49) 


no dejan tan sólo percibir la influencia virgiliana, Detrás de las compara- 
ciones de la Commedia vemos destacarse también formas poéticas homéricas. 
No puedo concebir que Dante haya conocido a Homero únicamente a través 
de Stacio, de la versión de Benoit hecha por Guido della Colonna o de las 
defectuosas refundiciones que de la Ilíada hicieron en prosa en la época de 
la decadencia latina. 

Dante suele comenzar muchas de sus pinturas magistrales con mara- 
villosas metáforas, como por ejemplo en los siguientes versos del conocido 
comienzo del Purgatorio: 


10 E. FRHR. v. RICHTHOFEN 


Per correr migliori acque alza le vele 
Omai la navicella del mio ingegno 
Che lascia dietro a sé mar si crudele. 


(Purg. I, 1-3) 


La “rima aspra e sotile”” se opone por primera vez al “soave stile” de las 
escuelas líricas precedentes. La expresión de la Commedia es siempre apa- 
sionada, pero completamente controlada y llena de sublime gravedad. En 
ella la lengua poética italiana alcanza ya la cumbre de su perfección. 

La configuración rítmica del verso consiste principalmente en el usc 
casi regular de aliteraciones y onomatopeyas como medios para expresar los 
sentimientos o para dar énfasis a la expresión. El siguiente verso puede servir 
como prueba de lo dicho: “Amor mi.mosse che mi fa parlare” (Inf. 11, 72) 
donde para la confesión del amor de Beatriz se elige la suavidad y la sono- 
ridad plena de la vocal o junto con la sonora m, es decir, los dos elementos 
principales de la palabra amore que para el poeta había llegado a ser 
algo tan sagrado. Un efecto semejante produce el último verso del Paraíso: 
*“L'amor che move il sole e l'altre stelle”. También constituye un ejemplo 
del efecto musical del arte dantesco el verso final del episodio de Francesca: 
“E caddi come corpo morto cade” (Inf. V, 152). En él se ve aliterada 
la oclusiva sorda c en sílaba inicial, antes del acento; las vocales se disponen 
según el esquema a, o - o, a y por fin el verso empieza y termina a la vez 
con la sílaba átona e. Las aliteraciones y las onomatopeyas usadas en tan 
grandes proporciones sólo se encuentran en la poesía italiana por primera vez 
en Dante. Esta comprobación confirma la hipótesis de que también los 
Sette Salmi Penitenziali proceden de su mano. Los dos tercetos siguientes: 


E per lo cargo grande e grave e grosso, 
L'anima mia é tanto conturbata, 

Che senza lo tuo aluto lo piú non posso. 
Aijutami, o Signor, tutta fiata: 
Convertimi al ben fare presto presto: 
Cavami Palma fuor delle peccata. 


revelan un juego artificioso en las aliteraciones consonánticas que produce 
un efecto casi contrapuntístico con sus distintos sonidos. La contrición del 
alma del penitente está acústicamente matizada por las vocales oscuras o, u; 
la sinceridad de su súplica, por el tono e; la esperanza de salvación, por el 
claro y pleno sonido de la a. Hay una concordancia entre el efecto de 
“Amor mi mosse che mi fa parlare” y la vocal final a tan expresiva. Querer 
traducir fielmente los sentimientos expresados en tales poesías sería una 
empresa casi imposible. 


La evolución estilística 1 

En la antigua poesía italiana y provenzal la preocupación por efectos 
musicales de esta naturaleza no estaba aún desarrollada. Sólo se puede com- 
probar tal predilección en los representantes de la épica romana. Como 
modelo inmediato de Dante se debe pensar en este respecto ante todo en 
Virgilio. Lo que había sido en la poesía latina Ovidio frente a Virgilio, 
llegó a ser Petrarca en la lírica italiana junto a Dante: un maestro con 
sumado en la flexibilidad de la expresión artística. Es verdad que Petrarca ha 
tomado prestados de Dante numerosos medios estilísticos; también las ali- 
teraciones encuentran aplicación particularmente en los cantos alegóricos de 
los Trionfi y las consonancias vocálicas, en el Canzoniere; pero la forma 
aparece en parte más dulce y aun más flúida que en la obra del creador de la 
Commedia. Este efecto y otros son producidos en muchas poesías por la prefe- 
rencia de consonantes sonoras, particularmente de palatales. Con más energía 
que Petrarca, ha luchado Miguel Angel por conseguir tales efectos. 
Claro testimonio de ello son los períodos comprimidos y sobrecargados. Algu- 
nas de sus poesías contienen aliteraciones y encadenamientos de vocales. En 
otras, la sucesión de la frase se retarda por la ““explicatio” y por la tenden- 
cia a la simbolización. En la poesía a la “Noche” parecen enlazarse el 
arte musical de Dante y el de Petrarca. 

Estas formas poéticas logradas por los italianos encuentran innumera- 
bles continuadores en la lírica hasta Tasso y desde este poeta hasta la forma 
fina y variable del madrigal no hay ni siquiera un paso. Ellas influyen tam- 
bién sobre la épica renacentista o colonial de Ariosto, Camóens y Ercilla, épi- 
ca llena de elementos aventureros, en la cual el italiano se manifiesta como el 
poeta menos artificioso, al mismo tiempo que el más artísticamente do- 
tado; el portugués, como el discípulo más dócil de Dante y Ercilla como 
el más sensato narrador de episodios al modo tradicional de la épica espa- 
ñola. 

La lírica y la epopeya tuvieron su origen y su esfera de acción, desde 
las postrimerías de la Edad Media, particularmente en las zonas lingitísticas 
donde las vocales finales, excepto la e, no enmudecieron, de tal modo que 
las sílabas finales conservaron la antigua plenitud de sonido. La patria de 
Dante fué favorecida por la circunstancia de que en ella se había mantenido 
la lengua muy parecida al latín resultando por lo tanto particularmente com- 
prensible a los italianos. Tanto la lengua literaria italiana como la latina 
nacieron de un idioma hablado en la región sudoeste de los Apeninos, en 
la Italia central; es decir, de la lengua hablada y escrita por los toscanos y 
latinos respectivamente. Sin embargo la lengua de Dante ofrece, igual que 
la de Virgilio o la de Homero, una carencia casi absoluta de un auténtico 
sabor popular. Por esta razón la épica mediterránea oriental, vale decir, la 


12 E, FRHR. v. RICHTHOFEN 

clásica y la renacentista, se distingue esencialmente de la épica de la Romania 
occidental. Así como “toda la poesía griega en hexámetros usó por lo general 
la lengua homérica”” (Meillet), los escritores italianos tomaron por modelos 
los medios expresivos de los romanos, o bien los de Dante y Petrarca y con 
ello se hicieron impermeables a las influencias de la épica juglaresca. Así se 
explica que sólo en Francia y en Castilla floreciese una genuina épica histó- 
rica popular. 

A] tomar prestados de los antiguos los recursos estilísticos fundamenta- 
les de su lengua, Dante y Petrarca plasmaron una forma no superada en 
belleza. En ellos pues se revela poderosamente la influencia de la Anti- 
giiedad sobre las formas de expresión poética de los pueblos románicos, 
influencia que se había evidenciado sólo escasamente en la epopeya; no obs- 
tante —y en esto reside Jo maravilloso de la fuerza creadora de Dante— casi 
no se advierten huellas de una imitación intencionada, La inclinación íntima de 
Dante por Boecio muestra que él, al buscar los modelos para su inspiración, 
se atenía preferentemente a los de sentimientos parejos a los suyos propios 
y no a fríos modelos de escuela. 

Sin embargo incluso la misma “imitatio” puede ser considerada 
como acto creador cuando está vinculada a un verdadero esfuerzo para con- 
seguir un estilo modelo, personal o nacional, Tal evolución presenta el clasi- 
cismo de Goethe, También se revela, aunque por cierto de muy distinta ma- 
nera, en las tragedias clasicistas francesas. Tanto Goethe como los poetas 
dramáticos franceses trataron de apropiarse del espíritu y de la forma de la 
antigiiedad clásica y con esto contribuyeron poderosamente a la formación 
clásica de los alemanes y de los franceses. En Schiller se manifiesta además 
la influencia de Shakespeare, cuyo genio él comprende en la medida de lo 
posible, y a cuya obra agrega nueva fuerza germinativa. Sin embargo no se 
observa en el mismo grado entre los franceses este fenómeno de recepción 
creadora de la ““imitatio” estilística ni la capacidad para el perfeccionamiento 
de la forma adoptada. 

La comparación entre la literatura clásica alemana y el clasicismo fran 
cés conduce al problema de averiguar hasta qué punto Racine se ha 
inspirado realmente en el drama de los antiguos. Esta cuestión debe ser 
contestada del siguiente modo: desde el punto de vista formal, no se advier- 
ten relaciones de estricta dependencia. Es verdad que Voltaire elogia en 
Racine la imitación de los recursos estilísticos de la antigiiedad: pero en 
realidad éste sólo continúa la tradición de Corneille atenuando el elemento 
demasiado atrevido y patético en la dicción o bien reduciendo el vocabulario 
al empleo necesario, en el sentido del “bon usage” recomendado por la 
Academia. En este respecto le benefició también la galantería depurada de 


La evolución estilística 13 
giros amanerados de la escuela de Quinault, que él enriqueció con la me- 
táfora nacida de su propio genio poético. Un precursor del vocabulario 
escogido y del período armónico encontró además Racine en el prosista 
Guez de Balzac. No se puede afirmar que las figuras de Racine sean propia- 
mente romanas o griegas; tan sólo lo son sus vestidos, sus nombres y la temá- 
tica de sus discursos. Prescindiendo de la caracterización de los griegos por 
medio de helenismos y de los romanos por el empleo de frases cortas, bien per- 
filadas, la lengua de Racine refleja, como símbolo de la época, la “nature 
humaine” y la “noblesse”. Estos mismos caracteres se manifiestan también 
en el ritmo del verso. Permanece completamente libre de la influencia de 
los recursos estilísticos antiguos. Ántes que de un verdadero clasicismo se 
debe hablar pues de una ““imitation inventrice”, si es que la interpretación 
artística de Chénier puede ser aplicada al estilo de Racine. 

Corneille está naturalmente más cerca de los modelos clásicos pero 
éstos no son (como en Racine) griegos y romanos, sino únicamente latinos. 
Vieja es la tendencia al paralelismo contrastante y al marcado realce de la es- 
trofa final. Para buscar sus orígenes debemos remontarnos desde el drama del 
Renacimiento hasta la épica medieval, y para la antítesis aún hasta Séneca. 
Se puede ver en esto rasgos románicos occidentales característicos tanto de la 
poesía castellana como de la prosa de Montaigne y Pascal. El restableci- 
miento y la renovación de la forma de la epopeya medioeval de Alejandro, 
el alejandrino, se efectúa ya en Ronsard y su reglamentación fué verificada 
poco después por Malherbe. Una medida larga, interrumpida por la cesura 
en la mitad, esto es, una unidad rítmicamente perfecta, responde al sentido 
clásico de claridad y orden de la época y debió haber sido necesaria además 
porque el francés, en contraposición a las otras lenguas romances, había 
adoptado la conjugación por medio de prefijos, es decir, por medio de 
pronombres personales monosílabos que reemplazan al substantivo. 

Es evidente que los clásicos franceses se empeñan por aclimatar los 
caracteres de la antigiiedad más en lo que respecta al contenido que a la 
forma interna y este rasgo resulta más notable aún si se los compara con 
Shakespeare. La cuestión de si en las tragedias de Voltaire existe 
una verdadera evolución de las formas poéticas puede ser contestada con 
la negativa. Aunque existe entre las obras dramáticas voltairianas y los 
representantes del verdadero clasicismo francés una considerable distancia 
de tiempo, sin embargo se las puede designar como esencialmente clasicistas. 
Schiller ha llamado la atención sobre esto en un juicio referente a su Maho- 
met, donde “se entrelaza con refinado orden un miembro con otro”. Los 
poetas favoritos de Voltaire fueron ciertamente Corneille, Racine, Ariosto y 
Horacio, cuyos medios estilísticos aparecen a través de su obra como fruto de 


14 E. FRHR. v. RICHTHOFEN 

un verdadero entendimiento con aquellos maestros, Lo que le atrae en Shakes- 
peare es lo original: “le grand, le patéthique, le sentiment, voilá mes premiers 
maítres” (A Vauvenargues), sin embargo esto siempre en conformidad con 
lo conveniente, con la “aisance'”, '““noblesse”” y “élégance” y también de 
acuerdo con el ritmo y la métrica de la lengua francesa. El poeta inglés 
le parecía ““sublime”” a Voltaire, pero sin “la moindre étincelle de bon goút”. 
Así alterna en su crítica de Shakespeare la admiración con la censura. La 
clave de su arte de trasponer, de acuerdo con el gusto francés, los motivos 
de la acción y las formas de expresión shakespearianas se llama “adoucir”. 
De una observación hecha por Leo Spitzer sobre el efecto que produce la 
“Zaire” de Voltaire se puede deducir lo siguiente: la tragedia de Voltaire 
resulta enriquecida ciertamente con respecto a los elementos de la acción 
shakespeariana; sin embargo, su estilo no se diferencia notablemente del tra- 
dicional drama del clasicismo francés. De nuevo se repite el mismo proceso 
que ya observamos antes: Voltaire, al igual que Racine y los antiguos ju- 
glares, acarrea nuevo material a la poesía francesa sin transmitir con ello 
nada de la forma de expresión de sus modelos en sus propios versos. 

Una emancipación de las reglas del drama clasicista se logra por pri- 
mera vez con Victor Hugo, aunque ciertamente dentro de nume- 
rosas y estrechas limitaciones, Con él todavía no se ha realizado una ver- 
dadera aclimatación de Shakespeare en la literatura francesa, pues los 
dramas de Hugo no parecen alcanzar la misma perfección formal .Su 
intenso patetismo hubiera requerido una atenuación mayor aún que el de 
Corneille. Tal atenuación fué en efecto lograda en aquella época por Ra- 
cine; posteriormente tuvo lugar —hasta cierto grado— tan sólo en la tragedia 
de Musset. La singular compenetración de sentimientos capacitó a este 
romántico para la verosimilitud psicológica en la presentación de su Loren- 
zaccio, cuyo diálogo en prosa, natural e ingenioso, a veces rítmicamente co- 
loreado, recuerda la lengua de los héroes shakespearianos. Plenamente ha 
satisfecho Musset las exigencias de Shakespeare en lo que respecta a la 
acción. Sin embargo los medios de expresión del joven romántico francés no 
alcanzan, a pesar de sus esfuerzos considerables, al gran modelo, insuperable 
sobre todo en muchos aspectos de la estructuración de la frase. 

A la manera de traductores contemporáneos, Wigny ha tratado 
luego de reproducir la lengua y el estilo de Shakespeare conservando sin 
embargo el alejandrino, y sin atender al ritmo del lenguaje que Schlegel y 
Gundolf lograron transferir en modo más satisfactorio al alemán y Foersom 
al danés, 

De un verdadero renacimiento de Shakespeare se puede hablar pues, 
hasta ahora, sólo en los países germánicos, pero posiblemente le corresponde- 


La evolución estilística 15 
rá a Gide algún día el papel de nuevo introductor de Shakespeare en la 
prosa francesa. 

La Fontaine es el que más se alejó de las tendencias propias 
del clasicismo francés manteniéndose libre de la “'imitatio” estilística. La 
versificación rítmica libre le ofreció una serie de posibilidades hasta entonces 
insospechadas. La estructuración de su verso y de sus estrofas es aparente- 
mente caprichosa: la conocida fábula del cuervo y el zorro consta de 18 
versos de longitud diferente, generalmente de pausa cambiante y rima des- 
igual. Prescindiendo de los cuatro primeros versos lógicamente construídos, 
se trata de un metro completamente irregular. No obstante, el lector o el 
oyente tiene la impresión de una forma artísticamente perfecta. ¿De dónde 
emana esta ilusión acústica? Entre el ““désodre'” métrico, el efecto rítmico 
produce una unidad armónica que ciertamente no parece estar sujeta a nin- 
guna regla y que se puede explicar solamente por el inimitable genio de La 
Fontaine. Este ritmo fluye de la clara disposición sintáctica de la frase, 
creada con tan concreta precisión como no lo hubiera podido hacer un 
Descartes. En esto consiste la contribución de La Fontaine a las exigen- 
cias de su época, caracterizada por el deseo de “claridad”. 

El verdadero rococó tal como le fué dado a Francia tener en la no- 
vela, en el teatro, en la música y en las artes plásticas no encuentra ninguna 
continuación estilística en la lírica del siglo XVIII, a pesar de J. B. Rous- 
seau y Voltaire. El “style rocaille”” musical de Couperin y Rameau queda 
sin verdadera correspondencia en la expresión poética, si prescindimos de 
los cuentos y de algunas fábulas de La Fontaine. Una prueba verdadera- 
mente terminante de lo que se había entendido por rococó la dan tan sólo 
los músicos (Rameau, Mozart) y los dibujantes (Boucher, Eisen, Frago- 
nard, Gravelot, Moreau le Jeune), quienes buscan el motivo de sus 
creaciones no tanto en los contemporáneos como en el drama adaptado al 
gusto del siglo XVII o bien en la plasticidad vaporosa del arte descriptivo 
de Boccaccio, Moliére, La Fontaine y otros poetas. 

La poesía emocional queda reservada a la poesía romántica del yo 
que ya muy pronto (sobre todo en las “Destinées”” de Alfredo de Vigny) 
se transmite al intuitivo impresionismo propio de la poesía simbólica. En este 
plano se encuentra la obra de Paul Verlaine, cuyo verso armo- 
nioso, rico en matices, produce un ritmo suave y delicado. Muchos de los 


giros plásticos como 


Le piano que baise une main fréle 
Luit dans le soir rose et gris vaguement 


16 E. FRHR. v. RICHTHOFEN 

están ya íntimamente ligados al impresionismo. Como en ningún otro repre- 
sentante de su tiempo, se manifiesta en Verlaine el encanto peculiar de la 
lengua francesa. No sorprende entonces que precisamente Charles Debussy 
haya dedicado a este poeta composiciones finamente tiernas tan insinuantes 
como sugestivas. 

De un modo decisivo influyeron en el desarrollo de la nueva poesía 
Baudelaire, Rimbaud y Mallarmé. Lo que Baudelaire tiene de co- 
mún con la disposición de ánimo de Vigny y con los temas de sus poemas 
es el todavía romántico ““ennui”, “la douleur” fatal, la “tristesse””, la sensa- 
ción de abismo, pero también la elevación sobre el dolor y el enaltecimiento 
del “esprit”” en un símbolo sublime. Lo nuevo es la exploración del mundo 
fisiológico y su idea de las armónicas correspondencias de las facultades 
sensitivas. La mayor parte de sus poesías producen la impresión de apasionada 
emoción, de un perderse en la ebriedad de los sentidos hasta el éxtasis, de un 
impresionismo retenido con singular maestría, como por arte de magia, en 
las formas tradicionales de la poesía. La antítesis de sentimientos de Baudelai- 
re le impide al poeta gozar serenamente del ideal de belleza tan vivamente 
deseado. No pudo mirar al sol en la cara sin divisar también sus manchas 
oscuras. Esta polaridad de sensaciones lo mantiene perplejo en la irreparable 
certidumbre de que lo bello y lo feo, lo bueno y lo malo están estrechamente 
unidos. Sin embargo no se obtienen sólo efectos negativos, si se busca en 
lugar de lo banal en lo bello, lo bueno en lo malo. Para encontrar las 
“flores del mal” es necesario empero, describir primero el mal mismo, donde 
se encuentra escondido lo sublime. Se ve, pues, que en las “Fleurs du mal” 
se trata de “correspondances” líricas que tienen con frecuencia el sentido 
de una “élévation”” a la manera de Vigny. En ellas la acusación de Baude- 
laire se dirige muy raras veces contra el destino sobrenatural de la huma- 
nidad, como en las “Destinées”” de Vigny cuyo temperamento poético está 
emparentado con el suyo; en cambio lo hace más violenta y abiertamente 
contra la fatal inclinación humana hacia las pasiones, hacia el '“canevas 
banal de nos piteux destins””. Baudelaire llega a ser así el directo continuador 
y consumador del mito lírico-filosófico del destino de la raza humana y de 
sus elevaciones. Sin embargo a veces triunfa en la contemplación de lo sublime 
la sensación de abismo, de la cual, en contraposición con Vigny, no puede 
desprenderse por medio de una elevación simbólica. Permanece en su 
“spleen”, en una tortura espiritual que recuerda el dolor de Musset, En el 
verso 


O fangeuse grandeur! sublime ignominie! 


se pone de relieve el tan desconcertante contraste de sentimientos de Baude- 


La evolución estilística 17 
laire cuya correspondencia lingiiístico-estilística hace el efecto de una catacre- 
sis. En realidad la viva reflexión del poeta aspira a afirmar la belleza pro- 
fundamente venerada por él, pero que no puede ser nunca completamente 
lograda fuera de un recogimiento efímero y pasajero. 


El dolor es el elemento predominante al que da expresión artística en 
sus poesías. La plasticidad de la expresión brotada del dolor y de una rara 
sensación sinestésica lo muestra mejor dotado, bajo todo concepto, que 
muchos de sus predecesores románticos; su poesía constituye por lo tanto 
una segura y profunda evolución del estilo lírico, evolución que también ha 
llegado a ser de decisiva influencia para las épocas posteriores. 

En oposición con Vigny y Baudelaire, Rimbaud, después de un 
corto y explosivo período de creación, se rindió ante una ruda existencia 
abismática designada por él mismo, en sus incomparables '““Poémes en Pro- 
se”, (a los cuales Verlaine señaló como “prose de diamant””), “Une Saison 
en Enfer”, por lo que ofrece una cierta analogía con la vida de Musset. 
De la influencia de Baudelaire proceden las numerosas sensaciones sinesté- 
sicas de sus poesías, acrecentadas hasta el efecto paradojal: 


Jai révé la nuit verte aux neiges éblouies. 


El contraste abrumador entre el mundo real y el imaginado permite también 
al desilusionado poeta expresiones plásticas que no tienen ya el sentido de 
las “Flores del Mal”, sino de una corrupción del bien: 


Elle passa la nuit sainte dans les latrines. 


Et mon coeur et ma chair par ta chair embrassée 
Fourmillent du baiser putride de Jésus! 


Es verdaderamente trágico observar cómo este eminente artista dotado 
de visiones idealistas (de una mayor agudeza de observación que Vigny) 
cede pronto, demasiado pronto, a sus amargas reflexiones y cae en pertur- 
baciones que oscurecen su expresión poética, dejando entrever sólo como vago 
instinto, antes de su retorno a la fe, su búsqueda de la verdad y la realización 
de su sentimiento de la belleza. La vida afectiva de Rimbaud transluce un an- 
helo vago, una disposición que se revela frecuentemente en hechos casi anárqui- 
cos. Su obra da la impresión de una concepción imperfecta, inacabada, algo 
así como un borrador incoherente y precipitado de sus pensamientos. Rimbaud 
representa el desarraigado arte impresionista de un dilettantismo llevado al 
extremo, cuya principal forma de expresión es el sentido metafórico persua- 
sivo sacado de la jurisdicción de una estética libre; un arte que no contiene, 


18 E. FRHR. v. RICHTHOFEN 
como el tradicional, “el verdadero arte”, ni substancia ni disciplina. Una 
excesiva sujeción a lo intelectual y a lo sensitivo produce el amaneramiento 
de su obra posterior. Pero lo que lo aleja de Mallarmé es la absoluta es- 
pontaneidad en el sincero análisis de su propio yo. 


Mallarmé, con el manejo suntuoso de la palabra y la rara dis- 
posición de la frase, procura, por medio de símbolos, de sensaciones sines- 
tésicas y de metáforas, que el oyente logre los efectos musicales que él mismo 
experimentó. Se hizo famosa la llamada inversión mallarmeana por ejemplo: 
“Neiger de blanes bouquets d'étoiles parfumées” o “Le blanc souci de notre 
toile””, donde la imagen de “blanche” inherente a “etoile'” y 'toile”” respec- 
tivamente se une anticipadamente al sujeto. También se encuentran con fre- 
cuencia contaminaciones semánticas del tipo 


Rien, cette écume, vierge vers, 
A ne désigner que la coupe 


donde la coupe no sólo significa ““cesura'”” sino que parece haber adop- 
tado también el sentido de “copa”. La tendencia hacia lo insólito deja en- 
trever un juego amanerado que ha degenerado en él en un sistema artificioso. 
Su poesía resulta oscura y por eso no se la puede verter a ninguna lengua 
extranjera, Uno se ve obligado por el poeta a adivinar el sentido de las 
palabras y a tratar de comprender los períodos por intuición. 


Como discípulo de Mallarmé se designa Paul Valéry, quien 
dominó perfectamente los largos períodos y los medios de expresión ma- 
llarmeanos; sin embargo, de otra manifestación del poeta resulta que no 
se puede hablar de imitación directa y consciente. Por lo menos se siente 
Valéry tan “intellectuellement bouleversé”” por el “calcul symbolique” de 
Mallarmé, como impresionado por las “radiations inédites”” de la aparición 
de Rimbaud en su horizonte espiritual. Sin embargo ninguno de los dos se- 
ductores pudieron hacer desviar al joven poeta firmemente encauzado en su 
propio camino y hoy, concluídas sus últimas obras, nos inclinamos a ver en 
él más bien a un descendiente espiritual de Racine, Goethe, Vigny, Baude- 
laire y Verlaine, que a un discípulo de Mallarmé y Rimbaud. El origen de 
su trabajo mental y lo que hace que su maestría poética raye en los límites de 
lo permitido y comprensible se debe, en última instancia, a su profundo 
arraigo (a veces inconsciente) en el clasicismo, al cual debía mucho ideo- 
lógicamente tanto por sus trabajos sobre Descartes y Leonardo como por su 
íntima simpatía por la expresión poética de La Fontaine y Racine. Este 
equilibrio confiere a Valéry el prestigio y el rango de representante más 
significativo de la lírica actual de los pueblos románicos. Con él ha pasado, 


La evolución estilística 19 
a comienzos de 1945, el último gran poeta de la línea tradicional que tiene 
su punto de partida en la creación poética de Vigny y Baudelaire. 

Uno se siente inclinado a caracterizar a Valéry como un Mallarmé 
menos amanerado y purificado; al confesarse su discípulo hacía gran honor 
a su maestro, Á éste profesó admiración por aquellas disposiciones naturales 
que, en definitiva, sólo en él mismo alcanzaron el equilibrio y la perfección. 
Con su observación sobre la poesía lírica titulada “Littérature”” 


“Un poéme doit étre une féte de I'Intellect” 


Valéry aspira a una revelación del sentimiento de belleza espiritual, a la 
““poésie absolute”. Por otra parte el siguiente trozo muestra la tendencia 
característica del poeta al trabajo espiritual concentrado: 


Dans le poéte: 

L'oreille parle, 

La bouche écoute, 

C'est Pinteiligence, l'éveil, qui enfante et réve; 
C'est le sommeil qui voit clair; 

C'est l'image et le phantasme qui regardent, 
C'est le manque et la lacune qui créent. 


Esto casi parece una continuación de Baudelaire 


O métamorphose mystique 

De tous mes sens fondus en un! 
Son haleine fait la musique 
Comme sa voix fait le perfum. 


(Tout entiére). 


Sin embargo no se trata en Valéry de sinestesias o de una antítesis de sen- 
timientos a la manera de Baudelaire, mi de inversiones mallarmeanas sino 
más bien de serias y fructíferas observaciones de las correspondencias de los 
distintos sentidos y facultades que producen la “poésie absolute” y constitu- 
yen el trabajo del intelecto poético. 


Al espíritu contemplativo y al intelecto poético soberano corresponden 
la suave armonía de la palabra y la tonalidad de calma de los sentidos y de 
tranquilidad espiritual que distinguen su poesía. Las maravillosas imágenes 


Je viens au pur silence offrir mes larmes vaines. 
Une tige ou le vent vagabond se repose. 
Le nourriture d'un baiser. 


caracterizadas por una sublime espiritualidad pero sin carecer de claridad 


20 E. FRHR, v. RICHTHOFEN 

no se encontrarían en la obra de un Mallarmé. La absoluta calma no es tan 
sólo necesaria para la concepción poética y las reflexiones profundas, sino 
que constituye el requisito indispensable de los sonidos puros que hasta las 
cosas mudas dejan oír. En ello reside la “nuance” verlainiana de una tonali- 
dad suave, apagada y vaporosa, del Adagio o el Moderato musical. Se adi- 
vina en todas partes algo de la concepción básica de este poeta: “Honneur 
des hommes! Saint Langage!”” que en metáfora y musicalidad alcanza la má- 
xima elevación. De este modo el tema lírico de la soledad y la calma se 
trasladó desde Chateaubriand y Lamartine hasta nuestros días. La visión de 
Vigny de la aparición del “'esprit pur” encontró en la obra de Valéry su rea- 
lización poética. Sus características poéticas sólo pueden comprenderse por 
medio de las metáforas y de los efectos musicales de su “fabrication poéti- 
que” en los que puso tanto empeño. La necesidad de este esfuerzo artístico 
debió habérsele ahondado profundamente en la conciencia en el período de 
casi dos decenios de silencio hasta la aparición de ““Jeune Parque” (1917) 
y de “Charmes”. Se puede comprobar esto comparando una poesía de sus 
“Vers anciens” de fin de siglo con la nueva refundición de 1920. La 
“Naissance de Vénus” había aparecido primero sin ningún indicio siquiera 
de las aliteraciones que dominan los versos 1-13 de la nueva versión. A 
veces la sonoridad, el ritmo, la forma musical del verso han precedido a la 
concepción de un poema, como el poeta lo señaló a André Gide refiriéndose 
a “Cimitiére marin” y lo mismo con respecto a ““Pythie”. Los efectos sonoros 
de la obra lírica de Valéry radican en la admiración del poeta por las leyes 
de la música de las que su espíritu estaba lleno aún hasta cerca del momento 
de su muerte: “elle (la musique) offre á l'intellect un inmense domaine de 
combinaisons pures”. Valéry se esfuerza por hacer de la lengua común 
“une voix pure, idéale, capable de communiquer sans falblesses, sans effort 
apparent, sans fautes contre l'oreille et sans rompre la sphére instantanée de 
Punivers poétique, une idée de quelque moi merveilleusement supérior a 
Mor” (Variété V, 162). 

La lírica italiana, vigorosa, concreta, clásica no tuvo, como 
lo ha expuesto B. Croce, la condición necesaria para recrear la obra de 
Mallarmé. La poesía española, por el contrario, contó con reela- 
boraciones del simbolismo francés mucho más diestras y hasta más directa- 
mente impresionistas; tal el poeta músico García Lorca, del cual 
proceden imágenes tan sugestivas como éstas: 


Y un horizonte de perros 
Ladra muy lejos del río. 


La evolución estilística 21 


El grito deja en el viento 
Una sombra de ciprés. 


Por el agua de Granada 
Sólo reman los suspiros, 


Esto recuerda la forma de expresión del árabe andaluz Aben Said 
Almagribi, como lo evidencia el ejemplo siguiente: “El sol, entristecido por 
el dolor de la separación, extendió la mano para despedirse del lago”. 
Además de lo metafórico, que ya en la prosa del visionario R. del Valle 
Inclán había alcanzado un asombroso grado de perfección, las finas vibra- 
ciones que emanan de las composiciones de García Lorca, Juan Ramón 
Jiménez y J. Guillén señalan una verdadera conquista para la poesía espa- 
ñola que evidencia de este modo una marcada evolución poética creativa. 


A la manera de los discípulos de Rimbaud y Mallarmé escribe Ra - 
tael Alberti. Son evidentes esas influencias, junto con elementos 
gongorinos, en su poesía titulada “Corrida de Toros”, tan rica en metáforas, 
sensaciones sinestésicas y trueques: 


De sombra, sol y muerte volandera 
Grana zumbando, el suelo gira herido 
Por un clarín de sangre azul torera. 


Imitaciones dignas de Valéry se encuentran principalmente en J. Gui 
llén, en el algo conceptualista PP. Salinas y en el catalán C. 
Riba. Pero, por otra parte en la poesía española no falta casi nunca el 
elemento popular de los romances y las coplas regionales, del que no ha 
prescindido ni siquiera la poesía intelectualista tal como se transluce, por 
ejemplo, en las estrofas de Guillén. Esta regla se ve completamente con- 
firmada también por la poesía de la chilena Gabriela Mistral, 
arte lleno de sutilezas modernas y sin embargo enérgico, arraigado en el 
robusto criollismo. 


Para tratar a otros representantes de la poesía moderna de los pueblos 
romances, entre los cuales encontramos en Francia a Muselli, Jouve, Super- 
vielle, Emmanuel, Audiberti, Breton y Chazal, necesitaría espacio más am- 
plio; su estudio lo encontrará el lector por consiguiente en otro lugar. Aquí 
sea sólo apuntado que la consagración de los subrealistas al mundo mara- 
villoso del sonámbulo subconsciente, en el sentido de una nivelación del 
contraste entre la realidad y el mundo ideal que ha de conseguirse por aso- 
ciaciones automáticas, ha producido una serie de composiciones sugestivas 


22 E. FRHR. v. RICHTHOFEN 
más felizmente logradas hasta el momento por los pintores que por los 
poetas. El pretendido equilibrio de una suma de múltiples correspondencias no 
siempre se consigue, de modo que creemos ver con más frecuencia una 
yuxtaposición que una armónica fusión de imágenes; no pocas veces un 
desintegrado mosaico de elementos opuestos, como en la ““Poésie ininterrom- 
pue” de Paul Eluard. Entre los factores expuestos se advierte a veces una 
laguna, un súbito enmudecimiento por el cual, en lugar de consonancias 
rítmicas, se producen entrecruzamientos sintácticos o síncopas. El equilibrio 
puede tan sólo ser conseguido por una armónica nivelación de esa polaridad. 
Así en el subrealista André Breton la imagen de que “toute 
tempéte, au premier beau jour revenu, trouve moyen de s'engloutir et de se 
nier dans une perle” parece agruparse alrededor del centro de un cuadro que 
representa un paisaje iluminado por el sol, que todavía muestra los últimos 
rastros de una lluvia, y el símbolo más bien yuxtapuesto de una perla. En 
cambio hoy se anuncia la voz del británico Malcolm de Chazal, 
que, solitario en la isla Mauricio, lejos de la escena de tentativas y mani- 
fiestos subrealistas, escribe en una prosa francesa acentuadamente lírica y 
cuya obra es el resultado de una moderna contemplación poética de la na- 
turaleza. Esta consiste en una síntesis de las mejores conquistas del impre- 
sionismo simbolista y del subrealismo a través de las cuales el poeta desborda 
la “evolution créatrice”” bergsoniana anunciando al mismo tiempo un nuevo 
romanticismo. Lo que Vigny había presentido, parece cumplirse ahora: 
“Papparition d'un pur sprit” en toda percepción y en toda apetencia; 
“aucune diférence ne séparant la réalité du réve, le surnaturel du naturel. . .” 
Pero más aun que al ver de Vigny y de Rimbaud, a la intuición de Bau- 
delaire, al oír de Valéry, Chazal otorga un sentido profundamente sim- 
bólico al tocar de las cosas. Su “prodigieux travail subconscient'””, pone, en 
su profunda convicción de que “Verité” y “Beauté” son “indissolu- 
bles”, “tout Punivers de la Création en correspondences infinies et 
tout le ciel du corps en analogies interchangeables”. Para la interpretación 
de su obra exige Chazal “l'exégése qui devine” transformante y autocrea- 
dora, obligatoria desde los días de Mallarmé, pues “le spirituel est en fili- 
grane”, al igual que después de conocerse el desdoblamiento de los átomos 
ya no parece existir ninguna materia. Pero cada detalle sólo se concibe 
como consecuencia de una separación transitoria: “la vie est chose compli- 
queé et plus indéfinissable que Dieu méme”. De esta atómica y “unani- 
mística”” concepción del mundo han surgido bellas imágenes, algunas de 
cautivante plasticidad poética como por ejemplo en “Penseés” y “Sens- 
plastique”, 


La evolución estilística 23 


L'Oeil en pleurs est plein de soleils d'eau. 

Dans le grenat, le rouge dort dans le bleu. 

La mémoire de P'eau et la mémoire de la lumiére se croisent et se 
confondent dans la perle. 


La asociación de imágenes descansa aquí en medio del cuadro! 

Aquellas meditaciones visionarias y acústicas, condicionadas impresio- 
nísticamente, accesibles sobre todo a Rimbaud por una parte y a Valéry 
por otra, están actualmente a punto de ser sustituídas por meditaciones 
románticas, tales como se revelan en la poesía de Chazal. Estas composiciones 
están compenetradas de una metafórica simbolista que forma el lazo unifica- 
dor de las tendencias más artísticas entre 1850 y 1950. Finalmente hay que 
destacar que la evolución más reciente de las formas de expresión poética se- 
fala un visible alejamiento de las sólidas estructuras estróficas, metros y ri- 
mas; muestran en cambio una continuación del efecto sonoro alcanzado en 
latín y romance ya desde antiguo así como una vivificación nueva y consciente 
del valor intrínseco de la palabra. Según esta dirección se organizará proba- 
blemente algún día el caos actual de las tendencias poéticas que aún luchan 
fuera de la tradición y se podrá llegar a una nueva poesía que en germen ya 
está en la prosa mística de un Malcolm de Chazal. Una mirada sobre las ma- 
nifestaciones de la más reciente poesía francesa, y aún sobre la española, nos 
permite comprobar que ellas no han sucumbido a la decadencia pasajera; muy 
al contrario, ahora como antes, se vive en una época de fervorosa consagración 
a un ideal profundamente sentido de interpretación y simbolización de todas 
nuestras fuerzas íntimas, de nuestras percepciones sensibles y experiencias 
espirituales, concentración poética que conduce a un nuevo recogimiento 
interior. 

El simbolismo ha creado imágenes y formas poéticas que en 
muchas ocasiones parecen oscuras e incompletas y por eso no del todo 
exactas o acabadas de pensar; pero a pesar de ello muchas han llegado a 
ser de una belleza verdaderamente encantadora. Esta pintura por medio de rá- 
pidas ojeadas refleja, por regla general, sólo cortes o detalles de un aconte- 
cimiento y por esto contrasta con la impresión duradera y el efecto definitivo 
de los hechos tomados en su totalidad, tal como se manifestó en la primitiva 
lírica romance para alcanzar su forma más perfecta en la obra de Dante. 
Esto distingue a la verdadera poesía de un mero ideario o un simple relato: la 
forma no es solamente un medio para expresar el contenido, sino también una 
finalidad equivalente a las ideas (Dante) y a menudo hasta superior (Va- 
léry), como en las artes plásticas o en la música. 

Los rasgos característicos más destacados de la poe- 
sía romance son: el paralelismo, las metáforas y la sonoridad. 


24 E. FRHR. v. RICHTHOFEN 

Todos estos caracteres han experimentado en ella un desarrollo sumamente 
variado. Junto a ellos se observa además una distribución racional de los 
elementos sintáctico - estilísticos, así como el lenguaje patético, la expresión 
preciosista y amanerada y la fina sutileza de los matices. Vemos destacarse 
ante nosotros una evidente evolución estilística desde las descripciones escue- 
tas o entusiastas de los cantares de gesta, pasando por la plasticidad y sono- 
ridad del primitivo renacimiento italiano por una parte, y el pathos racional 
o las expresiones preciosistas de la poesía dramática de la Romania occiden- 
tal por otra, hasta una metafórica primero sentimental y luego más y más 
espiritualizada para finalizar en el arte estilístico de la matización. La misma 
comprobación que acabamos de hacer a base de ejemplos sacados de la 
poesía lírica, épica y dramática puede ser realizada igualmente en la prosa, 
pues en un estado idiomático flexible y adelantado a veces se trasladan 
también a ella los elementos característicos de la poesía, el vocabulario 
selecto, las metáforas y hasta los efectos sonoros. 

No se puede pasar por alto el dualismo de espíritu y forma (““Gehalt 
und Form”) propio de algunas composiciones de la antigua epopeya ro- 
mance ('“esprit germanique dans une forme romane'') ; de la Commedia dé 
Dante (representación del mundo medieval en una forma nueva que en 
parte recuerda los procedimientos de la Antigiiedad; durante toda una 
centuria llegó a ser de una influencia decisiva pudiendo ser conceptuada 
en virtud de sus radiaciones ya como renacentista); de las fábulas de La 
Fontaine (claridad y precisión en la expresión, en medio de un “désodre” 
métrico, imperceptible sin duda a causa de la genial construcción de la 
frase como superación de la poesía barroca anterior de la Astrée) y de la 
lírica del siglo XVIII (que debido al culto de las formas tradicionales no 
había admitido un verdadero rococó). 

Característica de la Romania parece ser también una vuelta permanente 
alas formas tradicionales, aún en las épocas modernas: las 
libertades románticas son abandonadas de nuevo y sustituídas por las formas 
tradicionales del parnaso y los extravíos del impresionismo simbolista son 
paulatinamente dejados y reemplazados por un clasicismo moderno ya en la 
obra de un Valéry. Muchos rasgos modernos de la poesía absoluta 
coinciden, como Ernst Howald señaló en la obra de Mallarmé y Va- 
léry, con los principios estilísticos de la lírica romana. Víctor Hugo 
apareció teóricamente como moderno, pero en la práctica quedó arraigado, 
en muchas ocasiones, al clasicismo; convirtió la antítesis en una mutua com- 
penetración (“le beau et le laid””), de manera que en el fondo la conservó. 
Su atenuación no fué lograda antes de la mitad del siglo XIX, debido a 
los métodos científicos de aquel tiempo; por otro lado la exaltación del 


La evolución estilística 25 
sentimiento afectivo de los prerrománticos ('le beau””) fué reemplazada 
muy pronto en Flaubert, Balzac, Becque y, en sus últimas consecuencias, 
tal vez en Sartre, por el extremo opuesto ('le laid”). Durante el primer 
tercio del siglo, las tentativas antirrománticas francesas constituyen una 
nueva aclimatación de lo tradicional, junto con las escuelas tradicionalistas 
de Moréas, Mary y del Félibrige. Esta tendencia ha ido deteniendo siempre 
el proceso de europeización de la vida espiritual francesa, que fué una de las 
ideas más poderosas del siglo XVIII. Es evidente que las bases de la litera- 
tura actual deben buscarse ya en la Francia prerrevolucionaria, como ha sido 
vislumbrado por la certera sagacidad de los hermanos Goncourt: “Voltaire 
a enterré le poéme épique, le conte, le petit vers, la tragédie. Diderot a 
inauguré le roman moderne, le drame et la critique d'art. L'un est le dernier 
esprit de l'ancienne France, l'autre le premier génie de la France nouvelle”. 
Shakespeare, que no había logrado arraigarse, no puede ser considerado 
como el precursor del realismo moderno. Flaubert lo entendió, sin duda, en 
todo su significado en 1875... pero era demasiado tarde. En Alemania, 
el poeta inglés había despertado más bien el idealismo. Alemania estuvo 
siempre más cerca de Shakespeare; Francia en cambio lo ha pasado más 
por alto, de modo que los resultados no son los mismos en ambos países a 
pesar de que hubieran podido serlo en principio. Sólo difícilmente los poetas 
romances pueden desprenderse de sus tradicionales formas de pensamiento y 
de expresión; en cambio un aumento del ritmo musical, tal como se manifiesta 
por ejemplo en el madrigal italiano, en Metastasio y en Verlaine, parece 
representar un alejamiento de los preceptos tradicionales. Esto coincide con un 
relajamiento de la estructura del verso, que con frecuencia se apoya en la can- 
ción popular. Prematuros desarrollos de esta clase ofrecen también los Carmi- 
na burana del latín medieval, la lírica provenzal, el Discordo de Giacomo da 
Lentini y otros. En la historia de la poesía romance la tradición hace las 
veces de corriente profunda de un río, cuyo movimiento ondulatorio en la 
superficie puede ser contrario a aquella según la dirección y fuerza del 
viento. Francia se alejó de la fuente mucho más que el resto de la Romania. 

La “imitatio” constituye una de las condiciones primordiales de 
la evolución de la poesía. Ella es el resultado de un encuentro cultural que 
- se realiza casi siempre por un contacto directo del poeta con las formas 
artísticas extranjeras todavía no aclimatadas. Constituyen ejemplos de esto 
los viajes de los escaldos nórdicos a las cortes meridionales en la época de 
las Cruzadas, los viajes de los sonetistas españoles y franceses a Italia, la 
visita de Voltaire a Inglaterra por la que pudo acercarse más a Shakespeare. 

Son manifestaciones del mismo fenómeno las investigaciones de Winckel- 
mann sobre el arte clásico en lo que respecta a los alemanes, la revelación 


26 E. FRHR. v. RICHTHOFEN 

de El Greco por Justi para el mundo occidental, así como los intentos de 
Huidobro y Gabriela Mistral para reanudar una conexión entre el mundo 
criollo y la cultura europea. En todos estos casos podemos apoyarnos en 
testimonios concretos que muestran hasta cierto punto el camino que ha 
hecho posible tales contactos. La literatura comparada suele poner de relieve 
lo que une y vincula a las literaturas occidentales destacando así depen- 
dencias más o menos estrechas. Sin embargo ella se ha empeñado en raras 
ocasiones en encontrar el camino por el que se han efectuado las transmisio- 
nes. Siguiendo tal ruta se comprenderá lo que la europeización de la poesía 
debe a la obra de ciertas individualidades. 

La “imitatio”” suele ocasionar una crisis en el ambiente tradicional que 
primero produce conflictos y que sólo después, por la fusión de los elementos 
tradicionales con los nuevos factores aportados por un determinado poeta, 
conduce a una verdadera evolución. Si se ha alcanzado esta nueva cumbre, 
puede originarse del encuentro —a veces también infructuoso— una relación 
literaria indeleble. Tales relaciones ofrece la Chanson de Roland (elementos 
de la poesía artística latina junto a elementos francos), Gormond et Isembart 
(asociación de rasgos nórdicos), el Cid (elementos de la épica francesa en 
medio de una forma poética autóctona), la Commedia de Dante (véase más 
arriba), las fábulas de La Fontaine, las tragedias de Racine (clasicismo) y 
Voltaire (Shakespeare dentro de un mundo clasicista), Musset (renacimiento 
italiano e influencia shakespeariana), la lírica de los parnasianos (en el sen- 
tido mencionado más arriba), etc.; en Alemania, Schiller (Corneille y 
Shakespeare), el Tasso de Goethe (Racine) y el Divan (Oriente), Rilke 
(poesía francesa moderna), etc. También la evolución es principalmente 
obra de ciertos individuos quienes, por los encuentros con determinadas 
obras, por las discusiones y problemas que ellas suscitan, por las propias 
creaciones y la influencia que ellos mismos irradian, establecieron verdaderas 
relaciones culturales. Compañías ambulantes lograron formar en la lejana 
Copenague un teatro de gusto francés. Holberg le agregó más tarde el matiz 
típicamente escandinavo. Si Holberg no hubiera encontrado eco en París 
y el recibimiento de su obra en el entonces centro de la comedia europea 
no se hubiera realizado con tanta felicidad, ¿se habría presentado en Dina- 
marca ya en el siglo XVIII un Marmier, el descubridor francés de An- 
dersen? ¿Cómo fué posible que obras como las de Kierkegaard, Shakespeare, 
El Greco, los cantares de gesta medievales, el canto de vasallaje y la poesía 
renacentista italiana no pudieron granjearse las simpatías de los países extran- 
jeros durante la primera década o el primer siglo de su nacimiento? En estos 
casos debieron haber faltado durante mucho tiempo las personalidades inter- 
mediarias. La participación de determinados individuos, es decir, de ciertos 


La evolución estilística 27, 
poetas excepcionales, no puede pasar inadvertida para la crítica y su conside- 
ración debe tener la misma importancia que los factores sociológicos, Por cier- 
to la evolución no precisó siempre como condición necesaria la “imitatio” o el 
encuentro. En este caso ella no presentará ninguna relación cultural. La 
extraordinaria importancia que debe prestarse a la creación espontánea jus- 
tifica el valor particular que nosotros le hemos atribuído fundándonos en 
numerosos argumentos. 

En la Edad Media han convivido durante largo tiempo las tres cul- 
tura occidentales vecinas: la románica, la germánica y la is- 
lámica antiguas; y sin embargo no se han fusionado. Distinguimos tal 
convivencia en la lírica amorosa islámica y provenzal —seguramente deri- 
vadas de prototipos comunes (platónicos) — y podrían también citarse las 
visiones transcendentales árabes descubiertas por Asín Palacios, Riiegg y 
Cerulli en la obra de Dante, entre las cuales podría considerarse por ejemplo 
la visión paulina como un posible prototipo de la arábiga y la dantesca. El 
mundo transcendental de Dante es una “aura magica”? que nos fué revelada 
hace poco por Gerhart Hauptmann en los tercetos de ““El gran sueño”. 
También aquí en el caso de haberse realizado algún enlace, sería obra de 
personalidades aisladas. Tal vez el escaldo nórdico Sighvatr ha prestado 
servicios de pioneer en su viaje a través de la Romania. Por otro lado es 
hoy día muy bien conocida la importancia que tuvieron las peregrinaciones 
y cruzadas para la poesía épica, gracias a las investigaciones de Bédier, 
Becker, Mireux y otros. En cuanto a la Romania debe ser recalcado sin 
embargo que ésta se encontró cara a cara con una cultura germánica hasta 
cierto punto superior (puesto que ya poseía una Edda y una poesía escalda) 
de la cual ella habría podido nutrirse, como la Germania se nutrió durante 
los siglos posteriores en las fuentes romanas. Sin embargo precisamente las 
más antiguas relaciones literarias son las más difíciles de averiguar. El con- 
junto aparece tan destrozado que debemos rehacerlo pedazo a pedazo. Una 
mirada sobre las ruinas de la epigrafía y los documentos muestra mucho más 
lo fragmentario e hipotético que lo documentado o lo seguro. 

Todo esto cambió en el siglo XIII, vale decir cuando la Edad Media 
declinaba, período en que la compilación de manuscritos aumenta. Entonces 
se realizó una mutua compenetración de cantos épicos y caballerescos, hecho 
que demostró además que las finalidades de aquellos géneros eran semejan- 
tes aunque por mucho tiempo no se habían juntado. Un verdadero crisol de 
relaciones literarias llegó a ser precisamente la Commedia. No en verdad 
porque ellas se hubieran presentado a Dante por sí mismas: ese espíritu 
grande y abierto las buscó y las halló él mismo, las manejó soberbiamente y 
las configuró con la fuerza de su individualidad. Más intensamente que 


28 E. FRHR. v. RICHTHOFEN 


cualquier otro país de la Romania la conservadora Italia empezó con 
Dante a apropiarse de tendencias literarias, sobre todo francesas, vinculán- 
dolas a la tradición nacional, rasgo que fué común al moderno simbo- 
lismo poético, a la novela y a la poesía épica (Ariosto!). Pero también 
Francia y España poseen esta disposición como ya expusimos anteriormente. 
Sin embargo cuando los encuentros culturales resultaron infructuosos y no 
pudieron conducir a un contacto estrecho porque las condiciones no fueron 
propicias, ha sido la mayor parte de las veces en perjuicio de los géneros 
literarios. La comedia parece ofrecer mayores dificultades a los países de 
habla alemana que a los pueblos romances; por otra parte, la moderna novela 
social parece estar más en boga entre franceses y americanos, quienes, a su 
vez, no poseen ninguna novela pedagógica del espíritu y estilo del Wilhem 
Meister o sus numerosos descendientes. Sin embargo no vemos en tales 
observaciones la finalidad de nuestro estudio; ésta debe residir más bien 
en mostrar las relaciones culturales que en buscar las raíces de la psicología 
nacional de los pueblos. Miradas por sí mismas, las culturas de deter- 
minados pueblos con sus distintas lenguas y literaturas valen para nos- 
otros tanto como los hombres solitarios que comparten su destino con el 
de las islas. Merecen nuestra atención principalmente por sus encuentros 
con el mundo circundante y las relaciones que con él sostienen así como per 
las posibilidades de comparaciones que ofrecen al estudioso. 

También requiere una aclaración el problema de determinar si las épocas 
de esplendor literario están en relación causal con la evolución lin- 
gúística. Más de una vez se reproduce el fenómeno curioso de que los 
mayores representantes de madurez humana se encuentran al final de una épo- 
ca o bien hacen de intermediarios iniciando un período nuevo. No sólo puede 
ser considerada la época de Homero como un “siglo acelerado”, en que 
“terminan muchas cosas viejas y se preparan muchas futuras” (W. Schade- 
waldt) sino también la época de Augusto representada por Virgilio y Ovidio; 
la de Dante, otoño medieval en los umbrales del Renacimiento italiano; la 
obra de Cervantes, en medio de una época cultural todavía de oro, en la cual 
sin embargo ya el sol de España había empezado a sumergirse en el mar; el 
clasicismo tardío de Goethe que desemboca en el romanticismo naciente y 
el legado lírico de Valéry, sublimación originada por influencias clasicistas 
y por las sensaciones simbólicamente ópticas, acústicas, espirituales y lin- 
giísticas del impresionismo anterior. 

Constituye también un problema el dualismo que caracteriza los medios 
de expresión de la poesía italiana moderna: desde el “Seicento”” podemos 
comprobar en el pueblo italiano, una aptitud musical extraordinaria; por 
otra parte, casi no se observa ningún aumento considerable de creación 


La evolución estilística 29 
poética, sino muy al contrario, un evidente retroceso. La evolución de la 
lengua poética italiana se parece a la de un niño prodigio, Madurado precoz- 
mente cristaliza en la obra de Dante y desde entonces no experimentó subs- 
tanciales variaciones hasta el presente. Y esta maravilla se verificó en el 
período de menos de cincuenta años que va desde la terminación del Roman 
de la Rose y el nacimiento del Libro del Buen Amor, inmediatamente des- 
pués del 1300. Durante más de los tres siglos siguientes la poesía italiana 
continuó su ascendente peregrinación; después debió empezar su descenso, 
a no ser que renunciara a su propia vida y se resignara a ser elemento 
secundario en las composiciones musicales, como en la poesía-libreto de 
Metastasio. De manera que Italia ya no produjo ninguna figura poética 
que fuese capaz de disputar la jerarquía a Racine, Moliére, La Fontaine 
o los simbolistas. La dimensión del arte poético italiano ya sólo se aumenta 
por dos verdaderos poetas: Manzoni y Leopardi; comparado con ellos, el 
mismo Carducci ni siquiera puede ser considerado como verdadero creador 
original. En contraposición con la uniformidad tempranamente conseguida por 
la poesía italiana y al evidente contraste que ofrecen las formas de expresión 
del clasicismo francés en Racine y La Fontaine, la literatura del Siglo de 
Oro español, en su evolución hacia lo barroco, revela, por su parte, más bien 
un flujo y reflujo o una mutua confluencia de las más diversas direcciones 
estilísticas que desembocan en el Quijote y en él pugnan por fusionarse. Pa- 
recida inclinación muestra ya el Arcipreste de Talavera con su traducción de 
la doctrinal Reprobatio Amoris del sacerdote Andrea y las deliciosas inter- 
calaciones de proverbios y relatos populares, Reminiscencias antiguas lucen 
en determinadas partes de la Celestina, lo que da a esta obra un doble 
aspecto en el espíritu y en la forma. 

Es evidente que las épocas líricas comienzan por lo general con la 
creación de innovaciones lingiiísticas, hablando más exactamente, fonéticas 
y sintácticas. Ningún género literario está tan favorablemente afectado por 
tales innovaciones como el instrumento tan finamente cincelado de la poesía. 
Las obras de Virgilio, Horacio y Ovidio no hubieran sido posibles sin el 
ejemplo de la retórica de Cicerón con sus nivelaciones estilísticas; las escuelas 
poéticas italianas, sólo desde Dante y Petrarca, la lírica francesa del Renaci- 
miento y del clasicismo, después de la creación de una lengua artística uni- 
forme, depurada de toda aspereza; el romanticismo y el impresionismo, sólo 
después que la lengua se hubo liberado de los usos de corte y de la sujeción 
a las reglas. Los estilos artísticos se forman por lo general en épocas en las 
que una nueva evolución llega a su término; casi nunca faltan entonces gran- 
des figuras creadoras. Una observación semejante ha sido hecha por T. E. 
Elliot en su discurso pronunciado ante la Sociedad Virgiliana Londinense. 


30 E. FRHR. v. RICHTHOFEN 

Hace constar que una lengua maleable es el material que engendra a un 
poeta clásico y sólo cuando la lengua ha alterado suficientemente, en el 
correr del tiempo y con las transformaciones de la vida social, el vocabulario, 
la sintaxis y más aún su cadencia, entonces puede llegar a producirse nueva- 
mente un poeta dramático de la grandeza de Shakespeare o un épico como 
Milton. 

Séame aun permitido echar una mirada sobre la zona de ex- 
tensión de las diferentes formas poéticas en la Romania. Tal panorama 
nos mostrará que en diversos centros se han formado estilos particulares. 
Es ya bien conocido que Grecia desarrolló una lírica específica en Jonia, 
otra en Lesbos y otra en Beocia, así como también una lírica eólica no 
atestiguada, una prosa jónica y ática y una tragedia ática. En la Romania 
occidental, Francia del Norte y Castilla se destacan como las regiones donde 
se originaron y donde principalmente se difundieron los cantares de gesta. 
También la alta tragedia tuvo allí, particularmente en el siglo XVII, su 
mayor florecimiento. Es la antigua área de colonización de los francos en 
el norte y de los visigodos en el sur. A través de Francia pasa el límite 
lingilístico que separa la zona francesa de la provenzal. Coincide poco más 
o menos con la línea donde hizo alto la mayoría de los pobladores francos, 
correspondiendo tanto a las antiguas “civitates”” belgas y celtas en el Norte de 
la Galia frente a las de los aquitanos y provenzales en el sud, como a la 
difusión de la cultura Silex en Septimania y Provenza durante el alto neo- 
lítico y a numerosos límites geográficos (clima, vegetación, etc.). En las 
regiones septentrionales no sólo tuvo vida la poesía épica sino que también 
se originó y desarrolló la épica caballeresca cortesana, el romanticismo y 
la lírica simbolista. Durante mucho tiempo también la Provenza tuvo una 
posición especial a causa de su temprana romanización, de la influencia 
germánica relativamente reducida y del florecimiento del feudalismo medie- 
val. Nos brindó su lírica amorosa y el estímulo para su ulterior florecimien- 
to y desarrollo en otros países. Con la desaparición de esta poesía se perdió 
también la lengua literaria provenzal, probablemente porque la guerra de los 
albigenses abolió el feudalismo, pero quizá también porque la Provenza 
había carecido de una figura poética verdaderamente superior. Italia, por 
su parte, hasta la aparición de Dante, debió, en lo que se refiere a la lite- 
ratura, ceder el lugar a su provincia vecina. La poesía caballeresca, artifi- 
ciosa y lírica a la vez, representada principalmente por Chrétien, quedó 
reducida al principio al noreste de Francia; más tarde floreció entre los 
normandos (y alemanes), pero no se cultivó en el resto de la Romania 
salvo en la Italia del Renacimiento donde tuvo una difusión muy limitada, 
fusionando ya en forma decadente la épica cortesana y los cantares de los 


La evolución estilística 31 
tiempos anteriores. Los cantares de gesta franceses fueron refundidos tam- 
bién en la Provenza y en la Italia del norte, Toda la región en la que resona- 
ron los cantares de gesta, coincide aproximadamente tanto con la esfera de 
influencia franca en la alta Edad Media, vale decir, con la del imperio 
carolingio posterior, como con el antiguo dominio de los celtas, quienes no 
sólo habían penetrado en Galia, en la vasta llanura del Pó y en Castilla del 
norte sino que se habían apoderado también de Galicia y Lusitania. Sangre 
celta debió haber corrido también por las venas del mantuano Virgilio. La 
esfera de influencia celta y la irradiación de los cantares de gesta terminan, 
en efecto, allí donde, según las investigaciones de la moderna geografía 
lingiiística, la Romania occidental se separa de la oriental (línea La Spezia- 
Rimini). 

Italia fué la cuna de las lenguas en las que se pudo lograr el efecto 
sonoro más intenso: el elevado lenguaje de Virgilio y Ovidio y las formas 
poéticas de un Dante y de un Petrarca. Trátase de una de las regiones 
lingúísticas más conservadoras, es decir, la zona toscana, en la que se originó 
el italiano literario; la región que evita la metafonía vocálica, la ii del norte, 
la geminación del sud y en parte también la sonoridad, la que suprime la 
s final de las palabras haciéndolas terminar en vocal. También la heleniza- 
ción de la lengua literaria latina y el Renacimiento tuvieron su origen en 
Italia. Fué ella además la patria de la epopeya renacentista que encontró 
en Iberia su continuación uniéndose con la narración histórica de la épica 
colonial portuguesa y española. Pero antes había llegado a ser ya la cuna 
de la comedia, trasplantada después a todos los pueblos de la Romania. 
En ésta se manifiesta aun más que en la tragedia un evidente movimiento 
de este a oeste: en España fructificó notablemente y en Francia llegó a su 
culminación. Principalmente la Italia meridional fué un punto de partida de 
tales evoluciones literarias; por primera vez, respecto a la poesía latina; poco 
después de la colonización griega, en el siglo VIII antes de Cristo; por se- 
gunda vez, en la época de los Hohenstaufen por la renovación de la poesía 
amorosa y la preparación de un nuevo lenguaje poético. 

Rasgos tan esenciales como los hallados en el área literario-geográfica 
del este y del oeste no se encuentran en la Romania meridional. 

Sólo se pueden establecer relaciones lingiiísticas, co- 
mo por jemplo, la acentuación generalmente paroxítona en contraposición a 
la comúnmente oxítona del francés. Ella coincide, en el centro de la Penín- 
sula Ibérica, en la mayor parte de Cerdeña y en la Italia meridional, con 
la tendencia a aspirar o a suprimir la f en posición inicial o intermedia. Se 
trata en este caso de regiones que habían sido pobladas por iberos y por 
pueblos líbicos emparentados con ellos, en los que no sólo han permanecido 


32 E. FRHR. v. RICHTHOFEN E 

vivos el arte popular islámico y los temas orientales sino también el culto 
al toro. Pero no se puede de ninguna manera deducir de tales indicios co- 
munes una unidad espiritual del mundo mediterráneo tal como existe en el 
norte de Francia, en relación estrecha (en lo que se refiere a la poesía épica 
y a aspectos lingiiísticos) con el norte germánico. Existen correspondencias 
fonéticas en el relajamiento o pérdida de las oclusivas sonoras intervocálicas, 
en la palatalización de la a acentuada y en la pérdida de la e final. Con el 
germano tuvo de común el francés aún la diptongación de e y o que no afec- 
tó en el mismo grado al resto de la Romania. Francia precedió a los demás 
idiomas romances en el debilitamiento o pérdida de la vocal final así como 
en el tratamiento ulterior de los diptongos. En esto alcanzó ya el grado eu, 
mientras que España y la Provenza permanecen aún en ue; Italia en uo 
y Portugal todavía en o. El francés, con la forma eu, se encuentra ya en el 
camino de regreso a la monoptongación, evolución circular que ya se ha 
consumado hoy en el territorio de la Germania. Trátase de la tendencia 
constante a la monoptongación que caracteriza a las antiguas y nuevas vo- 
cales de la rama latina del tronco indogermánico. 


Son numerosos los ejemplos que podríamos citar todavía para demos- 
trar el alejamiento que experimentó el francés de la primitiva sustancia 
latina. En medio del conjunto de las lenguas romances el francés se carac- 
teriza por su cadencia moderada, que se agudiza a veces en la lengua poé- 
tica, como en Corneille, o se atenúa en una melódica suave y sutil, 
como en las poesías de Verlaine, con las que tan bien concuerdan las com- 
posiciones de Debussy. Difícilmente se podría encontrar otro idioma que, 
como el francés, se relacione tan estrechamente con el canto hasta el punto 
de disminuir paulatinamente su perceptibilidad y desaparecer, a veces casi 
completamente, detrás de los elementos melódicos. Debido a su carácter 
flexible y a su suave ritmo parece el instrumento más apropiado para el 
impresionismo poético así como para las tentativas de poesía absoluta. Cómo 
se pudo realizar la evolución fonética del francés en la lírica, lo demuestra 
en efecto la posibilidad de hacer versos cortos del tipo: 


La lune blanche 
Luit dans les bois 


que en español e italiano implicarían una ampliación de la cantidad silábica 
y cuyo matiz acústico apenas lograría el mismo encanto. Comparado con el 
francés, el español se muestra más monótono, a la vez que más pleno de soni- 
do, más áspero, a veces torpe o pomposo. Hasta el arte poético de García 
Lorca y J. R. Jiménez no puede acercarse tanto al ideal verlainiano como las 


y 


La evolución estilística 33 
poesías de muchos líricos franceses del tipo de Valéry, Fargue y Reverdy. Los 
versos de Alberti sólo reflejan el aspecto exterior y el vértigo momentáneo de 
los sentimientos de un observador; son pinturas fascinantes, sin embargo pare- 
ce que apenas emana de ellas efecto melódico por la disposición de las 
palabras y frases. 

Los rasgos característicos del francés moderno se basan en el frecuente 
relajamiento y aun supresión de consonantes. Este proceso encuentra hasta 
cierto punto su respectivo equivalente en la pérdida de las vocales átonas 
y en el ensanche de la base de articulación por el comportamiento de las 
otras vocales sobre todo en posición tónica. Al mismo tiempo se produjo, 
a causa de la frecuente palatalización de monoptongos (a, u) una elevación 
de la escala tónica. La fonología comparativa muestra que el francés ha 
suprimido casi el doble de consonantes que el español y el italiano. Las 
vocales se aproximaron más produciendo, por su encuentro, alargamientos, 
sonidos de tránsito o diptongos, fenómeno que contribuyó considerablemente 
a la ampliación del vocalismo francés. Por otra parte esto tuvo su compen- 
sación en el hecho de que sólo el francés llevó a cabo con tanta regularidad 
el apócope y con ello eliminó más vocales átonas que las demás lenguas de 
la Romania. También aquí se ve que alcanzó un grado más avanzado 
mientras que el español ocupa la posición media: el francés apocopó todas 
las vocales átonas en posición final, el español sólo la e y la i, el italiano 
únicamente la e. 

El italiano, a causa de la conservación de las antiguas vocales finales, 
aparece casi como la más sonora entre las lenguas románicas occidentales; 
el francés ha creado, en cambio, mayor cantidad de medios de matización, 
mientras que el español se detiene a medio camino en el debilitamiento con- 
sonántico, en la reducción de las vocales y en la diptongación. Llegó a ser 
una característica de éste también la sustitución de la f por la h, (que 
comenzó ya antes del siglo XI). En ciertos casos la diptongación (asegura- 
da ya desde el siglo X) ha salvado a la f inicial de la pérdida completa 
(fuente, fuerte etc.). La influencia vasca, a la cual fué el español casi 
completamente impermeable, fué detenida en este caso por el fenómeno 
románico de la diptongación y tal vez no habría surtido ningún efecto si no 
hubiera existido ya una disposición ibérica a la pérdida de la f. Por otra 
parte el árabe, lengua tampoco indo-germana, pudo acrecentar considera- 
blemente el vocabulario español, aun el de la lengua poética. Este hecho 
característico debe encontrar su explicación sobre todo en el sorprendente 
engarce del vocabulario árabe en el español. La articulación y acentuación 
de los arabismos españoles corresponden con bastante fidelidad a las de 
sus originales. Así en muchos casos fueron intercaladas en el español las 


34 E. FRHR. v. RICHTHOFEN 

sonoras consonancias vocálicas entre las radicales de raíces semitas (alcázar, 
alhaja, arrabal, halagar, hasta, etc.), fenómeno que indudablemente repre- 
senta también una conquista para el lenguaje de la poesía. “También el con- 
sonantismo de las voces advenedizas árabes concuerda casi siempre con el 
de los originales. Al aceptar el arabismo, el español no adoptó ningún sonido 
extranjero sino que conservó su expresión fuerte y plena e incluso la enri- 
queció. Comparado con la gravedad del español, el italiano aparece más 
diáfano y a la vez más lleno de facetas; la tonalidad del francés más dulce, 
más pulida, más suavizada pero también más rica en matices. 

Es evidente que la Romania ha rechazado poderosas influencias prove- 
niente del exterior y esto vale también, si no me equivoco, en lo que se refiere 
a la evolución estilística, para la creación poética, De las relaciones literarias 
que hemos destacado y que fueron en su mayoría resultados de un fructífero 
encuentro de determinados poetas con culturas diferentes, no todas ejercieron 
su influencia por largo tiempo pues en general tendían a una asimilación y 
aun no puede decirse lo mismo de las relaciones interrománicas, como lo 
demuestran las tentativas de renacimiento periódicamente repetidas. En 
general lo románico se encerró herméticamente en sí mismo y cuando adoptó 
y elaboró sugerencias poéticas exteriores sólo se mostró susceptible de ver- 
terlas en las formas románicas tradicionales, evolución que albergó gran 
cantidad de posibilidades debido naturalmente a las diversas condiciones de 
pueblos y lenguas. Las diferenciaciones dependen de la especial dificultad, 
tanto espiritual como estética, de los distintos pueblos románicos; las homo- 
geneidades, de la común sustancia latina hondamente arraigada en la con- 
ciencia así como de las recíprocas relaciones culturales, a menudo de tanto 
alcance que originan perspectivas y proyecciones comunes a toda Europa. 
La genial facultad de evolución que caracteriza a numerosos poetas altamen- 
te inspirados de la Romania condujo a una sublimización de la expresión 
poética que llegó a ser el ideal, la admiración y el amor de todos aquellos 
que son sensibles a las emociones que derivan de las obras artísticas del verso 
y de la palabra, 


Universidad de Francfort 


Erich FRHR. V. RICHTHOFEN 


Traducción del alemán por M*, E. 
Zappacosta de Willmott, Mendoza 


BIBLIOGRAFIA 


El autor presenta aquí una síntesis muy comprimida de diversos tra- 
bajos en publicación o que aparecerán en breve, principalmente del libro 
mencionado en la página 1 nota 1), Die poetische Sendung der [RRomanen. 
Los trabajos especializados sobre los que éste se basa son: Zu den poeli- 
schen Ausdrucksformen in romanischer Epik (Heldenlied-Dante) y Skan- 
dinavisch-romanische W'ortbeziehungen ambos para la ZRPh; además 
Dantes Abhandlung iiber die Mundarten ltaliens im Lichte der modernen 
Sprachgeographie para el Homenaje a F. Kriger, Cerhart Hauptmann und 
Dante en Archiv fir das Studium der Neueren Sprachen, Jahrg. 1950, 
y Vigny als poetisch-philosophischer Wegbereiter des Symbolismus (en 
preparación). 

Con anterioridad han aparecido Alfonso Martínez de Toledo y su 
Arcipreste de Talavera. Halle 1941, publicado también en la ZRPh LXI 
(1941) y Studien zur Romanischen Heldensage des Mittellalters. Halle 
1944, 

De la extensa bibliografía que podría ser consultada sólo menciona- 
remos P. Valéry, De Penseignement de la poétique. Variété V, Paris 1945. 
Th. Frmgs, Europáische Heldendichtung. Neophilologus, t. 24, 1938. 
Aben Said Almagribi, Libro de las banderas de los campeones. Comp. 
Dámaso Alonso, Poesía arábigo-andaluza y poesía gongorina. Ensayos 
sobre poesía española. Buenos Aires 1946, pág. 29 y sig. En el mismo 
tomo, pág. 69 y sig., véase el estudio Estilo y creación en el Poema de 
Mio Cid. A. González Palencia, Literatura arábigo-española, Barcelona, 
1945, pág. 109. S. Pellegrini, Íntorno al vasallagio d'amore nei primi 
irovatori. Cultura Neolatina IV/V (1944/45), págs. 21 y sigs. R. Me- 
néndez Pidal, La epopeya castellana a través de la literatura española. 
Buenos Aires 1945. (dibujo frente a la pág. 24). Meillet, Apercu d'une 
histoire de la langue grecque. Paris 1913. L. Spitzer, Romanische Stil - 
und Literaturstudien Il, 211 y sigs. Marburg 1913. P. V, Rubow, Shake- 
speare paa dansk. Copenhague 1932. A. Gide, Hamlet. Paris 1946. A. 
Breton Arcane 17. New York 1945. Id., Poémes. Paris 1949. M. de 
Chazal, Sens plastique. Paris 1948. Id., La vie filtrée, Paris 1949. E. 
Howald, Das Wesen der lateínischen Dichtung. Erlenbach-Zúrich 1948. 
Sobre X. Marmier comp. H. Topsúe - Jensen, Omkring Levnedsbogen 
(H. C. Andersen). Copenhague 1943. M. Asin Palacios, La escatologia 
musulmana en la Divina Comedia. Madrid 1943. A. Riiegg, Die Jenseits- 
vorstellungen vor Dante. Ziirich 1945. E. Cerulli, 11 * Libro della Scala” 
e la questione delle fonti arabo-spagnole della Divina Commedia. Citta del 
Vaticano 1949. W. Schadewaldt, Homer und sein Jahrhundert. Das neue 
Bild der Antike 1, pág. 51 y sigs. Leipzig 1942. E. K. Neuwonen, Los 
arabismos del español. Helsinki 1941. 


LA CRISI DEL LINGUAGGIO POÉTICO ITALIANO 
NELL* OTTOCENTO 


E noto quale importanza ebbe la cosiddetta questione della Lingua nella 
storia del pensiero italiano nell * Ottocento, e ne € stato largamente discusso 
Y aspetto teorico ?, Meno dettagliatamente + stata studiata la ripercussione 
delle discussioni teoriche nella prassi degli scrittori; Pinteresse si € concen- 
trato soprattutto sulla prosa e, particolarmente, sulla prosa del Manzoni e 
del suo romanzo ?. Per la poesia possediamo soltanto una serie di saggi 
del De Lollis 3); essi sono ancora fondamentali; ma, purtroppo, essi si 
arrestano sulla metá del secolo (V'ultimo saggio é dedicato allo Zanella) 
e non permettono di seguire la questione fino alla sua soluzione; inoltre, il 
De Lollis parteggia per i tradizionalisti sicché le sue indagini fanno ancora 
parte della stessa polemica e conservano quindi un carattere precettistico %. 
Tuttavia egli ebbe il merito di attirare l'attenzione sul problema della lingua 
nella poesia dell'Ottocento. 

Infatti, la poesia segui un'altra strada che non la prosa e, richiede una 


D- Si veda G. Mazzoni, L'Ottocento. 1938, p. 328 sgg. e la bi- 
bliografia ivi indicata. 

2) Mazzoni, op. cit. 316 sgg. con la bibliografia a p. 325 sg,, 
p. 350 sgg. con la bibliografia a p. 375. 

3) Cesare De Lollis, Saggí sulla forma poetica italiana dell'Otto- 
cento, editi a cura di Benedetto Croce, Bari, Laterza, 1929. 

41  Essolo a lettura fatta che ci si viene a rendere conto del filo condut- 
tore che tiene riunite queste pagine. Questa idea fondamentale viene dal 
Croce riepilogata nel proemio come segue: “A primo aspetto, sembra che 
questo pensiero consista tutto nell'affermazione della ripugnanza che la 
poesia italiana mostra invincibile per le parole e pel tono realistico e fa- 
miliare””; e piú oltre: **...il vero pensiero che li muove € piú profondo. 
E la restaurazione del valore che spetta alla tradizione nella nostra storia 
della poesia, l'impossibilitá di spezzarla e di saltarvi sopra, la necessitá di 
conservarla sempre, innovando”. Il che serva anche a dimostrare che il 
Croce condivide le opinioni del De Lollis, 


La crisi del linguaggio poetico italiano nell'ottocento 37 
trattazione particolare. Ed € evidente che la storia della poesia lirica ita- 
liana dell'Ottocento dovrá anche rispondere, quando essa si rivolge al 
problema formale, alla questione: come si rispecchia nella prassi poetica 
la questione della lingua e quali aspetti prese quest'ultima in relazione alla 
poesia lirica? 

Nelle pagine che seguono si cercherá di rispondere a questa questions, 
almeno per sommi capi %, cercando una via di mezzo tra la trattazione 
monografica quale si addice allo studio dello stile linguistico di ogni poeta 
e l'intenzione di mettere in evidenza le linee generali dello sviluppo culturale 
di cui i singoli poeti fanno parte, partendo dal primo romanticismo per 
arrivare fino alla prima Guerra Mondiale, abbracciando cosi l'intero ciclo. 

La Questione della lingua fu una questione tipica della situazione 
culturale italiana e non trova riscontro in alcuna delle altre letterature europee. 
Pero, se teniamo d'occhio unicamente la poesia lirica, potremo osservare 
che il problema non solo si presenta in maniera diversa sia per la prosa 
italiana, sia per la poesia, ma anche che nel campo della poesia lirica 
accade in apparenza qualche cosa di simile nella letteratura francese. Anche 
h si parló di un rinnovamento del linguaggio della poesia. Questa poesia lirica 
francese si presta dunque a un paragone, che non puó essere se non dei 
piú istruttivi; infatti, esso servirá a dimostrare quanto sia particolare e 
schiettamente italiano il problema che ci accingiamo ad indagare, e aluterá a 
rendere chiaro il carattere dello stesso. Cerchiamo dunque prima di chiarifi- 
care questo, per seguire poi le principali tappe della risoluzione della crisi. 


1H 


Le cause prime che cagionarono la crisi del linguaggio poetico in 
Italia nell'Ottocento non hanno nulla di particolarmente italiano; esse 
risiedono nel mutato concetto della poesia e delle sue funzioni nel corpo 
sociale che fu comune patrimonio dell'estetica romantica europea. In Italia 


5) Peri nostri fini ci dovremo limitare all'analisi delle principali 
personalitá, tralasciando le figure minori anche se interessantissime, come 
il Fogazzaro, il Gnoli, il Gaeta, il Graf, ed altri), e omettendo dunque la 
dimostrazione delle sfumature e le variazioni che il problema dovette natu- 
ralmente subire. La nostra trattazione sará dunque piuttosto uno schizzo in 
bianco e nero che non un vero quadro. D'altra parte, le personalitá pit 
forti ed originali, essendo perció anche le pid novatrici, ci permetteranno di 
afferrare tutti gli aspetti principali della questione e di mettere in evidenza 
proprio questi. 


38 W. Th. ELWERT 

come in Francia ¡ nuovi ideali si possono definire, rispetto al linguaggio 
poetico, con i due termini di: democratizzazione e individualizzazione. Quanto 
alla Francia basta ricordare come Victor Hugo si vantasse di aver messo 
un bonnet rouge au vieux dictionnaire, cioé di aver introdotto nel linguaggio 
poetico delle parole di bassa lega prima bandite dalla poesia, i mots rófuriers; 
e giova rammentare come egli venne assecondato nei suoi tentativi dal fedele 
suo seguace Sainte-Beuve, il quale pure, nella prefazione alle poesie di 
Joseph Delorme (1829), si gloriava di aver introdotto delle espressio- 
ni di basse bourgevisie nelle sue rime. Lo stesso Sainte - Beuve poi sot- 
tolineava nello stesso luogo il fatto di essersi servito anche di parole anti- 
quate, di mots surannés, cioé di essersi presa la libertá di foggiarsi un voca- 
bolario a uso suo, mettendo cosi d'accordo l'espressione individuale, con 
Vispirazione, pure individuale e personale, fatto su cui egli insiste dicendo 
che Joseph Delorme ““s'est toujours écoulé lui-méme avant de chanter”, 
come avevano fatto il Lamartine, il Vigny e 1'Hugo. 


In Italia il problema era stato impostato quasi tre lustri prima su 
per giú negli stessi termini, peró con maggiore insistenza sul fine civile 
(tratto che distingue fin dall'inizio il romanticismo italiano essenzialmente 
patriottico e nazionale dal romanticismo francese); nella famosa Lettera 
semiseria di Crisostomo il Berchet:aveva insistito soprattutto sulla demo- 
craticitá della nuova letteratura e del suo linguaggio. Dopo aver postulato 
il rinnovamento della materia poetica, del contenuto, che dovrebbe farsi 
*popolare', “essere la storia, le credenze, le tradizioni, ¡ sentimenti della 
grande moltitudine”' (0, egli procede inoltre a chiedere il rinnovamento della 
forma, sia come creazione di nuovi generi letterari (egli aveva il pensiero 
rivolto alla romanza) e di nuovi schemi metrici, sia come rinnovamento 
della stessa lingua. Concorrono a dar forma alle sue rivendicazioni i due 
postulati dell'estetica romantica: liberazione del genio poetico dai vincoli di 
qualsiasi precetto estrinseco, da ogni necessitá di imitazione e di assogget- 
tamento a un modello, e, inoltre, —ed é questo il punto che per la valu- 
tazione della poesia italiana dal romanticismo in poi assume particolare 
importanza—, accessibilitá dell'espressione poetica a un pubblico non di 
soli letterati. E, quest'ultima rivendicazione assume una tale importanza 
unicamente mercé la speciale situazione culturale italiana; si comprende solo 
tenendo conto del fatto che in Italia la lingua della poesia era una lingua 
d'arte, distinta dalla lingua della prosa letteraria, pit lontana ancora dalla 


8) Sono le parole del De Sanctis nella sua analisi della ““Lettera 
semiseria””, La letteratura italiana nel secolo XIX, Napoli 1898, p. 482. 


La crisi del linguaggio poetico italiano nell' ottocento 39 
lingua italiana parlata (del resto non molto in uso) e lontanissima dai 
dialetti che erano comunemente il normale mezzo di comunicazione anche 
nei ceti piú alti della societá 7). 11 Berchet insorgeva dunque contro questa 
lingua da letterati il cui carattere esoterico si veniva anzi accentuando 
per conseguenza del purismo di un Césari ed altri, contro Pautoritáa della 
Crusca, contro il vieto frasario aulico e paludato, e prorompeva nell'escla- 
mazione: “...altro é lo stare ristretto a” confini determinati di un linguag- 
glo poetico, altro € lo spaziarsi per l'immenso mare di una lingua tante 
lussureggiante ne' modi, e viva, e parlata ed alla quale non si puó chiudere il 
vocabolario, se prima non le si fanno le esequie”. 

Rinnovamento della lingua della poesia - ecco una parte essenziale 
del programma romantico in Italia quale venne espresso dal Berchet. Che 
queste idee del Berchet (e non solo sue) furono operosissime lo dimostrano 
le vivissime polemiche che si accesero intorno alla questione della lingua e 
che schierarono gli uni contro gli altri puristi e non puristi. Non é qui il 
luogo di rifarne la storia. Quello che qui invece si vuole mettere in luce € 
la ripercussione che ebbero queste idee sulla produzione poetica e come 
essa anche non intenzionalmente seguisse una china a loro parallela. Qui 
giova fare una distinzione. Nella Lettera semiseria il Berchet mirava a un 
rinnovamento della lingua della letteratura tutta intiera, sia della prosa 
che della poesia. Nella pratica il rinnovamento si compi in modo diverso 
secondo che si trattava di prosa o di versi. Nella prosa il principio di 
“popolaritá” venne a tricnfare assal presto, riportó una vittoria decisiva con 
la seconda redazione dei Promesi Sposi. Non cosi nella poesia. Questa 
invece si mostró assal piú ostica e ribelle alla riforma del linguaggio poetico. 

Anche di lá d'Alpe si cercó di “democratizzare” il linguaggio, come 
si e detto sopra. Ma il meltre un bonnel rouge au vieux dictionnaire assume 
colá un significato ben diverso da quello che intendeva il Berchet con il 
suo ideale di una poesia 'popolare'. É assai significativo della situazione 
in Francia che la rivoluzione poetica che fu opcrata dal Lamartine con le 
sue Médilations poté farsi senza nemmeno sfiorare il problema della lingua, 
senza creare neppure la minima discussione sulla forma linguistica. Basta- 
vano per l'espressione di un nuovo mondo poetico ¡ mezzi tradizionali. La 
riforma linguistica comincia solo da Hugo, e qui bisogna rendersi conto 
della sua delimitazione e del suo effetto. Sia quanto all'una, sia quanto 


DT Cf W. Th. Elwert, Die mundartliche Kunstdichtung Italiens 
und ihr Verháltnis zur Dichtung in der Hochsprache, in: Archiv f. d. 
Stud. d. n. Spr. 175/176, segnatamente 175, p. 182 sgg. (sulla diffusione 
dell'italiano come lingua parlata). 


40 W. Th. ELwERT 

all'altro la sua riforma differisce essenzialmente da quanto aveva in mente 
il Berchet e di quanto accadde nella poesia italiana. La riforma dell'Hugo 
si riduceva a due termini: esclusione della perifrasi e introduzione del- 
Vespressione diretta, sia parola dell'uso comune, banale, sia parola tecnica, 
vocabolo che designi istituzioni e oggetti caratteristici di un certo periodo 
storico o di una cultura esotica (spagnola, orientale). Ma fu sempre una 
riforma che ebbe in primo luogo di mira il vocabolario e lasció inalterato 
il fondo comune della lingua, non coinvolse né le forme grammaticali, né 
la sintassi. (E lo stesso vále per il Sainte-Beuve, il quale solo andó piú 
oltre nell'introduzione della terminologia banale della vita quotidiana). 
Non cosi in Italia, come subito si vedrá. D'altra parte la riforma hugoliana 
ebbe un effetto, anzi anche P'intenzione, tutta opposta a quello che era nelle 
intenzioni del Berchet: quella cioée di allontanare il linguaggio poetico dalla 
lingua comune e giornaliera; gli esotismi e ¡ termini storici di cui egli farciva 
certe sue poesie, la sua predilezione per i nomi stranieri e in qualsiasi modo 
esotici tendevano a dare alla sua espressione uno sfarzo lussureggiante che 
ben altrimenti la distingueva dalla parlata banale. E. lo stesso si dica degli 
arcaismi, dei ronsardismi, dei mots marotiques del Sainte - Beuve. E lo 
stesso vale per i loro seguaci, tra di cui spicca Gauthier. Ché, in fondo, per 
¡ romantici francesi, laddove volessero innalzare la lingua poetica a un piano 
superiore - e questo bisogno fu sentito piú fortemente dall'Hugo e dal Gau- 
thier che da altri - si trattava proprio di fuggire la prosaicitá che appunto 
minacciava di imporsi non appena si erano tolti ¡ fronzoli e gli orpelli delle 
circonlocuzioni e delle metafore dello style noble del clasicismo. 

Ben diversa era invece la questione in Italia. Mentre in Francia la 
lingua poetica, tolte certe fioriture, era in fondo la stessa lingua della prosa 
tanto é vero che fu (e viene ancor oggi) rinfacciata alla poesia lirica fran- 
cese del Sei - e Settecento la sua prosaicitá (cosi segnatamente da parte 
italiana, dal Baretti ed altri nel Settecento $) ) - in Italia esisteva un lin- 
guaggio poetico nettamente diverso da quello della prosa e da questa il cui 
distacco si era ancora in epoca recente andato accentuando per la ri- 
forma, illuministica della prosa nel Settecento effettuata sotto il motto: “cose 
e non parole”, portando la prosa verso una maggiore semplicitá modellata sul- 
lesempio francese, - linguaggio poetico che nessuno aveva osato criticare, alte- 
rare o discacciare. Questo linguaggio poetico era inoltre profondamente radi- 
cato nella tradizione culturale italiana, era esso stesso una parte integrante di 


8) “le porte di quel nobile linguaggio poetico italiano che al Baretti 
e ad A. Paradisi facean parer borghese nientemeno che perfin la lingua 
poetica di Racine”. De Lollis, op. cit. p.-111. 


La crisi del linguaggio poetico italiano nell' ottocento 41 
questa tradizione, poich'era rimasto essenzialmente lo stesso attraverso cinque 
secoli dal Petrarca, all'Alfieri, e al Foscolo ?. 

La lingua della poesia lirica francese ai tempi di un Millevoye e 
di un Lamartine, invece, risaliva solo al Malherbe. 11 linguaggio poetico 
italiano poi, si distingueva dalla prosa non solo nella scelta delle parole, 
ma anche nelle forme (conformazione del vocabolo, forme flessionali) e 
nella sintassi (a parte della maggiore libertá nella collocazione delle parole), 
e, grazie alla stessa indole della lingua italiana in genere (maggiore numero 
di elementi flessivi), ammetteva un allontanamento dalla lingua parlata 
sulle orme della sintassi e degli accorgimentj rettorici latini (soprattutto ]'in- 
versione e l'iperbato) su una misura cui si opponeva la lingua francese per 
la sua povertá flessionale e la necessita di mantenere il normale ordine delle 
parole, 

Per uscire dalla generalitá scegliamo alcuni esempi che serviranno a 
mettere in evidenza, nel campo del vocabolario e della morfologia, (lascia- 
mo da parte l'ordinamento delle parole che richiede una piú ampia esem- 
plificazione e un pit approfondito trattamento), sia la differenza tra il 
francese e litaliano quanto al linguaggio poetico, sia la differenza nell'ita- 
liano stesso tra l'espressione di stile poetico e l'uso comune. Non mi risulta 
che si abbia finora tentato di fare un elenco simile delle caratteristiche 
del linguaggio poetico italiano (escludendo e non precludendo la necessita 
di fare uno studio particolare per ogni singolo autore). 

Scegliamo per la nostra illustrazione (che non pretende essere esau- 
riente) quelle voci che piú spesso ricorrono nella lirica amorosa e che ne 
constituiscono, direi, lossatura. Cosi vediamo che in francese désir rimane 
désir anche nella prosa; in italiano invece abbiamo accanto al prosastico 
desiderio i termini desio e desire e persino desiro usuali nel linguaggio poe- 
tico. E cosi possiamo mettere di fronte: 


9 Della lingua poetica del Petrarca dice il Del Lollis (op. cit. p. 
109): “lingua poetica d'Italia fino al Leopardi incluso'. Piace anche ricor- 
dare in proposito la bella pagina del D'Ovidio (in: Versificazione roman- 
za. Poetica e poesia medioevale, Nuova edizione. Napoli, 1932, p. 68 sg.) : 
“L'Italia. .. ha molto da invidiare la Francia per la prosa, ma ben poco 
per la poesia; e nulla, proprio nulla, per la parte formale di questa. Noi 
possediamo un vero linguaggio poetico, una versificazione pil varia, una 
prosodia quasi in tutto d'accordo con le effettive condizioni fonetiche della 
lingua, una tradizione continua di sei secoli, una maggiore intimitá con la 
schietta tradizione latina classica, e una lingua che, anche a prescindere da 
guel che si dice linguaggio poetico, é di per sé piú prestevole ad un'“armonia 
piú svariata e piú espressiva e ad una piú libera collocazione sintattica delle 


parole”. 


42 W. Th. ELWwERT 


in francese in italiano 
(prosa e poesia) in prosa in poesia 
pied piede pie 
áme anima alma 
nue, nuage (voci fra-  nuvola nugola, nugolo, nem- 
seologicamente di- bo, nube 
stinte, non stilistica- 
mente) 
aller andare gire 
cóle fianco lato 
essuyer asciugare tergere 
bois bosco selva 
oiseau uccello augello 
feuillage foglie fronde 
ruisseau ruscello rivo, rio 
beau bello vago, vezzoso 
beaulé bellezza bielia, belta, vaghez- 
za 
changer cambiare cangiare 
sable sabbia la rena, Parena 
rivage riva sponda, lido, lito 
cheveux capelli crine, chioma 
parler parlare favellare 
vent vento aura 
blanc bianco candido 
bleu blu perso 
foi fede fe 
espoir (espérance +  speranza speme 
fraseologicamente 
distinto, non stilisti- 
camente) 
douleur dolore doglia, duolo 
cacher nascondere ascondere, celare 
laurier alloro lauro 


figure, visage (tutti e 
due dell'uso comu- 
ne) 

se souvenir 


fléeche ha accanto a se 
il poetico dard 

merci 

servir (—étre utile) 

secours, aide 

renfermer 

épaule 

envie 


faccia, viso 


ricordarsi 
freccia 


pieta 

servire 
soccorso, aiulo 
rinchiudere 
spalla 

invidia 


sembiante, sembianza 


sovvenire, rimembrare 
membrare 
dardo, strale 


mercede, mercé 
giovare 

ailo, aita, giovamento 
rinserrare 

omero 

inveggia 


La crisi del linguagyio poetico italiano nell ottocento 43 


mensonge bugia menzogna 
poison  (venin come  veleno tosco, tossico, veneno 
nue) 
enlendre sentire udire, audire (intende- 
re) 
Vieux vecchio veglio, vieto, prisco 


E cosi via, ché la lista ben lungi dall'esser completa. Ma basta a far in- 
travedere che in italiano esiste accanto al vocabolario della prosa e del 
parlare di ogni giorno una vera e propria lingua poetica la quale esiste 
grazie al fatto della ininterrotta tradizione di molti secoli fin dall'inizio 
della poesia italiana, dimodoché in essa sono conservate voci dell'antico 
siciliano, parole mutuate nel periodo delle origini al provenzale e al vecchio 
francese, varianti dello stesso toscano antico, voci non toscane penetrate nel 
linguaggio poetico nel periodo prepetrarchesco e col Petrarca steso, nonché 
i vari latinismi assunti in diverse epoche (nembo prima di nube). Di fronte 
a ció il francese, che ebbe una interruzione della sua tradizione poetica non 
solo al passaggio dal medio evo al rinascimento, ma anche col distacco del 
linguaggio del Grand Siécle dalla lingua del Cinquecento, si presenta non 
solo con una spiccata povertá di termini, ma anche con una netta prosaicitá. 

Va inoltre notato particolarmente che il linguaggio poetico italiano pos- 
siede doppioni non solo per i concetti che riguardano il frasario amoroso 
(ove ció non E altro che naturale), ma anche per le parole di funzione 
unicamente grammaticale. Inutile dire che in questo caso il francese non 
offre nulla di paragonabile. In francese oú resta oú in prosa e in poesia; in 
italiano accanto al prosastico dove esistono i poetici donde, onde, ove, 've, 
u'. E cosi possiamo ancora mettere di fronte 


in francese in italiano 
(prosa e poesia) in prosa in poesia 
jusqu'a fino a insino a 
la lá ii, cola 
loin de lontano da lungi, lunge da, lonta- 
no da 
dans dentro entro 
avant avanti, prima anzi, innanzi, anti 
(in) pria 
aprés dopo apresso, poscia 
seulement soltanto, solo pure 
encore (poet. encor!) ancora anco 
lui lui, esso egli, ei, e', esso, lui 
avec moi con me meco 


44 W. Th. ELweRT 


sur su, sopra SoUra, sor, sur 

tous les deux tutli e due ambedue, ambedui, 
ambeduo, ambe- 
duot, entrambi 

le (m. sg.) lo il (il sente appena) 


E anche questa lista si potrebbe allargare considgrevolmente inclu- 
dendo in essa gli arcaismi della poesia petrarchesca. 

In questa categoria di parole grammaticali particolari del linguaggio 
poetico italiano, cui il francese non offre nulla di paragonabile, vanno inse- 
rite anche le forme verbali dell'uso poetico: avea, parea, ecc.; seguia ecc.; gia 
(andava); gio (ando); udio (senti); fia (sara); furo, fuoro (furono), 
cantar, cantaro, cantorno (cantarono) ; udiro (udirono), chieggio, chieggo 
(chiedo) ; sieguo (seguo) ; bevere (bere), veggio (vedo) e cosi via. 

A ció si aggiungano le varianti fonetiche di tante parole comuni, di 
per sé non specifiche del linguaggio amoroso, varianti riservate all'uso 
poetico quando compaiono nel contesto della lirica amorosa (o comunque) ; 
ad esempio: a) forme non dittongate in rima e fuori rima consacrate dalla 
tradizione siciliana e petrarchesca: core, foco, loco, novo, variazione cui 
vanno soggette anche le parole specificamente poetiche como féra (fiera) 
[per designare la donna amata]; b) varianti .fonetiche (arcaismi) di voci 
comuni e di quelle specificamente poetiche come maraviglia e disio (accanto 
a desio di cui sopra); c) forme sincopate (arcaismi): spirto, merto; d) 
forme aferetiche 've = ove (in sé giá poetico) ; e) e fra queste forme vanno 
annoveratj tutti i troncamenti in consonante per cui qualsiasi parola passibile 
di troncamento in consonante puó assumere un aspetto poetico; procedimento 
largamente adoperato nella poesia italiana, ma impossibile in francese; e 
vanno soggette a questo trattamento non solo tutte le parole banali ma anche 
eli stessi termini riservati al linguaggio poetico dimodoché nella lista che 
diamo di sopra vanno aggiunte alle forme poetiche normali le forme tronche; 
otteniamo dunque amor, dolor, fedel, crudel, gentil, fatal, or, par, piacer, 
emar, uom, siam, beviam, infin, ben, balen, sen (seno), ove sen gio; 
f) ne” = nei, a” = ai, trova” = trovai, ecc. 

Aggiungansi poi a ció gli arcaismi sintattici conservati nell'uso poeti- 
co: a) particella pronominalz nell'enclisi: un bacio diemmi (Zappi); b) 
pronome atono invece del tonico: che me costringere suole (Parini) = suole 
costringermi; c) che = in cui ecc. (costrutto anche popolare, ma nel lin- 
guaggio poetico é arcaismo sanzionato dall'uso petrarchesco) : all'etá ch'uom 
s'innamora (Zappi), ove uom, che corrisponde al francese on, € pure un 
arcalsmo. 

Basti questa rassegna per illustrare la differenza che corre da una 


La crisi del linguaggio poetico italiano nell' ottocento 45 
parte tra 1l linguaggio poetico italiano e la lingua della prosa (segnatamente 
quella postmanzoniana), nonché la lingua parlata, e, dall'altra parte, tra 
il francese e Pitaliano, in quanto che in tutti i casi di divergenza segnati per 
Pitaliano nelluso francese prosa e poesia concordano. Facciamo inoltre 
osservare che abbiamo tolto ¡ nostri esempi quasi esclusivamente dai poeti 
del primo Settecento, da quell; dell' Arcadia, dallo Zappi fino al Vitto- 
relli, cosicché non sono stati inclusi nella lista né la rima siciliana (lí:muí), 
né l'omissione dell'articolo davanti al pronome possessivo, —fenomeni che 
ricorrono ancora nel Petrarca ma poi caduti in disuso—, né i latinismi post- 
arcadici. Abbiamo proceduto in questo modo, perché per valutare la lingua 
poetica italiana dell'Ottocento deve servire come punto di partenza l'ultima 
forma inalterata che assunse il linguaggio poetico di creazione petrarchesca 
prima che entrassero in giuoco nuove tendenze culturali che segnano l'inizio 
del suo dissolvimento, cioé il clasicismo pariniano 1%. 


TTI 


La riforma richiesta dal Berchet dovette urtarsi contro gravissimi osta- 
coli, intimamente connessi fra di loro. In primo luogo il carattere della 
lingua poetica stessa: una lingua d'arte, ricchissima, quanto mai espressiva, 
diversissima dalla lingua della prosa e dal parlare quotidiano. 11 rinnova- 
mento che egli chiedeva veniva cosi a significare non una mera modificazione, 
ma addirittura una sostituzione di una lingua con un'altra. E questa sosti- 
tuzione equivaleva all'abbandono di una tradizione plurisecolare, al rinnega- 
mento di una ricchissima e preziosissima letteratura. E, si opponeva a questa 
riforma con una convinzione che trovava la sua giustificazione appunto in 


10) E savioliano, fantoniano, montiano, foscoliano, ecc. Indubbia- 
mente il classicismo di un Parini, Monti, Mascheroni, ecc. segna un netto 
distacco dalla lingua aulica a base petrarchesca della lirica italiana dal 
Cinquecento all' Arcadia, sia per il gran numero dei nuovi latinismi lessicali 
assunti, sia per la piú forte tendenza di riprodurre l'ordine delle parole 
caratteristico della poesia latina, specialmente oraziana. Cosi il classicismo 
prepara il terreno alla riforma romantica. D'altra parte egli se ne distingue 
essenzialmente per il fatto che questa preparazione € di carattere negativo: 
essa non inizila un nuovo indirizzamento, anzi essa si allontana bensi dalla 
lingua aulica precedente, ma solo accentuandone un elemento che sempre 
ne ha fatto parte: il latinismo, cioé rifacendosi alla tradizione classica, cui 
si rifece da prima decisamente il Petrarca e cui ebbero ricorso di nuovo 
i petrarchisti del Cinquecento e i poeti dell'etá barocca. 


46 W. Th. ELwERT 

quella tradizione, che faceva che la poesia dovesse necessariamente, per con- 
servare il suo stesso carattere di poesia, distinguersi dalla prosa per mezzo di 
una lingua scelta ed eletta. Questa convinzione era stata formulata dai teorici 
del Cinquecento nella loro teoria del Parlare Ornato 1, Allo studio delle pa- 
role ornate (le quali insieme ai fiori rettorici formano il Parlare Ornato) 
il Minturno nella sua poetica (L'arte poetica, Venezia, 1563, a p. 302 
sgg.) dedica un intero capitolo. Le stesse disquisizioni sul vocabolario si 
trovano anche nel Trissino, il quale addusse per testimonianza anche il De 
Vulgari Dantesco (De Lollis, op. cit. p. 141, 144). Questo concetto venne 
poi subito ad opporsi alla tentata riforma del Berchet. Nel suo articolo 
“*T romantici alle prese colla coltura”” (op. cit. p. 139 sgg.) il De Lollis 
ricorda: “Nel Proemio al V anno della Biblioteca Italiana (1820), 
scriveva G. Acerbi a proposito dell'Eleonora, la ballata resa celebre in 
Italia dal Berchet quattro anni prima: “Nella nostra lingua, forse piú che 
in qualunque altra, lo stile é tutto, e quando lP'abito dei pensieri non é 
eroico, diventano buffoneschi anche ¡ pensieri, e perdono la loro indole, il 
loro carattere, il loro effetto””, Ma quello che + ancora piú notevole + il 
vedere che il De Lollis stesso, —a distanza di un secolo dall'Acerbi—, si 
schiera dalla parte dei difensori della lingua poetica contro il “parlare 
diretto e realistico”” e cita in difesa delle sue convinzioni lo stesso Dante 
di cui si era servito il Trissino (p. 143). E con il De Lollis si schiero il 
Croce il quale nel proemio a questa raccolta di saggi delollisiani presenta 
questi come un ammonimento a non ““spezzar la tradizione” 12%, Come si 
vede, lP'opposizione alle idee del Berchet fu fortissima fin da principio e 
perduró attraverso tutto ¡l secolo. Ma non c'é da meravigliarsi che il passaggio 
dalla lingua poetica tradizionale alla lmgua parlata nella poesia dell'Ottocen- 
to, passaggio che pure si fece malgrado tutto, si facesse lentamente e a sbalzi. 
Cercheremo ora di seguirne le varie tappe, limitandoci perú a tracciare soltan- 
to le linee principali. 


IV 


1! Manzoni, riformatore della prosa, creatore di una prosa che pro- 
prio adempiva ¡ quesiti posti dal Berchet, nella sua poesia lirica, si mantiene 


10 Op. cit. p. VIL; e vedi i passi citati sopra. 

12) Con la teoria si veniva soltanto a consacrare uno stato di fatto, 
essendo la lingua della poesia lirica fin dalle origini presso i siciliani una 
lingua d'arte ben distinta sia dalla lingua parlata, sia da qualunque lingua 
scritta, inclusa la prosa artistica. (G. Feba, Guittone). 


La crisi del linguaggio poetico italiano nell' ottocento 47 
decisamente al di qua di ogni riforma, quanto alla lingua 13. Infatti la 
sua formazione culturale era giá conchiusa quando usci la Letiera semiseria 
del Berchet. La sua educazione si era compiuta in pieno periodo del clas- 
sicismo ed a questo gusto egli rimase fedele in tutta la sua produzione lirica. 
Ció non solo nelle sue poesie giovanili, anteriori, al '15, ma anche in 
quelle posteriori, tanto negli /nni sacri, quanto nel Cinque Maggio, e anche 
—ed + questo un fatto notevole— nelle poesie che per lispirazione e la 
forma metrica segnano una nuova strada, rivelano un indirizzamento deci- 
samente romantico, vale a dire nell'ode Marzo 1821 e nei Cori del Car- 
magnola e dell' Adelchi (atto TL.). Anche in queste poesie di sentimento 
patriottico e di soggetto mederno oppure medioevale, che nel loro metro 
cosi fortemente accentato (i metri dalla cadenza sonora saranno quelli 
preferiti dalla scuola romantica delle ballate e romanze), nei loro decasil- 
labi e dodecasillabi anapestici segnano giá un distacco notevole dal classi- 
cismo, egli, quanto alla lingua rimane rigorosamente entro i limiti dell'aulica 
e specialmente di quella di trasformazione classicista. Infatti oltre agli 
arcaismi e ai latinismi generici incontriamo nella sua lirica certi latinismi 
del frasario rivoluzionario caratteristici del classicismo dell'era napoleonica. 
Cosi leggiamo nel coro del Carmagnola: 


.cosi udresti ciascuna che sicuro 
vede lungi le armate coorti, 
raccontar le migliaia de'morti, 
e la piéta dell'arse cittá. 


Troviamo accanto ai poetici udresti, lungi, raccontar (col complemen- 
to all'accusativo e construito alla latina in dipendenza da udire), l'arcaismo 
piéta, il latinismo stilistico dell” arse citiúá - le coorti, che fanno coppia con 
*i percossi valli' e “il lampo dei manipoli' del Cinque Maggio. Che dire poi di 


Dagli atrii muscosi, dai fóri cadenti 
e delle 


SAS +... trepide fere, 
irsuti per tema le fulve criniere, 
le note latebre del covo cercar;... 


per designare ¡ signori di razza germanica. 


13) A ció corrispondeva anche la sua posizione teorica. Seguendo le 
teorie tradizionali, di cui abbiamo testé parlato, egli distingueva “tra la 
lingua della prosa ch'egli voleva soggetta all'uso fiorentino, e quella della 
poesia ch'egli lasciava libera”. (Mazzoni, op. cit. p. 373). 


48 W. Th. ELwWeRT 

Siamo del tutto fuori dal realismo storico, della couleur locale verbale, 
in piena nobilitazione classicista. 

Ma non a torto il De Lollis fa osservare che proprio in questo coro 
dell" Adelchi il Manzoni per una sola volta si avvicinó alla ballata, e cita 
(saltando le ultime tre righe della sesta strofa che invece riportiamo qui): 


Udite! Quei forti che tengono il campo, 
che ai vostri tiranni percludon lo scampo, 
son giunti da lunge, per aspri sentier: 
sospeser le gioie dei prandi festosi, 
assursero in fretta dai blandi riposi, 
chiamati repente da squillo guerrier. 
Lasciár nelle sale del tetto natio 

-le donne accorate, tornanti all'addio, 

a preghi e consigli che il pianto tronco: 
han carca la fronte de' pesti cimieri, 
han poste le selle sui bruni corsieri, 
volaron sul ponte che cupo sonó. 


“Ecco la ballata del Manzoni, con un medio evo dosato da mano mae- 
stral” esclama entusiasta il De Lollis (p. 158). 

In veritá, il medio evo si riduce ai cimieri, le selle e 1 corsieri e all'ul- 
timo verso che riecheggia un verso del Biirger Wie donnerien die Briisken!, 
come ricorda il De Lollis, e che il Berchet aveva tradotto: Come sotto la 
pesta rintronavano i ponti! il Manzoni tolse quello che di troppo onomato- 
poetico poteva avere per un gusto classicista quel rintronavano e lo sop- 
pianto (elegantemente, é vero!) con un pure onomatopoetico, ma piú 
generico cupo sonó. Ma il resto rimane entro ¡ limiti della lingua poetica 
tradizionale (udite, lunge, aspri, squillo, lasciár, natio. preghi, carca e le 
tante parole tronche in rima e fuori) con una forte dosatura di latinismi 
(precludon, prandi, assursero, blandi, repente) e inserisce persino un altro 
termine della fraseologia rivoluzionaria: aí vostri tiranni! Dice il De Lollis 
del Manzoni che “la sua lingua poetica é ancora quella ancien régime' 
(op. cit. 53), e dice bene. 

Per incontrare la nuova lingua poetica bisogna perció rivolgersi allo 
stesso teorico e novatore, al Berchet. Ed egli si industrió infatti di creare 
un nuovo linguaggio. Scegliendo una delle sue ballate patriottiche a sog- 
getto italiano e moderno, Clarina, vediamo che egli ammette parole dell'uso 
comune: pioppi, stenti, collo, buio, preghiera, sposa, rossore, bacio, giorno, 
affetti e altri; poi termini tecnici moderni e medioevali: bandiera, squadre, 
brando, tricolore, elmetto, coccarda; e soprattutto adopera i nomi propri mo- 
derni: Clarina, Gismondo, Alberto, Carignano, la Dora e il Cenisio. Ma 


La crisi del linguaggio poetico italiano nell' otlocento 49 
il tutto inserito in una lingua di pretta tinta tradizionale: romita = solitaria, 
di = giorno, assiso = seduto, il —= lo, speme = speranza, desire — desi- 
derio, ei = egli, cangió = cambió (= trasformo), die,” sieno, preferse, 
lunge, cui si aggiungano le numerose parole tronche in rima e fuori e le non 
rare inversioni nell'ordine delle parole. E. non mancano i latinismi di gusto 
clasicista la 'regal mensa”, il 'vindice rancor”, i patiboli, le scuri, *Parmi 
estranie' Tesosa lua cervice, il “di fatale' e il “tristo vale”, nonche il “carme* 
venuto in auge nell'era napoleonica in luogo dell'usato canto (“suoni Htalia 
in ogni carme') e che fa compagnia all'ira dei tiranni' del solito frasario 
rivoluzionario. E. basti ció. 11 De Lollis che giá ne fece giustizia (op. cit. 
34 sgg.) conclude: “La lingua poetica del Berchet € il pik strano mostro 
che si possa immaginare in mezzo a una letteratura poetica”. 


Questo é tanto piú rimarchevole in quanto che nella metrica * il 
Berchet ruppe decisamente con la tradizione: invece dej versi sciolti del 
clasicismo, delle strofe di tipo pariniano, delle canzoni petrarchesche cui 
aveva fatto ritorno il Manzoni, e dei sonetti cari al Alfieri come al Foscolo, 
egli rinnovó il polimetro che gli permetteva di variare il metro col tono del 
racconto, a seconda dell'ispirazione, e creó inoltre delle forme strofi- 
che di 3, 6 e 8 versi, le quali tradiscono la loro derivazione dall'ode 
pariniana per essere architettate su rime tronche e sdrucciole, ma che pure 
ne sono qualche cosa di diverso per la preferenza data ai metri parisillabi, 
ottonari, decasillabi e dodecasillabi, metri, cioé, piú fortemente ritmati e 
perció pil adatti a riprodurre la forte scansione dei metri della ballata 
tedesca ed inglese. Ma era piú facile adottare nuovi schemi metrici che 
non il creare un nuovo linguaggio poetico. In fondo egli non sapeva liberarsi 
dai preconcetti tradizionali, non sapeva figurarsi una lingua che fosse 
poetica senza ¡ soliti ornamenti e senza le viete forme linguistiche tramandate. 
Ma inferire da ció “che il ripudio assoluto al quale aspirava non era pos- 
sibile”*, come fa il De Lollis (p. 54), non + preciso. E vedremo. 


Sta di fatti invece che tra il Berchet e il Carducci nessuno seppe 
liberarsi dal vecchio modello tanto da creare un'espressione del tutto nuova. 
Non giova ripetere l'analisi che della poesia del Prati fece il De Lollis 


14 La versificazione ¿ una spia preziosissima per determinare l'at- 


teggiamento dei poeti dell'Ottocento rispetto alla tradizione e al movimento 
romantico. Ce ne serviremo anche piú innanzi. Non intendiamo peró fare 
un confronto sistematico fra linguaggio e forma metrica, sperando di poter 
tornarci un'altra volta altrove, e anche per non dilungarci troppo dalla 
questione della lingua che abbiamo intrapreso a studiare in primo luogo in 
questo saggio. 


50 W. Th. ELwerT 
(p. 55 sgg.), mostrando che anche lui “brancola tra il vecchio e il nuovo”, 
avvertiamo soltanto che il Prati segui il Berchet anche negli esperimenti 
metrici, coi polimetri, con le variazioni della strofa pariniana, coi metri parisil- 
labi ecc., escogitando nuove combinazioni e anche riprendendo forme tra- 
dizionali; ma nella riforma linguistica rimase a mezza strada. E ció vale 
anche per gli altri autori di “ballate', Anzi, il primo impeto innovatore va 
perdendo di forza quanto piú ci si allontanava dalla prima ribellione e 
l'Aleardi, la cui figura campeggia e domina negli anni dopo il'48 segna un 
netto ritorno alla tradizione, Dice di lui il De Lollis (p. 227): “A rivo- 
luzione romantica compiuta, Y'Aleardi ebbe, primo, in Italia il merito di 
conciliare il senso romantico della realtá colla forma classica tradizionale”. 
Prima di rivolgerci a vedere che cosa accadesse negli anni dal'60 in 
poi, bisogna tornare indietro per dare uno sguardo al Leopardi. Egli tiene 
un posto a parte, lontano tanto dalla corrente che ebbe inizio col Berchet, 
quanto dal clasicismo manzoniano. Malgrado la sua lirica sia imbevuta di 
latinismi, il suo linguaggio non ¿ diretta filiazione del classicismo dal Pa- 
rini al Monti e al Foscolo. Come nella forma metrica egli prese le mosse 
dalla canzone petrarchesca, cosi anche nella lingua egli é assai piú petrar- 
chista che pariniano e classicista. E anche questo 2 un modo di staccarsi 
dalla tradizione diretta, tornando indietro, riportandosi al capostipite. La 
sua lingua diventa per effetto molto piú arcaica, da un lato, piú piena di 
arcaismi petrarcheggianti (“...il guardo esclude””; [L'infinito] “Silvia. 
rimembri ancora”; [Silvia] —-“odo augelli far festa”; [La quiete dopo 
la tempesta]) 1% che non fosse quella degli arcadi e dei classicisti; da un 
altro lato peró il Leopardi si scosta dalla lingua tradizionale in un altro 
modo, cioé ammettendo l'espressione diretta e realistica. Si rilegga il prin- 
cipio della canzone 4 Silvia e si troverá dei versi come questi: 


Mirava il ciel sereno, 
le vie dorate e gli orti, 
e quinci il mar da lungi, e quindi il monte. 


Ove la felice semplicitá dell'espressione si fonde senza stridere con la re- 
miniscenza petrarchesca (quinci ... quindi; cf. De Lollis p. 25) e il tra- 
dizionale lungí. E si rileggano le descrizioni in principio a “La quiete dopo 
la tempesta' e a “Il sabato del villaggio' riboccanti di termini semplici, di- 
retti, anzi regionali (erbaiuol, piova), per misurare la distanza dalla vecchia 


15)  Vedi anche il saggio ““Petrarchismo leopardiano'” del De Lollis 
nel citato volume, p. 1 sgg. 


La crisi del linguaggio poetico italiano nell' ottocento 51 
lingua poetica; eppure: anche nel “Sabato” la rappresentazione realistica, il 
realismo verbale si fonde allo stesso tempo con reminiscenze petrarchesche 
(cf. De Lollis p. 20 sg.). Posto anche che la gallina, Verbaiuol stiano a 
significare il generico, il tipo, non l'individuo (come vuole il Vossler, [Leo- 
pardi, Heildelberg, 1930, p. 280] ) pure rimane il fatto che l'espressione 
di per sé non é generica, ma diretta, realistica, stando essa in vece di una 
perifrasi o di un'espressione metonimica quale avrebbe servito a un poeta 
di stretta osservanza classicista. Col suo realismo verbale, come con il suo 
petrarcheggiare, il Leopardi introduceva nel suo linguaggio poetico nuovi 
elementi che allontanavano l'espressione dalla lingua tradizionale quale si 
era venuta normalizzando dal Cinquecento in poi; insieme aji suoi latinismi 
essi venivano a costituire una lingua tutta sua, nuova, ma inimitabile, e 
nient'affatto adatta a suscitar moti di ribellione. La novitá consisteva ap- 
punto in parte nel cavar nuove risorse da vecchie fonti, petrarchismo e la- 
tinismo, e solo in minore misura, e assai parcamente, in un nuovo filone 
realistico. 

La riprova del come si fosse restii a un vero rinnovamento del linguag- 
gio poetico nella prima metá del secolo, l'abbiamo nella poesia del Giusti. 
Potrá parere un'asserzione sorprendente a chi pensi al tanto spiccante rea- 
lismo della sua lingua, alla sua eccessiva popolaritá d'espressione, al suo 
tono sboccato, dialettale, talvolta quasi sguaiato. Ma non ¿ questa un'ob- 
biezione. Bisogna tener ben distinta la poesia satirica dalla poesia di tono 
serio. Nella poesia satirica “lelemento realistico ha sempre dominato e 
predominato, a cominciar dal vuoto capitolo bernesco giú git fino alla 
satira pariniana””, avverte opportunamente il De Lollis (p. 116 sg.; cf. anche 
p. 140 sg.). Ed € appunto di questo genere la maggior parte della produ- 
zione poetica del Giusti. Se il Giusti nelle sue poesie, satiriche e patriottiche 
e comunque d'intento civile, si serve di una lingua vicinissima a quella 
parlata, anzi se esagera talvolta ¡ vezzi della lingua parlata, ció egli fece 
per semplice natura del soggetto e seguendo una tradizione che rimonta, 
anzi, oltre il Berni al Burchiello a Cecco Angiolieri e a Rustico di Filippo. 
L'idea di riformare il linguaggio della poesia seria non gli passava nem- 
meno per il capo. Basta leggere le sue poesie amorose o religiose o comunque 
d'intonazione seria per avvedersi della sua assoluta aderenza alla tradi- 
zione - e allo stesso tempo della sua assoluta mancanza di originalitá in 
questi componimenti, sciatti, triti e banali. Citiamo da Affetti d'una madre: 


Esulta, alla materna ombra fidato, 
Bellissimo innocente! 

Se venga il di che amor soavemente 

Nel nome mio ti sciolga il labbro amato; 


52 W. Th. ELweRT 


Come l'ingenua gota, e le infantili 
Labbra t'adorna di belleza il fiore, 
A te cosi nel core 

Affetti educheró tutti gentili. 


Ove la rima fiore:core al modo antico fa un effetto addirittura sbalorditivo 
E peggio ancora nella poesia All'amico nella primavera del 1841: 


Giá, prevenendo il tempo, al colle aprico 
il mandorlo é fiorito, 

A te simile, o giovinetto amico, 

Che impaziente al periglioso invito 

Corri della beltade, 


Coi primi passi della prima etade. 


Prevenendo, colle aprico, simile, impaziente, periglioso, beltade, etade: vieti 
orpelli! E sullo stesso tono sono La fiducia in Dio, All'amica lontana, A 
Gino Capponi e altre sue poesie serle, 

Il periodo che va dalla rivoluzione del *48 al *60 segna tanto per la 
prosa quanto per la poesia ur interregno in cui il disinganno per il fallimento 
romantico prepara nuove strade, ma non riesce ancora a liquidare il pas- 
sato 1%, Nella poesia domina, come si disse sopra, l'Aleardi, romantico 
d'ispirazione (politico-storica), classicista di forma. Ed ¿ solo dopo il *60 
che avviene un decisivo cambiamento. 1l novatore é il poeta-pittore Emilio 
Praga, il cui primo volume di poesie, Tavolozza, appare nel 1862. Figura, 
anche la sua, oscillante tra il vecchio e il nuovo, (si veda la bella analisi 
rhe fece Paul Arrighi 17)), ma giá indirizzata definitivamente verso la rap- 
presentazione del mondo reale. Non mancano in lui ¡ sentimentalismi ro- 
mantici, la compassione con i poveri e gli affranti, gli “accents démocratiques 
et antireligieux, il desiderio di annientarsi nell'orgia e allo stesso tempo di 
scandolezzare il buon pubblico borghese coi suoi eccessi e le sue blasfemie 
—-tutti motivi che torneranno in piú forte misura nello Stecchetti. Ma d'al- 
tra parte tutto questo € ben lontano dall'irrealtá del romanticismo a fondo 
storico e anche dall'irrealta del romanticismo a fondo moderno, ma falso, 
perché jrreale, traveduto nell? Edemengarda del Prati. La poesia del Praga 


16) Libro dei piú istruttivi ¿ sempre quello di G. Barzellotti, La ri- 
voluzione e la letieratura in Italia avanti e dopo gli anni 1848 e 1849. 
Firenze 1875. Per la prosa si veda soprattutto il magnifico studio di Paul 
Arrighi, Le vérisme dans la prose narrative italienne. Paris, 1937, p. 
84 seg. 

17) La poésie vériste en lalie. Paris, 1938, p. 5 sgg. 


La crisi del linguaggio poetico italiano nell' ottocento 53 
e essenzialmente borghese, anche nelle sue smanie, e il disillusionismo nasce 
dall'aver veduta la realta. Ma il Praga supera il romanticismo anche per 
un altro verso: per l'essersi rivolto alla contemplazione ed alla descrizione 
della realtá. Tempérament surtout visuel, come dice di lui Arrighi (p. 6), 
egli si dá alla rappresentazione delle: cose viste 15, e ció egli fa (almeno in 
Tavolozza) * rinunciando all'esibizionismo della propria personalitá ca- 
ratteristico dei romantici 2%. Il Nardi (p. 103) ha giá fatto osservare, 
adducendo esempi dai Pescatori notturni, come il Praga si serve del termine 
diretto, realistico per la descrizione del mondo esteriore. Ed ¿ giusto. Ma 
non € tutto. 

Aprendo il volume delle poesie del Praga ? non si puó non rimaner 
sorpresi dell'aria di vecchio mondo che ci viene incontro a prima visla 
guardando le forme metriche. Sfogliando Tavolozza ci vengono incontro 
strofe pariniane congegnate tutte su tronchi e terribili sdruccioli, polimetri 
romantici uso Prati, strofe berchettiane di settenari e quinari, di endecasil- 
labi con la coda di un settenario 22% e, peggio ancora, perfino una saffica! 
Siamo ancora nell'ambito delle prodezze metriche del Patri e riescono solo 
a consolarci i sonetti e le quartine di endecasillabi che ci riportano verso la 
semplicitá e quasi la popolaritá - ed é ció quello che ci vuole per una poesia 
realista. Riprendiamo a leggere, e di nuovo proveremo un disinganno. Che 
linguaggio ibrido é questo? Che misto di vecchio frasario aulico e di parole 


18) Piero Nardi, Scapigliatura. Da Giuseppe Rovani a Carlo Dossi, 
Bologna, 1924, “Facciamoci seguaci delle cose, non delle parole': 
questo insegnamento par dunque scaturire dall'opera di Praga. E in una 
letteratura come la nostra l'insegnamento ha la sua importanza”. Non so 
se il Nardi abbia avuto l'intenzione di ricordare la parola d'ordine “cose 
e non parole” che servi da grido di battaglia ai riformatori della prosa italiana 
nel tardo Settecento. Ma + caratteristico per la differenza della situazione 
della poesia che questo programma possa dirsi attuato nella poesia solo a 
un secolo di distanza dalla riforma della prosa. 

19)  Bisogna fare questa restrizione perché nelle migliori poesie del 
Praga (fra cui metto I Tre Magi) il sentimento personale riaffiora attra- 
verso il simbolismo oggettivo. Cf. anche Nardi, op. cit. p. 119 sgg. e Arri- 
ghi, op. cit. 13, 

20) Nardi, op. cit. 102 “Esempio di una lirica, in cui unica preoccu- 
pazione non sia lostentazione dell'io del poeta”. 

2D Poesie. Tavolozza, Penombre, Fiabe e leggende, Trasparenze. 
Milano, Treves, 1922. 

22 Di Tavolozza scrive l'Arrighi, op. cit. p. 11: “...la tradition 
romantique dont elle garde en partie la sentimentalité et parfois méme, au 
point de vue métrique, les vers courts, les ritournelles finales des strophes”. 


54 W. Th. ELwerT 
banali?> Pare quasi di ricascare nella mescolanza linguistica del Berchet. 
Leggiamo le prime strofe del polimetro romantico 7 Pescatori nolíurni: 


Vengono al mar quando la luna accende 
Per gli spazi tranquilli il mesto vel; 

Vengono al mar quando la nebbia stende 
Le bianche braccia e le congiunge al ciel; 


Quando il vecchio Oceáno ¡ vecchi amori 
Lento alterna alla spiaggia e stanco par; 
Quasi amante assopito ai primi albori, 
E a cui men bella la compagna appar! 


Come sono stucchevol; quei tronchi (persino due volte mar in mezzo al 
versol) e Océúno e il mesto vel, per non dir nulla della trita immagine 
stessa, la luna personificata, e il paragone con l'amante addormentato, anzi 
assopito! Ed € solo dopo aver superato questo vecchiume che arriviamo alla 
bella descrizione realistica dei pescatori rilevata dal Nardi. Ma questa poe- 
sia non é la pid brutta, ce n'e di peggio. 11 colmo di anticaglia metrica e di 
ibridismo linguistico ce Poffre la poesia Un fiore a suo tempo! Leggiamo 
la seconda strofa: 


Ma un di la bella 
gentil donzella, 
un fior donavagli, 
pegno di fé; 

il padre antico 
di quell'amico 

gli vide il simbolo 
dentro il gilet; 


dove dopo tutta una filza di forme e costrutti della lingua poetica tradi- 
zionale il gilet messo li in rima ti coglie come un pugno nell'occhio. 

Eppure queste imperfezioni il Praga le seppe superare. Le superó in 
quelle poesie dove egli piú dimentica se stesso, dove meno cerca di far 
effetto con virtuosita metriche, dove descrive, dove cerca di far vedere le 
cose viste e di rappresentare le personalitá diverse dalla sua ma che lui ha 
profondamente sentito per il suo vivissimo senso di compassione e di intui- 
zione. E sono queste le umanissime /1 professore di greco (una delle cose 
sue pil riuscite) in strofe di cinque endecasillabi seguiti da un settenario; 
La morta del villaggio (non proprio grande poesia, ma perfetta nel suo 
realismo), in quartine di endecasillabi; Amor di crestaia in strambotti (mo- 
tivo betteloniano anticipato e, per il nostro gusto moderno, troppo banale) ; 


La crisi del linguaggio poetico italiano nell'ottocento 55 


e poi i sonetti di Piccole miserie, Olanda, Pittori sul vero, soprattutto gli 
ultimi, magnifici bozzetti realistici, Qui la lingua + davvero moderna, reali- 
stica, diretta, parlata e il poeta trova l'espressione giusta del suo mondo, 
per descrivere ció che ha visto e quello che ha sentito. Tuttavia, anche qui 
qualche residuo del vecchio stile non manca. Non appena il Praga si 
allontana dall'impressione ed entra nella riflessione, il vieto frasario ricom- 
pare. Cosi anche nelle sue poesie piú spiccatamente realistiche verso la fine 
Pantico linguaggio poetico tende a riapparire. WVediamo per esempio Amor 
di crestaia che comincia con movenze tanto vive e fresche: 


| No, mia diletta, non ho piú quattrini 
per mutarteli in nastri e in cappellini;... 


(Delizioso nella sua immediatezzal); ma l'ultima strofa suona: 


Il giovinetto comprerá la vesta, 

perche la sorte degli amanti € questa; 
oblieráa vedendola giuliva 

il focolar ch'ei di conforti priva... 
finché, un bel di, la fervida crestaia 

la gonna sdegnerá dell'operaria, 

e spariran, di un ricco al nuovo affetto, 
i regali e lamor del poveretto! 


Riecco le parole tronche in mezzo al verso, e i vecchiumi oblierá, gíu- 
liva, e la perifrasi intessuta di arcaismi al quarto verso, e l'inversione al set- 
timo! 

E vediamo ancora La morta del villaggio: 


Vi conteró la storia della morta 

per cul suonano adesso la campana. 

Era una tosa piccola e smorta 

che abitava vicino alla fontana. 

Toccava appena appena ¡ quindici anni 
quando suo padre fu portato via 

da una piena di stenti e di malamni... 
La restó sola colla vecchia zia. 

Amor di madre non avea la mesta, 

ne amor d'amiche la povera tosa; 

Ella era brutta e in cenci avea la vesta... 
Qual giovin mai l'avria menata sposa? 
Vedea la forosetta in sul sagrato 
occhieggiare or con questo or con quello... 
—-Povero cuor deserto e sconsolato! — 
Oggi un vecchio l'ha chiusa nell'avello ! 


56 W. Th. ELwerT 

Non c'é chi non veda Parditezza di questo linguaggio realistico in mezzo 
alla marea del classicismo; ¿ innegabile l'unitá del tono semplice, senza 
affettazioni, la parola dimessa, la lingua rasente il dialetto (tosa, la restó) 
eppure, tutto va bene, tranne la forosetta e V'avello (passiamo la mesta!) 
che vengono a guastare l'effetto d'immediatezza e di semplicitá. 

E, tutto il Praga sta qui. Pioniere del linguaggio realistico, coll'espres- 
sione naturale, schietta e viva, icastica, ma quasi sempre con qualche stra- 
scico di linguaggio tradizionale e quanto alla metrica sempre sulle posizioni 
del secondo romanticismo; peró, é vero, anche qui con evasioni verso il 
tono popolare (notevolissimi i distici a rima baciata di A una poverella 
della chiesa in Penombre, che preannunciano ¡i bei distici della Cavallina 
storna del Pascoli). Cosi ancora in Trasparenze (1878) leggiamo nel 
componimento La strada ferrata (ricordato anch'esso dal Nardi (p. 109)) 
di bella intonazione realistica (in questo caso non inopportunamente tra- 
sfuso in rimbombanti decasillabi anapestici berchettiani-manzoniani) : 


Addio, bosco di frassini ombrosi, 
ondeggianti campagne di biade! 
del villaggio tranquille contrade 
dove giuocano i bimbi al mattin. 
Addio, pace de” campi pensosi, 
solitarie abitudini, addio; 
P'operaio sul verde pendio 

giá distende il ferrato cammin. 


Ma: il ferrato cammin?! Inevitabilmente. 


Come si vede, la conquista dell'espressione diretta, la liberazione 
dalle pastoie di un linguaggio antico, usato, inadatto all'espressione di una 
nuova realtá ben diversa dal campo chiuso della poesia amorosa della tra- 
dizione classica, non riusciva tutta d'un colpo. Ci voleva una personalitá 
poetica piú forte e piú originale di quella del Praga per raggiungere questa 
meta e ci voleva - il che é ben altra cosa - la personalitá di un vero e grande 
poeta per aprire a questo nuovo linguaggio il campo della grande poesia. 

Non mi dilungheró a seguire passo per passo le varie tappe di questa 
conquista, Mi limiteró a dire che il realismo del Betteloni segna, si, un 
grande passo in avanti, ma che anche ha ¡ suoi limiti, appariscenti quando 
ci si mette a studiarne la forma *2, Nel Canzoniere dei vent anni, composto 


23)  NelPottimo libro dell'Arrighi sopra citato questo problema viene 
appena sfiorato. Per la necessitá regolamentare di presentare (nelle tesi di 


La crisi del linguaggio poetico italiano nell'ottocento : 5 7 
nel 1861-*62, é evidente, quanto alla forma metrica, Pintento di uscire dal 
repertorio del secondo romanticismo. Netta preferenza data all'endecasil- 
labo e al settenario, (con qualche sprazzo di quinari), vale a dire, prefe- 
renza data ai metri che piú si avvicinano alla prosa, niente parisillabi sal- 
tellanti; domina la rima piana e facile, quasi esclusione dei tronchi e degli 
sdruccioli, rima baciata e incrociata, anche nelle strofe lunghe, niente artifici; 
unico ricordo del virtuosismo metrico romantico una propensione a foggiare 
sempre nuove combinazioni di versi lunghi e brevi in strofe anche lunghette. 
La lingua semplice, senza inversioni, eppure un tantino rialzata di tono, 
con una lievissima patina aulica, ma appena percepibile e non mai tanto 
da urtare goffamente, come accade talvolta in Praga e ancor peggio nel 
Berchet. Si vedano le celebri strofette: 


E” fu in piazza di Santa Caterina 
Ch'io d'amor le parlai la prima volta, 
Era lora che il sole omai declina, 

Ora dolce e raccolta. 
Cinto d'intorno € il loco d'alte piante 

Dove a fatica si conduce il sole, 

Dove Paria s'infosca un'ora innante 
Che in Lungarno non suole. 
Or io che avea da qualche di osservato 

Com'ella per di lá venia sovente, 

Lá per tre sere postomi in agguato, 
Vincontrai finalmente, 


Gli arcaismi loco, omai, innante, declina, sovente, la ricercatezza di si 
conduce spiccano appena, e non distruggono né la semplicitá del tono, né 
V'intimitá del sentimento, anzi la terza riga con quel suo misto di dantesco 
e di petrarchesco 2% adduce associazioni che non fanno se non contribuire 
alla “stimmung'” dell'ora dolce e raccolta. 


É soltanto con lo Stecchetti di Postuma (1877) che arriviamo al puro 
Iinguaggio realistico, alla lingua di tutti i giornj messa in versi (e al grande 
strepitoso successo di questa nuova poesia). Non ¿ neanche un mero caso 
che qui pure la forma metrica ha subito un nuovo abbassamento di tono. 
Sono scomparse anche le ultime velleitá di forme strofiche complicate cui 


dottorato francese) le citazioni in traduzione francese, i brani riportati dal- 
P'autore in lingua francese non permettono al lettore di farsi un'idea del lato 
formale dei passi in questione. 
20 Era gia Pora che volge il desio (Purg. VIH, 1). 
Ne la stagion che'l ciel rapido inchina (Canz. L.) 


58 W. Th. ELWERT e 

indulgeva ancora il Betteloni. Molti sonetti (forma d'arte finita coll'essere 
addirittura popolare, tanto che se ne servono anche la musa dei trivi e 1 
poetucoli da dozzina) e molte quartine di endecasillabi, o di endecasillabi 
alternanti con settenari, o chiuse da settenari (metri tutti questi ad imita- 
zione delle quartine di alessandrini, o di alessandrini alternati con, o chiusi 
da, emistichi di alessandrini, comuni nei canzonieri di Sainte Beuve, del- 
l'Hugo e del Baudelaire!), e l'ottavarima italiana e qualche popolare 
rispetto toscano. E chi di noi, ricordanda il ritmo martellato di una canzone 
popolare che venne a cadere nel silenzio di un pomeriggio domenicale nella 
nostra adolescenza, non sará capace di rivivere la commozione sentimentale 
espressa nelle parole schiette e disadorne dell'amabile (eppur tanto sata- 
nico!) Stecchetti: 


Un organetto suona per la via, 

La mia finestra e aperta e vien la sera, 
Sale dai campi alla stanzuccia mia 

Un alito gentil di primavera. 


Non so perché mi tremino ¡ ginocchi, 
Non so perché mi salga ¡il pianto agli occhi. 


Ecco, io chino la testa in sulla mano, 
E penso a te che sej cosi lontano. 


Semplice, naturale, popolare, anche nel suo sentimentalismo, ecco la poesia 
“popolare' agognata dal Berchet. Amabile, piacevole, ma —intendiamoci-— 
non grande poesia. Per innalzare questo nuovo strumento espressivo alle 
sommitá dell'arte ci voleva la mano del maestro. Verrá. 


Il successo strepitoso di Postuma e la vivacitá delle polemiche che ne 
seguirono la pubblicazione %%, nonché la fioritura di poesia verista che 
venne dopo, non possono nascondere il fatto che il favore del pubblico si 
portó in tutta la seconda metá del secolo e fino allo scoppio della prima 
guerra mondiale verso la poesia d'indirizzamento classico, classico nel senso 
di una lingua guanto piu lontana dalla lingua quotidiana. Giá prima del- 
Vapparire di Tavolozza si era avuto un deciso ritorno verso il “classicismo” 
con la rivolta degli Amici Pedanti contro il romanticismo nel 1856, gruppo 
capeggiato da] Carducci 2%. E cosa ben nota come il Carducci in tutta la 


25) Su di queste vedi Arrighi, op. cit., p. 80 sgg. 
26% G. Mazzoni, Otlocento, Milano, 1938, p. 1327 sgg. P. Arri- 
ghi, op. cit., p. 3. 


La crisi del linguaggio poelico italiano nell' ottocento o: 
sua opera poetica mirasse verso una lingua nobile, “poetica, schifiltosa, distin- 
ta, schiva d'ogni valore realistico””, come dice il De Lollis nel suo studio 
sulla lingua poetica del Nostro 27, E sará inutile ripeterne la dimostrazione. 
Tuttavia, ci pare opportuno fare due osservazioni. Prima: il De Lollis ha 
sottolineato la differenza che corre tra lo stile della poesia politica e sati- 
rica dei Giambi ed Epodi e quello delle Odi Barbare. Ed egli mette in 
rilievo da una parte che l'elemento di attualitá vi trova posto appunto perche 
poesia satirica, e che “gl'ingredienti di concretezza”” vengono * a cozzar col 
fondo aulico della forma'”, ma che non stonano come nelle poesie del Ber- 
chet perché stanno “qui con intenzione e in tono di satira” 28); dall'altra 
parte egli censura come ““durezze 2% certi troncamenti interni di parola, 
certi enjambements, certe dieresi, e prosegue a rilevare che il Carducci certi 
nomi stranieri li nobilita italianizzandoli, altri nomi italiani li nobilita lati- 
nizzandoli. Orbene, quello che mi pare degno di osservazione e che il De 
Lollis non abbia messo in rilievo abbastanza, é questo: mentre nella poesia 
satirica (nella tradizione italiana) era tradizionale e normale che la lingua 
fosse concreta e diretta, realistica, vicina alla parlata comune —e cosi si 
spiegava il realismo della poesia satirica del Giusti— ¡il Carducci procede 
proprio in modo inverso. Nei Giambi ed Epodi il fondo ¿ aulico, pieno di 
arcaismi (come osserva bene il De Lollis), e l'elemento realistico, che nella 
poesia satirica deve entrare per necessita, il Carducci lo lascia inalterato in 
parte, tanto da sottolinearne l'intento satirico, da far risaltare la canzona- 
tura; dall'altra parte, pero, egli s'ingena con i suddetti procedimenti (tron- 
camenti, dieresi ecc.) di innalzare questi termini realistici e concreti al li- 
vello superiore dell'espressione nobile; quindi egli latinizza nomi italiani: 
Vincenzo Caldesi diventa Vincanzio; italianizza nomi stranieri: “gli Ad- 
disoni”, 'Voltéro', *Artoá'; opera troncamenti (si ricordi che la parola 
tronca € “poetica” rispetto alla parola normale), onde: Apennin, Aventin, 
Alighier; impiega la dieresi (procedimento usatissimo nei poeti italiani per 
far spiccare il carattere latino di una parola( anche in nomi stranieri e mo- 
derni: Cromiiello, Cairoli; e per la stessa ragione egli fa certi enjambements 
la Ragion / Pura che il De Lollis tacciava d'inaudito, e che invece serve 
appunto a dare un distacco dalla presa, a far sentire il verso; e lo stesso si 
dica degli endecasillabi in uscita tronca e i troncamenti in rima: il verso 
tronco (ereditá della poesia arcadica e delle strofe pariniane) era stato 


27) op. cit., p. 134, 
28 p. 119 
29)  p. 107. 


60 W. Th. ELwerT e 
assunto con predilezione dai romantici, dal Berchet, dal Prati e anche dal 
Manzoni, insieme col decasillabo, per dar piú risalto al ritmo e per rinsal- 
dare la struttura strofica, dunque con puri intenti poetici, per distinguere 
ancor di piú il verso dalla prosa. Come elemento di nobilitazione se ne servi 
perció anche il Carducci, e appunto nella sua poesia satirica 9%, 

L'altra osservazione da farsi sulla lingua del Carducci é questa: * 
vero, como fa osservare il De Lollis, che il Carducci tende a soppiantare 
nelle Odi Barbare i termini realistici con latinismi o espressioni comunque 
nobili. 1] De Lollis fa osservare che nell'ode /n una chiesa gotica “essa 
chiesa vé detta “gotico / tempio” coll'aggravamento dell'enjambement”, e i 
ceri diventan “cerei”, Valtar maggiore', altar massimo' (p. 134 sg.). E 
similmente nell'ode Nella Piazza di S. Petronio, en nell'ode Sul Adda. E 
dice poi: “Con questi esempi io do la misura del tono. Ma sintende che tutto 
il lessico, e la morfología, e la sintassi, e il ritmo, e tutta la tecnica prosodica 
ad essa si lasciano riportare: e sempre, sempre, non per far qua e la delle 
concessioni —come nella lingua poetica dei Giambi ed Epodi— a espres- 
sioni andanti o addirittura stridenti di realismo”. In questo ci sia permesso 
di dissentire. Ci pare che, anzi, quello che dá una nota caratteristica allo 
stile linguistico del Carducci é una forte venatura di linguaggio realistico 
che non e difficile seguire attraverso tutta la produzione della sua maturitá 
dalle Rime Nuove, attraverso le Odí Barbare alle Rime e Ritmi (la poesia 
satirica delle Levia Gravia e dei Giambi ed Epodi fanno, come si disse, 
classe a parte, e le Juvenilia non contano per la definizione del suo stile 
definitivo). E, questo realismo verbale non e cosa che ci abbia a sorprendere, 
visto il carattere della sua ispirazione: il carattere visuale della sua immagi- 
nativa, ¡il suo amore della natura, anzi il suo culto della Madre Natura, il 
suo culto di tutto ció che + forte, sano, robusto, la sua religione delle arcane 
forze fecondatrici e produttive della Natura, il suo forte senso della realta, 
di quello che ¿ sensibile e tangibile, oltre che visibile, sentito non come 
godimento ma come fonte di ammirazione e di venerazione. 

E anche la storia egli la vede come immagine, nella sua reale con- 


301  Dopo quanto si é detto e evidente che io non vado d'accordo 


coll Arrighi quando esso dice: (p. 47) “Carducci offrait aux véristes outre 
la théorie et Vexemple d'un style vigoureux, d'une langue imagée, enrichie 
des hardiesses du parler populaire. . .””; tutto ció era tradizionale nella poesia 
satirica che bisogna tenere distinta dalla poesia seria; mentre consento 
coll'A. nel riconoscere che la satira carducciana offri ai veristi certi temi e 
soggetti. Ma per la loro poesia satirica non avevano bisogno dell'esempio 
carducciano; con la loro poesia seria (e stava li la loro rivoluzione) si 
trovavano in netta opposizione al Carducci. 


» 


La crisi del linguaggio poetico italiano nell' ottocento - 61 
cretezza e non rifugge dalla descrizione, dalla rappresentazione visiva, sen- 
sibile, anzi piú atta a colpire l'occhio che non ad appagare il senso intimo 
degli avvenimenti e dei personaggi. 

É vero anche che il Carducci cerca sempre ed ovunque di nobilitare 
Vespressione, di eliminare quanto piú possibile l'espressione banale, realistica. 
Ma d'altra parte € innegabile che egli non evita affatto in certi componimenti 
di tono non meno sostenuto la voce usuale, pit descrittiva, succosa, immagi- 
nifica, suggestiva di realtá; e questo anche nelle Odi Barbare. Si legga per 
es. dopo l'ode barbara Ín una chiesa gotica la romanza Era un giorno di 
festa, cosi raccolta, cosi intensa di sentimento, cosi nobile nella sua into- 
nazione e nel suo intento, e pure cosi piena di vita, cosi aderente alla realtá 
nei suoi particolari, e cosi poco schiva di espressioni dirette: giorno e non 
di, nuvole, non nubi, bianche non candide, chiesa non tempio, panche non 
seggi o sedili, e poi: Vafa, la chiesa lombarda, le bifore, la porta arcuata, 
il granito, il rumor, la piazza, le canzoni e persino i muggiti. D'altra parte 
i termini tecnici bifore e arcuala stanno anche come latinismi, parole nobili, e 
si congiungono a i leoni millenni e alla costruzione latineggiante ama carcar; 
e a nobilitare l'espressione servono gli imperfetti in —ea, la forma sincopata 
e tronca carcar, e tronchi sono rumor e altar. E cosi di seguito. E chi non 
ricordera il realismo verbale del magnifico San Martino delle Rime nuove, 
con il pittorico termine marinaresco maestrale e il borgo, i tini, i vini e i ceppi 
accesi su cui scoppielta lo spiedo accompagnati dalle rime tronche mar ecc. 
e inseriti tra gl'irti collí del primo verso e gli esuli pensieri che il cacciator 
vede quali nubi nel vespero migrar? E non si dica che ció stia bene tra 
le Rime Nuove, ma non regge per le Odi Barbare. E vediamo per esempio 
quel grandioso Canto di Marzo che contiene un po' la religione del Car- 
ducci e che comincia Quale una incinta e prosegue con l'ombra de le nuvole 
(é vero, messe qui per la uscita sdrucciola del verso che imita el trimetro 
giambico, ma sempre, né nubí né nembi) e gli sprazzi su'l verde e il vento 
che scuote i péschi e i mandorli e le vacche del cielo che versano il latte 
e le ossa dei sepolti ed 


Ecco Pacqua che scroscia e il tuon che brontola: 

porge il capo il vitel da la stalla umida, 

la gallina scotendo Pali strepita, % 
profondo nel verzier sospira il cúculo 

ed i bambini sopra lPaia saltano. 


ove ci sono soltanto alcuni troncamenti, e il solito vezzo carducciano di 
separare l'articolo dalla preposizione per affettazione di arcaismo, e l'ac- 
cento rattratto in cáculo, e la parola poetica verzier per mantenere il tono 


62 W. Th. ELWERT e 

aulico, e magari anche capo, che peró puó anche passare per voce contadi- 
nesca in tante parti d'Italia. E che si dirá dell'ode Alle fonti del Clitumno 
tanto classica, tanto sostenuta, tanto stilizzata? Anche li non manca quel 
filone di realismo verbale, - molto attenuato, é vero, ma c'¿l Guardate: 
frassini, salvie e timi, e le greggi e la pecora e il seno de la madre che 
scalza siede al casolare e canta, e la poppante, e piú sotto ¿il bue grasso fra 
le canne, e verso la fine i maggesj e le biade e le viti e in ultimo: fischia il 
vapore - vapore voce di apparenza generica, dunque nobile, ma che nella 
lingua dell'Ottocento equivaleva anche a treno (il Carducci nel 1853 scri- 
«eva alla sua fidanzata: “*... saró a Firenze... per... abbracciarti, e 
ripartire poi in vapore la mattina dell'11.”), voce dunque in cui s'incontra- 
vano le due tendenze della dizione carducciana: quella classica, sostenuta, 
latinizzante, nobile e quella concreta, realistica, immaginifica, icastica, e 
succosa. Non potremo dunque andare d'accordo col De Lollis che cerca 
di menomare l'importanza di questo elemento realistico nel linguaggio car- 
ducciano e che, anzi, cerca di negarne addirittura l'importanza. '“Tra queste 
prime Odi, egli dice (p. 137), ce n'é una: quella Alla stazione in una 
maltina d'autunno (si noti: anche qui nel sottotitolo provvede anticipata- 
mente alla colorazione dell'ambiente *i? dove il poeta si direbbe aver 
fatto di gran concessioni al crudo realismo. V'occorrono “fanali”, 'vaporiera”, 
perfin la tessera' 2 che Lidia, oh, Lidia, cosi bucolica, cosi latina, cosi gre- 
ca, porge come un qualsiasi misero mortale al taglio della “guardia”; e poi la 
“lanterna”, e poi gli “sportell; sbattuti; ma € bagaglio accumulato tutto nelle 
prime sette stanze (di quattro versi l'una); poi, il poeta, beato d'uscire 
fuor del pelago alla riva: 


Giá il mostro, conscio di sua metallica 
anima, sbuffa, crolla, ansa, ¡ fiammei 
occhi sbarra.,. 


ch'é tutto ció che vi possa essere di piú classico per dir “treno”. 
No, non é un caso eccezionale questo, e quelle espressioni realistiche 


3D Il De Lollis ripete qui un'osservazione che fece giá per l'ode 


Nella Piazza di San Petronio ¿i “Quello ch'e il “San Petronio” del titolo ¿ 
nel corpo della poesia il “divo Petronio”.. .*'” Vale a dire che il Carducci e 
piú realistico nel titolo per poter poi servirsi dell'espressione meno diretta, 
piú eletta nel corpo della poesia. 

32) Salvo che qui tessera + gia un espediente di nobilitazione per 
evitare il termine banale 'biglietto”. Aggiungansi '¡ rami stillanti di pioggia 
sbadigliando la luce sul fango”; “freni”; “scroscia su'vetri la pioggia'. 


hr 


La crisi del linguaggio poetico italiano nell' ottocento : 63 
non ci stanno per caso. Sono quel tanto di ingrediente realistico che il Car- 
ducci ha voluto ammettere al suo stile e che ne fanno una parte integrante, 
insieme ai latinismi oraziani e virgiliani, agli arcaismi danteschi e petrar- 
cheschi e che formano uno stile tutt'uno, nuovo, continuatore bensi della 
tradizione classica, o meglio, aulica, della poesia italiana; ma, nella sua 
composizione, ben diverso gia dalla lingua aulica della poesia amorosa del 
Settecento e anche dal classicismo pariniano e manzoniano e dal classicismo 
cosi individualistico ed eterodosso del Leopardi. 

La lingua eletta, aulica, riportó un trionfo assoluto con l'apparizione 
delle Odi Barbare del Carducci (composte per l'appunto con l'intenzione 
di reagire contro la faciloneria della scuola realista, come viene ricordato 
dell'Arrighi (op. cit. p. 64 sg.) e non solo dominó fin oltre la fine del 
secolo per opera della voga della poesia carducciana, ma ebbe una nuova 
conferma con l'avvento della poesia del D'Annunzio, il quale, nel suo 
primo volumetto Primo Were (1880) comincia col calcare le orme del 
maestro allora indiscusso, per poi liberarsi dal modello e battere la sua 
propria strada, É cosa troppo evidente che il D'Annunzio segue il concetto 
di una lingua poetica lontana dalla parlata comune, e che egli cosi si inse- 
risce nel concetto tradizionale della lingua poetica come mezzo espressivo 
facente parte a sé, da doverci insistere. Quello che invece interessa nell'in- 
sieme di questa trattazione + il risultato cui giunse il D'Annunzio, cioé: 
una lingua eletta, si, anzi, artificiale e artificiosissima, ma allo stesso tempo 
anche lontanissima dalla vecchia lingua aulica, cioé, quella del Petrarca e 
dei Cinquecentisti, del Tasso e degli Arcadi, lontana anche da quella clas- 
sicista di un Parini, di un Foscolo e di un Manzoni; lingua, questa del 
D'Annunzio, effetto dell'individualismo romantico portato alle sue estreme 
conseguenze, lingua che dall'ambito della tradizione esce ben altrimenti che 
non faccia persino quella del Carducci. 11 procedimento di cui si servi il 
D'Annunzio per nobilitare la sua espressione fu lo stesso di cui si erano 
serviti non solo il Carducci e il Leopardi prima di lui, ma anche i classici- 
sti, i poeti delPetá barocca, i petrarchisti del Cinquecento, cioé: ritorno 
allitaliano antico e all'antichitá classica. Osserva bene il Migliorini in un 
suo preziosissimo studio sulla lingua 33? del D'Annunzio: (p. 187) “Pre- 
dominano le voci italiane arcaiche (antibraccio per avambraccio, laude per 
lode, palagio per palazzo) e le voci dell'antichita classica (chiragra per 
gotia, traslazione per traduzione). Talora,basta a render preziosa la parola 
una variante fonetica o grafica che riporti la parola a un'altra atmosfera: 


38) B. Migliorini, Gabriele D'Annunzio e la lingua italiana, in: 
“Gabriele D'Annunzio”. Letture tenute per il Lyceum di Firenze. 1939. 


64 W. Th. ELWERT 


patlovire e non patluire; conscienza, transparente .per coscienza, trasparente; 
comedia, drama, in luogo di commedia, dramma'”. Dopo aver osservato 
che il D'Annunzio di quest'ultimo procedimento si serve volentieri per no- 
bilitare i nomi propri di persona, di luogo ecc., il Migliorini rileva che il 
D'Annunzio ama rinnovare il “significato della parola obliterato nell”uso 
comune”, p. es. erroneo nel senso di 'vagabondo”, ecatombe mel senso di 
"branco di cento buoi destinati al sacrificio”, e il, Migliorini ricorda che “Di 
questo, appunto, lo scrittore veinticinquenne faceva lode al Carducci: “Né 
mai é arbitraria la significazione che egli dá a certe parole, risalendo al 
senso etimologico”...”” 9, Aggiungiamo che anche per il ripristinamento 


343 1] Migliorini nel suo importante studio fa inoltre osservare la 
ricchezza dei termini esprimenti concetti di colore (p. 184 sg.) : falbo, fla- 
vo, ecc., e composti (nerazzurro) e derivati (verdiccio, nerigno); nonché 
la, serie degli elativi (p. 186 sg.) oltrapossente ecc.; e la predilezione delle 
parole sdrucciole (p. 194 sg.) (conseguenza del latineggiare), e l'uso dei 
nomi propri nella cui scelta “il suono” e il fattore preponderante”. (p. 190 
seg). A causa dello stato lamentevole delle biblioteche a mia disposizione 
non mi fu possibile vedere, mentre scrivevo il presente articolo, il saggio di 
Mario Praz, D'Annunzio e l'amor sensuale della parola; ne avevo cono- 
scenza soltanto attraverso quanto ne dice il Migliorini nel saggio sopra citato. 
Ora, mentre si sta procedendo alla composizione, mi giunge dall'Italia la 
terza edizione del libro del Praz La carne, la morte e il diavolo nella let- 
terafura romantica, (Firenze, Sansoni, 1948), ove quel saggio e ristampato 
a pag. 459 sgg. Non vi trovo nulla che mi costringa a mutar pensiero. 
D'altra parte l'articolo del Praz offre preziosi suggerimenti. Egli dimostra 
Vutilitá della ricerca delle fonti dannunziane per una migliore comprensione 
e interpretazione dello stesso testo dannunziano, e anche per la piú precisa 
valutazione stilistica del vocabolario dannunziano. (Il Praz mette in guardia 
coñitro i vocabolari del Passerini. Gli esempi addotti da me qui sotto di 
arcaismi adoperati dal D'Annunzio, e che per speditezza desunsi dal voca- 
bolario del Passerini, pertanto non perderanno il loro carattere di arcaismi 
anche se si venisse a dimostrare che il D'Annunzio li desunse da altra fonte 
che quella indicata dal Passeriniz ma, certamente, si arriverebbe a precisare 
di piú il motivo per cui il D'Annunzio se ne servi). Per studiare il procedi- 
mento del D'Annunzio nel comporre le sue poesie - trascrivendo addirittura 
articoli di vocabolari tecnici - si vedano gli esempi addotti dal Praz a p. 
496 seg. Per completare il quadro che ho cercato di dare del linguaggio 
poetico dannunziano si tenga inoltre presente quanto dice il Praz sull'uso 
degli allotropi e delle perifrasi che il D'Annunzio fa, continuando una vec- 
chia tradizione della poesia aulica, colta, e particolarmente del neoclassi- 
cismo didattico settecentesco. “Ma questo tipo di perifrasi é una vecchia 
conoscenza: lo si trova nei poemi neolatini ogni qualvolta si tratti di descri- 
vere qualche invenzione moderna, lo si trova nella poesia accademica, spe- 
cialmente settecentesca”, p. 494 (aggiungerei che si puó risalire perfino 


La crisi del linguaggio poetico italiano nell' ottocento 2 
della forma originaria il Nostro ebbe per maestro il Carducci; ricordiamo 
l cerei per 1 ceri, ecc., Addua per Adda (ricordato dal De Lollis). Senon- 
ché il D'Annunzio ando ben oltre quej limiti che il Carducci si era imposti, 
sebbene anche quest'ultimo fosse stato novatore inquantoché non rifuggi 
dal lasciare al latinismo il suo aspetto latino (anzi, tante dieresi hanno lo 
scopo di mettere in evidenza l'etimo latino anche in parole di uso comune), 
mentre nella poesia italiana classica dal Petrarca fino ai classicisti dell'era 
Napoleonica era prevalso l'uso di assimilare il latinismo alle abitudini foni- 
che dell'italiano. E anche il Carducci aveva giá cominciato a soppiantare 
latinismi consueti del linguaggio poetico con latinismi nuovi, per es. nube 
invece di nembo. Ma il D'Annunzio nel suo latineggiare ando ben oltre e 
raccolse a piene mani latinismi senza modificarne la forma. Su poche pa- 
gine del Canto novo ci + dato di raccogliere: igneo, favonio, coorte, -algido, 
cecubo, suaditrice, cinereo, nevalo, occaso, sannita, precordi, nauta, flubo, 
flavo, acino, racemo, nari ferine, silente, altrice, stipula, ariste flaventi, 


alla poesia didattica della Rinascenza). E ¡l Praz cita come esempio questa 
perifrasi del tram (Laus Vitae, vv, 5536-44) a pag. 493 sg.: 


. - passa 
il carro che non ha timone 
né giogo, e non corsieri 
splendenti di sangue e di schiume 
cui prostesa Ponta soggiace, 
ma rapiditá senz'acume 
che bassa scivola, immune 
tra la ferrea fune sospesa 
e il duplice ferro seguace. 


Per gli allotropi (“traslazione” invece di traduzione', “antibraccio” per 
“avambraccio"), Praz. (p. 492 sg.) cita altri esempi oltre a quelli ripresi 
dal Migliorini e da me sopra citati. Il Praz nota anche: “L'uso d'un suffis- 
so diverso dal consueto basta sovente a dar singolaritá alla parola. Anche 
un suffisso comune, come —oso acquista nobiltá ove sia adibito all'espres- 
sione d'un concetto peregrino: 


Laudi, I, pag. 283: Certo, una inattesa belleza 
balenar talora mi parve 
nella chimerosa figura 
del popolo unanime intenta. — (Praz. p. 493). 


Pel il modo in cui il D'Annunzio si servi di un suffisso popolaresco 
a scopo evocativo, realistico, per creare un 'ambiente', si veda quanto 
scrisse qui sotto (fortissimo). 


66 W. Th. ELWERT E 

glauco talamo, novilunio, plenilunare, cetro, collabi, plettro, il crinito auriga, 
testudine, mattin iemale, il depilato pube, ecc. ecc. Ma quello che poi carat- 
terizza l anticheggiare del D'Annunzio e la sua predilezione per il vocabolario 
greco (il suo gusto lo portava verso 'Ellade e l'antichitá greca) *'" piut- 
tosto che verso l'antichita romana, e di questultima lo attraeva soprat- 
tutto il periodo della decadenza; citiamo di nuovo dal Canto Novo: le 
vesti coe, thalatta thalatta!, despota, pelago, aroma, la vergine scheneia, 
oreade, driadi, menade, metamorfosi, epitalami, e da altri volumi: antilope, 
citaredo, pettide, teoria (=fila), efebo, periplo, jacintéo, ermafrodito, ci- 
clope, centauro, catafratio, petroma, enigma, erma, epa, telradramma (serie 
in cui vengono a inserirsi vecchi prestiti tradizionali della lingua poetica: 
pelago, epitalamio, metamorfosi, i quali cosi peró vengono a riprendere il 
loro antico valore, grazie al nuovo ambiente in cui vengono a trovarsi). E 
questa serie di latinismi e grecismi inusitati, insoliti, nuovamente mutuati e 
facenti effetto appunto perché rari, veri culteranismos per dirla alla spa- 
gnuola, viene rinforzata da una quantitá di termini greco-latini della termi- 
nologia scientifica moderna, ugualmente nuova ed insolita nella lingua poetica, 
e rara, eletta per il lettore di poesia che rispetto alla scienza 2 un laico; 
predomina la terminologia della zoologia e della botanica: vetrice (invece 
di vinco), antéra, vallisneria, nautilo, oleastro, oleomeli, asfodeli, jacinto, ci- 
tiso, isapo, crisalide, croco, narcisso, ibisco; e qui si agglungano i nomi di mi- 
nerali e pietre preziose: ambra, topazio, crisopazio, berillo, alabastro, (An- 
che qui la serie contribuisce a ridar valore specifico ai prestiti tradizionali 
e perfino alle parole comuni (alabastro) ). 

L'elemento greco-latino viene poi rafforzato dai non pochi grecismi 
e latinismi semantici ottenuti mediante la ripristinazione del significato eti- 
mologico, procedimento notato dal Migliorini; quello che peró bisogna sot- 
tolineare é che il D'Annunzio, benché si richiamasse dell'esempio carduc- 
ciano, adoperó questo mezzo in misura molto piú larga che non avesse fatto 
il Carducci. 

Tra lanticheggiare del D'Annunzio e quello del Carducci corre pero 
non solo una differenza di quantitá —fatto che non sarebbe che esteriore—, 
ma anche una differenza di qualitá. 1] Carducci si serve del latinismo essen- 
zialmente allo scopo di nobilitare il suo linguaggio. Egli perció non rifugge 
dal latineggiare' le voci del parlare quotidiano (cerei per ceri ecc. v. sopra), 


34) Predilezione che trova il suo punto culminante nel Libro di Maia, 
ma che si afferma gia decisamente in Primo Vere; vedi anche R. Del Re, 
L'ellenismo nell' opera artistica di G. D'A. Bologna, 1928 (a me non acces- 


sibile). 


e 


La crisi del linguaggio poetico italiano nell' ottocento - 67 
ma anche ¡ termini tecnici medievali che starebbero bene per creare un am- 
biente, Per esempio, nell'ode Nella piazza di San Petronio non solo la 
chiesa diventa il tempio, divo Petronio, tuo, e ancora: del solemne tempio 
la solitaria cima, e la piazza diventa il foro, ma anche ¡ cittadini armati 
dello scudo diventano e levó cupe il braccio clipeato de glí avi e perfino lo 
splendore del sole diventa 11 cielo in freddo fulgore adamantino brilla. L'am- 
biente medioevale viene addirittura obliterato. Ugualmente nell'ode Davanti 
al Castel Vecchio di Verona il Carducci ha cura di porre accanto al ter- 
mine di sapore barbarico un latinismo quanto piú forte che viene anche rial- 
zato dall' enjambement: ...e tra Perulo / eccidio..., ...odinici / carmi 
cantando... (e poi erulo + anche parola latina; odin-ico un latinizzamen- 
to). Nel D'Annunzio le cose vanno ben altrimenti. 1 suoj latinismi e gre- 
cismi non ci stanno soltanto per rialzare il tono del discorso, ma anche per 
dare precisione al concetto; essi non cj stanno solo come espediente rettorico, 
ma anche come termine tecnico, come elemento descrittivo. Essi fanno parte 
del fondamentale realismo dannunziano. L'effetto dei latinismi del Carduc- 
ci é di rendere il discorso piú generico (foro invece di piazza), quelli del 
D'Amnunzio, invece, € di rendere il concetto e la visione piú precisi. L'anti- 
cheggiare dannunziano entra a far parte di una tendenza piú profonda: 
quella di precisare la visione mediante il termine specifico. La necessita, 
cui non si poté sottrarre il Carducci, di servirsi anche del termine proprio e 
della parole della lingua comune, viene dal D'Annunzio accolta senza re- 
ticenze, anzi, egli non ne rifugge affatto. Nel Canto Novo leggiamo (Canto 
del sole,) della bella stornellatrice, dello scirocco, dell'odor di sale, delle 
erbe selvagge; e, piú avanti, in Offerta votiva, c'imbattiamo nel fogliuto 
gambo, Vaggrinzita pelle del fico, e una matura; oliva che sta nella sua sa- 
lamoia, e senza mallo una fresca! noce, e le mele cotogne, e un cefriuolo sul 
la sua foglia, e cosi via. 11 D'Annunzio non si sazia di espressioni agresti 
e contadinesche per compiere il suo quadro. Ma anche il realismo non e 
scopo in'sé. Non basta una sola espressione realistica, ce ne vuole una fila, 
per risarcire ció che ci possa essere di banale mediante la sbalorditiva co- 
piositá del verbo. E. non solo questo. Anche nei termini realistici, presi dalla 
lingua comune, egli si porta verso la parola rara, ciod quanto piú tecnica, 
quanto piú sconosciuta alla maggioranza dei lettori anche colti, parole ma- 
rinaresche, parole contadinesche e parole dialettali - sempre che designino 
qualche cosa di molto preciso e che siano meno usate nella parlata letteraria. 
Cosi nel Canto Novo leggiamo ¡ termini nautici: ammainare, schifo, insieme 
naturalmente ai nomi marinareschi dei venti: muestrale, grecale, scirocco. 
Oppure, leggendo l'Otre (nell” Alcione) ci vien fatto di leggere tanti tecni- 
cismi come: teltole, ventraia, carniccio, troscia, orbello; e Y nomi delle piante 


68 W. Th. ELwerT cpm de 

nella loro forma popolare anace (non anice), isapo (non issopo) e deriva- 
zioni di sapore popolaresco quale fortigno. E per questa via vengono anche 
a far parte del linguaggio poetico dannunziano le parole dialettali e soprat- 
tutto quelle dei dialetti meridionali, segnatamente abruzzesi: la gallonea 
(L'Oltre) invece del piú comune vallonea (la quercia macedonica), l'aragna 
(Canto Novo) per il ragno (abbruzz. e ragne, fem. [Finamore]); e i col- 
telli vengono detti le coltella (L'Otre) con il plurale dell'italiano antico vi- 
vente ancora nei dialetti meridionali. E, per giunta, molti di questi termini 
vengono a conglungersi indirettamente alla serie dei latinismi per via del 
latino aranea e gli aggettivi latini in —eus e 1 plurali latini neutri. 

E per i due motivi del realismo descrittivo e del preziosismo e della ri- 
cercatezza, vengono ad entrare anche ¡i termini esotici nelle poesie di soggetto 
esotico (e perfino vengono messi in rima) : seghidiglia e papelito (Sal y pi- 
mienta; Intermezzo), bonzo e pagoda (Sogno esotico; ibid.), yué e le tull'e 
due in rima (ibid.). 

E qui va fatta un osservazione che —mi pare— e di non poca importan- 
za. Anche i prestiti dall'italiano antico sono subordinati a questa intenzione 
realistico-descrittiva (sará inutile ricordare: di origine parnassiana). E vero 
che il D'Annunzio, come il Carducci, cosparge il suo linguaggio di arcaismi. 
Aprendo il Canto Novo leggiamo a caso aliga, vigorire (=rinvigorire), 
arbore, dardo (=freccia), speglio, stranio, nugolo, verziere, fuora, peri- 
glioso, periglio, bevere, stromento e altri, di cui gli uni facevano giá parte 
della lingua poetica tradizionale, altri no. (Non ¿ il caso qui di farne 
l'indagine particolareggiata; ma, credo si possa affermare che é notevole 
il numero di arcaismi presi alla lirica prepetraschesca 35, e alla lirica detta 
“realistica”, e quella satirica e didattica 3%, nonché alla prosa antica 37, 


35) Cito del Vocabolario dannunziano del Passerini, (Firenze 
1928): 

abbicare (Dante) in Laudj II; accline (Dante) in Laudi 11; adamante 
(Dante) in Isaotta, Elegie; affocato (Dante) in Laudi; alleggiare (Dante) 
in Laudi I, Isaotta; arzaná (Dante) in Laudi; assembrare (Dante, VN) in 
Laudi 1, 11; aulente (Cielo D'Alcamo) in Laudi e passim; ecc. ecc. 

36) — accia (Boccaccio Laber.) in Laudi 1; agghiadare (Fiacchi in 
Laudi) ; aliosso (Lasca) im Laudi II; arce (Boccaccio, Tes.) in Laudi II; 
arcipresso (Fazio degli Uberti) in Laudi 11; amarore (lacopone) in Laudi 
1; aulire (F. da Barberino) passim; ecc. ecc. 

37)  accomandare (Villani) in Laudi Il; accómodo (Soderini) in 
Laudi 11; afro (Plero de'Crescenzi) in Laudi; agguatare (Guittone, Let.) 
in Laudi; alburno (Vallisnieri) in Laudi 11; aléna (Vita di S. Antonio) in 
Intermezzo; álido (Matteo Villani) in Laudi 1; aneto (volgarizzamento di 


La crisi del linguaggio poetico italiano nell ottocento 69 
e trasportati nella sua poesia lirica - ed € questo anche un procedere diverso 
da quello tradizionale, cio? quello dei poeti dal Cinque al Settecento per cui 
il punto di riferimento era sempre il Petrarca e solo ¡l Petrarca). Ma quello 
che non si puo fare a meno di osservare leggendo a volta a volta sia il Canto 
Novo e l' Alcione, sia una poesia del Carducci, € questo: che il D'Annunzio 
e ben lungi dall'arcaismo generico diffuso in tutto il linguaggio poetico car- 
ducciano. E questo si fa sentire non solo nelle forme delle parole, ma anche 
nella flessione e nei costrutti (meno pronomi affissi ecc.). (La lingua del 
D'Annunzio é in fondo di gran lunga pil moderna di quella del Carducci, 
come faremo vedere piú sotto). 

D'altra parte vediamo che gli arcaismi da lui vengono accumulati quando 
si tratta di suggerire un ambiente, di far rivivere una certa atmosfera cioé 
vengono adoperati anch'essi come termini tecnici. Cosi P'arcaismo entra di 
necessita, come mezzo espressivo, nell'/sotteo, 1l che vale a dire que il 
D'Amnunzio puó servirsi della voce arcaica come termine tecnico appunto 
percht si astiene da un arcaizzare generico, L'italiano antico gli serve come 
la parola dialettale, il latinismo, il grecismo tanto come parola rara, eletta, 
quanto come mezzo descrittivo. Invertendo ¡ termini ció significa che tutti 
questi elementi verbal; acquistano cosi un valore stilistico in sé. 11 latinismo 
(e il grecismo) non serve solo a dare un'intonazione nobile al discorso, non 
solo a dare una descrizione precisa e adeguata di un ambiente, ma puó 
servire di per sé a creare un ambiente, a indirizzare il pensiero per mezzo 
delle associazioni che con quelle tali parole si congiungono verso un certo 
complesso di nozioni che non vengono esplicitamente espresse. La parola 
diventa mezzo di evocazione e di suggerimento. E questo il Carducci non 
lo poteva fare. Se nell'ode Nella piazza di San Petronio egli latineggia 
ció eleva bensi il tono della dizione e toglie al quadro quanto aveva di piú 
specificamente medioevale, ma non ne fa nulla di antico, di romano; anzi 
tutto Veffetto sta appunto nel parlare della chiesa, della piazza e dei citta- 
dini medievali in termini classici, sta in questa discrepanza tra nozione ed 
espressione. Se d'altra parte invece in D'Annunzio (nel Canto Novo) de- 
scrivendo il giovinetto che si dondola con la sua ragazza sull'altalena sotto 
1 ciliegi adopera voci greche e latine, egli questo lo fa coll'intenzione di 
velare di un'illusione di antichitá la realtá presente, e infatti sulla fine del 
componimento egli viene a identificare se stesso con Dorione, Pamata con 
loessa, cioé egli trasporta la realtá nel mito. Ugualmente egli trasforma la 
gioia provata nel godersi una donna in mezzo ai boschi in una replica del 


Crescenzio) in Laudi I; arzente (Novelle antiche) in Laudi; asserrare (Vil- 
lani) in Laudi II; ecc. ecc. 


70 W. Th. ELwerT aná 

mito di Dafne (Canto Novo: Oh bella che fremi. . .) mediante le suggestio- 
ni puramente verbali, E lo stesso si dica della Piogga nel pineto dell” Al- 
cione: mitizzazione attraverso la parola. Allo stesso modo egli si serve degli 
arcaismi per soffondere la figura di Isaotta Guttadauro di un' aureola poli- 
zianesca e botticelliana. (Anche col mezzo del metro *3) - questione che 
non voglio nemmeno sfiorare in quest'occasione). 11 D'Annunzio perfino 
giunge a mescolare due motivi in una sola poesia unicamente mediante l'e- 
spressione verbale, senza nemmeno accennarvi expressis verbis; questo e il 
caso nel Sonelio di calen d'aprile dell'[sotieo. ln parole povere la poesia ci 
dice soltanto che la donna vagheggiata s'affaccia alla porta e si china sulla 
soglia per stringere il laccio del sandalo che si era disciolto. Ma che cosa 
ne ha fatto il D'Annunzio, di questo soggetto, attraverso la sola parola? 
Stiamo a sentire: 


SONETTO DI CALEN D'APRILE 


Aprile, il giovinetto uccellatore, 
a cui nitido il fiore 
de le chiome pe' belli ómeri cade, 
ne'l cavo de la man, come un pastore, 
in su le prime aurore 
ha bevuto le gelide rugiade. 
Aprile, il giovinetto trovadore, 
su le canne sonore 
dice l'augurio a le nascenti biade: 
i solchi irrigui fuman ne'l tepore, 
un non so che tremore 
le verdi cime de la messe invade. 
Ecco la Bella! Ecco Isotta la blonda! 
China, de la porta a'l limitare, 
ella stringe il calzare 
a'l pié che sanno ¡ boschi. E il di la inonda. 
Toccan la terra, a P'atto de'l piegare. 
i suoi capelli, in copia d'or profonda. 
Oh, la faccia gioconda 
che a pena da quel dolce oro traspare! 


Che cosa ha fatto il D'Annunzio? Egli ha intrecciato due motivi erotici: 
motivo antico, bucolico, della sensualitá pánica e motivo medioevale della 
bella peccatrice del ciclo arturiano. Nel titolo viene dapprima toccato il 
tasto antico: calen d'aprile rievoca il latino calendae; nel primo verso inizia 


38)  Nonerima, ballata, madrigale, antico, terzina, sestina. 


La crisi del linguaggio poetico italiano nell'ottocento TAL 
Pallusione al motivo medioevale con la parola uccellatore, oiseleur, prende 
il sopravvento poi il motivo antico con nitido, omeri, pastore, aurore, gelide. 
Comincia la seconda strofa e qui stá nel primo verso il motivo medioevale 
con frovadore, ma subito dopo veniamo ritrasportati alla serie associativa 
antica con le canne sonore del dio Pan cui fan seguito i latinismi augurio, 
irrigui, tepore, tremore, e messe. Cominciano le terzine e si aprono con pa- 
role che si potrebbero trasportare tali e quali in francese, con ¡l francesismo 
blonda in rima!, e che fa la rima con inonda che pud essere bensi un lati- 
nismo, ma anche un francesismo, visto che in francese non si offre un sino- 
nimo per inonder come invece nell'italiano con allagare - che é il termine 
piú comune in italiano. Il calzare é arcaismo che rievoca naturalmente il 
francese la chaussure e stringe (per allaccia) rinforza l'arcaismo. Nell ul- 
tima terzina ¡ due motivi si fondono col latinismo copia e la faccia gioconda 
di sapore leonardesco, ma anche si smorzano. Inoltre osserviamo che il 
costrutto latineggiante “che sanno ¡ boschi” sta qui in mezzo agli arcaismi a 
ricordare il motivo classico, come nella strofa precedente il francesismo “un 
non so che tremore' ricorda il motivo arturiano in mezzo ai latinismi panici. 
Sopra l'intero componimento ¿ gettato un generico velo di arcaicitá con il 
vezzo di separare preposizioni ed articolo, scrizione adoprata dal Carducci 
costantemente ed indistintamente, ma che il D'Annunzio invece si guarda 
bene di adottare come norma e di scrivere a pena, all'antica, il che anche 
serve a ridare alla parola pena il suo pieno valore. Non dimentichiamo poi 
che il sonetto € un sonetto rinterzato. 

Il tutto € un inno alla primavera di modo che, ripensando il titolo, 
vien fatto di ricordarsi che in provenzale calenda vale a dire maggiolata. 
Stava anche questo nell'intenzione dell'autore? 

Non ci soffermiamo a parlare dei nomi propri che dal D'Annunzio 
vengono impiegati tanto per il loro valore fonico, come rileva il Migliorini, 
(questione che va trattata insieme con la rima cui il D'Annunzio era tanto 
incline quanto il Carducci ne era avverso) ma anche per il loro potere 
allusivo ed evocativo, se non di concetti, di meri suoni e di vaghe remini- 
scenze. La loro funzione era, insomma, uguale a quella delle parole; non 
solo servivano per precisare e per nobilitare, ma anche per “ambientare” in 
via indiretta. 

Riepilogando, vediamo che il D'Annunzio con la sua vasta gamma 
di parole insolite ha riunito un vocabolario che viene ad essere fondamen- 
talmente diverso per la sua composizione non solo da quello del suo imme- 
diato precursore e maestro, ma anche, e ancor piú, da quello di tutta la 
tradizione aulica, la quale, d'altronde, egli continua, in grazia della sua 
tendenza innegabile di creare un parlare ornato. Inoltre vediamo che egli 


72 W. Th. ELWERT 

si allontana dal suo predecessore e dalla tradizione precedente per l'uso 
sapiente che egli fa del verbo stesso cui egli infonde una vita propria, una 
capacita d'illusione che a questo innanzi faceva difetto, perché prima veniva 
adoperato in modo ingenuo. 


Sarebbe peró incompleta questa nostra breve (e purtroppo molto som- 
maria e nient'affatto esauriente) analisi 3% del linguaggio dannunziano, 
se non accennassimo a una caratteristica che ci pare essenziale. Ed é questa. 
Nelle sue poesie giovanili raccolte in Primo Vere il D'Annunzio segue il 
suo maestro anche in quanto che egli si ingegna di riprodurre, come fece il 
Carducci, Pordine delle parole del latino. Fino a che punto il Carducci 
andasse nella sua ricerca della forma linguistica latina ce lo dimostra forse 
nel modo piú evidente l'ode Alle fonti del Clitumno, tutta intessuta come é 
di ricordi oraziani e virgiliani, con le sue inversioni, con i suoi aggettivi 
anteposti al sostantivo, con i suoi arditissimi iperbati. El ció il D'Annunzio 
di Primo Vere talvolta copió. Ma non appena egli passa al Canto Novo, 
ove per la prima volta si rivela la sua intera originalitá (in fondo rimase 
sempre tale quale egli si mostró in questo primo colpo di genio), egli ab- 
bandona quasi completamente questo latineggiamento sintattico. Rimangono 
soltanto alcuni casi isolati di inversione e di iperbato che poi spariranno com- 
pletamente nelle opere successive. Il verso dannunziano si sciogle come 
una frase di prosa, e sommamente parlato, scorrevole, discorsivo, fluido, 
senza intoppi, senza durezze, senza storture, senza acrobazie. Sia la frase 
lunga o breve, di mezzo verso oppure abbracciante una fila di strofe, sem- 
pre essa segue l'ordine normale delle parole della parlata quotidiana. (Va 
rilevato qui che il D'A. fa uso molto ristretto del troncamento in conso- 
nante; il Carducci invece ne fa un uso costante, eccessivo, per dare alla 
sua lingua la patina del linguaggio poetico tradizionale). E sta qui il se- 
greto della sua sonoritá, della sua musicalitá, ottenuta tutta attraverso il 
ritmo e il suo adattamento alla struttura strofica e attraverso la sonoritá 
della parola e nel congegno delle rime. E giá del Canto Novo la stupenda 
strofe: 


O falce di luna calante 

che brilli su l'acque deserte, 

o falce d'argento, qual mésse di sogni 
ondeggia al tuo mite chiarore qua gil. 


39) Mi sia concesso di far osservare che non ho la presunzione di 
fare uno studio esauriente della lingua del D'A., (il che non mi é possibile 
senza biblioteche intatte e in istato da funzionare), ma solo di precisare 
il posto che spetta al D'A. nello svolgimento generale della cultura italiana. 


La crisi del linguaggio poetico italiano nell' ottocento 73 
E non altrimenti si snoda il periodo nella Pioggia nel pineto, e gli altri capo- 
lavori dell Alcione. 
Ma da dove veniva al D'Annunzio questa geniale intuizione? 


Mi pare, che non sia difficile trovare la risposta. Aprendo ancora una 
volta il suo volume di saggi giovanili, Primo Vere, ci troviamo dinanzi a un 
piccolo gruppo di liriche in lingua parlata, lingua realistica, disadorna, in 
metri popolari o comunque adoperati dai poeti “realistici”, poesie, insomma, 
di schietta ispirazione stecchettiana: Letterina alla mamma, Quadreito di 
genere, Réverie, Vere Novo, Piove, Ricordo di Firenze, Messaggi - sonetti, 
rispetti, sestine e stornelli. Poche poesie, isolate giá nella raccolta di Primo 
Vere in mezzo alle poesie di non misconoscibile intonazione dannunziana, 
esperimenti senza seguito. Eppure, non sono rimaste lá per indicarci che, 
oltre all'aver presente il modello aulico del Maremmano, il novizio abruz- 
zese occhieggiasse cogli avversari? 

Se la poesia in lingua di tendenza aulica (dice espressamente *di ten- 
denza aulica”, perché, come si é cercato di dimostrare, dalla vecchia lingua 
aulica questa poesia carducciana e dannunziana si era non poco dilungata) 
ebbe un dominio assoluto dalla pubblicazione delle prime Odi Barbare sino 
all'apparire dei primi tre libri delle Laudi, ció non significa che lidea di 
una poesia, in una lingua meno artificiale non si fosse fatta strada. E. questo 
ci vien fatto di osservare in un poeta che dall'apparenza nessuno sospette- 
rebbe di tali propensita, dico: lo Zanella. Dell'intonazione classicheggiante 
della sua poesia noni ci puó essere dubbio. Eppure, anche lui non seppe sot- 
trarsi al nuovo indirizzamento del gusto che si andava delineando. Tra i 
miei libri trovo un volumetto legato in pelle e che contiene le Nuove Poesie 
di Giacomo Zanella, Venezia, 1878, All'interno vi sono delle correzioni 
fatte a penna e di mano dell'autore, correzioni poi accolte nell'edizione delle 
Versioni poetiche fatte dal Romagnoli nel 1888. Esse sono assai istruttive 
perché ci dimostrano come lo Zanella, evidentemente cedendo alla spinta 
della poesia veristica o, meglio, betteloniana, cerca di liberarsi dalle pastoie 
della lingua aulica classicheggiante e generica, cui si rivela tanto addetto 
nella sua produzione anteriore, valga un esempio per tutti: la celebre poesia 
Sopra una conchiglia fossile nel mio studio %, per esprimersi in modo meno 


20) Il De Lollis, op cit. p. 243, ha voluto fare dello Zanella un 
parnassiano, “sia pure a scartamento ridotto”. Ma basta davvero che lo 
Zanella fosse avverso alle effusioni personali, alla soggettivitá, per farne un 
parnassiano? Basta che egli si ispirasse alla scienza? Basta che nella sua 
poesia ''appaia l'esclusiva preoccupazione della magnificenza delle paro- 
le...?” Mi pare lecito dubitarne. Rileggendo le poesie dello Zanella ci 


74 W. Th. ELWERT 


letterario, meno generico e piú vicino alla parlata quotidiana, e piú specifica. 
1 brani in cui 'autore ha voluto correggere la stampa, sono due traduzioni 
(e in queste ““¿ il meglio dell'opera sua di poeta'”, come giustamente osserva 
il De Lollis (op. cit. p. 257), e per Vimpegno che vi mise tradiranno me- 
glio le sue intenzioni stilistiche) dall'inglese del Longfellow; 1) a p. 161 
seg. /I sogno dello schiavo (The Slave's Dream) e 2) 1 naufragio dell'E- 
spero (The Wreck of the Hesperus). Trascriviamo prima il testo inglese 
poi il testo della stampa dell'78, poi le correzioni autografe dell'autore. 


1) And his lifeless body lay / A worn-out feiter, thal the soul / 
Had broken and thrown away! — Come vil ferro roso dall'alma / Sovra 
la sabbia giace la salma (164) Corretto in: Come calena, che il tempo ha 
rosa, / sovra la sabbia morto riposa. Si noti: scompaiono il vil ferro, Palma, 
la salma e giace; subentrano! invece la catena e morto riposa; rimane la zep- 
pa sabbia, che non trova riscontro nel testo inglese. 

2) Come hither! come hither! my little daughter, / And do not 
tremble so; / For Í can weather the roughest gale / That ever the wind 
did blow. —(p. 167) Vien qua, piccina! perche paventi2 / Vien qua, 
mio core, di che mai tremi2 /I Vinte ho maggiori furie di venti / Che non 
son, pensa, queste che temi. — Corretto in: Che non son, cara, queste che 
temi. Piú preciso cara e dá piú salda struttura alla strofa ripigliando pic- 
cima del primo verso. 

3) 0 father, Í see a gleaming light, O say, whal may it be? / But 
the father answered never a word, / A frozen corpse was he. —(p. 168) 
Padre! quel ralto lume che fende / Quella lontana nube non vedi2 — 
Corretto in: Padre! quel ratto guizzo che scende- / Precipitoso, padre, non 
vedi?! — Ma Precipitoso, padre + cancellato ancora e in margine si legge 


troviamo dinanzi al vecchio stile classicheggiante (altro che “riforma della 
lingua poetica” 1) con eleganti aggettivi di carattere del tutto generico ante- 
posti classicamente al sostantivo, specie se termine tecnico o esotico —per 
smorzane la stranezza, evidentemente! -, e “magnifiche perifrasi” (come ri- 
conosce lo stesso De Lollis, p. 252), e inversioni, e parole tronche in con- 
sonante, e eleganti latinismi, per non parlare poi della forma metrica, stro- 
fette di provenienza pariniana, fantcniana, savioliana, e saffiche, sempre 
con le solite rime, sdrucciole e tronche, di modo che quel tantino di termini 
tecnici che entra nella fattura dei suoi versi riesce ben neutralizzato dalla 
generale intonazione classicheggiante. Dice bene il De Lollis quando escla- 
ma entusiasta: “Ecco una quartina di maravigliosa fattura classica, in 
quel senso razzesco (1) della parola, che noi estendiamo da Orazio a Car- 
ducci, e traverso Tasso, Filicaia e Fantoni””. Ecco la vera filiazione dello 
Zanella: un Monti attardato. Ma non un parnassiano. Per essere un par- 
nassiano gli mancava il senso del valore descrittivo del termine tecnico, della 
parola rara ed esotica; egli rifugge dal termine preciso mediante le penifrasi, 
e non lo assapora nella rima. Parnassiano fu il D'Annunzio, non lo Zanella. 


La crisi del linguaggio poetico italiano nel! ottocento AE 


la seconda correzione: Folgoreggiando, padre; eliminati dunque ¡ termini 
generici che poi non hanno neanche rispondenza nel testo inglese: lume che 
fende quella lontana nube con le voci auliche lume e nube, e al loro posto 
le parole pit comuni e piú precise e pil aderenti al testo originale: guizzo 
che scende folgoreggiando, peró, non senza deviare prima per il generico 
precipiloso. 


4) Ancora: Al daybreak, on the bleak sea-beach, / A fisherman 
stood aghast, / To see the form of a maiden fair, / Lashed to a drifting 
mast. — (p. 170) Un pescatore sovra la punta / Del lido, all alba, rat- 
ienne Vorma; / E d'una bella vergin defunta / Stretta ad un tronco vide 
la forma. Corretto in: Stretta al bompresso d'una defunta / vaga fanciulla 
vide la forma. 

Assistiamo cosi non solo alla formazione dello stile zanelliano attraver- 
so i suo sentimenti, ma ci troviamo anche in presenza di un riecheggiamento 
di quella lotta tra le due tendenze classicheggiante e veristica che ha luogo 
in tutta la poesia lirica italiana dell'Ottocento, ma segnatamente nella se- 
conda metá. 


I primi successi di una poesia di lingua semplice, parlata, si manifesta- 
no gia un decennio prima dell'apparizione delle Laudi in piena epoca car- 
ducciana-dannunziana, al principio degli anni '90. La poesia veristica che 
stava giá sul declinare riportó un primo succeso veramente strepitoso con 
la pubblicazione del volumetto Fatalitá (1892) di Ada Negri, la quale 
poi rimase sempre fedele alla lingua non-aulica. Ma l'uso della lingua mo- 
derna, vicina alla lingua parlata (qualche venatura di lingua tradizionale 
rimane pur sempre tanto in Fatalitá quanto in Tempeste (1895) ) non era 
qualche cosa di nuovo nella poesia socialista e umanitaria; la Negri conti- 
nuava sulla via, segnata dai precursori della poesia socialista di vent'anni 
prima, di un Giulio Uberti, di un Alessandro Arnaboldi, di un Ferdinando 
Fontana (Arrighi, op. cit. p. 48 sgg.). Molto piú rivoluzionario fu il vo- 
lumetto Myricae del Pascoli uscito un anno prima di Fatalitá. La lingua di 
tutti i giorni veniva qui adoperata non nell'ambito di una poesia che faceva 
della realtá, della veritá un programma, come fu il caso della poesia 
veristica cui faceva parte la poesia sociale della Negri. Al contrario, essa 
veniva adoperata da un poeta che veniva a trovarsi in opposizione alla 
realtá, che non fece che soffrirne per tutta la sua vita, e che era rivolto 
tutto al di dentro, che della realtá cercó di attraversare il velo per giungere 
alla veritá che essa nascondeva e di cui essa non era che il simbolo. 11 
linguaggio quotidiano conquistava una nuova provincia dell'arte e veniva 
sanzionato da un grande artefice (cosi lo batezzó ¡il D'Annunzio nel Com- 
miato all” Alcione). 

E questo grande poeta allargó in modo sensibilissimo e notevolissimo 
il concetto della lingua diretta, semplice, naturale, non-letteraria quale tra- 


76 W. Th. ELWERT 


spare dagli scritti teorici e soprattutto dalla prassi poetica dei poeti ve- 
risti, 4D 

Egli accolse nel suo forziere non solo la parlata quotidiana delle per- 
sone colte (quella che secondo il concetto del Berchet era la lingua “po- 
polare'), ma egli accolse davvero la lingua del popolo, la fraseologia po- 
polare, la parola dialettale (e non solo del suo dialetto natio, ma di tutti i 
dialetti,) a seconda che ne avesse bisogno per rendere accuratamente l'im- 
pressione e il sentimento. Ed egli ando piú oltre nel suo desiderio di afferrare 
e di riprodurre il sentimento degli umili, delle menti incolte e ingenue, im- 
mature, e degli esseri non dotati della parola articolata ammettendo nel suo 
vocabolario le voci fanciullesche e i gridi amorfi, inumani degli animali, 
degli uccelli e delle rane. E naturalmente egli parla senza contorsioni retto- 
riche, seguendo lordine normale delle parole, con ripetizioni che vengono 
cosi naturali che quasi quasi non gli conviene il termine tecnico di anafore. 
tanto é sommessa e carezzevole la dolce voce suaditrice. É non mancano, 
d'altra parte, i ricordi della lingua tradizionale, qualche arcaismo, qualche 
latinismo, qualche troncamento eppure il fondo € quella parlata comune, 
usuale, naturale. Citiamo un esempio: 


11 morticino 


Non + Pasqua d'ovo? 
Per oggi contai 

di darteli, i piedi. 

E Pasqua: non saj? 

E Pasqua: non vedi 

il cercine novo? 
Andiamoci, a mimmi, 
lontano lontano.... 
Din don... Oh! ma dimmi: 
non vedi ch'ho in mano 
il cercine novo, 

le scarpe d'avvio? 
Sei morto: non vedi, 
mio piccolo cieco? 

Ma mettile ai piedi, 
ma portale teco, 

ma diglielo a Dio, 

che mamma ha filato 


11 Lo studio di G. Devoto, Pascoli e la lingua ilaliana moderna, 
annunciato come facente parte delle Letture Pascoliane a cura di Jolanda 
De Blasi per il Lyceum di Firenze, Firenze, Sansoni, 1937, non era con- 
tenuto nel volume della biblioteca braidense che ebbi in mano. Non ho 
potuto accertare se sia uscito altrove. 


La crisi del linguaggio poetico italiano nell' oltocento 77 


sei notti e sei di 
sudato vegliato 

per farti, oh! cosi! 
le scarpe d'avvio! 


Qui c'é tutto: l'espressione popolare: Pasqua d'ovo, il termine spe- 
cifico: cercine, la frase bambinesca: andare a mimmi (andare a spasso, 
in tedesco ada gehen), l'onomatopeica riproduzione della voce delle cam- 
pane: din don, la parola intima: mamma, le anafore e repetizioni della 
parlata ingenua, del sentimento non intellettuale, e l'inciso affettivo con 
una interiezione. Ma d'altra parte c'é anche la forma metrica di una 
scaltrezza artistica estrema: due strofe costruite ciascuna sullo schema di 
una “ballata minima', metro d'origine popolare, ma della poesia d'arte, 
anzi della poesia d'arte delle origini, metro popolare eppure artistico e 
persino storicizzante; per giunta, le due strofe fuse mediante l'enjambement 
da strofa a strofa, procedimento modernissimo, 

Non indugeremo a dimostrare come il Pascoli controbilanciasse il fon- 
do popolare, anzi il primitivismo della sua lingua, con accorgimenti metrici 
quanto piú scaltriti, con una finissima arte del ritmo (pareggiata soltanto 
da quella tanto diversa del D'Annunzio) e con l'analogismo *% delle 
sue metafore cariche di simbolismo. Basti un esempio (da La mia sera, 


[Canti di Castelvecchio] ) : 


E, quella infinita tempesta, 

finita in un rivo canoro, 

De; fulmini fragali 4?) restano 
cirri di porpora e d'oro. 

O stanco dolore, riposa! 

La nube del giorno piú nera 

fu quella che vedo piú rosa 
nell'ultima sera. 


Ove si noti che, con un accorgimento spesso adoperato dal Pascoli —e 


323F, Flora, La poesia ermetica, Bari 21942. p. 74: 

“* L'analogismo, elementare rapporto di comparazione, attuato 
sopprimendo il sintattico “come”... 

13) — Comunissimi simili raccorciamenti del D'Amnunzio: silenzio ce- 
ruleo, silenzio nero (Notturno), la voce 'virente” di Ermione (La pioggía 
nel pineto; Alcione) e che si trova gia (sparsamente) nel Carducci: il 
silenzio verde (11 Bove), come vien rilevato dal Migliorini, op. cit. p. 185. 
Si veda anche: ¡ rami stillanti di pioggia sbadigiando la luce sul fango 
(Alla stazione) passo citato giá sopra. 


78 W. Th. ElwerrT 

forse da lui per primo in tutta la poesia italiana **'— fondendo un verso 
con un altro facendo entrare l'ultima sillaba di un verso sdrucciolo nel 
computo delle sillabe del verso seguente, contrariamente a quanto si fa 
normalmente nella versificazione italiana; accorgimento questo che imita 
la sinafia dei versi latini, ma che evidentemente dovrebbe dare l'illusione 
della irregolaritá metrica (mancanza di una sillaba) comune nella poesia 
popolare italiana. 4 

E non ci arresteremo a fare osservare come lo stile linguistico pascoliano 
si andasse sempre pin allontanando dalle sue origini 'popolari” (e come, a 
mano a mano che se ne allontanasse il linguaggio, se ne allontanasse anche la 
forma metrica, la quale, in principio ispirantesi della metrica popolare, si 
avvicinó sempre piú alla metrica classica-barbara della tradizione Fantoni- 
Carducci), quanto piú il Pascoli assurgesse a poeta vate e cantore della 
Patria, soccombendo cosi al peso della tradizione che con la successione alla 
catedra e all'ufficio poetico del Carducci gli si era imposta, e trovandosi 
in questo modo “sfassato' rispetto alla tendenza generale del gusto delle 
nuove generazioni. 

Infatti, se Í canti di Castelvecchio segnarono al loro apparire (1903) 
l'ingreso trionfale e definitivo della lingua non aulica nel regno dell'arte e 
se ¡ primi due suoi volumi di poesie provocarono una generale levata di scudi 
nel campo dei tradizionalisti *%, il suo sviluppo seriore lo riportava nel 
campo della tradizione. Intanto peró la sua stessa opera aveva contribuito 
non poco al sorgere di un nuovo gusto e di un nuovo stile decisamente avulso 
dalla tradizione, tanto nella métrica quanto nello stile della lingua. Data 
del 1901 il Poema dell'adolescenza di Enrico Thovez *” e seguono a 
breve distanza quelli che raccolsero del Pascoli *5 l'insegnamento della 
poesia dimessa, i Crepuscolari; sono del 1907 il Libro per la sera della do- 
menica del Corazzini e la Via del rifugio del Gozzano, cui tennero dietro 


+9 E questa l'opinione di Atilio Levi (Archivium romanicum XIV, 
[1930], p. 523) di cui peró accetto il guidizio sfavorevole: “Dj questo 
artifizio pil ingegnoso che felice il Pascoli, che forse ne fu l'inventore, 
fece uso non infrequente: ma, non é questo il suo pregio maggiore.” 

15 Gius. Fraccaroli, D'una teoria razionale di metrica italiana. 
Torino, 1887, p. 39 sgg. Per la poesia popolare delle origini vedi P. Leo- 
netti, Storia della tecnica del verso italiano, Vol. II, parte prima. Napoli, 
1934, p. 26. 

16% V, Titine, La poesia del Pascoli e la critica italiana (Roma, 
s. d.). 

11) A, Galletti, Novecento, p. 320 sg. 

19 Tbid., p. 263, 


La crisi del linguaggio poetico italiano nel otiocento 79 


¡ Colloqui nell'11. E di pari passo segui la critica. E del 1910 il libro 
iconoclasta del Thovez 11 pastore, il gregge e la zampogna in cui non solo 
si fa il processo ai grandi rappresentanti contemporanei della poesia colta, 
ma in cui l'autore “dannava tutta la letteratura latina a quasi tutta quella 
italiana” (Galletti, l. c. p. 320), ove, insomma, in quanto alla tradizione 
classica, e italiana in quanto classica, si faceva piazza pulita. Ma € signi- 
ficativo che anche dai ranghi dei poeti non scevri di tradizionalismo si era 
elevata una voce per difendere la causa dello stile schietto e semplice. Nelle 
sue Rime della selva del 1906 Arturo Graf ammoniva, non senza uno 


spunto polemico contro il dannunzianesimo: +? 


Canone d'arte. 
Essere semplice e schietto, 
E far che in ogni sua parte 
Risponda al pensato il detto, 
E questo il sommo dell'arte; 
E qui la pura bellezza, 
Negata all'amasio vile, 
Che sol vagheggia e carezza 
Se stesso nel proprio stile. *% 


Che lo stile linguistico della poesia dei Crepuscolari si sia allontanato 
dalla vecchia lingua aulica non sará necessario dimostrare, tanto ¿€ evidente, 
Quello pero che merita di essere rilevato ¿ che questa distanza linguistica e 
stilistica fu' in tal modo sentita da permettere di ricavarne un effetto estetico. 
I] Gozzano nella sua ben nota poesia L'amica di nonna Speranza fa rivivere 
il mondo della nonna, un salotto piemontese nel 1850, Speranza e la sua 
amica Carlotta sono tomate dal collegio e nel salotto —i fratellini devono 
rimaner fuori— si siedono al pianoforte, 


Silenzio, bambini! Le amiche —bambini, fate pian piano! — 
le amiche provano al piano un fascio di musiche antiche. 
Motivi un poco artefatti nel secentismo fronzuto 

di Arcangelo del Leito e d'Alessandro Scarlatti. 

Innamorati dispersi, gementi il core e l'augello, 

languori del Giordanello in dolci bruttissimi versi: 


19) Arturo Graf, Poesie, 1915, p. 401. 

50) E la parola amasio, voce dannunziana del primo libro delle 
Laudi (Passerini, p. 49) mira a mettere in dispregio anche la persona del 
Pescarese. 


80 W. Th. ELwerT 


. . caro mio ben 
credimi almen! 
senza di te 
languisce il cor! 
Il tuo fedel 
sospira ognor, 
cessa crudel 
tanto rigor! 


Carlotta canta. Speranza suona. Dolce e fiorita 
si schiude alla breve romanza di mille promesse la vita. 


Il vecchio linguaggio poetico viene dal Gozzano citato quasi fosse un'al- 
tra lingua; egli mette in rilievo due delle parole piú caratteristiche del vec- 
chio vocabolario, e questo lo fa prima, per far spiccare piú chiaramente il 
fatto che il brano che segue ha scopo ¡llustrativo, per rendere pit sensibile 
al lettore il sentimento tra ironico e nostalgico che lo ispira. Ai fini della 
nostra indagine questa contrapposizione serve a darci la giusta misura del 
cambiamento che si ¿ compiuto. Intorno al 1910 la vecchia lingua aulica E 
completamente passata di moda, tanto da diventare un oggetto di curiositá, 
un cimelio da museo, da esser messo in mostra insieme a 


Loreto impagliato ed il busto d'Alfieri, di Napoleone 
i fiori in cornice (le buone cose di pessimo gusto) ..... 


Di rimbalzo, spicca il carattere moderno, libero dalle pastoie del tradi- 
zionalismo, del linguaggio del Gozzano. 


Con i Crepuscolari la lingua moderna ebbe causa vinta, se non presso ¡ 
critici, nella prassi poetica e prevalse il concetto che per fare opera poetica 
non fosse necessario allontanarsi dalla lingua parlata. Seguirono per questa 
strada non solo i Crepuscolari, ma anche la maggioranza di quanti ne ven- 
nero dopo. Senonché questa tappa che segna il punto di arrivo della tendenza 
romantica verso un linguaggio poetico “'popolare”, cioé uguale alla parlata 
delle persone colte, non venne a segnar un punto fisso, un termine raggiunto, 
ma solo una fase di transizione. Anzi, essa fu allo stesso tempo il punto di 
partenza verso una nuova stilizzazione del linguaggio poetico, — in grazia 
a quell'altro principio dell'estetica romantica, dell'individualismo, mediante 
il dissolvimento della compagine sintattica della frase, sia nel senso dell'iso- 
lamento, della “liberazione” della singola parola (futurismo), sia nel senso 
di una complicazione della frase su nuovi schemi sintattici (Onofri), e, co- 
munque, abbandonando l'espressione immediata, diretta per la figurazione 


La crisi del linguaggio poelico italiano nell'ottocenio 81 
simbolica e l'analogismo (v. sopra). Va rilevato, peró che per base dei 
nuovj tentativi rimase la lingua moderna, e non si ebbe ricorso ai mezzi usati 
dalla vecchia poesia di carattere tradizionale, cioé né al linguaggio poetico 
di stampo essenzialmente petrarchesco, ne al latinismo. 


W. Th. ELweRT 
Universidad de Munich, 


ETIMOLOGIAS HISPÁNICAS 
l. De pinga “gota' a pingo “caballo” 


La familia iberorromance (e hispanoamericana) pinga, pingo, pingar 
hace ya mucho despertó el interés de los etimologistas, sin que hasta hoy 
día se haya llegado a una solución definitiva. Siguiendo el ejemplo de la 
docta profesora Carolina Michaelis de Vasconcelos, que dedicó a estos 
vocablos un breve estudio en la RL III, 168, la mayoría de los romanistas 
se inclinan a adoptar la base PENDICARE, puesto que pinga y sus deri- 
vados pueden designar una cosa colgante. Es éste el criterio de A. R. 
Goncalves Viana, Apostilas aos dicionários portugueses. Lisboa, 1906, II, 
272, (a quien se adhiere Nascentes), de R. Lenz, Los elementos indios del 
castellano de Chile. Santiago de Chile, 1905-1910, II, 599-600 y de L. 
Spitzer que ha discutido el problema de nuevo en un artículo publicado en 
RFE XIV (1927), 251-252 y en sus Beitráge zur romanischen Wort- 
bildungslehre. Genéve, 1921, pág. 142. Claro que el elemento vocálico ¡ 
presenta dificultades considerables que ninguno de los etimologistas citados 
ha sabido resolver hasta la fecha. Compréndese pues perfectamente el punto 
de vista de Meyer-Liibke que en el párrafo correspondiente de REW 6384 
insiste en esta dificultad, citando a la vez cast. pringue (dado: erróneamen- 
te como un adjetivo — *fett'), como un derivado de PINGUIS, vocablo 
que en efecto tenía este significado en latín. 

Hay que advertir que los romanistas citados al discutir el problema 
no han tomado en cuenta la variedad de los matices semánticos que el 
vocablo presenta ni han delimitado bien el área geográfica de sui extensión. 
Vamos a procurar resolver el problema sobre una base más vasta. 

Confieso que para mí el problema ya no ofreció ninguna dificultad 
aesde el día en que observé en la zona lluviosa del NO de la Península las 
pingas, vale decir las gotas, pingando, es decir cayendo una a una, del te- 
jado de las casas, produciendo aquel ruido monótono y cadenciado ping - 
ping - ping propio del agua pluvial que cae al suelo. Trátase pues de una 
forma onomatopéyica cuyos elementos consonánticos y vocálicos reproducen 
perfectamente el sonido agudo característico de tal fenómeno. Cabe saber 


Etimologías hispánicas 83 
si los demás matices semánticos de pinga, tan numerosos y variados, permi- 
ten tal derivación. A primera vista parece imposible relacionar con la pinga 
onomatopéyica acepciones tales como pingo en hispanoamericano “caballo” 
o pingáo que en portugués designa una persona de gran estatura. Vale 
la pena pasar revista a la familia pinga para esclarecer la filiación. Empe- 
zamos por la acepción que nos parece ser la original. 


IL. gotear, chorrear, hablando del agua que cae del tejado. 

Encontramos esta acepción con suma frecuencia en los dialectos occi- 
dentales, agregándosele además la de “venir empapado” (en los dialectos 
expresamente indicados abajo): pingar “gotear, venir empapado, chorrear” 
en la prov. de Mérida (Zamora Vicente 51), pingal “caer gotas” en la 
prov. de Cáceres (VKR II, 85), “Agua menudita cae / Como pingan 
los canales! canción popular de la prov. de Salamanca (Lamano), pingar 
“gotear, chorrear, soltar humedad, pringar” prov. de León (Getino), 'go- 
tear”, al lado de pingada “gota” Maragateria (Garrote ?, 293: vengo pin- 
gando; Vaceitera pinga porque está rota; también en sentido activo: Con 
esa vela encendida has pingado todo el suelo); vengo pingando del monte; 
en agosto pinga el mosto Bierzo (García Rey), pingar “gotear' Bierzo 
(Fernández y Morales), pinga “gota', fuente la pinga topónimo NO de 
León (Alvarez, Babia - Laciana 322, 163), pingu 'gota que cae del te- 
jado' SO de Asturias (cp. también Munthe 84), pingar “gotear lo que 
está empapado en algún líquido”, pinga, pingarala, pinguia “gota” bable 
occidental (Acevedo), pingar “caer gota a gota un líquido de cualquier 
sitio", al lado de pingayar en el bable central (Canellada; Braulio Vigón), 
pinga “gota de agua”, pingar “caer gotas de agua: pingar la ferrada, y pin- 
gar los techos y la ropa de la colada”, pinga también =" destila, echagotas 
de agua” en el bable (Rato y Hévia); gall. pinga 'gota de cualquier lí- 
quido”, pingando 'goteando, estar mojadísimo o chorreando agua”, pingar “caer 
un líquido gota a gota” (Cuveiro Piñol, Valladares), Finisterre pingada 
= 'gota que se va desprendiendo de la vela”, 


Encontramos la misma acepción en Portugal donde parece estar limi- 
tada al Norte: pingar “ir caindo gota a gota” (Goncalves Viana II, 272), 
trazer o capote a pingar (Figueiredo) ; en el Alto Minho distinguen de la 
manera siguiente:-pinga “infiltragío de água da chuva no telhado”, pingueira 
“gota de água que cai do beiral, considerada isoladamente”, pingueiro “pin- 
go de chuva' (RL XXV, 190; véase sobre el valor del sufijo - eiro, - eira 
C1. Basto, Miscelánea de estudos em honra de D. C. Michaelis de Vas- 
concellos, pág. 382); Tras os Montes pingas-morias 'água que sempre 


entra pelo telhado' (RL XXXV, 269); Entre - Douro - e- Minho: No 


84 F. KrUcER 

més de janeiro cada pinga um centeeiro, refrán (Aug. C. Pires de Lima, 
Estudos etnográficos, filológicos e históricos. Pórto, 1948, III, 338); 
Turquel pingalháo “grande pingo: cairam alguns pingalhóes” (RL XXVIII, 
122). Hállase el verbo también en sentido activo: a candeia pinga azeite 
(Figueiredo). 

Cabe agregar a los derivados de pinga citados arriba (pingada, pin- 
guia, pingarata, pingalháo) una pingota de sangre San Ciprián de Sanabria, 
un pinguín de tseite “una gota de leche” en el bable occidental (Munthe). 
Demuestran estos ejemplos y otros citados arriba que los vocablos pingar 
y pinga pueden aplicarse a gotas de cualquier líquido como aceite, mosto, 
leche, etc. 

Dedúcese de los ejemplos citados además que los vocablos pingar - 
pinga empleados en el sentido primitivo están particularmente arraigados en 
el Noroeste. En otras partes de la Península su empleo parece ser mucho 
más raro. Encontramos, sin embargo, pingar 'chorrear: estar pingando de 
agua” en andaluz (RHi XLIX, 547), pingar las canales = "caer el agua 
pluvial en los tejados* en Aragón (Borao; Pardo Asso), pinga usado en 
sentido general “goutte, tache', una pinga de sangre, pinguiar 'gotear” en 
judeo-español (C. M. Crews, Recherches sur le judéo-espagnol dans les 
pays balkaniques. Paris, 1935, págs. 261, 311; Lauria, A Study of the 
Monastir Dialect. New York, 1930, pág. 236) y la forma con r interca- 
lada pringa “gota de cualquier líquido”, pringar 'caer gotas de agua, llo- 
viznar, comenzar a llover” en partes de Hispanoamérica (Santamaría). 

Pueden compararse con la raíz onomatopéyica ping - los ejemplos si- 
guientes: pin, pin “sucesión de cosas, continuidad de detalles, al parecer 
insignificantes” Maragatería (Garrote? 292); xim-xim 'el soroll de la 
pluja menuda poc abundosa' en catalán (Griera, Tresor XIV, 324); 
fuente | pimpanu, 'nombre de una fuente que mana por diferentes salidas y 
cae el agua gota a gota desde bastante altura?” NO León (Alvarez, Ba- 
bia-Laciana 163) ; pincho, pincharreira 'água que cai da boca duma fonte; 
chuvisco” Alto Minho (RL XXVII, 273-274); a bisbilera “modo de 
caer de un líquido a, gotas muy frecuentes', pizpirón “nombre de una fuente” 
NO León (Alvarez, Babia-Laciana, págs. 242, 36), chischís, chinchín, 
chipichipi en Hispanoamérica (Corominas, RFH VI, 3, 4) y otras va- 
riantes que citaremos más adelante (pág. 85). 


II.  loviznar, llover. 

En algunas regiones el vocablo pingar ha tomado el sentido especial 
de lloviznar, lluvia menuda. Hállanse además otras formas onomatopéyicas 
de carácter parecido: 


Etimologías hispánicas 87 

pingar “chover em gotas pequenas e intervaladas', “chover pouco”, 
pingalhar “chuviscar' en portugués (Goncalves Viana II, 272; F igueiredo : 
comecou agora a pingar); pingueiro “pingo de chuva' Alto Minho (RL 
XXV, 190), pinga “gota de lluvia' Sierra de Gata (VKR II, 85). 

pinguijar, pinguijiar, pinguitiar, pinguetear prov. de Salamanca (La- 
mano; Llorente Maldonado de Guevara 242). 

pinijar 

peñijear 

pintear, pintiguar, pintonear “lloviznar' prov. de Salamanca (Lamano), 
pintear llover en cantidad muy escasa” Maragatería (Garrote ?294), “em- 
pezar a llover o gotear Aragón (Pardo Asso) y en otras partes de la 
Península (?). 

pringar “lloviznar” Méjico (Santamaría). 

pincho, pincharreira “chuvisco” Alto Minho (RL XXVIII, 273, 274). 

pispiar lloviznar” Salta - Argentina (Vic. Solá, Diccionario de regio- 
nalismos de Salta, Buenos Aires, 1947). 

chispa “gota de lluvia” Sierra de Gata (VKR IT, 85), acepción men- 
cionada también por la R. Academia; chispita “gota de lluvia menuda y 
escasa”, chispear “lloviznar” Canarias (Pérez Vidal, Nombres de la lluvia 
menuda en la isla de La Palma. RDiTrPop V, 189, estudio valiosísimo 
en el cual el lector encontrará un gran número de formas onomatopéyicas) ; 
chispear “lover en forma menuda” también en partes de la Argentina (Men- 
doza, Salta, etc.), según Santamaría “rociar, esparcir un líquido en gotas 
menudas; propalar mentiras”. 

chisca “gota o poco de cualquier líquido”, al lado de chisco “trago de 
vino” en Galicia (Cuveiro Piñol) y bable occidental (Acevedo) y chiscar 
“salpicar con gotas” en asturiano (Acevedo), al lado de chiplatar “hacer 
saltar agua; salpicar al pisar en un charco” (Canellada) ; port. chisco, chis- 
ca “bocadinho”. 

chisgo “chorro que brota súbitamente” Canarias (S, de Lugo). 

chisguetear, chisquetear, etc. “lanzar, arrojar o echar un chorro o chis- 
guete' en hispanoamericano (Santamaría). 

chischear 'caer nieve menuda” Salta (V. Solá). 

chillisca lluvia menuda” Bolivia. 

chinga d'auga ou de azeite “pinga, poucochinho” Bailo (Leite de Vas- 
concelos, Opúsculos 11, 482), beber a chinguerete 'a chorro” Bierzo (Gar- 
cía Rey). 

Demuestran chisca y chinga que con la acepción de gota se relaciona 
fácilmente la de pequeñez representada también por los ejemplos siguientes: 
chis, chisgo “muy poco' en el bable occidental (Acevedo), cisca “munha, 


86 F. KrUcER SN . 

rama de pinheiro, etc.” (Leite de Vasconcelos, Opúsculos II, 500), cispa, 
-e 'cisco = migalhas pequenissimas” Algarve (Estanco Louro, O Livro de 
Alportel, 233), pizcas 'trozos de carne, etc.” Aragón (Arnal Cavero, 25), 
etc., lisca “pizca, porción pequeña” en gallego (Valladares), pisca, nisca, 
nica, “fragmento” Azores (L. da Silva Ribeiro, Linguagem popular da 
llha Terceira. Angra do Heroísmo, 1934). Trátase en todos estos casos 
(a los que podrían añadirse muchos más) de formas onomatopéyicas, ““mots 
expressifs”. Acierta pues Meyer - Liibke, REW 1929, poniendo en duda 
la etimología CINISCULUM propuesta por C. Michaelis de Vasconcelos 
para port. cisco y repetida por nuestro fallecido amigo Cl. Basto en su va- 


lioso estudio sobre Nomes das agulhas secas publicado en RL XIX, 262. 


III. Relaciónanse estrechamente con los significados mencionados 
arriba los significados siguientes: 

gota de aguadilla que destila la nariz: 

pingo 'mucosidade nasal” en portugués (Figueiredo), pinganilla “se 
dice de la persona a quien se le asoma por la nariz la gota de aguadilla” 
en gallego (Cuveiro Piñol; Valladares), pingor a nariz en Finisterre (W. 
Schroeder), vocablos a que se parece minh. pincháo “ranho pendurado do 
nariz” (RL XXIX, 263). 

llorón: 

pingo, pingón = pingalaceira “el llorón quejumbroso” Galicia (Cu- 
veiro Piñol). Compárese al revés chorume, churume “llovizna, jugo” en las 
Islas Canarias que Pérez Vidal, en el artículo antes citado, relaciona 
acertadamente con PLORARE llorar. 

menstruación, etc.: 

pingadeira “fluxo menstrual” Tras os Montes (RL XXXV, 269; 
Figueiredo), “blenorheia” en el chulo portugués (Figueiredo). 

grasa de cerdo derretida: 

pingo “grasa de cerdo derretida, manteca' en el bable occidental (Ace- 
vedo) y en sanabrés. Compréndese perfectamente tal empleo del vocablo 
tomando en cuenta la filiación semántica que observamos en portugués: 
pingo = gota - gota de gordura - gordura - banha de porco derretida (Fi- 
gueiredo); port. pingadeira “vaso em que se recolhem os pingos de carne 
que se assa' Minho (Figueiredo; Goncalves Viana II, 272), “torneira ou 
assadeira de barro” (Boaventura, Vocabulário minhoto 11, 97), “vaso de 
barro, de forma oblonga, de ir ao forno' Minho (RL XIV, 163). 

Será difícil separar cast. pringue “lo que destila de sí el torrezno cuan- 
do se asa” (Covarrubias), “la grassa, substancia o xugo, que se sale del 
tocino u otra cosa crassa, aplicada al fuego” (Dicc. Autoridades), pringar 


Etimologías hispánicas - 87 
“lardar lo que se assa', “manchar con pringue' (ib.), pringada “la rebanada 
de pan empapada en pringue” (Dicc. Autoridades), hoy día en Andalucía 
“rebanada de pan con carne, tocino y morcilla” (Wenceslada); extrem. 
empringarse “mancharse con pringue (RCEstExtr XIV, 291), etc. 
Dada la equivalencia semántica de pinga - pringa “gota”, pingar - 
pringar 'lloviznar” y pingar - pringar “salpicar, manchar', ya no se puede 
dudar de su origen común, el que habrá sido pinga, pingar, En cuanto a la 
r epentética me inclino a considerarla como un refuerzo articulatorio muy 
comprensible en una forma onomatopéyica tan expresiva. 


IV. Es notable el empleo transitivo del verbo pingar, etc. en el sen- 
tido de “manchar, salpicar”: 
port. a candeia pinga azeite. 
leon. has pingado todo el suelo. 
bras. pingotear 'pingar: a roupa está toda pingoteada de sebo (L. C. 
de Moraes, Voc. sul-rio-grand. 179). 
salmant. espingurrear “salpicar de lodo, embarrar” (Wagner, ZRPh 
LXITI, 361). 
astur. espingorretiar “manchar algo con gotas; dejar caer en el vestido 
gotas de comida” (Canellada), etc. 
Corresponde a la forma occidental (y brasileña) pingar la variante 
pringar en castellano e hispanoamericano: “salpicar, arrojar o echar gotas o 
pringas” (Santamaría). 


V. Forman un grupo semántico aparte las palabras que implican 

la idea de trago de vino, vino, borracho: 

beber uma pinga — “oferecer uma pinga (gota) ás visitas' en el Nor- 
te de Portugal (Tavares da Silva, Esbógo dum vocabulário agrícola regio- 
nal, pág. 344), popular pinga 'um copo de qualquer bebida: foram beber 
uma pinga” (Figueiredo). 

En Portugal y en Galicia los bebedores entienden bajo esta voz el 
vino en general. Derivados: port. pingalho “porcío de bebida” (Figueire- 
do), pingato “vinho bom” Viana do Castelo (RL XVI, 264), pingoleta 
“pequena porcáo de vinho para beber” (Figueiredo). 

El individuo dado a la "pinga recibe varios nombres según el estado 
alcohólico en que se encuentra: estar com a pinga, estar com a pinga a mais 
“algo ébrio” (Tavares da Silva, 213), pingueiro “quasi bebado” Tras os 
Montes (RL XII, 115; XVI, 264), Minho (RL XXV, 190), pingolas 
“individuo dado ao vinho, um tanto ébrio' (Figueiredo), gall. pingoso “bo- 
rracho, achispado' (Cuveiro Piñol), port. pingalhado 'um pouco pertur- 


88 F. KrUcER 
bado por bebida alcoólica; pechingado” (Figueiredo), pingurrio “ebrio cou- 
tumaz” (Wagner, ZRPh LXIII, 362). 

Corresponde a pinta “gota” (véase pág. 85) una pinta de vino = 
“un trago de vino' en sanabrés, leonés, etc., a chisca “gota” (pág. 85), 
gall. astur. chisco “un trago de vino” (Cuveiro Piñol; Acevedo), con la 
misma acepción chisguetazo en Guatemala (Santamaría); compárense tam- 
bién pisto “trago de vino” en partes de Aragón (P. Arnal Cavero 25) y 
mejicano (Santamaría) y los derivados de pip-: pipo, pipajo, piponcho 
“el que bebe con exceso”, apiporrar, pimporrar “beber excesivamente”, cita- 
dos por M. L. Wagner, ZRPh LXI!, 361 (zu pipa *Fásschen', aber 
auch wohl lautmalend), barros. impinar “beber” (RL XXXV, 247) (2). 


VI. Relaciónanse estrechamente con pingar 'gotear' los significados 
siguientes : 

pingar “caerse las castañas o las nueces” en el Bierzo (Fernández Mo- 
rales; García Rey). 

pingar, pinguijiar, pinguitiar, peñijear “sembrar las legumbres una a 
una” Salamanca (Llorente Maldonado de Guevara, Estudio sobre el habla 
de la Ribera 242). 

En sentido abstracto port. pingar 'dar proveito successivamente: a 
mendicidade é o oficio que vai pingando” (Figueiredo), andal. pingorrear 
“vender cara una cosa” (Venceslada). 

pingar “brincar, saltar” (Dicc. Ac. Esp.), mejor dicho 'balancearse 
dos individuos sobre un madero” en la provincia de Santander (García - 
Lomas; Alcalde del Río, Contribución al léxico montañés. Santander, 
1933, pág. 18, con dibujo), onomatopéyico que corresponde perfectamen- 
te a astur. xingar, xiringar 'columpiarse” (Munthe), andar a la xingadiella 
“columpiarse' (Canellada, Cabranes 366) y otros onomatopéyicos por el 
estilo (berc. acingar, gall. chinchar, etc., empleados en el mismo sentido) ; 
barros. pinchar “saltar, voltar”, pincho “salto” (RL XXXV, 269). Perte- 
necen tal vez al mismo grupo semántico santand. bola pingona “en el juego 
de bolos: bola tirada con cierta desenvoltura” (García - Lomas) y pingona 
“moza llevada de zarandeo de los mozos' (Alcalde del Río 18). 

No sé si hay que incluir en este grupo también and. pingané “juego 
de muchachos” (Venceslada) y chil. pinga 'peonza' (Román). 

pingar “cabecear com somno, estar a cair de somno' Tras os Montes 


(RL XIL 115). 


VII. Derivados de pinga, pingar: 


Etimologías hispánicas 89 


pingueira, pingueriña “gotera” en Galicia (Valladares), pinganillo 
“canelón” en el Bierzo (García Rey). 

pinganeta “caño por donde sale el chorro de una fuente' en el bable 
central (Canellada, Cabranes 299). 

pinganexu 'caño de una fuente que corre muy poco”, “trapo que se 
pone en la pinganeta para facilitar que caiga el chorro de agua 
que es ecaso' en el bable central (Canellada, Cabranes 299). 

espingayar 'caer en pingajos' bable central (Canellada 205), en sen- 
tido abstracto se dice del que no tiene fuerza ni ánimo para ha- 
cer nada” (ib, 205). 

espingurrear “salpicar de lodo” Salamanca (M. L. Wagner, ZRPh 
LXII, 361). 

espingorretiar 'manchar algo con gotas; dejar caer en el vestido gotas 
de comida” en el bable centra] (Canellada 205). 

pingotear “pingar: a roupa está toda pingoteada de sebo” Río Gran- 
de (L. C. de Moraes, Vocabulário sul-rio-grandense). 

pingada “gota que se va desprendiendo de una vela de cera' Finiste- 
rre, “gotas de aceite que se echan a los pimientos' Bierzo (Gar- 
cía Rey), “gota, lamparón, mancha de aceite, cera u otra subs- 
tancia grasienta” Maragatería (Garrote). 

pingaretes “gotas de un líquido cualquiera” en Asturias (Rato y Hé- 
via). 


VIII. Con la idea de la gota que cae del alero del tejado se com- 
bina fácilmente la de una cosa pendiente. Encontramos el verbo pingar tan 
arraigado en el NO y Oeste en el sentido de *gotear”, también con la acep- 
ción de “estar algo prendido, colgando de un sitio”, tanto en la provincia 
de Santander (García Lomas s. v.) como en asturiano (Canellada, Ca- 
branes) y leonés (Garrote); astur. pingón “un vestido que cuelga más de 
un sitio que del otro; lo que está pingando” (Canellada), leonés Este ves- 
tido pinga por delante, hace un pingo (Garrote). 

La comparación con la gota pendiente y los lindos cristales que en 
invierno se van formando de las gotas heladas han originado además un 
gran número de designaciones, en parte muy graciosas: 


carámbano de hielo que cuelga de un tejado: 

pinganexu en el bable central (Canellada 299). 

pinganilla en gallego (Cuveiro Piñol), pinganillo Maragatería (Ga- 
rrote), Salamanca (Lamano). 


90 F. KRUGER 


pinganielo Rionor de Castilla - Sanabria, pinganeis, pinganelos Tras 
os Montes (RL V, 100). 
peringayu de jiada Orense (Schneider, VKR XI, 276) < pingayu. 


otros objetos pendientes: 

pinganillo “prisma de cristal; toda señal o adorno pendiente” Mara- 
gatería (Garrote); “adorno colgante; cuando es un arrapiezo 
se llama pingajo” prov. de León (Getino); “trozo de piel col- 
gante que se corta en la badana al ganado vacuno, para seña- 
larlo; marca del ganado vacuno” (Lamano). 

pingallo 'colgajo” Bierzo (González y Morales). 

pingallu, pinguelo “úvula” Orense (Schneider, VKR XI, 276). 

pingajo “arrapiezo que cuelga de alguna parte” (Dicc. Ac. Esp.) 


nature de l'homme: 
pinga en asturiano (Rato y Hévia; también = “punta'), en Méjico 
y Cuba (Santamaría, al lado de picha, pija, picho). 

pingo en partes de la Argentina (Vic. Solá, Salta 228), al lado de 

pisco. 

piringola en el bable occidental (Acevedo, también punta). 

Puede que en este caso haya intervenido la idea de pingar “gotear', 
según demuestran los vocablos siguientes empleados en el mismo sentido y 
relacionados con pichar “orinar': arag. picha, pichorra etc.; pixa (x = pa- 
latal fricativa) en el bable occidental (Acevedo), gall. picha, pichola, 
pixa (Valladares), al lado de picho = “caño por donde sale el agua de 
la fuente; la nariz o pico de una jarra” (Cuveiro Piñol), picha en el NO 
de León (Alvarez, Babia-Laciana) y en portugués, murc. pichin “parte 
genital de la mujer”, al lado de pijo “miembro viril" (García Soriano; Ra- 
mírez Xarriá); vascuence (siz “orinar' - tsitsil “miembro viril” (Azkue), etc. 

Pertenecen al mismo grupo semántico minga en Asturias y León, según 
ya señaló M. L. Wagner, ZRPh LXIII, 356 nota, cruce con mear; mín- 
galha Barcelos (Gomes Pereira), al lado de migalha Beira Baixa (RL 
XI, 159) que parece representar una forma secundaria bajo la influencia 
de migalha = pequeño fragmento; alent. mingorra (Wagner, 257) ; tras- 


mont. meringalha “penis da crianca” (RL XXXV, 258). 


percha, palilo, puente improvisado: 

pinga “percha que sirve para conducir al hombro cargas colgadas en 
las dos extremidades del palo Filipinas (Dicc. Ac. Esp.), Ma- 
cau (Figueiredo). 


"y 


Etimologías hispánicas Ol 
pinguelo “pauzinho” Minho (RL XXV, 190), pinguélo, pinguela, 
pinguelinha “ponte pequena para passar um ribeiro' Minho (Lei- 
te de Vasconcelos, Opúsculos II, 252, 504). Encontramos 
exactamente la misma acepción en el Brasil: pinguela “pau atra- 
vessado sobre um riacho, ou cambóa para dar passagem de um 
a outro lado” (Pereira da Costa, Vocabulário pernambucano), 
“pequena ponte improvisada” (L. C. de Moraes, Vocabulario 
sul-rio-grandense). Parece representar una acepción secundaria 
minh. pinguela 'pedra única que, em meio de um regato estreito, 
facilita a passagem” (Figueiredo). Compárese sobre los tipos de 
puentes primitivos Hochpyrenáen A II, 393 y siguientes. 
pinguela 'pauzinho, com que se arma o lago para apanhar aves”, 'gan- 
cho com que se armam ratoeiras” (Figueiredo). 
pingarelho “parte da aramenha que serve para a armar” Entre - Dou- 
ro - e- Minho (Leite de Vasconcelos, Opúsculos II, 504), “ra- 
toeira, qualquer coisa mal segura e prestes a cair” (Gomes Pe- 


reira, Barcelos 271). 


punta, parte elevada, montón: 

pinga “punta” Asturias (Rato y Hévia). 

pingar 'poner una cosa derecha y vertical” (J. Casares, Dicc. ideo- 
lógico), “alzar la bota para beber” Aragón. 

pingo “madero delgado y recto que se coloca en las cubiertas de las 
casas” Ecuador (Santamaría). 

pinganillo 'zoquete o cualquier objeto que se coloca para subirse uno 
y poder alcanzar lo que está alto” Méjico (Román, Dicc. chi- 
leno IV, 296). 

estar en pinganetas “estar en cuclillas; estar mal sentado o acomoda- 
do, en peligro de caer' Aragón (Borao); en sentido figurado 
cast, estar en pinganitos “hallarse en puestos elevados o en bue- 
na fortuna': y que los que ayer estauan en pinganitos, oy están 
por el suelo (Cervantes). 

estar en pinganillas 'cosa que por mal sentada está en riesgo de caer- 
se” Méjico, “de puntillas", a la pinganilla “llevar el sombrero in- 
clinado” Costa Rica (Santamaría). 

pingote “montón de piedras” Extremadura (RCEstExtr XIV, 75). 

pingorota, pingorrota “la parte más alta de cualquier cosa encumbra- 
da”, 'lo más alto de una torre o de un peñasco”, al lado de pico- 
rola, picurula en la provincia de Salamanca (Lamano; RFE VII, 


355). 


92 F. KrUcER 


píngano “montaña de cima muy puntiaguda” Andalucía (Venceslada). 

pingorotado “colocado en sitio alto” Santander (Alcalde del Río). 

pingorotudo “empinado, alto o elevado” (Caballero, Dic. de mo- 
dismos). 

pingorongo “pico irregular y mal hecho” (Santamaría). 

pinguruta “elevagáo, eminencia, altura” (Pereira Costa, Vocabulario 
pernambucano 578). 


IX. Relaciónanse estrechamente con los significados mencionados 
en el párrafo anterior los vocablos que designan 
una persona de grande estatura: 
pingáo Beira, al lado de “roto, sujo” (1) (Figueiredo). 
pingón “grandullón, bigardo” Murcia (García Soriano). 
pingayón “muchacho crecido que no quiere trabajar', aumentativo de 
pingayo, femenino pingayua, en el bable occidental (Acevedo). 
peringayo “muchacho muy crecido y delgado que no quiere trabajar”, 
con un elemento infixal bastante frecuente en el NO (cp. pin- 
gallu > peringallu de jiada *carámbano” VKR XI, 276) en 
el bable occidental (Acevedo). 
pingorca “mulher alta e deselegante” Beira (Figueiredo). 
pingúrria “mulher desairosa ou desmazelada” (Figueiredo). 
Es significativo el elemento despreciativo que se combina con el sen- 
tido original. 


X. La idea de pinga, gota, implica necesariamente la de una cosa 
insignificante, sin valor, despreciable. Así la forma monosílaba Tropf de- 
rivada de Tropfen = “gota” significa en alemán un pobre infeliz, necio y 
miserable. En las lenguas romances la palabra correspondiente “gota” GUT- 
TA sirve de partícula de negación reforzativa = 'nada': francés je ny 
vois goulie, je n'y entends goutte; prov. ni a pas gouto “il ny ena pas”, lou 
diable ¡ entend goulo “il est impossible d' y rien comprendre” (TF); cp. 
FEW IV, 349 y sig.; cat. gota 'bri, mica, partícula” (Griera, Tresor), 
no hi veu gota; no hi ha gota de blat, de llenya; no té gola de vergonya 
(Dicc. Aguiló); ant. cast. E yo con pesar grande non puedo desir gota 
(J. Ruiz 1518 c). 

En portugués pinga y pingo conservan el valor de 'pequeníssima quan- 
titade de líquido'; pero encontramos en el brasileño la acepción más ge- 
neral “cousa pequena: pedacinho, bocadinho, tiquinho”, 


El valor despreciativo que adhiere a pinga, pingo se revela en designa- 


Etimologías hispánicas 93 
ciones de objetos y más todavía en denominaciones de individuos desaseados 
y miserables. 


objetos de poco valor: 

pingo “harapo, andrajo” Aragón; “vestidos de mujer cuando son de 
poco precio, aunque estén en buen uso o sean nuevos” en cast. familiar 
(Dicc. Ac. Esp.). 

pingajo '“arrapiezo que cuelga de alguna parte en cast. familiar (Dicc. 
Ac. Esp.), pingallo en gallego (Valladares), pingalho en portugués “fa- 
rroupilha* (Figueiredo). 


individuos desaseados y miserables: 

pingo “sustantivo con que suele designarse al que es demasiado suelto, 
haragán y desaseado; generalmente se aplica a la mujer” Aragón (Borao) ; 
“inútil” empleado como insulto en Salamanca (Llorente Maldonado, Ribe- 
ra 242 s. v. peal). 

pinga “homem sem dinheiro, pelintra” (Figueiredo). 

pingón “miserable, pedigiieño, andrajoso, lacerado', al lado de pinga- 
laceira, Galicia (Valladares). 

pingáo “individuo maltrapilho” Minho (RL XXV, 190), “homem 
timorato” Minho (RL XXIX, 263), “palerma, pacóvio” (Gomes Pereira, 
Barcellos 271), “roto, sujo' (Figueiredo), 'pessoa miserável e inmunda' 
(Lima-Barroso, Peq. dic. brasileiro da língua portuguesa). . 

pinguinho “individuo fraco, pusilanime” Brasil (Pereira Costa, Voc. 
pernamb.) ; véase arriba — “pedacinho'. 

pingajoso 'haraposo” (Dicc. Ac. Esp.). 

pinganilla “desmadejado, flojo, desvaído” Galicia, también = “gota 
en la nariz” (Valladares) ; *petimetre, futre' en muchas partes de Hispa- 
noamérica (Lenz, Dicc. et. 599). 

pinganillo, - a “persona rechoncha, cachigordeta? Colombia (Santa- 
maría; Tascón, Cauca), 'mequetrefe, chiquitín, también = “pantalón lar- 
go” en partes de la Argentina (V. Solá, Salta 228). 

pinguelo 'rapaz ou rapariga apalermada' Tras os Montes (RL XV, 
335). 

pingajiento “pingajoso, harapiento” Andalucía (Venceslada). 

pingalaceira “andrajoso, miserable, pedigiieño, lacerado” Galicia (Cu- 

veiro Piñol). 

pingalho 'pessoa desmazelada no vestir; farroupilha” (Figueiredo). 

pingarelho 'pelintra; homem esfarrapado” (Figueiredo). 

pingarelheiro “pelintráo; mal humorado' Minho (Boaventura). 


94 F. KRUGER 


pingúrrio “pobretáo, pelintra” (Figueiredo), pingúrria “mulher desai- 

rosa ou desmazelada' (Figueiredo). 

pingorongo “niño pequeño y aun despreciable”, “irónicamente, feto hu- 

mano” en Hispanoamérica (Santamaría), etc. 

Aplícanse tales designaciones despectivas particularmente a mujeres, 
como lo indican algunos de los ejemplos citados. Cabe agregar los siguien- 
tes: 

pinga “mujer callejera, en vez de pindonga' Guadalajara (Vergara, 
Através del dicc. de la lengua española). 

andar, estar, ir de pingo “se moteja a las mujeres más aficionadas a 

visitas y paseos que al recogimiento y a las labores de su casa” 
(Dicc. Ac. Esp.). 

pingona “moza llevada de zarandeo de los mozos' Santander (Alcal- 

de del Río). 

pingorear 'pindonguear” Salamanca (Lamano). 

pingonear, al lado de pindonguear 'callejear” Aragón (Pardo Asso). 

pingorca “mulher alta e deselegante' Beira (Figueiredo). 

pingúrria “mulher desairosa ou desmazelada' (Figueiredo). 

pingucha “muchacha despreciable, ordinaria”, pinguchita *mujer del- 

gada, flaca, pero no despreciable' (Román, Dicc. chileno 1V, 
298). 

Dentro del gran número de vocablos que se refieren a defectos hu- 
manos ocupan un grupo aparte los que designan el callejear y la mujer 
callejera. Parece que hay que relacionarlos con pingo, pinganillo emplea- 
dos en el sentido de “elegante, pretensioso”, según veremos adelante. 

Pertenecen a este mismo grupo, según indica la congruencia semántica, 
los vocablos siguientes: 

pindonga “mujer callejera” (Dicc. Ac. Esp.). 

pindongo “persona que, desatendiendo sus propios quehaceres, se mez- 

cla en los de los demás; haragán, callejero” Extremadura (L. 
Chamizo, Miajón de los castúos; RCEst Extr XVI, 42); pin- 
donguera “pindonga” Maragatería (Garrote, al lado de pendo- 
near 'corretear, callejear'”, pendanga “mujer perdida»; pindon- 
guear “callejear” Galicia (Valladares); pindongueo “acción de 
pindonguear” Andalucía (Venceslada), pindonguero 'callejero 
que gusta de pindonguear” Murcia (García Soriano), pindongo 
“persona callejera”, pindonguera “pindonga, mujer callejera” 
Aragón (Pardo Asso), pindonguera 'pindonga” Alava (Barái- 
bar), etc. 

No veo ningún inconveniente en relacionar estos últimos vocablos di- 


Etimologías hispánicas 95 
rectamente con el grupo ping- Trátase probablemente de una metátesis a la 
que habrá contribuído la equivalencia acústica (arag. pingonear - pindon- 
guear). Pero puede también que haya influído el grupo pendonear, pen- 
dolear “disipar el tiempo, callejear', pendonero, pendolero “que siempre está 
de aquí para allá” Aragón (Pardo Asso; Borao), pendonear empleado en 
el mismo sentido en Navarra (Baráibar) y en la Maragatería (Garrote), 
pendejona “mujer despreciable” en la sierra cantábrica, grupo que evidente- 

p mente tiene un origen distinto (cast. pendón 'bandera' etc.). 
Aparecen con un sentido distinto: 
pingo “muchacha viva”, también = “caballo vivo", en partes de la 
Argentina (Vidal de Battini, El habla rural de San Luis 341- 
342) al que puede agregarse mejic. pingo “niño travieso”, tam- 
bién = “diablo” (Santamaría). 

pinganillo “elegante, bien trajeado o pinchuleado' (Ciro Bayo, Voc. 

criollo - español - sud-americano), “elegante, currutaco, bien ves- 
tido” Bolivia (Santamaría), pero pínganilla también = “persona 

' pobre con pretensiones de elegante y, por eso mismo, algo en- 
tremetida; petimetre, pisaverde” (Román, Dicc. de chilenismos 
IV, 296; Santamaría: en Centro y Sur América). 

Apuntemos de paso que son frecuentes para designar cualidades pa- 
recidas vocablos de valor marcadamente expresivo: 

pincho 'elegante, bien vestido, jacarandoso” Extremadura (Zamora 

Vicente, Mérida 125), “guapo” Andalucía (Toro y Gisbert, 
RHi XLIX, 456), pinchito mozo pinturero en el vestir y en 
su apostura” Andalucía (Venceslada), pincho “majo, valentón' 
Murcia (García Soriano), cat. pinxo “audac, valent, atrevit, 
inf. pinxejar “gallardejar” (Griera, Tresor XI, 317), pincho 
“elegante, bien vestido”, 'bravucón, orgulloso", pinchar “hacer el 
pincho' Aragón (Pardo Asso), pincho “guapo mozo, presumido” 
Alquezar (Arnal Cavero). 

pisco “sujeto presuntuoso, vano y esponjado' en partes de Hispano- 

américa (Santamaría). 

pispo “'mono, majo, muy guapo; amanerado' Colombia (Santamaría). 

pispa “muchacha vivaracha* Canarias (Lugo). 

pispitilla “mujer delgada, inquieta, viva” (Santamaría). 

' pizpireta citado en el mismo sentido por el Dicc. Ac. Esp. 

La acepción de 'vivo”, “elegante” que se da a pingo y pinganillo res- 
pectivamente, es relativamente rara y sólo se encuentra en Hispanoamérica. 
En la Península Ibérica el sentido de pingo (etc.) aplicado a personas es 
marcadamente despectivo, Tal distinción no puede ser el juego de mero 


96 F. KrUcer 


azar. Encontraremos la explicación del matiz hispanoamericano en el capí- 
tulo siguiente. 


XI. caballo vivo - caballo malo, 

En los países americanos el vocablo pingo aparece con un sentido es- 
pecial. Designa en la Argentina y en el Brasil el caballo bravo mientras 
que en Chile se aplica a un caballo malo: 

pingo caballo bueno, ligero, corredor” en la Argentina (Román, Dicc. 

chileno IV, 297; Lenz, Dicc. et. 599; Tiscornia, Martín Fie- 
rro comentado y anotado. Buenos Aires 1925, págs. 461-462; 
Saubidet, Vocabulario y refranero criollo: “caballo brioso, lige- 
ro y de buenas condiciones”, etc.), 

pingo “cavalo bom, vivo, fogoso, vistoso” en el Brasil (L. C. de Mo- 

raes, Voc. sul-rio-grandense), pingago “superlativo de pingo', 
pingada “porcáo de pingos' (ib.). 

En cambio 

pingo “caballo malo, caballejo” en Chile (Román IV, 297). 

¿Cómo explicar significados tan contrarios? En cuanto a pingo = 
“caballo ligero" podría pensarse en una relación con el vocablo peninsular 
pingar “brincar, saltar” (pág. 88) tanto más que existe en partes de His- 
panoamérica el verbo pingotear "hacer corvetas, dar saltos; dícese especial- 
mente de las caballerías” Bolivia (Santamaría). Pero observamos ya antes 
que el verbo pingar = “brincar, saltar” está limitado a una región restrin- 
gida de la Península (Montaña de Santander) donde ha aceptado además 
un sentido muy especial ('columpiarse'). No encontramos tampoco en el 
resto de la Península una base sólida para explicar el sentido afectivo que 
se da a pingo en la Argentina, siendo el valor semántico de esta palabra en 
España y en Portugal marcadamente peyorativo y despectivo. 

Llegamos pues a la conclusión de que el sentido original que se daba 
en Sudamérica a pingo “caballo” debe haber sido el despectivo o sea el que 
todavía hoy día se ha conservado en Chile. Pasando por la etapa “cual- 
quier caballo” que también se observa en Chile ('“Dígame, compañero, 
cuánto le costó su pingo”, Román IV, 297) el pingo, como ya observó E. 
F. Tiscornia en su reciente comentario de “Martín Fierro”, fué elevado a 
una categoría superior por gracia de los paisanos gauchos conforme al valor 
que representa para ellos y al afecto que los vincula a sus caballos. Con 
este sentido ennoblecido el vocablo fué aceptado también en el Brasil. 

En vista de tales hechos la explicación de los vocablos auténticamente 
hispanoamericanos mencionados arriba ya no presenta nincuna dificultad. 
De los dos significados que dan en la Argentina a pingo 1. caballo vivo, 


e OS 


Etimologías hispánicas 97 
2. muchacha viva, el primero es evidentemente el primitivo. El verbo pingo- 
tear empleado en el sentido de “dar saltos” en Bolivia (¡dícese especialmen- 
te de caballerías!) no tiene nada que ver con parecidas formas peninsula- 
res; representa más bien un derivado directo de pingo “caballo”. Trátase en 
los dos casos de creaciones netamente americanas. En cuanto a pinganillo 
= 'elegante' parece que hay que relacionarlo con la tradición peninsular, 
tanto más cuanto que el matiz despectivo “persona pobre con pretensiones 
de elegante' tiene tanto en la Península como en América gran difusión. 


2. Designaciones de “copo de nieve” 


En el instructivo artículo que M. L. Wagner dedicó hace poco a los 
sufijos iberoromances (ZRPh LXIII, 329 y sig.) aparecen algunas de- 
signaciones de 'copo de nieve” del Oeste de la Península que tanto por la 
raíz como por su aspecto morfológico llaman la atención (ast. falopo, fa- 
rrapos, berc. farraspas, port. folhepo, folheca, etc.). Sin pretender un exa- 
men total ni la solución inmediata de los problemas que brinda la termino- 
logía de los copos, presentaré aquí una lista de sus denominaciones en los 
dialectos occidentales con el propósito de abrir paso a estudios posteriores. 

Contrariamente a lo que observamos en el interior, las denominaciones 
de los copos son de una variedad asombrosa en los dialectos del Oeste. Y 
lo que sorprende más todavía es que varían también los morfemas, vale decir 
los sufijos, contribuyendo así a crear una multitud de formas tan graciosas 
como expresivas, 

Los vocablos que no llevan definición especial en la lista siguiente 
designan los copos de nieve. 


1* farrapo, al lado de trapo (inf. trapiar), también = “trapo”, inf. 
farrapar en el bable occidental (Braulio Vigón; Acevedo) ; farrapos “chu- 
va de neve em flocos' en el Alto Minho, al lado de farrapada (RL XXIX, 
255; A Aguia XII, 37-38). 

Sea cual fuere la etimología de farrapo (véase M. L. Wagner, ZRPh 
LXIII, 329-332), lo cierto es que farrapo empleado en el sentido de “copo 
de nieve” deriva de la acepción “trapo” que se da a esta misma palabra en 
todo el Noroeste: 

farrapo “trapo, trapo sucio” en Asturias, Galicia, Bierzo, Zamora, Sa- 
lamanca (Lamano; Llorente, Ribera 236, al lado de farrapa “miga, resto 
que queda en el suero después de hecho el requesón”) y Portugal ('pedaco 
de pano rasgado ou muito usado', “pega de vestuário, muito róta e esfarra- 


98 F. KrUGER 
pada'); en Babia farrapu “prenda de vestir abandonada en cualquier lu- 
gar' y esfarrapar “deshacer una prenda de tela” (Guzmán Alvarez) como 
en asturiano (Canellada 196), gall. “hacer harapos" (Valladares), port. 
“reduzir a farrapos, rasgar'; alent. esfarrachar “esfarrapar; arranhar;ma- 
goar” (Capela-Silva, Elvas 91). 

farrapiezu “un trapo cualquiera; prenda de vestir desechada” en astu- 
siano (Braulio Vigón; Canellada, Cabranes 215); esp. arrapiezo, 

farrapiu “rastro, residuo: Nun quedó nin farrapiu” en el bable central 
(Canellada, ob. cit.). 

farracho “pedago, bocado, crescenga de pano' Estremadura (RL 
XXXVI, 125), farrajo “pedago, bocado” Serpa (RL XXXVII, 234), 
esfarrajar “esfarrapar (RL XXXVI, 204), véase arriba esfarrachar. 

farrapero “la piel rota de un animal recién deshollado' Salamanca 
(Lamano). 

farrapeiro 'trapero” Asturias, Galicia (Carré Alvarellos), “trapeiro 
que negocia em farrapos' en el Alto Minho y Estremadura (RL XXXV, 
240), al lado de 

farroupero 'haraposo' Galicia, farroupeiro “andrajoso, com a roupa 
em farrapos Alto Minho (RL XX, 244), cruce con roupa (Wagner, 
ZRPh LXIII, 332). 

farroupilha (Figueiredo), farropilha “individuo mal trajado, esfarra- 
pado, miseravel” Barcelos (Gomes Pereira 233). 


farrapilha “farroupilha” Alentejo (RL XXIX, 220). 


1». farraspa “ligerísima capa de nieve' Babia - Laciana (Guzmán Ál- 
varez); en el Bierzo = 'copo de nieve”, también = “desperdicios de una 
cosa sólida” (García Rey; Fernández Morales, Ensayo poético en dialecto 
berciano. León, 1861); ferraspas Calabor-Sanabria; farraspadica Cabre- 
ra Alta. 

farrampios en el bable central; inf. farrampiar (Canellada). 


farroupela “camada delgada de neve' Barroso (RL XXXV, 240). 


2. faragacho “copo de nieve' y “camisa vieja” en el Valle del Rio 
Ibias, > fargachu “camisa destrozada' en los valles inmediatos de la pro- 
vincia de León (Guzmán Alvarez, Babia - Laciana 292) ; el vocablo (con 
-r- sencilla) se relaciona con faragayo “andrajo, trapo", faragayón “másca- 
ra' en el bable occidental (Acevedo); faragachu “trapo”, faragacha 'gam- 
mal trasig skjorta” = port. fragalho *farrapo' registrados por Munthe en 
el SO de Asturias. 


Etimologías hispánicas 99 


3. falapo “ampo de nieve' provincia de León (L. Getino). 

falampu 'copo de nieve” NO León: Bacia (Guzmán Alvarez 292). 

falapios Asturias (según Rato y Hévia ant. también — “trapos'). 

faloupu Laciana (Guzmán Álvarez 292), faloupas Pombriego- Bierzo. 

faloupos en gran parte del SO de Asturias (Fuejo, Bruelles, Genes- 
toso, Degaña, Vallado, Bao, Villar de Cendias en la parte leo- 
nesa del V. Rio Ibias). 

zaloupos SO Asturias (Besullo, Trones). 

falopas en la zona gallega del V. Rio Ibias, falopos en la zona co- 
lindante de la provincia de Lugo y más hacia el Norte en el bable occiden- 
tal, inf. falopar (Acevedo) ; falopas también en el Barroso (RL XXXV, 
239), donde el vocablo designa además 'la chispa que salta de la lumbre” 
(ib.), como fopa en Orense (Schneider VKR XI), Tras os Montes 
(RL XII, 99) y Beira Alta (RL XVI, 242; Leite de Vasconcelos, 
Opúsculos I, 530), falhopas (= faulhopas, de faulha) en el Alto Minho 
(A Aguia XIII, - 25) Carvalhais - S. Pedro do Sud (RL XVI, 239). 

feloupes Valle de Trabadelo -, Bierzo. 

falepas en la zona meridional de Sanabria. 

felepas en la zona occidental de Sanabria, al lado de zelepas, en el 
Este de la provincia de Orense y en la provincia de Lugo (RL VII, 212), 
con cambio de a protónica en e, fenómeno que no es excepcional en esos 
dialectos (VKR XI, 201). 

Las designaciones de “copos de nieve' registradas en los grupos 1 y 2 
(tipos farrapo - farraspa - faragacho) evidentemente proceden de la idea 
matriz de “trapo, harapo' como tantas otras de las que hablaremos más ade- 
lante. Los términos reunidos en el grupo 3 (tipos falapo- faloupa 
- falepo) tienen un origen distinto. Exceptuando el asturiano falapios que 
según Rato y Hévia antiguamente designaba también 'trapos”, no encon- 
tramos en los dialectos occidentales ningún vestigio que permita establecer 
tal conexión. Trátase más bien de designaciones cuyo origen habrá que bus- 
car en la riquísima terminología relacionada con “chispa” y cuyo foco de 
irradiación puede haber sido FALUPPA (REW 3173; Leite de Vas- 
concelos, Opúsculos 1, 530: port. fopas; M. L. Wagner, ZRPh LXIIL, 
334). 


Pertenecen al mismo grupo los dos tipos siguientes: 

4.  falispas “copos ráfagas de nieve” Maragatería, inf. falispear (Ga- 
rrote) ; compárese en cuanto al sufijo filispa, felíspa “cualquier hebra o fibra” 
en el bable central, derivado de filo (Canellada 220), port. galispo, galarispo 
“pequeno galo' (Wagner, ZRPh LXII, 342). 


100 F. KrUcER 


faliscas “nieve muy fina” Babia-Laciana (Guzmán Álvarez 292), 
vocablo que corresponde a faisca “chispa, caspa” Orense (Schneider, VKR 
Xl, 266), “ceniza ligera que sube con el fuego” Galicia (Cuveiro Piñol), 
rayo” Galicia (Carré Alvarellos), chispa, caspa” Portugal (A Aguia 
XIII, 21, 25; Figueiredo), “caspa y miga de pan' en la zona gallega de 
Sanabria; fallisca “caspa' Bierzo (García Rey). Aparecen con el signifi- 
cado de “chispa” también: faripas, fariscas en el Alentejo (RL XXXIII, 
122; XXXVII, 234). 


5.  folepas, fulepas en el SO de la provincia de Orense (Schneider, 
VKR XI, 267). 

folerpas, felerpas, inf. folerpar Galicia (Valladares); encontramos 
folerpa, inf. folerpar también en el Alto Minho (RL XX, 247), al lado 
de la forma contracta flerpa (Leite de Vasconcelos, Opúsculos II, 349) 
y en Vila do Conde (RPFil II, 149), al lado de folerca, folecra. Pro- 
bablemente hay que derivar de la misma raíz 

fíarpas que W. Schroeder registró en Finisterre, inf. fiarpar. 

foléca Entre-Douro- e -Minho (Leite de Vasconcelos, Opúsculos II, 
491), Barcelos (Gomes Pereira 234), Vila do Conde, al lado de fole- 
cra, folerca, folerpa (RPFIil IL, 149), inf. folecar, 

folheca Alto Minho (A Aguia XIL, 38), folheco 'geada” Minho 
(Tavares da Silva, Esbógo dum vocabulário agrícola regional, pág. 241), 
al lado de falhuco. 

folhepo Alto Minho (A Aguia XII, 38). 

falhoco, al lado de faloco, inf. falhocar, y falhuco en el Alto Minho 
(A Aguia XII, 38; RL XX, 244), vocablos que evidentemente hay que 
relacionar con falhopa Alto Minho (A Aguia XIII, 21, 25), falhosca 
Estremadura (RL XXXVI, 115) = “chispa. 

folhelho Madeira (RL XXIII, 134). 

El último ejemplo muestra claramente que en la Isla de Madeira hay 
congruencia completa entre la designación del copo de nieve y folhelho que 
designa comúnmente “la película que reveste a espiga do milho, o bago da 
uva, legumes, etc.” (Figueiredo), al lado de folho, folhelho, folhaco (Ta- 
vares da Silva, Esbóco dum vocabulário agrícola regional). Es esta última 
evidentemente la acepción primordial (derivados de folha “hoja'). 

El mismo concepto se da en las variantes minhotas folheco, folheca, 
folhepo. 

En cuanto a falhoco, falhuco que igualmente aparecen en el Minho, 
también podrían explicarse como derivados de folh- (con disimilación de 
la vocal protónica ante o, u tónicas); pero parece más probable que inter- 


Etimologías hispánicas _ 101 


fiera la idea de “chispa” representada por falhopa en el Alto Minho y nu- 
merosas variantes en el NO, 

folepa, foleca, folecra, folerca, folerpa, formas tan parecidas a las an- 
teriores y difundidas como éstas en el Norte de Portugal, van evidentemen- 
te asociadas con folepo, folecho, folipo, folipa = *empóla, bóla, fole pe- 
queno, etc.” (Figueiredo), derivados de fole “fuelle”, REW 3422 FOL- 
LIS, a los que cabe agregar también: folecra 'castanha chocha ou sem pol- 
pa” Tras os Montes (Figueiredo), folecra, folerca “castanha chocha ou 
sem polpa' Tras os Montes (RL XXXV, 242), folecos empleado en el 
mismo sentido en la prov. de Lugo, al lado de boleca, bolecra, bolerca en 
otras partes de Galicia y bolecra, borleca en Tras os Montes (RL I, 205; 
XV, 349), fonecra Beira (RL XIL, 313). 


6. carapella "nieve: condo chove y neva (= 'graniza”) ou fay cara- 
pella' en el bable occidental (Acevedo) tiene estrecho parentesco semánti- 
co con los términos foleca, folecra, etc. citados anteriormente, según se des- 
prende del sentido original de los vocablos siguientes: carapiella “pedazo de 
corteza que se levanta imherente a cualquier cosa”, “cáscara de la 
castaña que se forma sin fruto en el erizo” (cp. trasmont. folecra), ca- 
rapiellu *cubierta de la avellana”, al lado de carabiella “castaña peque- 
ña y vacía' en el bable central (Braulio Vigón; Canellada), port. cara- 
pela 'folheto, película, que envolve a espiga do milho” (Figueiredo), 
estrem. 'caspa, carepa' (RL XXXVI, 98), gall. carapolla, cruce con 
ampolla, 'ampolla' (Dicc. Ac. Gall.). Sin entrar en una discusión detalla- 
da del problema etimológico de carapella y sus variantes, quisiera llamar 
la atención sobre la congruencia semántica que existe entre carapela y ca- 
pélo, capilho —= “película que envolve a espiga do milho' en portugués 
(Tavares, ob. cit.), entre carapiellu “cubierta de la avellana' y capiellu “cu- 
bierta de la cabeza”, en asturiano (Canellada) y otras semejanzas que ob- 
servamos en otros dialectos occidentales (Hochpyrenáen C HH, 171. 172, 
notas). Parece seguro que hay que buscar el origen de todas estas palabras 
en la raíz REW 1642 CAPPA y sus derivados. 

Son numerosas las variantes semánticas que podríamos citar para ilus- 
trar la evolución de “película que envuelve la espiga del maíz, cáscara, etc.” 
a 'copo de nieve”. He aquí dos ejemplos particularmente característicos: 

cat. bolva “les fulles que abriguen P'espiga del moresc', bolva de segon 
“una de las espigas que forman el salvado” (Dicc. Aguiló), volva “els re- 
sidus que salten del gra en passar-lo pel ventador', val. volva, bolva *pavesa 
de ceniza”, etc., cat. volva, volví “copo de nieve” (BDC XXIII, 319; J. 
Hubschmid, Praeromanica. Berna, 1949, págs. 4-6); 


102 F. KrUGER 

gascón balohe “bale de céréales; ampoule; flocon de neige” (Palay, 
Dict. béarnais; FEW 1, 219); como en el caso anterior la variante baluse 
aparece también en el sentido de “flocon blanc attaché aux tisons, cendre 
volante”. 


7. farfalha Alto Minho (A Aguia XII, 38) y Beira (Figueiredo), 
designación que hay que relacionar con farfalha “limalha, aparas, bagate- 
las” (Figueiredo), farfalho 'farrapos do leite que se coalha ou se altera' 
Alto Minho (RL XX, 244), “resíduos de carne ou de gordura, que apa- 
recem no caldo” Minho (Figueiredo), farfallo 'comida' Salamanca (La- 
mano; probablemente un portuguesismo) ; gall. farfallada “limaduras y re- 
siduos de las obras de joyería y grabado” (Carré Alvarellos); forfalha 
*pedacos de leite talhado' Beira (RL XI, 157), forfalha, furfalha “migal- 
ha de páo' Tras os Montes (RL III, 66; V, 90) - forgalho "Tras os Mon- 
tes, furgallas, -os empleados en el mismo sentido en la zona colindante de 
Sanabria, furgalhos “pedacinho' Tras os Montes (Gegenstandskultur Sana- 
brias 149). 


8. fanuco Alto Minho (A Aguia XII, 38), inf. fanucar, Douro 
(RL XI, 194) se relacionan con port, fanico “fragmento, migalha', alent. 
faneco, fanaco, fanoco 'pedago, bocado” (RL XXXVII, 234), de ori- 


gen desconocido. 


9. trapu en el NO de la provincia de León (Alvarez 140 cain copus 
cumu trapus, falampus muy grandes, qui yia cumu se chaman), trapu, inf. 
trapiar en el bable central (Braulio Vigón) y trapo, inf. trapear “caer 
trapos de nieve grumosa en forma de gracea' en la provincia de Santander 
(García Lomas 340) y en una significación parecida port. trapo “especie 
de froco que, com a aparéncia de trapo, se forma em certos líquidos' (Fi- 
gueiredo). Corresponden estos términos cuyo valor semántico ya ha sido 
interpretado acertadamente por M. L. Wagner, ZRPh LXIII, 334, a 
términos tales como pelha, PILLEUM REW 6504, en provenzal, pani- 
cellí etc. en dialectos italianos, PANNUS paño REW 6204, citados por 
W. O. Streng, Himmel und Wetter in Volksglaube und Sprache in Frank- 
reich. Helsinki 1914, 1916, vol. II, 99 y M. Steffen, Die Ausdriicke fir 
Regen und Schnee im Franzósischen, Rátoromanischen und Htalienischen. 
Tesis doctoral de Berna, 1935, págs. 143 y sig. y a los que cabe añadir 


10. fatoco Entre - Douro- e- Minho, inf. fatucar (Leite de Vascon- 
celos, Opúsculos II, 50), derivado de port. fato 'roupa' o directamente de 


Etimologías hispánicas 103 Í 


minh. fatoco (de la) “porcáo de lá empastada” (Figueiredo); variante ci- 
tada por Leite de Vasconcelos, Opúsculos 11, 489, pero no registrada por 
Figueiredo: fachoco. 


11. mosca branca = “mosca blanca” en la zona sur de Sanabria, sig- 
nificado que se encuentra también en castellano y catalán (mosques blanque- 
tes A. Griera, Tresor X, 233) y en el Norte de Portugal, particular- 
mente en el Minho (Gomes Pereira, Guarda 61; Boaventura, Vocabulá- 
rio minhoto; Revista de Guimaráes XXXII, 381). Encontramos exacta- 
mente la misma designación en provenzal: mousco blanco, mousco vairo (al 
lado de parpaiolo = mariposa); F. Mistral, Tresor dou Felibrige traduce 
quan saren i mousco blanco, quand li mousco vairo toumbaran por quand 
nous serons aux mouches d'hiver, aux flocons de neige; mouscoillado' “neige 
légere” en el Aveyron (Vayssier). Encontrará el lector más ejemplos de 
estas metáforas en los estudios de W. Streng, HI, 101 y siguientes y M. 
Siteffen, págs. 141-142. Compárese también gall. mosqueiras Dicc. R. Ac. 
Gallega s. v. alimpar: “dejar caer el grano del cribo para que el aire lo 
alimpe de las mosqueiras y toda pajilla”. 


12. paxarada (x = fricativa palatal sorda) — 'bandada de pájaros” 
en la Cabrera Baja; páxara “pajarita, mariposa' en el bable occidental (Ace- 
vedo 168), metáfora pintoresca que no escasea tampoco en otros romances 
(Streng II, 101; farfalla Steffen 141). 

Prevalecen en las zonas periféricas del NO y en Portugal las desig- 
naciones a que hemos pasado revista. No es desconocida sin embargo al 
Noroeste la voz literaria 


13. copo. La encentramos ya en grandes regiones de Sanabria, par- 
ticularmente en la zona oriental y central, en la Cabrera Alta y Baja y 
en una zona bastante extensa del Bierzo. En la Sierra de Gata aparecen 
los derivados copones, copotores (VKR I, 85). 

copo significa originariamente “cierto mechón o pegujón de lino o de 
lana o de algodón, que se hila puesto en la rueca? (Covarrubias) ; por la 
semejanza que tiene la nieve quando cae a los copos de la lana - continúa 
el gran lexicógrafo - ha tomado el sentido de “copo de nieve”; compárese 
franc. flocor: “petite touffe légére de laine, siglo XIII, *flocon de neige”, en la 
actualidad (FEW III, 624; Steffen, ob. cit. 143: variantes dialectales de 
Italia, etc.). Encontramos la misma evolución semántica en numerosos dia- 
lectos. He aquí unos cuantos ejemplos: plaféu “gros flocon de laine ou de 
neige” (TF); cardato “flocon de neige' en los Pirineos franceses (G. 


104 F. KrUcER 


Rohlfs, Le patois de Lescun. Misc. fil. dedicada a A. M*, Alcover, pág. 
373), cardadas en el Alto Ribagorza, cardes Vall d'Arán (BDC VI, 
26), términos que corresponden a cat. cardada “conjunt de llana o de cotó 
que cap en la carda', etc.; cat. borralló “petita porció de fibres aglomerades, 
especialment de llana”, “floch o porció petita de neu” (Dicc. Alcover; Grie- 
ra, Tresor 1H, 223), al lado de borrall (ib.) ; cat. moixell 'la llana a punt 
de filar', “copo de nieve” (Dicc. Aguiló). 

El vocablo portugués floco, froco, mucho menos arraigado en el len- 
guaje popular que copo en España, es un evidente galicismo, 


ES 


AL resumir las tendencias semánticas observadas en las designaciones 
de los copos de nieve en las hablas occidentales, haremos constar que ema- 
nan de distintas esferas del ambiente humano. Proceden de comparacio- 
nes con % E 
l. trapos, andrajos: farrapo, farraspa, etc. (1), faragacho (2), 
trapu (9), fatoco (10). 

2. copos de lana etc.: copo (13). 

3. película que envuelve plantas, legumbres y frutas; cáscara; cas- 
pa: folhelho, folheco, folhepo (5) ; carapella (6). 

4. ampolla: folepa, foleca, folerpa etc. (5). 

5. residuo, pedacito: farfalla (7), fanuco (8). 

6. chispa que salta de la lumbre: falapo, faloupo, falopa, falepa; 

falisca, falispa (3, 4); falhoco, falhuco (5). 

7. insectos y aves: mosca branca (11), paxarada (12). 

Adviértase sin embargo que en ciertos casos, especialmente en los gru- 
pos 3, 4 y 6, puede haber habido entrecruzamiento con voces de origen 
distinto. 

La multiplicidad de sufijos que hemos encontrado a cada paso en las 


É 


notas precedentes, evidencia la resonancia afectiva y por ende la tenden- 
cia a la expresividad que un fenómeno atmosférico tan impresionante como 
la caída de la nieve encuentra en el alma del pueblo. 


3. babujeira lluvia fina' 
Entre los vocablos que caracterizan a Hermisende, aldea situada en 


el extremo Sur de Sanabria, como pueblo rayano de esta región aparece 
babujeira (j = palatal fricativa sonora) usado con la acepción de “lluvia 


Etimologías hispánicas 105 


fina”. Encontramos exactamente el mismo significado en gallego: babujar 
“lloviznar, llover muy suavemente', babujada y babujeira “llovizna” (Va- 
lladares), al lado de las variantes fonéticas babuxar, babuxa, babuxallo (ci- 
tadas por el Dicc. R. Ac. Gall. y Cuveiro Piñol) y babazo 'lovizna' en 
el bable occidental (Acevedo). Claro que se trata de derivados de BABA 
“baba, saliva”, REW 853, muy difundido en el O y NO de la Península 
— babarse “dejar gotear la baba o algo parecido”, etc. en portugués, galle- 
go y asturiano— y que se halla con la acepción de “lluvia fina” en otros 
romances (véase FEW I, 194; M. Steffen, Die Ausdriicke fir Regen 
und Schnee im Franzósischen, Rátoromanischen und lItalienischen. Tesis 
doctoral de Zurich 1935, págs. 126-127). En vascuence (Roncal) apa- 
rece babada “roséc* (Azkue) y en catalán babaí “brusquina, pluja molt fi- 
na” Arta, al lado de albaina “calma, falta de vent; ayre fi de la matina- 
da; pluja molt prima y suau” Sóller, cuya segunda acepción indica origen 


distinto (Dicc. Alcover 1, 410: de ALBA). 


4.  barandal - blindal - banzau 


Enumerando los términos que se dan al cajón de madera destinado a 
recoger la harina de la molienda, en asturiano, la Srta. M. C. Casado Lo- 
bato (El habla de la Cabrera Alta. Madrid, 1948, págs. 108-109) re- 
mite a Meyer-Liibke que en REW 5642 cita con el mismo significado ast. 
blindal entre los derivados de MOLERE. Demostrarán los ejemplos si- 
guientes sacados de vocabularios y basados en propias encuestas que tal 
etimología ya no se puede admitir hoy día. He aquí las formas difundidas 
en Asturias y el Norte de León: 

barandal, btrandal Cabrera Alta (Casado Lobato), baranda] Babia- 

Laciana (Alvarez), brandal Degaña (R. Ibias). 

blandal Bierzo (García Rey). 

branduciro Folgoso, en la zona occidental del R. Ibias; brandeiro y 

grandeiro en el bable occidental (Acevedo). 

brendal Tineo (SO Asturias), brindal Besullo, Somande (SO As- 

turias). 

blindal recogido por Munthe, Anteckningar 61, en Villaroil, R. Ibias. 

barandial Cabrera Alta (Casado Lobato). 

baranzal Asturias (Rato y Hévia), branzal en el bable central (Ca- 

nellada). 

banzal en ciertas regiones del bable central (Llano Roza, El Libro 

de Caravia. Oviedo, 1919, págs. 145, 235; Braulio Vigón). 


106 F. KrUGER 


Para resolver el problema etimológico conviene en primer lugar tener 
presente el objeto de que se trata. He aquí la definición exacta que da 
Rato y Hévia del baranzal asturiano: “cajón que sirve en los molinos para 
recoger la harina que sale de las muelas y de baranda para no tocar con 
ellas”; y es ésta la forma que encontramos también en otras regiones. El cajón 
que cubre las muelas y el cajón que sirve para recoger la harina forman en 
muchos casos una unidad o por lo menos un conjunto inseparable; forman 
en todo caso una baranda para no tocar con las muelas. Y es esta fun- 
ción a la que el cajón de harina debe su denominación. 

Sea cual fuere el origen de la palabra baranda, lo cierto es que se 
encuentra en el NO en un sinnúmero de acepciones estrechamente relacio- 
nadas con el significado que se le da en los molinos: 

baranda “portillo que da entrada a una finca, compuesto de dos mou- 
rones verticales y travesaños horizontales” Degaña (R. Ibias), “listón de 
madera que sirve para colgar ropa” Galicia (Valladares). Parécense mu- 
cho a la primera acepción baranda, barandao, barandilla que se encuentran 
en los Pirineos aragoneses y catalanes como designación de las barreras en 
las que encierran el ganado en el monte (Hochpyrenien B 51) y murc. 
baranda “tinada donde se recoge el ganado enfermo” (García Soriano). 

barándanas “especie de bastidor formado por listones de madera que 
se colocan sobre los bordes de la masera” Cabrera Alta; en el Bierzo ba- 
rendillas (Gegenstandskultur Sanabrias 140); en el NO de León baran- 
dietsas (Alvarez, Babia-Laciana, págs. 113, 276). 

“adral del carro': barandilla! en la zona Sur de Sanabria, barandiella 
S. Ciprián, barandón en el centro de Sanabria (Gegenstandskultur Sana- 
brias 222, 223), barandielles, barandilles “varas que sostienen la hierba 
del carro en la parte delantera” bable central (Canellada), barandial “ba- 
randa de la carreta” prov. de Santander (Alcalde del Río), etc.; baran- 
dilla 'adral de la carreta” también en Hispanoamérica (Santamaría). 

barandillas “jamugas” Canarias (Lugo 67). 

barandel “palo largo que se utiliza para colgar la manteca” Salaman- 
ca (Lamano). 

Pertenecen a la familia baranda también la mayor parte de las 
designaciones que se dan en Asturias y en el NO de la provincia de León 
al cajón de madera que protege las muelas y en el que se recoge la harina 
de la molienda. Opino que las variantes fonéticas no ofrecen ninguna difi- 
cultad, Así derivan de barandal, por medio de b*randal, las formas brandal y 
asimismo blandal (con cambio de r y 1 poscorsonánticas, fenómeno bien 
conocido en los dialectos occidentales). Brandal conduce en línea directa 


a brindal: brandal - brendal - brindal y blindal (con estrechamiento de la 


Elimologías hispánicas - 107. 


vocal protónica, causado por tendencias disimiladoras). Ofrece cierta di- 
ficultad el elemento -z- de baranzal y su derivado branzal: parece que se 
trata de un cruce entre barandal y banzal, formas que coexisten, al lado de 
branzal, en asturiano. En cuanto a grandeiro, se trata evidentemente de una 
desfiguración de brandeiro (equivalencia acústica de oclusivas). 

Queda por fin la forma banzal que encontramos en el bable central, 
vale decir ya fuera del área de los términos discutidos arriba. No me atrevo 
a explicar banzal simplemente por una abreviación de baranzal. Opino más 
bien que banzal deriva directamente de banzo, vocablo que el Dicc. Ac. 
Esp. define por “listones del bastidor donde se fija la tela para bordar' y 
que en salmantino designa los largueros paralelos de una escalera de mano, 
del respaldo de una silla, etc. (Lamano). Encontramos significados seme- 
Jantes en otros dialectos occidentales: bances “listones gruesos que forman 
los costados de una barca' en gallego, bancias “respaldo de una silla” en la 
zona occidental de Sanabria y en la Cabrera Alta, banzóis Hermisende, 
port. banceiras “largueros de una escalera”, bangos “largueros de la grada' 
en Tras os Montes (Gegenstandskultur Sanabrias, págs. 81, 107, 229), 
bansos “tablas de la barca” Finisterre (VKR X, 192), bancetsar “cada 
uno de los laterales que tiene la masera a los lados de la tapa' NO de 
León (Alvarez, Babia - Laciana) y banzos losas gruesas, clavadas en 
tierra, que sirven de cerca o cerramiento a las heredades' en el bable occi- 
dental (Acevedo). 

Relaciónanse con las acepciones mencionadas también: banzado “pozo 
o depósito de agua para que el batán funcione; presa grande” en el bable 
occidental (Acevedo), banzau “caudal de agua hecho mediante el previo 
estancamiento de la misma' León (Alvarez, Babia-Laciana), banzado 
“canal de riego" en el Este de la provincia de Lugo (VKR V, 130, nota) ; 
encontré la acepción primitiva de esta palabra en el SO de Asturias donde 
banzau significa “el canal compuesto de tablas de madera que conduce el 
agua al pisón; o al mazo', acepción que puede compararse con las aducidas 
por el Dicc. hist. de la lengua española s. v. Banzo. Despréndese fácilmen- 
te de los ejemplos citados que el significado particular que se da al banzal 
en el bable occidental (= “cajón del molino') corresponde perfectamente 
al que han tomado baranda y sus derivados en otros dialectos occidentales. 


5. La evolución semántica de 'verdugo* 


El origen del vocablo castellano verdugo al que corresponden en por- 
tugués verdugo, en catalán verduc, ha sido esclarecido desde hace ya mu- 


108 F. KRUGER e 


cho por los etimologistas (véase REW 9368 a VIRIDIS 'verde'; Nas- 
centes, s. v.). En 1919 el insigne filólogo portugués Cl. Basto se ocupó 
en la revista “Lusa” 11, 157 de la variante portuguesa verdugáo, desta- 
cando unos cuantos aspectos de la filiación semántica de esta palabra. El 
progreso que se ha realizado mientras tanto en el campo de la dialectología 
ha planteado nuevos problemas. Parece pues conveniente retomar la discu- 
sión con el objeto de señalar los distintos matices que se observan en la evo- 
lución semántica de verdugo y sus variantes. 

Cabe anotar primero que el vocablo verdugo, que en el transcurso de 
los tiempos ha experimentado una transformación semántica sumamente va- 
riada, subsiste hasta hoy día en ciertas partes de la Península en su sentido 
original : 

cast. verdugo “vara, vástago de árbol = “renuevo o vástago del ár- 

bol' (Covarrubias; Dicc. Aut.). 
cat. verduc “verga, boscall, o tronc Jarbre' (Griera, Tresor), mall. 
*vergella” (Costumari Catalá L 165); 'vimet', verduguer ve 
mera” (BDC VI, 37). 

arag. verduco 'rama verde, pero significando expresamente la rama o 
verga que tiene consistencia para torcerla, y anudándola con 
otra hacer un vencejo para atar” (Pardo Asso; Kuhn, RLiRo 
XI, 188) ; verduquera 'sauce u otro árbol del que se puede cor- 
tar ramas que valgan para verducos', verduguearse “doblarse, 
cimbrearse una vara'; verdusco = 'verduco' (Pardo Asso). 

verdugo “redorta per a lligar les peces en els trams del rai” Ribagorza 
(BDC XXII, 223). 

berdugu “instrumento hecho de bardiasques para cazar pájaros” en el 
bable central (Canellada, Cabranes 118). 

Designan estos últimos ejemplos utensilios hechos de ramas. 

verduguillo “vara delgada, y que se mimbrea, o verdugo pequeño" 
(Dicc. Aut.). 

Parece que el tipo verdugo empleado en el sentido de 'rama verde” 
sólo se encuentra en castellano y más particularmente en aragonés y catalán 
donde ha conservado una vitalidad sorprendente. Exceptuando alent. verdu- 
gal, que además presenta una significación especial = “mato delgado, basto e 
muito verde' (Figueiredo), los dialectos occidentales y el Norte de Espa- 
ña presentan formas distintas: 

verdasca “pauzinho flexivel, chibata” Beira Baixa (RL XI, 163; 
Figueiredo) ; verdasco “arames ou cordas que servem para ligar as varas de 
moinho de vento' Figueira da Foz (RL XIX, 147; evidentemente tales 


Etimologías hispánicas 109 
verdascos eran antiguamente hechos de ramas). Encuéntranse también en 
portugués la forma vardasca (Fig.) y vergasta. 

verdascu, vergasca, vergasta, bragasla “vara delgada, flexible y larga” 
Galicia (Valladares). 

vardasca, bardasca “vara gruesa y flexible' en el bable occidental 
(Acevedo). 

verdasca, vardasca “vara verde con puntas ramosas', bardasca 'caña 
de avellano, flexible y de poco grueso, para arrear las caballerías”, bar- 
dasquera “sitio de muchas bardascas' en asturiano (Rato y Hévia). 

berdiasca, berdiascu “verdasca', berdiascazu “golpe con una berdias- 
ca” en el bable central (Canellada, Cabranes). 

bardiasca “rama delgada, larga y lisa” NO León (Álvarez, Babia- 
Laciana), al lado de berduéngano “arbustos arrancados cuando no se han 
secado aún” (ib.). 

bardiasca 'zurriago de varas retorcidas” prov. de Santander (Alcalde 
del Rio; García-Lomas). 

verdasco, al lado de verdusco, verduzco, “látigo de cuero o rama de 
árbol”, verdascazo, verduscazo 'golpe dado con el verdasco' Aragón (Par- 
do Asso). 

verdiazco “tallo largo, flexible y verde, como el mimbre' (Arnal Ca- 
vero). 

vardiazco “vardasca”, vardiascazo 'vardascazo” Litera (Coll-Altabás). 

verdiaso “mimbre' Ribagorza (Ferraz y Castán). 

verdanc 'tanyada primera y llarga dels vímets” Catalunya (Griera, 
Tresor). 

berdial, bardial 'ramasco', berdiagu “palo como un bastón' en el bable 
central (Canellada, Cabranes). 

La frecuencia con que aparece una a protónica en lugar de e (verdas- 
ca - vardasca, etc.) se explica por tendencias fonéticas bien conocidas (véa- 
se R. Menéndez Pidal, Manual de gramática histórica española. Madrid, 
1941, $ 18*: VERBASCU verbasco - varbasco, etc.). 


verdugo — estoque 
citado por Covarrubias y el Dicc. de Aut. (“especie de estoque muy delga- 
do”) ya aparece en antiguo castellano (R. Menéndez Pidal, RABM 1902, 
pág. 304). 

verdugo = aro; 
“aro de sortija” (Dicc. Ac. Esp.), verduguillo “arete para los oídos”. Trá- 
tase evidentemente de una acepción secundaria explicable por el hecho de 


110 F. KrUcER 
que los verdugos se utilizan para la confección de aros retorcidos, según ya 
indican varios términos antes citados (arag. verduco, ribag. verdugo, arag. 
verduguear). 

En Tortosa verduc “bastó prime” (BDC III, 113), en los Pirineos 
catalanes verduga “bastó alt, fet de fusta 1 clavetejat amb claus de cabota 
daurada, que usen els marxants de bestiar i carnissers com a distintiu de 


llur ofici (BDC XIX, 217). 


verdugado = especie de vestidura femenina: 

Encontramos una explicación de esta denominación en Covarrubias 
y el Dicc, Aut.: “es una saya a modo de campana, toda de arriba abaxo 
guarecida con unos ribetes que por ser redondos como los verdugos del 
árbol. . dieron nombre al verdugado”” y una definición más exacta aun 
en Figueiredo verdugada “círculo de varinhas com que se dava roda ao 
vestido das mulheres”, al lado de verdugadim. Derivan del vocablo español 
también cat. verdugal “pega de vestit de senyora' siglo XVI (Dicc. Agui- 
ló), prov. vertugalo (TF) y las formas francesas verdugale 1532, vertu- 
gade, vertugadin. 


— Es bien sabido que verdugo empleado como designación de la vara 
verde que antiguamente servía de azote pasó de instrumento de tortura a de- 
signar el hombre encargado de aplicarla: “executor de las penas de muerte, 
y otras, que se dan corporales, como de azotes, tormento, etc.” (Dice. 
Aut.). 
Pero dáse también el caso de que verdugo y sus derivados designan 
la marca del azote, tomándose el efecto por la causa o el agente: verdugo, 
verdugón “la roncha que levanta el azote o rebenque, porque se alza en alto 
sobre la demás carne” (Covarrubias) y añade el Dicc. Aut. “dixose assi 
porque antiguamente se daban con verdugos o varas”. Corresponden al 
cast, verdugón: 
port. verdugáo “vergáo, cicatriz” (Goncalves Viana, Apostilas II, 
533). 

cat. verdugada “el senyal que deixa a la pell el cop de verduc” (Dicc. 
Aguiló). 

cat. verdanc “verga amb qué se pega” - 'assot de fusta” - “cardenal, 
blau, la senyal que deixa un cop a la pell' (Dicc. Aguiló; Grie- 
ra, Tresor). 


Deriva de esta acepción toda una serie de significados especiales: 


Etimologías hispánicas 11 

verdugáo 'debrum calloso, que deixam certas feridas no lugar, donde 
uniram os lábios* Minho (Cl. Basto; Figueiredo). 

verdugón “arruga que hace el calzado, abultamiento molesto para el 
pie' en hispanoamericano (Tiscornia, Martín Fierro comentado 
y anotado, pág. 491; Santamaría). 

chorreado en verdugo 'res vacuna que tiene el pelo salpicado con mu- 
chas cárdenas* Andalucía (Venceslada); berdugu adj. = “se 
aplica al ganado vacuno de color oscuro con rayas negras” As- 
turias (Braulio Vigón), acepción que se encuentra también en 
Centroamérica: verdugo 'color del ganado de pelo colorado con 
vetas negras” (Santamaría). 

verduguillo 'ronchas que se levantan en las hojas de algunos árboles' 
(Dicc. Aut.), acepción que encontramos todavía hoy en 

verduguiño empleado con el mismo sentido en Galicia (Cuveiro Piñol). 

verdugón “rotura hecha en la ropa' en hispanoamericano (Santamaría). 


Derivan del abultamiento producido en la piel por el azote toda una 
serie de términos técnicos, metáforas pintorescas que hoy día han perdido 
completamente su sentido original: 

verdugo, “dobra, como vergáo, feita na roupa' en portugués (Morais; 

Cl. Basto). 

verdugo “hilada de ladrillo horizontal en una fábrica de otro mate- 

rial *(Dicc. Ac. Esp.). 

verdugado “lista de ladrillo dormido que se echa en un muro para darle 

consistencia?” Andalucía (Venceslada). 

verdugada “de gruixos de maons' en catalán (Dicc. Aguiló). 


verdugo, verduguillo “galón o listoncillo exterior del barco", 

verduguet *bordó que bordeja el buc de les embarcacions majors, arran 
de la coberta" Catalunya, Balears, Valencia (BDC XII, 73). 

verdugo *fasquia de madeira que se prega exteriormente no sentido lon- 
gitudinal do navio, de pópa á proa, como ornamento para marcar 
a alcaxa ou para evitar rogaduras no costado” (A. Marques Es- 
parteiro, Dicc. il. de marinharia. Lisboa, 1936, s. v.); bordugo 
“friso saliente do navio” Póvoa de Varzim (Lusa HI, 10), con 
labialización de la vocal protónica que encontraremos también en 
otros dialectos occidentales. 


verdugo “pieza de madera larga colocada en forma de cinta entre el eje 


112 


F, KrUcER 


y la caña de las carretas” ,término usado en Maragatería (Garro- 
te), en el NO de la prov. de León (Álvarez, Babia-Laciana 
277), en el SO de Asturias y en la provincia de Santander ( Gar- 
cía-Lomas; Hoyos-Aranzadi, Etnografía. Madrid, 1917, pág. 
23) 


verdugo “cada uno de los maderos que se ponen sobre las cabezas de los 


tabloncillos que sirven de cubierta a la masera del llagar' en el 
bable central (Braulio Vigón). 


verdugo “parte saliente de chapa de trilho, nas rodas dos vagóes' en por- 


tugués, 


Es verdad que en algunos de los ejemplos citados podría pensarse en un 
cambio semántico directo de verdugo 'rama o rama retorcida” (p. e. verdugo 


“dobra'). Pero en la mayoría de los casos predomina evidentemente la idea 


de parte saliente, friso saliente tal como se observa en el abultamiento de 


una herida. 


Derivan de verdugo empleado en el sentido de “azote” también una 


serie de designaciones de objetos que se parecen a éste tanto por su forma 


como por 


port. 


su manejo: 


verdugo “espada sem gumes muito longa'. 


verduguilho “seitoira de folha muito estreita” Tras os Montes (RL V, 


port. 


108; Portugalia 11, 631); verduguillo “hoz fina” en partes de 
Aragón (Kuhn, RLiRo XI, 77, 188, 197; Alvar, Jaca 87, 
229 que erróneamente deriva esta palabra de VERTIBELLU) 
y de Cataluña, donde la forma verduguillo denota un aragonis- 
mo o castellanismo (Dicc. Aguiló; Griera, Tresor). 

verdugo “pequena navalha” (Cl. Basto), and. verduguillo *na- 
vaja de afeitar muy gastada y fina de tanto afilarla: Esta na- 
vaja hay que echarle de verduguillo" (Venceslada), gall. ver- 
duguiño “cuchillito” (Cuveiro Piñol); véase arriba port. verdu- 
go = “espada sem gumes muito longa”. 


cat. verduc 'xerrac o serra larga ¡ de fulla ampla que 'han de mane- 


jar dos homes” Llucmajor, Catalunya, Valencia (Griera, Tre- 
sor); murc. verdugo “sierra grande que manejan dos hombres al 
aserrar” (García Soriano). Hace presumir la definición presen- 
tada por A. Sevilla, Vocabulario murciano “sierra grande para 
trucidar maderos” que hay que partir de verdugo = “executor”. 


Encontramos por fin en el SO de Asturias los términos bordugo, bur- 
duguillo que designan la varita de hierro a veces retorcida que une la hoja 


Etimologías hispánicas 113 
de la guadaña al mango. Trátase evidentemente de un traslado de verdugo 
= vara' a la pieza de hierro, como demuestran indirectamente los términos 
verga y varilla que se dan a esta pieza en la Sierra da Estréla y en la Ca- 
brera respectivamente (Messerschmidt, VKR IV, 160; Gegenstandskultur 
Sanabrias 233). 


F. KrUcEr 
Universidad Nacional de Cuyo, 


"a 


ENSAYO DE CARACTERIZACIÓN DE LA 
LENGUA GUARANÍ (2 


Podemos decir que las lenguas indígenas sudamericanas apenas han 
sido objeto de estudios científicos. Hay, y muy especialmente del guaraní, 
cultivadores entusiastas, escritores y poetas, gramáticos que aspiran a depu- 
rarlo y hacerlo apto para expresar lo que la vida moderna requiere, con el 
peligro de alejarlo tal vez de su prístino valor. También, en ésta como en 
las demás, existen las colecciones de materiales que beneméritos misioneros 
y etnólogos han aportado. Pero cuando se trata de describir el funcionamien- 
to gramatical de la lengua, nos hallamos en general con tratados prácticos, 
que ignoran la terminología y la técnica, y nos colocan ante los fenómenos 
como nos hallaríamos ante la descripción de un complicado aparato de ra- 
dio hecho por un aficionado que no viera sino hilos, carretes y tornillos, 

La culpa es en gran parte de nuestras Universidades, las de España 
y las de la antigua América hispánica. Como el material sudamericano no es 
accesible a los lingiistas, nunca se encuentra una referencia al extraordina- 
rio mundo, conocido además desde el siglo XVI (cosa que no ocurre en 
ningún otro campo de lenguas llamadas indígenas), que forman las lenguas 
de este continente. Las lenguas de Siberia o las del centro de África o las 
de Malasia, el Japón, las lenguas indias de la América anglosajona, son 
aludidas frecuentemente en los tratados de lingiiística y sobre ellas se en- 
cuentran estudios en las revistas especializadas, mientras que casi nunca 
ocurre tal cosa con el inmenso y complejo campo de las lenguas sudamerica- 
nas. Tanto más de lamentar cuanto que el atraso en estos estudios hay que 
ponerlo a cuenta nuestra, ya que en los umbrales del siglo XIX, cuando se 
estaba iniciando la lingilística científica, en el Catálogo de las lenguas de 
Lorenzo Hervás la información sobre las de América es excelente, y en mu- 
chos puntos aún aguarda comprobación o superación. 

A remediar esta falta quisiera animar, en la medida de mis fuerzas, 


(1) Doy a la imprenta la conferencia pronunciada en la Universi- 
dad de: Mendoza el día 5 de julio de 1949 sin añadir ni siquiera las refe- 
rencias bibliográficas, innecesarias para el objeto al final indicado. 


Lengua guarani 115 
a los estudiantes argentinos, y muy especialmente desde esta joven Univer- 
sidad de Cuyo, vocada desde el principio a grandes tareas en el campo 
lingútístico. 

Con este fin me atrevo a intentar una caracterización general de la 
lengua guaraní. Voy a tener en cuenta textos antiguos y modernos, proce- 
dentes algunos del Brasil oriental y otros del Paraguay y de Corrientes. La 
obligación que me he impuesto de llegar pronto a una síntesis (mientras pre- 
paro una gramática más completa) me obliga a proceder con una cierta 
prisa. Si me atrevo a trazar mi síntesis será más fácil ajustarla luego, y 
aun renovarla a fondo, pero creo que siempre habrá de serme agradecido el 
intento. En realidad no nos sobra tiempo para estudiar las lenguas ameri- 
canas, y uno siempre vacila entre el estudio detallado de una, que sin com- 
paración es ciego, y un prematuro análisis. Elijamos ahora éste, y vayamos 
a un examen estructural somero. 


La fonética del guaraní se caracteriza por ser en parte sintáctica. No 
sólo el sandhi tiene importancia en ella, sino que las influencias a distancia 
tienen bastante extensión. Ello quiere decir que es una lengua de tipo eufó- 
nico. 

Sus sonidos son precisos, sin esas diferencias en el punto de articula- 
ción que hacen difíciles, por ejemplo, las velares del quechua. Que yo sepa, 
no se ha realizado aún un estudio fonético experimental de esta lengua, así 
que me baso principalmente en las observaciones de un autor que tiene el 
guaraní como lengua materna, A. Morínigo. 

Tiene el guaraní seis vocales, que no presentan diferencias cuantita- 
tivas (quiero decir con valor semántico, es decir, desde el punto de vista 
fonológico), y corresponden a las cinco de nuestro español más una sexta 
que se describe como 'pronunciación gutural... contrayendo la lengua 
hacia dentro” (Ruiz Montoya), y que debe parecerse al jery ruso. 

Estas seis vocales se doblan, al poder recibir todas una nasalización: 
es decir, que a aeiouisesumanáé1óóúl. 

Esta nota de la nasalización tiene importancia en la fonética sintác- 
tica y acusa una cierta movilidad, como elemento semántico o expresivo. 
Por ejemplo, compárense 


(o) guararé “derrumbarse con estruendo”, guárárá “bulla, batahola”, 
(h) era 'nombre', herácuá “dícese”, 


116 A. Tovar 


(h)esá *(su) ojo, (h)ésácá “es claro, transparente”, 

(ai)poca 'torcer, retorcer', (ai)pócayorá *desliar, destrenzar o des- 
tejer”, 

(a)ñatói “templar, afinar”, (a) ñátói “punzar, aclamar, poner alerta, 
beber”, 

(1) etá “muchedumbre”, (1)étá 'país, patria, 

puru'a “preñez”, púrú'a “ombligo”, 

péé “vosotros” pleonástico, frente a pe “vosotros” en función gramatical; 
otras veces se pierde, como en compuestos: 

Tápá “Dios', Tupao (sin nasal) 'casa de Dios, iglesia”, 

péhé “objeto medio roto” pehengué “idem con el sufijo de pasado". 

También la nasalización pasa a través de consonantes de sílaba en 
sílaba: 

óbétá, préstamo del esp. ventana. 

Otras veces en préstamos se convierte en un hiato: 
pesú'a procede del esp. pezuña. 

El sistema consonántico guaraní está formado por las siguientes oclu- 

sivas: 

dos velares: g (siempre oclusiva sonora) y k (escrita por lo general 
cante ao u), 

una dental sorda: ¿, una labial sorda: p, 

las nasales: dental n, labial m, palatal ñ (y por supuesto, sin anotar, 
una velar ante consonantes velares). 

Además tenemos la semivocal y, la fricativa ch, la silbante sorda s, 
la vibrante r, y la fricativa sonora labial, que nosotros anotamos 
con bh y otros autores con v; viene a ser como la b intervocálica 
en español. 

Los grupos mb y nd representan evoluciones de la labial y dental con 

un elemento nasal. 

El alfabeto fonético guaraní es, pues, sencillo. No tiene más oclusi- 
va sonora que la g, ni más fricativa que la b, careciendo de f. Tiene r, pero 
no Eni ll; carece de s sonora y de nuestra interdental z. Sus velares son sen- 
cillas, 

Es rico en cambio el sistema de nasales, tanto oclusivas como vocales. 

El conjunto es claro y preciso, y fácil para labios europeos. 

El acento es de intensidad. 

Mudas con líquidas no se admiten, ni apenas sílabas cerradas; en 
guaraní moderno no éxisten tampoco consonantes finales, 


Lengua guaraní 117 
1 


En cuanto a fenómenos de fonética histórica, podemos señalar al- 
gunos. 

La kh procede en dialectos del Paraguay y Corrientes de una antigua 
s, que el tupinambá conserva. Á so 'ir' en textos brasileños, corresponde el 
paraguayo ho 'ida'; a resé “por”, rehe. 

Debe ser dialectal también una alternancia r/n que aparece, por ejem- 
plo, en antiguos textos de Bahía, como moropisiroána “salvador”, por moro- 
pisiroara, con disimilación. 

Ciertas consonantes finales caen en guaraní moderno, que ha extre- 
mado la repugnancia por las sílabas cerradas. Las formas antiguamente 
atestiguadas rob “amargo”, peteg, “golpe”, acáng “cabeza', aparecen moderna- 
mente terminadas en vocal. 

La fonética sintáctica tiene importancia en relación con la nasaliza- 
ción. Ante palabras que contengan nasal (sea ésta consonante o vocal), 
nde “tú” se hace ne, pendé “vosotros', pené, ñandé “nuestro', ñané; pero no 
es disimilación propiamente, pues lo que se mantiene es la nasal, y cae en 
cambio la dental. 

Algo semejante ocurre con la yod, que delante de palabra con nasal 
recibe nasal palatal o se transforma en ella: el posesivo ¡ “su” delante de 
ácá “cabeza” toma la forma iñ-, o sea que tenemos iñ-ácá; ya “nosotros” se 
vuelve ña. Lo mismo ocurre con los verbos reflexivos con nasal en la raíz, 
en los cuales el prefijo ye se vuelve ñe. 

En general es muy grande la estabilidad de la lengua guaraní, que en 
sus diferentes dialectos se mantiene con poca variación en cuanto a la fo- 
nética y la morfología respecto del estado en que se manifestó en el siglo 
XVI. Los cambios, naturalmente, son mayores, al contacto con el español 
y el portugués, en el terreno de la semántica y el léxico. 

Una de las ventajas de asomarnos a estos mundos lingúísticos lejanos 
del nuestro es acostumbrarnos al distinto tempo de evolución que tiene cada 
lengua. Las nuestras europeas, si se han detenido, es a fuerza de cultivo 
literario y administrativo, pero se diría que el mundo lingilístico indoeuro- 
peo es más inquieto, y la historia nos permite comprobar en él, por ejemplo, 
desde el indoeuropeo al románico, revoluciones totales. Mientras tanto, otros 
mundos lingiiísticos, como el semita, evolucionan despacio; y aún ocurre 
esto más con el bereber o las lenguas americanas, que mientras no se extin- 
guen ante el empuje de las lenguas europeas u otras indígenas privilegiadas, 
mantienen sus rasgos. 

Ciertas transcripciones modernas de antiguos textos muestran la in- 


118 A. Tovar Po 
variabilidad del guaraní desde el siglo XVI. En cuanto al guaraní anterior 
a la gran crisis del descubrimiento y conquista, es un misterio, que por falta 
de escritura indígena se oculta por completo a nuestra curiosidad. 


En el caso concreto del guaraní, la relación con las lenguas civiliza- 
das se estableció de un modo muy especial, precisamente a consecuencia del 
régimen de las misiones jesuíticas. Como estos misioneros prefirieron el ais- 
lamiento de los indígenas, y en la medida de sus fuerzas prohibían la en- 
trada de europeos, ello tuvo por consecuencia que en el léxico del guaraní 
predominara el calco semántico sobre el préstamo, reduciéndose al mínimo 
la penetración directa de palabras españolas o portuguesas. 


111 


En la morfología del guaraní el rasgo esencial es la falta de distinción 
entre nombre y verbo. Esto quiere decir que la frase es por excelencia no- 
minal: che Tupinambá guasú 'yo (soy) el gran Tupinambá”. 

La falta de diferenciación del verbo es tal, que ciertos sufijos tempo- 
rales se aplican igualmente al nombre que a lo que nosotros llamaríamos 
participios o verbos. Por ejemplo, el mismo sufijo cue aparece en tendota- 
cue “ex-presidente” y en che baecue “yo fuí”. Lo mismo ocurre con el sufijo 
de futuro rámá: ohobaerámá “el que ha de ir”, y también abá rámá “hombre 
futuro, que ha de ser'. Y con el sufijo rangué nombre y verbo se matizan 
de un tono irreal, de condición incumplida: ohobae ranguera “el que había 
de haber ido, y no fué”, abá rangue “el que había de haber sido hombre, y 
no lo fué”. 

El guaraní es una lengua a la vez de prefijos y sufijos. No vamos aquí 
a presentar listas de ellos, sino a analizar cómo funcionan. 


Los nombres (y lo mismo usados como adverbios) que se conciben 
como dependientes de otros, el hijo, por ejemplo, el hermano, la raíz, el 
fuego, detrás de, llevan lo que se ha llamado prefijo de posesión. Es decir, 
que no cabe imaginarlos aislados, sino en dependencia de un poseedor o lo 
que nosotros llamaríamos un régimen. En guaraní, como en muchas otras 
lenguas americanas, no se puede decir por ejemplo “patria” abstraída de 
toda relación, sino “patria mía” o “patria de aquél'. No existe, pues, sino en 
nuestra mente de europeos, para ciertos nombres que no se conciben aisla- 
dos, una forma abstracta y desprendida de toda relación, como aparece 
en el diccionario. 


La “patria” se dice t-etá. Ésta es la forma que podríamos llamar abso- 


Lengua guarani 119 
luta, pero siempre concretada por una t prefijada, cuya naturaleza parece 
que hay que entender como artículo, 

Junto a esta ¿ de valor menos determinado alternan r y h (i ante con- 
sonante) o gu (o ante consonante) con valores muy precisos: el primero 
como índice de referencia a un pronombre de 1* o 2* persona: che r-elá 
“mi patria”, pendé r-etá “vuestra patria'. El otro elemento, h y gu ante pa- 
labras que empiecen con vocal y respectivamente í y o ante las que por con- 
sonante, se distribuye según en latín eius y suus, es decir con referencia a 
otro término que el sujeto, o precisamente remitiendo al sujeto, y funciona 
como índice posesivo de tercera persona. Esta distinción del posesivo tiene 
una importancia incalculable en una lengua donde las formas verbales no 
están especialmente caracterizadas. 


En el estado actual de la lengua, y salvo los referidos prefijos ¡ o, los 
prefijos posesivos no se conservan sino ante determinados nombres que co- 
mienzan por vocal. La comparación de o con gu prueba claramente su iden- 
tidad, ya que la forma prevocálica gu no es sino una grafía de o convertida 
en consonante. 

Pero si el uso de io no se diferencia en nada de los posesivos en otras 
lenguas, el juego completo de £- r- i- (h-) o- (gu-) presenta un rasgo es- 
pecial y típico de esta lengua. Por cierto que en el empleo de la r como 
signo de posesión combinado con el genitivo constructo se puede señalar un 
rasgo que se da en las lenguas más diversas: camíticas, caucásicas (y como 
en éstas en vasco en casos como su-l-ondo de su “fuego” y ondo “junto a”). 

El uso de estos elementos posesivos como pronombres con el verbo es 
sumamente ilustrative sobre el valor verbal-nominal de la palabra guaraní. 

oyapó significa 'él hace', y literalmente es el posesivo más una forma 
nominal que significa 'hacer'. El o- remite, según lo que hemos dicho más 
arriba, como el latín suus, al sujeto, y así, por ello mismo, queda claramen- 
te verbalizada la acción: oyapó 'él hace', es decir, “su propio hacer (del 
que lo hace)”. 

Muchos verbos, que si bien no siempre coinciden con nuestros transi- 
tivos, se constituyen mediante la acumulación de ambos posesivos, el 
que podríamos considerar relacionado con un genitivo objetivo y el que 
remite a otro genitivo subjetivo: o-i-potá “él lo desea” es en su verdadero 
valor algo así como suum-cius-desiderium, es decir, el deseo de él (subje- 
tivo) de ello (objetivo)”. 

Que yo sepa, es ahora cuando por primera vez se señala esta cons- 
trucción de la lengua guaraní, tan reveladora de su íntima estructura. A 
partir de esto, la explicación del resto de la conjugación guaraní es mucho 
más sencilla, 


120 A. TovARr a 

El manejo de estos prefijos nos descubre la identidad entre el nombre 
y el verbo. Así che r-ecó “yo tengo” es lo mismo que “el tener de mí”, ya 
que che antepuesto resulta, en cuanto tal, genitivo constructo; nde r-ecó 
“tú tienes" es lo mismo que “tu tener”, h-ecó' es “suum habere'. Con ello nos 
encontramos en lo que podemos imaginar como remotos orígenes de la con- 
Jugación. 

En las distintas clases que los gramáticos modernos distinguen dentro 
de los verbos guaraníes se nota en diferentes grados este carácter no- 
minal. Los verbos llamados “chendales”” por algún gramático son los que 
lo presentan más visible, Por ejemplo, che pochi “yo me enojo' es en rea- 
lidad lo mismo que decir “yo (estoy) enojado” o “mi enojo”. 

En los otros verbos el nombre se verbaliza algo más mediante el 
desarrollo de unas formas pronominales a- r(e)-, el ya estudiado o, para 
el singular, y ya ro p(e) para las dos personas 1* y 2* de plural, que se 
contraponen a los pronombres plenos. Estos pronombres mismos en su forma 
plena, che nde ha'e para el singular, ñandé oré para la persona 1* de plu- 
ral según que se incluya o no en el “nosotros” al interlocutor, pendé para la 
2* de plural, sirven todos (excepto ha'e) de objeto del verbo de la siguiente 
manera: ché RO-haihú “yo TE amo', che sí CHE-raihú “mi madre ME 
ama” (literalmente “de mi madre (genit. constructo) mi amor”. Ya hemos 
dicho que el objeto pronominal de tercera persona va incorporado al verbo 
con la ¡ de los verbos llamados “iantes” en el tipo o-i-potá arriba examina- 


do, 


El verbo guaraní de esta manera nos lleva a un estadio primitivo y 
Ro muy evolucionado en la verbalización del nombre. Por eso los antiguos 
gramáticos jesuítas hallaron abundantes “participios” y “gerundios” que 
funcionaban de modo algo parecido al nombre verbal de las lenguas clási- 
cas: participios griegos, gerundios y supinos latinos. Pero en guaraní es 
siempre el nombre verbal el que actúa, y no sólo en estas formas equivalen- 
tes a las de las lenguas clásicas, sino en todas aquellas en qué nosotros 
vemos formas personales del verbo. 


IV 


Es precisamente mediante un claro juego de prefijos y sufijos como 
el tema verbal, que es un nombre, se convierte en apto para expresar las 
relaciones verbales, En nuestras lenguas, y ya en las antiguas indoeuropeas 
estos elementos son cosa abstracta, puros signos, cuyo primitivo valor eti- 
mológico apenas puede ser percibido. En nuestro imperfecto amabas sólo es 


Lengua guaraní 121 
una hipótesis que sobre un “tema” abstraído amá- determine el tiempo un 
-bá- que sería del mismo verbo que fui, sánscr. bhavati, gr. physis, esl. byti 
etc., y la idea de persona la expresa una -s que acaso, al menos según pen- 
saban los lingiiistas de hace un siglo, es un resto del pronombre de segunda 
persona. 

En guaraní, todos estos signos, como muchos menos evolucionados, 
son más fáciles de analizar. 

Por eso toda la doctrina de los modos verbales es a la vez la explica- 
ción de los adverbios y lo que para nosotros sería la doctrina de la subor- 
dinación. 

En nada se diferencian por otra parte de estos sufijos temporales o 
—para nosotros— modales, los sufijos o mejor dicho, postposiciones, con 
que se expresan lo que para nuestra conciencia lingiiística son los “casos”: 
así guárá o peguárá 'para', gui “de, por”, guibé “desde (que)” kofí “hacia”, 
ndibé 'con' aplicado a seres animados, pe “a” con dat. y acus. y aplicado a 
seres animados, y además con el valor de “en' y como sufijo de instrumental, 
pebé 'hasta”, pipe “en, dentro de', rangué “en vez de', rehebé “con” aplicado 
a cosas, rupi “por, a través de”, yabe 'mientras”... 

Resultará muy revelador del genio de la lengua la observación de que 
los adverbios y a la vez sufijos de tiempo funcionan exactamente igual. La 
línea divisoria entre preposiciones, adverbios y conjunciones no existe. Ya 
en la anterior lista de preposiciones, algunas son a la vez conjunciones y 
adverbios; añadamos a la lista por vía de ejemplo: ayá “mientras', eté “muy”, 
sufijo de superlativo y también con un nombre indica el valor de “genuino, 
por excelencia”; mi diminutivo, guaré “cuando”, ko o ku “ciertamente”, mante 
“sólo”, nipó “de veras', nuné “quizás”, pa partícula interrogativa, picó “¿no 
es cierto?”, pipó “¿acaso?”. 

Varios sufijos de todos estos entrarían desde nuestro punto de vista 
en la doctrina de la conjugación, pero no se olvide que en la mentalidad 
lingilística guaraní en nada se diferencian de nuestras categorías bautizadas 
como preposiciones, adverbios y conjunciones. 

Así hape, a la vez que significa 'cuando' y 'donde' hace de formante 
de gerundio. Por ejemplo ayapó HAPE che rembiapó terehó okape 
*MIENTRAS hago mi trabajo, vete fuera”, y lo mismo reikuaaH APE 
Nandeyara nderáihuhuá, aniteí remoñemiró chupé “sabieNDO tú que Dios te 
ama, no le ofendas'. 

Lo mismo que estos sufijos funcionan hara y hare para el participio 
pasado, ke, na y kena caracterizan al imperativo; kue indica el pasado, lo 
mismo con un, nombre que con un adjetivo o verbo; ma es “ya”, maramo ca- 
racteriza lo que sería para nosotros participio pasado, memé expresa un 


122 A. Tovar 
tiempo que nosotros expresaríamos con el adverbio 'inmediatamente', mo y 
mora'e serían nuestro “si” a la vez que el sufijo de condicional. 

Ya se ve que ciertos aspectos o maneras de concebir la acción verbal 
o la voz se expresan lo mismo que el tiempo. Así mo'á matiza el significado 
verbal con la idea de 'casi, estar a punto de'; muy semejante sentido es el 
de polá como auxiliar, cuyo significado independiente es el de “querer”, 
como hemos visto; no lejos de este sentido está el sufijo fa; ne es signo de 
futuro, nera'e de futuro perfecto, pi de voz pasiva, pira de participio fu- 
turo pasivo, pire de participio pasado pasivo; ra'e indica pasado de indica- 
tivo; ramo es modal, y caracteriza en general el subjuntivo, pero su valor 
independiente resalta en que a la vez funciona como sufijo de gerundio y 
como postposición que indica “por, en vez de, en lugar de'. 

Veamos algunos ejemplos: areco che-rai-RAMO pe mitá “tengo POR 
(COMO SI FUERA) mi hijo a ese niño” expresa un valor irreal exac- 
tamente como el subjuntivo reyúRAMO “SI vinlERAS' o en la frase 
rohechá bareáR AMO 'te veo (COMO) hambriento”. 

Igualmente, riré indica el tiempo de subjuntivo, pero a la vez “después”; 
se es sufijo desiderativo, ucd causativo, ba iterativo. Por consiguiente, la 
doctrina de las voces del verbo en su más amplio sentido (incluyendo el 
desiderativo, el frecuentativo, el incoativo, etc. del indoeuropeo) se viene a 
confundir con la de los sufijos de tipo adverbial y con la de la sintaxis de 
la subordinación. 

El mismo pronombre relativo entra en último término en la serie de 
estos sufijos: ha es a la vez pronombre relativo y conjunción: co che rem- 
biapó ayapoHÁ "este mi trabajo QUE hago', pero es también a la vez 
sufijo de agente, pues el agente, si bien pensamos, es “el QUE. hace". 

Terminemos ya, para no incurrir en el tono de una lección árida, con 
esta desordenada lista de sufijos. Ya se habrá observado que muchos 
de los enumerados son compuestos. Con ha lo son haguá, que matiza al 
agente o relativo de sentido de finalidad o subordinación con futuro; hagué 
y haguegui y hoguepe son otras combinaciones de fácil análisis. Semejante a 
ha actúa ba, igualmente pronombre relativo, en formas como baecué, baerá. 

be significa 'más”, y su construcción es muy ilustrativa para el caso de 
la comparación en las lenguas indoeuropeas: emoiBÉ 'ponga V. MAS, 
koba iporáBE pébagui “esto es MÁS hermoso que eso” ('a partir de eso”). 


V 


En sustancia, todas las palabras guaraníes es posible reducirlas a dos 


Lengua guaraní 123 
clases: palabras que indican un contenido (cosa, acción, cualidad, lugar o 
tiempo), y palabras que indican atribución, relación o modo. 

Distinguiendo en estas últimas prefijos y sufijos, pueden reducirse a 
tres las partes de la oración en la lengua que nos ocupa: nombre-acción, 
prefijos o elementos que indican la relación, y sufijos o partículas que im- 
plican matices de modalidad (modo y tiempo del verbo, caso del nombre, 
subordinación de oraciones). 

Sabido es que cada lengua tiene su propio sistema de “partes de la 
oración” y que el análisis de éstas ha de basarse en las particularidades 
fonéticas, morfológicas, sintácticas y semánticas. Sin sutilizar demasiado, 
como ahora se acostumbra para explicar teóricamente lo que la tradición 
ha ido laboriosamente distinguiendo, es evidente que será útil estudiar en el 
caso de una lengua extraña al pensamiento gramatical que tenderemos siem- 
pre a considerar “normal”, cuál es el sistema de partes de la oración que 
en ella puede distinguirse. Ello constituirá el análisis más profundo posible 
de la estructura de la lengua. 

Con un criterio de jerarquizar las tres partes de la oración que dis- 
tinguimos en guaraní, apreciaríamos su valor semántico, quiero decir, su 
contenido semasiológico, y en general asignaríamos a una de las tres cate- 
gorías, la nominal-verbal, la plenitud de ese contenido, independiente en 
cambio de toda relación sintáctica. El polo opuesto vendrían a formarlo los 
prefijos, que tienden a ser un puro sintagmema, es decir, un signo sin con- 
tenido propio. Entre ambos extremos se hallan los sufijos, que tienen con- 
tenido semántico, pero a la vez marcada función sintáctica. 

Hay, pues, una categoría, el nombre-verbo, en que predomina el sig- 
nificado; otra, los prefijos, que tiene valor puramente funcional, y final- 
mente, una tercera, los sufijos, que participa de ambas cualidades: signifi- 
cado e instrumento de relación. Notemos que esta clasificación exige ser 
entendida muy en general, pues también hay sufijos que no son tampoco 
sino puros sintagmemas: pe por ejemplo, los cuales constituyen el caso re- 
cíproco de che, pronombre de primera persona, que es un prefijo con con- 
tenido semántico. 

A estas tres categorías a que nos estamos refiriendo cabría añadir 
desde luego, como un apartado especial, la interjección. Muy diferenciada en 
los vocabularios antiguos según el sexo del que hablaba, hoy parece haber 
reducido su importancia. 

Los numerales apenas existen en guaraní, por haber quedado sin des- 
arrollar en la cultura indígena la numeración. No pasa ésta del cuatro, y 
los nombres de los cuatro primeros números parece que pueden explicarse 
a partir de los de los dedos de la mano, a contar del índice al meñique. 


124 A. Tovar 


VI 


Una ojeada al diccionario guaraní convence de que se trata de una 
lengua monosilábica. Lo que ocurre es que la facilidad de la composición 
por una parte, y por otra el desarrollo de elementos lingilísticos indicadores 
de relación y más o menos vacíos de significado, han hecho palabras de 
dos, tres o más sílabas. Pero aun éstas pueden ser analizadas en sus ele- 
mentos, que a veces han perdido su sentido con valor independiente. 

La estructura de la palabra es sin embargo a veces polisílaba debido 
a razones de onomatopeya o expresividad, así tenemos siri “fluir”, (o) sununú 
“retumba el trueno”, (a) tarará “rechinar de dientes, temblar” etc. 

Otras veces la palabra es polisilaba por yuxtaposición de elementos 
cuyo valor independiente se ha perdido. Otras veces los polisílabos proce- 
derán de otras lenguas, mas para este capítulo de los préstamos mutuos 
entre las lenguas americanas la discusión es prematura. Cabe pensar que el 
guaraní ha absorbido muchas lenguas menores. 


La sílaba es en general directa, es decir, compuesta de consonante 
más vocal. No exisle muda con líquida, y en los préstamos del español tien- 
de a simplificarse éste como los demás grupos consonánticos: coserebla de 
conserva, aramiró de almidón. 

Con valor fonológico existe el hiato. Se distinguen por ejemplo cuá 
“agujero” y cu'a “mitad, cintura. En la pronunciación rápida el hiato des- 
aparece, y esto se ve especialmente en compuestos. 

Al hacer algunas observaciones sobre el guaraní, es preciso dejar en 
claro que es sólo la posición de la gramática tradicional, y nuestra conciencia 
lingiiística, lo que nos obliga a considerar como fenómenos dignos de ser sub- 
rayados particularidades que si nos lo parecen a nosotros, son comunes a 
la mayor parte de las lenguas del mundo. 


Así necesitamos aclarar que en guaraní no existen las categorías gra- 
maticales de género y de número (salvo en los pronombres, y por consi- 
guiente en el verbo, para este último). Naturalmente indican sexo palabras 
como abá “hombre” y cuñá “mujer' o tubá 'padre' y si 'madre'; pero lo que 
no existe es algo comparable al sexo puramente gramatical o género de las 
cosas, que es una rareza de nuestras lenguas, ni menos aún cosa semejante 
a la moción del adjetivo que es distinto en su terminación para casa herz 
mosa y paraguas hermoso, 

Tampoco existe número. Concepto tan necesario como parece el nú- 
mero gramatical, hay también una mayoría de lenguas en el mundo que lo 
desconocen para el nombre. Y aun en nuestras mismas lenguas, basta con 
penetrar en matices ccmo el tipo indefinido el caballo corre o el camello 


Lengua guaraní 125 
es un rumiante, para percibir que no es el número un accidente gramatical 
que haya de llevar siempre connotación expresa. Puede bastar un nombre 
de número o un pronombre, o en caso necesario un nombre de significación 
colectiva o un signo pluralizador, que en guaraní es principalmente cuerá, 
cuya frecuencia creciente no cabe duda que obedece al bilingilismo, es de- 
cir, a la penetración de modos de pensar europeos. 

Es evidente que en una lengua donde se economizan los signos de 
relación gramatical, el orden de palabras constituye de por sí un elemento 
de valor sintáctico. El hipérbaton latino es posible gracias a un lujo de 
desinencias como el que tenemos en haRUM bonARUM artiUM, donde 
cada palabra lleva por sí su signo de género, número y caso, plenamente 
caracterizada en su función gramatical. Cada palabra por sí sola ya indi- 
ca lo que tiene que indicar. Mas en una lengua donde los signos de relación 
gramatical se aplican no a palabras, sino a grupos, de forma en algo seme- 
jante a lenguas modernas como el inglés, en que los antiguos signos indo- 
europeos de relaciones gramaticales han decaído por completo, el orden 
de palabras está mucho más acá de la zona estilística o puramente expresiva, 
para mantenerse dentro de los valores elementalmente sintácticos. 

El orden precisa una relación de genitivo; bien es verdad que, al me- 
nos en los temas iniciados por vocal, el signo posesivo, es decir, un prefijo, 
precisa el sentido de la relación. Como regla general podemos dar la de 
que la palabra para nuestro sentido regente sigue, con o sin prefijo posesivo, 
a la regida. 

La frase nominal está también en relación con el orden de palabras, 
y asimismo la relación del verbo con sujeto y objeto. 

Que prefijos y sufijos sean partes de la oración, ya orienta sobre la 
importancia que el orden de palabras tiene en la frase. 

La negación en guaraní tiene una curiosa variedad de formas, parti- 
cipando a la vez del carácter de prefijo y de sufijo. 

Con el verbo la negación se indica anteponiendo nda y postponiendo 
i: nda- -yaha-i 'no vamos”, nda che-i 'no soy". Lo mismo ocurre con formas 
verbales más complejas: nda che recha-í 'no me ve”, na che mosé-i “no me 
expulsa. En la frase interrogativo-negativa ocurre igual, sólo que detrás 
de ¡ va la partícula interrogativa pa: nda ipochi-ipa '¿no se enoja?”, nd- 
oisu'u-ipa “¿no muerde?”. 

Otra forma de negación hay para formar modales, que es 1': así oú- 
ieramo literalmente es 'viene-no-si', o sea “si no viene'; ahecha-1 haguá *para 
No ver”, 

El prohibitivo tiene una negación, ani o anike, que es la misma forma 
absoluta anichene “no”, 


126 A. Tovar 

Todas estas variadas formas pueden reducirse a unidad considerando 
en el fondo de la negación una nasal, que aparece más o menos apoyada 
en otros sonidos. 

Creemos que con este análisis podemos presentar con claridad una 
lengua sudamericana. Justamente porque es una labor de síntesis la que se 
necesita antes de tener una orientación para el trabajo comparativo, creemos 
de interés haberla iniciado. Por eso me he atrevido a hacer un intento de 
síntesis, por si ello sirviera de invitación a un estudiante argentino que sien- 
ta la llamada de un verdadero deber y la atracción del misterio de la pa- 
labra en las remotas profundidades de este continente americano. 


ANTONIO "TOVAR 
Universidad de Buenos Aires - Salamanca. 


PROBLEMAS DEL HISPANOAMERICANO 


Los interesantes problemas del español americano cobran palpitante 
actualidad con las recientes publicaciones de Max Leopold Wagner (" y 
Bertil Malmberg (??, cuyos nuevos puntos de vista y materiales aportados 
(en especial el libro de Wagner, en cuanto al vocabulario se refiere) cons- 
tituyen una valiosa contribución al estudio de los diferentes fenómenos que 
presenta Ja lengua española de América. 


El libro de Wagner es un estudio de conjunto de los problemas fun- 
damentales del hispanoamericano, un resumen más o menos completo de las 
conclusiones a que ha llegado la investigación lingilística en este importante 
sector del mundo hispánico. Después de dedicar un primer capítulo al estu- 
dio de los elementos españoles de la lengua (algunos de cuyos detalles cita- 
remos más abajo) y otro a la consideración del vocabulario indígena de 
América, el eminente romanista presenta una interesante antología donde se 
ponen de manifiesto los rasgos más característicos de las distintas zonas his- 
panoamericanas y termina con un apéndice sobre los llamados “dialectos 
criollos'*: el papiamento de Curacao, el negro-español de Cuba 'y el tágalo- 
español de las Filipinas. 

El trabajo del lingilista sueco, por su parte, es el resultado de obser- 
vaciones directas, efectuadas en el reciente viaje del autor por los países de 
la América del Sud. En la primera parte hace, a manera de introducción, 
una, síntesis de los principales problemas que se plantean al estudiar el espa- 
ñol de América; anota, en particular, los fenómenos fonéticos, morfoló- 
gicos y sintácticos que más caracterizan al hispanoamericano, no limitándose 
tan sólo a resumir las opiniones emitidas hasta el presente, sino ofreciendo 
también su propia opinión sobre los distintos temas tratados. Luego estudia 
en detalle cuatro regiones lingilísticas que, a su juicio, ofrecen mayor inte- 


(1) Max Leopold Wagner, Lingua e dialetti dell" America Spagnola. 
Edizioni Le Lingue Estere, Firenze, 1949, 190 págs. 

(2 Bertil Malmberg, L'Espagnol dans le Nouveau Monde - Pro- 
blémes de linguistique générale. Tirage A part des Studia Linguistica, 1947 - 
48, 74 págs. 


128 M1. E. ZaPPAcosTA DE WILLMOTT 
rés por sus rasgos típicamente particulares: la región del Río de la Plata, 
Perú, Chile y el Paraguay. 

De todos los problemas que suscita la lengua de América, uno de los 
más importantes es, sin duda alguna, el de la influencia del sustrato 
lingúñístico, problema cuya solución definitiva está muy lejos aún de haber 
sido lograda. 

En efecto, después de las críticas rigurosas que a la teoría de Rodolfo 
Lenz hicieron, serios investigadores como Max Leopold Wagner (%) y Ama- 
do Alonso (* y del adelanto alcanzado por los estudios dialectológicos 
tanto peninsulares como americanos, la importancia del sustrato indígena, 
exagerada por Lenz, ha sido notablemente reducida hasta el punto de llegar 
a adoptarse una posición completamente negativa frente a dicho problema (*?. 

En la obra de Wagner que comentamos, el autor se muestra muy pru- 
dente en esta cuestión. Si bien es cierto que atribuye al sustrato indígena 
algunas diferencias lexicológicas y las innovaciones de los distintos países 
americanos, por otra parte resta importancia al influjo sustratista en lo 
que se refiere a los fenómenos fonéticos, morfológicos y sintácticos. “La 
mayoría de los fenómenos fonéticos —dice en la pág. 143— se encuentran 
en el español de España y en los dialectos españoles, con la sola adverten- 
cia de que no todos los fenómenos pertenecen a todas las variedades ame- 
ricanas y naturalmente también hay fenómenos que tienen un carácter local, 
sea que se trate de desarrollos independientes, sea —en casos más bien 
raros— de influencia del sustrato indígena”. Más adelante agrega: ““Tam- 
bién en la esfera de la: morfología y de la sintaxis, las condiciones america- 
nas derivan de las de la madre patria”. Y finalmente: “La influencia de 
las lenguas indígenas sobre la sintaxis del hispanoamericano es casi nula y 
en los casos en que se ha observado aparece, por lo menos, dudosa.” 

No obstante, en ciertas regiones de América se observa una serie de 
fenómenos que han querido ser explicados por la influencia de la lengua autóc- 


($ Max Leopold Wagner, Amerikanospanisch und Vulgárlaicin. 
Zeitschrift fiir romanische Pbilologie, 1920, XL, págs. 286-312. Tra- 
ducción española en Cuadernos del Instituto de Filología. Bs. As., 1942, 
I. - El supuesto andalucismo de América y la teoría climatológica. RFE. 
XIV, págs. 20-32. 

(4) Amado Alonso, Examen de la teoría indigenista de R. Lenz. 
RFH, I, 4. (1939), 

(2 W, IL Entwistle, The Spanish Language. Londres, 1935, pág. 
238: “The influence of the American substrata, in short, has done no more 
than provide the names for exotic things, not all of which have a wide 
circulation, and many of which stand liable to replacement by newer Euro- 
pean terms”. 


Ma 


MAA AA 


Pr 


Problemas del hispanoamericano a 129 
tona de la misma región. Ya Henríquez Ureña (% había hablado de los 
contactos del español con las diversas lenguas indígenas, hecho que agrega- 
do a otros, como la diferencia de clima, diferencia de población, diverso 
grado de cultura, mayor o menor aislamiento de las distintas zonas “han 
producido o fomentado diferenciaciones en la fonética, en el vocabulario y 
en la sintaxis”. 

En lo que respecta al vocabulario, nadie pone en duda la influencia 
de las lenguas autóctonas, no sólo en los numerosos indigenismos de distinta 
naturaleza que han ido a engrosar el caudal lexicológico del español general 
sino también, como dice H. Ureña, en “la riqueza de matices, costumbres 
de distinguir y disociar, empeño de establecer divisiones y subdivisiones en 
las cosas materiales y sus elementos” que “'no es aventurado atribuir a perpe- 
tuación de hábitos mentales y tradiciones culturales indígenas”. 

En cuanto a la entonación, la cadencia musical de la frase, particular 
en cada una de las distintas regiones americanas, entonación que es evidente- 
mente debida al influjo de las distintas lenguas primitivas, es sin lugar a dudas 
el elemento más persistente de la lengua sustrato. Muchos son los lingitistas 
que se han referido a la influencia de la entonación del náhuatl en el español 
de México; del maya, en el habla de la Península de Yucatán; del quichua, 
en la lengua de los países del Pacífico, de Bolivia y del Norte argentino; 
del araucano, en la de Chile y la Argentina y del guaraní en la del Paraguay 
y las provincias argentinas limítrofes con aquel país. 

Bertil Malmberg nos habla, en L'Espagnol dans le Nouveau Monde, 
de la cadencia musical de la frase que le llamó la; atención en la Provincia 
de Córdoba, en el interior de la República Argentina, donde ha anotado 
una entonación “que no tiene nada de española”. Se trata de una acentua- 
ción especial de las palabras que a menudo le recuerda el acento llamado se- 
cundario del sueco: '“en principe, une mélodie qui, au lieu de tomber vers la 
fin de la syllabe, est gardée sur un ton relativement haut'” y que puede estar 
acompañada por un desplazamiento del acento: móneda, cáfe, señórita. Esta 
entonación, que se opone claramente a la del Río de la Plata, parece ser 
contraria a las tendencias fonéticas del español por lo que hace pensar en un 
fenómeno del sustrato. 

Aparte de la entonación y sin salir del terreno de la fonética, se pue- 
den mencionar ciertos fenómenos que han sido atribuidos también a influen- 
cia de las lenguas autóctonas. A los ya conocidos fenómenos estudiados en 
el mexicano: tendencia a la supresión de la g delante de diptongos que co- 


(6) Pedro Henríquez Ureña, Observaciones sobre el español de Amé- 


rica [. RFE, VIII, pág. 358, 


130 Ma, E. ZaPPAcosTA DE WILLMOTT ! 

mienzan con u, atribuído por H. Ureña a influencia del náhuatl por carecer 
esta lengua del sonido g (7, el timbre especial de la s de la ciudad de Méxi- 
co (5) también de indudable influjo indígena; a los sonidos explosivos o le- 
tras heridas, característicos del maya, usados por los habitantes de la Penín- 
sula de Yucatán cuando hablan español (%; a los fenómenos observados 
(aunque no estudiados con detalle) en la sierra ecuatoriana y colombiana y 
en el sur de Chile 1” donde se cree descubrir importante influencia indígena, 
debemos agregar las nuevas observaciones hechas por Bertil Malmberg en el 
español del Paraguay 01, donde ya M. Morínigo encontraba que los “pa- 
raguayos pronuncian el español aplicándole el sistema fonético de la lengua 
sustrato” (12), 


Sintetizando las observaciones de Malmberg anotamos: 


1” La realización del fonema y como africado, fenómeno que en español 
existe, según Navarro Tomás, sólo en combinaciones con las consonantes r 
y | (cónyuge, el yerno) y a menudo en posición inicial, se encuentra en para- 
guayo también entre vocales (mayor, mayo, mayoría, paraguayo) y el autor 
lo atribuye a influencia guaraní. 2? El grupo tr alveolar y sibilante estudiado 
por A. Alonso (13) es comprobado por Malmberg en la pronunciación pa- 
raguaya y cree el hispanista sueco que este fenómeno debe ponerse también 
en relación con el guaraní, ya que tal vez no tenga nada que ver con los 
fenómenos análogos de España y de otros países hispanoamericanos, pues 
responde a una tendencia a la pronunciación alveolar del españo] paraguayo, 
normal en la lengua materna. 3" La b inicial a menudo es fricativa, contra- 
riamente al uso español pero conforme con la costumbre guaraní. De todo 
esto concluye el autor que esta lengua indígena ha ejercido una influencia 


(MH. Ureña, RFE, VII, pág. 367: awa, antiwo, Wadalupe. 

($) H, Ureña, ob. cit., pág. 367 y A. Alonso, Substralum y Super- 
stratum. RFH, IL, 3 (1941), pág. 215, nota 1. 

(9 A, R. Nykl, Notas sobre el español de Yucatán, Veracruz y 
Tlaxcala. BDH, IV, pág. 215. 

(10) A, Alonso, Substratum y superstratum. RFH, IM, 3 (1941), 
pág. 214, nota 2. 

(1) B. Malmberg, Notas sobre la fonética del español en el Para- 
guay. En Vetenskapssocieteten 1] Lund, Aarsbok, 1947. Yearsbook of the 
New Society of Letters at Lund, Saartryck; separata Lund, C. W. K. 
Gleerup. 

(12) Marcos Morínigo, NREH, II, 3, 1948, pág. 283. 

(13) A, Alonso, El grupo tr en España y América. En Homenaje a 
Menéndez Pidal, Madrid, 1925, II, págs. 167 - 191. 


Problemas del hispanoamericano 131 


considerable sobre el sistema español del Paraguay pero, hace notar que a 
pesar de ello, el sistema fonético español ha quedado intacto. 

Dejando a un lado el vocabulario y la fonética y entrando en el terre- 
no de la morfología y la sintaxis, veamos si también se advierten en ellas 
fenómenos que puedan atribuirse a influjo de las lenguas indígenas. 

Es un hecho comprobado que los indios, cuando comienzan a usar la 
iengua española, traducen ciertas construcciones de sus respectivas lenguas 
al español. A. R. Nykl 19 refiere que los indios de Tlaxcala usan en es- 
pañol algunas expresiones como vuestras personas, vuestras personitas de us- 
tedes y que abusan de los diminutivos diciendo vosotrititos y llamando a la Vir- 
gen nuestra madrecita. También los aztecas que no saben hablar correctamen- 
te el español cometen errores de concordancia entre el adjetivo y el sustantivo 
diciendo carbón buena, verdura barato, etc. por no existir la concordancia 
en su lengua; omiten el artículo: alza sombrero y usan el tú con el verbo en 
tercera persona: ú dijo, tú resolverá. La misma falta de concordancia come- 
ten los indios peruanos por influencia del quichua, que tampoco posee ar- 
tículo, y a menudo confunde los géneros diciendo: el mujer, la toro, la hom- 
bre, la caballo, el flor, etc. Llama la atención también en estos indios de la 
sierra la construcción con el genitivo: De mi tío su amigo, traducción directa 
del quichua (1”?, Pero en todos estos casos no se puede hablar en rigor de 
verdadera influencia del sustrato indígena, pues son traducciones de una len- 
gua a otra hechas por personas que no dominan el idioma que usan; tales 
construcciones no se encuentran nunca en' el habla de la gente medianamente 
culta, 

Se podría mencionar aquí el sufijo gentilicio -eco de origen náhuatl en 
palabras como yucateco, cuzcaleco, chiapaneco, etc. usado en México y en 
la América Central. También del quichua ha sobrevivido el sufijo posesivo 
-y y el sufijo -la que indica cariño: viday, viditay, vidala, vidalitay (con 1 
por despalatalización), usados desde el Norte argentino hasta el Ecuador; 
en la sierra ecuatoriana se dice mi guaguaya, “guagiiita”, con lle conver- 
tida en y. Pero estos antiguos morfemas hoy no se sienten como tales. (10. 

En su libro American-Spanish Syntax (Chicago, 1945), Charles E. 
Kany cita otros fenómenos sintácticos que a menudo han sido atribuídos a 
influencia del sustrato indígena. Así por ejemplo, en la zona lingiñística an- 
dina (Bolivia, Perú, Ecuador), la posición final del verbo en frases como: 


(149 A, R. Nykl, ob. cit. 


(13M. L. Wagner, Lingua e dialetti dell America Spagnola, pág. 
TE 
(16) A. Alonso, Substratum y Superstratum, pág. 216, nota 2. 


132 M». E. ZAPPACOSTA DE WILLMOTT 

¿Es joven lu novia? - Joven es. ¿Y tú lo recomiendas a Luis? - Sí, señor, 
hombre bueno es. Con hambre mismo estoy, etc. (Kany, pág. 265). A 
pesar de que estas construcciones deben ser consideradas como herencia es- 
pañola, pues tal posición del verbo era común en %a lengua antigua, sin em- 
bargo han sido favorecidas, como dice el autor, por una tendencia similar 
en las lenguas indígenas de ciertas regiones, en este caso del quichua. 

También es sumamente frecuente en muchas partes de América el uso 
de la forma verbal estar siendo en oraciones pasivas como: El puerto está 
siendo bombardeado (en el sentido de “están bombardeando el puerto”, “se 
sigue bombardeando el puerto'*, “el puerto es bombardeado”, etc.) (Kany, 
pág. 238). La supervivencia de este uso del gerundio, por otra parte no 
desconocido en España, se explica también, como el fenómeno anterior, por 
el uso de construcciones semejantes de la lengua sustrato tanto del quichua, 
en lo que a Perú y Ecuador se refiere, como del mapuche en lo que respecta 
al español popular de Chiloé, Chile y ciertas regiones de la República Ar- 
gentina. 

En el habla popular de las tierras altas del Ecuador y sud de Co- 
lombia, el imperativo se atenúa substituyéndose por una perífrasis con el 
verbo dar y el gerundio, calcada sobre el quichua: dame trayendo es pre- 
ferido a “tráeme” o “tráemelo””; dame llevando, a “llévamelo'””; dame es- 
cribiendo, a “escribe”, etc. (Kany, pág. 158), construcciones que no sólo 
son comunes en el lenguaje rústico de los indígenas, sino que se introducen 
hasta en la conversación familiar de las personas más o menos cultas, 

Malmberg cita un artículo de Mario Flores, El castellano en Corrien- 
les (27), donde hay algunos ejemplos de fenómenos debidos a influencia del 
sustrato guaraní en el español! popular de esa provincia argentina cercana al 
Paraguay. Así, el sufijo -ita, -etá, agregado a un sustantivo o a un adjetivo 
para indicar un gran número y la partícula interrogativa pa que reemplaza 
a la entonación creciente del español: Vamos pa al baile por “¿Vamos al 
baile?”, Sobre todo en la formación de los tiempos verbales esta influencia 
se deja sentir notablemente pues el guaraní no conoce el tiempo verbal pro- 
piamente dicho. Por ejemplo el correntino dice: Estoy yendo a tu casa y 
quiere decir “Voy a tu casa”, mientras que con esta última frase expresa el 
pasado, es decir, “Fuí a tu casa”. Como significa “comí” y estoy comiendo, 
“como”; llueve, “llovió”, etc. Otro rasgo interesante es la construcción Yo 
fuí que maté por “Yo fuí quien lo mató”, fenómeno que se explica por la 
falta de pronombre relativo en el guaraní. Claro que, como dice Malmberg, 


(17) Mario Flores, El castellano en Corrientes. En la revista argenti- 
na Por nuestro idioma, mayo-junio 1946, 


Problemas del hispanoamericano 133 
estos fenómenos no pasan los límites de los medios completamente rústicos 
donde se han originado. Por otra parte es discutible si en estos casos se puede 
hablar de sustrato, pues en realidad estos fenómenos se observan en personas 
que 'se expresan en español como en una lengua extranjera y tales construc- 
ciones son tan sólo meras traducciones del guaraní, su verdadera lengua 
materna. Por lo tanto se trata aquí de un caso análogo al citado más arriba 
sobre las construcciones españolas de los indios mexicanos y peruanos. 

De todo lo expuesto referente al problema del sustrato indígena ame- 
ricano, podemos sacar ciertas conclusiones: 

La influencia de las lenguas de América sobre el español de los con- 
quistadores se manifiesta evidentemente en el léxico; en cuanto a las ento- 
naciones particulares de las distintas zonas americanas, es probable que se 
deban al influjo del sustrato pero no ha sido demostrado en forma definitiva 
y convincente; en lo que se refiere a la evolución fonética, la influencia in- 
dígena es tan escasa y restringida que no ha llegado a alterar el sistema fun- 
cional del español; además, cuando se la encuentra, está limitada en casi 
todos los casos a las capas sociales más bajas, pues se va perdiendo en las 
clases medianamente cultas por el aprendizaje de la lengua. Finalmente la 
influencia sustratista es mucho más dudosa en la morfología y sobre todo en 
la sintaxis, donde son muy pocos (por no decir ninguno) los fenómenos que 
pueden atribuirse sin lugar a dudas al sustrato indígena. 

Cuando se habla del hispanoamericano no se puede dejar de mencio- 
nar el llamado problema del andalucismo de América, teo- 
ría que habiendo tenido su origen en Alcedo (18), fué sustentada por la ma- 
yoría de los lingilistas tanto hispánicos como extranjeros, para quienes era 
cosa indiscutible que las variaciones dialectales del español americano tenían 
su origen en el predominio del elemento andaluz durante la conquista y la 
colonización del Nuevo Mundo. 

La cuestión se tornó particularmente interesante cuando fué debatida 
por los ilustres lingiiistas Max Leopold Wagner y Pedro Henríquez Ureña 
principalmente en la Revista de Filología Española. (19 


(18% Antonio Alcedo, Diccionario geográfico-histórico de las Indias 
Occidentales, América-Madrid 1786-1789. 

(19% Origen de esta discusión fué el artículo publicado por M. L. 
Wagner en la ZRPh, Amerikanospanisch und Vulgárlatein. Al año siguien- 
te y sin conocer este trabajo, P. Henríquez Ureña escribía en la RFE, tomo 
VIII, 1921, sus Observaciones sobre el español de América, 1. Conocido el 
artículo de Wagner, H. Ureña retoma el temá, contestando a las observa- 
ciones del hispanista alemán, en su artículo El supuesto andalucismo de Amé- 
rica, publicado en el Cuaderno 1 del Instituto de Filología de Buenos Aires, 


134 M+, E. ZAPPACOSTA DE WILLMOTT 


Después de considerar las opiniones expuestas por ambos hispanistas, 
es posible reducir el problema del andalucismo a los “siguientes puntos: 


1* Sin generalizar el fenómeno, no se puede negar la semejanza en la 
pronunciación entre la América española y Andalucía. 


2% Esta semejanza es mucho más notable en las tierras bajas que en 
las tierras altas. (20 


32 El parecido entre la pronunciación hispanoamericana y andaluza 
no se puede explicar por la supremacía del elemento andaluz durante la 
conquista y colonización, pues se ha probado que el elemento predomi- 
nante ha sido el castellano), pero es un hecho comprobado por todos. 


4 Dado que algunos fenómenos fonéticos en que se basa esta seme- 
janza no podían existir en boca de los primeros colonizadores (como el 
seseo y probablemente el yeísmo), porque se produjeron en España con 
fecha más tardía, podemos pensar que ellos han sido desarrollos indepen- 
dientes de una misma tendencia de la lengua que se cumplió en España y 
en América. 41 


1925. Con el título de El supuesto andalucismo de América y la teoría cli- 
matológica, publicó M. L. Wagner su réplica a las objeciones de P. H. 
Ureña en la RFE tomo XIV, 1927 y, finalmente, pusieron término a la tan 
debatida cuestión, dos artículos del mismo hispanista: Observaciones sobre el 
español de América IÍ, aparecido en el tomo XVII de la RFE y Observa- 
ciones sobre el español de América III, en el tomo XVIII de la citada re- 
vista. 

(20) La división en tierras altas y bajas fué establecida por H. Ureña 
en su artículo El supuesto andalucismo de América, pero fué esbozada, aun- 
que sin darle estos nombres, por M. L. Wagner en El español de América 
y el latín vulgar. Ambos romanistas están conformes en llamar tierras altas 
a la meseta central de México, las altiplanicies de la América Central y 
las zonas andinas de la América del Sud: Venezuela, Colombia, Ecuador, 
Perú, Bolivia y Chile; mientras que son tierras bajas las Antillas, las cos- 
tas atlánticas de México, de Colombia, de Venezuela y los países del Río 
de la Plata: la Argentina, Uruguay y Paraguay. 

(21A Alonso, La pronunciación americana de la z y de la c en el 
siglo XVI, Universidad de La Habana, N* 23, marzo-abril de 1939, 
págs. 62-83. 

Espinosa, BDH, l, pág. 192, nota 1. 

A. Alonso, Examen de la teoría indigenista de Rodolfo Lenz. RFH, 
1, 4 (1939), pág. 323: “La aspiración de la s final de sílaba es un fe- 
nómeno que se ha producido en el siglo XIX (quizá empezara en el 
XXVIII en alguna parte, pero no tenemos denuncia alguna) en una gran 
zona peninsular y en otra zona americana mucho mayor”. 


Problemas del hispanoamericano 135 

En Lingua e dialetti dell America Spagnola, Wagner, cumpliendo con 
el propósito de enfocar los problemas fundamentales del hispanoamericano, 
retoma el tema del supuesto andalucismo y afirma que América fué inva- 
dida por soldados provenientes de todas las provincias españolas, los cua- 
les a menudo fueron trasladados de una región a otra del continente lo 
que explica la similitud en todas las hablas de los dilatados países america- 
nos (pág. 12). Más adelante insiste sobre el mismo concepto y agrega 
que en los primeros tiempos de la conquista prevalecieron los castellanos, an- 
daluces y extremeños; más tarde estuvieron también representadas las pro- 
vincias del norte. Nombra una serie de vocablos de distintas regiones de 
América que son de indudable procedencia andaluza. Entre ellos adulón 
(panamericanismo) por ““adulador”, amasijo (México) “pieza donde se 
hace el pan”, canturria (Perú) “canto monótono”, cartucho (panameri- 
canismo) ““cucurucho”, costurero (México, Guatemala, Colombia) “pieza 
donde las mujeres hacen trabajos de aguja”, gancho, ganchillo (en varios 
países) “tenedor”, limosnero (varios países) ““mendigo, el que pide limos- 
na”, panteón (varios países) “cementerio”. Cita también el caso de al- 
caucil, nombre común de la alcachofa en el Río de la Plata, que es la 
palabra homónima andaluza (también alcacil) corriente en el árabe regional 
de Andalucía, un préstamo de los mismos árabes andaluces al romance y 
corresponde al español cabecilla. 

Es interesante además la lista de voces provenientes de los dialectos 
españoles septentrionales que aparecen en distintos países de Hispanoamé- 
rica, como cargador (varios países) ““mozo de cordel”, proveniente de la 
misma palabra vizcaína; lanzar (Argentina) “vomitar”, del asturiano allan- 
zar con el mismo significado; ñato (panamericanismo) “de nariz achata- 
da”, del asturiano ñatu, leonés ñato; retrucar (México, Argentina) “res- 
ponder mal”, de la misma palabra asturiana que significa “devolver la pe- 
lota en el juego del truco”, etc. 


Cuando se ocupa del fenómeno de la aspiración de la s dice que este 
cambio, similar al andaluz, no deriva probablemente de él sino que consti- 
tuye un desarrollo independiente. De modo que aquí Wagner abandona 
definitivamente la teoría andalucista que apoyó en sus estudios anteriores; 
al respecto dice que esta hipótesis fué sustentada por muchos escritores es- 
pañoles, americanos y extranjeros y que él mismo la sostuvo, pero limitán- 
dola a las tierras bajas, donde la pronunciación tiene efectivamente cierta 
semejanza con la de Andalucía. Reconoce que después de las investigacio- 
nes de P. H. Ureña no se puede sostener la idea, de que el elemento anda- 
luz predominó en los primeros tiempos de la colonia, sino que hay que tener 
en cuenta la preponderancia de los castellanos (pág. 81). Hace referen- 


136 M1, E. ZAPPACOSTA DE WILLMOTT 


cia también al hecho de que el fenómeno de la aspiración de la s no queda 
limitado en España a las provincias meridionales, sino que se encuentra 
hasta en las provincias castellanas de Toledo y Ávila. Por eso cree pru- 
dente no aventurarse en vagas hipótesis; sobre todo porque no se poseen 
todavía informaciones suficientes sobre las condiciones fonéticas de todas 
las regiones españolas y americanas y no se puede delimitar con exactitud 
la extensión de tal o cual fenómeno. 

Por su parte Bertil Malmberg (en L'Espagnol dans le Nouveau 
Monde) aporta también su opinión al problema del andalucismo y expresa 
que sería útil estudiar con detenimiento el origen dialectal de los pri- 
meros padres franciscanos y Jesuítas por la influencia que éstos pudieran 
haber tenido en la población indígena y mestiza de los primeros tiempos. 
Agrega el lingiiista sueco una observación sumamente interesante sobre el 
origen de los americanismos, cuando expresa que no es necesario buscarlo 
en la diferenciación geográfica del español europeo, sino en su diferencia- 
ción social, pues las divergencias que ofrecen las distintas hablas americanas 
no son consecuencia de influencias climatológicas, tesis que le parece de 
todo punto insostenible, sino consecuencia de diferenciaciones sociales, ad- 
ministrativas y culturales de las diversas regiones colonizadas. Dice en la 
pág. 36: “L'opposition qui'il y a par exemple entre les plateaux du Perou 
ou du Mexique d'un cóté, et le littoral argentin de P'autre, refléte la diffé- 
rence de la force des vieilles tendances vulgaires et populaires castillanes 
dans les différentes couches de la société espagnole á l'époque de la dé- 
couverte du Nouveau-Monde”. Luego desenvuelve con más detalle esta 
idea, al buscar las causas de la diferenciación entre las regiones altas y 
bajas —por ejemplo en la aspiración o no aspiración de la s— y llega a 
la conclusión (pág. 44) de que si el dualismo lingilístico no es una conse- 
cuencia directa de hechos climatológicos, lo es indirectamente, en el sentido 
de que las variaciones climáticas han dado lugar a diferencias sociales y 
culturales que se reflejan a su vez en la evolución de la pronunciación. En 
efecto, parece lógico que en las zonas poco propensas a la agricultara, como 
son las mesetas andinas, las llamadas tierras altas, el tipo de población que 
se constituyó en ellas debió de haber sido totalmente diferente del que habitó 
las tierras fértiles, llanas, aptas para los cultivos como son el litoral mexicano, 
la costa del Pacífico y los países del Río de la Plata. La vida social y cul- 
tura! desarrollada en cada una de esas regiones habrá adquirido un carácter 
propio de acuerdo con la modalidad de cada grupo étnico allí establecido. 
En las tierras bajas la sociedad habrá sido de tipo rural, agrícola, formada 
por colonos y cultivadores pertenecientes a clases sociales más inferiores que 
las establecidas en las tierras altas, donde los españoles se radicaron en las 


Problemas del hispanoamericano 137 
ciudades y estuvieron más sometidos a la influencia directa, de la administra- 
ción, de la escuela, de la iglesia y del contacto inmediato con España. Esta 
diferencia social y cultural pudo reflejarse también en la lengua y dejar su 
huella en la pronunciación. 

Particular importancia da Wagner en su libro a los elementos 
lexicológicos del español de América. Un capítulo sumamente in- 
teresante es el dedicado al fondo español de la lengua (pág. 11-50). En 
él encontramos una serie de palabras del español 'preclásico””, rechazadas 
hoy en España como vulgarismos o dialectalismos mientras que en América 
todavía están en vigencia en muchos países donde no sólo son usadas por el 
vulgo, sino que se oyen también a veces en boca de personas cultas. Entre 
ellas escogemos algunas como: ' 

altozano, usada en Colombia, Venezuela, Costa Rica, “plaza delante 

de la iglesia”, como en español antiguo antuzano, de ante + os- 
tium + ana y que aparece también en muchos dialectos de la 
Península en las formas antuzano, altuzano. a 

cabro, en varios países de América como en español antiguo por ““ca- 

brón” del español moderno. 

escurana, panamericanismo por oscuridad, como en antiguo español. 

oreja, en varios países, con el significado de “asa' (“vaso de dos 

orejas”). 

vegada, usada en Cuba, Puerto Rico por “vez”; una vegada, “una 

vez”. 

No menos importante es la lista de los que Wagner llama falsos ame- 
ricanismos, es decir, aquellos vocablos o expresiones que los diccionarios 
regionales consideran como americanismos y vulgarismos que deben ser evi- 
tados y' que en realidad son términos usados con igual frecuencia en España 
y en América y a menudo son palabras ““de lo más castizas”. Así: ' 

papal, “plantación de papas”, formado correctamente de papa como 

otras palabras castellanas consideradas incorrectas por muchos 
vocabularistas americanos; acopio (Arg. Garzón); adinerarse 
(Cuba, Suarez); el acabóse (Chile, Echeverría); caballitos 
“tío vivo” (Perú, México, Costa Rica); empirtar el codo “em- 
borracharse”” (Arg. Garzón); no le hace “no importa” (Arg. 
Garzón; Chile, Rodríguez; Honduras, Membreño), etc. 

A veces los mal llamados americanismos son dialectalismos peninsula- 
res como el caso de 

alfora “yegua”, usado en Honduras, que Martín López (Provincialis- 

mos y barbarismos de Honduras) considera como término regio- 
nal y que proviene, según Wagner, del aragonés aforra “yegua 


——.. 


138 M?. E. ZAPPACOSTA DE WILLMOTT 
estéril”, igual que el catalán forra “estéril, aplicado a animales” 
y corresponde al castellano horra (del árabe horr “libre”) con 
el mismo significado. En Colombia y Honduras se dice: Se horra 
una vaca cuando se le muere el hijo. 


Más adelante el romanista alemán se ocupa de los cambios semánticos 
sufridos por muchas palabras españolas en territorio americano. A los cam- 
bios producidos en los nombres de la fauna y de la flora de estas tierras, 
agrega el autor otros como: 

cargador o changador, nombres que en América se le da al “mozo de 

cuerda” o “de cordel”. 

cera (Colombia), vereda (en muchos países), banqueta (México), 

escarpa (Yucatán), andén (Honduras), calzada (Santo Do- 
mingo), vocablos todos que en España tienen un significado di- 
ferente que en América, donde han substituído a la palabra 
“acera”? muy poco usada, 

Igualmente hay cambio de significación en flete, viejo galicismo (del 
francés fret y éste del germano freht (Fracht “gasto, flete””) que en caste- 
llano significa “precio estipulado por el alquiler de una nave o parte de 
ella”. En Colombia, Guatemala y Perú se aplica al “precio por el alquiler 
de un caballo o mula; en Chile a un “caballo malo, rocín”” y en la Argentina, 
flete es, por el contrario, un “caballo brioso, veloz”. 

Cita también otras palabras en las que se ha producido, en cambio, 
restricción de significado como en fusilar, usada en América como sinónimo 
de “matar”: fueron fusilados a machete (Venezuela); en las Antillas sig- 
nifica “relampaguear” mientras que en la Argentina este significado lo tiene 
la palabra refusilar. 

Igual restricción se observa en caña, hoja, yerba, huerta, vega, frutilla, 
bestia y aguardiente. 

El vulgo de muchos países usa a menudo palabras cultas con sentido 
equivocado por desconocimiento imperfecto de la lengua: inocente como si- 
nónimo de “ignorante”, lívido por “pálido'”, latente por “vivaz, vigoroso, 
intenso” por su parecido con latiente, patético como “claro, evidente'” (Chi- 
le) por su semejanza con patente, capaz en' el sentido de “probable”, es 
capaz que llueva, etc. 

A veces se encuentran metáforas muy pintorescas como batata de la 
pierna aplicada en Puerto Rico, Santo Domingo, Colombia y Venezuela a 
la pantorrilla. El músculo del brazo “bíceps” tiene en Costa Rica: el nombre 
vulgar de ratón, metáfora que recuerda la del latín musculus derivada de 
mus. En otras regiones,se lo llama también lagarto, sapo, conejo; en Hon- 
duras, gato y aún tuna. El vientre, en Puerto Rico, Ecuador, Bolivia, Pa- 


A Problemas del hispanoamericano 139 


namá, y Colombia tiene el nombre de pipa, que en español significa “barril”, 
renovándose así la metáfora del español barriga, variante de barrica. Y así 
se podría proseguir citando muchos ejemplos más que el autor consigna con 
todo detalle en este nutrido capítulo de su interesante libro. 

El trabajo de Bertil Malmberg, por el contrario, no se dedica espe- 
cialmente al vocabulario; trae, en cambio, una lista de los fenómenos foné- 
ticos, morfológicos y sintácticos más característicos del hispanoamericano; de 
manera que ambos estudios, el de Wagner y el del lingiiista sueco, se com- 
plementan perfectamente constituyendo en conjunto una visión panorámica 
de los problemas lingiiísticos americanos. 

Repasando esta lista se advierte que todos los fenómenos fonéticos, 
morfológicos y sintácticos estudiados por Malmberg como típicos del habla 
popular y a veces general del hispanoamericano, y otros más que pudieran 
agregarse para completar la enumeración, se encuentran en mayor o menor 
grado en el español de la Península. Algunos han sido condicionados o 
favorecidos tal vez por tendencias de las lenguas autóctonas pero no por eso 
son extraños a la modalidad española; antes al contrario, se encuentran en 
los textos de la época preclásica y en los dialectos españoles actuales, aun 
en el habla vulgar de Madrid. Tampoco los fenómenos lingiiísticos de área 
más reducida, que a simple vista parecen específicos de determinadas zonas 
de Hispanoamérica, dejan de tener su comprobación en la lengua general; 
por eso podemos afirmar que el español de América no es más que el espa- 
ñol de España que sufrió en estas tierras la misma evolución cumplida en la 
Península y que todas las peculiaridades americanas se explican perfecta- 
mente por las tendencias lingilísticas hispánicas y a veces son fenómenos 
conocidos en otras lenguas romances. 

Pero si bien es cierto que el español de América ofrece una uniformi- 
dad de caracteres que llama poderosamente la atención de los hispanistas 
que estudian el habla vulgar de los distintos países desde el Colorado y 
Nuevo México hasta Chile y la Argentina, tampoco es menos cierto que no 
todos los fenómenos lingiiísticos se encuentran repartidos de una manera ge- 
nera] y uniforme en el vasto territorio hispanoamericano, y son precisamente 
estas diferenciaciones las que deben constituir el tema de futuras investiga- 
ciones a fin de poder dilucidar los problemas fundamentales de la lengua de 
América, 


María E. ZAPPACOSTA DE WILLMOTT 


Universidad Nacional de Cuyo. 


A 


LA CASA RURAL EN EL ESTE DE GUATEMALA 
Con 14 dibujos y 9 fotografías 


1 - INTRODUCCIÓN 


Entre el Este y el Oeste de Guatemala existe, desde el punto de vista 
folklórico, y por lo tanto lingilístico, una diferencia esencial, En las regiones 
montañosas del Oeste, en su mayoría a más de 2000 m. de altura, el ele- 
mento indígena ha subsistido hasta nuestros días conservando también su 
lengua. Cuando se sale de la capital de Guatemala, apenas a 20 km. de 
San Pedro Sacatepéquez, ya nos encontramos en un medio completamente 
indígena; es la región de los indios cuya lengua se llama cakchiquel. Aun- 
que en esas aldeas indias viven también ladinos, mestizos, generalmente 
como tenderos, empleados de la municipalidad, maestros u otros cargos por 
el estilo, su influencia no ha sido suficiente para borrar el carácter antiguo 
de esas poblaciones. Tampoco el clero católico ha podido desterrar de los 
indígenas sus hábitos y costumbres y aun hoy en día la influencia de los 
“brujos” nativos es, al parecer, más fuerte que la de los sacerdotes, Esto 
se explica probablemente por el hecho de gue a menudo los religiosos ni 
siquiera dominan la lengua de su comunidad. 

Muy diferentes son en general las condiciones en la región oriental de 
Guatemala. Para comprobarlo basta tan sólo viajar desde la capital hacia 
el Este donde uno se encuentra en una región lingitística completamente 
española. Aquí pues el elemento hispánico importado es el único que ha 
prevalecido, ya que los dialectos puramente indígenas no se encuentran en 
ninguna parte. Naturalmente también en el español que aquí se habla apa- 
recen con mucha frecuencia palabras de procedencia indígena así como 
también se observa que el español tiene en general una construcción muy 
particular y un acento propio. Así se oyen por ejemplo frases como las 
siguientes: “¿Adónde era que estaba el ishchoco?” (ishchoco: niño). ““En- 
fermo es que estaba”. La gente, por lo general muy expansiva y hospita- 
laria, vive de la agricultura y de la ganadería y como en la mayoría de los 
casos los hombres carecen de gran energía y decisión, no es de extrañar 
entonces que no sólo se ganen el sustento del mismo modo que sus padres 


La casa rural en el este de Cualemala 141 
y sus antepasados, sino que tampoco han sido capaces de elevar el nivel de 
su cultura material que se mantiene igual desde el tiempo de la conquista. 

Por esto se comprende que al filólogo que busque su esfera de acción 
en la República de Guatemala se le presenten dos problemas: 

12) Investigar hasta dónde han penetrado los elementos de la lengua 

española en las lenguas indígenas habladas en este país. 

2*) Investigar hasta qué punto el español hablado aquí ha sido in- 

fluído por el elemento indígena. 

El que se dedique al primer problema deberá buscar su esfera de tra- 
bajo en el Oeste de la capital, mientras que el interesado por la segunda 
cuestión debe dirigirse a las regiones de la República ubicadas al Este de la 
ciudad de Guatemala. 

El presente trabajo trata de contribuir en algo a la solución del se- 
gundo problema, evidentemente mucho más fácil de abordar que el primero, 
el cual presupone, como es natural, el dominio de la lengua indígena. Debe 
decirse que aun en Guatemala hay desgraciadamente muy poca gente que, 
además de la lengua materna española, hable todavía cakchiquel, quiché o 
cualquier otro idioma indígena. Y así resulta a las claras que las posibili- 
dades de resolver este primer problema en un futuro próximo, sean muy 
exiguas. 

Las siguientes observaciones sobre la cultura material del Este de 
Guatemala han sido hechas en el Departamento de Jalapa, pero según ma- 
nifestación de mi acompañante, Don Gerardo Gordillo, maestro de español 
en la escuela alemana de la Capital y gran conocedor del Este de 
Guatemala, parece que apenas existe diferencia en la cultura material y 
en su vocabulario entre el Departamento de Jalapa y los demás departa- 
mentos orientales. 


II - La casa 


Todas las casas constan de una sola habitación. Este cuarto principal 
sirve de sala de recibo y de dormitorio. Alrededor de la casa se encuentran 
dos, tres y hasta cuatro corredores (fotografías 1, 2 y 3). Uno de ellos 
sirve de cocina y al mismo tiempo de comedor (fotog. 6). En los demás 
corredores se guardan los enseres de trabajo y se almacenan los productos 
de la cosecha, "También tienden aquí la hamaca. La casa que aparece en 
la fotografía tiene solamente dos corredores. 

adobe: el material con'que se construyen las casas. Se le da forma de 

ladrillos bastante grandes; tienen una dimensión de 60 por 40 


142 K. KunaTH 


Foto 3 


La casa rural en el este de Guatemala 143 
cm. El adobe se hace de tierra, barro, pinochas (hojas de pino) 
o paja a los que se le agrega agua con la ayuda de un azadón; 
se mezcla luego con los pies, se pone en el molde y se deja secar 
al sol. 

el cimiento 

los cimientos: la base sobre la que descansa la hilera inferior de adobes. 
Para excavar el cimiento se. abre un surco pequeño en la tierra y 
en él se coloca el 

molón: piedras con “mezcla” o “lodo”. 

mezcla: argamasa hecha con arena, agua, cal y un poco de barro. 

lodo: es una mezcla de tierra, barro, pinochas o paja y agua. 

También hay casas que tienen paredes de bajareque. Estas poseen 
dos hileras, (más a menudo una sola) de horcones verticales, 
distantes uno de otro el espesor de un muro; los horcones de 
cada hilera se unen entre sí con cañas de bambú, colocadas ho- 
rizontalmente y aseguradas con clavos o sujetas con mecales 
(ver abajo). Entre las dos hileras paralelas de horcones se re- 
llena con lodo (dibujo 1, 2). 

horcones: troncos o ramas de árboles cuya madera es poco atacada 
por la humedad (guayacán, roble). La característica de los hor- 
cones es la bifurcación que presentan en uno de los extremos. 
Compárese el pie del fogón en la fotog. 6. 

mecate: las fibras resistentes que suministran algunos arbustos o ár- 
boles como por ejemplo el 

maguey agave 

o cajetón 

y el capulín. 

Estas fibras se obtienen de las respectivas plantas mientras están vivas. 

Sobre las cuatro paredes se pone el techo, tejado. Las paredes mis- 
mas se llaman paredes. 

Sobre las dos pequeñas paredes laterales descansan los mojinetes, 
frontones triangulares sobre los cuales está colocado el techo. 
Estos poseen gradas, escalones que llevan las costaleras (ver 
abajo) y el caballete: cumbrera. 

El techo mismo está formado de tejas, que se confeccionan de la si- 
guiente manera: se revuelve el barro mezclado con estiércol y 
arena, se deja reposar tres días, después se forman las tejas y 
se exponen al sol para secarlas; finalmente se cuecen en un horno. 

Inmediatamente encima de la pared anterior y de la posterior de la 
casa está la viga madre o solera, tirante de madera que descansa 


144 K. KUNATH 


Foto 5 


Foto 6 


La casa rural en el este de Guatemala 145 


sobre la parte más alta de la pared anterior y de la posterior; 
se puede ver en la fotografía 4. Las costaleras son tirantes de 
madera que corren paralelos a la viga madre, pero más 
delgados. Descansan sobre las gradas del frontón, formadas de 
tal manera que en cada nueva hilera de adobes puesta encima, 
dejan salir a izquierda y a derecha un ladrillo. 

vigas llaman a los tirantes delgados o listones que se colocan sobre 
las soleras. Son travesaños que forman con las soleras un ángulo 
recto. Las vigas que se ven en la fotografía 4 están sin embar- 
go empotradas en la pared anterior y posterior. 

tendales o murillos llaman a los maderos delgados o listones que se 
extienden desde la cumbrera hasta las vigas madres y sobre los 
cuales se apoyan las tejas. Se los llama también péndulas, cuan- 
do son redondos y reglas, cuando son cuadrangulares. 

cumbrera es el madero del remate del tejado; se apoya sobre los 
mojinetes y sobre las tijeras (fig. 3 a): éstas están formadas 
por dos maderos que salen de las dos vigas madres y llegan hasta 
la altura de la cumbrera; se extienden pues entre los dos mojine- 
tes. Cada uno de los maderos que forman las tijeras se llama: 
cuaiquín o pierna de las tijeras (fig. 3 b). 

chabascón (fig. 3 c) es el madero que une las piernas de las ti- 
jeras. El tapanco o tabanco está formado por tablas que se colo- 
can encima de las vigas de modo que la habitación tiene así 
cielo raso. No se le encuentra muy a menudo. Cuando existe, 
está únicamente sobre la parte del cuarto donde se hallan las 
camas para protegerlas de la humedad que penetra a través del 
techo. Sirve también para almacenar mazorcas. 

zoquele (fig. 4 a): pedazo de madera que se introduce arriba de 
la pared anterior y posterior y precisamente entre los adobes 
con lo cual se aseguran las soleras. 

alero o caidizo, es el nombre del techo sobre los corredores; tiene so- 
lamente tendales (péndulas) y una viga madre sostenida por los 
horcones, 


IM - La PUERTA 
la puerta (fig. 5) tiene casi siempre dos hojas, un marco (ver abajo), 


un contramarco (v. a.) y una mocheta (v. a.) 
-marco (a): cerco donde encaja la puerta. 


146 


Foto 9 


La casa rural en el este de Cualemala 147 
contramarco (3 a): los dos maderos verticales empotrados en la pa- 
red entre los cuales se encuentra la puerta. 
mocheta (2): el madero horizontal sobre los dos verticales del con- 
tramarco. 
tableros (b) : tablazón que se coloca con su correspondiente marco en 
las puertas. 
h friso (c): la parte interior del tablero, por consiguiente el verdadero 
. relleno. 
cheflán (d): el marco dividido en cuatro partes que lo rodea. Cada 
hoja tiene dos tableros. 
Las hojas están unidas al contramarco por medio de bisagras que son 
de procedencia extranjera. 
batiente (3) : la parte del contramarco en la cual encajai la hoja de la 
puerta al cerrar. 
peinaza (e): se llama así cada una de las tres partes horizontales del 
marco. 
jalador (£) : se pone en lugar del picaporte. En el marco, justamente 
muy cerca de la peinaza central, se hace un agujero y se atra- 
viesa una “pita” (v. a.); en los dos extremos de la pita se hace 
un nudo. Se encuentran también jaladores de metal de proceden- 
cia extranjera. 
puertas de golpe (4) : son puertas que constan solamente de una hoja. 
En este caso se hace el agujero en la mocheta en el que encaja 
uno de los dos espeques (4 a): pernos alrededor de los cuales 
gira la puerta. El otro espeque encaja en el piso. 
pita es una cuerda que se hace con la fibra de maguey. 


IV - La cAMa 


Según la posición económica del dueño de la casa se da preferencia 
a uno de los cuatro tipos de cama siguientes: 

1) la camita (comp. fot. 5). Esta cama tiene cuatro palas y dos ca- 
beceras. 

2) el catre, una especie de cama plegable de campaña y cuyas pa- 
tas, dos en cada cabecera, se cruzan en forma de x (fig. 6). 
tarugo: la estaca de madera que une cada par de patas. 
lona: parte del catre sobre la que se acuesta la persona. 

3) el tapesco: Se fijan en el piso cuatro palos que tienen horquetas 
en su extremo superior. La distancia entre ellos depende del ta- 


148 K. KunaTH 


pr 


La casa rural en el este dd Guatemala 149 
maño que se quiera dar a la cama. Donde deben estar las ca- 
beceras se colocan sobre las horquetas dos travesaños asegurados 
con mecate; después se colocan sobre los dos travesaños, en el 
sentido longitudinal, del lecho, palos que se aseguran también con 
mecate. En lugar de los palos también se usa caña de carrizo, 
una clase especial de caña (fig. 7). 


4) el camastrón es un marco de madera cubierto con tiras de cuero 
o pita '(fig. 8). 
Sobre cualquiera de estas camas se coloca un petale, tejido de 
paja y sobre éste a veces una sábana. La persona se acuesta 
sobre el petate o bien sobre la sábana, cuando la tiene, y se 
cubre con una chamarra o tuja o poncho, una gruesa colcha de 
lana; cuando la noche es fría se cubre con varias mantas seme- 
jantes tejidas por los indígenas de la región. Las colchas de lana 
de procedencia extranjera son más caras y se llaman frazadas. 
Raras veces se encuentran almohadas y cuando las usan frecuente- 
mente no tienen sobrefunda, funda. 
Muy a menudo en lugar de almohadas emplean los llamados 
brines que son bolsas de café o azúcar dobladas y colocadas de- 
bajo de la cabeza. 
También las hamacas sirven para dormir; se amarran con cuer- 
das relativamente delgadas (lazos) que llaman sondalezas. 


V - La Cocina 


La cocina está ubicada en uno de los cuatro corredores. En la fo- 
tografía Ó está en el corredor, detrás de la pared posterior de la casa. 
Junto a ésta también se construye el hogar. 

Se le llama poyo y está hecho de la siguiente manera: Sobre dos hor- 
cones se colocan dos palos en sentido longitudinal; perpendicu- 
larmente a ellos se colocan encima palos delgados. Todo esto 
forma el entarimado. Sobre esto se pone una gruesa' capa de lodo 
mezclado a veces con piedras. 

El poyo tiene dos partes: el fogón y la hornilla. 

el fogón es la parte del poyo en la que se hace el fuego. Por lo común 
se enciende entre tres piedras que se llaman tenamastes o tetuntes 
sobre las cuales se colocan las ollas. 

En lugar de los tenamastes se encuentra también, como en la fotogra- 


150 


K. KuNaTH 


La casa rural en el este de Guatemala 151 
fía 6, una pequeña construcción redonda de barro sobre la que 
descansa la olla. 

olla: recipiente de arcilla cocida (En medio del asiento de la silla 

en la foto 9 y debajo del banco de moler maíz en la fot, 7). 
hornilla: la parte del hogar (parte anterior del hogar en la fot. 6) so- 
bre la cual se pone el comal: una plancha delgada y redonda de 
arcilla cocida sobre la que se tuestan las tortillas (v. a.) 
chamiza o chirivisco: ramas delgadas con las cuales se alimenta el fue- 
go en el poyo. 
leña: madera combustible. 
La existencia del poyo es siempre un índice seguro del bienestar del 
dueño de la casa; la gente pobre tiene solamente tenamastes que colocan sobre 
el piso y sobre los cuales apoyan tanto el comal como las; ollas. 
jarro: (comp. en la fot. 9, sobre el asiento de la silla, a la izquierda) 
una especie de jarra de arcilla cocida usada para hacer hervir 
el agua o el café (el llamado café de tortilla) y el pinol (v. a.). 

nixtamal: el maíz que se cuece en una olla y en agua de cal para pre- 
parar las tortillas. 

tortilla: el maíz cocido y molido sobre una piedra (piedra de moler, 

y. a.) ; después se forman con la palma de la mano discos del- 
gados que se ponen a asar sobre el comal. 

Cuando las tortillas son gruesas se llaman pixtones, memelas o shasha- 

mas. 

Cuando se han dejado asar mucho tiempo y se han hecho duras se 

designan tostadas. 

café de tortillas: Las tortillas tostadas se muelen y se hierven con un 

poco de dulce (y. a.) y agua. 

dulce o panela o rapadura: azúcar moreno que se obtiene dejando cocer 

el jugo de la caña de azúcar hasta un cierto grado. Antes de que 
se enfríe se lo vierte en moldes que por lo general tienen la forma 
de una semiesfera. Dos de estas semiesferas juntas se llaman una 
panela; y dos de tales panelas. envueltas en hojas de caña de 
azúcar y unidas con mecate, se llaman un atado o mancuerna. 

A base de este azúcar (dulce, rapadura, panela) se glabora un fuerte 

aguardiente que aquí llaman aguardiente o guaro u olla, 
Frecuentemente el aguardiente es designado con expresiones humorís- 
ticas como tapojazo o quita-frios, trinquis, cañaguastazo, farolazo. 

pinol: maíz tostado y molido que se hierve igual que el café de torti- 
lla con dulce y agua de modo que se obtiene una bebida seme- 
jante al café, 


K. KUNATH 


152 


La casa rural en el este da Cualemala 153 

molendero: el banco para moler maíz (fotog. 6 y 7) sobre el cual se 
coloca la piedra de moler. 

Hay también bancos de moler que en lugar de cuatro patas tienen 

cuatro horcones fuertemente hundidos en la tierra. 

La piedra de moler posee una superficie rectangular algo cóncava, 
tres pies o patas, de las cuales dos son algo más largas que la 

tercera, Sobre la piedra de moler se coloca el nixtamal y' se lo muele 
con el brazo o mano (foto 6). El nixtamal molido se llama masa. 

basión de masa se llama a la masa de maíz molido más o menos re- 
donda que las mujeres dejan reposar, una vez terminada la mo- 
lienda sobre la piedra. 

agua chiva o agua chigua se llama el agua de maíz que en la molien- 
da gotea por los agujeros del banco en una olla colocada debajo. 
Como siempre contiene algo de masa se le da a los cerdos que 
aquí llaman marranos, coches, chanchos o tuncos. Los cerdos que 
pertenecen a una raza pequeña se llaman también curros. (Son 
más o menos de 2 pies de largo y 1 o 1 Y% de alto). 

tol o barco es un recipiente que se hace de la cáscara seca del ayote; 
en él se guardan las tortillas y sirve también para llevar dentro 
de él al campo las semillas de maíz o de judías (frijol) para la 
siembra. "Tal recipiente encontramos en la fot. 9 a la izquierda 
del respaldo de la silla. 

jícara (fig. 9) es un recipiente que se usa para beber y que se obtiene 
de la cáscara de un fruto llamado, lo mismo que el árbol, morro. 

tecomale (fig. 10), una calabaza que sirve para llevar el agua: a fin 
de que el líquido se conserve fresco, se cuelga a la sombra de un 
árbol, una vez llegado a destino. En su parte media presenta 
una especie de garganta que llaman pescuezo. 

Para designar esta especie de calabaza usan los siguientes nombres: 

ayole: una especie comestible de forma redonda y de piel lisa. 

giicoy: esta especie se distingue del ayote porque la cáscara no es tan 
lisa ni tan resistente; tiene una especie de estrías. 

chilacayote: calabaza en forma de elipse. A diferencia de las dos pri- 
meras clases tiene mucha carne que se aprovecha para la elabo- 
ración de dulces. Se come también cocido pero siempre con un 
poco de panela (dulce). 

carnaza: carne de la calabaza. 

pepita: semilla de la calabaza. 

barbas: hilachas que se encuentran entre las semillas, 

pepitoria: semillas de la calabaza tostadas (con cáscara o sin ella) ; 


154 


K. KUNATH 

se emplean para sazonar las comidas o para preparar dulces o 
refrescos. De los hombres sin barba se dice a veces: “Son de la 
raza del chilacayote, que tiene las barbas por dentro. 

cume o trompeta: otra especie de calabaza de todas las formas posibles 
y que casi no tiene barbas; con la palabra cume se designa tam- 
bién al hijo menor de una familia. 

huacal: un recipiente que se utiliza para sacar agua. (En el molen- 
dero de la fotog. 7 se encuentra uno junto a la piedra de moler). 
Se lo obtiene cortando a lo largo el fruto del morro en dos par- 
tes; las dos mitades de la cáscara se usan como huacal. 

apaste: un gran recipiente de barro cocido de más o menos 40 cm. 
de alto y 60 de diámetro; tiene dos orejas. = asas. (Comp. la 
fot. 8, en el ángulo inferior izquierdo, así como en la fot. 10, 
a la derecha del pozo; en las dos fotos aparece el mismo reci- 
piente). 

batidor: una vasija de barro con una oreja, pero sin pico. En ella se 
hace el café o el chocolate. Este último se revuelve con un moli- 
rillo (en lo alto del respaldo de la silla hay uno de madera). Un 
batidor se encuentra a la derecha, sobre el asiento de la silla 
(fot. 9) ; otro cuelga de un clavo de madera sobre el banco de 
moler, en el ángulo superior derecho (foto 6). El clavo de ma- 
dera se llama estaca. Estaca se llaman también a las clavijas 
con las que sujetan a los animales. 

bote: recipiente en el que ponen la gasolina extranjera y que se usa 
muy a menudo como depósito de agua; también se cuece en él 
el nixtamal. El asa se llama agarrador. 

jarrilla (11), CIL a): un hervidor de procedencia extranjera en el 
cual se hierve el agua. 

escoba: escoba; pueden ser de “palma”, una planta que alcanza más 
o menos | m. de altura, como las dos que aparecen en la fot. 9, 
o de un arbusto que se llama escobillo. La escoba pequeña (so- 
bre el asiento de la silla) tiene el siguiente uso: cuando el comal, 
sobre el que se desea tostar las tortillas está caliente, se sumerge 
la escoba pequeña, escoba de comal, en agua de cal y se lo re- 
friega con ella; esto evita que las tortillas se peguen al tostarse. 

garabato (figs. 12, 13 y 14): el tallo de un arbusto o la rama de un 
árbol a los cuales se le cortan las ramitas por encima del naci- 
miento de ellas. El garabato se suspende de las vigas y de él se 
cuelgan a su vez diversos objetos. 

el portaviandas o la cocina: utensilio de cocina de procedencia extran- 


La casa rural en el este de Guatemala 155 


jera que consta de varias fuentes sobrepuestas. Debajo de la 
última fuente hay un recipiente para el fuego de modo que la 
comida que se transporta en las fuentes se mantiene caliente 
(fot. 9, encima del respaldo de la silla). 

cordón de chile o soguía de chile: en una “pita” se colocan los pecío- 
los de las flores del chile, el pimiento rojo, destorciendo algo la 
pita (fot, 9, junto al tol). Cuando se necesita un chile para la 
comida se arranca del cordón. 

cerco: vallado que rodea los corredores y también la cocina; se com- 
pone de palos unidos con mecate. 


VI - EL HORNO 


horno: (comp. fot, 8). 

la mesa: es la parte encima de la cual se levanta el horno propiamente 
dicho; la mesa está hecha de ladrillos de adobe; debajo de la 
hilera superior de ladrillos se coloca una capa de sal' con la cual 
se desea obtener que el calor no se pierda tan fácilmente. 

El horno de la fot. 8 tiene en su parte inferior un gallinero cuya puer- 
ta está formada por dos tablas unidas por tres atravesaños: lis- 
tones atravesados. En la fotografía, el del centro es más corto 
y oblicuo. 

estacas se llaman las dos varillas de la izquierda y de la derecha del 
vano de la puerta que sirven para impedir que ésta caiga hacia 
adelante. La puerta se encuentra por lo tanto, cuando está ce- 
rrada, entre el vano y las dos estacas. Para que no pueda bam- 
bolearse se introduce entre la puerta y las estacas un leño, un 
trozo, (en la fotografía está junto a la estaca de la derecha, a 
la izquierda de la cruz). 

bóveda: la parte superior del horno hecha de ladrillos de adobe con 
mezcla. La puerta de la bóveda se llama puerta; además posee 
una abertura lateral, (en la fotografía no se ve), la tronera, 
que permite la salida del humo. Junto a la tronera y en el me- 
dio de la bóveda está el rescoldo. 

el barredero: se llama a la caña larga que tiene en uno de sus extre- 
mos una escoba de ramas verdes con la cual se barre el horno. 
En la fotografía está apoyada a la derecha del techo del horno 
y sobresale de éste todavía un pedazo. 

levadura: la harina que con agua y alguna otra substancia 'se fermenta 


156 K. KUNATH 
para hacer después el pan. Esta substancia generalmente es el 
resto de otra levadura anterior que se ha guardado. 

crecenta: la levadura ya fermentada. 

Luego se hace la masa, el amasijo, añadiendo a la crecenta, harina, 
manteca (es decir, grasa de marrano), huevos, azúcar, sal y un 
poco de agua. Todo esto se amasa en la artesa, Cuando todo 
está bien amasado se le da forma al pan con la mano o en pe- 
queñas artesas de hojas de lata que se llaman cazuelejas. El pan 
que se ha formado con la mano se coloca sobre tablas (tablas 
del amasijo) que se han espolvoreado con harina y se deja re- 
posar unas horas hasta que se sienta que pesa poco; entonces se 
dice que está venido el pan. Después se mete el pan con la pala, 
que tiene la forma de remo, en grandes cazuelas en el horno, 

Se distinguen dos clases principales de pan: 

pan dulce o pan de recado, cuya elaboración acaba de ser descrita y 
pan francés: panecillo; para su elaboración se usa solamente la 
clara del huevo; se le añade además un poco de leche pero poco 
azúcar. 

El horno está provisto de su correspondiente techo que descansa sobre 
cuatro horcones. Los ladrillos descansan sobre péndulas, (v. a.) 
que pueden estar unidas a los horcones y entre sí por medio de 
mecales o también de lazos de pita o finalmente también por cin- 
tas de cuero crudo. 


K. KUuNnaATH 
Guatemala. 


Traducción del alemán por María E. Zappacosta de Willmott 


EL PIRINEO ESPAÑOL 
ARTE POPULAR DECORATIVO EN CATALUÑA 
LA FIESTA DE NAVIDAD 


Recientemente se han publicado bajo los títulos indicados tres obras 
que, aunque han de ocuparse de materias diferentes, muestran un triple 
vínculo: la personalidad del autor, el espíritu y tendencias que las animan 
y el soporte geográfico-regional. 

El autor de las tres obras —todas ellas, 'según veremos en seguida, 
fundamentales— es el folklorista catalán D. R. Violant i Si- 
morra, actualmente Conservador de la Sección Etnográfica del Museo 
de Industrias y Artes Populares de Barcelona, hijo del histórico Pallars 
donde pasó su juventud y al que se siente entrañablemente unido. Inauguró 
su carrera literaria con un estudio sobre instrumentos musicales (1932), 
otro sobre las fiestas tradicionales (1934) y un notable trabajo sobre un 
aspecto típico de la cultura material de su país (Elaboració del cánem ¡ de 
la llana al Pallars, 1934). Siguieron otros que contribuyeron más todavía 
a revelar la estupenda riqueza y variedad de aspectos folklóricos y etno- 
gráficos que distinguen a ese país: estudios sobre juegos infantiles, arte po- 
pular, medios de transporte, la caza y la pesca, la apicultura, la matanza, 
la fabricación del pan y aspectos típicos de la industria popular. Todos 
estos estudios (cuyos títulos se mencionan en la bibliografía de la obra 
sobre el Pirineo Español) radican en un profundo conocimiento del am- 
biente folklórico heredado por el autor de sus padres y ampliado en el 
transcurso de los años por un don perfecto de observación y un culto fer- 
voroso a lo tradicional de su patria chica, circunstancias que obraron acti- 
vamente en la formación folklórica del joven pallarés. “Es tan gran la 
nostra ambició per a recollir la preuada tradició com a personalitat própia 
de la nostra comarca nadiua” —escribió en el prólogo del libro publicado 
en 1934—. que no reposarem fin a tenir inventariats tots els trets folkló- 
rico-etnográfics que estiguin al nostre abast, i, si és possible, publicar-los ¡ 
tot”, Ya en reseñas anteriores publicadas en la revista hamburguesa “Volks- 
tum und Kultur der Romanen” (VII, 1934, 366-370; IX, 162-163; 
XI, 1939, 316-317) llamé la atención de los folkloristas sobre el interés 


158 F, KrUcer 


que los trabajos de R. Violant i Simorra ofrecen para el conocimiento de 
esa región pirenaica, riquísima en tradiciones populares, y el valor que tie- 
nen desde el punto de vista comparativo. 

Una fecunda tregua en sus publicaciones ha permitido al joven inves- 
tigador intensificar las exploraciones de su especialidad tanto en el sentido 
geográfico como material. Esta ampliación de perspectiva se libra ante el 
mundo científico en las obras presentes, que indican con toda claridad el 
alcance de ese progreso. Es natural que también en estas obras recientes la 
cultura del Pallars y más particularmente la patria del autor, el Valle de 
Sarroca de Bellera, ocupan un lugar de privilegio. Es ésta, por decirlo así, 
el polo fijo, el punto de partida desde el cual el autor se va orientando con 
el objeto de abarcar cada vez más la multiplicidad del mundo folklórico 
en su variedad regional y en sus aspectos materiales. Técnicamente prepa- 
rado por las múltiples encuestas realizadas en su tierra natal y científica- 
mente formado por la lectura de obras que pudieron guiarlo en cuanto al 
método empleado en la investigación comparativa, estudia en el Pirineo 
Español la diferenciación folklórica de toda la vertiente Sur de la inmensa 
cordillera y en Ari Popular Decoratiu a Catalunya y El Llibre de Nadal 
trata dos temas especiales igualmente vinculados con las tradiciones pire- 
naicas, pero mirados con enfoques más vastos (1), 


= 
+ 


Como todos los estudios anteriores de R. Violant i Simorra también 
el Pirineo Español se basa en observaciones personales hechas durante las 
excursiones científicas realizadas por el autor en los años 1940-1942 
(vale decir, después de la publicación de mis estudios etnográficos-lin- 
gúísticos sobre los Pirineos). Es esta observación directa, confirmada por 
numerosos dibujos y fotografías, la que confiere a su obra un carácter esen- 
cialmente personal y de absoluta autenticidad, rodeada de un ambiente de 
frescura y vivacidad singular, Más bien que una mera descripción o enume- 
ración de hechos y datos nos parece una película plena de vivencias en la 
que van desarrollándose las costumbres, los días de fiesta y la vida cotidia- 


(mM El Pirineo Español. Vida, usos, costumbres, creencias y tradicio- 
nes de una cultura milenaria que desaparece. Madrid, Editorial Plus Ultra, 
1949. 675 págs. - Art popular decoratin a Catalunya. Próleg per Agustí 
Duran ¡ Sanpere. Barcelona, Les Belles Edicions, 1948. f* 249 págs., 
XLV láminas, 190 figuras. - El Llibre de Nadal. Costums, creences, 
significat i origens. Barcelona, 1948. 256 págs. 


El Pirineo Español 159 
na de los humildes serranos. De allí también el conocimiento de numerosos 
detalles referidos a la vida espiritual que evidentemente presuponen una 
íntima compenetración, física y espiritual, con el ambiente serrano. 

El Pirineo español lingiísticamente está dividido, como se sabe, en 
tres zonas distintas: la zona vasca, la aragonesa y la catalana. Desde el 
punto de vista geográfico se ha distinguido entre los Pirineos orientales, 
Pirineos centrales y Pirineos occidentales. Por importante que sea esta di- 
visión, hay que señalar otra frontera no menos característica y es la que 
separa la zona montañosa de la premontañosa, los Pirineos propiamente 
dichos de los Prepirineos. Es ésta la frontera que, debido a determinados 
aspectos de la estructura geográfica del país, ha producido contrastes fun- 
damentales tales como los que se observan en la preferencia que se da a la 
agricultura y al pastoreo respectivamente, en las labores del campo, en la 
vivienda, en los aperos y hasta en el lenguaje. Acierta pues el señor Violant 
¡ Simorra al destacar este contraste en las primeras páginas de su obra, 
confirmando así mis propias observaciones hechas en VKR 1934, pág. 
366 y los numerosos ejemplos concretos presentados por mí en los diversos 
tomos de Hochpyrenáen “). Por otro lado habría que averiguar si tal con- 
traste fundamental, que yo consideraba como una consecuencia natural de 
las condiciones geográficas, se remonta a tiempos prehistóricos, es decir, 
a grados distintos de la iberización de las dos zonas, según parece suponer 
nuestro distinguido amigo (pág. 73 de su obra). 

Aparte de la notable oposición que existe en los aspectos culturales 
del macizo central y de los Prepirineos, llama la atención la variedad regio- 
nal que se observa dentro de las zonas así delimitadas, variación que a 
veces se manifiesta en pequeños detalles (no por esto menos interesantes) 
y otras toma proporciones considerables. No se cansa el autor de destacar 
tales diferenciaciones, ya se trate del análisis de aspectos concretos, ya de 
la vida espiritual manifestada en creencias populares, en usos y en costum- 
bres, localizando los fenómenos y delimitando el área geográfica de su difu- 
sión. Es éste el sistema seguido por él en la descripción de las manifestacio- 
nes de la vida espiritual expuesta valle por valle y lugar por lugar y es éste 
también el programa observado en los capítulos que dedica a la cultura 
material. En éstos el caudal de las observaciones aparece ordenado por 
materias, pero con la clara finalidad de destacar las diferencias regionales. 

Resultan así cuadros geográficos de determinados objetos (de las 
formas del yugo, del arado, del carro, etc.) comparables a los bosquejos 


(2 F, Kriiger, Die Hochpyrenien. Hamburg - Barcelona, 1936- 
1939, 6 tomos. 


160 F. KrUcER 


de geografía folklórica intercalados en Hochpyrenáen y me complazco en 
señalar que no hay ninguna discrepancia esencial entre nuestras observacio- 
nes. Muy al contrario son tan frecuentes las congruencias que pueden satis- 
facer plenamente a los que todavía dudan de la veracidad de tales 
exploraciones. Compárense por ejemplo los capítulos que nuestro distinguido 
amigo dedica a los diversos tipos de cunas (págs. 236-237), de colado- 
ras (págs. 232-240), de tederas hoy día ya bastante raros (pág. 213), 
de los distintos medios de transportar agua (págs. 221-222), de las cu- 
biertas de paja, tablillas, losas y tejas (págs. 186 y sigs.), de los rediles 
en los cuales se encierran los ganados por las noches (págs. 417, 439) y 
a su difusión geográfica, con lo expuesto en los Hochpyrenáen, y no se en- 
centrarán divergencias notables. Lo mismo puede decirse de temas algo 
más complicados tales como las formas del yugo y de los arados. También 
estamos en perfecta armonía en cuanto a la interpretación de ciertos fenó- 
menos que evidentemente se explican por influencias extranjeras: la intro- 
ducción de la hoz lisa, el volan, en lugar de la hoz primitiva dentada (pág. 
469), el empleo de la guadaña que ha venido a substituir en ciertas regio- 
nes a la hoz en la siega de los cereales (pág. 469), la irradiación del 
yugo cornil en determinadas zonas rayanas (pág. 460), etc. También hay 
que considerar como préstamo cultural la cadena del fogón en forma den- 
tada que se encuentra en el Pirineo oriental (pág. 206; cp. Hochpyrenien 
A. II, 140), la campana reducida y cuadrangular que recoge el humo en- 
cima mismo de la piedra del hogar, según ya expuse en Hochpyrenáen 
A II, 98-99, 108, y otras innovaciones que se pueden observar en la ins- 
talación de los hogares (HPyr A II, 152, etc.). 

El señor Violant i Simorra ha dado a su obra el subtítulo de “Vida, 
costumbres, creencias y tradiciones de una cultura milenaria que desapare- 
ce”, formulación que en efecto caracteriza perfectamente el estado de cosas. 
Hay pocas regiones de España —cexceptuando el Noroeste— que han 
conservado tan fielmente sus tradiciones patriarcales, tan- 
to en lo que se refiere a la cultura material como con respecto a las creen- 
cias, usos y costumbres. Hasta hace escasamente medio siglo —leemos en 
la pág. 119— el hombre pirenaico producía todo lo esencial para su 
austera y frugal vida. Vivía en aquel estado de ““Selbstgeniigsamkeit” que 
era, el modo de vivir de sus antepasados. Restos de este estado primitivo se 
han conservado hasta hoy en día: los montañeses viven casi exclusivamente 
de lo que cosechan en sus propiedades; fabrican ellos mismos la mayor 
parte de sus aperos, el arado, el yugo, la primitiva narria, etc.; existen 
todavía aquellas pintorescas industrias domésticas, algunas ejercidas desde 
hace centurias por familias enteras, que abastecen a los aldeanos de tejidos, 


El Pirineo Español UA 


objetos de alfarería y cestos; es frecuentísimo además el caso de la elabo- 
ración del pan en la propia casa, constituyendo el horno parte integrante 
de la cocina. 

En cuanto a los productos indispensables para la vida, pero no exis- 
tentes en los valles —vino, aceite, sal, etc.— eran llevados en mulos por 
los arrieros que subían de la tierra baja, ofreciendo de este modo un es- 
pectáculo pintoresco que todavía hoy, a pesar de la construcción de carre- 
teras, se puede observar en ciertas comarcas, Lo mismo puede decirse de 
los mercados locales. Exceptuando las provincias vascongadas ——progre- 
sistas en muchos aspectos— el tránsito rodado que hasta en las regiones 
más atrasadas del Noroeste es común, no existía hasta hace muy poco en 
los Pirineos. Substituye al carro para muchos fines (transporte de piedras, 
arena, estiércol y hierba) la narria, vehículo prehistórico sin ruedas que se 
arrastra por el suelo y que ha conservado en gran parte de los Pirineos su 
forma primitiva hasta el día presente. No le cede seguramente antigiiedad 
la rastra que sirve para igualar la tierra después de arada y que consiste 
simplemente en un montón de zarzales atados con una soga. Y también 
entre los arados —cgeneralmente del tipo que podríamos calificar de “ro- 
mano” — aparecen formas sencillísimas que indudablemente indican un 
origen muy lejano. 

El mismo carácter arcaico se manifiesta en el cultivo del campo: en 
la antiquísima quema del monte que precede a la primera roturación (tal 
como se observa también en el Noroeste de la Península) (2, en la ferti- 
lización de la tierra por las cenizas del monte quemado o el rodeo de los 
rebaños durante las noches de primavera y otoño y en el procedimiento 
primitivo de dejar descansar las tierras año por medio para no agotarlas. 
Inútil decir que también el empleo de la azada, en lugar del arado, para 
labrar huertos y en muchos casos los campos, arraiga en viejísimas tradi- 
ciones. 

Si es arcaica la agricultura de los valles pirenaicos, no lo es menos el 
pastoreo: la trashumancia, la vida pastoral en las altas montañas, el traje 
y el ajuar de los pastores confeccionados en gran parte por ellos mismos, 
su vivienda que en su forma más primitiva es una cueva o una choza hu- 
milde, y por fin los métodos y los utensilios empleados en la elaboración 
del queso y de la manteca. Basta recordar las formas sencillas de las 
gueseras hechas de un trozo de madera ahuecado o los rústicos pellejos 
utilizados (como en Asturias y Galicia) en la elaboración de la mantequilla 


(2) Véase nuestro estudio Cosas y vocablos del Noroeste ibérico que 
aparecerá en “Nueva Revista de Filología Hispánica”. 


162 F. KrÚcER 


para comprender que entre los pastores pirenaicos lo más primitivo ha per- 
durado en efecto a través de los siglos. 

Llaman la atención también por su antigiiedad los sistemas de caza 
y de pesca. Son numerosos los paralelismos que podríamos establecer con 
los de otros países conservadores, como por ej. Galicia, Portugal, Azo- 
res, etc. 


En cuanto a la casa rural, variadísima en sus aspectos regionales, no 
hay más que mirar el exterior para comprobar que el hombre pirenaico no 
ha podido sustraerse a las leyes que implacablemente le impone desde cen- 
turias el ambiente que lo rodea. La escasez de aberturas, los muros grue- 
sos, de piedras sobrepuestas sin labrar y sin revocar, los techos cubiertos, 
según la región, de paja, de tablas o tablillas o de losas informes y las 
gigantescas chimeneas tan bien adaptadas al medio rústico de la alta mon- 
taña — características que se han conservado con exquisita pureza en 
ciertas partes del macizo central — denuncian claramente hasta qué 
extremo los serranos han permanecido estables en la construcción de sus 
casas. Tanto es así que resultan insignificantes las diferencias entre las 
casas-viviendas y los simples refugios habitados temporariamente por pasto- 
res y ganados. En el caso de la vivienda del Valle de Arán (y de casas 
de otras regiones parecidas a ella) hasta ha sido posible establecer el pro- 
ceso evolutivo que ha conducido de la primitiva borda, habitáculo pastoril 
destinado a cobijar al pastor y al ganado, a la casa-vivienda. “Tanto en 
lo que se refiere a la dimensión y al aspecto exterior” —dije en Hochpy- 
renáen A I, 229— “como a los materiales empleados y a la distribución 
interior, hay coincidencias sumamente notables, por otra parte existen di- 
ferencias que se explican perfectamente por la transformación de la borda- 
cabaña en casa-vivienda”. Exactamente lo mismo puede observarse en 
Montgarri, pueblecito habitado por unos cuarenta vecinos, en lo más alto 
del Valle d'Aneu (1645 metros sobre el nivel del mar) y en otros lu- 
gares, 

En cuanto al interior de la casa, las huellas de cultura primitiva no 
son menos escasas. La instalación del fogón en el centro de la cocina, su 
emplazamiento a ras del suelo y su forma de hoyo circular practicado en 
éste (según Violant i Simorra, pág. 198 en las provincias vascongadas, 
observación importante que puede ser complementada por los términos clotxa, 
clofa, originariamente —= “hoyo”, que se aplican en tierras catalanas a la 
parte de la cocina donde se enciende el fuego), la cadena o sea el lar (en 
que se cuelga la caldera) de forma auténticamente prehistórica, los tipos 
arcaicos de morillos, el alumbrado primitivo por medio de la tea o leña 
resinosa de pino que ha persistido esporádicamente hasta nuestros días, y 


El Pirineo Español - 163 


un sinnúmero de utensilios domésticos tales como calabazas ahuecadas y 
morteros, saleros y escudillas de madera, vaciados y modelados en una 
sola pieza muestran -—entre muchas otras cosas— la supervivencia de un 
estado de cultura antiquísimo con el cual tan sólo el Noroeste de la Pe- 
nínsula puede rivalizar. 

Por arraigadas que estén las tendencias tradicionalistas señaladas que 
dan a la cultura pirenaica un sello particular, no es menos evidente en estas 
comarcas la variedad regional. Las provincias vascongadas, 
que a muchos etnólogos parecían como El Dorado de lo primitivo, en ciertos 
aspectos no lo son cuando se las compara con las zonas colindantes de 
Aragón. La zona aragonesa, por su parte, está dividida en una serie de 
núcleos culturales tan distintos como las variantes regionales de su idioma. 
Hasta en la zona catalana, a pesar de su unidad histórica, se notan di- 
vergencias de valle a valle, a veces hasta de lugar a lugar. El Valle de 
Arán, situado en la vertiente del norte y separado del resto de Cataluña 
por una barrera enorme, parece, mirado desde ésta, un mundo aparte, 
No insistiremos en la importancia de aquella frontera natural que ha 
producido el contraste fundamental entre los Pirineos y los Prepirineos 
del cual ya hablamos antes. Hay pueblos de la alta sierra como Ansó 
en Aragón y Gistain en el otro extremo oriental del mismo Pirineo arago- 
nés, que debido a su situación y a su tradicionalismo hondamente arraigado 
han conservado (hasta en el culto al traje) la esencia de la vida patriarcal, 
tal como era común a todos los pueblos pirenaicos en los siglos pasados. 
Hay otros pueblos de la misma región que, enorgulleciéndose de su espí- 
ritu modernista, deniegan categóricamente lo ancestral buscando en el ex- 
tranjero el cumplimiento de sus confusos anhelos. 


Sería exagerado exigir de una obra como la presente la exposición de 
los diversos factores que pueden haber motivado tal variación y transfor- 
mación. Ya es mucho si nos presenta los hechos: la actitud espiritual de 
los habitantes, de la que el capítulo dedicado a ellos (págs. 67 y sigs.) 
y la introducción general (aspecto fisiográfico, págs. 19 y sigs.) dan ejem- 
plos tan sugestivos como los antes mencionados de los ansotanos y chista- 
vinos; el aspecto fisiográfico y económico de las diversas comarcas y valles 
(págs. 19 y sig.) y las características del folklore en su variedad regional. 
De tales cuadros comparativos no rara vez se desprenden las trans- 
formaciones e innovaciones que se operaron en ciertas re- 
giones y hasta es posible averiguar, a raíz de su difusión geográfica, su 
centro o su zona de irradiación. 

Tal ocurre por ejemplo con el yugo cornil que en la zona rayana del 
Norte y en el extremo Oeste va sustituyendo al tipo tradicional de colla- 


164 F. KRUGER 


res (pág. 459). En este caso se trata evidentemente de una importación 
francesa, según ya expuse en Hochpyrenáen C 1I, 30-31, pues es sabido 
que en Francia, y más particularmente en la zona Sur de ese país, predo- 
mina el yugo cornil, El extremo Oeste de Aragón va aparejado con el país 
vasco de donde el yugo cornil se prolonga hacia la sierra cantábrico-astu- 
riana (*, Resulta de las observaciones de Violant i Simorra que un tipo espe- 
cial vasco (bastante recio y adornado de entalles) va ganando cada vez 
más terreno, irradiándose desde Guipúzcoa, vía Pamplona, en la precor- 
dillera (hasta el canal de Berdún y al llano de Jaca). 

No son menos significativas las transformaciones que se han operado 
en el empleo de la hoz (pág. 469). De las dos formas —hoz dentada y hoz 
con filo de corte liso— la primera representa evidentemente el tipo original. 
Con frecuencia éste se ha conservado solamente en la zona occidental y 
central aragonesa. Todo el Pirineo catalán, hasta los pueblos más apar- 
tados del Pallars y Andorra, han adoptado el tipo moderno. Este hecho 
verdaderamente sorprendente (considerando el carácter arcaico de esta 
zona) sólo puede explicarse por un influjo muy poderoso de parte de 
Francia donde el nuevo instrumento, de procedencia septentrional, ha ocu- 
pado vastas zonas del Suroeste y del Sur. Confirma esta adopción el tér- 
mino galo-romance volan que junto con el implemento se ha difundido en 
extensas regiones de Cataluña. Como en el Sur de Francia, la introducción 
del volan en la zona pirenaica es de fecha relativamente reciente. Es inte- 
resante anotar que la innovación ha penetrado también en algunos lugares 
del país vasco, lo cual testimonia claramente la disposición de ese pueblo 
para recibir en su cultura arcaica tendencias progresistas. 

El carro, antiguamente desconocido en la zona central y oriental de 
los Pirineos, va abriéndose paso paulatinamente por medio de las carreteras 
recién construídas. Ha conquistado ya todo el Pirineo oriental, circula por 
la magnífica carretera que atraviesa el valle de Arán y aparece también, 
aunque esporádicamente, en los Pirineos Centrales. Todavía es insignifi- 
cante en esta zona la influencia que el nuevo vehículo ejerce sobre los me- 
dios de transporte tradicionales. Pero es de suponer que con la construcción 
de nuevos caminos cambiará el aspecto y se disolverá aquella vasta zona 
(desde Andorra hasta las Provincias Vascongadas) que actualmente se- 
para el área del carro español de la del carro francés (9, * 


(32 Son significativas las denominaciones yugu vizcaino y frontiles viz- 
cainos que se encuentran en la Montaña de Santander (García-Lomas 357). 

(3b) Compárese ahora el mapa que presenta J. Caro Baroja en su im- 
portante libro Los vascos. Etnología. San Sebastián 1949, pág. 212 del 
área de extensión de los tipos de carro en las provincias vascongadas. 


El Pirineo Español 165 
Puede compararse, en cierto modo, con la difusión del carro, la in- 
troducción de la teja curvada como material de cubierta en determinados 
pueblos y regiones de la montaña, pues ella también está vinculada a la 
existencia de carreteras. La teja, único material de los Prepirineos y de 
los llanos, avanza por la Noguera Ribagorzana hasta Ginaste, por el R. 
Ésera hasta Campo y Castejón, por el R. Cinca hasta Boltaña, contras- 
tando así fuertemente con las cubiertas tradicionales de la alta montaña. 
Más intensa aun es la irrupción de tipos modernos en el extremo Oeste, 
donde han desbordado desde Guipúzcoa hasta el Norte de Navarra y la 
zona colindante aragonesa, hecho sumamente característico, pues demuestra 
una vez más el influjo que ejercen las Provincias Vascongadas sobre la 
zona occidental aragonesa, 


Podríamos citar muchos ejemplos más para señalar las fuerzas trans- 
formadoras a que está sometida la cultura arcaica de los Pirineos, remi- 
tiendo a observaciones propias expuestas en Hochpyrenien o a las de nues- 
tro apreciado amigo (observaciones que casi siempre coinciden hasta en los 
detalles). Pero basten las exposiciones anteriores para destacar en grandes 
líneas el carácter de tales innovaciones, su procedencia y las zonas de su 
irradiación. Es notable la influencia que ejerce Francia en la depresión 
oriental mediterránea y en el otro extremo occidental; en cambio es menor 
en la zona central, donde se manifiesta sin embargo claramente en la cons- 
trucción y en el interior de la casa (forma y material de la cubierta, chime- 
nea y escape de humo, ventana, etc.). Constituyen otro centro de irradia- 
ción las provincias vascongadas, cuya cultura avanzada ha afectado con 
bastante empuje a la zona colindante aragonesa. Pero no hay que despreciar 
tampoco las innovaciones que procediendo de las tierras llanas del Sur, 
han aportado nuevos aspectos y matices a la cultura tradicional de la sierra. 
La mayor parte de las innovaciones son de fecha reciente; hay que recono- 
cer además que hasta ahora tan sólo han afectado a las zonas rayanas. La 
milenaria cultura de los Pirineos vive aún y con ella uno de los baluartes 
más recios de la tradición española. 

En las páginas anteriores nos hemos referido tan sólo a algunos aspec- 
tos,de la cultura material con el objeto de señalar las características de su 
estructura. La temática que el señor Violant i Simorra aborda en su obra 
es sin embargo mucho más vasta. Procura dar una síntesis de la 
vida pirenaica abarcando el conjunto de sus múltiples manifesta- 
ciones en el folklore. 

Trata pues en el primer capítulo el aspecto fisiográfico del Pirineo, 
presentando, después de una introducción general, una descripción sucinta 
y a la vez pintoresca de los diversos valles y comarcas tradicionales. En el 


166 F. Kriúcer 

cap. II caracteriza a los habitantes poniendo de relieve las diferencias fí- 
sicas y psicológicas que se observan entre catalanes, aragoneses y vascos y 
también en sus respectivos idiomas; encierra este capítulo además un minu- 
cioso análisis de los diferentes elementos del traje, con lo cual evita el autor 
describirlo en forma general (por regiones), hecho que encontramos con 
mucha frecuencia en publicaciones de tratadistas anteriores y que tanto ha 
complicado el estudio de ese tema. El tercer capítulo ofrece un panorama 
general de la economía: recursos naturales, industria, comercio, comunica- 
ciones, emigración. Los capítulos IV-VI están dedicados a la vivienda 
(págs. 150-195), a la vida doméstica al amor del hogar (págs. 196-267) 
y a la trilogía de la vida humana: nacimiento, matrimonio y muerte (págs. 
268-316). El capítulo VII, en el cual el autor analiza la organización 
social y pecuaria (págs. 317-359), prepara la descripción de la caza y 
pesca (págs. 360-379), de la vida pastoril (págs. 380-437) y de la vida 
agrícola (págs. 438-493). Los tres últimos capítulos tratan de creencias, 
mitos y supersticiones (págs. 494-557), fiestas populares (págs. 558-623), 
representaciones, danzas y deportes (págs. 624-649). 

Es importantísimo el capítulo que el autor dedica a la organiza- 
ción social en la que se manifiestan tan claramente aquellas tradicio- 
nes patriarcales que dan a la vida pirenaica un carácter particular: la ins- 
titución del mayorazgo o hereu con la que están vinculados numerosos usos 
referentes al régimen doméstico y a los bienes patrimoniales; la comunidad 
vecinal que implica prácticas de no menor interés (ayuda mutua; trabajos 
vecinales) y la organización comunal, incluso la organización agropecuaria, 
que, tanto en el país vasco como en Aragón y los valles catalanes, ha dejado 
imborrables huellas en el aprovechamiento de los pastos y bosques y en la 
administración comunal. Resulta interesante comparar los usos observados 
por Violant i Simorra con los señalados recientemente por el geógrafo H. 
Cavaillés en la vertiente Norte de los Pirineos donde se han' conservado tra- 
diciones muy parecidas (*, 

AL presentar su obra el señor Violant i Simorra no pretende, según él 
mismo lo dice en el Prefacio, agotar el estudio etnográfico de los Pirineos. 
Así es que los capítulos dedicados al folklore propiamente dicho — 
creencias, costumbres, fiestas, etc.— tienen más bien el carácter de un esbozo 
destinado a destacar los aspectos más esenciales. Pero hay que advertir que 
ellos también ofrecen gran interés por la abundancia y la novedad de los 
materiales. Al lado de costumbres que parecen tener un carácter regional o 


(2) H,. Cavaillés, La vie pastorale et agricole dans les Pyrénées des 


Gaves, de l' Adour et des Nestes. Paris, 1931. 


El Pirineo Español 167 


local nos encontramos con un sinnúmero de fenómenos que merecen ser con- 
siderados desde el punto de vista comparativo: así por ejemplo los ritos 
“llenos de unción y de fe cristiana, mezclados con reminiscencias paganas” 
que se practican para obtener buenas cosechas o al finalizar las mismas 
(matar el boc, matar la cuca, matar el gall, etc., págs. 489 y sigs.) % así 
como para conseguir que llueva, una de las principales preocupaciones en 
todos los países meridionales (6; el rito mágico de pasar, en la noche de 
San Juan, a niños herniados por la raja de un árbol (pág. 597), magia 
que tantos paralelos tiene en la tradición popular europea (7; las danzas con 
palos y espadas típicamente vascas pero no desconocidas en otras regicnes 
de la Península y que últimamente han dado lugar a un exhaustivo estudio 
comparativo (5, El señor Violant i Simorra ha dado él mismo un excelente 
ejemplo de cómo los temas folklóricos tratados sintéticamente en la pre- 
sente obra pueden ser ampliados, en el magnífico libro sobre la fiesta de 
Navidad de que hablaremos más adelante. 


“Terminamos con algunas observaciones de detalle que tal vez serán 
útiles al autor para una segunda edición de su obra. Dice en la pág. 84 
“En el Valle de Arán hablan un dialecto gascón y el catalán, aunque con 
marcado predominio de este último idioma”, observación inexacta en lo 
que se refiere al predominio catalán y que contradice lo dicho sobre el em- 
pleo del gascón como lengua familiar en la página 88. No hay que exagerar 
tampoco la influencia del catalán en la zona aragonesa como se hace en la 
página 87. Faltan en la bibliografía algunos libros y artículos que para el 
lector seguramente tendrán interés: Violet Alford, Pyrenean Festivals. Ca- 
lendar Customs, Music, Magic Drama, Dance. London, 1937, 286 págs. 


- Th. Lefebvre, Les modes de vie dans les Pyrénées atlantiques orientales, 


(5) Sobre este tema tratará próximamente el insigne folklorista A. Van 
Gennep en una publicación de la Universidad Nacional de Cuyo desde el 
punto de vista comparativo. 

(1 Traté este tema que merecería un estudio comparativo en Die 
Grosse Volkerkunde, obra publicada por H. A. Bernatzik, Leipzig, 1939, 
t. 1, 152-153 y en Festschrift J. Jud, págs. 349-350. Sobre España pue- 
den compararse ahora los datos recogidos pos E. Casas Gaspar, Ritos 
arcaicos. Folklore campesino español. Madrid, 1950, págs. 39 y sigs. 

(M Puede compararse con la fotografía de este acto publicada por 
Violant i Simorra (pág. 597) el diseño ofrecido por Aug. César Pires de 
Lima, Estudos etnográficos, filológicos e históricos. Pórto, 1948, t. II, 
249 del Norte de Portugal (con referencias bibliográficas; cp. también H. 
Urtel, Beitrúge zur portugiesischen Volkskunde. Hamburg, 1928, págs. 
37, 45, con referencias a la bibliografía europea). 


( R, Wolfram, Schweritanz und Mánnerbund. Kassel, 1935-37. 


168 F. KrUcER 

Paris, 1933, 777 págs. - A. Kuhn, Studien zum Wortschatz von Hocha- 
ragon. ZRPh LV, 561-634 (numerosas observaciones etnográficas). - 
R. Wilmes, Der Hausrat im hocharagonesischen Bauernhaus des Valle de 
Vió. VKR X, 213-246 (el trabajo completo de R. Wilmes aparecerá 
próximamente en español bajo el título La vida rural en el Valle de Vi6, 
en los “Anales del Instituto de Lingúística”). 


Concluyo así las observaciones sugeridas por la magnífica e instruc- 
tiva obra sobre el Pirineo Español que, como confirmación de nuestra li- 
beral convergencia de intereses científicos, me acaba de dedicar mi distin- 
guido amigo R. Violant ¡ Simorra. 


fo * 
* 


En dicha obra el autor ya había llamado la atención sobre la gran im- 
portancia que el arte popular posee entre los pastores y aldeanos pirenaicos, 
arte que practicado como creación personal o industria doméstica, en forma 
rudimentaria o estilizada, arraigaba en algunos pueblos mientras se iba 
difundiendo por los centros industriales a través de los valles. Este arte 
popular catalán, enriquecido considerablemente por el aporte constante de 
los serranos pirenaicos, constituye el objeto de la obra publicada en 1948 
por el señor Violant i Simorra sobre Art popular decoratin a Catalunya 
espléndidamente ilustrada como la anterior. Ensanchando el dominio de sus 
observaciones a toda Cataluña y poniendo de relieve el elemento decorativo 
presenta en forma sistemática el acervo variado y pintoresco del arte popu- 
lar catalán, que desde hace tiempo había despertado el interés de aficiona- 
dos (%, pero que hasta el presente no había sido objeto de un metódico 
estudio de conjunto. 

Destacando claramente el concepto de arte popular, término que en- 
tre los tratadistas ha encontrado a veces una interpretación bastante vaga 
y hasta exagerada, el señor Violant i Simorra se limita al estudio de las 
obras hechas o decoradas por el pueblo mismo o por artistas de técnica po- 
pular tradicional. Al tomar la palabra en este sentido bien perfilado (10) 
considera como populares el arte rústico de la madera, tal como lo practi- 
can los pastores en la soledad de la sierra, los tejidos de mimbre, paja, 


(9 Cabe hacer mención honorífica del estudio de J. Pla Cargols, 


Art popular i de la llar a Catalunya. Girona 1927 cuya documentación se 
basa casi exclusivamente en colecciones de museos. 
(10) En lo que respecta al sentido que hay que dar a “arte popular”, 


El Pirineo Español 169 
ets, que se fabrican siguiendo con frecuencia una tradición familiar, y 
las industrias de la alfarería y de la herrería que, enclavadas en un 
ambiente rústico, sirven a la colectividad comunal. En estas artes puede 
incluirse también la construcción de la casa, pues a pesar de ciertas influen- 
cias extrañas, se mantiene tradicional. Por esto la casa rural, a cuya forma 
exterior se agregan numerosos elementos artísticos en el interior, ha mere- 
cido en la obra del señor Violant i Simorra una atención particular (págs. 
15-54). Por último pueden considerarse como manifestaciones del arte 
popular numerosas creaciones nuevas de gusto más culto y refinado que, 
aunque distintas de las de carácter puramente rural, se han infiltrado en la 
tradición popular formando parte integrante de ella: creaciones individua- 
les nacidas de una técnica superior o imitaciones de modelos y moldes urba- 
nos adaptados al gusto tradicional. En este grupo hay que incluir la cerá- 
mica decorada, la escultura en madera perfeccionada por ebanistas, etc., 
los tejidos artísticos y otras labores femeninas imitadas de una cultura supe- 
rior pero desde hace mucho tiempo arraigadas en la tradición popular. 
Las fuentes en que se basa la obra: del señor Violant son las coleccio- 
nes reunidas en los museos folklóricos —de Ripoll, Solsona y de la Sección 
Etnográfica del Museu Municipal d'Indústries i Arts Populars de Barcelo- 
na sobre todo, la cual debe su riqueza casi exclusivamente a la laboriosi- 
dad de nuestro autor— y los resultados de encuestas sistemáticas realizadas 
por él durante muchos años en el terreno. Estas observaciones directas prac- 
ticadas “en la escuela viva de la naturaleza y la vida rural'”” dan a su obra 
un carácter singular, pues permiten al lector ver las cosas desde más cerca, 
en el ambiente mismo en que han surgido y próximas a los hombres que las 
han conformado. En visión de conjunto estos objetos nos entregan un pa- 
norama vivo y tangible de la laboriosidad artística de sus creadores. Ob- 
servamos al humilde pastor de la sierra al tallar y modelar la madera (pág. 
57), la técnica empleada por los cesteros al confeccionar paneras de paja 
(pág. 85), cestas y recipientes hechos de ramas (pág. 87, 94) y las for- 
mas artísticas que en centros urbanos han substituído a la cestería primitiva 
(pág. 96); seguimos de cerca las manipulaciones de los alfareros rurales 
al preparar y modelar la arcilla (pág. 124 y sigs.) y la técnica que se 
sintetiza en las creaciones de la cerámica popular (pág. 138). Siguiendo 
las rutas de nuestro autor notamos además la variedad asombrosa que ca- 
racteriza el arte popular catalán y las diferencias regionales a que está 


la obra de nuestro distinguido amigo se diferencia favorablemente de la obra 
publicada recientemente por J. Subias Galter bajo el título El arte popular 
en España. Barcelona 1948. 


170 F. KrUcER 

sometida la configuración de determinados objetos. Es variadísimo el pano- 
rama que nos traza de la cestería, sus aspectos particulares y sus tipos re- 
gionales, su difusión geográfica y su nomenclatura (pág. 82 y sigs.) y no 
es menos sugestivo el cuadro que nos presenta de las características regio- 
nales de la alfarería (págs. 107 y sigs.). Tales diferencias se notan tam- 
bién en el moblaje (págs. 74 y sigs.), en el ajuar (véase, p. ej., lo dicho 
sobre las formas distintas del aparador en la pág. 50) y en el aspecto ar- 
tístico del exterior de la casa (véase el esquema comparativo de las chime- 
neas en la lám. V, de los relojes de sol en la lám. VII y de los ornamentos 
de las galerías en la lám. 11). En muchos casos tal cuadro comparativo * 
permite distinguir claramente la procedencia, las fases de la evolución, lo 
autóctono y lo ajeno. 

Pero también desde el punto de vista sociológico son interesantes las 
observaciones directas que hizo el señor Violant i Simorra en sus viajes. 
Entre los individuos que se dedican al arte popular, según el carácter y la 
finalidad de éste, hay que distinguir varios grupos o categorías de acuerdo 
con su labor. 


Entre ellos el arte pastoril, a veces mero pasatiempo de los pastores 
en la soledad de la montaña, ocupa una posición particular. De los objetos 
fabricados por ellos —cucharas, escudillas, etc.— gran parte es destinada 
al uso personal, otros sirven de regalo a los amigos o familiares (pág. 57). 
Tampoco puede considerarse como oficio propiamente dicho la fabricación 
de cestos y paneras tal como se efectúa durante los meses de invierno en 
las casas de ciertas regiones de la alta montaña; es una ocupación a la 
cual se dedican los paisanos, viejos y jóvenes, como se dedican a la fabri- 
cación de aperos agrícolas y pastoriles (pág. 86). Pero puede que de una 
tel ocupación pasajera surja una industria doméstica profesional como se 
observa en la fabricación de instrumentos de música cultivada (según una 
tradición artística ya arraigada) en la familia de un flabiolaire de la Plana 
de Vic (pág. 64). Por otra parte los cesteros pallareses de que hablamos 
antes se han convertido a veces en artesanos andantes (pág. 89-90) como 
los hay también entre los picapedreros (pág. 45) y los carpinteros (pág. 
62). Hay por fin verdaderas industrias profesionales, particularmente en 
alfarería, concentradas en determinados núcleos locales o regionales y es- 
pecializadas en la técnica de su labor; constituídos en gremios de familia- 
res o en cofradías ya desde la alta Edad media estos alfareros merecen el 
calificativo de artesanos en el verdadero sentido de la palabra. El trabajo 
libre de los pastores, los obreros ambulantes, la industria casera vinculada 
con el trabajo del campo o el pastoreo y la industria doméstica indepen- 
diente, oficios que se han conservado con cierta frecuencia, y a veces en 


El Pirineo Español 171 


formas bastante rudimentarias, en la montaña, representan los prototipos 
del artesanato perfecto tal como se ha constituído, formando escuela, en la 
tierra llana y en los centros urbanos de Cataluña. 


Vamos a escoger tres ejemplos para ilustrar la variedad y el interés 
de los temas tratados: el arte pastoril, la industria del hierro y la cestería. 


Los pastores catalanes nos han legado un notable repertorio de tra- 
bajos artísticos-etnográficos que podemos admirar en los museos de Ripoll 
y de Barcelona, particularmente ricos de tales objetos, y en los pueblos 
mismos de la montaña. Trátase sobre todo de trabajos de made- 
ra (no cita Violant i Simorra los trabajos de cuerno que sin embargo han 
tenido también cierta importancia en los Pirineos), hechos de una sola 
pieza y tallados y grabados simplemente a punta de navaja. Como madera 
se da preferencia al boj, material fuerte y duro, pero que no se raja al 
trabajar y que al cabo de los años toma con el uso un color amarillento 
muy simpático a la vista. Encontramos el mismo material también en Pro- 
venza, en los Alpes franceses e italianos. Como temas ornamentales emplean 
motivos geométricos, figuras florales, representaciones humanas y símbolos 
religiosos. Los objetos decorados por los pastores son de una multiplicidad 
infinita. Encontramos, al lado de cucharas, tenedores, escudillas, bastones, 
etc., fabricados en todos los países pastoriles, otros de carácter más parti- 
cular: collares (en su forma más perfeccionada hasta policromados), que 
en cierto modo pueden rivalizar con los magníficos cambis di sounaio de 
los pastores provenzales y con los collari de Piamonte y del Valle de Aosta; 
saleros que, por su gusto artístico, no son inferiores a las clásicas formas 
dadas en el Queyras, la Maurienne y el Tirol; queseras en forma de cuen- 
co de madera en las cuales se combina de una manera armoniosa lo artís- 
tico con lo rudimentario, en contraposición a los Alpes donde prevalecen 
las formas torneadas, vale decir, más perfeccionadas; los garrotes fina- 
mente estilizados (por servir de prendas amorosas) que las muchachas uti- 
lizaban para atar en el campo las gavillas y de los que encontramos mag- 
níficos ejemplares también en el Norte y Este de Europa (Alsacia, Alema- 
nia, Finlandia, Moravia, etc.). Lo que da a este arte anónimo un 
carácter especial es que se encuentra concentrado en una sola región, la 
zona pastoral de los Altos Pirineos, como lo manifiestan no sólo las colec- 
ciones de los museos regionales, sino también el ajuar tradicional de aque- 
llos pueblos humildes, verdaderos museos etnográficos creados al natural. 
Valdría la pena comparar el “arte de madera” pirenaico con el de otras 
regiones españolas —la sierra cantábrico-asturiana, Salamanca, etc.— y de 
otros países —el Norte de Portugal, los Pirineos franceses, la Auvergne, 


172 F. KRUGER 


la Haute-Loire, los Alpes franceses, italianos y suizos—, todos ellos países 
clásicos en este arte, para averiguar lo que tienen de común y lo que los 
distingue (11. Sea cual fuere el resultado de tal comparación, lo cierto 
es que en los Pirineos catalanes se ha conservado una técnica particularmen- 
te arcaica nacida de la misma tradición patriarcal que antes reinaba también 
en Provenza y a la que el poeta-folklorista Frederi Mistral ha dado ex- 
presión en los versos siguientes: 


E de parla tant-léu s'arresto, 

Coume un relicle, de sa vésto 

Sort un coucourelet taia dins lou bouis viéu; 
Car, á sis oureto de pauso, 

Amavo, asseta su 'no lauso, 

De s'espassa 'naquéli causo; 

E réu qu'emé 'n coutéu fasié d'obro de Diéu! 


E d'uno man cascareleto 

Escrincelavo de clincleto 

Per la niue, dins lou champ, mena soun abeié; 
E sus lou cambis di sounaio. 

E sus Pos blanc que li mataio, 

Fasié de taio e d'entre-taio, 

E de flour, e d'aucéu, e tout go que voulié. 


Mirtio, IV. 


Son múltiples, casi innumerables, los objetos forjados de 
hierro que adornan el exterior y el interior de las casas rurales. En parte 
se trata de arreos y utensilios fabricados en talleres urbanos tales como pica- 
portes, balaustradas de balcones, etc. Pero en grande parte proceden de 
las fraguas rurales que antiguamente trabajaban en determinados valles de 
la montaña. Sorprende la frecuencia con que aparecen en el Alto Pallars. 
Pues bien, en esta comarca existían antes —es decir ya desde la Edad 
Media— numerosas fargas que trabajaban el hierro extraído de las minas 


(11+ Nos limitamos a citar algunas obras en las que el lector encon- 
trará la documentación necesaria: P. C. Morán, Arte popular (en Sala- 
manca). En: Sociedad Española de Antropolcgía, Etnografía y Prehis- 
toria. Memoria LXVI, Sesión 58, págs. 23 y sigs. - Vida e arte do povo 
portugués. Lisboa, 1940. - Ph. de Las Cases, L'art rustique en France: 
Dauphiné et Savoie; Auvergne; Bretagne. Paris, s. a. - Danilowicz, £'arl 
rustique francais: Art provengal. Nancy, s. a. - Rouchon, La vie paysanne 
dens la Haute-Loire. Le Puy-en- Velay. 1933, I, 42, y sigs. - G. Bro- 
cherel, Arie popolare valdostana. Roma, 1937; id., La valle d'Aosta. 2 
tomos. Novara, 1932, 1933. 


El Pirineo Español 173 
vecinas, y son estas fargas las que proveyeron durante centurias los hogares 
del Alto Pallars y de sus alrededores. Así se explica la abundancia de 
morillos, cadenas suspendidas encima del llar, parrillas para tostar carne 
o para tostar pan, tederos, etc. que adornan todavía hoy los hogares de las 
humildes viviendas de esa región. Junto a las formas simples, pero siempre 
bien estilizadas, aparecen otras de una técnica constructiva superior. Entre 
ellas las cadenas de los lares utilizadas en el Pallars merecen una atención 
particular. En las comarcas meridionales de Cataluña las cadenas son de 
forma extremadamente sencilla, como en el resto de la Península, en Ita- 
lia y la Francia meridional. Únicamente en el Alto Pallars forman conjun- 
los de piezas artísticamente trabajadas que contrastan notablemente con la 
modestia de los hogares que ornamentan. Esta singularidad confirma una 
vez más la laboriosidad y el gusto artístico que desplegaban en la industria 
del hierro esos valles pirenaicos desconocidos del mundo y la proyección 
que ésta tuvo en el decoro del hogar pallarés. En este aspecto se identifica 
el Pallars, dentro de la Romania, tan sólo con Lorena en Francia, 
“reino del hierro'”” como aquél, con la notable diferencia, sin embargo, de 
que en Lorena y sus zonas colindantes hoy día sólo se encuentra en mu- 
seos y en colecciones de aficionados (1? lo que vive en las casas del Pallars 
con toda la vigencia de antaño. 

Entre los materiales usados en la cestería de Cataluña predominan 
como en toda la zona septentrional de España, ramas de avellanos, mim- 
bres y cañas. Mucho más sorprenden las vasijas hechas de paja 
que, junto con esta clase de cestería, aparecen esporádicamente en algunos 
valles de los Pirineos. Ya llamé la atención sobre este hecho en Hochpy- 
renáen C 11, 390-393, aduciendo paralelos de otras regiones y otros países. 
Volvemos ahora a este tema, pues implica, según veremos en seguida, pro- 
blemas etnográficos de gran interés. Trátase de recipientes en forma de án- 
foras bastante espaciosas o de recipientes más bajos y aplanados, construí- 
dos en espiral y destinados a guardar cereales, legumbres, etc. Según el 
señor Violant i Simorra (pág. 84 de su obra) tales recipientes hechos de 
paja tejida en técnica espiral “antiguamente no se usaban tan sólo en el Pi- 
rineo y Prepirineo catalán, como demuestran diversos datos recogidos acá 
y allá (Ribagorca, Pallars, Emporda, la Selva), sino también en Mallor- 
ca, las Canarias, Castilla, León, etc. y en otros países europeos, entre ellos 


(12 Compárese Hochpyrenien A IL, 136 y sigs. y en cuanto a la 
industria del hierro en Lorena y las comarcas colindantes: Ch. Sadoul, 
L'art rustique en France. 1. La Lorraine. Paris, s. a., págs. 46 y sigs.; 
M. E. Violet, La ferronnerie populaire du Máconnais. Tournus, 1933. 


| 


174 F: KrUcer 


Chiécoeslovaquia””. Vale la pena fijar exactamente el área geográfica de 
la difusión del objeto, denominado pallussa o pallissa en catalán, pues ella 
importa mucho en la discusión del problema. En efecto la pallussa se en- 
cuentra en algunos pueblos de Ribagorza, del Pallars, etc., también en 
Mallorca; está atestiguada también en partes de Aragón (Vió - Fanlo; 
Fablo) y del país vasco (véase la fotografía publicada en Anuario de 
Eusko-Folklore VII, 96). Pero en ninguno de estos casos constituye la 
regla. Lo mismo vale para la hurona del Bierzo, la escriña del norte de la 
provincia de León y la nalsa salmantina. Como en los Pirineos, la tinaja 
hecha de paja y tejida generalmente en dichas regiones con zarza o mim- 
bre, aparece sólo esporádicamente en el Oeste (en Portugal parece ser 
desconocida completamente). Exagera pues sumamente Hoyos Sáinz (13, di- 
ciendo que es muy frecuente en esa zona. En Castilla el escriño ya está 
atestiguado por el Dicc. Aut.: “cesta o canasta ancha de boca, y alta más 
de media vara, fabricada de pajas largas, y después cosidas con mimbres 
delgados o con cáñamo, de que usan mucho en los lugares para recoger 
el salvado y las granzas de los granos. También se hacen más pequeños, 
y destos usan los carreteros y boyeros para dar de comer a los bueyes cuan- 
do van camino”. Da la misma definición el Dicc. Ac. Esp., pero no sabe- 
mos nada concreto sobre su difusión actual. En cuanto a las Canarias, a 
las que se refiere nuestro distinguido amigo, hay que hacer distinción entre 
el balayo hecho de esparto o de junco trenzado y la balaya formada de 
pleitas de paja dispuestas en forma circular y cosidas con tiras delgadas de 
zarza (4, 


En cuanto al resto de Europa hay que recordar la delimitación geo- 
gráfica del objeto dada por S. Erixon y que concuerda perfectamente con 
nuestras propias observaciones. Los escriños de paja utilizados como re- 
ceptáculos de granos etc. —dice el etnógrafo sueco— se encuentran *“with 
northern limit in South-west Sweden and otherwise evident throughout West 
Europe down to Spain and with the eastern limit on the East Baltic coast, 
Poland, Hungary and the Balkans” (4%, Pero hay que advertir que —+en 
contraste a lo que observamos en la Península Ibérica— el escriño no apa- 
rece en esa vasta zona tan sólo esporádicamente, sino que constituye en ella 


(13) L. de Hoyos Sáinz, Manual de folklore. Madrid, 1947, pág. 557. 


(14) Véase descripción y dibujos en S. de Lugo, Colección de voces 
y frases provinciales de Canarias. La Laguna de Tenerife, 1946, págs. 
61-62. 


(15 S, Erixon, West European Connections and Culture Relations. 


En: Folk-Liv 1938, pág. 157. 


El Pirineo Español . 175 


ya por tradición una parte integrante del ajuar, Así lo encontramos en la 
Baja Alemania (1%, de donde irradió hacia la Frislandia septentrional (17 
y el Sudoeste de Suecia por un lado y hacia las provincias bálticas (1% y 
Polonia (1, por el otro; en Estiria (2% y en el Bóhmerwald (Checoes- 
lovaquia de hoy) (41, de donde se propagó a los Balkanes (%2); también 
en toda la zona occidental desde el Sundgau (2% y la Selva Negra 49 
hasta el Sarre (2%, Luxemburgo (29 y las provincias rhenanas (27. De aquí 
lo seguimos a través de Bélgica, país particularmente dedicado a los traba- 
jos de paja “9, a las zonas colindantes de Francia - Ardenas (%9%), Lo- 
rena (%%, Franco Condado (1 -, del extremo Suroeste de Alemania, de 
Suiza *? y el Franco Condado a los Alpes franceses y el Valle de Aosta 


16) W, Bomann, Báuerliches Hauswesen und Tagewerk im alten 
Niedersachsen. Weimar”, 1929, pág. 145. 

(17) Peters, Nordfriesland, pág. 345. 

(15) R. Karutz, Die Vólker Europas. Stuttgart, 1926, págs. 25, 33; 
I. Mamninen, Die Sachkultur Estlands. Tartu, 1933, II, 159; A. Bielen- 
stein, Die Holzbauten und Holzgeráte der Letten. St. Petersburg, 1907, 
pág. 365, 

119) Schultz, Ethnographischer Bilderatlas von Polen, N* 105. 

(20) Y. Theiss, Steiermark, Weimar, s. a., pág. 31, láms. 31-32. 

(10 J. Blau, Bóhmerwálder Hausindustrie. Prag, 1917, 1, 396 y 
sigs. 

(22 Haberlandt - Buschan, Vólkerkunde. Stuttgart, 1926, II, 504. 

(23) Oberdeutsche Zeitschrift fiir Volkskunde XVI, 64, 65. 

(24 P, Kettel, Deutsche Hausindustrie. Leipzig, 1936, pág. 32. 

(5) Ardouin - Dumazet, Petites industries rurales, pág. 126. 

(261 J, Hess, Luxemburger Volksleben. Grevenmacher, 1939, págs. 
59, 6l. 

GD A, Wrede, Rheinische Volkskunde. Leipzig, 1929, lám. 19. 

(281 Para datos bibliográficos sobre Bélgica y Francia remito a Hoch- 
pyrenáen C II, 390-393, 

(29) A. Vauchelet, Tous les patois des Ardennes. Charleville, 1940, 
pág. 120; Bruneau, Enquéte linguistique sur les patois d' Ardemne. IL, 54; 
FEW Il, 241. 

(30) Westphalen, pág. 752: borache. 

(81) Beauquier, Faune et flore populaire de la Franche-Comté, Paris, 
1910, IM, 319. 

(32) Compárese sobre trabajos de paja en la Suiza occidental R. 
Usteri, Croquis de la vie des femmes au pays d'Enhaut. Ziirich-Erlenbach 
1940, pág. 51 y C. Delachaux, Le tressage de la paille au Pays - d' Enhaut. 
Schweizerisches Archiv fir Volkskunde 1946, XLIII, 621-631 (*“I1 
mM est pas probable que le tressage de la paille ait été en usage avant le 19" 
siécle'””). 


176 F. KrÚcER 


(en el extremo NO de Italia) (9, En el centro de Francia el escriño ocu- 
pa una vasta zona formada por el Macizo Central y sus zonas colindantes 
(Auvergne, Berry, Bourbonnais, Limousin, Périgord, Vivarais y Rouer- 
gue). Debe haber existido también en todo el Norte. Domina por fin, en 
contacto directo con la zona central, en la Touraine y el Anjou y en el 
Noroeste, en La Briére y Vendée sobre todo. Aparece esporádicamente 
por fin en Aunis-Saintonge, Gascogne y los Pirineos. 

En cuanto a Italia mi documentación es bastante escasa. Es cierto 
que hay cestas de paja empleadas para diversos usos en el Norte y en el 
centro de ese país (*%*, particularmente en la Toscana y las Marche donde 
abundan los trabajos de paja (**'. Pero son evidentemente distintos de las 
ánforas prevalecientes en las regiones mencionadas arriba, tanto por su foi- 
ma (comúnmente cilíndrica) como por el materia] empleado (cañizo, junco, 
etc.), los receptáculos usados para guardar cereales, etc. en el Sur de 
Italia y en Cerdeña (4%, 

Dedúcese de las observaciones anteriores que el tipo de pallussa que 
encontramos en los Pirineos está particularmente vinculado al Norte de 
Europa, mejor dicho a aquellas regiones que en la trilla de cereales em- 
pleaban antes bastones, mayales u otros instrumentos por el estilo, práctica 
que les permitía conservar la paja larga y utilizarla para diversos obje- 
tos (97!. No hay más que comparar el área de difusión de este método de 
trillar los cereales (trátase casi exclusivamente del centeno) con la de la 
pallussa para comprobar la coincidencia casi absoluta de ellas: en el Oeste 


(331 Brocherel, Arte popolare valdostarna. Roma, 1937, fig. 280. 
En los Alpes franceses el escriño tejido de paja se encuentra hasta el d'* 
du Var; sobre los tipos de este último puede compararse A. Blinkenberg, 
Lobbinding i Provence, artículo publicado en Sprog og Kultur 1939, VII, 
127-138. 

(342 ATS VII, 1942, obra que actualmente no está a mi alcance. 
Tienen pues mis indicaciones sobre Italia un carácter provisjonal. 

6h L, Petrali Castaldi, Popre leggiadre. Milano, 1929, págs. 154, 
351 y sigs. Peasant Art in Italy. Special Number of the Studio, 1913, 
págs. 22 y sigs. F) 

(361 Scheuermeier, Bauernwerk. Zúrich, 1945, pág. 144. Tengo que 
corregir mi referencia a Wagner en Hochpyrenáen C YI, 391, nota 63, 
pues no se trata de vasijas tejidas de paja sino de junco. En cambio la 
técnica italiana de tejer paja ha influído sobre Suiza y el Sudoeste de 
Alemania (Spamer, Die deutsche Volkskunde. Leipzig, 1937, II, 329). 

(37+ Hace observaciones interesantes sobre el modo de trilla (por me- 
dio de bastones), y la industria de la paja floreciente en la “Toscana el 
señor Scheuermeier en Travaux du /'” Congrés International de Folklore. 
Tours, 1938, pág. 93. 


ra 


El Pirineo Español 177 


de Francia, en el Macizo Central, en los Alpes, en el Norte y en la zona 
oriental, en contacto inmediato con Alemania, país predilecto de centeno, 
y los demás países ya aludidos. Compréndese perfectamente que los 
paisanos de tales países de paja larga se especializaron pronto en el 
arte de utilizar un material tan provechoso, empleándolo para la cubierta 
de las casas —práctica en la que los habitantes de ciertas regiones se han 
hecho verdaderos artistas— y en la confección de numerosos objetos. Pa- 
rece pues permitido suponer que el empleo de la paja para la fabricación 
de escriños y otros objetos parecidos se originó en aquellos países del Norte 
que la han conservado más fielmente como arte doméstica hasta los tiempos 
recientes, probablemente en el Norte de Germania de donde se propagó a 
otros países. Los escriños hallados en la Península Ibérica serían pues como 
las últimas estribaciones de una expansión cultural que irradiando del Norte 
conquistó grandes partes de Francia, Suiza e Italia para dejar en los países 
meridionales tan sólo vestigios aislados. En cuanto a las pallussas pirenaicas, 
pueden haber venido de la vertiente Norte (donde igualmente existen), si 
no hay que relacionarlas con los escriños castellanos de cuya historia tan 
poco sabemos. 

Esta suposición gana en probabilidad y hasta se convierte en certeza, 
si consideramos la génesis y la difusión de otros objetos. Me refiero en primer 
lugar a determinados tipos de la colmena, igualmente formados de 
paja en la forma típica espiral y cuya historia y repartición geográfica ha 
sido perfectamente establecida por investigaciones recientes (“$!, Reduciendo 
la gran variedad de formas difundidas por la Romania a dos tipos fun- 
damentales podemos distinguir entre las colmenas propias de los países me- 
ridionales (Península Ibérica, Italia, Francia Meridional) —colmenas he- 
chas de troncos de árboles ahuecados, de corteza, de tablas de madera, de 
ramas entretejidas, etc.— y las colmenas formadas de paja que dan una 
nota particular a los países del Norte. La aplicación de la técnica espiral a 
las colmenas de paja, técnica que evidentemente supera a la utilización de 
troncos de árboles, corteza, etc. para el mismo objeto es, según toda proba- 
bilidad, una invención de los pueblos de la Germania occidental, zona que 
más que ninguna otra ha sido fiel a la antigua tradición como demuestran 
los magníficos ejemplares de la Baja Alemania, Westfalia, provincias rhe- 


(38) L, Armbruster, Der Bienenstand als vólkerkundliches Denkmal. 
Neumúinster, 1926; L. Armbruster, Die alte Bienenzucht der Alpen. Neu- 
múnster, 1928; Br. Schier, Der Bienenstand in Mitteleuropla, Leipzig, 
1939; W. Brinkmann, Bienenstock und Bienenstand in den romanischen 
Liándern. Hamburg, 1938; M. Sooder, Die alten Bienenwohnungen der 
Schweiz. Schweizerisches Archiv fir Volkskunde 1946, XLIII, 588-620. 


178 F. KRUGER 
nanas, Países Bajos, etc. Del Norte de la Baja Alemania la colmena de 
paja se propagó hacia Yutlandia, las Islas Danesas, el sur de Suecia y a 
las provincias bálticas (3%, exactamente como los escriños de que hablába- 
mos antes. Observamos la misma propagación de colmenas de paja y escri- 
ños también en el Este y Sudeste de Europa (Polonia, Croacia “'”, Hun- 
gría, Rumania, Estiria). Asimismo en los países románicos la convergencia 
de las áreas geográficas es casi completa. Como en otras partes de los Al- 
pes el tipo alemánico de la colmena de paja ha conquistado la zona occi- 
dental de Suiza y los valles superiores del Tesino; formas parecidas apa- 
recen también en el Jura francés. Los Alpes franceses, en los que observa- 
mos con cierta frecuencia escriños de paja, se han sustraído sin embargo 
(según los informes de que disponemos) en cuanto a la colmena de paja, 
del influjo del Norte; en cambio ésta ha empezado a implantarse en algu- 
nos valles del extremo Noroeste de Piamonte, como el escriño observado 
en el Valle de Aosta (pág. 175). Ha conquistado el este de Francia (por 
intermedio de Alsacia y Lorena) y, desde hace mucho, el Norte, el Nor- 
oeste y el Macizo Central, donde coincide casi completamente con la 
difusión del escriño. Lo mismo se observa en la zona occidental donde la 
colmena de paja aparece en el Anjou, en el Poitou (sin localización exacta) 
y —trasplantada por un apicultor directamente del Norte— en la región 
de las Landes (Sudoeste). Sin embargo no ha podido arraigar en ninguna 
“parte de los países meridionales (incluso la Francia del Sur). Ha sido 
atestiguada tan sólo en Aragón y Guadalajara, por una parte, y en las 
provincias italianas de Firenze y Arezzo por la otra; parece que hay con- 
gruencia con la aparición esporádica del escriño en esos países (pág. 176). 

Otro ejemplo típico del arte de tejer la paja en forma de espiral para 
la confección de vasijas, lo presenta el molde circular utilizado para 
poner la masa de pan antes de hornearlo (1. Encontramos este 
utensilio, que no es desconocido en otras partes de Alemania, con fre- 
cuencia en la zona occidental (Wurtemberg (*%, región de Mosela (42, 


(39) Manninen, Die Sachkultur Estlands 11/0178 (importadas en el 
siglo XVIII). 

(20) Br, Schier, pág. 61; M. Gavazzi, Der Aufbau der kroatischen 
Volkskultur, En: Baesler-Archiv 1937, págs. 142, 166. y 

(+1) Cp. Hochpyrenáen A IL, 295, donde el lector encontrará refe- 
rencias a los Pirineos catalanes, Valle de Arán y Francia. 

(22) Lohss, Der landwirischafiliche Wortschaiz Wiittembergs. Hei- 
delberg, pág. 101-102. A 

(48) A. Bach, Deutsche Volkskunde. Leipzig, 1937, pág. 232: 
kurbel. 


El Pirineo Español 179 


Luxemburgo (49, Eifel (3, y provincias rhenanas (*%, donde lleva la 
designación romance kurbel, derivado de CORBICULA, francés corbeille) 
en contacto directo con el país valón (catoire, FEW II, 333) (*P, el Nord- 
este de Francia (ib.), las Ardenas (*% y la Borgoña (%) así como en 
muchas otras regiones de Francia, como p. ej. en el Macizo Central (Au- 
vergne 4%, Haute-Loire (5, Vivarais (*2), en el Noroeste (Bas-Maine, 
Mauges, etc.) (%), en el Poitou 4%, en el Quercy (y más hacia el Sur) 
(35), y esporádicamente en Gascuña (6, Es frecuentísima la designación 
paillassou en los dialectos meridionales (= ant. prov. palhason 'natte de 
paille”) y las variantes paillon, paillasse, paillasson en dialectos del Norte; 
en el Rosellón y en Cataluña este mismo término se encuentra con la de- 
nominación del escriño (pág. 174): pallassó “cistell de posar el pa” Elne 
(BDC XX, 307), pallissó “panera on se posa el pa abans d'enfornar 
Empordá, Girona (ib. 314; fot. 37: Vall d'Aneu, formado de paja, como 
lo señala también Violant i Simorra, págs. 84-85, al lado de pallissons 
hechos de mimbres). También el paé del Valle de Arán puede ser hecho 
de paja “7, 


(+ J, Hess, Luxemburger Volksleben, pág. 58: kurbeln. 

(40) A, Wrede, Eifeler Volkskunde. Leipzig, 1924*, págs. 193-194. 

(40) Rheinisches Wórterbuch IV, 1756-1757 s. v. kurbel. 

47 Haust, Dictionnaire liégeois, s. v., fig. 183; Brinkmann 137-138. 

(48) Vauchelet, Tous les patois des Ardennes, pág. 146; Bruneau, 
Enquéte linguistique 1, 54. No puedo averiguar si las corbio, corbaye lo- 
renas son de paja. No satisface tampoco el dibujo presentado por Boillot, 
Le frangais régional. de la Grand'Combe. Paris, s. a., pág. 178 

(1) E. Violet, Vignerons el fileuses. Mácon, 1934, págs. 29-30. 

(30) Haberlandt-Buschan, Vólkerkunde, pág. 245 (foto). 

(51) Rouchon I, 122. 

(322 Dornheim, VKR IX, 354; Reynier, Le pays de Vivarais. Va- 
lence, 1934, lám. XXI. 

(53) Dottin, Bas-Maine s. v. ruchot, paillon;. Brinkmann 117; FEW 
IV, 12 sobre el tipo géde, jaite. El tipo binetie, binet difundido también 
en el NO (FEW 1, 326”) se extiende hasta la Normandía (Seguin, 
Vieux mangers, vieux parlers bas-normands. Paris, 1938, pág. 34: bine, 
jadot, ruchot). 

(54) Habla de la “corbeille de pain”” R. Bazin, La terre qui meurt. 
Supongo que será hecho de paja como la bourgne y el bourgnaou de esa 
región definidos como 'vaisseau de paille oú Von met les fruits secs” FEW 
I, 568, 569. 

(33) Meyer, VKR VI, 86, 87. 

(36) Beyer, VKR XVI, 13, 14. 

(5) Cp. Hochpyrenien A II, 295, 


180 F. KRUGER 

Por insuficientes que sean estos datos bastan completamente, junto 
con los anteriores, sobre la colmena de paja y el escriño, para sacar las 
conclusiones siguientes: 


1. La pallussa catalana forma parte de una numerosa familia a la que 
no pertenecen tan sólo los escriños, sino también las colmenas y los moldes 
de pan fabricados de paja. 


2. Todos estos objetos denuncian una técnica común que es la espi- 
ral aplicada al tejido de paja. 


3. Vinculados a esta técnica el escriño, la colmena y el molde de 
pan tienen además áreas de difusión geográfica convergentes. Los uten- 
silios menores, tales como el molde de pan y el escriño, han ensanchado su 
área irradiándose hacia los Alpes franceses y el Sur de Francia. De aquí 
han pasado por los Pirineos. 


4. La técnica de espiral aplicada a la paja es un arte típicamente 
nórdico: tiene su mayor difusión en Alemania y sus zonas de irradiación, 
en el Este, centro, Norte y Noroeste de Francia. De la Francia septentrio- 
nal se propagó en algunos casos hacia el Sur, esporádicamente hasta Es- 
paña. 

5. La técnica espiral de la paja se originó, como lo demuestra clara- 
mente la historia de la colmena de paja, en Alemania, probablemente en 
la zona Norte de ese país. De allí se propagó en direcciones distintas: 
hacia el Norte (hasta Suecia y las provincias bálticas), el Este (Polonia, 
Balkanes) y el Oeste donde ocupó todo el Norte y el centro de Francia. 
En algunos casos la expansión es de fecha relativamente reciente (siglos 
XVIII y XIX); en Francia según toda probabilidad es bastante anterior. 


6. Transmitida por intermedio de Francia, la pallussa catalana que 
ha motivado estas divagaciones, representa —como la colmena de paja y 
el escriño atestiguados esporádicamente en el interior y el Oeste de Espa- 
ña— una de las últimas estribaciones de una técnica que da a la cultura 
nórdica un sello particular. 


En 1937 el folklorista inglés Violet Alford declaró en su interesante 
libro sobre Pyrenean Festivals, refiriéndose a la fiesta de Navidad en los 
Pirineos: ““T'he Church Christmas is not of importance as a folk festival” 
(pág. 13) e insistió en esta aseveración al agregar en la pág. 68: “Modern 


El Pirineo Español 181 
Christmas is not of much account as we have seen” ($, En efecto, los 
datos acerca de usos y costumbres de Navidad en su libro son insignifi- 
cantes. Sin embargo, la realidad es distinta de lo que manifestó el folklo- 
rista inglés. Es verdad que en los Pirineos —como en otras tantas partes 
de la Península— va desapareciendo paulatinamente el ritual popular de 
la fiesta y que hasta son raras en algunos valles las huellas que han dejado 
las costumbres y usos de antaño. Lo mismo puede decirse del resto de Cata- 
luña. En cambio hay otras regiones más conservadoras —particularmente 
en la sierra— que no han perdido la tradición ancestral. Corresponde al 
señor Violant ¡ Simorra el gran mérito de haber sacado del olvido estas 
joyas folklóricas en su obra El Llibre de Nadal, como las dos anteriores 
magníficamente presentada. Fué en 1945, en una de sus excursiones et- 
nográficas por los Pirineos, que le llamaron la atención los ritos raros y 
evidentemente antiguos que en esos valles apartados del mundo aparecen 
todavía hoy vinculados con la fiesta de Navidad. Encuestas posteriores 
realizadas sistemáticamente en el terreno (a raíz de un cuestionario bien 
preparado) le suministraron nuevos materiales insospechados los que, junto 
con las observaciones dispersas hechas en la literatura folklórica, forman 
la base de la presente publicación. 

Predominan en ésta, como es natural, los Pirineos; pero ocupa un 
lugar importante también el resto de Cataluña, de manera que el libro pre- 
sente puede considerarse como el primer ensayo sobre una visión de con- 
junto de las tradiciones populares vinculadas con la fiesta de Navidad en 
ese país. A ellas está dedicada la primera parte de la obra (págs. 1-109: 
El Nadal a Catalunya) la cual por la novedad de los materiales presen- 
tados llama particularmente la atención. Pero no es éste el único fin del 
autor. Procura ilustrar las tradiciones catalanas por medio de comparacio- 
nes, aunque sin agotar el inmenso caudal folklórico que ofrece la fiesta de 
Navidad en otros países. La segunda parte de la obra trata pues de Ele- 
ments de la festa de Nadal a fora de Catalunya (págs. 110-171). En el 
tercer y último capítulo de su obra el autor hace consideraciones sobre el 
origen de la fiesta (págs. 173-228) con el objeto de exponer a sus com- 
patriotas los problemas científicos que encierra el estudio de ese tema. Hay 
que reconocer el esfuerzo que ha hecho para elucidar una materia tan com- 
plicada basándose sobre Frazer, Mogk y otras autoridades. Pero como no 
tuvo a su disposición ciertas publicaciones recientes que nos parecen funda- 
mentales, o por lo menos indispensables, para la discusión de los proble- 


(381 Violet Alford, Pyrenean Festivals. Calendar Customs, Music 
and Magic Drama, Dance. London 1937. 


182 F. KrÚcER 


mas (el Handwórterbuch des deutschen Aberglaubens, la obra de H. Freu- 
denthal sobre los ritos del fuego (%9, los estudios de Van Gennep, Spamer, 
Geiger, etc.), no insistimos en ellos, 


Compréndese perfectamente que en el capítulo segundo, dedicado a la 
fiesta de Navidad fuera de Cataluña, las comparaciones con las regiones veci- 
nas, Aragón y el país vasco sobre todo, y con la Provenza tan rica en tra- 
diciones de Navidad parecidas a las de Cataluña, desempeñan un papel 
particular (00, Las referencias al resto de España son escasas y esto se 
explica fácilmente considerando la carencia casi absoluta de informes con- 
cretos. Es de lamentar, sin embargo, que el autor no haya prestado más 
atención a Portugal donde habría encontrado numerosos contactos con las 
tradiciones catalanas. Es verdad que también en Portugal falta todavía 
una obra que permita la visión panorámica de las tradiciones populares de 
Navidad basada en encuestas sistemáticas como las realizadas por el autor 
del Llibre de Nadal a Cataluña; pero las observaciones hechas por folklo- 
ristas portugueses en determinadas regiones, el capítulo que H. Urtel dedi- 
có al calendario de Navidad en sus Beitráge zur portugiesischen Volks- 
kunde (61 y los opúsculos recientes de L. Chaves (0% y Afonso Duarte 
(63) ya bastan para destacar el gran interés que la Navidad portuguesa 
merece desde el punto de vista comparativo. No cabe duda que en la zona 
periférica del Oeste se han conservado hasta hoy numerosos elementos ar- 
calcos que ya no existen en el centro de la Península, pero que se relacio- 
nan estrechamente con las costumbres de Navidad vigentes en Cataluña y 
en otras regiones conservadoras de la Romania. 


(59 H, Freudenthal, Das Feuer im deutschen Clauben und Brauch. 
Berlin, 1931. 

(60) Remito a mi artículo Volkskundliches aus der Provence, publi- 
cado en Philologische Studien aus dem romanisch-germanischen Kulturkeis. 
Festschrift K. Voretzsch. Halle, 1927, donde el lector encontrará (págs. 
328-330) una descripción de la fiesta de Navidad provenzal y notas bi- 
bliográficas que pueden servir de complemento a las presentadas por Violant 
1 Simorra (Comte de Villeneuve, Millin, Bourrilly, etc.). Compárese ade- 
más W Flusser, Provenzalische Weiknachten. Eine volkskundlich-literar- 
historische Untersuchung. ZRPh, 1931, LI, 1-58, 129-193 (falta en 
la bibliografía de Van Gennep). 

(50) H, Urtel, Beitráge zur portugiesischen Volkskunde. Hamburg, 
1928. 

(62) L, Chaves, Natal Portugués. Lisboa, 1942; Portugal além. Gaia, 
1932, 1, 21 y sigs. 

(63) A, Duarte, O ciclo do Natal na literatura oral portuguesa. Bar- 


celos, 1936. 


El Pirineo Español 183 


La venida de Cristo al mundo se anuncia en el mes de diciembre y 
por esto ha tomado en Andorra y el Valle de Arán —como en muchas 
regiones del Noroeste y Oeste— el nombre de Adviento. Son variadísimos 
los refranes populares que se refieren al tiempo de Adviento y a la agri- 
cultura, según se deduce más claramente todavía del rico repertorio pre- 
sentado por Mons. A. Griera en su Tresor I, 68-69; V, 71: Cada cosa 
a son temps, naps i cols a Padvent, refrán al que corresponde en Portugal: 
Tudo lem seu tempo e os nabos em advento. Era una costumbre común en 
Cataluña anunciar la fiesta de Navidad tocando o repicando las campanas 
durante las semanas de Adviento. En Portugal tocan de día o de noche 
para o Menino Deus. 

Desde fines del siglo XVIII se organizaban en Barcelona ferias de 
Navidad, la de Santa Llucia y la de Sant Tomás, en las cuales se exhibían 
junto con mil otras cosas beilems o pesebres decorados con figuras de arci- 
lla, unas bíblicas y otras marcadamente populares tales como las que se han 
conservado, más que en la tradición peninsular, en las Baleares. Insiste el 
señor Violant (págs. 81, 170-171) en la semejanza que hay entre esas 
figuras de pesebre (repetimos hechas de arcilla y de carácter popular) con 
los santouns provenzales (escribe erróneamente sautons) y las que aparecen 
también en pesebres de Italia, Portugal, Tirol y algunos otros países. Es 
cierto que esas figuras, a pesar de estar arraigadas en una tradición bastante 
remota (la de los misterios y de los pesebres medievales), en sus modela- 
ciones populares son de fecha relativamente reciente. En Provenza no se 
remontan más allá del tercer tercio del siglo XVIII para tomar desde esa 
fecha una extraordinaria evolución; ya en 1803 se inauguró en el Cours 
Saint-Louis de Marsella la primera feria de santouns, tradición no interrum- 
pida hasta los tiempos modernos (61, También en Italia (6 las figuras más 
antiguas de ese tipo —hechas de terracota o bien de madera, a las cuales 
cabe agregar además las fabricadas de paño y seda— pertenecen al mismo 
siglo. Adaptadas al gusto popular y hasta provistas de expresivas caracte- 


(61% Hay que agregar a la bibliografía citada en Wolkskundliches 
aus der Provence. G. Arnaud d'Agnel, Les santons de Provence. Cannes, 
s. a., 47 págs. Numerosas gravuras en color. 

(6% Sobre el presepio italiano existe una abundante bibliografía. Nos 
limitamos a citar de entre las publicaciones recientes las siguientes: V. Co- 
rreia, Etnografía artística. Porto, 1916 (págs. 123-136: O presepio na- 
poletano); Peasant Art in Htaly. Special Autumn Number of the Studio. 
London, 1913, págs. 38-39, láms. 328 y sigs.; Catalogo della Mostra di 
Etnografía Italiana, Esposizione Internazionale di Roma 1911, págs. 94, 
passim; Lares V, 240 y sigs. 270-281; VI, 144-146; etc. 


184 F. KrúcEr 

rísticas regionales, las figuras del presepio italiano representan una actividad 
artística —pues este humilde pero exquisito trabajo no fué desdeñado por 
la afición o dedicación de eminentes artistas-— que no tiene igual en ningún 
otro país de la Romania. Desde Nápoles, donde hay que buscar la cuna 
de ese movimiento artístico y popular a la vez, la tradición iniciada por 
ella se propagó a otras regiones, a Calabria y Palermo, a Roma, Liguria 
y Piamonte, donde encontró una acogida particularmente favorable entre 
los pastores diestros ya en el arte popular. De Italia irradió a Tirol (2 
y a los Alpes franceses (*7? de donde, según toda probabilidad, tomó tam- 
bién el modelo la Provenza cuya cerámica resultaba inmejorable para la 
ejecución de tales objetos. Cabe insistir aquí sobre la expresividad de las 
figuras creadas por los artistas provenzales, pues nos permite reconstruir — 
como la de las figuras napolitanas— trajes y tipos de los tiempos pasados. Tal 
popularismo ya no caracteriza a las figuras del pesebre catalán, si exceptuamos 
los pocos ejemplos de origen balear. Esto no impide admitir que también Ca- 
taluña al crear una nueva tradición —más popular y doméstica— en el culto 
a los pesebres, se inspiró en los modelos extranjeros, sea directamente en Italia 
o por intermedio de la Provenza. Con esta teoría, que someto al juicio de 
especialistas más competentes, concuerda perfectamente el hecho de que las 
ferias de pesebres a que nos referimos no aparecen en Barcelona antes de 
fines del siglo XVIII, es decir, en la misma época en que comenzó a acre- 
centarse el arte de los pesebres populares en dichos países. Hay que adver- 
tir además que los intermediarios del nuevo arte fueron las ciudades: en 
Ttalia, Nápoles, en la Provenza, Marsella y en Cataluña, la capital del 
país, Barcelona; de ellas poco a poco se difundieron a otros centros indus- 
triales particularmente propicios para tales trabajos. 


(60 M. Wáhler, Der deutsche Volkscharakter. Jena, 1937, pág. 
371: “Die Krippe erscheint im 18. Jahrhundert bereits allenthalben im 
Tiroler Bauernhaus. . . In den álteren Krippen wird das Geschehen, wie es 
das Evangelium schildert, in eine tirolische Umwelt gestellt; die verschie- 
densten Formen tirolischen Volkslebens kommen zur Darstellung”. Alberga 
una rica colección de pesebres el Museo folklórico de Viena (A. Haber- 
landt, Fiihrer durch das Museum fiir Volkskunde, Wien, 1930, págs. 14 
y sigs.). 

(67 Los ejemplos son relativamente escasos, A. Van Gennep, Les 
douze jours dans les coutumes et croyances populaires de la Savoie. En: 
Revue de l'Institut de Sociologie VII, 1927, pág. 39: “on peut admettre 
que les créches de Maurienne sont venues d'Italie...'” Lo mismo puede 
decirse del Delfinado. Adviértase que los pesebres decorados con figuras 
populares se encuentran también en el Franco Condado (Ch. Beauquier, 
Les mois en Franche-Comté. Paris, 1900, págs. 149 y sigs.). 


El Pirineo Español 185 

No hay que olvidar a Portugal, en donde la fabricación de muñecas 
de barro ocupa todavía en la actualidad un sitio preeminente en el arte 
popular tan rico de ese país (%8, Son numerosos los “artistas del barro” 
que hicieron pesebres y numerosísimos los ““muñequeros'” que les dan su 
sello marcadamente popular. También en Portugal la costumbres de repre- 
sentar plásticamente tipos populares en barro data del siglo XVIII. En 
esa época —dice el Dr. L. Chaves, especializado en dicha materia — 
“completava-se o elenco das personagens dos presépios enchendo o presépio 
de representantes de todas as classes sociais'”. Exhíbese todavía en el Museu 
das Janelas Verdes la representación de pesebres de aquella época con la 
gracia festiva de una romería miñota, con pobres, pastores, arrieros, cenas 
rurales o urbanas, como la matanza del puerco, y los galanteos junto a la 
fuente, cuadros de folklore y de religión tan sugestivos en lo psicológico 
como en lo decorativo. El arte de los “barristas”? portugueses ha sido ya 
objeto de numerosos estudios y exposiciones. Falta tan sólo saber si la po- 
pularización del escenario bíblico que tanta semejanza tiene con la observa- 
da en otros países —Italia, Provenza, Cataluña— es el producto de una 
evolución espontánea o —lo que me parece más probable— el resultado 
de impulsos recibidos de fuera. 

En el Alto Aragón unos cuantos días antes de Navidad buscan en el 
monte un tronco de árbol grueso (en ocasiones tan enorme que se necesitan 
dos parejas de bueyes para arrastrarlo desde el bosque a la casa) y lo 
ponen la víspera de la fiesta en el hogar. Lo encienden y lo dejan ardiendo, 
sin apagarse, toda la noche, hasta Reyes o la Candelaria; en algunos casos 
el tronco arde durante todo el año hasta la próxima Navidad. Es por lo 
general el dueño o el más viejo de la casa quien enciende el tizón, después 
de haberle dirigido un sermón, persignándolo y echándole con un porrón un 
chorro de vino en forma de cruz. Trátase, como se ve fácilmente, de un 
rito antiguo —originado en el culto al fuego sagrado del hogar— que se 
parece en todos los detalles a la escena de la Navidad provenzal descrita 
por el poeta Fr. Mistral y representada en forma concreta en el Museo 


(68) L, Chaves, Portugal além. Gaia, 1932, págs. 22, 27 y sigs.; 
lustracio N* 329, 1-9-1939; Leite de Vasconcelos, Historia do Museu 
Eitnológico Portugués. Lisboa, 1915, págs. 214, 395; Santos Júnior, Bo- 
necos de barro. Artículo muy instructivo publicado en Vida e Arte do Povo 
Portugués. Lisboa, 1940, págs. 237-242 (con más referencias bibliográ- 
ficas) ; Barristas porlugueses: Natal de 1938. Lisboa, 1938 (Exposicao 
promovida pela Academia Nacional de Belas Artes). 


y 


186 F, KrUcER 

Arlaten creado por él. En la zona catalana este rito doméstico se ha con- 
vertido en un motivo de regocijo infantil y familiar ya que el tizón es por- 
tador de turrones, higos secos y otras golosinas. Llevan los padres el leño 
al lado del hogar y lo rellenan con dulces; una vez dispuesto el tronco, los 
niños lo golpean acompañando este acto con unos versos para hacer soltar 
el contenido. Esta costumbre, que representa una variante de la primera, 
está (o estaba antes) difundida por muchas partes de Francia de donde 
parece haber sido transplantada a Cataluña. Sea como fuere, la combustión 
del tizón de Navidad y los diversos usos y costumbres vinculados con ella 
representan un culto antiquísimo que —contrariamente a lo que se observa 
en los países germánicos, donde desde hace tiempo casi ha desaparecido— 
ha dejado sus huellas hasta el presente en muchos países de la Romania. 
Entre ellos Cataluña, Las Baleares y los Pirineos españoles se distinguen 
por un carácter particularmente arcaico, como se puede desprender de los 
ricos materiales presentados por el Sr. Violant ¡ Simorra. 


El tizón de Navidad lleva las designaciones siguientes: tió (Ampur- 
dán etc.) = lizón de Navidad Gistain, Nadau tidun Valle de Arán - la 
tronca de Nadal Pont de Suert, Esterri d'Aneu, la tronca Vilaller, Llesp, 
etc., la troncada Ansó - la toza Biescas - rabassa de Nadal Pont de Suert, 
etc., rabassa Pallars Sobirá - soca Balaguer. A estos términos recogidos 
por el autor pueden agregarse los siguientes: choca Graus (BDC VII, 
78), frente a tronca Benavarre, baga (Griera, Tresor s. v.) y capcal 
Nules (ib. III, 168: “Qui vulga bon Nadal, procuri bon capgal”). En- 
contramos el mismo término cabessau, caisau, al lado de catsé, en los dia- 
lectos gascones (Lespy; Palay; FEW 1I, 262 ”), frente a souc en la zona 
oriental de los Pirineos franceses (Folklore Aude 1, 190-191), sou de 
Nadau en otras partes de Languedoc (TF). 


Lo que sorprende es que el tizón de Navidad, tan arraigado en tie- 
rras catalanas, en Aragón y en el país vasco, parece ser desconocido hoy 
en casi todo el resto de España. No lo menciona Pereda en su “Noche de 
Navidad”, de manera que seguramente no existe en la Sierra Cantábrica. 
Hay que internarse en el extremo Noroeste de la Península para encontrar 
huellas de él. Existe en las sierras leonesas, donde le dan la denominación 
de tizón de lume novo (zona gallega de Sanabria) y en Galicia, donde se 
enciende el tizón de Nadal y se conserva para cuando una desgracia ame- 
naza a la familia pues las cenizas sirven para curar la fiebre, etc. (%, Son 
muy parecidos los conceptos que se tienen del tizón de Navidad en Portu- 


(69) Y, Risco, Notas en col do culto do lume na Caliza. En: Home- 


El Pirineo Español 187 


gal, donde el cepo de Natal (o sea madeiro o canhoto) antes tenía una 
gran difusión desde las provincias del Norte hasta Algarve. Es bien cono- 
cido el veredicto del obispo de Braga que en el siglo VI prohibió “in foco 
super truncum frugem et vinum effundere””, precioso documento folklórico 
que demuestra que en aquellos tiempos los miñotos acostumbraban a echar 
frutas y vino sobre el tizón de Navidad, costumbre que todavía sobrevive 
en ciertas regiones de la Romania. 


En cuanto a Francia, las huellas que el antiguo rito ha dejado hasta 
fines del siglo pasado son bastante numerosas. Encontramos la búche de 
Noél, según ya dijimos antes, en los Pirineos franceses, y en el Suroeste, en 
Languedoc y la Provenza. Está (o estuvo) difundida por el Macizo Central 
(incluso Rouergue, Périgord, Limousin y Haute-Loire), en la Touraine 
(cosse, souche, búche de N6), el Anjou, la Vendée ('Frappez sur la 
búche de Noél: autant d'étincelles, autant de poulets dans l'année”) y el 
Noroeste (bretón kef nedelek), en el Berry, el Bourbonnais y la Bour- 
gogne así como en los Alpes, en el Franco Condado, Lorena y las Ar- 
denas. El hecho de que se haya conservado en vastas zonas de Francia el 
hogar antiguo, en el cual se enciende el fuego a ras del suelo, ha contri- 
buído seguramente a conservar también la costumbre del tizón de Navidad. 
En cambio ésta ha desaparecido en aquellas regiones donde se substituyó 
(en una época relativamente temprana) el hogar ancestral por la cocina y 
la “chambre' modernas. Este fenómeno puede observarse particularmente 
en el extremo Nordeste de Francia (en contacto con Alemania) y, como 
es natural, también en la zona parisiense. Por esto el kersiblocke atestiguado 
en Flandres representa un caso tan excepcional en la Francia del NE como 
su homónimo de la Frisia oriental con respecto a Alemania. 

En Suiza viene generalizándose cada vez más el “árbol de Navidad” 
alemán 7%, En cambio sobrevive aún el tizón en gran parte de Italia, par- 
ticularmente en el centro y las zonas meridionales (71), así como en los 
Balkanes (72, en las provincias bálticas, etc. 


Son numerosos los ritos y creencias populares que se vinculan con la 


nagem a Martins Sarmento. Guimaráes 1933, pág. 345; Reyero, Monta- 
ñas del Porma, pág. 111. 
(70) Véase el mapa instructivo del Atlas folklórico de Suiza. 


GD AIS 782. 

(122 A] lado de otras fuentes bibliográficas citadas por Violant i Si- 
morra merece particular atención el estudio de Schneeweis, Weihnachis- 
bráuche der Serbokroaten. Zeitschrift fir ósterreichische Volkskunde, Sup- 
plementheft 15, 


188 F. KRUGER 

combustión del tizón de Navidad y la ceniza obtenida de él. De entre los 
ejemplos recogidos por Violant i Simorra, y que tanta importancia tienen 
desde el punto de vista comparativo, mencionaremos tan sólo la costumbre 
de rociar con vino el tronco navideño que observó en el Alto Aragón y que 
oportunamente compara con la famosa escena inmortalizada por Fr. Mistral 
en la Provenza (págs. 135 y sigs., 192). Séanos permitido observar que 
esa misma costumbre cuyo origen pagano ya está atestiguado desde el siglo 
VI en Portugal (cp. pág. 187), se ha conservado también en el Bajo 
Delfinado (Valentinois) (7%, en Borgoña (Bresse) (19, y en Lore- 
na (77, mientras que en otras partes de Francia el acto solemne ha sido 
cristianizado por el empleo de agua bendita (o sal). Casi nos inclinamos a 
suponer que la repartición geográfica actual del rito primitivo —-desde la 
Provenza a lo largo del R. Ródano hasta Lorena—, que tan visible- 
mente coincide con la difusión de otras características romanas en la anti- 
gua Galia, indica la dirección que siguió hace siglos el rito pagano-romano 
al propagarse en la Francia de hoy. En cuanto al Alto Aragón trátase de 
la supervivencia del rito primitivo en una región apartada del mundo, como 
se observa también en Córcega y probablemente en algunas otras partes 
aisladas de la Romania. 

Representan también un residuo de viejas tradiciones, hoy día ya 
bastante raro en la Romania, las hogueras encendidas en Nochebuena por 
los mozos al aire libre, en la plaza de la aldea, como las hogueras de San 
Juan. Considerando la escasez de informes sobre ese rito igualmente anti- 
quísimo, los datos recogidos por V. y S. en Cataluña y más particularmente 
en los Pirineos (pág. 36 y sigs.; 146: foc de Nadal, falla) son de gran 
interés. Fuera de Cataluña se encuentran tan sólo dos casos semejantes: el 
de la Baja Ribagorza y el de Roncal en el país vasco (pág. 146). Hay 
que advertir sin embargo que tales hogueras encendidas en la plaza pueden 
observarse asimismo en la vertiente norte de los Pirineos, en el Valle de 
Arrens por ejemplo. Encuéntranse igualmente en Portugal y, con más fre- 
cuencia todavía, en la Italia meridional (7%, Existían antes en el Delfina- 
do (17? y en el Franco Condado (donde se encendían también en las vís- 


(13) Van Gennep, Le folklore du Dauphiné. Paris, 1933, pág. 370. 

(1) G. Jeanton, Le Máconnais traditionaliste et populaire, Mácon, 
1922, III, 92-93. 

(13 Westphalen, Petit dictionnaire des traditions populaires messines, 
pág. 67. Compárese también sobre este rito Handworterbuch des deutschen 
Aberglaubens IX, 293, 898. 

(60 AS 782. 

(1) A, Van Gemep, Le cycle des douze jours, pág. 37. 


El Pirineo Español 189 
peras del 1 de Enero y del día de Reyes) (7% y — caso curiosísimo por 
ser completamente aislado— en la Normandía 7, 

Trata el autor además las creencias y prácticas supersticiosas de la 
Nochebuena: el oficio litúrgico de media noche (misa del gallo), la cola- 
ción y las costumbres referentes al día de Navidad (donativos, cuestación, 
comidas tradicionales, canciones). Sin entrar en la discusión de todas esas 
costumbres, mencionaremos tan sólo la adoración de los pastores en la misa 
del gallo, de la que el autor cita numerosos ejemplos comparándola parti- 
cularmente con el uso practicado en la Provenza (pastrage). Es interesante 
comparar la difusión de esa costumbre en los países europeos: ha conserva- 
do una gran vitalidad (como en la Provenza y las partes colindantes de 
Languedoc) en el extremo Sudoeste de Francia entre los pastores de Gas- 
cuña que aparecen en la iglesia cubiertos con su perisse (piel de oveja) to- 
cando el cor (cuerno) y la colamére (especie de flabiol) (8%, pero obsér- 
vase con gran frecuencia también en la Francia septentrional, en las Arde- 
nas (bajo el nombre de bergeoteries (51)), en la Beauce y el Perche ($, en 
Normandía (5%, la Picardía y el Artois ($, 


Bastarán los ejemplos citados para documentar la gran importancia 
que presentan las obras del señor Violant ¡ Simorra para el estudio de la 
cultura popular de Cataluña y desde el punto de vista comparativo. Cons- 
tituyen una fuente inagotable de recursos en la que podrán inspirarse no 


(18) Ch, Beauquier, Les mois en Franche-Comté, págs. 8, 12, 148, 
158. 

(10) A. Bosquet, La Normandie romanesque el merveilleuse. Paris, 
1845, pág. 172; J. Lecoeur, Esquisses du Bocage normand. Condé- sur 
Noireau, 1883, 1887, II, 126-129; FEW III, 929: furolles. 

(80) RFoFr 1, 171; Arnaudin, Chansons populaires de la Grande 
Lande, pág. XV; Scheffler, Franzósische Volksdichtung, pág. 325 y 
sig., etc, 

(8) A. Meyrac, Traditions, coulumes, légendes et contes des Ar- 
dennes. Charleville, 1890, pág. 97. 

(82) F, Chapiseau, Le folklore de la Beauce ei du Perche. Paris, 
1902, 1, 337 y sigs. 

(83) RFoFr IV, 327-328; Folklore Paysan 1, 112; cp. Rolland, 
Faune populaire V, 160-161. 

(81) RFoFr IV, 66169. 


190 F. KrUcer 

solamente los hispanistas, sino también los folkloristas de otros países. No 
terminaremos esta reseña sin destacar el eminente servicio que presta al 
lector la profusión de instructivas láminas diseminadas a lo largo del texto, 


reproducciones de paisajes, escenas populares, objetos, etc. Las casas edi- 
toriales no escatimaron ningún esfuerzo para procurar a las obras una pre- 


sentación digna de su valioso contenido, demostrando una perfección técni- 
ca admirable y rindiendo alto honor al folklore. 

F. KrUcER 
Universidad Nacional de Cuyo. 


TERMINOLOGIA SOBRE EL FOC, LA LLAR 1 LA LLUM 
AL PALLARS SOBIRA 


Con 3 figuras y 6 fotografías 
PREFACI 


En les terres occidentals de l'alta provincia de Lléida, situada entre 
la carena fronterera pirinenca amb ]'Ariéja i l'Aran, encerclada per un 
cinyell continu d'altes muntanyes, amb els imponents congostos de Collegats 
(foto 1) ¡ d'Erinyá a la sortida dels seus rius Noguera Pallaresa i Flami- 
sell, “més reclosa encara que llur veina occidental, la Ribagorca, a les 
influéncies externes”, tal com ha dit Coromines, es troba la comarca del 
Pallars Sobirá. 

Així és, que per la banda sur del Boumort, on es pot dir que acaba 
el paisatge d'ambient mediterrani, de terra seca y descolorida, poblada 
d'olivers i ceps, on el refrec constant de les corrents fluvials, en el curs 
de milers i milers d'anys, ha obert els dos portals ciclópics de Collegats i 
d'Erinyá, per allí doncs, s'entra a] Pallars Sobirá! 

L'haver estat, doncs, aquest bell recó de P'AIt Pirineu catalá, una 
comarca interior de tan dificil accés, sobretot per la banda sur, haurá moti- 
vat el que s'hi hagi creat i conservat una cultura propia, de tradició secular, 
i una personalitat característica en la seva parla (1), encara que molt empa- 
rentada, una ¡i l'altra, amb la dels seus veins occidentals i orientals, més 
que no pas amb els prepirinencs del Pallars Jussáa (nom aquest més aviat 
históric que étnic) o Conca del Tremp Y. 

Dels múltiples temes ¡ característiques culturals que hem recollit d'ací 
y d'alla de la nostra comarca nadiua, el Pallars Sobirá, en aquesta avi- 
nentesa, hem preferit donar a coneixer aquestes notes referents al vocabulari 


(1) J. Coromines, El parlar de Cardós ¡ Vallferrera, en el “Butlletí 
de Dialectologia Catalana”, vol. XXIH 
- (21 Vegeu Fritz Kriiger en la resenció que da d'uns treballs meus a la 
revista ““Volkstum und Kultur der Romanen”, VII, pág. 366 ¡ segiients. 
Hamburg, 1935, on parla del Pallars; i a Coromines, obra citada. 


E a] 


192 


R. VIOLANT 1 SIMORRA 


El foc, la Mar i la llum 193 


técnic, emprat en la producció del foc 1 a la llum i a la llar de foc, acom- 
panyant-lo, a l'ensems, de qualques mots comparatius ¡ d'unes notes folklo- 
rico-etnográfiques, tan interessants com les lingiiistiques. Ja que aquest tema 
té una tradició molt remota, per ésser, el foc, un element cultural de pri- 
mera importáncia en la vida humana, l'origen del qual es perd en la llun- 
yania del temps. 


Referent a la presentació ¡ ordenació dels materials m'ha semblat 
millor dividir-los en tres aspectes i les corresponents subdivisions que no 
pas el donar una llarga llista de noms. Així, ultra resultar un treball més 
sistemátic, la seva lectura potser resultará més amena ¡ agradosa. 


Donem els mots recollits per nosaltres, gairebé tal com els pronuncía 
el poble, sense, peró, emprar cap signe fonétic, propiament dit (9, 


Il - EL Foc 


“El més poderós auxiliar de l'home, en la seva activitat cultural, és 
el foc'” —diu Haberlandt. Aquesta preada invenció es realitzá en ¿poques 
de les quals no se'n té esment. Ja que no se sap, encara, si el foc era ja 
conegut per l'home des dels seus origens de llur existencia, en llars naturals 
terrestres, o bé si es produí per efecte del llamp o per qualsevulla causa 
física. 

Com ja se sap “el foc proporciona a l'home un element summament 
útil per a la preparació dels aliments, calor ¡ llum a la casa ¡ a l'ensems un 
centre familiar: la llar (”, I així mateix, a més de servir a l'home en les 
indústries diverses, el foc serveix també per fer fugir a les feres durant la 
nit, apartar els mals esperits dels poblats i de la contrada purificant P'espai 
per mitjáa de fogueres ¡ enlairament de torxes, tal com trobem encara en 


(2) Vegeu el nostre treball, La terminología sobre l'individu de la Vall 
del Flamisell, en la ““Missel.lánia'” dedicada al Mestre Pompeu Fabra. Bue- 
nos Aires, 1943, ¡ El parlar de Cardós, citat. Vegeu també per la termino- 
logia de la llar i del foc A. Griera, BDC XX, 258 ¡ segiients ¡ F. Kriiger, 
Die Hochpyrenáen. Hamburg, 1939, A Il, 90 ¡ segiients. 

(1) Michael Haberlandt, Etnografia, pág. 103 ¡ 104. Barcelona - 
Buenos Aires, 1929. Foch en Vépoca medieval equivalia a familia, casa, 
llar familiar; tal com ho testimonien els censos antics de les Vegueries cata- 
lanes ¡ altres documents. Del qual nom es deriva el dret de fogatge amb que 
la nostra gent vella distingia els drets o cánons que satisfeia anualment a 
P'Estat o al Comú (Sarroca de Bellera). 


194 R. VIOLANT 1 SIMORRA 
ús arreu del Pireneu, en diverses diades de l'any, si bé, actualment, des- 
coneixent l'eficácia mágica de tals focs “, 


a) Producció del foc 


De les formes conegudes, la més arcáica sembla que consistia en fregar 
dues fustes de fortalesa diferent, o bé barrinant una fusta amb un bastó 
de fusta més forta que l'altra, tal com fan encara alguns pobles primi- 
tius (%, i s'havia fet en altre temps arreu d'Europa. Aquest bastó o barri- 
na mogut en moviment semi-rotatiu, endavant ¡ enrera, entremig de les mans, 
més tard es convertí en un aparell més evolucionat que per mitjáa d'un 
contrapés en forma de bola o de baldufa, aquest eix es movia de forma 
més descansada, per tal de produir les serradures que inflamaven les ma- 
téries combustibles com a operació prévia per encendre la llenya del foc. 
Aparell que nosaltres hem trobat en forma de joquina infantil, fet amb 
dues nous i un bastonet vertical, al Valles (Barcelona), que ens recorda, 
d'una manera sorprenent, un aparell de produir foc, de 'Edat del bronze, 
que en dóna Déchelette (7. 

El sistema immediat sembla que fou el de colpejar dues pedres fo- 
gueres per tal de fer-ne saltar espurnes, amb les quals s'encenia el foc, 
Técnica tradicional que no solament hem trobat al Pallars Sobirá, sinó 
també arreu del Pireneu aragonés, emprada pels pastors d'uns quants anys 
enrera. 

Efectivament. Inventats, temps ha, els llumins, anomenats d'esca, o 
sia els que no feien flama, hi havia pastors de la Vall de Boí (Ribagorga) 
¡ del Flamisell (Pallars Sobirá, sur occidental) que quan es trobaven a 
la muntanya a l'estiu, encara encenien el foc per mitjá de dues lloses d'are- 
nisca blanca que fregaven l'una amb l'altra, una cap amunt i Paltra cap 
avall, agafades amb les mans pel cantell. Fregant-les fortament d'aquesta 
faisó en feien saltar aspurnes, en les quals, un altre individu hi apuntava 
una beta o cinta de cotó, que s'encenia com el ble d'un encenedor. Bo i 
encesa l'apropava a un grapat de fenás ben sec que, bufant-hi molt suau- 
ment amb la boca o bé sacsejant-lo amb el brac, s'inflamava i calaven foc 
a la llenya del foguerill preparat de bell antuvi. Per poc que poguessin 


(5) Frazer, Le Rameau d'Or; Violant, El llibre de Nadal (1948), 
El Pirineo Español (1949), Festes tradicionals al Pallars (1934). 

(6) Haberlandt, obra citada, pág. 103, 104. J. Ma. Batista i Roca, 
La cultura de los pueblos salvajes, dins “Las Razas humanas”, vol. l, pág. 
111 (1928). 

(1) Déchelette, Manuel d' Archéologie, vol. 11, 299, figura 114. 


El foc, la llar i la llum - 14 
—ens digueren— aquesta feina la feien sempre en col,lectivitat, peró quan 
es trobava un pastor tot sol, ell mateix fregava les pedres mentre sostenía 
la beta penjant al damunt d'una d'aquestes, 


Un sistema semblant hem trobat a la Coma de Burg (Pallars Sobirá 
oriental), practicat pels pastors d'antany en casos semblants. Segons un 
vell pastor de Farrera, agafaven una pedra currubí i la col.locaven a sobre 
d'un lloc elevat (roca o paret) amb una beta col.locada al damunt que 
apretaven amb el dit polzer de la mateixa má que aguantava la pedra, 
mentre hi picaven fort amb un altre currubí (currubí sobre currubi, que 
deien) ; ¡ amb les espurnes de foc que saltaven s'encenia la beta. Així ma- 
teix els pastors d'Espot (Vall d'Aneu) obtenien el foc fregant dues pedres 
fogueres, amb les quals xispes que desprenien encenien un tros de roba o 
bé un grapat de ferás molt sec (Espot, 1946) (8, 


Els pastors de Cardós (Pallars Sobira oriental), a la pedra foguéra 
que sostenien amb la má esquerra juntament amb una beta penjant fins 
arran d'on colpejaven, hi picaven amb el cas del ganivet. Les guspires o 
esquitxos de foc encenien la beta, a la qual bufaven fins que s'inflamava 
¡amb la flama encenien un grapat de fenás ben sec o palla (Ribera, 1941 ). 
A Son (Vall d'Aneu) en lloc de la beta empraven un bocinet d'ésca que 
sostenien amb el dit gros al damunt de la pedra foguéra, mentre picaven foc 
amb el cas del ganivet, y les xiscles encenien l'esca (Son, 1941 ). 


Aquestes dues formes ja s'acosten més al sistema més conegut de 
produir el foc; emprat no solament pels pastors i camperols, sinó també per 
tot el poble en general, tant en la llar doméstica, com pels fumadors 0), 
arreu de la nostra península, després ¡ tot d'haver-se inventat els llumins. 


VOCABULARI 


Ancenre'l foc v. Encendre'l, produir-lo. Sobretot es diu així quan 
s'encén el de la llar (comú a tota la comarca i bona part del 
Pireneu catala). 


Bufar y. Acció de bufar o airejar suaument o fort, directamente amb 


(8? Sistemes aquests que recorden els emprats pels indis *foquinos” 
d'América. Haberlandt, obra citada, 104. 

(9) Els fumadors portaven els estris de picar foc dins de l'extrem de la 
barretina o ligadura de tradició mediterránia (vegeu els fallaires de la figu- 


ra 2) (Sarroca de B.). 


196 


R. VIOLANT 1 SIMORRA 
la boca, a la beta, esca o bé a les brases per tal d'inflamar les 
matéries lleugeres d'encendre el foc. Bufar a una brasa o tió 
encés perque faci flama per poder encendre un llum, branquilló 
de boix, etc. Avivar el foc bufant amb la boca o bé amb el 
bufador per tal de revivar-lo (Comú arreu de Catalunya). 


Bufador m. Tub d'uns 0,80 mts. de largada que abans d'introduir- 


se el manxó a la comarca es trobava a totes les llars per ajudar 
a encendre ¡ avivar el foc. Aquest instrument era de canya en 
les cases humils + metál.lic, amb embocadura de flaviol i dos fo- 
radells per bufar, a les cases riques. Era de consuetud que la 
gent reunida a lP'entorn de la llar, tant si eren de casa com de 
fora, cada cop que calia fer-ho, tenien el deure de bufar al foc 
amb el bufador, per rigurós torn (Sarroca de Bellera, Paiils). 
Al Ripollés, bufador del foc. 


Cas m. La part contrária al tall en la fulla de les eines d'aquesta mena. 


Aci només ens interessa el cas del ganivet (Sarroca de Bellera, 
Son, Ribera) ; el qual, hem vist, que substituia a l'eina d'acer, 
en forma d'anella per manejar-la ¡ dents de llima per fer saltar 
el raig d'espurnes ignies. (Sarroca de B., i d'altres pobles de la 
valle del Bosia), del qual ignorem el nom, que hom es servia 
en la llar per picar foc; altres ho feien amb un tros de ferradu- 
ra. Aquest instrument a Gistaín rebia el nom de hierrei; a Plan, 


foguero 1 a Bielsa, fuguero (BDC, XXIV, 170). 


Currubí m. Mena de quars o pedra foguera blanca 1 negra que al 


colpejar-la produeix moltes espurnes de foc (Farrera). 


Esca f. Materia seca, molt inflamable, la qual es prepara amb la 


polpa del “bolet d'esca”” (Polyporus fomentarius) (Dicc. Fa- 
bra, 733). Al Pallars Sobirá sur occidental la treien d'una 
mena de bolet verinós dit mataparent que creix en forma porosa 
d'esponja a les soques ¡ branques grosses dels arbres, sobretot 
als freixes. Abans d'usar-lo el feien bullir amb aigua perqué s'es- 
tovés bé; ¡ després de sec només n'aprofitaven la part de sota 
perqué agafava més aviat el foc (Sarroca de B.). 


Fer foc v. Encendre'l (D'us general). Fem foc, que cénra quedará 


(Paiils), ens diu el modisme popular. 


Manxó, manchó m. La manxa moguda amb les dues mans, emprada 


a tot el Pireneu i Prepireneu per ajudar a encendre i avivar el 
foc de la llar. Fa uns 60 anys que s'introduí a la nostra co- 
marca des de Tremp via Pobla de Segur (Pallars Sobirá). A 


b) 


El foc, la llar i la llum 197 


Andorra ¡ Pireneu oriental, manxa (%; a Gistaín mancheta 
ia l'Aran, soflel. 

Manxar (al foc) v. Encendre'l o avivar les brases, amb el vent del 
manxó (Pallars Sobira). 

Pedra foguera f. Quars; emprada antany, com a element principal 
per a obtenir el foc. A Espot és una “pedra blanca”; a Ribe- 
ra, una “pedra blanca que troben pel terme” i a Sarroca de B., 
Varrencaven d'una mena de quarsita o roca granular compacta 
composta de quars, anomenada pigal (Sarroca de B.) que 
abunda molt a tot el riu Bósia y pel terme de dit poble, sobretot 
al serrat dels Pigals (comú a tot Catalunya). A les valls de 
Bielsa ¡ Gistaín, pedreña. 

Picar y. Colpejar la pedra foguera, currubí contra currubí, per fer-ne 
saltar guspires de foc (Farrera). 

Picar foc v. Colpejar la pedra foguera amb el cas del ganivet, amb 
un instrument d'acer o ferro qualsevulla, per fer-ne saltar espur- 
nes ignies per encendre foc (Sarroca de Bellera, Espot, Cardós 
i arreu de Catalunya i a Gistaín). 


Sant Ric i Sant Roc, 
al primer picar foc, 
que s'ancienda el foc. 


Fórmula mágica que recitaven els vells pastors de Gistaín tot 
ferint la pedra foguera amb el hierret, per facilitar la labor (Gis- 
taín, 1943). 

Tall m. Sot, ferida o buit, marcat a la pedra foguera, amb el refrec de 
Vús del metall (Sarroca de B.). 


El foc i la flama. 


Aixalda f. Guspira de foc que s'eleva enlaire (Sarroca de B., Fa- 
rrera (Pallars Sobira), Pobla de Segur (Pallars Jussá). Cf. 
xáldiga (BDC, XX, 264) a Oliana (Urgell), A Ansó( Alt 
Aragó), churla (BDC, XXIV, 167). 

Ascorróll m. Caliu més abundant en cendra que en brases que resta 
al colguer després que s'ha anat cremant la llenya (Sarroca de 


Bellera). 


(103 Al Pallars, manxa, hom enten la usada pels ferrers, per manxar 


a la fornal. 


198 


R. VIOLANT 1 SIMORRA 

Aspurna f. a). Esquitx de foc. b). Esquitx d'aigua (Sarroca de B., 
Farrera, Tortosa (Baix Ebre). A PAlt Aragó, purna. 

Aspurneiar v. Espetegar el foc, llencar espurnes o esquitxos la llenya 
o el carbó del foc (Sarroca de Bellera). Cf. aspurnegar, a 
Tortosa. 

Blima f. Sinónim d'aixalda (Espot, Estaís, Son, Burgo). 

Branda f. Xerada o flamarada molt intensa, perillosa de calar foc 
a la xemeneia; plu. brandes (Sarroca de B.). Al Conflent i a 
la Garrotxa, és sinónim de flama (Dic. Alcover, II, 538). 

Brandera -éres f. Augmentatiu de branda - brandes, grans flamara- 
des, sobretot aplicat en els incendis (Sarroca de B.). Al Pont 
de Suert (Ribagorca), branda - brandes. 

Barderal m. Braseral o munió de brases ardoroses, intensament ence- 
ses (Sort). 

Brasa f. Fragment de tió o carbó encés (general). 

Braseral m. Augmentatiu de brases, braser; barderal (Sarroca de 
Bellera). 

Brasquer m. Braser, munió de brases enceses de la llar (Paúils). 

Brasqueral m. Augmentatiu de brasquer: braseral, barderal (Paúls). 

Buliaina f. Blima, aixalda que s'enlaira xemeneia amunt com un cos 
alat (Espot, Estaís, Burgo). 

Caliu m. Brases i cendra barrejats on s'hi sol coure diversos aliments. 
Ex: ous al caliu, col.locats mig ensorrats, trumfes al caliu, col- 
gades en ell (Pallars Sobirá). 

Caliver m. Caliu abundant en brases enceses, quan resta apagada la 
flama: braser (Sarroca de B.). A Gistaín, Bielsa, Casp, 
calivo (BDC, XXIV, 163). 

Cenra f. Cendra (comú a tota la comarca). A Tavascan, Areu 1 
Farrera, també diuen cenre. 

Falla f. a). La foguera que encenen a la placa en les nits de sant 
Joan i sant Pere (Rialb, Llavorsi, Esterri d'Aneu, Alós, Ribe- 
ra, Tírvia, Castellbó (Urgellet). b). La que encara encenen 
davant de Pesglésia la nit de Nadal (Isil, Tirvia, Castellbó) 
o bé a la placa (Rialb) 1D, 


(110 A Artesa de Segre (Urgell), la falla és una foguera pública que 


encenien per Carnaval, amb troncs d'arbre, anomenats falles que portaven 
del bosc amb un carro artísticament adornat. V. Serra ¡ Boldú, Calendari 
folklóric d'Urgell p. 64. “Falla, diu Batista i Roca (Costums de Catalun- 
ya), 


sembla ésser el mot tipic del Pirineu i de la Catalunya Occidental (per 


El foc, la llar i la llum 199 


Faro m. a). La foguera que encenen els fallaires al cim d'un turó 
proper al poble, on encenen les falles la nit de sant Joan (Isil, 
Pont de Suert, Llesp, Coll; Durro 1%, Boí, Les Paiils, Bissaú- 
rri (Ribagorca): Cf. foro a Gistaín. b). A Vilaller (Riba- 
gorca) i al Pont de Suert, la foguera que encenen a la plaga la 
mateixa nit indicada (13, c). El cim del turó on encenen el faro 
els fallaires (9 (Isil, Pont de Suert, Llesp). A Sant Joan 
de Gistaín, la planeta la falla. 

Foc m. Despresa de calor i llum produida per la combustió d'un cos; 
també el cos en estat de combustió (D'ús general a Catalunya). 
A Salardú (Alt Aran) gíúec o wiiec. Segons la dita popular: 


Un foc he mitja vida 
i dos focs la vida entera (Pals). 


Bon foc: ben proveit de combustible, que escalfa molt (Sarroca 
de B., Paiils); foc ancalamunat: mig ofegat, que 'está apagant 
del tot (id.); foc asmorterat: esmortuit, que sacaba d'apagar 
(id.); foc de Qiiaresma: sense xeres ni flames, només que amb 
brases 1, encara, no molt abundants (1%? (Sarroca de B., Paiils, 


foguera), des d'on es degué introduir a Valéncia, quan els catalans la po- 
blaren”. 

(15 El faro que a Durro cremen davant l'ermita de Sant Quirze (alli 
Quiri), damunt del precipici des d'on s'ovira tota la vall de Boí, esta com- 
póst d'un pi alt rodejat de pinatells o pins joves que, apuntalats a l'entorn de 
la biga, per la part superior, s'eixamplen en rodona de l'inferior, a tall 
de barraca cónica. 1 els buits així formats, els farceixen de trosses de boi- 
xos. Observat per l'autor, en 1948. 

(13) Aquest faro del Pont de S. que planten al mig de la placa del 
Mercadal, consisteix en un roure alt esborgat de branques i escorgat o pelat 
del tronc, deixant-hi només la coronela de rames pomposes, el qual rode- 
javen de trosses de boixos, formant una estiva de dos o tres metres, fins 
gairebé a sota de la copa. 

(14) Exemples: el faro de Tartéro, a Llesp; el faro “al Serrat de 
Sarredo”, a Taúll; el faro ““de la montanya del Tressenyo” a Isil. A Sant 
Joan de Gistaín, aquest lloc tradicional rep el nom de Planeta la falla 
(Gistaín, 1943). 

(15) S'anomena així perqué a la Quaresma, com que tothom ha mort 
el porc, rarament es fa bullir ja cap calderada i, per aixó, no cal tant foc. 
T per altra part, com que ja fa el dia més llarg ja no es vetlla tant ni es 
fan les collacions familiars ¡ veinals (antany) com en ple hivern (Sarroca 


de B., Paiils, Espot, Estaís). 


200 


R. VIOLANT 1 SIMORRA 


Espot, Estaís). Semblar un foc de Qiiaresma, reunir un foc 
qualsevol les característiques explicades (Paiils). Foc d'Im- 
fern: molt encés, molt ardorós, que escalfe o acalente molt 


(Espot). 


Llenya de vern 
foc d'Imfern (Espot). 


Foguerill m. Foc petit. Ex: els foguerills que encén la mainada per 
jugar o bé els que encenen al defora els petits guardians per 
escalfar-se (Sarroca de Bellera, Paúls). (Figura 1, A). A 
Taúll i a Boí, un petit foc o foguereta que els fadrins o fallai- 
res encenen al costat del faro per encendr'hi les falles. 

Foguéra f. a). La falla o foc públic de Nadal (Bellanos, Paiils). 
b). El foc de Sant Joan i Sant Pere (Sarroca de Bellera, Les 
Iglesies, Bellanos, Manyanet, Pais, etc., en el Pallars Sobirá 
suroccidental; Mora d'Ebre, Poboleda, Ulldemolins, Cerviá 
(Tarragona). c). Qualsevulla foguerada o foc gran (Pallars 
Sobirá suroccidental). 


Qui hé aquell fadrinet 

que la finestra s'asta? 

Se n'anat de la foguéra 

per no saber de cantar (Sarroca de B.) 


Llima f. Aixalda o blima (Estaon). 

Peteiar v. Espetegar el foc, sobretot quan es crema llenya verda i, 
encara més, si són boixos verds ¡ per tant fullats (Sarroca de B.). 

Rescaliu m. Cendra i caliu molt menut (Montiberri - Ribagorga orien- 
tal). Cf. rescal a Lledó ia Girona (BDC, XX, 260) 1 res- 
cold, a Tortosa. 

Xéra (chera) f. Flamarada de poca durada produida amb una rama 
seca de boix fullat, argelaga, palla, etc. (Pallars Sobira i 
Jussá, Cornet, Montseny, Montblanc, Borges Blanques, Bell- 
puig, Ponts, Guissona, Aitona (BDC, XX, 264), Santa Co- 
loma de Queralt). Cf. xerada a Lladó (Garrotxa) i rambella- 
da a Perpinya (BDC, XX, 264). Bona xéra, bona flamarada 
(Sarroca de B.). 


Foc d'argelagues, 
foc retal; 


El foc, la llar i la llum 201 


passada la xéra 
res no val (Paiils). 


En sentit figurat, xéra equival a festa, afalag, demostració de 
joia i d'afecte a l'ésser ben rebuda una persona al visitar una 
casa (16, (Comú a tota la comarca). 

Xirinalda (chirinalda) f. Aixalda que s'enlaira voleiant per la xe- 
meneia quan es fa una xera amb llenya fullosa (Paúils). 

Xiscla (chíscla) f. Esquitx o espurna del foc (Son). 

Xispa (chispa) f. Xíscla que surt de la pedra foguera (Espot). 


c) El fum i el sutge. 


Afumar's v. a). Enfosquir-se i embrutar-se les parets i el parament 
de la cuina per efecte del fum. b). Agafar gust de fum els 
cuinats i la let al coure's al foc de la llar o del fogó (Pallars 
sobirá suroccidental). Sinónim d'afumar-se d'altres llocs de Ca- 
talunya. 

Ammascarar's v. Empastifar-se de carbó o de sutge (Sarroca de B. 


Paiils). 


Lo brut diu a l'ammascarat 
Qui n'astá més mal parat? (Paiils). 


Astaldi m. Estalzí, sutge o engrut de la xemeneia (Tor) (BDC 
XXIII, 289). 

Astalzí m. Sutge (Tavascan, Esterri de Cardós (BDC XXIII, 289) 
Sarroca de B., Paúls). Cf. astalzim a Tortosa. Negre com 
Tastalzí: ponderatiu de molt negre (Sarroca del B.). 

Astalzinada f. Pegat d'estalzá que es desprén de la xemeneia. Sen- 
yala temps humit o pluja (Sarroca de B.). 

Astalzinar v. Netejar d'estalzí la xemeneia (Sarroca de B., Paúls, 
Esterri de Cardós). A Tortosa, astalzimar. 

Estaldí m. Sinónim d'estalzí (Areu, Farrera BDC, XXIIL, 289). 


(10 També a la Vall d'Aneu fan xéra al foc, posant-hi una rama 
fullosa que faci bona flamerada, quan arriba un foraster, si la visita es 
agradosa a la familia d'aquella casa (Espot, 1946). A Sarroca de B. i 
demés pobles del Pallars sur occidental, en aquest cas, cremen un boix o 
argelaga. Prou t'han fet xéra2 - Boixos cremaven! - Prou Chan fet fésta? 
- Mudats anaven? Deja un vistaire a la seva mare, al retornar de visites o 
de veure la seva futura muller (Paúls). 


202 


d) 


R. VIOLANT 1 SIMORRA 


Estaldinyar v. Estalzinar (Farrera). 

Fumar v. Treure fum la xemeneia quan es fa foc (Sarroca de B., 
Santa Coloma d'Erdo (Pallars S. suroccidental). 

Fuméra f. Quantitat, porció de fum; el fum que treu la xemeneia 
(Pallars Sobirá). En altres llocs de Catalunya fumada (BDC 
XX); a Hecho i Ansó, fumatlera. 

Fumós, ósa adj. Aplicat al foc, a la cuina, a la xemeneia, en els 
quals el fum no corre prou lleuger, i a la llenya verda o mig 
consumida que fa molt fum: foc fumós, cuina fumósa, xume- 
neia fumosa, llenya fumosa, etc. (Pallars Sobirá). 

Regolfar v. Retornar el fum a la llar o cuina perque el vent li priva 
de circular xemeneia amunt. Mot usat entre la gent vella (An- 


tist (Flamisell), Sarroca de B.). 


L'acció del foc. 


Abrandar v. Calar foc en un lloc intencionadament (Sarroca de B.). 

Abrandar's v. Calar-se foc, incendiar-se, encendre's rapidament el 
foc de la lar, d'un incendi, etc. (Sarroca de B.). 

Abrusar Y. Sinónim d'abrandar (Sarroca de B.). 

Abrusar's v. Sinónim d'abrandar-se (id.). 

Afogar v. Calar foc (Paiils). 

Ascaufar v. Calentar, acció de donar calor el foc, fer foc a un lloc 
perqué s'acalenti (Pallars Sobirá). Ascaufar el forn per la boca, 
diu el modisme (Sarroca de B.). 

Ascaufar's v. Calentar-se, escalfar-se a la vora del foc (id). 

Alemporisar v. Atemperar l'aigua o el vi o fer-los-hi perdre la fredor 
a la vora del foc (Paiils). 

Bruent m. a). Una cosa eixida del foc, molt bullenta. b). Ferro 
roent vermell o caldejat (Sarroca de B., Paiils). 


Qu'in puguées passar la serra 

'l Collet de Benavént; 

quín pugué acacar ls homens 

amb un ferro ben bruént (Paiils). 


Calar foc v. Posar foc, incendiar una cosa intencionadament (D'us 
molt general). 
Colrar's v. Agafar color, colorar-se el pa dins del forn (Sarroca de 


B.). 


El foc, la llar i la llum 203. 


Restiput m. Socarrim. Mala olor produida per roba, llana, péls, etc. 
cremat (Sarroca de B.). 


—Restiput si sin, 
—Pel de porc si creme (Sarroca de B.). 


Rostir's v, Torrar-se, coure's intensament una cosa per l'acció de 
l'ardor del foc: carn rostida: carn cuita a la brasa o a la grae- 
lla. C£, rosta, tall de cansalada fregida a la paella (Sarroca de 
B., Paiils, Espot, Estaís). 

Sucarrar v. Socarrimar el pél, la pell o la llana a una persona o a 
alguna béstia, per l'acció de la flama del foc (Sarroca de B., 
Astéll, Tremp). 

Sucarrar's y. Rostir-se o cremar-se el rostre o el cabell, per efecte 
d'alguna flamarada; per exemple saltant els focs de sant Joan, 
enfornant o fent cremar el forn, etc. (Sarroca de B. Astéll). 

Sucarrum m. Socarrim, restiput (Sarroca de B., Espot, Isabarre 
(V. d'Aneu). 

Suflimar v. a). Cremar molt lleugerament una cosa passant sobre les 
flames del foc: suflimar una gallina o gall abans de preparar-los 
per cource, b). Igualar el pél de les potes dels animals de peu 
rodó abans de menar-los a la fira perque tinguin un bon: cop de 
vista. La qual cosa es fa per mitjá d'un manyoquet de roba 
empapada de petroli i encesa, col.locada a l'extrem d'un bas- 
tonet (Sarroca de B.). 

Sumir v. Cremar una cosa molt lentament (Santa Coloma d'Erdo). 

Tusturrir y. Torrar una cosa intensament peró sense cremar-la (Sa- 
rroca de B.). 

Tusturrir's y. Coure's massa el pa i la coca al forn, el pa torrat i la 
carn rostida a la graella, al foc de la llar: torrar-se massa (id.). 

Tusturrit, -ida adj. Una cosa molt torrada o recuita, per efecte de 
Pardor de les brases o de les flames del foc i d'haver-hi el forn 
massa calent: pa tusturril, molt torrat, recremat; coca tusturrida, 
molt torrada i recuita al forn (Sarroca de B., Santa Coloma 


d'Erdo). 


e) La conservació del foc. 


De les dificultats d'encendre el foc o qui sap si d'un ritu casolá pri- 
mitiu, lligat amb el culte al foc de la llar doméstica, devia néixer el interés 
de la mestressa de la casa de colgar-lo a la nit, abans de retirar-se a des- 


204 R. VIOLANT 1 SIMORRA 

cancar, per tal de trobar brases enceses l'endemá al matí ¡ estalviar-se de 
fer foc nou. Costum molt general encara a totes les valls pirinénques, tal 
com dic a El Pirineo Español, explicant-ne els ritus que acompanyen la 
práctica de colgar el foc, que poden confrontar-se, en part, amb els ritus 


que explico a El llibre de Nadal. 


A la zona meridional de la nostra comarca, sobretot a les valls del 
Bósia i Flamisell (Sarroca de B., Paíiils), antany hi havia el costum se- 
mi-religiós de conservar sempre, fins a la llur total extinció, que llavors, 
abans d'acabar-se del tot, el renovaven per un altre, el conco de la llar; o 
sia el tió principal del foc. De nit el colgaven de cendra i caliu per tal de 
trobarlo encés l'endemá, amb la brasa perpétua del qual anaven renovant 
diariament el foc de la llar, conservant així en el temple de la llar el caliu 
sempre encés de la principal divinitat protectora de la familia “7, 

També es costum, entre veins, de donar-se o prestar-se brases de foc 
mutuament per encendre la llar al matí o bé a la nit, els que no el conser- 
ven colgat; la qual mercé o prestec, si és solicitada, no es pot negar a ningú. 
Ja que —segons una consuetud antiga—, el foc i l'aigua no es poden 
negar a ningú que en demani (Paúls, Sarroca de B.). I ádhuc, les Or- 
denanses antigues de Navarra es fan ressó del prestec de foc entre veins. 


VOCABULARI 


AÁmoriar v. Apagar el foc (Tor, Areu, Farrera). 

Ancalamunar's v. Esmortuir-se, mig apagar-se el foc (Sarroca de B.). 

Apalluquir v. a). Apariar el foc que no s'apagui, acostar la ¡lenya. b). 
Recollir una persona mig morta de fred o que no es trobi bé ¡ 
acondicionar-la amorosament al llit o a la vora del foc (Paiils). 

Apariar el foc v. Acostar i atiar els tions i la demés llenya perque cre- 
mii no S'apagui. (Sarroca de B., Paiils). 

Apilarar v. Colgar el foc a la nit per trobar-ni 'endemá. Després de 
resar-hi una formuleta d'invocació celestial, hi posen el forróll pla 


(7 Cf. amb aquesta práctica del culte a la llar, la de Gistaín, que 
també trobem a Almenaya, Anglaterra i als paisos eslaus meridionals, de 
conservar permanent encés, com el nostre conco, el tió de Nadal, amb les 
restes del qual, abans d'extingir-se totalment, encenien el nou tió, la Nit 
de Nadal, per així conservar sempre viva la sagrada divinitat pairal: el 
foc de la llar. R. Violant, El llibre de Nadal, Barcelona, 1949 ¡ El Piri- 
neo español. Madrid, 1949. 


El foc, la llar i la llum 205 


a sobre debocat cap a la cendra ¡ encarat a la paret, perque així 
es priva de calar-se foc a la xumentia (Espot, 1946). 

Asbarragar v. Escampar, esbarriar les brases i el caliu del foc de la 
llar i del forn (La Plana, en la V. del Flamisell). 

Asbarricar v. Sinónim. d'asbarragar (Espot, Sarroca de B.). 

Asbarravar v. V. asbarragar (Sarroca de Bellera). 

Ascamortar v. Trucar amb els molls la punta encesa dels tions del 
foc per tal d'avivar-los (Sarroca de B.). 

Ascarbonar v. Ascamortar (Estaís, Tavascan, Esterri de Cardós). 

Ascorrollar v. Fer sortir ascorroll o caliu de sota els tions del foc i 
fer-lo venir endavant amb els aumolls, per escalfa-se o escalfar 
quelcom (Sarroca de B.). 

Asmolls m. Mena de tenalles usades a la cuina per ascarbonar els 
tions, agafar brases del foc, etc. (Espot, Estaís, Senet i Boí 

(Ribagorca). Al Pont de Suert i a Tárrega (Urgell), aumolls “%. 

Astenalles del foc f. Sinónim d'asmolls (valls del Bósia i Flamisell). 
A Les Paiils (Ribagorga), estenagas; a Burguete (Navarra), 
pinchetas., 

Colbar's v. a). Apagar-se el foc, morir-se. b). Deixar de viure un ésser 
vivent, morir-se. Mot emprat pels vells (Sarroca de B.). 
Colgar el foc v. Apilarar el foc a la nit abans d'anar a dormir (Sa- 
rroca de B., Santa Coloma d'Erdo). A Sarroca hi feien una 
creu a sobre amb les astenalles perque no hi anessin les bruixes 
i després les deixaven obertes en aspi encarades a la pedra fo- 
guera perqué ho es calés fot a la xemeneia. A Santa Coloma 
d'Erdo la mestressa recitava aquesta imprecació tot colgant-lo: 


Foc colgo, 

foc hi haigue (hagi); 
la Verge Maria, 

per casa váigue (vagi). 


Escarbunar v. Atiar el foc, ascarbonar-lo (Tor) (BDC, XXITI, 
287). 
Esquargonar v. V, Escarbunar (Farrera) (BDC, XXIII, 287). 


Forróll m. Pala de ferro emprada en la cuina per a recollir ¡ apilar 


(18) Per les formes d'aquest estri, veure Abb, 20, pág. 172, vol. 
A- de Pobra de Kriiger, Die Hochpyrenien. 


206 R. VIOLANT 1 SIMORRA 


el foc, la cendra, etc. (Espot, Estaís, Ribera, Areu (Alt Pallars 
Sobira) GP, 

Forrólla f. Sinónim de forróll (Sarroca de B., Senterada, Paiils 
Pallars Sobirá suroccidental) 20, 

Forrollada f. Contingut del que es recull amb un cop amb la forrólla: 
forrollada de cenra, de foc, de caliu (Sarroca de B., Paiils, 
Senterada). 

Furroll m. Sinónim de forroll, forrolla (Tor, Farrera) (BDC, 
XXIIL, 292).. 

Molls m. V. asmolls (Ribera de Cardós (Pallars oriental), Quart 
(La Selva - Girona). A Escás, Rialb (Pallars Sobirá), La 
Massana (Andorra), mólls (Kriiger, Die Hochpyrenien, A- 
IL, 173). 


Morir-se (moríse) v. Apagar-se el foc (Tavescan, Areu, Farrera). 


f) El combustible, 


Només ens ocuparem de la terminología aplicada als gruixos i formes 
dels trossos de fusta que es crema com a llenya a la llar o bé al forn, i dels 
vegetals lleugers que hom se serveix per tal d'encendre el foc. 


Amonterar y. Agarberar, amuntegar, la llenya prop de casa per tal 
de tenir-la més avinent (Son). 

Ascla f. Tros de tronc asclal o partit amb la destral, destinat a cremar 
(D'us general) (foto 4). 

Asclar v. Partir o esberlar els troncs o rúlls de dalt a baix per tal 
d'apariar-los millor al foc y facilitar-los la combustió (D'us ge- 
neral). 

Altorellar v. Tallar a trossos o torrells una biga o fusta tal com surt 
del bosc per cremar-la a la llar (Espot). A Sarroca de B. tallar 
a trossos o torrells una partida d'arbres tallats; capolar-los, tallar- 
ne les branques, per fer-ne llenya. 

Branca canotosa adj. Branca, rama per cremar que té rames gruixu- 
des, molt llenyoses, que fan canot (Sarroca de B.). 

Buscáll, -álla adj. Tronquet de branca d'arbre d'uns 5 pams de llarg, 
amb els branquillons capolats; és una mica més prim que el tió 


(19) Cf. forroll a la Garrotxa (Pirineu i Prepirineu oriental) o pala 


xicarrona emprada per a avivar o estionar els tions del foc (Lladó). 
(20) Per les formes de la forrolla, pot consultar-se a Kriiger en l'obra 


citada en la nota 18, Abb. 20, pág. 172. 


El foc, la llar i la llum 207 


(Sarroca de B.). A Alos i a Espot, buscáll és sinónim d'un tió 
o torell molt gruixut. 


Gralles són gralles, 

puien de pravall. 

A les dones xicolate 

i als homens cop de buscall (Sarroca de B.) 


Camal m. Branca molt grossa d'arbre que se'n poden tallar bons tions 
i buscalls (Sarroca de B.). 

Canot m. Branca seca o morta, d'un arbre, que recullen pel bosc els 
que van a llenyassar. No és una llenya molt apreciada perqué 
no irradia gaire ardor i sol ésser fumosa (Sarroca de B., Paiils). 

Canotet m. Canot xicarró (id. id.). 

Canotill m. a). Diminutiu de canotet, b). Un branquilló llenyós de 
boix, molt emprat com a lluquets de teia per encendre el foc 
abans de posar-hi lenya grossa (Paiils). 

Cap de gos adj. rabassó o rabasséta de forma arrodonida o esférica, 
un xic allargada, que fa de molt mal apariar a la vora del foc (Sa- 
rroca de B.). Cf. cabarrot, augmentatiu de cap, aplicat a una 
pedra esférica, de molt mal subjectar al pujar parets (Violant, 
Miscellánia Fabra). 

Cónco adj. m. El tío més gros que sosté els tionets, buscalls ¡ demés 
llenya, i per tant el foc de la llar doméstica, i es manté encés 
fins a extingir-se que llavors es renova per un altre. Actualment 
gairebé caigut en desús 41, 

Féix m. Una trossa de llenya, de rames, d'herba, etc. (Espot). 

Fenás m. Fenc de tija prima ¡ llarga i molt inflamable (Pallars So- 
birá). 

Fulleraca f. Fulla seca de roure que es recull al bosc. Es molt infla- 
mable (Sarroca de B., Pals). 

Llenyassar v. Recollir llenya perduda pel bosc (Son). 

Monter m. Garbera de llenya formada pels rúlls o torells que baixen 
del bosc (Son). 

Rabassa f. La soca d'un arbre amb la part de les arrels, abans d'as- 
clar-la (Sarroca de B., Paiils). A Plan i a Gistaín, zoca. 


(21) L'anomenen així per llur semblanga funcional amb els vells ca- 
balers o concos que, al mantenir-se célibes, no han abandonat la casa pairal 
i, per tant, conserven encés el caliu de la familia, molt més encara, de ve- 
gades, que no ho fan els hereus (Paúls). 


208 R. VIiOLANT 1 SIMORRA 


Rabassó m. Rabassa molt xicarrona o bé un tros separat d'aquesta. 
Sinónim, rabasséta (Sarroca de B., La Bastida de Bellera, 
Paiils). 

Rúll m. Roll o tros de tronc d'arbre tallat o serrat a] bosc (Son). 


Tió m. Tronc o tros de biga més o menys prim apte per a cremar 
(Pallars Sobirá meridional). 


1 Un tió no fa foc; 
dos, tampoc; 
tres Pancenen, 
quatre cremen 
i cinc fan foc (Paiils). 


Tiza f. Tió o buscall mig cremat. Més aviat és un terme de carboner 
(Sarroca de B.). 

Torell m. Tió gros o tros de biga o fusta atorellada o feta a bocins 
(Espot) ; a Sarroca de B. una branca atorellada o capolada d'un 
arbre. 

Tronca f. Sinónim de rabassa (Espot); la tronca de Nadal, la ra- 
bassa de Nadal: tió molt gros que crema a la llar. (Violant, 
El llibre de Nadal, 1948). 

Trossa f. Feix (Pallars suroccidental). A Gistaín i Plan, truesa (BDC 
XXIV, 182). 


Il - LA LLAR DE FOC 


No cal dir que la llar és l'element principal de la casa pallaresa ¡ 
muntanyenca d'arreu. Ja que el foc no solament serveix a la nostra gent 
per a calentar ¡ il.luminar la casa i coure els aliments, sinó que al foc o 
cuina, a V'entorn de la flama acullidora ¡ vivificadora, s'hi educa als fills, 
s'hi resa, i s'hi projecten i realitzen tots els afers principals de la familia, 
així com s'hi reben les visites dels veins, dels amics ¡ dels forasters, ¡ allí 
se'ls obsequia. 


a) Característiques de la cuina. 


Així com la cuina de les comarques orientals de Catalunya amb la 
Vall d'Aran forma una sola peca amb el menjador, o sigui que la cuina 
no solament serveix per coure sinó també per menjarhi, en canvi el foc o 
cuina de la nostra comarca junt amb la Ribagorca ¡ les demés comarques 
occidentals i meridionals, almenys fins a la serra de Prades, queda sepa- 


El foc, la llar i la llum 209 


210 R. VIOLANT 1 SIMORRA 


rada de la sala o menjador per una cambra tancada amb embans o tabics 
de fusta o d'obra, en molts casos, ádhuc, proveida de porta (Vall d'Aneu, 
Cardós, Vallferrera), formant una habitació d'uns 2 mts. quadrats, més 
o menys, en les grans cases ramaderes. 

Actualment el tipus de foc més comú a tot el Pallars Sobirá és el foc 
de racó, peró antany la cuina dominant a totes les cases grosses i mitjanes, 
de molt servei, era el foc de rócgle, Malgrat que actualment el primer tipus 
domina arreu de la comarca, sobretot a la zona septentrional, el foc de 
rócgle o cuina rodona encara perdura a Sarroca de B. (foto 3), Les Igle- 
sies 4%, Erdo, La Bastida de B., Santa Coloma d'Erdo (foto 4), Bella- 
nos, Estaís (Pallars Sobira) i a Massivert, Durro, Llesp, Bissaúrri (Ri- 
bagorca) ; així com al Pireneu aragonés i a Navarra (2, Cuina d'ambient 
patriarcal que antany a més d'acollir a tots els familiars i servei de la casa, 
també acollía als veins humils, durant les llargues veillades d'hivern que 
acudien a les cases benestants a passar velllada i a escalfar-se, tot filant, 
cantant ¡ explicant rondalles i coses de l'antigó, per tal d'estalviar la llenya 
a les seves cases. Costums tradicionals que ja es troben citats en l'época 
medieval de la nostra terra. 


VOCABULARI 


Banc del fum. m. El banc que hi ha adherit a la paret del fons de la 
cuina rodona a foc de rócgle, damunt mateix on es col-loca la 
llenya (fotos 3 i 4); o sia a la part posterior del foc que, per 
aquesta raó, és on hi abunda més el fum (Sarroca de Bellera, 
Les Iglesies, Paiils), etc. 

Cenrér m. Lloc de la cuina destinat a guardar-hi la cendra que treuen 
del foc. De vegades es troba a sota del bancs, altres a la vora 
del fumeral, ¡ a les cases que tenen armari dels fogons, es troba 
a sota d'aquests (foto 3) (Sarroca de B., Vilella, La Bastida 
de B., etc.). A Rialb, Alos, Ribera ¡ altres pobles de Palta 
comarca central ¡ oriental, cenrér, 

Cuina f. L'estanca de la casa on es fa foc i es cuina; el foc (Espot, 


Son). 


22 Violant, Art popular decoratin a Catalunya. Barcelona, 1949, 
lámina II, foto 3. 

(23) Vegeu els gráfics que dóna Kriiger en Pobra citada A-II i en Ja 
meva, El Pirineo español. 


b) 


El foc, la llar i la llum AN) 


Cuina rodona adj. La que te el foc o canial al mig, voltat totalment 
de bancs fixats a la paret, i la campana de la xumeneia ocupa 
tot el sostre de la cuina, en el centre del qual hi sol haver el 
forat per on s'escorre el fum xemeneia amunt (Estaís, Espot, 
Esterri d'Aneu). Al Pallars Sobirá suroccidental, és el foc de 
rócgle (fotos 3 y 4). 

Cunya f. Cuina (Ribera). 

Foc m. Cuina (Sarroca de B., Les Iglesies, Benés, Bellanos, Paúils, 
Llessui, Castellbó (Urgellet), Alfarrás (Segria), Prades). 

Foc clarent adj. Aplicat a un foc o cuina clara, ben il.luminada per 
la claror natural del dia (Sarroca de. B., Paiils). 

Foc de racó m. Aquesta cuina difereix de la rodona a foc de róc- 
gle, en que el colgó es troba acostat a la paret mestra de l'estan- 
ca que, a la vegada es la d'un costat de la casa, a sobre del 
qual s'hi troba enlairada la falda de la xumeneia, i solament hi 
ha bancs als tres costats de la llar (fotos 5 y 6). (Sarroca de 
B., Paiils). 

Foc de rócgle m. Cuina rodona d'ambient patriarcal (Sarroca de 
B., Les Iglesies, La Bastida de B. ¡ tots els pobles de la vall 
del Bosia, almenys. Cf. foc de rollo a Santa Coloma de Queralt 


(la Segarra). ; 


Revoltó m. Mena de nínxol que hi ha al fumeral de la cuina, prop 
dels cremalls, en bona part de cuines velles de les altes valls 
de la nostra comarca, on posaven (i posen encara els que en 
cremen) a assecar i torrar la teia abans de fer-ne us (V. Kriiger, 
Die Hochpyrenáen, A - 1 foto 16). (Espot, Estaís, Son, Alós, 
Estaon i Anás (Cardós). 


Característiques del colgó, 


El tipus de colguer tradicional, comú a tota la comarca, tant en el 


foc de rócgle com al de racó, malgrat els canvis soferts, sembla que ha 
estat el foc de catxal o foc de colguer; que consisteix en una mena de pedrís 
o piló aixecat uns 0,20 mts. del sol, voltat de pedres llargues pel voltant 
que s'eleven uns 8 centimetres més o menys del pla del centre del colgó 


(figura 1, C.D.E. i fotos 3 1 5). 


El colguer del foc de rócgle és de forma quadrangular, allargant-se, 


un xic més elevat des del centre, fins a la paret del fons on s'hi troba el 
banc del fum. Aquest pla elevat, gairebé arrant de les pedres del voltant, 
serveix per a posar-hi els tions grossos en pla horitzontal, tot recolzant 


212 R. VIOLANT 1 SIMORRA 


Fig. 1 


El foc, la llar i la llum 213 
Vextrem de cremar damunt del travesser que, unint els resistents caufoguérs, 
creua el colguer on acaba el colgó y comenca l'esglaonet del pla més elevat 
de la llenya. Aquests caufoguers típics de cuina central, molts d'ells forjats 
en els segles XVII, XVIII i comengament del XIX, pels ferrers i far- 
gaires pallaresos, antany adornaven tots els focs de rócgle de la comarca 
(figura 1 - Ci foto 4); ja que solament conec una casa, la de Gasol a 
Sarroca de B. (foto 3) que tingui el foc central o de rócgle sense capfo- 
guers; en aquest cas els tions els recolzen igualment des del banc del fum 
vers el petit esglaonet del colguer, que cau sota mateix dels cremalls, que- 
dant per tant el foc encés enlaire com si hi haguessin capfoguers. Per la 
qual cosa, aquests estris, de tradició arcaica, eren més aviat ornamentals 
que necessaris (“*, Aquest colguer (foto 3), medeix 2 mts. de llargada 
total des de la part anterior fins a la paret del banc del fum, per | metre 
d'amplada. Mides que varien poc o molt segons les cases, peró no gaire. 
Es Punic exemplar que resta a Sarroca de Bellera, puix que ja els acaben 
de desfer tots, ¡ és el foc de rócgle més arcaic dels que coneixem al Pallars 
Sobira. 

El colguer tradicional de foc de racó (figura 1 - E) difereix de P'an- 
terior en que te menys llargada de fons i la llenya hi crema de costat, 
paral.lela a la pedra foguéra. Puix solament consta del colgó d'aquell, i el 
costat del mur on penjen els cremalls es troba protegit per una pedra plana 
col.locada dreta de cantell a P'extrem del colgó (la pedra foguéra), per tal 
de resguardar-lo del foc; car, sense ella, es podria cremar la paret. 1 per 
tal de sostenir aixecats els tions perqué cremin millor, en els focs més humils, 
hi ha una pedra a cada costat de colgó (caufoguers), o bé uns galapalins 
de ferro (foto 5). Peró malgrat aixó a Sarroca de B., en una casa o casa- 
lot molt vella, trobo el foc de colguer adossat a la paret com els de racó, 
amb la mateixa disposició del colguer dels focs de rócgle; o sia amb l'es- 
glaonet a l'extrem del colgó, que permet cremar la llenya d'enfront ¡ enlaire, 
apuntada cap al davant. Així és que es tracta d'un foc de racó sense pedra 
foguera ni capfoguers, perque la disposició del colguer pot prescindir de 
luna cosa 1 Valtra (figura 1, C). 

Actualment en molts d'aquests focs de racó han desfet el catxal, 
quedant el fogal gairebé arrant del sol com trobem en el més evolucionats; 
per aquesta raó, aquest tipus evolucionat de colgó rep el nom de foc ras en 
contra del foc de catxal o elevat (Pails). 1 per tal de resguardar la cen- 
dra d'escampar-se per terra, en lloc de les pedres elevades del voltant, de 


(21) Pels tipus ¡ formes vegeu Kriiger, A-II, i Violant les obres cita- 
des anteriorment. 


214 R. VIOLANT 1 SIMORRA 


Parcáic colgó, gairebé sempre hi ha el rodafoc de ferro. Els rústics capfo- 
guers de pedra, han estat substituits per uns altres de ferro (foto 6); no 
pas tan bells peró, com els que ja hi havia en alguna llar de casa rica 
forjats de forma semi artística dels segles XVI, XVII i XVIII, que han 
anat cajent en desús així que ha anat desapareixent de la nostra comarca 
el costum de rostir carn a l'ast, de tradició antiquíssima, com els mateixos 
capfoguers ¡ ast que ja apareixen en la primera época de ledat del ferro, 
gairebé forjats igual que el pirinencs (2, També es va substituint la pedra 
foguera per una planxa de ferro (foto 6). 

Sobretot a la Vall d'Aneu (Espot, Son, Valencia, Isil, Alós, Burgo) 
i també a Cardós (Estaon, Tavascan) ia la Vallferrera (Areu) he trobat 
sempre, el foc de racó amb guardafoc de ferro més que de pedra; així com 
el rodafoc és més usat a tota la zona septentrional i central de la comarca 
que no pas a les valls suroccidentals del Flamisell i Bosia, on encara hi 
perdura de forma exuberant l'antic i tradicional foc, de catxal o de colguer, 
amb el colgó voltat de pedres més elevades. 


VOCABULARI 


Cafoguér m. Cada*una de les dues pedres on es recolzen els tions 
de la llar. Plu. cafoguérs (Paúls). 
Caminal m. Capfoguer de ferro tipus galapatí (Tirvia). 


Canial m. El colgó o indret del colguer on es fa el foc de la llar 
(Espot). 

Carfoguér m. Capfoguer. Plu. carfoguérs (Tirvia, Espot, Estaís). 

Catxal (cachal) m. El pedrís o llit elevat del foc (Paiils). A Espot 


el niu o conillera dels conlls quan acaben de criar (25. 


Caufoguér m. Els capfoguers, principalment, de ferro. Plu. caufo- 
guérs (Sarroca de B., Les Iglesies, La Bastida 'de B., Conca de 
Tremp). Al Pont de Suert, valls de Boí ¡ Barrabés (Ribagor- 


2) Per la diversa tipologia dels capfoguers i demés ferros de la 
llar així com per les variants lexicals, vegeu les obres citades en les dues 
notes precedents. 

(26) Cf. calxal, llit del foc i niu dels conills, amb cutxol: sot o mócgle 
marcat en un munt de palla, herba, llana, etc., després d'haver-s'hi ajagut 
un cos pesat (Sarroca del B.). 1 plat cufxulut: plat pregon, o plat de ma, 
o escudella, que recorda els vasos aplatats i pregons, prehistórics (Pont 


de Suert). 


il 


El foc, la llar i la llum 215 


ga), forróll - forrolls; a Unya, Gessa i Salardú (Alt Aran), 
landre - landrés. Cast. morillos. 

Colgó m. El canial de la llar (Sarroca de B., La Bastida de B., 
Paiils), Sort, Llessui, Pobla de Segur, Tremp, Alfarrás (Se- 
gria). Astar's al colgó del foc: asseure's al colguer, les dones, 
i posar-se prop del foc dins del colgó, els gats (Sarroca de B.). 
Cf. clofa a Malda (Urgell), clotxa, a Guimerá i a Santa Co- 
loma de Queralt (27, i niu del foc a Súria (Pla de Bages); a 
Castellmajó (La Segarra), foc, a Castellbó, fogorim; a Torto- 
sa,.fogaril o foguerill, i a les altes valls pirinenques d'Aragó, 
fogaril (BDC XXIV, 170). 

Foc de catxal La llar que te el colgó elevat, en contraposició del foc 
ras que el te pla al sol (Paiils). 

Foc de colguer El colguer que hi ha pedres elevades pel voltant, for- 
mant sot del mig “així no calen caufoguers” ens digueren (Sa- 
rroca de B.). Cf. a Guimera el foc de clotxa, enfonzat del mig. 

Fogal m. Llar, indret de la cuina on s'encen el foc, el canial (Ribe- 
ra, Farrera, Tavascan, Esterri de Cardós, Estaon (BDC XXIII, 
291). 

Foguerill m. a). Petita llar improvitzada al camp, per mitjá d'una 
pedra a cada costat del foc (Sarroca de B., Paiils) (figura 
1, A); a Farrera, foc (figura 1, B) 49. b). Petita llar que 
hi solia haver als forns públics per fer-hi escalfar l'aigua d'ama- 
car el pa (Sarroca de B.). 

Calapatí m. Capfoguer de ferro proveit de quatre potes molt baixes 
i aplatades “9%. Plu. galapatins (Paúls). 


(¿7 Colgó pregón, enfonsat del foc. El rodafocs, encara que sigui 
de ferro, ha prés el nom arcáic de clotxa (Guimerá). Foc de clotxa: cf. 
clotxcta o petit clot a terra per jugar-hi amb mongetes o fesols els nois 
(Balaguer). Així, clotxa seria un forat rodó major que aquest, que ens 
recordaria el colgó de la llar primitiva, que segons Barandiarán, encara 
apareix en algun caserio de Basconia. Ja que segons aquest etnóleg, la llar 
apareguda en el nivell eneolític d'una de les coves de Jentiletxéta (Motri- 
co), i en el nivell magdaleniá de la cova de Lumentxa (Lequeitio), con- 
sistia en un forat rodó ensorrat al sol (Anuario de Eusko-Folklore, vol. 
XI, pag. 101, 1932). Es molt interessant constatar aquest arcaisme de 
la nostra llar, registrada amb els noms de catxal, clotxa, niu (Súria). 

(28) Cf. foguerill i fogrill: petites llars de foc, molt rudimentáries, 
preparades a l'exterior de les casetes i barraques del camp, on cuinen du- 
rant el bon temps. Tortosa, La Cava (Ribera de l'Ebre). 


(29 Per lPassemblanga —segons la meva mare— amb el galapat = 


216 R. VIOLANT 1 SIMORRA 


Guarda foc m. La pedra foguera del canial, i també la planxa me- 
tál.lica que ha substituit a aquesta (Alós). 

Pedra del fogal f. El guarda foc (Ribera) ; a Sarroca de B., Paiils, 
pedra foguéra o foguéra, respectivament. 

Peu del foc m. Cada un dels carfoguérs o peus del foc (Espot, Es- 
taís). 

Roquei m. Peu o capfoguer. Pl, roquets (Estaon). Cf. a Prats de 
Llucanés, pedres del foc, o rocs, 

Roda foc m. El ferro del davant ¡ costats del foc ras que resguarda 
d'escampar-se la cendra fora del colgó (Alós). A Castellbó, 
guarda cénres; a Les Paiils, ferre del foc 60. 


Ronda foc m. El roda foc (Ribera). 


c) Característiques de la xemeneia. 


La xumenéia o xumentia també te les seves característiques especials 
segons a la zona que pertany: si a la meridional o a la septentrional; i no 
solament succeejx així al Pallars, sinó també al llarg de tot el Pireneu es- 
panyol. 

A la nostra zona més muntanyenca, de carácter alpí, del Pallars, 
més nevosa, compreses les valls d'Aneu, Cardós i Vallferrera, hi apareix 
un tipus de xemeneia tradicional, bastant uniforme, de revingudes parets de 
pedra llicorella i fang, cuadrilonga cónica, alta, magestuosa i monumental, 
amb el doble fi de que tiri forca el fum i no la cobreixj la neu; va tapada 
amb una gran llosa col.locada damunt de quatre o sis pilanets, pels espais 
dels quals surt el fum, i está proveida d'una mena d'escopidors de pissarra 
un xic inclinats, per llencar les escorrialles de l'aigua damunt el llosat ¡ 
privar de filtrar-se pels junts que uneixen la xemeneia amb la coberta de 
la casa. 1 de tard en tard (Ribera, Estaon) se'n veu alguna de tubular 
més estreta i alta que la descrita. A la zona premuntanyenca, de clima 
més mediterrani que en l'anterior, si bé hi abunden les xemeneies grans de 
planta quadrada o circular, i més baixes, aixó no obstant hi predominen 
les de dimensions més reduides amb molta diversitat de tipus, tal com pot 
veure's en els gráfics que hem publicat a El Pirineo Español, a Art popu- 
lar decoratiu a Catalunya ¡ Kriiger en Die Hochpyrenáen, A-II. 


gripau o totil (castella, sapo) que afecta la figura aplatada y potes curtes 
(Pails). 
(30) Per llurs formes i altres noms, consulti's a Kriiger, en Pobra ci- 


tada, A-II. 


El foc, la llar i la llum 21 
VOCABULARI 


Abre m. El canó o canal de la xemeneia per on puja el fum (Esterri 
d'Aneu). A Tortosa, fumeral. 

Barra cremalléra f. Biga prima que creua la part alta de la campana 
de la xemeneia del foc de rócgle d'on penjen els cremalls (Sa- 
rroca de B.). 

Barra dels cremalls f. La barra cremallera (Paiils, Ribera). 

Barró dels cremalls m. Ficot de ferro o de fusta d'on penjen els cre- 
malls en el foc de racó. També es sinónim de la barra crema- 
llera (Espot). 

Campana de la xumentia f. Mena d'embut guadrangular format per 
una paret prima que recolza verticalment (Alta zona) o obli- 
quament (zona meridional), en una biga, que recull el fum de 
la llar per conduir-lo al canó o abre (Alós). A Sant Julia de 
Vilatorta (Plana de Vic), vano; a Prades fuméra. A les Hars 
més antigues tot fa suposar que no hi havia campana, almenys 
a les de racó, ¡un forat quadrat al sostre, recollia el fum (Sa- 
rroca de B., figura 1, C). La campana dels focs de rócgle está 
formada pel sostre de tota la cuina, en forma d'embut quadrat 
(Sarroca de B., La Bastida de B., Santa Coloma, Les Iglesies, 
etc.) arrodonit dels angles, com a Aragó i Bascónia (Massi- 
vert Ribagorca) que es va estrenyent vers el forat del fum del 
centre del sostre. 

Canó m. L'abre de la xemeneia (Pals). 

Falda de la xuménia f. V. La campana de id. (Paiils, Sarroca de 
B., Cervera, Santa Coloma de Queralt). 

Frontal de la xuméneia m. La falda, la campana (Ribera). 

Toóla f. La losa o pedra plana i la moderna planxa metallica que 
cobreix la xemeneia (Espot). 

Xambrángle (chambrángle) m. La biga horitzontal que en forma de 
lleixa aguanta enlaire el frontal o campana de la xumeneia de 
la llar (Ribera). 

Xuménia f. La part superior del canó o conducte del fum que so- 
bresurt de la teulada (Pallars Sobirá i Jussá, La Segarra, etc.). 
A Tortosa, barret del fumeral. 


TI - LA LLUM I LA IL.LUMINACIÓ 


Antigament, al Pallars Sobirá, així com arreu de les demés comar- 


218 R. VIOLANT 1 SIMORRA 


ques pirinenques, abans d'introduir-se els llums i llumeneres per cremar oli, 
la il.luminació característica ¡ tradicional s'efectuava per mitjá de la teia 
o tea de pi, canotets de boix sec, torxes o candeleros, ciris i candeles de 
cera, elaborats a casa i amb la flama directa de la llar, que és la forma 
més primitiva. 

Tl.luminació de tradició arcáica, per la claror directa del foc, la teia, 
la cera, així com el lum d'oli (de tradició preromana) que, barrejada 
amb els llums ¡ quinqués de petroli, ha perdurat fins al segle actual, en que, 
Vany 1912, es comengaren a construir les grans centrals eléctriques palla- 
reses de Tremp, Cabdella, etc. Peró, malgrat aixó, tant a la Vall d'Aneu, 
Coma de Burg, com a la Vall de Boí i a Montgarri (Alt Arán), són 
moltes encara les cases, sobretot les més humils, que segueixen il-luminant-se 
a la llar ia la sala-menjador, amb teies cremades a la falléra o llumenéra, 
de llarga tradició. Per exemple a Montgarri, segons un home del poble, 
per allá l'any 1937, no coneixien altra mena d'il.luminació que el propor- 


cionat per la flama de la teia. Í nosaltres mateix Phem vist usar a Taúll 


(1940), a Espot (1946), a Burg (1947), etc. 


VOCABULARI 


a) La llum del foc de la teia i la de torxes varicnW 


Canotet m. Estaqueta o tronquet molt sec de boix amb la llum del 
foc del qual abans s'il.luminaven els pobles que no posseixen boscos de 
pins. El cremaven a la teiéra o bé sostenint-lo directament amb els dits, com 
un lluguet de teia; produeix una flama tan neta i clarent o lluminosa com 


la de la teia (Cérvoles, Corruncui ¡ altres pobles del Bósia i Flamisell) 
(30 bis) 


Córrer les falles Portar les falles enceses els fallaires des del faro a 
la plaga del poble, al capvespre o bé a la nit de sant Joan (Pont 
de Suert, Llesp, Cóll, Boí) ¡a la nit de la vetlla de sant Quir- 
ze (Durro). 


(30 bi) El meu pare, sastre d'ofici, anant pels pobles del Bosia i 
Flamisell occidental, manta vegada havia cosit, de nits, a la claror de 
tronquets o canoteís de boix que una altra persona li sostenia davant d'ell. 
Comengaments d'aquest segle. 


El foc, la llar i la llum 


219 


Fig. 2 


220 R. VIOLANT L- SIMORRA 


Sant Quirco (Quirze), sant Quirco el xico, 
sant Quirco, sant Quirco el gran; 

anirem a córre falles, 

per una arboleda avall (Durro). 


Faia £. Torxa que portaven els fallaires al córrer falles la nit de sant 
Joan (Sarroca de B. (Wa), Les Iglesies (31, Bellanos 4%, 
Manyanet; Plural, faies. Cf. faitó 9, a la Costa Brava ca- 
talana, i altres variants del mot que dóna Kriiger (30, (figu- 
ra 2, C). 

Faiál £. Mena de torxa formada per un grapat de teies que usen els 
pescadors de riu, per pescar de nit, enfilant les truites a cops 
de fóixa o forquilla (Espot). A Bellanos (Pallars Sobirá sur 
occidental) faiál s'aplica a la MHum que desprén aquesta mena 
de torxa. 


Falla £. La faia que porten encesa els fallaires (figura 1, A, D) al 
córrer les falles des del faro a la placa del poble la nit de sant 
Joan a 1sil %, Alós (antany), Paiils (*%, Pont de Suert 47, 
Vilaller 49, Llesp 8 9, Boí 4%, Les Paiils “1%, Bissaúr- 


(0 Un feix d'escorces o peles de xop, clop o tremol, lligades amb re- 
dortes a tall de torxa (figura 2, B). 

(1) Una cistella vella encesa penjada a dalt d'un bastó. 

«2 Un feix d'escorces, com a Sarroca de B. 

(33) Mena d'engraellat de ferro, fixat a V'extrem de la barca, amb 
el qual els pescadors de la Costa Brava i de Y Alt Emporda s'l.luminen de 
nit, cremant-hi tees, per pescar a l'encesa. E. Roig, La pesca a Catalunya. 
Barcelona, 1927, pág. 122. A Blanes i a Lloret lanomenen faité. But- 
lletí de P Associació d' Excursions Catalana, octubre-desembre de 1889. 

(319 Cf. altres variants de formes i noms de torxes en Pobra citada 
de Kriiger, A-II, pag. 179-181. 

(31 Tió de pi esberlat de l'extrem més gruixut ¡ entatxonat de teies, 
lligat amb dues redortes (figura 2, A). 

(36) Feix d'escorces de xop, tremol, etc., com a Sarroca 1 Bellanos 
(figura 2, C). 

Un tió esberlat d'un extrem tot entatxonat de tees, fermades 
amb dues arandeles de filferro, que antany eren dues redortes. 

(38) Troncs de teia, escorces, etc. 

(3s bis» Un manat o feix de tronquets de llenya seca iligats com un 
pom al cap d'un bastó. 

cm Un barró llarg amb un bon manat de teies lligades a l'entorn. 

(40) Una garba de palla fustal: sense batre; “un fustal” que diuen 
ells (figura 2, B). 


El foc, la lar i la llum 221 


ri 410, Gistaín 42, Andorra (43; la vetlla de sant Quirze a 
Durro (+9, o la nit del primer dia de la festa major, tercer diu- 
menge de juliol, a Taúl (*”. Plu. falles. 


Astanit (aquesta nit) sí fan les falles, 
de sent Pera i sant fuan; 
i astanit si fan les falles 

que pertot lo món si fan (Paiiis). 


Cf. halla - halles a Aran (1% també la nit de sant Joan, 1 faia - 
faies a la vall del Bósia. A Ansó trobem fallato, mena de torxa 
formada per tres o més teies lligades (BDC XXIV, 170), com 
el faial. Tots aquests arcáics costums sanjonanencs donaren lloc 
a la creació poética del cant ler. del l'épic poema Canigoó, al 
nostre excels ¡ sublim poeta Mossén Jacint Verdaguer. 


Falla de la vila m. Falla més grossa que la que porten els fallaires 
que |'Ajuntament cura de fer plantar a la plaga, davant l'esglé- 
sia, per encendre-la després de l'ofici vespertí de Completes, ¡ 
serveix d'avís als fallaires que amatents esperen d'alt del faro, 
per devallar ambs les falles enceses cap a la vila; ja que no ho fan 

fins que veuen aquesta falla cremant ('7), Cf. haro, e pi capolat 
I escapcat que, entatxonat de teles, com la falla e la vila, a 
Bossost ¡ en altres llocs de l'Aran, encenien la nit de sant Joan 
després d'haver permanescut plantada a la plaga durant un any; 


(41 Un fustal com a Les Paúls. En duen més d'una per anar-les re- 
novant (Bissaurri, 1941). 

(42 Una teia o lieda o ascla grossa, resinosa de pi. Els menuts o 
petits fallaires la porten en forma de creu. Segurament per treure al ritu 
solar sanjoanenc el sabor de paganía. 

(43) Llargs bastons amb escorces d'alber en un extrem. 

(41) Un barró amb un feix de teies enginyosament lligades a uns tra- 
vessers en creu, a un extrem, am dues redortes (figura 2, D). Segons 
Vexemplar adquirit per mi el dia de la festa, de l'any 1948, per al Museu 
Etnográfic de Barcelona. 

(45) Com les falles de Boí, i creiem, de Durro. 

(460) Pi o abet esberlat fins a la meitat, entatxonat de teles, com a 
Isil. 

Gm L'any 1948, que jo m'hi trobava, abans d'encendre la falla de 
la vila, el rector del poble la va beneir ¡1 encendre, com solen fer a ' Aran. 
Ja que aquest sacerdot és aranés. 


222 


b) 


R. VioLANT 1 SIMORRA 


o sia des del dia de sant Joan a la tarda, fins a la vetlla de l'any 
segiient “9, 

Falléra £. a). Una llosa clavada per un extrem a la paret del forn 
de pastar (figura 3, A), on encara hi cremen teies, com antany, 
per tal d'il.Juminar la pastera i la boca del forn de coure el pa, 
els dies que no tenen llum eléctrica (Espot). b). Petita llar 
amb xemeneia interior (figura 3, B, C.), que a tall de capelleta 
servia per cremar-hi teies per tal d'il.luminar la sala durant el 
sopar (Espot). Es veu encara (1946) en moltes cases d'aquest 
poble, si bé en desús. Es notable, sobretot, per la seva riquesa 
artística, esculpida en pedra, la que va indicada amb la lletra C. 
de la figura 1, també d'Espot. Sinónim llumenéra i teiéra, per 
als mateixos tipus. c). Mena de gavia de ferro que penjada 
vora els cremalls de la llar encara hi cremen teia algunes nits 
d'hivern que hi sol haver mala llum eléctrica (Espot, Estaís). 
Sinónims lumenéra de iéa, a Gessa (Aran) allé (9, 

Fer llum y. a). l.luminar a una persona amb una llum qualsevulla, 
una rameta encesa, una teia, etc. especialment de nit (Sarroca 
de B.). b). Irradiar bona claror un llum qualsevulla (D'ús 
general). 

Llumentra f. a). La teiéra o fallera de la sala de l'accepció b) de 
fallera (Espot). b). L'accepció c) del mateix article (Espot, 
Alós, Burg, Taúll). A Ginaste, Alós, Borén, Tirvia, Burg, 
Lladrós, Areu, Tor (Pallars Sobirá), Senet (Ribagorca), llu- 
menéra de téa; a Boí (id), llumené (Kriiger, Hochpyrenáen, 
A-II, 187). 

Téia o téa f. Estelles o ascletes resinoses de pi (Pallars, Ribagorca). 
A Aran teda í tedo; a Alt Aragó, teda i tieda 6%, 

Teiéra f. V. Falléra a) ib) (figura 3, A, D i fig. 1, C) (Sarroca 


de B.) on encara n'he vist alguns exemplars. 


Llums de cera i d'oli, 


Atxa f. Ciri gran i gruixut de forma prismática, com si fossin quatre 
ciris units, i qualre blens (D'ús general). 


(48) Vegeu Juli Soler, La Vall d'Aran (1906), p. 43; Violant, 
El Pirineo español. 


(49) Per llurs formes ¡ tipus, cf. Kriger, obra citada, A-II, Abb. 


22, pág. 186 ¡ Violant, obres citades. 


(50) Vegeu altres característiques lexicals amb llur etimología en 


Die Hochpyrenáen, A-I, pag. 182, 183, 


E! foc, la llar i la llum 223 


_ loja 7 ESO, Sl Sd 
SY 
/ 


224 R. VioLANT 1 SIMORRA 


Ble m. Feix de fils que es posen als ciris, candeles i llums d'oli o 
petroli en general (Catalunya). 

Blenéra £. Petit tub de llauna que encaixa verticalment en un forat 
que hi ha al mig del llantió de les, llanternes per on surt el ble 1 
el manté erecte perqué pugui cremar bé; va proveida d'una pe: 
tita nansa per treure-la ¡ posar-la (Sarroca de B.). 

Brandonéra f. Cada una de les flames i brocs de les llumenéres de 
llautó (La Bastida de B.). Cf. brandonéra (Taúll), brando- 
léra (Espot i Estaís), blandonéra (Rialb) o rocgle o salomó 
que antany penjava al mig de la volta de les esglésies rurals, en 
forma de llántia, proveida de molts bragos amb ciris, per encen- 
dre-la en las sol.lemnitats %?; brandó, mena de torxa resinosa, 
o bé un ciri molt gruixut, rodó, amb un sol ble, i brandonera, 


canelobre per a brandons (Dicc. General de la Llengua Cata- 
lana, de P. Fabra, 271). 

Candeler m. L'estadal o candelero de candela groga plegada en tor- 
teral que la mestressa d'antany feia cremar al temple, davant 
d'ella, durant els oficis religiosos, en honor dels morts de la 
familia (Espot, Estaís). 

Candeléro m. a). El candeler o estadal funerari (Sarroca de B., 
Paúls, La Plana, Viu de Llevata (Ribagorga). b). Canelobre 
senzill, de fusta, metál-lic o de vidre, propi per a ciris (Sarroca 
de B., Paiils). 

Cariol m. El gresol o diposit dels llumeners que conté Poli i el blé 
(Sarroca de B.). 

Ciri Vela de cera de 0,50 a 0,60 mts. de llarg (D'us general a Ca- 
talunya). Dret com un ciri, comparatiu de molt erecte (Sarro- 
ca de B.). : 

Estadal m. El candeler o candelero funerari (Esterri d'Aneu). Uns 
i altres, molta gent se'ls fabricava a casa amb la cera de les 
seves avelles (Estaís, Sarroca de Bellera). 

Fer mala cara adj. Aplicat al llum d'oli quan no fa gaire claror (Sa- 


rroca de B., Paiils). 
Greiol m. El llantió o dipósit per contenir Poli i el ble dins de les 


(51) Violant, Festes tradicionals al Pallars, dins del “Butlletí del 
Centre Excursionista de Catalunya”, nros. 458, 459, 463, 465, 470 1 473 
(1933-34). “La festa major”. 


El foc, la llar i la llum 225 


llanternes portátils. Terme antiquat (Sarroca de B.). Cf. gre- 
solet o llum de terrissa emprat antany a Barcelona per il.luminar 
els pessebres doméstics de Nadal (%>, 

Llanterna f. Mena de fanal portátil. Les més antigues són de llauna 
artísticament calades i de forma circular amb lacabat superior 
de forma cónica; i les més modernes són quadrades amb vidre a 
cada cara (Pallars, Ribagorca, etc.) 4. ' 

Llantió m. El greiol de les llanternes (Sarroca de B.). 

Llumener m. El llum de ganxo metál.lic, proveit del cariol en forma 
d'un bec llarg, que encaixa en un dispositiu de la mateixa forma 
que aquest, per recollir les escorrialles d'oli, amb un ganxo a la 
part posterior per manejar-lo i penjar-lo (Pallars, Andorra). 
A la Conca de Tremp, llum; en altres parts de Catalunya, llum 
de ganxo “Y; al Pont de Suert, Durro, Alt Aragó, candil; a 
l'Aran, uliéra; i a Navarra (Serra de l'Araler), krisalu. El 
nostre llum d'oli occidental, d'un sol bec, sembla que te llur 
precedent en les lluernes o llums d'oli de terrissa, de l'antiga 
cultura mediterránia. 

Llumenéra f. La llántia de llautó proveida de una fins a set brando- 
neres o brocs, per cremar oli, amb un peu per deixar-la damunt 
d'una taula, lleixa o reconera (Catalunya). Apareix en molts 
paíisos llatins, des del segle XVIL, almenys. Tant, que podem 
dir que és d'arreu i d'enlloc. Castella candileja. 

Velada f. El conjunt de les veles o ciris que antany cremaven als 
rócgles, aranyes o brandoneres de les esglésies, en les solemni- 
tats religioses (Sarroca de B.). La qual velada era costum 
estrenar-la el dia de la festa major i¡ anava a cárrec de la con- 
fraria dels fadrins *?); que, per aquest motiu, aquesta confra- 


(522 Violant, Art popular decoratiu a Catalunya, pag. 102. 

(53 Td. id. pág. 180 ¡ en El Pirineo español. 

(54) A les comarques orientals de Catalunya, sobretot a 1'Emporda, 
aquest llum d'oli, o de ganxo sol tenir-quatre bécs, peró només cremen els 
dos anteriors. En canvi des d'Andorra fins a Navarra es presenta d'un 
sol béc més llarg que aquells. Cf. Dun i Paltre tipus a Art popular deco- 
ratiu a Catalunya, pág. 177, 178. 

(33) Tribut litúrgic de cera, per part dels fadrins, que també trobem 
a Navarra. Ja que a la “Cuenca” de Pamplona, els mayordomos dels fa- 
drins, a lVofici de la festa major, ofrenaven una vela rizada, gruixuda i 
bellament decorada, al Santissim, que cremava en totes les festivitats de 


Pany (1945). 


226 R. VIOLANT 1 SIMORRA 


ria prenia el nom de la Confraria del Rócgle (Sarroca de Be. 
llera i Erinya) i de la Brandonéra a Les Paiils. 


R. VIOLANT 1 SIMORRA 
Secció Etnográfica del 
Museu d'Industries ¡ Arts Populars 
de Barcelona 


EPIGRAFS DE LES FOTOS 


Foro 1. El congost de Collegats, a la banda N. de la serralada del Bou- 
mort, per on s'escorre el principal riu de la comarca del Pallars 


Sobirá, el Noguera Pallaresa, al peu de la carretera de Bala- 
guer a la Vall d'Aran. 


Foro 2. Panorámica de la Vall d'Aneu, d'orient a occident, amb la vila 
d'Esterri a primer terme ¡ Son, enlairat dalt de la serra, al peu 
del Tesso. Bells conreus en terra d'aluvió, són regats pel Nogue- 
ra Pallaresa, que s'escor magestuós a la parte de dessá de les 
cases d Esterri. 


Foro 3. El vell foc de casa Gasol de Sarroca de Bellera. Bell exem- 
plar de foc de rócgle primitiu, tot voltat de bancs, amb el foc 
de colguer, i l'armari des fogons, a primer terme, amb el cenré 


a sota (1942). 


Foro 4. Foc de rócgle de la casa de Pere de Santa Coloma d'Erdo, amb 
els artístics caufoguérs del segle XVIII, que acaben de desapa- 
reixer ja de tots els focs de la comarca. Els cremalls, si bé sen- 
zills, ens recorden perfectament els de la primera Edat del ferro. 


Foro 5. El foc de casa d'Eloi de Sarroca de Bellera. Bell tipus de foc 
de racó ¡ de colguér, on apareix la pedra foguéra, amb la móssa 
inclinada a la part de sobre, els caufoguérs tipus galapatí, les 
astenalles o aumolls a primer terme, i els cremalls d'una sola 
cadena, de tradició arcáica. 


Foro 6. El foc de la casa de Serra de Sarroca de Bellera. Exemplar d'un 
foc de rócgle, on tantes rondalles hi havia escoltat en la meva 
vida d'infant, actualment convertit amb foc de racó ¡ ras, amb el 
rodafoc, uns diminuts caufoguers, planxa a la paret en lloc de 
pedra, i uns bonics cremalls antics que és la única cosa que dóna 
calor tradicional a aquesta trista i evolucionada cuina. 


EPIGRAFS DELS DIBUIXOS 


Fic 1. Tipus diversos de llars: A, Foguerill, encés al camp (D'us gene- 


FIG. 2. 


FIG. 3. 


El foc, la lar i la llum 227 


ral). B, foc tipic dels pastors de la Coma de Burg, que encenen 
davant de la cabana quan pasturen el bestiar a la muntanya (Fa- 
rrera). C, foc de racó d'un casalot vell de Sarroca de Bellera. 
Observis el colgó o foc de colguer, el forat del fum. al sostre, sense 
campana, els cremalls ¡ la teiéra, a la dreta del foc. Apunt del 
natural, 1939. D, foc de colguer de cuina rodona, amb els artís- 
tics caufoguers tradicionals, observat a Les Iglesies, La Bastida, 
Santa Coloma d'Erdo, Erdo, i antany, a Sarroca de B. Bell 
exemple de foc de catxal i de racó, molt popular encara a les valls 
del Bósia ¡ Flamisell. 


Falles i fallaires: A, fallaire portant la falla apagada amb indu- 
mentaria tradicional (Isil). B, fustal o falla de palla (Les Paiils, 
Bissaúrri). C, faia d'escorces de xop, clop, etc. dels fallaires 
del Bósia i Flamisell (Sarroca, Bellanos, Paúls). D, fallaire de 
Durro amb la falla abans d'encendre ¡ portant barretina, com an- 
tany. 


Falleres o teieres doméstiques: A, falléra o teiéra observada a Es- 
pot i Sarroca de Bellera, B, fallera o llumenéra, observada a Espot, 
en les cases humils. C, fallera del segle XVIII, copiada del natu- 
ral, que presideix la sala de la casa del Frare d'Espot, antany una 
casa rica. D, teiéra del segle XVIII, copiada del natural a la sala 
de casa Peret de arroca de Bellera, o casalot d'on he copiat el 
foc C, de la figura 1. 3 


APONTAMENTOS DE ETIMOLOGIA PORTUGUESA 
Jl." Baco, esp. bazo 


No seu breve, mas táo sugestivo estudo sobre as denominacóes románi- 
cas do bago. H. Schuchardt (1) perfilhou sem reserva, a pág. 169 ss., a 
etimologia que Goncalves Viana mencionara de passagem nas suas Ápos- 
tilas (1, p. 173) a propósito de uma nota sobre o trasmont. bubela < 
UPUP-ELLA (e como exemplo da apócope de um 0): *OPACIUS (*oPA- 
CcEus), explicacáo que Meyer-Libke, REW* 6060, qualifica de ““duvido- 
sa” (2), Volta a referir-se a esta etimologia Carolina Michaélis no seu Glossá- 
rio do Cancioneiro da Ajuda (*?, onde se lé, a seguir á alcunha Baco: ““opa- 
cius, comparativo de opacus”. Observaremos que náo foi este o pensamento 
de Schuchardt, o qual tinha em mente uma derivagáo “OPACEUS, comparável 
a cacruleus, de caerulus, e náo o comparativo de OPACUS, que por motivos 
óbvios mal entra em linha de conta. Anteriormente aos eruditos citados, F. 
Diez admitira, na sua Crammatik (1, 217), ser BADIUS “baio” a origem 
do termo controverso, étimo que figura ainda na 6* edicáo do Manual de 
gram. hist. esp. $ 53,3: “badiu, además de bayo, dió baco *de color mo- 
reno' ”, servindo de ilustragío a uma pretensa dupla evolugáo do grupo -di-, 
que se manifestaria igualmente em raya / raga, de *RADIA, Porém, é de 
notar que, além de a filiagío de raga em *RADIA náo estar cabalmente de- 
monstrada (cf. a este respeito REW 3 6999), o termo latino BADIUS tem 
um caracter pronunciadamente técnico, sendo usado quase exclusivamente 
em relacáo Á cór respectiva dos cavalos (*. Acresce ainda, que uma evo- 
lucáo divergente, do tipo representado pelo esp. raca, levaria, em portugués, 


(0 Zu den romanischen Benennungen der Milz, in Sitzungsberichte 
der Kónigl. preuss. Akad. der Wissensch, 1917, VIIL, pp. 156-170. 

(22 Devemos confessar que náo alcangamos plenamente o sentido da 
sua argumentacio: “da man aspan. bazo, nicht baco, pg. bazo erwarten 
miisste””, por demasiado concisa. 

(3) Sep. da Revista Lusitana, XXI (1921). 

(4) Figueiredo traduz baio com o sentido de “que tem cór de oiro 
desmaiado; amarelo torrado; amulatado”. 


Apontamentos de etimología portuguesa 229 
para “bajo (conforme com pojo, de PODIU, a par de poio), mas difícilmente 
para baco, 

No que toca á etimologia *OPACEUS, proposta por G, Viana, Schu- 
chardt e C. Michaélis, quer parecer-nos que tem também alguns pontos 
fracos. Um está no facto de OPACUS, que significa de uma maneira geral 
“sombrio”” (UOCANTUR UMBROSA, Festo; cf. o Dicionário de Ernout- 
Meillet), nunca se usa em sentido figurado —contráriamente ao que su- 
cede com OBSCURUS— quando o adj. baco / bazo implica um matiz bem 
definido na escala das córes. 

Outro aspecto do problema, que nos solicita, é este, Os defensores da 
etimologia “OPACEUS partem do principio de que o adj. baco vem a ser a 
mesma palavra que o substantivo homónimo, procedendo este de aquele. 
Invocando um caso análogo, que se observa no árabe, onde o nome do 
baco, tihal, se prende com tahil “negro, turvo”, Schuchardt opta pela se- 
gunda das alternativas, admitindo até a possibilidade de a metáfora árabe 
("o escuro'”” = “baco””) ter fornecido ““o modelo histórico da forma inte- 
rior da palavra” (%. Porém, é de ver que nada impede, em princípio, que 
sigamos o caminho inverso, procurando no substantivo o modelo do adjec- 
tivo, e pensando em casos como o fr. rose, fraise, orange, mauve, quer dizer 
en nomes de córes tirados, sem qualquer modificagío, de nomes de objec- 
tos, hipótese cuja viabilidade o grande linguista expressamente admite (%. 

Entre as solucóes a encarar continua, por conseguinte, merecedora de 


atencáo a que procura em bago uma denominacáo original do orgáo res- 
pectivo. Ora, ao reler alguns trechos do Satiricon de Petrónio, feriu a nossa 


atencáo o termo HEPATIA, plural que, segundo Friedlánder e A. Ernout, 
a quem devemos excelentes edicóes e tradugóes daquela importante obra, 
significaria “fígados”” (7. A mesma forma ocorre ainda em Lucílio, Sá- 


(6) “Dass die Farbe das ist, was Adjektiv und Substantiv verbindet, 
leuchtet sofort ein; dazu benútigen wir das Arabische nicht. Doch wird uns 
dieses in der Annahme bestárken, dass das Substantiv auf dem Adjektiv 
beruht und nicht umgekehrt. .. und vielleicht uns zu der Vermutung anre- 
gen, dass das Arabische auch das geschichtliche Vorbild der inneren Wort- 
form geliefert hat” (p. 169). 

Sobre este fenómeno de “pseudomorfose”, quer dizer “los paralelis- 
mos expresivos, determinados por vivencias coincidentes”, ver as penetran- 
tes, embora por vezes discutiveis, consideracóes que ha pouco publicou 
AméÉRrico CAsTRO a pp. 65ss de España en su Historia (1948). 

(6) “_..obwohl ja “milzfarbig”” oder das '“Aussehen eines Milz- 
siichtigen habend'”” an sich ebenfalls eine Briicke bilden kónnte.. .” 

(mM Cf. cap. LXVI, p. 66 da edicáo “Les Belles Lettres” (1922). 


Preguntando Trimalquiio a Habinnas, o “servir” e marmorário, que re- 


230 J. M. PieEL 


tiras, e Apuleio, Apología, tendo sido identificada com o plural do gr. 
y mátiOV, termo poético e tardio, diminutivo de %mac, -atos “fígado” (19, 
Parece-nos agora lícito perguntar: Será aventurar-sé demais suspeitar de uma 
conexáo existente entre aquele termo culinário hepation, e o port.-esp. bago 
/bazo, quando a palavra fígado constitui um exemplo táo flagrante e cu- 
rioso de como se pode generalizar, como nome de um orgáo humano, uma 
expressáo nascida na cozinha? Com efeito, convem lembrar que os nomes 
románicos do fígado que deram azo a tanta discussío, tém a sua origem 
numa imitacáo do gr. CUKWTÓVY, OU seja FICATUM, *FÍCATUM, que significa 
a letra “recheado de figos””, expressáo que se referia A principio a animais 
(porcos, gansos, etc.) cevados com este fruto, e cujo fígado, em virtude 
desta alimentacío, atingia proporgóes consideráveis; cf. o belo artigo do 
FEW de von Wartburg. Este neologismo estranho conseguiu substituir-se 
totalmente ao termo corrente, JECUR (%, tendo quase o mesmo destino o 
seu sinónimo, de origem grega, HEPAR, do qual se conhecem apenas raras 
reminiscéncias, como o judeo-francés ebre “lobo do fígado” e ant. ital. epa 
*“panca”; cf. FEW, art. HEPAR. Ora, se aqueles dois nomes primitivos 
do fígado puderam cair em esquecimento, náo surpreende que o mesmo 
sucedesse com o do baco, ou seja LIEN (de pronúncia monossilábica, ao 
que parece), substituido pelo grecismo SPLEN(E), ANIMA, o germ. milzi, 


gressa de um festim, o que lhe tinham servido, passa este a enumerar todos 
os pratos que saboreara, entre os quais figuram hepatia in catillis, o que 
Ernout traduz por “des foies en caisse”. 

(72) O Thesaurus explica hepatia como sendo “iecuscula cocta bes- 
tiarum”, transcrevendo, além do passo do Satíricon, os de Lucílio e Apu- 
leio: 1? gizeria ni sunt (ou insunt) sive adeo hepatia; 2? si cocto pisci ven- 
trem rusparer, hepatia suffoderem (cf. ib. ¡ocinera) 

Referindo-se ao vocábulo no seu artigo Lal. (h)epar im [Romani- 
schen, in ZrPh 28, (1904), p. 436, Schuchardt fá-lo nos seguintes termos: 
«es konnten damit entweder “Leberchen'” (so úbersetzt Friedlánder), 
also etwa Hihnerlebern (iocuscula pullorum Apic.) gemeint sein oder 
Leberstiicke (etwa von der Schweinsleber, wie ital. fegaielli) oder endlich 
wie an einer Stelle des Apulejus gemeint sein muss, die Leber mit den 
benachbarten Teilen. Im dritten Falle ist es mit griech. %rata gleichbedeu- 
tend, sobald dieses nicht verschiedene Lebern, sondern die Eingeweide eines 
einzigen Tieres bezeichnet: %TATA, TOTO yivar bei Athenaeus und 
Pollux ist etwas áhnliches wie unser “Gánseklein”. 

(8) Inspira sérias dúvidas, como já tivemos ensejo de observar na Rev. 
Port. de Filologia, 1, 1947, p. 245, nota, a tese de Y. Malkiel (cf. Lan- 
guage, XX, 108-130: The etymology of portuguese iguaria) de que o 
port. iguaria procede de IECUR : IEQUARIA. Sobre esta palavra ver tam- 
bém M. L. Wagner, in Festschrift J. Jud. pp. 558 s. 


Aponlamentos de etimología portuguesa 231 


2), entre as quais náo se 


e metáforas como o fr. rqle e o port. passarinha ' 
vislumbra nenhuma que radique na cór específica do orgáo respectivo. É 
verdade que ignoramos o que teria significado origináriamente o tipo lexical 
gaulés *bísilos, que está na base do ant. prov. bescle e de outros vocábulos 
galo-románicos; porém, a valiar por formas análogas dos actuais idiomas 
celtas, deve tratar-se de um nome primitivo do fel; cf. FEW , art. “bisilos. 

Faremos notar que náo existe nenhum obstáculo de ordem fonológica 
que se oponha A derivacáo de baco / bazo de HEPATIQN. Basta para este 
efeito ter presente formas como bispo, de EPISCOPUS, ou ant. port. doma 
= edoma, de HEBDOMADA. Também o tratamento do grupo - fi - náo dei- 
xaria de ser normal. As dúvidas que temos sáo de outra natureza. Primeiro, 
importaria saber se é concebível que um termo, que significava originária- 
mente “fígado””, pudesse passar a designar o baco. Para dissipar esta 
objecgáo, poderiamos invocar a passagem de “fel”” para “bago”, que no- 
támos em *bisilos, bem como a de “fígado”” para “panca”, que caracteriza 
o referido ant. ital. epa. Seria fácil alegar mais exemplos; a metamorfose 
da nocáo “bago'”” para “pulmáo”, no ital. dial. (Perugia) milza “%, a de 
“baco” para “estómago” no fr. dial. (Gers) meuso, a de “rim” para “tes- 
tículo”” (no grego, latim, francés, árabe, etc.). Em vários dialectos o 
pulmáo recebe o qualificativo de “fígado branco”. O mais significativo dos 
testemunhos é, contudo, aquele que traz o próprio Schuchardt, quando ob- 
serva —sem especificar — que em certos idiomas o baco é chamado “fígado 
pequeno” (cf. pág. 168), o que vem a ser o mesmo que HEPATION (0%, 

Náo é nossa intengío impugnar a legitimidade da tradugáo de HEPA- 
TIA por “figadinhos”, “iscas””, a qual tem por si a etimologia da palavra, 
sendo certamente mais exacta que a de Gaffiot, que explica o termo por 
“intestins””. Porém, embora o baco seja hoje bastante desprezado como 
alimento humano 11?, náo é de excluir, a priori, a possibilidade de a culi- 


(M Eis alguns nomes dialectais peninsulares: astur. paxarella (Ace- 
vedo Fernández), astur. paxarineta “parte del hígado del cerdo que tam- 
bién se llama lengueta” (Rato, 147), Bierzo pajarita “bazo del cerdo” 
(García Rey, 122), pulgarejo “bazo de los animales” (ibd. 132), andal. 
chicharrilla ““pajarilla, bazo del cerdo” (ALC, Venceslada 133), Cespedosa 
almilla (Sánchez Sevilla, RFE XV, 166). 

(10) Cf. A. Zauner, Die romanischen Namen der Kórperteile, p. 6. 

(10) Refere-se Schuchardt, a p. 440 do seu estudo sobre HEPAR, A 
expressáo rumena dau-le-hicate, á letra “os dois fígados””, que numa can- 
tiga popular exprime a nocáo geral e imprecisa de 'entranhas, interior, 
coragáo”. Tenha-se também presente a locucáo portuguesa “ter maus fíga- 
dos”, com o mesmo plural e idéntica acepcáo náo anatómica. 

(11) É verdade que as classes pobres náo se podem permitir tal luxo. 


/ e 


232 J. M. PiEL 
nária romana fazer uso dele, p. ex. em forma de guisado (1?,,como se faz 
hoje dos pulmóes. O que importa salientar é que a hipótese de HEPATION 
ter tomado o sentido de “bago”, náo tem nada de inverosímil, e poderiamos 
mesmo pensar que foi a adopgáo de FICATUM como nome genérico do fí- 
gado que, tornando desnecessária a palavra na sua acepcáo primitiva, fa- 
cilitou aquele desvio de sentido, permitindo a especializacáo, no latim his- 
pánico, de HEPATION na significagáo de LIEN e SPLEN. 

No que toca ao adj. bago / bazo “moreno, trigueiro-pálido; embacia- 
do (olhos bagos)”; “de color moreno y que tira a amarillo”, designaria a 
cór específica do orgáo respectivo ou de quem sofre (ou se julga sofrer) 
dele (13). Estariamos em presenca de um caso que lembra o lat. VERMICU- 
LUS ““vermezinho”', que passou a denominar a cór vermelha correspondente 
á substáncia que dele se extrala. 


2: escassilho, escacilho, escago 


Segundo Cándido de Figueiredo, o termo escassilho, que significa 
“'pedacinho de coisa partida”, procederia de escasso, explicagío que á pri- 
meira vista náo parece suscitar reparos. Porém, se a examinarmos mais de 
perto, descobrir-lhe-emos duas deficiéncias, que a tornam suspeita. Á primeira 
está no facto de o sufixo -ilho ser normalmente incompatível com adjectivos; 
a segunda, na dificuldade que há em conciliar o matiz semántico de “pe- 
daco, fragmento” com a significacáo de escasso, ou seja *pouco, pobre, 
raro, avarento”'; cf, REW3, art. *ExCcARPSUS. A explicacáo do citado di- 
cionarista tem, como se vé, a seu favor apenas a identidade formal do tema 
das duas palavras, o que por si nada prova, porguanto ela pode muito bem 
ser o resultado da convergéncia de dois elementos latinos distintos. 


Nio é, aliás, preciso reflectir muito para se entrever uma etimologia 
que nos deixa mais satisfeitos. Referimo-nos a um, verbo *EX-QUASSARE, de 
QUASSARE “partir aos bocados” (fr. casser), intensivo de QUATERE '“'sa- 
cudir, partir ”,que grande vitalidade demostrou no solo da Gália, segundo 
se pode ver no FEW de von Wartburg, onde o artigo respectivo ocupa 


(12) Será necessário recordar as extravagáncias culinarias do banquete 
de Trimalquiio? 

(13) Convém lembrar aqui o nome da doenga chamada baceira (cf. 
também figadeira), uma “febre carbunculosa dos animais””, em alem, Milz- 
brand, bem como bago na acepcáo de “mancha da cara; roseta vermelha 
(naevus maternus) com que nascem algumas criancas” (Minho). 


Apontamentos de etimología portuguesa 233 
mais de onze colunas (vol. II, 2, pp. 1429-1434), e que deu ainda ori- 
gem a "QUASSICARE e *QUASSIARE. Esta última variante, precedida de EX 
está na origem do port. escachar “fender, partir, rachar ao meio” (9, ao 
passo que *QUASSICARE sobrevive, como se pode ver no art. 6941 do REW3, 
em cascar “bater, dar pancada'”” (2, Acrescentaremos que o termo escas- 
silho figura uma segunda vez, e com grafia menos certa, no dicionário de 
Figueiredo. Aludimos a escacilho ““pedrinha que se introduz entre duas pe- 
dras aparelhadas para melhor assentarem uma sobre a outra”. Ora, pare- 
ce-nos supérfluo lembrar que tais ““pedrinhas”” se obtém facil e normalmente 
do próprio aparelho das pedras empregadas numa construcáo, donde resulta 
que o vocábulo referido se poderia definir como “fragmento, lasca de 
pedra”, o que torna evidente a identidade de escassilho e escacilho. Existe 
ainda o provincianismo escago, que se explica por “adubo para as terras, 
feito dos detritos ou resíduos da preparacio de mariscos”. Tratando-se, 
como é lícito admitir, de mariscos triturados com a própria casca, lá temos 
outra vez a ideia fundamental de QUASSARE. 


No que toca ao modo de formacáo de escassilho, seria, em princípio, 
legítimo considerar esta forma como derivando de escaco, aliás escasso, e 
ver neste substantivo o lat. [Ex]QuAssus. Acontece, porém, que o subs- 
tantivo QUASSUS se encontra mal atestado (cf. o Dicionário de Ernout- 
Meillet), e que ¡só existem formas románicas que parecem filiar-se no par- 
ticípio perfeito respectivo, homónimo. É verdade que este se poderia ter 
novamente substantivado, mas mesmo assim preferiríamos admitir a exis- 
téncia antiga de um verbo portugués *escassar —-que porventura se usa ainda 
hoje regionalmente, sem ter sido recolhido—, o qual teria dado origem a 
escago e escassilho. Esta última formacío entraría, com efeito, num grupo 
de outras palavras, derivadas segundo o mesmo processo, ou seja, p. eX., 
atilho (de atar), escardilho (de escardar), cercilho (de cercear), estor- 
vilho (de estorvar), empecilho (de empecer), etc. Todas estas palavras 
sáo, como se vé, tiradas de temas verbais (contrariamente ao uso latino, que 
admitia o sufixo -ICULU apenas em palavras radicais que fossem substan- 
tivos), sendo a funcáo do sufixo a de indicar o resultado da acgáo expressa 
pelo verbo, ou um instrumento que serve para a realizar. Assim, atilho pode 
designar um conjunto de coisas atadas, ou um fio que serve para este efeito. 


(1) Adolfo Coelho aproximou-se bastante da boa etimologia, admi- 
tindo a base QUASSARE, a qual, porém, náo dá conta do - ch - de escachar 
que se explica normalmente como representando o grupo latino - ssi -, 

(2 Náo existe o menor motivo que justifique uma origem espanhola 
deste verbo, admitida por Meyer-Liibke, 


234 J. M. PiEL 


No caso de escassilho, a ideia nova trazida pelo sufixo seria, naturalmente, 
resultativa. : 

A genealogía das palavras que acabam de ocupar-nos apresentar-se-la, 
pois, sob o aspecto seguinte: 1” EXQUASSARE > “escassar; 2? + -ilho : 
escassilho; 3* posverbal: escago. 


3,7 espenda 


A palavra espenda designa a “parte da sela, em que assenta a coxa”, 
significagio que C. de Figueiredo abona através de um passo dos ““Sertóes”, 
de Euclides da Cunha: “O coronel... perdeu o cavalo que montava, atra- 
vessado por uma bala junto á espenda da sela”. Ao que parece, o emprego 
deste termo técnico limita-se, hoje, ao Brasil, tratando-se, porém, de um 
vocábulo antigo portugués, que Morais já extraíra da Crónica do Condes- 
tabre. O trecho, a que se refere, deve ser o que figura a pág. 153 da 
edicio de Mendes dos Remédios (Coimbra, 191 1), onde se lé *.. e de 
torre foy lancado huíí canto ...e lhe quebrou e esparapou toda húa es- 
penda da seela de hia mula em que hya”. A este exemplo podemos acres- 
centar mais dois, tirados do “Livro da ensinanga de cavalgar”, de D. 
Duarte: “E as spendas da sella ... sejam laaes que se nom aballem per 
de so as pernas”, e, mais abaixo: “E vejo agora cuslumar em estas sellas 
de Bravante langar as correas de cada strebeira per cuma das spendas...”. 
(cf. pág. 32 da nossa edigáo de 1944). Numa obra congénere, mas muito 
posterior, o “Iratado da cavallaria da gineta””, de Francisco Pinto Fa- 
uneco (1670), ocorre, a pág. 138, a variante espendoa, a qual, em tace 
das trés abonacóes antigas e da moderna de espenda, náo merece autori- 
dade suficiente para tornar verosímil a etimología EX-PENDULARE, que 
sugerimos numa nota aos dois passos citados do tratado de D. Duarte. Em 
espéndoa parece ter havido uma adaptacáo a vocábulos em -éndoa e -ádoa, 
como p. ex. améndoa e espádoa. 

Náo é seno muito natural, que C. de Figueiredo pensasse em expli- 
car espenda por pender, e nada obsta, teóricamente, que se interprete aquela 
forma como regressiva desta. Todavia, existe um aspecto do problema, que 
náo favorece este modo de ver. É que os continuadores románicos do lat. 
EX-PENDERE náo querem dizer o mesmo que o simples PENDERE, signifi- 
cando o ant. esp. espender, cat. espendir e ital. spendere: “gastar, des- 
pender, pagar” (como já sucedia com o seu protótipo latino), e náo “estar 
pendurado”. Acresce que, sendo concebível que se designasse como *'coisa 
pendente” aos loros ou estribos, náo o é tanto no que respeita aos prolon- 


Aponlamentos de etimologia portuguesa 235 
gamentos laterais da sela, as chamadas abas (fr. quart, alem. Blait), que 
constituem parte integrante desta. 

Estes senóes levam-nos a admitir outra origem de espenda, a qual 
estamos inclinados a buscar em EX-PANDERE “expandir”. Se esta forma 
portuguesa do verbo latino tem todo o aspecto de constituir uma voz erudita, 
náo quer isto dizer que náo existisse antigamente um descendente legítimo 
de EXPANDERE, ou seja *espander, *espandir, que se reflectiria no ant. es- 
pandudo “estendido', e espandidura '“espaco, extensáo de alguma coisa 
ou lugar”, formas que figuram, infelizmente sem abonaráo, no “Elucidá- 
rio”” de Viterbo, e que Figueiredo acolheu no seu dicionário, mudando-Ihes 
indevidamente a grafia com es- para ex-, como se se tratasse de neologis- 
mos. Note-se que a idela expressa por EXPANDERE condiz óptimamente 
com a feicáo das chamadas abas da sela, que vém a ser uma espécie de 
prolongamento, de ““expansáo” desta. 

A impressáo que se colhe do que acabámos de expor é, pois, que 
spenda está por um primitivo *espanda, posverbal de *espander, -ir, o qual 
teria adoptado a forma actual sob a accáo de pender devido a ter caído em 
desuso o verbo que lhe dera origem. 


4. - rapacona 
mí 
No glossário da linguagem dos pescadores de Vila do Conde, publi- 
cado no vol, 11 da “Revista Portuguesa de Filologia” (2, vem averbado o 
termo rapacona, nome da estrela do mar (Astereas Rubens). Esta estranha 
denominacáo apresenta-se, á primelra vista, como pertencendo aos nomes 
compostos do conhecido tipo fura-bolos, finca-pé, mata-mouros, etc. Esta- 
mos sem dúvida em presenga da mesma voz que o francés médio arrapecon 
(1556), mod. raspecon, que se usa nas costas da Provenca em relacáo a 
um peixe, achatado e pesado, cujo nome científico é uranoscopus scaber, e que 
vive escondido na areia, deixando livres apenas a boca e os olhos. A origem 
do escabroso vocábulo já foi explicada pelo dicionarista Oudin, que a este 
respeito escreve: quod! caput ob asperitatem, ad scalpenda muliebria pudenda 
accomodari possit (?, o que náo deixa de ser explícito. Sem querermos entrar 
em pormenores, observaremos que a citada palavra portuguesa testemunha 


(1D) Maria Teresa de M. Lino Neto, 4 linguagem dos pescadores e 
lavradores do concelho de Vila do Conde, in Revista Portuguesa de Filolo- 
gia, vols. 1-11. 

(22 Transcrito do Franzósisches Etymologisches Wórterbuch, de W. 
son Wartburg, artigo cunnus. 


236 J. M. PieL 
de antigas prácticas lúbricas da mesma natureza, o mesmo sucedendo com 


o termo minhoto rapaconichos, nome que em Arcos de Valdevez se dá a 


bombix processionaria, o bicho da seda; Rev. Lus. XXV, 197. 


5:74 tinca de 


Esta locucáo preposicional, usada, segundo C. de Figueiredo, no 
Minho, equivale a ““náo obstante, apesar de”. Embora a sua etimologia náo 
tenha ainda tentado nenhum dicionarista, afigura-se-nos bastante transpa- 
rente, Pensamos no verbo *TENTIARE “brigar, disputar” cf. REW?* 8652, 
que está na base do ant. fr. tencier, mod. tancer, prov. tensar, sendo deri- 
vado de TENTIO, -ONE, que certas glossas traduzem por táctc, quer dizer 
“tensíáo”'. De TENTIONE procede o port. tengáo “contenda, briga” %, e 
desta forma a derivagío tencociro '“que anda desavindo com alguém; tei- 
moso, pertinaz”. Se as aparéncias náo iludem, a forma minhota tinca esta- 
ria por tenga (representando o -¡- um - e - primitivo que muito se fechou 
sob a accíáo do - n- seguinte), substantivo regressivo de um verbo *tencar 
(ou *tencoar), que infelizmente náo estamos em condicáo de abonar, mas 
cuja existéncia náo deixa de ser verosímil em face do ant. entengar “entrar 
em discussáo; iniciar uma tengáo” (Cancion. Vatic. 14, 868, 914 e 966) 
e entenca “discussio”, “briga”” (ibid. 998), em espanhol entencia, entenza. 
A forma entengom é muito frequente, na antiga lírica portuguesa, no sen- 
tido do prov. tensó, tenzon. O postulado termo tenga náo teria, evidente- 
mente, nada que ver com o seu homónimo, que significa “pensáo com que 
se remuneravam servicos; ant. acto de ter”, que é um abstracto tirado de 
ter — TENERE. Escusado será insistir no aspecto semántico da etimología 
preconizada, porguanto a locucáo a finca de significaria, á letra, “em 
tencáo, em antagonismo com'”, o que náo deixa de condizer de modo fla- 
grante com a definigáo dada acima. 


J. M. PieEL 
Universidade de Coimbra 


(M1 O Elucidário de Viterbo transcreve uma disposigáo legal de D. 
Afonso IV, segundo a qual “qualquer que levantar volta, ou tencom per 
quelquer maneira em Concelho, ou per ante as Justigas, ou contra ellas: 
que as Justigas o matem porém...'”. É sabido que o ant. volta (de voL- 
VITA) queria dizer “desordem, tumulto”. 

Também a acepcáo jurídica de tengáo: “parecer escrito e fundamen- 
tado dos juizes de segunda instáncia, no julgamento de algumas causas”, 
entraria nesta ordem de ideias. 


RESEÑAS 


Bibliographie Internationale des Arts et Traditions Populaires - Internalio- 
nal Folklore Bibliography - Volkskundliche Bibliographie. Volume 
publié avec le concours de PUNESCO. Années 1939-1941. Ré- 
dacteur: Paul Geiger. CIAP (Commission Internationale des Arts et 
Traditions Populaires), 1949, XXVI - 273 págs. 


La presente bibliografía continúa la bien conocida Volkskundliche Bi- 
bliographie que por encargo de las sociedades alemanas de folklore había 
sido fundada en 1917 por John Meier y E. Hoffman-Krayer y con toda 
regularidad se publicó desde aquella fecha hasta la guerra. El último tomo 
de esta magnífica serie, que constituyó durante decenios una fuente de in- 
formación bibliográfica indispensable a todos los folkloristas del mundo, es 
el dedicado a la producción folklorística de 1935-1936, editado en 1941. 
La bibliografía de los años 1937-1938 será publicada bajo los auspicios 
del Prof. John Meier, veterano del folklore alemán quien terminará así 
después de tanto tiempo la labor abnegada y triunfal de poner en conoci- 
miento de los folkloristas el material bibliográfico de su especialidad. 

En cuanto a la forma de redacción, la nueva “Bibliografía Internacio- 
nal” adopta el sistema ya experimentado en los tomos anteriores. La re- 
dacta “bajo la dirección y responsabilidad de la CIAP” (según se dice 
en el Prefacio), el Dr. Paul Geiger quien durante muchos años ha sido 
el redactor-jefe de la Volkskundliche Bibliographie. Nadie como él está 
mejor preparado y será más eficiente para cumplir con las tareas biblio- 
gráficas de la nueva organización de postguerra. Sólo ha cambiado de nom- 
bre la publicación y es una innovación el empleo de dos idiomas distin- 
tos, el inglés para indicar las rúbricas y el francés para las sub-rúbricas 
en los capítulos, sistema extraño que inútilmente lesiona la uniformidad de 
la obra. 

Son 3183 las obras incluídas en la presente bibliografía. Ese número 
revela la ingente producción folklorística en el transcurso de la guerra y 
honra la obra del redactor y sus colaboradores. 

Por importante y expresivo que sea tal resultado y el gran valor que 
tiene para los cultores del folklore, hay que observar que no corresponde 


238 Reseñas 


exactamente a la afluencia bibliográfica de 1939-1941. Parece que la es- 
tructura de la nueva entidad y la urgencia de presentar al público la biblio- 
grafía que exigían los folkloristas han perturbado aquella escrupulosidad 
científica a la que se habían acostumbrado los lectores de la Volkskund- 
liche Bibliographie y que podría ser también la norma del sucesor. No in- 
sistimos en el hecho de que en la presente Bibliografía las indicaciones de 
reseñas, además de ser sumamente escasas, no parecen obedecer a un cri- 
terio determinado. Lamentamos, en cambio, la inexactitud (omisión del 
número de páginas) que se observa en la cita de ciertos artículos de re- 
vistas, como por ejemplo, en los números 1202, 1203, 1523, 2176, y de 
las obras citadas en el número 604, 642, 1315, etc. Limitando nuestras 
observaciones a la parte románica y sin aspirar a una enumeración exhaus- 
tiva haremos constar además la falta de numerosos trabajos que según 
nuestro parecer no merecen ser excluídos, 

El redactor de la sección portuguesa no ha registrado sistemáticamente 
los valiosos estudios aparecidos en los dos magníficos tomos del Congresso 
Nacional de Ciéncias da Populagáo en Lisboa, 1940. Tampoco aparece 
la revista Agoreana tan rica en contribuciones folklóricas (estudios del Dr. 
Silva Ribeiro, etc.) ; faltan también trabajos tan importantes como el de 
Orlando Ribeiro sobre el Pastorcio na Serra da Estréla (Universidade de 
Lisboa, Revista da Faculdade de Letras VIL, 1940/41, págs. 213-303), 
los artículos del mismo autor sobre Povoamento rural e regime agrários 
no Sudeste da Beira (en la misma revista VI, 1939, págs. 281-296) y 
Brandas e inverneiras em Castro Laboreiro (ib. 297-302) ; la obra de Alfr. 
Fernandes Martins, O esfórco do homem na Bacia do Mondego. Coimbra 
1940, f, 299 págs. (reseña en VKR XIV, 134-135); el interesante 
Boletim da Junta de Provincia do Ribatejo 1, 1937/40, 879 págs. y 
numerosos grabados (reseña en VKR XV, 357-358); el Lioro do Pri- 
meiro Congresso Agoreano. Lisboa 1940, f”, 723 págs. riquísimo en apor- 
tes folklóricos (entre otros el artículo tan instructivo del Dr. L. da Silva 
Ribeiro sobre Os estudos etnográficos nos Acóres, págs. 178-181: biblio- 
grafía completa), etc. 

En la sección española extrañamos (entre otras cosas) que no se 
mencionen publicaciones tan importantes como las de C. H. Vogeler, 
Spanisches Volkstum nach álteren Reisebeschreibungen 1760-1860. Ham- 
burg 1941, 228 págs.; el Tresor de la Llengua, de les tradicions i de la 
cultura popular de Catalunya de Mossen Griera; Fl. Lewis May, Hispanic 
Lace and Lace Making. New York, 1939, 417 págs. y 432 grabados; 
R. Matilde Anderson, Gallegan Provinces of Spain: Pontevedra and la 
Coruña. New York 1939, XVII —496 págs. y 682 grabados (reseña 


Reseñas 239 
VKR XIV, 131-132); además F. Kriiger, Die Hochpyrenáen C. Il. 
Hamburg 1939, 500 págs., 19 grabados, 68 fotografías. 

En cuanto a Francia el lector encontrará una bibliografía extensa en 
los suplementos bibliográficos que recientemente intercaló el Sr, A. Van 
Gennep en los últimos tomos de su Manuel de Folklore frangais contempo- 
rain. Nos limitamos pues a destacar algunas lagunas: A. Dauzat, Le village 
el le paysan en France; el estudio fundamental de Coirault sobre la can- 
ción popular; la obra de Giafferri sobre la indumentaria popular; el Album 
que ilustra el magistral trabajo del Sr. J. Robert sobre La maison rurale 
permanente dans les Alpes frangaises du Nord. Tours 1939 (véase la re- 
seña extensa publicada en VKR XIV, 313-319); la obra de L. Papy, 
La cóte atlantique de la Loire á la Gironde. Bordeaux, s.a. (1941); T. 
Burnand et J. Oberthur, Toute la Camargue. 2 vol. Paris 1939; etc. 

Opinamos que en los tomos posteriores debería prestarse cierta aten- 
ción a publicaciones referentes a la geografía humana y regional puesto que 
tales trabajos no .rara vez encierran materiales importantísimos para el 
folklorista. Esto vale, por ejemplo, para el libro de G. Chabot, La Bour- 
gogne. Paris, Colin, 1941, según puede desprenderse de la reseña publi- 
cada en VKR XV, 334-335, la magnífica obra de L. Papy ya citada 
arriba y el interesante estudio de J. Schmitthiisen sobre Das Luxemburger 
Land. Leipzig, 1940, 431 págs., no citados en la Bibliografía. Compá- 
rese también W. Hartke, Die ncueren Strómungen in der regionalen Geo- 
graphie Frankreichs. Sammelreferat. Zeitschrift fúr Erdkunde 1X, 1939, 
1-13, artículo que también falta en la Bibliografía. 

Merecen mención además la obra de B. Huppertz, [Ráume und 
Schichten báuerlicher Kulturformen in Deutschland. Bonn 1939, LV pá- 
ginas de bibliografía (1), 315 págs. de texto, 21 mapas ilustrativos; 
Br. Schier, Mom Aufbau der deutschen Volkskultur. Zeitschrift fiir deut- 
sche Geisteswissenschaft II, 1939, págs. 332-348 y otros trabajos de 
este gran folklorista; F. Steinbach y F. Petri, Zur Grundlegung der eu- 
ropáischen Einmheit durch die Franken. Leipzig 1939, 64 págs.; Hugo 
Bernatzik, Die Grosse Vólkerkunde. 1: Europa-Afrika. etc. Leipzig 
1939 y bibliografía contenida en el tomo II de esta obra; J. Nadler, 
Das stammhafte Cefige des deutschen Volkes. 4* ed. Miinchen 1941, 
247 págs., etc.; además tesis doctorales tales como E. Knapp, Volks- 
kundliches in romanischen Wetterregeln. Tiibingen 1939; K. Harms, Per- 
sonifizierungen im siidfranzósischen Sprachgebrauch. Ein Beitrag zur 
volkstiimlichen Namengebung. Hamburg 1939; hablando de estudios 
filológicos se nos ocurre también la obra de W. v. Wartburg, Die Ents- 


ichung der romanischen Vólker. Halle 1939 y la de B. E. Vidos, Storia 


240 Reseñas 


delle parole marinaresche italiane passate in francese. Firenze 1939, obras 
fundamentales que rebasan los límites de su especialidad. 

Citaremos por fin dos revistas que (además de otras) han escapa- 
do a la atención de la CIAP y que sin embargo presentan un material 
riquísimo tanto en sus artículos doctrinales como con respecto a la infor- 
mación bibliográfica: Deutsches Archiv fur Landes- und Volksforschung, 
Leipzig, y Volkstum und Kultur der Romanen, Hamburgo. 

Los países dispanoamericanos casi no están representados en la Bi- 
bliografía —buscaremos en vano los nombres de investigadores tan desta- 
cados como J. Alf. Carrizo, Ismael Moya, etc.—; este hecho es tanto 
más lamentable cuanto que están muy bien conocidos los progresos que 
Centro y Sudamérica han obtenido en el campo del folklore durante estos 
últimos años, 


F. KRÚUCER 


Wolfgang Kayser, Das sprachliche Kunstwerk. Eine Einfihrung in die 
Literaturwissenschaft (La obra de arte lingiúística. Introducción a la 


ciencia literaria). Editorial A. Francke A. G., Berna, 1948. 438 págs. 


Con el presente libro, el autor se ha propuesto introducir, conforme 
a sus propias palabras expresadas en el prefacio, en los métodos con los 
cuales se interpreta en todos sus aspectos una obra literaria. Con ello, se 
vislumbra, desde buen principio, el carácter eminentemente didáctico que 
prevalece en este extenso y enjundioso ensayo que concita la atención de 
todos los que estudian y enseñan la literatura a fin de capacitarse a sí 
mismos o a otros para una interpretación crítica de las manifestaciones 
literarias. Es una “introducción”, que procura los elementos básicos que 
componen la literatura, y por consiguiente, la manera de exponer del au- 
tor resulta necesaria y muy especialmente en la primera parte del libro, 
un tanto “académica”. Pero por otra parte, esta exposición comprueba 
elocuentemente la necesidad de concentrarse sobre los elementos forma- 
les y concretos del lenguaje poético, para poder llegar así a una visión 
más profunda, exenta de todo rodeo vago y subjetivista en la considera- 
ción de los diferentes géneros que integran el mundo de la literatura. El 
acento de la exposición del autor recae, pues, tal como lo sugiere el tí- 
tulo, en el término “lingilístico”. El lenguaje, en el más amplio sentido 


de la palabra y en todas sus manifestaciones expresivas desde el sonido 


¡Reseñas _241 
puro hasta la complejidad sintáctica, siempre constituye la base y el punto 
de partida de las reflexiones que el autor se propuso desarrollar para evi- 
denciar los problemas literarios y sus soluciones adecuadas. 

La obra de arte lingiiística, en sus manifestaciones aisladas y en la 
totalidad de sus componentes — y como veremos, no solamente idiomá- 
ticos —, determinó pues, la formulación del título, al que corresponde en 
un todo el claro y sugestivo desarrollo del contenido. A primera vista, 
este título sugiere una analogía extrínseca e intrínseca entre los problemas 
que Kayser estudia en su obra y los que expuso, hace 27 años, Emil Er- 
matinger en su libro La obra de arte literaria: Das dichterische Kunst- 
werk; Leipzig-Berlín, 1921. En efecto, ambos autores se ocupan de los 
conceptos fundamentales del juicio literario. Ermatinger los puntualiza 
hasta en el subtítulo de su libro — CGrundbegriffe der Urteilsbildung in 
der Literaturgeschichte —, y Kayser denomina las dos grandes partes de 
su obra Conceptos fundamentales del análisis y Conceptos fundamentales 
de la síntesis, respectivamente. Pero desde la aparición del libro de Erma- 
tinger, la ciencia de la literatura ha seguido su rumbo, y la diferencia 
entre ambas obras estriba, precisamente, en los términos “literaria” y 
“lingúúística”? que hacen patente la posición básica de los dos autores y 
que manifiestan, en cierto grado, las dos principales direcciones metodo- 
lógicas de la investigación literaria moderna: la ideológica y la morfoló- 
gica. Dos años después de la publicación del citado libro de Ermatinger, 
apareció Sustancia y forma en la obra artística del poeta, de O. Walzel, 
y desde entonces, el método de Ermatinger, desarrollado p. ej. por Emil 
Staiger, en sus Conceptos fundamentales de la poética, Grundbegriffe der 
Poetik (Zurich, 1946) — véase mi reseña en Boletín Bibliográfico 
1948, de la Sección Lengua y Literatura Alemanas del Instituto de Len- 
guas y Literaturas Modernas, Universidad Nacional de Cuyo, Mendoza, 
1948, págs. 120 ss.— se orientó cada vez más hacia una concepción 
dinámica y ontológica de la literatura que desembocó, efectivamente, en 
una Filosofía de la ciencia literaria (1930; primera edición castellana 
en 1946, editada por Fondo de cultura económica. México) que, como 
escribió su editor E, Ermatinger en el Prólogo (pág. WII), muy bien 
“podría convertirse durante cierto tiempo en la metodología dominante, 
si este tiempo mismo se sometiera a la influencia hegemónica de una con- 
cepción filosófica del mundo”. 

Frente a esta evolución de la historia de la literatura hacia una 
ciencia eminentemente especulativa está el sinnúmero de autores que con- 
sideran la literatura parte integrante de la lingilística y que interpretan su 
estructura morfológica y estilística desde el punto de vista puramente for- 


242 Reseñas 


malista que excluye importantes aspectos artísticos y conceptuales de la 
obra literaria. Los estudios estilísticos de algunos autores evidencian, en 
parte, esta unilateralidad metódica, siempre y cuando no lleguen a una in- 
terpretación profunda de las fuerzas dinámicas y la sustancia viva que 
originan e integran el arte literario, porque se agotan en una enumeración 
acumulativa de datos formales que no siempre son capaces de armoni- 
zar con las deducciones que hacen en sus escritos. Pero también el len- 
guaje poético es la vida, y parte integrante del modo de ser del hombre 
y de su cultura. Y el hombre como creador y portador de la cultura da 
expresión y forma a sus realidades conceptuales y anímicas en su litera- 
tura. Estas realidades deben ser estudiadas e interpretadas, si se quiere 
llegar a una comprensión integral de la obra artístico-lingiiística. 

En el libro que nos ocupa, Kayser ha tomado en cuenta esta uni- 
dad artístico-lingilística que integra la obra literaria; e igualmente com- 
prendió claramente los problemas fundamentales que derivan de aquella 
unidad entre espíritu y alma, por una parte, y lenguaje por la otra. Es- 
tos problemas abarcan la interpretación y la crítica de los géneros lite- 
rarios, la poesía, el drama, la epopeya, la novela corta y la novela. De 
este modo, la exposición metódica del libro se funda en la progresiva es- 
tructuración de los elementos lingilísticos y a] mismo tiempo, en la tri- 
plicidad genérica del tema, lo lírico, lo épico y lo dramático. Celebra- 
mos, en primer lugar, la constante consideración de las formas noveles- 
cas en los diferentes capítulos del libro, que el autor distancia en cada 
caso de su hermana mayor, la epopeya, contrariamente a Emil Staiger, 
quien en su nueva obra Grundbegriffe der Poetik (véase arriba) ignoró 
por completo la prosa novelesca y su autonomía formal y conceptual den- 
tro de lo épico, como lo expuse en Boletín Bibliográfico 1948, o. c., 
págs. 123 s. 

“Después de discutir cuestiones filológicas preliminares” — y sigo 
aquí las palabras de Kayser (págs. 5 s.)— “la primera parte describe 
los fenómenos elementales que se encuentran en las cuatro capas del con- 
tenido”” —- argumento, motivo, motivo conductor, y fábula —, “del ver- 
so” —desde los pies de versos hasta los fenómenos acústicos, con su 
ritmo, melodía y articulación —, “del lenguaje” — sonido, palabra, fi- 
guras retóricas, formas y períodos sintácticos— “y de la estructura” 
(formal) de los géneros literarios. Es natural que estos problemas sólo 
pueden ser presentados y solucionados a base de un abundante material, 
de un contacto vivo e intenso con la literatura, que no se agota en las 
fuentes literarias de un determinado círculo lingiiístico, sino que se ex- 
tiende a las más importantes naciones europeas, en el sentido de la crea- 


Reseñas 243 
ción artístico-literaria. Esta perspectiva horizontal y vertical a la vez, que 
incluye a las literaturas germánicas y romances y se interna también en 
las grandes obras de la época clásica, es indispensable para una defini- 
ción de los “conceptos fundamentales”? que llevan a una interpretación 
exhaustiva de los fenómenos formales como expresiones de una subjeti- 
vidad creadora. Un amplio panorama se abre así ante nosotros, que se 
extiende desde Alemania e Inglaterra hasta Italia (la antigua y moder- 
na), Francia, España, Portugal y los países ibero y angloamericanos, 
un horizonte universal que constituye el plano adecuado a las leyes ge- 
nerales que actúan en toda obra literaria; plano que también se conser- 
va en la segunda parte del libro que sigue a este análisis de los elemen- 
tos constitutivos del lenguaje y de la estructura genérica de la literatura, 
y en que el autor estudia los Conceptos fundamentales de la síntesis, “li- 
berando a los fenómenos básicos de su rigidez y aislamiento para refe- 
rirlos a los núcleos sintéticos de la sustancia, el ritmo, el estilo y el gé- 
nero”. Esto no quiere decir que el autor abandone, a través de los capí- 
tulos de esta segunda parte, el método analítico. Siempre se remonta a 
la obra literaria misma, al texto concreto y a sus componentes formales, 
para hacer evidente su trabazón interna y para derivar de ella el centro 
espiritual de la obra y la totalidad de los problemas y soluciones que con- 
tiene. También «quí, Kayser sitúa la obra en el “centro de sus conside- 
raciones”, sin que haya necesidad de acercarse a ella desde afuera, es 
decir, desde la concepción del mundo del poeta o de una época (págs. 
224 s.), o desde una perspectiva subjetiva del intérprete, quien siempre 
trata de “descubrir” en ella su propio modo de ser y con ello, soluciones 
que en realidad no expresan el objeto de su estudio, 

También en esta segunda parte es enorme la plenitud de soluciones, 
sugerencias, enseñanzas y planteamientos de problemas que presenta Kay- 
ser en el curso de sus exposiciones. No podemos ocuparnos de ellos en 
particular. Sólo mencionamos aquí brevemente el contenido de los cuatro 
capítulos de esta segunda parte en los que se estudia la literatura en su 
aspecto sustancial, como totalidad de problemas y soluciones que una obra 
contiene, en las cualidades rítmicas de su poesía y de su prosa, en sus eXx- 
presiones estilísticas como sustrato de la personalidad poética (Croce; 
pág. 289), y (cap. X) en la diferenciación estructural de sus géneros. 

Este último capítulo es importante porque en él el autor logra como 
resultado de su estudio analítico anterior una visión sintética de la lite- 
ratura, cuyas obras —como él mismo dice en otro capítulo (pág. 224) — 
*se gestan en las profundidades y se desarrollan con el concurso de fuer- 
zas a menudo inaccesibles para la conciencia del poeta”. El autor dis- 


244 Reseñas 


tingue claramente entre la lírica, la épica y el drama, como designaciones 
genéricas, y lo lírico, lo épico y lo dramático, como categorías naturales 
de la literatura (Goethe, Viétor) o, siguiendo el concepto de E. Staiger 
(o. c.), como “denominaciones científico-literarias para posibilidades fun- 
damentales de la existencia humana” (pág. 334; véase mi reseña en 
Boletín Bibliográfico 1948, o. c., pág. 122). De acuerdo con este prin- 
cipio el autor investiga las “actitudes” humanas dentro de estos géneros, 
pero es característico, que las relaciona inmediatamente con las “formas 
interiores” en que se traducen. Desde aquí, es decir, “desde la actitud y 
la forma interior, la interpretación de la obra capta la función de todos 
los demás fenómenos lingiiísticos tratados en los capítulos anteriores y 
desde esta perspectiva, reconoce la actuación común de aquellos” (pág. 
347). 

Y con ello volvemos a lo que hemos señalado anteriormente: el re- 
sultado más ponderable de las investigaciones de Kayser se cristaliza en 
el hecho de que el autor logra conciliar las dos grandes corrientes de la 
ciencia literaria de nuestros días que parecen oponerse irremisiblemente 
en sus métodos y conceptos sobre la esencia de la obra literaria, la ideo- 
lógica y la morfológica. La base de esta conciliación — lo repetimos — 
no es otra que la obra misma, que lleva en su seno las fuerzas pondera- 
bles e imponderables que trascienden hacia el lector e investigador. Pode- 
mos caracterizar el método de Kayser como método arquitectónico. Ana- 
liza la arquitectura, la estructura plástica exteriorizada en el lenguaje, 
para descubrir los medios de composición determinados por las leyes ar- 
tísticas de la obra y la intuición artística de su autor. El aspecto formal 
es decisivo para la expresión artística. El poeta o escritor es artesano y 
artista a la vez, y en este enlace sintético reside la medida para toda va- 
loración literaria, 

Partiendo de la obra artística misma, no en su situación cronoló- 
gico-histórica, sino como realidad estructural, Kayser la interpreta y va- 
loriza conforme a su carácter formal y sustancial. Y la armonía entre 
sustancia y forma (Walzel, o. c.; R. Petsch, Gehalt und Form, Dort- 
mund, 1925) es para Kayser el medio para penetrar en la esfera ínti- 
ma de la obra literaria, para lograr una “perspectiva interior” que nos 
conduce hasta su esencia, teoría que también en el campo de la inves- 
tigación literaria manifiesta la orientación decididamente clásica que 
se transparenta en nuestra cultura actual. 

No es, por cierto, una casualidad, que Kayser exprese con ello los 
conceptos y métodos seguidos por las ciencias literarias modernas. Los 
trabajos del suizo Staiger y ante todo del germanista alemán R. Petsch 


Reseñas 245 


— Die lyrische Dichtkunst; Halle, 1939. Wesen und Formen der Er- 
zúhlkunst; Halle, 1934; 2* ed., 1942. Wesen und Formen des Dramas; 
Halle, 1945 — confirman ampliamente la teoría de Kayser, cuyas de- 
rivaciones coinciden con los métodos modernos de investigación en la que 
la “forma de composición” es la llave para penetrar en la “esencia ín- 
tima” de una obra, como lo hizo resaltar R. Petsch en uno de sus últi- 
mos estudios sobre El Paseo Pascual en el Fausto de Goethe, publicado 
por esta universidad (en el tomo Goethe, Mendoza, 1949, págs. 101 ss.). 

Destaquemos finalmente la excelente bibliografía con que termina el 
libro de Kayser, ordenada según los títulos de los respectivos capítulos, 
libro escrito con estricio criterio científico, del que se ha publicado tam- 
bién una edición portuguesa: Fundamentos da interpretagáo e da análise 
literária. Coimbra, Ed. Arménico Amado, 1948. 2 vols. 

Con todo ello, la obra de arte lingúística de Kayser constituye el resul- 
tado de una labor filológica e histórico literaria esmerada y erudita, que 
tanto por su amplio material como por su profundo valor metódico es impres- 
cindible para todo estudiante e investigador de las ciencias literarias. 


A. DORNHEIM 
Universidad Nacional de Cuyo. 


Wilhelm Havers, Veuere Literatur zum Sprachtabu. Sitzungsberichte der 
Akademie der Wissenschaften in Wien, Philos.-hist. Klasse, 223, 
Band, 5. Abhandlung. 1946. 210 págs. 8*. 


El presente trabajo del conocido profesor de Viena recoge una gran 
cantidad de materiales sobre el tema del tabú lingúístico, conocido principal- 
mente después del artículo de Meillet sobre la interdicción de palabras. Es- 
critos ulteriores de Trost, Devoto, Bonfante, Oertel, Specht, Zelenin, han 
aumentado mucho la recolección del material, y lo que Havers realiza es 
una metódica clasificación del mismo. Se fija en los tabús motivados por la 
superstición o la religión, dejando los mucho más triviales que resultan de 
las convenciones y eufemismos sociales. Divide en dos grupos los temas es- 
tudiados: en primer lugar, los objetos de tabú, en segundo, los procedimientos 
de sustitución de los nombres tabuizados, 

El material procede principalmente de lenguas indoeuropeas, con abun- 
dantes referencias a las vecinas del ruso, tanto en el Cáucaso como en Asia 
central y septentrional. También del mundo islámico se recogen referencias, 


246 Reseñas 


así como de las lenguas románicas, De estas últimas menos; sin duda, en 
primer lugar, porque la más larga vida histórica de los pueblos que las 
hablan los sitúa más lejos de las condiciones primitivas en que se da el tabú 
lingúístico, si bien hay que añadir como otro motivo de abandono en la ex- 
posición que nos ocupa el que en general los romanistas no han atendido 
mucho, que yo sepa, al tema. 

Nos permitiremos, pues, alguna nota complementaria. 

Si bien, a primera vista, la interdicción del nombre del cerdo en la Pe- 
nínsula hispánica podría obedecer a razones de eufemismo social, es posible 
que en la variabilidad de los nombres y las perífrasis con que se designa 
este animal influyan motivos de tabú supersticioso. Bien sabido es que el 
cerdo es animal inmundo para los semitas desde antiguo (recuérdese el 
pasaje de San Lucas 8,32 s. en que los espíritus del endemoniado se alojan 
en una piara de puercos). La pérdida parcial del lat. porcus en la Penín- 
sula, a beneficio de otras denominaciones, en primer lugar el indígena cerdo 
(REWY 9616 b), que ha de comprarse con vasco zerri, urde, surde, que 
también significa 'cerda', con el doble valor de porca y de saeta, como 
en español, y luego otras denominaciones más o menos onomatopéyicas, y la 
aparición del apelativo marrano (REW 5721 c), tomado de la lengua 
religiosa de los árabes y aplicado a los judíos conversos que volvían a rene- 
gar del cristianismo más o menos en secreto, entran sin duda dentro de los 
hechos estudiados por Havers. En ciertas regiones (me consta de la pro- 
vincia de Burgos) se designa a este animal con la perífrasis uno de la vista 
baja; y acompañar su mención de una frase eufemística, aún hoy de uso 
general, está bien claro en el Quijote 1 2 donde se habla de una “manada 
de puercos (que sin perdón así se llaman)”. Posiblemente la sustitución 
de cerdo por chancho en América obedezca a los mismos motivos. El tema, 
quizá relacionándolo también con el cochino que acompaña en las repre- 
sentaciones populares a la imagen de San Antón, merecería ser considerado 
en relación con la doctrina del tabú lingúístico. Mi colega el Prof. F. 
Maldonado, salmantino, sostenía medio humorísticamente que el cerdo era 
animal sagrado en la meseta del Duero, como prueban los verracos de 
piedra que existen en Ávila, Salamanca, etc. y que la matanza en los 
campos y aldeas de la región perdura con rasgos en cierto modo rituales. 

Quizá encaja en el capítulo de la denominación de un animal median- 
te una voz extranjera el que en vasco el oso lleve un nombre celta, 
(h)ariz (cf. Pedersen, Vergl. kelt. Gramm. 11, 134; Tovar, Bol. de lá 
R. Soc. Vascongada 1, 1945, pág. 33), y a lo mismo obedecería el hecho 
señalado por Unamuno (cit. por Hiibner en los Monumenta Linguae Ibe- 
ricae) de que los pastores de Asturias llamen a la zorra (con una transfe- 


Reseñas 247 


rencia de sentido explicable) garcía (nombre hispánico que se relaciona con 
el vasco (h)artz). 

Al mismo orden de resto de sustrato que cerdo, corresponde la palabra 
zorra, que no ha sido desplazada por descendientes del lat. uulpecula. Y 
no otro es el caso del nombre, en tantas lenguas rodeado de tabús, de 
izquierda en las lenguas peninsulares, sin que quepa pensar en un simple 
préstamo vasco, como Havers, pág. 131, propone. 

Un buen ejemplo de palabra para designar deformidad corporal con 
el matiz indicado por Havers, pág. 96 s. es el esp. joroba, tal como ha sido 
explicado, concluyentemente del árabe hadúbba, por J. Corominas y R. 
Levy en estos mismos Anales 1, pág. 142 ss. y II, pág. 155 ss., respectiva- 
mente. 

La inversión que observamos en gr. opáño | p4oyavoy habría que 
pensar en relacionarla con las observadas (Havers pág. 120 ss.) en casos 
como toc. kántu lengua” por *tánku (=lat. dingua, ingl. tongue, etc.), ai- 
vamri ' hormiga” con metátesis de mr por rm que tenemos en gr. Bucal, 
Bórpal (Hesiquio, la grafía 8 representa F), y añadamos también en 


valmika (v. Schwyzer, Griech. Gramm. 1, 257). Así estaríamos en ca- 
mino de explicar la comparación que G. Marcy, Les inscriptions libyques 


bilingues. Cahiers de la Société Asiatique, París 1936, ha propuesto de 
ambas voces griegas con la raíz camítica fsk, que significa “sacrificar”. Que- 
dan desde luego detalles que explicar, pero limitémonos hoy a apuntar 
esta vía, recordando además que Havers, pág. 181 n. 4 indica el carácter 
tabú del plurale tanium opxyal. 

En la obra de Havers habría que corregir en la pág. 52 n. 1 (y en 
el índice de voces) que corvo, chifre, veado son palabras portuguesas y no 
españolas, El tabú de la palabra cuerno obedece a otros motivos que el de 
superstición (recuérdese por ejemplo Quevedo Buscón 1, 11). Y en cuanto 
a venado por ciervo o gamo, no creo que sea del todo (a pesar de D* Ca- 
rolina Michaélis) una sustitución de tipo interdictivo, sino más bien un 
paralelo de pescado por pez, muy corriente en español. hasta el punto de 
que pez ha desaparecido en muchas regiones de la lengua hablada. ¿No 
habrá aquí una expresión optativa del tipo (Havers, pág. 144) ár. lait 
“león”, con la significación primaria de “ojalá” que no esté aquíl” o de la 
perífrasis rusa tot skamenio bi “el que sea petrificado” para indicar al dia- 
blo? ¿O una expresión conforme al deseo de la fantasía (Havers 136), 
que hace designar en árabe a la caravana, aun en el momento de la partida, 
con la perífrasis de la que vuelve”? 

La lectura de este trabajo de Havers, en, el que se acumulan datos y 
sugerencias abundantísimos y bien clasificados, es muy recomendable para 


PE 
A 


248 Reseñas 


romanistas (1), y especialmente hispanistas, que encontrarían muchos más 
ejemplos que los aquí aducidos. 


A, Tovar 
Universidad de Salamanca. 


Gerhard Rohlfs, Romanische Philologic. 1. Teil: Allgemeine Romanis- 
tik. Franzósische und Provenzalische Philologie. Heildelberg, C. 
Winter, 1950. VII - 207 págs. 


El presente opúsculo del conocido romanista de Munich, que forma 
parte de una serie de Manuales publicados por la casa editorial Winter de 
Heidelberg —' “Winters Studienfiihrer”—, tiene por objeto brindar a los 
estudiosos una orientación general sobre los métodos y fines de la filología 
románica, delimitar sus límites y proporcionar a los lectores una idea de las 
múltiples tareas que le incumben. Es pues una finalidad científica y práctica 
a la vez —facilitar al estudioso informes y directivas— la que preside en 
Ja publicación de ese manual. Entendemos que el Sr. Rohlfs ha cumplido 
esa doble tarea con el arte pedagógico que le es propio y con el sentido 
crítico y la claridad que caracterizan todas sus investigaciones anteriores. 
Considerando el objeto de la colección de “Studienfiihrer”” el manual del 
Sr. Rohlfs nos parece pues perfecto, tanto en lo que se refiere a la dispo- 
sición tipográfica como a su contenido. Va a prestar grandes servicios no 
sólo a estudiantes alemanes (a quienes se dirige en primer lugar), sino 
también a la enseñanza de la filología románica en otros países. 

Según lo indica el título, el manual comprende las partes siguientes: 
romanística en general (págs. 6-42: historia de la filología románica, 
bibliografía general, el latín vulgar, lingijística romance, historia de las li- 
teraturas románicas, folklore), filología francesa (págs. 43-183: genera- 
lidades, lingilística, folklore, métrica, literatura) y filología provenzal (págs. 
184-197: época medieval, felibrige). Observaciones preliminares y exten- 
sos comentarios críticos de las publicaciones citadas en la bibliografía per- 
miten a] lector formarse una idea exacta del objeto y de las tareas de la 
filología romance, del estado actual de las investigaciones y del carácter 
y valor científico de las obras citadas. 

En cuanto a la selección de los datos bibliográficos el autor ha segui- 


(0 El Instituto de Lingúlística prepara una edición castellana del im- 
portante libro del lingiiista de Viena. 


Reseñas 249 
do el criterio siguiente: ““Parecíame conveniente desde el punto de vista 
pedagógico dar preferencia a publicaciones buenas y recomendables en 
lugar de citar libros o artículos anticuados o ya inútiles”. Claro que en el 
manejo de un material bibliográfico tan abundante y variado como el pre- 
sente, a veces debe decidir el punto de vista subjetivo. Yo, por mi parte, 
recomiendo admitir en la segunda edición del manual los títulos de los 
libros siguientes: H. Peyre, Qu'est-ce que le classicisme francais? Paris 
1942, 223 págs. (con bibliografía detallada). - L. Reynaud, L'áme alle- 
mande. Paris 1933, 283 págs. (libro que cuadraría perfectamente entre los 
citados en las págs. 46 y sigs. por su carácter comparativo). - M. Gram- 
mont, Petit trailé de versification francaise. Paris 1908, 142 págs. - M. 
Roustan, Textes frangais commentés et expliqués y otros manuales del mismo 
autor. - F. Brunot, La pensée el la langue. Paris 1926. - J. Brunhes, 
Céographic humaine de la France. Paris, 2 tomos (obra fundamental que 
no figura tampoco en la bibliografía de Brummer) y otras obras geográfi- 
cas —como las de Maurette, Toule la France; Cholley-Clozier-Dresch, 
La France. Métropole' et Colonies. Paris, J. B. Bailliére, s. a.; O. Maull, 
Frankreich, id., Frankreichs Uberseereich (Sammlung Goeschen), M. Hiirli- 
mann (en la colección Orbis Terrarum), E. Scheu (en Handbuch der 
geographischen Wissenschaften)— que seguramente encontrarán el interés 
de los estudiosos de la filología francesa y que valen bastante más que el 
libro de Saillens citado en la pág. 45. Lo mismo vale para R. von Ungern- 
Sternberg, Frankreich, Lebensraum und Wesen. Berlin 1937, 132 págs., 
etcétera. 

No concuerdo absolutamente con el juicio emitido sobre Neufranzó- 
sische Syntax de J. Haas al que el Sr. Rohlfs reprocha una terminología 
caprichosa (págs. 75-76) y menos aun con las observaciones que hace 
sobre la magnífica obra Le vers francais de M. Grammont (pág. 97). 


F. KrUcER 


Carlo Battisti, Avviamento allo studio del latino volgare. Collana di 
Grammatiche storiche neolatine dir. da C. Battisti. 1, Bari, Leonar- 


do da Vinci - Editrice, 1949. Lire 1200. 


En los decenios transcurridos desde la publicación de la “Introduc- 
ción” de Meyer-Liibke y de Grandgent, el estudio del latín vulgar ha pro- 
gresado tanto que se esperaba con impaciencia en el mundo romanístico 
una nueva exposición genera] y una valoración de los resultados obtenidos. 


250 Reseñas 


Una de las características del '“Avviamento” de Battisti es que, de acuerdo 
con los conceptos lingilísticos modernos, da una idea de la evolución de la 
lengua, empezando por el latín arcaico para pasar por la acción recíproca 
entre lengua literaria y vulgar y llegar hasta la diferenciación de los distin- 
tos idiomas neolatinos. En esta perspectiva de transformación continua están 
incluídos los efectos y las infiltraciones, no sólo de las otras lenguas itálicas 
sino también de los substratos griego, gálico, germánico, etc. De aquí que 
la lectura de este libro, excelentemente documentado, sea especialmente reco- 
mendada a los estudiosos de lingilística neolatina. 

En los capítulos de introducción sobre “Lingua letteraria e lingua par- 
lata”? y “Osservazioni generali sul latino volgare”” se hace evidente no sólo 
la excelente orientación dada por el autor sino también la dificultad de una 
definición coherente del tema. “Data l'estrema mutabilita del latino, che 
non fu mai una lingua strettamente unitaria nemmeno nell'etá clasica, € 
evidente che il concetto di latino volgare sfumi in alto verso la lingua lette- 
raria, inceppata e lenta nei suo movimenti evolutivi per i freni imposti dalla 
tradizioni e dai grammatici e tesa nello sforzo cosciente di allontanarsi 
dall'uso comune, cercando una rigenerazione della prosa nel ritorno al pri- 
mitivo e cedendo per l'imperversante retorica a stili artifiziosi; in basso, 
verso forme decisamente dialettali e magari verso il gergo”. Pero en un 
sentido convencional el latín vulgar se puede encerrar en el “periodo che 
va all'incirca da] 200 a. C. al 600 d. C.”. La comparación entre el latín 
vulgar del Appendix Probi y del glosario de Reichenau permite entrever 
una evolución acelerada en los dos últimos siglos del período antes citado. 

La exposición de Battisti sigue las categorías habituales de la gra- 
mática histórica: fonética (acento, vocalismo, consonantismo), declinación, 
el verbo y su flexión, rozando apenas las innovaciones sintácticas. En parti- 
cular, séame permitido hacer algunas observaciones. 

En lo que se refiere a la naturaleza del acento latino: “Non s'intende 
qui prender posizione sul preteso accento musicale del latino che si deduce 
senza motivi realmente convincenti da] noto passo varroniano citato da Sergio, 
de accentibus IV, págs. 525, 18... Basta rilevare che giá all'inizio del 
periodo imperiale la forma intensiva dell'accento prevale sull'accento musi- 
cale che, comunque, passa in secondo ordine” (pág. 91). El hecho de 
que el latín hablado, en el curso de su evolución, haya abandonado el 
acento de intensidad de la sílaba inicial desplazándolo a la sílaba acen- 
tuada, según las reglas clásicas (punto de partida de la evolución neolati- 
na), es un signo evidente de la acción recíproca de dos clases lingiiísticas 
distintas, es decir, de estratos rítmicamente diversos. El acento del latín 
literario y culto (la ley de las dos sílabas) y la métrica clásica fueron 


Reseñas 251 
ciertamente determinados por modelos griegos de entonación esencialmente 
musical: el ritmo cuantitativo era incompatible con un acento preponderan- 
temente intensivo. El acento de intensidad del latín vulgar sin embargo, se 
pudo mantener en su lugar en muchas palabras proparoxítonas. Esto vale 
particularmente para muchos topónimos de origen no latino acentuados en 
forma contraria a las leyes clásicas, como por ejemplo: Pésaro < Pisaurum, 
Ótranto, Táranto, Lépanto, Lévanto (cit. por Battisti en pág. 92) así 
como también para topónimos de origen gálico (cf. mi contribución a] Ho- 
menaje F. Kriiger, “Akzent und Synkope in der Galloromania”). Este 
hecho revela el influjo de diversos substratos que reforzaron el originario 
acento de intensidad nunca completamente abandonado por el latín vulgar 
(cf. Battisti pág. 91), con lo que se relaciona también la cuestión de la 
síncopa en el latín vulgar. 

Con el acento esencialmente intensivo en la sílaba inicial el ritmo debe 
haber sido descendente produciendo el debilitamiento de la sílaba final y 
la preponderancia de la sílaba media en proparoxítonos, como se puede 
observar en idiomas germánicos, y también en ciertos dialectos italianos 
septentrionales y franceses del noreste. De aquí que la síncopa de una 
vocal media debe ser considerada como el resultado del acuerdo entre un 
acento de intensidad descendente y uno fluctuante (preferentemente musi- 
cal, con un acento secundario en la sílaba final), como he tratado de de- 
mostrar en el artículo citado. Que los casos de síncopa del latín vulgar se 
deben a la acción recíproca entre el latín clásico ('correcto””) y el latín 
inculto se hace evidente por las oposiciones del Appendix Probi, las cuales 
corresponden al tiempo lento y al rápido del discurso. Así se explica tam- 
bién la falta de síncopa en el latín vulgar. Aún en el caso del sufijo «ulus 
no se trata de un cruce entre dos sufijos (por ej. oc - ulus y spec - lum 
de donde también oclus) como propone E. Richter (Beitr. $ 6), el Ap- 
pendix Probi prescribiendo “tabula non tabla” etc. Los ejemplos de esta 
clase como también parabula > *parabla, de donde, con metátesis posterior, 
esp. palabra, fabula > *fabla > *flaba > it. fiaba, pertenecen a una fase 
anterior, mientras que las formas clásicas restauradas tabula, parabula, fabula 
terminaron posteriormente en taula > it. tola, *paraula > it. parola, fr. pa- 
role, *faula > it. fola. Esto quiere decir que la síncopa todavía existía des- 
pués del cambio de -b- en -w- (Battisti $ 103; cf. entre otros las vacilaciones 
neolatinas de praebiter, Schiirr, ZRPh 1926, 712 s.). De aquí que se puede 
considerar como regla general del latín vulgar la síncopa de una vocal media 
después del grupo -aw- (contrariamente a Richter, Beitr. $ 11 A; cf. 
auica > auca, auciellus > aucellus, flavitare > *flautare, etc.) y encon- 
trar la confirmación en el it. chiavica que se explica por una errónea rein- 


292 Reseñas 

tegración *clávica por clauca (v. Thesaurus s. y. cloaca). Las oscilaciones 
entre -auí- y -au- tuvieron por efecto después también -aul- del perfecto, 
3* pers. sing., en lugar de -auit. Este estado de cosas explica también la 
existencia de dobles en las diversas lenguas neolatinas (f. fr. pouz y pouce 
de pollice, Batt. $ 60). 

El acento de intensidad del latín vulgar tuvo una importancia funda- 
menta] en la evolución posterior del vocalismo neolatino. De aquí las ten- 
tativas de atribuir la llamada “diptongación romance” de é en ié y de ó en 
uó “1 a un alargamiento de las vocales tónicas en sílaba abierta en latín 
vulgar. Sin embargo los romanistas debieron finalmente tener en cuenta los 
resultados de la fonética experimental según la cual los diptongos crecien- 
tes no son verdaderos diptongos (“pas prononcés d'une seule émission de 
la voix, comme les diphthongues décroissantes”': Grammont) y distinguirlos 
de los verdaderos, decrecientes, nacidos del alargamiento de la tónica, 
como he hecho en mi estudio sobre “Umlaut und Diphthongierung in der 
Romania” (Rom. Forsch. 1936, 275 y sigs. y 1928, 311 y sigs.). Los 
verdaderos diptongos decrecientes son propios de diversos idiomas neolati- 
nos y no de la Romania entera como se puede comprobar en el castellano 
y en el rumano, donde faltan. El conocido pasaje de Consentius (“quidam 
dicunt piper producta priore syllaba, cum sit brevis, quod vitium AÁfrorum 
familiare est"), aducido a menudo como prueba de un alargamiento de la 
tónica en sílaba abierta en latín vulgar, pierde todo valor al compararlo con 
ciertos pasajes de San Agustín (citados ya por Schuchardt, Vok. 1, 98 y en 
otros lugares) que revelan la confusión de las antiguas cantidades en el latín 
de Africa. También Battisti (pág. 43) aduce un pasaje de San Agustín, De 
doctr. Christ. IV, 3 (““afrae aures de correptione vocalium vel productione 
non judicant”) y está dispuesto a relacionar con esto las condiciones lin- 
gilísticas de la Península Ibérica, es decir, la existencia de ié, ué también 
en sílaba cerrada. Ahora bien, el único ejemplo latino de ¡é de é conocido 
hasta ahora, se encuentra precisamente en una inscripción de África: Dieo, 
CIL VIIL 1, 9181. Este ié no es ciertamente debido a un alargamiento 
anterior. Es, en cambio, una confirmación de mi teoría expuesta l. c., según 
la cual la “diptongación romance” de é > ié, ó > uó es un fonema de 
metafonía que debe atribuirse a los efectos de una -1-, - u- siguiente más 
o menos inmediata o también (en territorio galo-romance) de una consonan- 
te palatal. La extensión por analogía (fonética o morfológica) es un hecho 
posterior acaecido con distinta intensidad en los diversos idiomas. Esta 
teoría está comprobada por hablas como el romañés, donde la diptongación 


(1) Se trata de e y o abiertas. 


Reseñas 253 


por alargamiento en sílaba libre introducida en los casos no sometidos a la 
metafonía, ha tenido como resultado, también de é y ó abiertas, diptongos de 
crecientes (cf. mis '"Romagnolische Dialektstudien II). En este sentido, es 
decir, por lo menos como predisposición a condiciones todavía claramente 
conservadas en los dialectos italianos centro-meridionales, se puede atribuir 
la “diptongación romance” de é y ó al latín vulgar (cf. también mi ar- 
tículo “Die nordfranzósische Diphthongierung”” en Rom. Forsch. 1940, 
60 y sigs.). Estas observaciones sólo tienen por objeto atenuar el escepti- 
cismo de Battisti en $ 47. 

La conservación ulterior de - u - breve en su cualidad primitiva ($ 53) 
está comprobada por el efecto metafónico en los dialectos italianos centro- 
meridionales y de otras partes, pero también por diptongos y triptongos del 
fr. feu, Dieu, etc. 

La desaparición de - v - en failla, faentiae, paimentum, etc. ($ 91) 
se debe a disimilación por efecto de la labial inicial. 

La consonante labiovelar qu, que no forma posición en el latín clásico 
(con excepción de Lucrecio) se había igualado en el latín vulgar con el 
grupo kw (nacido de c + u en hiato, como por ejemplo en tacuif, vacua, 
etc.), según lo expuse en ZRPh 1921, 118: el Appendix Probi en “uacua 
non uaqua'”” censura la pronunciación bisílaba de la palabra, pero en “aqua 
non acqua”” la de qu como grupo consonántico (= kw). La pronunciación 
kw explica la absorción del segundo elemento por una u siguiente: coquus > 
cocus, equus > ecus, etc. ($ 48), 

La pérdida de la -b- en las desinencias del imperfecto ($ 201) 
habitual en rumano, no puede ser atribuída al latín vulgar, puesto que no 
sólo el ibero-romance sino también el galo-romance han mantenido -abam 
(con labialización de á en o en fr. -abam > oue frente a -eve en los dia- 
lectos franceses del noreste). 


207: fustis está documentado en CIL VI, 7470. 


FRIEDRICH SCHURR 
Universidad de Friburgo (Alemania) 


Carlo Battisti y Giovanni Alessio, Dizionario etimologico italiano. Fasc. 
12, diciembre 1948; fasc. 2”, enero 1949; fasc. 3%, febrero 1949. 
Firenze, G. Barbera. Letras A - atlastare, 


Todo lector culto de Italia advertía la falta de un diccionario etimo- 
lógico de la lengua italiana que pudiera dar aclaraciones y arrojar luz sobre 


254 Reseñas 


las palabras y su historia, apagara la sed de una sana curiosidad y diera 
al mismo tiempo los elementos de una orientación fundada en el conocimien- 
to de su desarrollo. 

Ya el sabio profesor Devoto en su artículo ““Dizionari etimologici” 
Pan, 1935, lamentaba el hecho de que a una acertada definición de la 
etimología, dada por B. Terracini, en la “E. 1.” no correspondiera un 
diccionario etimológico italiano, que constituyera el mismo instrumento y 
estuviera en el mismo plano que los del francés, alemán, inglés. 

Los diccionarios etimológicos de Zambaldi, Pianigiani, Levi, o son 
ya viejos o insuficientes o inseguros, o, en todo caso, no están ya al día con 
el adelanto de la lingiiística románica y general. El magnífico diccionario 
de Cappuccini-Migliorint y el de Zingarelli dan sólo una indicación etimo- 
lógica, pues es otro su interés principal y su propósito. El diccionario de la 
Academia de Italia quedó interrumpido en el primer tomo y, en todo caso, 
no es exclusivamente etimológico, aunque se confiara la etimología a un 
eminente romanista, cuya fama y autoridad es de primer orden: Clemente 
Merlo. La publicación del D. E. 1. acometida por dos excelentes sabios, 
Carlos Battisti y G. Alessio, es muy oportuna. 

El D. E. l., como lo declaran los autores en la ““presentazione”, 
está fundado sobre los principios más firmes de la lexicología etimológica 
moderna segura ya en sus procedimientos tras la publicación de los dic- 
cionarios de Ernout-Meillet, Walde, Bloch, de Gamillscheg, de Kluge, 
Goetz, etc. La exigencia de iluminar el camino de toda palabra en sus 
etapas principales está fuertemente sentida, aunque sea por ahora una labor 
inacabable por falta de investigaciones particulares. Vemos en el D. E. 1. 
que las palabras no se fijan en un cuadro de genealogía naturalista; más 
bien indicios históricos, aunque a veces demasiado sobrios, son los que arro- 
jan luz en la vida de ellas. Siguen los autores cada palabra en sus am- 
bientes especiales y varios, populares, literarios, técnicos, en los cuales 
aquella adquirió su estructura fonética y semántica a la vez. Sobrias notas 
nos dicen el lugar y el tiempo de nacimiento de las palabras y su ingreso 
en el léxico de la lengua. 

Los autores han querido, y con razón, subrayar un fenómeno cada 
vez más importante y en el cual a mi modo de ver, los lingilistas tienen 
que fijar su atención por los sabios consejos “normativos” que pudieran 
dar, es decir, el fenómeno de los términos de los ambientes técnicos, que 
constituyen las fuentes más vivas del enriquecimiento lexical y que ganan 
cada vez más por la difusión en la lengua común. Este fenómeno es común 
a las lenguas occidentales y constituye un elemento característico de ellas, 
que sirve para estrecharlas más y más. Hubiera sido mejor notar en el 


Reseñas 255 


D. E. 1 el área de difusión de los términos técnicos en las lenguas de cul- 
tura para poner más de relieve el fenómeno que las convierte en expresión 
de un tipo unitario de ésta. Queda igualmente subrayado el fenómeno 
contrario del enriquecimiento por el aporte a la lengua nacional de elemen- 
tos de los dialectos que, cayendo bajo la marcha de la lengua oficial, dejan 
sus huellas en la misma. La atención puesta en la anotación de los términos 
técnicos, limitada a sus capacidades de difusión, obedece al deseo de los 
autores de que el D. E. I. pueda servir de orientación. El hecho de que 
varias palabras, dialectales o casi dialectales, encuentran su lugar en el 
D. E. 1. es debido a la falta de prejuicios puristas y a la fuerte exigencia 
de los autores de registrar cuanto en sus investigaciones en el patrimonio lin- 
gúístico italiano han hallado necesario para documentar palabras vivien- 
tes en los dialectos, palabras que puedan arrojar luz en la reconstrucción del 
área románica, El. D, E. I. presenta además una notable investigación de los 
elementos mediterráneos, que sólo de poco acá han sido estudiados deteni- 
damente, entre otros, por los autores. 

El D. E. 1. puede, con los numerosos problemas que ha de suscitar, 
despertar el debido interés por la exploración lexical de determinados pe- 
ríodos, trabajo fundamental para poder llegar al gran diccionario etimo- 
lógico de la lengua italiana (V. Devoto). 

Es verdad que cualquier obra por perfecta que sea, presenta siempre sus 
reparos. Me extraña el hecho de que los autores no hayan aceptado en los 
fascículos que tenemos, el término, en verdad muy feliz, de “prefijoide”” 
para indicar un tipo característico de compuestos, que ha sido estudiado 
muy detenidamente por B. Migliorini en su artículo ““I prefissoidi”” Arch. 
Glot. lt. XXVII 1935, ahora en ““Saggií sulla lingua del 900”, 2* ed. Fi- 
renze, 1942. El término designa un fenómeno tan vital y tan difundido en 
las lenguas modernas de cultura, que su adopción me parece necesaria, y 
además evitaría la inadecuada definición de por ej. aero abbreviato da “aero 
plano”, cfr. auto “automobile”. La ilustración es insuficiente, pues no se da 
relieve a la vitalidad del fenómeno y a los matices semánticos que el pre- 
fijoide adquiere en la composición. Las mismas consideraciones se pueden 
hacer para el término “sufijoide”. 

Insuficiente me parece la definición semántica de a-3; hubiera esta- 
do bien dar relieve a la oposición viva que existe en la conciencia lingúís- 
tica italiana entre a— privativa e in— oponente: amorale, immorale. No 
se encuentra riqueza de notas para determinar los sufijos, su vitalidad, su 
extensión. Muy genérica e incompleta es la definición del valor semántico 
del sufijo -aggio... “serve a formare dei colleitivi astratti”. 

Merece un poco más de consideración el valor semántico de este su- 


256 Reseñas 

fijo bien difundido y determinado en su sentido. De desear sería ver la 
expresión v. if. merid. (voz del italiano meridional) sustituída por una in- 
dicación más exacta, aunque el diccionario no sea dialectal, de las regio- 
nes de difusión de las palabras. Lo mismo quisiera notar respecto de la 
expresión a. t. (antiguo toscano): es mejor indicar el siglo, cuando falten 
lindes precisos. 

No parece enteramente satisfactoria la desigual notación del área 
neolatina de difusión de la palabra y la ausencia de términos que arrojen 
luz en la prehistoria de las palabras. Sería bien que los autores vieran la 
posibilidad de indicar la zona de difusión de las palabras no solamente en 
su desarrollo neolatino, sino también en el indoeuropeo, aunque sea sucinta- 
mente, para que se ilumine mejor la historia de las palabras italianas, y más 
viva sea la oposición y la diferenciación entre mediterráneo e indoeuropeo. 

Me es grato terminar estas notas señalando la revisión cuidadosa de eti- 
mclogías tradicionales que ha permitido a los autores del D. E. 1. eliminar 
errores extraños, cuyo origen es inexplicable, y que, sin embargo, han pre- 
valecido y eludido hasta ahora la vigilancia de los sabios; y afirmando 
que el D, E. I. constituye en la lexicología etimológica italiana una etapa 
importante y necesaria. 


SALVADOR Bucca 
Universidad Nacional de Tucumán. 


Giovanni Alessio, Le origini del francese. Introduzione alla Crammativa 
Storica. Manuali di Filologia e Storia, Serie II, 2. Firenze. G. C. 
Sansont, 1946, 230 págs. 


El manual es, como se ve por el título mismo, una introducción a la 
gramática histórica del francés y cumple muy bien su propósito. 

A. traza con mano segura un cuadro sencillo y claro y al mismo 
tiempo rico y denso de factores, de los elementos y de las civilizaciones 
que concurrieron a la formación de la lengua de Francia. Una preciosa 
novedad distingue al manual y es el amplio examen de los elementos del 
sustrato mediterráneo, aunque todas las partes del libro se equilibren en 
un armónico conjunto. Son páginas vivas e interesantes destinadas a arrojar 
luz oportunamente sobre elementos de importancia notable que colorean y 
vivifican la historia de una lengua sin descuidar los factores varios que 
participan en su lejano origen. Es digno de mención el hecho de que por 
primera vez se encara en una obra de conjunto el problema del “sustrato” 
mediterráneo detenidamente. El primero fué el prof. G. Devoto, que, en su 


“e 


Reseñas 252 


“Storia della lingua di Roma” II rist. 1944, dedicaba el capítulo II p. 
37-69 a este problema, sólo precedido por Meillet en las pequeñas indi- 
caciones del “Esquisse”” y del “Apercu”. La explicación de esto se en- 
cuentra en el hecho de que en Italia han sido particularmente estudiados 
(véase Ribezzo, Bertoldi, Devoto, Gerola, Terracini, etc. y Véase también, 
bibliografía en el “manual” p. 171 -2) los problemas de los restos de 
esa lengua que se conviene en llamar “mediterránea” y se empieza ya a 
considerar en sus matices dialectales. La experiencia de las invstigaciones 
especiales del autor nos ha consignado pues un rico y claro resumen de los 
elementos mediterráneos en el francés, diferenciados en ligures e ¡ibéricos 
cuando ello es posible. Ricas de sutiles observaciones son las consideracio- 
nes sobre el “sustrato'” céltico y griego, y las que siguen sobre el latín 
vulgar, la diferenciación del latín provincial y el galo-romano. Igualmente 
clara y sencilla es la exposición de los elementos del ““superestrato”, aunque 
yo no comparta la opinión del autor de considerar como parte del super- 
estrato las palabras de origen árabe. El autor fija particularmente su aten- 
ción, aunque muy someramente, en el desarrollo del galo-romano hasta el 
antiguo francés para echar luego una mirada fugaz a los varios períodos 
incluso el moderno, de la lengua francesa. Está cuidadosamente considera- 
da la renovación lexica] del francés y analizados los préstamos de las len- 
guas clásicas, de los dialectos neolatinos de Francia, neocélticos de Breta- 
ña, de las lenguas románicas y no románicas. Consideraciones sobre los 
préstamos franceses en las otras lenguas, sobre la difusión del francés y 
sobre la ortografía concluyen el trabajo. Indicaciones bibliográficas, cómo- 
das listas lexicales y un índice analítico enriquecen el precioso manual. 


S. Bucca 


Universidad Nacional de Tucumán. 


Martín de Riquer, La lírica de los trovadores. Antología comentada. To- 
mo [: Poetas del siglo XII. Barcelona, Escuela de Filología, 1948. 
LXII - 482 págs. 


Ante todo hay que destacar una oposición: en Alemania se corre el 
riesgo de que desaparezcan los conocedores de la lengua provenzal, cuyo 
estudio, hasta la primera postguerra, era obligatorio para los romanistas 
principiantes. En cambio, en países de habla española parece iniciarse un 
renacimiento muy prometedor. Así, por ejemplo, E. R. Curtius que ocupa 
actualmente la cátedra de F. Diez en Bonn, pasa casi enteramente por 


258 Reseñas : É 

alto en su obra magna Europáische Literatur und lateinisches Mittelalter, 
la lírica provenzal, a la cual se pueden aplicar varias de sus acertadas for- 
mulaciones. Entretanto, Martín de Riquer, en la Universidad de Barce- 
lona, se ocupa intensamente de la poesía trovadoresca y, por primera vez, 
en Buenos Aires, Gherardo Marone ofrece a los estudiantes argentinos 
una serie de antologías provenzales imprescindibles para la mejor com- 
prensión de las obras de Dante y del cancionero galaico-portugués. 2 

Lo que el muy meritorio cancionero provenzal (Provenzalisches Lie- 
derbuch) de E. Lommatzsch representa para los aficionados alemanes a 
la literatura medieval, la actual Antología de M. de Riquer lo significa 
de manera fácilmente comprensible para los jóvenes romanistas hispánicos. 
En una rica selección que responde a un plan personal, nos brinda con un 
comentario 113 poesías, 20 “vidas” y 8 “razós”, pertenecientes a veinte 
trovadores y dos trovadoras del siglo XII. 

A los más antiguos poetas provenzales y también a algunos textos 
poco difundidos se concede amplio espacio y, se presta especial atención 
a las relaciones con las cortes en suelo español; por eso son presentados 
Lo Reis d' Aragón y Berenguier de Palazol, probablemente posterior a 
lo supuesto; además, Peire de la Cavarana, tan apreciado por los italia- 
nistas, y asimismo, la apasionada Condesa de Día y la poco original Aza- 
lais de Porcairagues. 

Como la conocida crestomatía de C. Appel, en la Antología de Ri- 
quer, se pueden estudiar todos los géneros importantes de la lírica proven- 
zal: vers, cansó, alba, pastorela, planh, sirventés, tensó, escondich, devi- 
nalh, ensenhamen, epistola y varios otros. Después de una caracterización 
biográfica e histórico-literaria de cada autor y poesía reimpresa se indica 
su bibliografía, la métrica y el esquema del estrofismo. Sigue el texto con 
traducción casi literal y notas de detalle. Como se ve el plan no puede 
ser más amplio y completo. Así la Antología es un modelo didáctico. Su 
autor es un conocedor profundo de la literatura provenzal y lo demuestra 
sobre todo en la valiosa introducción. Se tratan todas las cuestiones esen- 
ciales en cuanto al área lingúiística, origen y tradición, ideas y formas de 
las poesías trovadorescas, la formación y cultura de sus autores, sus rela- 
ciones con la Iglesia, su adhesión a diferentes corrientes literarias, etc. 

En cuanto a la complicada cuestión sobre el origen, Riquer se adhie- 


(1) Trovadores y juglares. [. Antología de textos medievales con tra- 
ducción, comentarios y glosario, por Gherardo Marone. Facultad de Fi- 
losofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, Instituto de Literatu- 
ra, Sección neolatina. Buenos Aires, 1948, 147 págs. 


Reseñas 259 


re en lo esencial a los resultados de las investigaciones realizadas por el 
malogrado Hans Spanke y D. Scheludko: la cultura eclesiástica “tanto por 
lo que se refiere a la retórica aprendida en las escuelas como a su técnica 
de versificación, derivada de la poesía latina sagrada” (p. XXVIID 
medieval, suministró a los trovadores los elementos externos de su arte que 
los secularizó y los adaptó a las formas y conceptos de la vida feudal 
del siglo XII Esta tesis tampoco es impugnada por Ramón Menéndez 
Pidal que no sólo, como Riquer pretende, recoge la opinión arábiga de 
Julián Ribera, sino declara explícitamente: “La lírica provenzal. pues, 
debió nacer tanto de la lírica popular cultivada por los juglares occitánicos 
como de los ensayos latinos de los clérigos; debió surgir de la vida misma de 
las cortes meridionales lujosas y festivas, donde la señora feudal ostentaba 
el más prestigioso atractivo para sus vasallos”, 

Cada crítico, por lo menos para mostrar su propia erudición, puede 
encontrar errores tipográficos, lagunas bibliográficas, variantes en los tex- 
tos, interpretaciones diferentes, omisiones en el comentario, trovadores que 
faltan o sobran —desearíamos algunas poesías más de Giraut de Bornelh 
y Bertran de Born—, otros puntos de vista para historia y crítica litera- 
rias. Pero todos los conocedores de la materia admitirán que Martín de 
Riquer ha cumplido con su propósito y brindado un libro muy útil a los 
estudiantes españoles de filología romance. Por eso mencionamos solamen- 
te al margen que, según nuestro parecer, una pequeña introducción con 
notas morfológicas (cfr. Appel) e indicaciones fonético-históricas no sería 
superflua. Podría agregarse, también, un vocabulario provenzal-español, 
aunque los alumnos catalanes del doctor Riquer entenderán fácilmente la 
lengua vecina. 

La obra pretende ser una manifestación de gratitud y de respeto 
hacia el Dr. D. Manuel Milá y Fontanals. Honra al inspirador como al 
autor, 

GERHARD MOLDENHAUER 
Universidad Nacional del Litoral. 


Poema de Fernán González. Edición, prólogo y notas de Alonso Zamora 
Vicente. Madrid, Espasa-Calpe, 1946. Clásicos Castellanos 128. 
XXXVII - 234 págs. 


El Poema de Fernán González es la glorificación épica del propul- 
sor y defensor de la independencia castellana contra leoneses, navarros y 
moros. Es lamentable, pues, el descuido que se advierte en su conservación. 


e 


260 Reseñas y Ñ 

Poseemos una sola copia, tardía e incompleta, mientras que a principios 
del siglo XVI existían aún cuatro manuscritos. Varios editores del siglo 
XIX y del XX publicaron parcial o totalmente esta obra preciosa por su 
contenido, aunque un tanto monótona por su ritmo y rima. 

Tal vez para conmemorar el milenario de la liberación de Castilla, 
el Doctor Alonso Zamora Vicente, actualmente Director de la Sección 
Románica del Instituto de Filología de Buenos Aires, nos brinda una nue- 
va y valiosa edición del Poema. La publicación de un texto como el de 
Fernán Conzález exige una dedicación severa, puesta de relieve por este 
editor. 

Zamora Vicente, minucioso fonetista y conocido dialectólogo, posee 
la “devoción por el detalle” (““Andacht zum Kleinen”) que ya ha ponde- 
rado Jacobo Grimm y que es indispensable especialmente al filólogo. Sólo 
el que ha editado textos medievales, como el que ahora se nos ofrece, sabe 
apreciar el justo valor de estos trabajos, por lo defectuoso de los manus- 
critos que nos han llegado. 

Aunque C. Carroll Marden presentó en su oportunidad todos los ele- 
mentos necesarios para la elaboración de un texto crítico del Poema y D. 
Ramón Menéndez Pidal los revisó y combinó con el talento a que nos 
tiene habituados, falta todavía la edición definitiva preparada ya por el 
maestro de la filología española y cuya aparición fué impedida por la 
guerra, 

Zamora Vicente se propuso ofrecer al que se acerque a la literatura 
antigua española un texto de fácil manejo utilizando el de Marden con 
las numerosísimas correcciones y conjeturas de Menéndez Pidal. Llegó así 
a restaurar el sentido, a menudo corrompido, y la métrica de muchísimos 
versos deformados por los copistas del siglo XV; pues éstos habían mo- 
dernizado con frecuencia las grafías y las palabras del siglo XHII, por no 
estar ya acostumbrados al idioma arcaico de la época del mester de 
clerecía. 

En la nueva edición se reúnen en la misma página el texto restau- 
rado, lecturas del manuscrito, discrepancias de Marden y, en muchos ca- 
sos, también de Janer, además notas aclaratorias y los pasajes correspon- 
dientes de la prosificación realizada para la Primera Crónica General que 
facilitan a menudo la comprensión del sentido de las estrofas o suplen las 
lagunas del único manuscrito, De este modo el lector curioso puede seguir 
y verificar la técnica empleada en la edición. Pero se suprime —y ya 
es mucho— todo lo superfluo para la normal lectura del verso cuya irre- 
gularidad, extraordinaria aún en la edición de Marden, fué reducida en 
gran parte. Sin embargo, quedan todavía irregularidades métricas que hasta 


Reseñas 261 


el presente no han podido ser resueltas, Al cotejar esta edición con la de 
Marden se echan de menos, de vez en cuando, corchetes que encierran las 
palabras restauradas en letras cursivas. 

Pero el mayor mérito del trabajo del catedrático de la Universidad 
de Salamanca, Zamora Vicente, reside en el comentario que evidencia ri- 
gurosos conocimientos lingilísticos, literarios e históricos y, además, una asi- 
dua frecuentación con las correspondientes obras de consulta. La introduc- 
ción resume hábil y claramente los resultados de las investigaciones reali- 
zadas hasta el presente por Marden, Menéndez Pidal y G. Cirot, las que, 
por cierto, aun darán lugar a otros estudios. En resumen: esta nueva edi- 
ción sirve de base y punto de partida para los que en el futuro pretendan 
agotar la materia. 

Marden reprodujo dos facsímiles que nos permiten proponer las si- 
guientes modificaciones: 252c colóquese rr[o]ydos; 253b conjeturamos, 
basándonos en la Primera Crónica General: [cobdiciaua ya] uerse con 
los moros [juntado]; 253c, el manuscrito dice rreygnar ay, Marden colo- 
ca (a)y. Aventuramos una lectura no totalmente satisfactoria: byen cuy- 
dava es(e) día [quel rreygnarie (<rreygnarya) el pecado. Este cuidar 
se construye en el Poema generalmente con de más el infinitivo, pero cfr. 
282c byen cuyadavan que nunca dellos seryen vengados, 299a Cuyde que 
se queria[n] contrra nos mejorar. Si admitimos con Menéndez Pidal que 
las coincidencias de la Primera Crónica General con la Crónica Arlan- 
tina dan lecciones en todo caso preferibles a las del manuscrito escurialen- 
se, hay que poner 254c caualgo en cavallo (Crónica Arlantina), cfr. 
225b (Marden) cavalgo (en) su cavallo. Pero el Poema y la Primera 
Crónica General coinciden en el epíteto buen, por eso: ¿caualgó [buen] ca- 
vallo? 254b falta en la Primera Crónica General y parece una añadidu- 
ra posterior. 254c en el manuscrito se lee partyose, por eso debería in- 
cluirse [abrios'] según la Primera Crónica General y Crónica Arlantina. 
Por la misma razón pondríamos también 576d [cuntiol'] (manuscrito: 
centesciole), 582b [en Cyruenna fuesen], 582d [pornían], 581d descifra- 
mos: el diablo ecigyento (o ege.gyento?) pensando en una derivación 
de hez, heces, heciento (¿en el sentido de hediondo?) 

Un estudio minucioso —no conozco el de G. Cirot publicado en 
BH XXX (1928), p. 113 y sgs.— descubrirá otros paralelos o con- 
tactos entre el Poema y la antigua epopeya francesa, el Poema y las le- 
yendas de la antigiiedad, el Poema y la Biblia. Compárese por ejemplo 
la eficaz ayuda de la infanta Sancha con la prestada por tantas prince- 
sas sarracenas a los héroes de las chansons de geste; o la extensa oración 
(105-113) para pedir el amparo divino estudiada en la literatura fran. 


262 Reseñas 


cesa por D. Scheludko; por fin, escenas análogas y otros detalles esti- 
lísticos. 

Un profundo análisis de la composición, iniciado por Zamora Vi 
cente, promete aún nuevos resultados. Lamento desconocer la tesis berline- 
sa de Isabel Freiin von Dyherrn, Stilkritische Untersuchung und Versuch 
einer Rekonstruktion des “Poema de Fernan Gongalez”, Leipzig 1937. 

Relacionar cavero con el provenzal (nota 45b) reclama un nuevo 
examen crítico. Raynouard y Levy citan cavayer, cavaer, caver. Si la mé- 
trica original del Poema fué siempre regular, el verso dodecasílabo exige 
cavero, pero en el manuscrito —según advierto-— figura sólo una vez 
(582c) con todas las letras caberos, generalmente abreviado ca, o cavalP'o, 
Nota 349c: ¿Dónde aparece un infinitivo ant. franc. visker2 Nota 352: 
la aclaración sobre Olivier puede dar lugar a un malentendido. Conviene 
consultar —también para Ogier— obras más modernas que la de Gautier. 

Tales sugestiones de ningún modo pretenden disminuir el mérito de la 
edición reseñada, antes bien es necesario subrayar cómo ha enriquecido la 
valiosa colección de Clásicos Castellanos. 


GERHARD MoLDENHAUER 
Universidad Nacional del Litoral. 


A. Griera, Bibliografía lingiiística catalana. Barcelona, 1947, 84 págs. 
Publicaciones de la Escuela de Filología de Barcelona: Filología Ro- 
mánica Í. 


La bibliografía presente es una continuación y un complemento de la 
bibliografía lingúñística catalana publicada por el mismo autor bajo el tí- 
tulo Le domaine catalan en la Revue de linguistique romane 1 (1925), 
35-113. Como en ésta el material bibliográfico va dividido en publica- 
ciones anteriores a 1900, fecha que señala poco más o menos el resurgi- 
miento de la lingilística catalana moderna, y publicaciones del 1900 hasta 
1946. Contrariamente al sistema empleado en la bibliografía anterior, que 
iba acompañada de extensas notas explicativas y observaciones críticas, 
el Dr. Griera se ha limitado en el repertorio presente a indicar por lo ge- 
neral los títulos “de las publicaciones lingilísticas más notables”, sin co- 
mentarlas. “Tales comentarios explicativos, reservados a determinadas pu- 
blicaciones, sin duda alguna habrían elevado la utilidad del libro para mu- 
chos lectores. Habría sido conveniente además por esta misma razón coor- 
dinar los títulos de las obras y los de las reseñas correspondientes, 


Reseñas 263 


Agregamos unos cuantos títulos que no deberían faltar en una nueva 
edición de la bibliografía: 

E. Seifert, Das Katalanische in den Werken von Friedrich Diez. 
Homenatje a Antoni Rubió i Lluch 1, 193-199. 

W. J. Entwistle, The Spanish Language. London, 1936 (págs. 82- 
105: esbozo de la lengua catalana). 

Fr, Carreras y Candi, El lenguaje valenciano. En: La geografía del 
reino de Valencia, págs. 553-764. 

R. Menéndez Pidal: Reseña sobre Griera, La frontera catalano-ara- 
gonesa. RFE III, 73-88. 

M. L. Wagner, Notes sur l'argot barcelonais. Barcelona, 1924, 106 
págs. (tan sólo se cita en la pág. 64 la reseña de Spitzer). 

Cels Gomis, Zoología popular catalana. Barcelona, 1910, 489 págs. 

R. Violant ¡ Simorra, El tragí popular al Pallars sobirá. Barcelona, 
1938, 101 págs. 

R. Violant i Simorra, La caca i la pesca al Pallars. Barcelona, 1935 
(separata de BCExcCat) 

S. Villarrasa i Vall, La vida dels pastors. Ripoll, 1935, 221 págs. 

J. Amades, Indumentaria tradicional. Barcelona, 1939, 103 págs. 

W. Giese, Wajffengeschichiliche und terminologische Aufschliisse aus 
katalanischen literarischen Denkmálern des 14. und 15. Jahrhunderis. En: 
Homenatje a Antoni Rubig i Lluch 1, 33-67. 

W. Giese, Lexikologisches aus katalanischen Texten des ausgehenden 
Mittelalters. ZRPh LXI, 126-134. 

A. Steiger, Contribución a la fonética del hispano-árabe y de los ara- 
bismos en el ibero-romance y el siciliano. Madrid, 1932; cp. F. de B. 
Moll, BDLICat XVI, 1934, 106-111. 

J. Corcmines, Mois catalans d'origen arábic. BDC XXIV, 1-81. 

Fr. de B. Moll, Comentari a un vell mot catala. En: Homenatje a 
Rubió ¡ Lluch II, 447-450. 

H. Hegener, Die Terminologie der Hanfkultur im katalanischen 
Sprachgebiet. Tesis de Hamburgo 1938, 71 págs. 

Faltan también los estudios de M. Thede sobre la Albufera (VKR 
VI, 210-273; 317-383), de W. Spelbrink sobre Eivissa y Formentera 
(BDC XXIV, 184-281; XXV, 1-143) y una referencia a Hochpyre- 
náen. Faltan también los numerosos artículos publicados en Miscellánia 
Fabra. Buenos Aires, 1943, No insistiremos en las erratas de imprenta 
que se encuentran: en algunos títulos y a veces también hasta en nombres de 


264 Reseñas 


autores (J. Moreira en lugar de Morera; Bulbena y Tosell en lugar de 
Tusell; Vilarrasa en lugar de Vilarasa; Joseph Huber en lugar de Karl 
Huber). 


F. KrUcER 


A. Griera, Tresor de la llengua, de les tradicions i de la cultura popular de 
Catalunya. Vol, VI (1941), 427 págs.; Vol. VII (1943), 288 
págs.; Vol. VIII (1945), 360 págs.; Vol. IX (1946), 248 págs. ; 
Vol. X (1946), 320 págs.; Vol. XI (1947), 431 págs.; Vol. XII 
(1947), 233 págs.; Vol. XIII (1947), 192 págs.; Vol. XIV 
(1947), 342 págs. Letras enfarinar - zurrel. 


Después de cuatro años de interrupción causada por la guerra civil, 
el insigne catalanista Monseñor A. Griera ha reanudado la publicación 
de su Tresor y en pocos años ha llevado a cabo la edición de una obra tan 
importante para la lengua y cultura de su país. ““Es algo providencial” 
-—nos dice en la Advertencia que precede a estos últimos tomos— “que se 
hayan salvado de las tempestades de la guerra los materiales de los siete 
tomos presentes” y nos cuenta en palabras conmovedoras las vicisitudes que 
sufrieron antes de ser rescatadas por su recopilador. Es en verdad un mila- 
gro que se hayan salvado los materiales contenidos en los presentes tomos 
mientras que numerosas colecciones recopiladas por Mons. Griera en el 
trascurso de su vida laboriosa —entre ellas las del Atlas Lingiístic de 
Catalunya— han sido arrasadas por la guerra funesta. 

El Tresor, cuya importancia ya señalé en una reseña publicada en 
VKR XII, 407-409, se basa en primer lugar en los materiales lexicográ- 
ficos recogidos por su autor en los años 1913-1926 por medio de cuestio- 
narios referentes a los diversos aspectos de la cultura material y espiritual 
de Cataluña: a la vida agrícola y los aperos, a la construcción de la casa, 
los utensilios domésticos y los quehaceres, a la flora y la fauna, a la trilo- 
gía de la vida y las fiestas del año, al tiempo y 'los fenómenos atmosféricos, 
a usos y costumbres. Es este aspecto etnográfico y folklórico que da al vo- 
cabulario, ordenado en forma alfabética, su carácter particular y su encan- 
to. Lejos de ser un simple repertorio de vocablos, el Tresor, como ya lo 
indica su título, presenta una fuente de información riquísima de la cual 
no sólo los filólogos sino también los folkloristas y los etnógrafos sacarán 
inmenso provecho. Vayan como ejemplos las frases matar el cuc “prendre 
el primer bocí al matí per a trencar el dejuni” que corresponde a cast. matar 
el bicho, francés tuer le ver, etc. o matar jueus con que se designa el acto 


Reseñas 265 


de hacer ruido con matracas en las iglesias el miércoles, jueves y viernes 
santo; vocablos tales como garba de la mestressa que designa la última gar- 
ba al segar los cereales y la que da motivo a bailes y cantos en honor de 
la dueña de la casa o el giro plantar el maig “plantar el mayo” que recuerda 
una costumbre antigua de muchos países actualmente en desuso. De los 
párrafos dedicados a pagar lUarrendament de Pera, vale decir pagar un 
cuartillo de grano al amo de la era después de la trilla (XI, 76), pagar 
el delme de deu = 'pagar la décima parte de la cosecha de trigo al señor' 
(XI, 76), al término a parts que significa el contrato según el cual se da 
parte de las frutas al amo (XI, 171), a partir — 'partir el grano de la 
trilla entre el amo y el conreador” (X1, 170), a terc = “la tercera parte 
de los frutos que se paga al amo de la propiedad” (XIV, 65) y talla = 
“bastón en el cual se notan, por medio de muescas, garberas o las quarte- 
res de la cosecha' (XI, 171; XIV, 10) se deducen fácilmente usos jurí- 
dicos que antiguamente se practicaban como formas primitivas de pago 
(“in natura”) y de contar. 

En cambio los capítulos foc “fuego” (VII, 175-188: foc de les 
ánimes, foc de Sant Isidro, foc de Sant Joan, foc nou = “fuego nuevo”, etc.) 
y el humo (VII, 268 y sigs.) dan motivo a importantísimas observaciones 
sobre el culto al fuego, fiestas populares y supersticiones. Ocupan un lugar 
de preferencia la veneración y el culto popular de los santos: al lado de la 
festa major detalladamente descrita en VII, 107-108, Sant Antoni (XIII, 
42-45), Sant Isidre (VIII, 357), Sant Jordi (EX, 58-61), Santa Llucia 
(IX, 226 y sigs.), etc. y sobre todo Sant Joan cuyo nombre está vincu- 
lado a numerosas costumbres: santjoanada “baño que se toma la mañana 
de San Juan' (XIII, 46), falla y foc de Sant Joan 'fuego de S. J.* (VII, 
183-187; 25) y otros usos practicados en la vigilia del santo (IX, 8-15). 
Merecen atención también las observaciones sobre los juegos infantiles 
(IX, 15-54) y, como ya queda dicho antes, las fiestas del año (Nadal, 
Reis, Cuaresma, Pascua, etc.). Para ilustrar el vocablo no le falta nunca 
el refrán y la comparación metafórica: recursos populares en los cuales 
tan claramente se manifiestan la experiencia del campesino, su actitud frente 
a la naturaleza y su sentir religioso. Predominan, como es de esperar, en 
el refranero y la fraseología popular del campesino catalán, el tiempo, la 
Huvia, los vientos (garbí, tramuntana, etc.), la luna (IX, 235-244), el 
sol, el relámpago, los meses y las estaciones del año. Son igualmente intere- 
santes las notas que se refieren a la siembra y a la cosecha. Aparte de 
este refranero agrícola tan rico y variado, lo que más ha dado motivo al 
enriquecimiento de la frascología popular son la familia (el padre, la ma- 
dre, el viejo, el padrino, el muchacho y la muchacha), ocupaciones como 


266 Reseñas 

el comer, actos significativos como el mirar, las cualidades físicas (el ojo, 
la oreja, el vientre, la nariz, etc.) y el fin de la existencia humana, la 
muerte y el morir. Mencionaremos también las numerosas expresiones ono- 
matopéyicas que tanto gustan al pueblo para expresar sus sensaciones: 
glic-glic, glec-glec, gloc-gloc, gluc-gluc, tric-trac, tris-tras, zis-zas, zic-zac, 
xip-xap, ringo-rango, ram-ram-ram, rum-rum, ruum, palarralxop, etc. y 
los gritos igualmente expresivos con que los paisanos llaman a su ganado: 
oix, oixque, osque, uix; r...rrt rrs, runt. ..té, rut. ..1e, rulx rul;rééec, ril- 
rit; guitx guitxel, guíx-gutx, estos dos últimos para llamar los cerdos. 

Escasean en el Tresor fórmulas sintácticas fijas que sin embargo no 
son menos características del habla del pueblo. He aquí algunas que nos 
han llamado la atención: Oi que sí que me farás aquest obsequi? (XI, 
17). - Avui has plorat; no fa que sí? (VIL, 1). - Qui cantant qui ballant 
passaven la vetlla = “los unos... los otros”, como en el ejemplo siguiente: 
Qui drets, qui asseguts tots menjaven (XII, 20). - Sí que anirem bé si 
no plou, fórmula que por el autor es explicada como expresión de duda (2) 
(XII 117). 

Sólo de vez en cuando el autor intercala observaciones etimológicas 
en el Tresor. En el capítulo dedicado a frare, vocablo con el que designan 
los monumentos megalíticos en forma de monjoia gigantesca, relaciona este 
vocablo con el topónimo Far (VII, 241). En Hochpyrenáen B 19 había 
propuesto en cambio una personificación de objetos, explicación que va 
corroborada por casos semejantes citados allí, por frare (='fraile') que 
en catalán significa también “montón de gavillas hecho de una manera es- 
pecial' (Dicc. Aguiló) y la variante frades que en Portugal significa mar- 
cos de piedra que se encuentran en fuentes y desembocaduras de calles 
(Tavares da Silva, Esbóco dum vocabulário agrícola regional, pág. 242). 
En cuanto a groansa, gruansa, gronsa 'tramoya del molino” (VIII, 205), 
explicados por Mons. Griera como derivados de gruar, hay que tener en 
cuenta las recientes observaciones de M. L. Wagner en Biblos XXIV, 265. 

Por fin una indicación de carácter técnico. Habría sido conveniente 
facilitar el manejo del Tresor por referencias mutuas en casos como sagó- 
segó, pielanga-pitanca, ralla-railla, reia-rella, renc-reng, etc. 

La obra que Monseñor Griera acaba de librar al conocimiento del 
mundo científico es una nueva muestra de su admirable laboriosidad y del 
espíritu verdaderamente benedictino con que nuestro antiguo compañero y 
querido amigo honra a la filología catalana desde decenios. El Tresor 
creado por él es un monumento que perdurará a través de los tiempos. 


F, KRUGER 


Reseñas 267 

María Josefa Canellada, El bable de Cabranes. Madrid, 1944. 376 

págs., 3 láminas, 26 figuras. Revista de Filología Española. Anejo 
XXXI. 


El bable de Cabranes forma parte del asturiano central. Colindando 
al N. y E. con el término de Villaviciosa, al S. con el de Piloña y al O. 
con el de Nava, el valle de Cabranes ha conservado hasta hoy día, debido 
a su aislamiento, una vitalidad excepcional en su dialecto y en sus cos- 
tumbres. Natural de esa linda tierra, la Srta. Canellada, discípula de Dá- 
maso Alonso, era más que ninguna otra persona indicada para recoger el 
acervo riquísimo que presenta su dialecto, completando así, después de un 
lapso de medio siglo, los informes contenidos en el hermoso vocabulario 
dialectológico que en 1896 C. Braulio Vigón recopiló en el cercano con- 
cejo de Colunga. 

Tiene el trabajo sobre el bable de Cabranes un carácter marcada- 
mente descriptivo; hasta falta una bibliografía asturiana que tan útil habría 
sido a los estudiosos. Describe la autora en la primera parte los rasgos 
característicos de la fonética y el sistema morfológico del dialecto, incluso 
la formación de las palabras. Dan una idea de conjunto unos cuantos tex- 
tos presentados en transcripción fonética y constituyen una nota agradable 
también las observaciones sobre rasgos típicos de la entonación, basadas 
en el estudio minucioso de quimogramas. Fundamenta la base de la parte 
gramatical el Vocabulario alfabético que ocupa la mayor parte del libro. 

Agregaremos unas cuantas observaciones de detalle, charlando con 
la filóloga de Cabranes sobre los temas filológicos y etnográficos que 
suscita el abundantísimo material presentado por ella, con el fin de desta- 
car el extraordinario interés que merece su estudio para investigaciones pos- 
teriores. Empezamos por una ligera corrección, pero llegaremos pronto a 
discusiones más substanciales. 

pág. 20. Está mal definido el cambio de pareceme > paime (paime 
que sí, paime que non (vocalización de consonantes) (1), Trátase más bien de 
la caída de la - r - intervocálica causada por el uso estereotípico del verbo. 
En otras partes del Oeste la fórmula ha sido más reducida aún: páme “me 
parece” en asturiano (Rato y Hévia) ; péce que = 'parece que” en el Al- 
garve (RL X, 99), peme en Maragatería y tierra de Astorga (Garrote 2 
288: < Peme que es la mesma >) y otras partes de la provincia de León 
(C. Morán, Por tierras de León. Salamanca, s. a., pág. 47, al lado de 


(D Habla de vocalización de la -r- también T. Navarro Tomás en 
el capítulo correspondiente de su Manual de pronunciación española, 


268 Reseñas 


pareme), pame en Cabrera (Garrote 288). Compárese también en el dia- 


lecto gascón sampá = “seguramente, al parecer” = ant. prov. com par 
(Coromines, Vocabulario aranés. Barcelona 1931, pág. 102) y trasmont. 
asséma 'parece-me” — “assenta-se-me' (RL XII, 111). 


pág. 13. Los diminutivos con ¡ acentuada en la última sílaba cierran 
la vocal o vocales anteriores: pequeño > piquiñín, probe > probiquín, etc. 
Por cierto que la palatalización puede ser debida a razones puramente fo- 
néticas. Pero parece que esta tendencia ha sido reforzada por el valor 
simbólico que corresponde a la vocal i como elemento diminutivo y afec- 
tivo, según se deduce de ejemplos como pequirriñin, piquirriñin, pequisrri- 
quin, etc. citados por la autora en las págs. 293, 300 y de los numerosos 
vocablos en que aparece el elemento -i- para insinuar la idea de pequeñez, 
pedazo chico etc.: chisco, chisquinho “pequena porcáo de qualquer coisa' 
Minho (Vieira Braga, Provincial. minhotos, pág. 19), chinchinho “peque- 
nino” Beira (RL XII, 312), chiquirriadas 'coisas sem valor” (Leite de 
Vasconcelos, Opúsculos Il, 344), pichingo, piñingo, miñingo, miñango 
“chico, pedazo chico" en argentino (E. Vidal de Battini, El habla de San 
Luis. Buenos Aires, 1949, págs. 342, 340; compárense también los ejem- 
plos citados por M. L. Wagner, ZRPh LXIV, 332-333), etc. 

pág. 300. Es interesante la diptongación de la vocal primitivamente 
átona en la partícula exclamativa ¡juasús! = *Jesús", frecuentísima en 
asturiano. La citan Gra-Rendueles, Los nuevos bablistas. Gijón 1925, 
págs. 89, 107 juasús, al lado de xuaxús, y Braulio Vigón juasús, al lado 
de josús. Encuéntrase también en la provincia de León (C. Morán, Por 
tierras de León. Salamanca, s. a., pág. 40). En el bable occidental apa- 
rece ¡jasus!, ¡josus! (Acevedo), en la parte Sur de León ¡Jasús, fiya, 
Jasús! (J. Aragón, Entre brumas. Astorga 1921, pág. 54), forma que 
parece ser bastante común en Portugal (RL XIV, 291; XXVIII, 232; 
Leite de Vasconcelos, Opúsculos 1, 25, 495; Estanco Louro, O livro de 
Alportel. Lisboa, 1929, pág. 245 jasu, sassu, saxu en el Algarve; Jasuis 
en los Azores, según Silva Ribeiro). En Galicia ¡asus! (Valladares); en 
hispanoamericano ¿Jasus!, ¡asus! (Battini, San Luis 202), y simplemen- 
te ¡sus! (Santamaría; J. V. Solá, Diccionario de regionalismos de Salta. 
Buenos Aires, 1947). 

Entre los fenómenos sintácticos mencionados en el tra- 
bajo presente hay muchos que, como es de esperar, son de carácter marca- 
damente occidental: el empleo de pronombres posesivos con artículo (pág. 
25: les nuestres tierres = port. as nossas lerras); la colocación enclítica 
de pronombres en casos como díxomelo “me lo dijo” (pág. 29) = port. 
“disse-mo'; la anteposición del pronombre personal al infinitivo: hay que 


¿eseñas 269 


lo vender 'hay que venderlo” (pág. 30) que se parece al port. “Náo tem 
interésse em os ouvir” = *No tiene interés en oirlos'; el empleo casi exclu- 
sivo del pretérito simple (pág. 33); la forma perifrástica del futuro: bo 
comer (pág. 33) = port. “vou comer”; el empleo condicional de en más 
gerundio: en non queriéndolo yo... “si yo no lo quiero” (pág. 35) que 
observamos igualmente en portugués y en judeo-español: port. em éle che- 
gando falar-lhe- hei “si él llega, le hablaré"; judeo-español en no sabiendo 
tomar, te bo a cortar la cabeza (M. L. Wagner, Konstantinopel, pág. 123) 
y, aunque raramente, en hispanoamericano: <En teniendo tu cariño con 
eso me mantendré > — “si tengo...', ejemplo que puede interpretarse 
también en sentido temporal (= “cuando tenga”), como los siguientes re- 
cogidos en la provincia de León: <<En habiendo patatas no hay porqué 
asustarse >. - <En pasando aquella peña encuéntrase un vallecito > 
(Guzmán Alvarez, El habla de Babia y Laciana. Madrid 1949, pág. 
265). Cp. <En allant A la gare assez tót, vous étes assuré d'avojwr des 
places >, ejemplo que v. Wartburg - Zumthor, Précis de syntaxe du fran- 
cais contemporain. Berne 1947, pág. 143 interpretan de la manera si- 
guiente: ““Lorsque le gérondif marque la maniére, il lui arrive de prendre 
un sens voisin de la conditionnelle”, 

Hay otros casos que parecen ser más bien propios del asturiano: 

pág. 277 note negación enfática, pág. 328 site afirmación enfática. 
Parécense estas formas a la partícula reforzativa rete en lugar de re-: 
< ¡Que no, y rete que no! - Que sí, y rete que sí > (RFE VIT, 319). 

pág. 36. La dislocación del adverbio de cantidad que presentan” los 
ejemplos siguientes tantu é caru que... “es tan caro que...', tantu é 
gúenu que ... 'es tan bueno que...” continúa un fenómeno bien conocido 
en los romances medievales; cp. Menéndez Pidal, Cantar de Myo Cid 1, 
419: tanto es linpia, ant. portugués muylo foy tarde (BFil, I, 51). Trátase 
de posición inicial afectiva. Ofrece numerosos ejemplos del antiguo español 
K. Pietsch, Spanish Grail Fragments. Chicago 1925, 11, 99-100. 

pág. 35. Es interesante la aglutinación completa de la conjunción 
que al adverbio casi, que se observa en el caso siguiente: casi que cuez “ya 
cuece casi” > ya cuez casi que. Encontramos el mismo fenómeno en galle- 
go: Casque tés razón 'Casi tienes razón con lo que dices” (Valladares), 
caseque, casque, quaseque y en extremeño: < Y pa sabel que esto es tuyo 
/ No es menestel dil (= ir) a” scuela, / Ni ojos cuasi jacin falta, / Se 
sabi cuasi que a tientas > (Gabriel y Galán I, 279), ejemplo que puede 
compararse con port, <O arado de garganta só é dominante nas primei- 
ras regióes mencionadas, onde é quase que o arado exclusivo >> (en un 
estudio etnográfico). El punto de partida hay que buscarlo en ejemplos 


270 Reseñas 


tales como: < Y casi que en nuestros días vimos y comunicamos y oímos 
al invencible y valeroso caballero don Belianís de Grecia > (Cervantes, 
Don Quijote. Clás. cast. IV, 287 donde el lector encontrará una rica do- 
cumentación del adverbio antepuesto enfáticamente); compárese franc, 
possible que, peut-étre que, etc. y el estudio instructivo que L. Spitzer de- 
dicó a port. quasi que, it. si che, no che etc., en sus Áufsilze zur romani- 
schen Syntax und Stilistik, Halle, 1918, págs. 85 y sigs. y 97 y sigs. 

Encontramos una aglutinación completa también en el siguiente ejem- 
plo chileno: <¡Eso contó si quel >> = “Es posible que haya contado eso" 
(Cavada, Chiloé, pág. 281). Supongo que se trata de sí que. 

El caso es pues algo distinto de seique = “sin duda, acaso” que en- 
contramos en la zona occidental de Asturias y de León (Acevedo; García 
Rey), en Galicia (Valladares s. v. séique, séica = "talvez, acaso") y en 
el Norte de Portugal: trasmont. seica = “dizem, consta”, seica mataram o 
Joáo “talvez mataron el Juan” (caso que ya traté en ZRPh LVI, 694). 
En estos últimos casos la conjunción que se ha agregado, como se ve, a 
un verbo. García de Diego, Manual de dialectología española, pág. 128 de- 
riva estas formas de se e que. 

pág. 31, 165. dellos, delles, dello = “algunos, algunas, algo” re- 
presentan un arcaísmo sintáctico que se ha conservado también en otras 
partes del Oeste. Pietsch, Spanish Grail Fragments MU, 161 cita el siguien- 
te ejemplo asturiano: <<Muchu tienen que estudiar les coses de la muyer, 
délles, son amargoroses, délles saben a miel >>. Garrote, El dialecto vulgar 
leonés hablado en Maragatería y Tierra de Astorga. Madrid ?, 1947, 
pág. 197 menciona: Da-i dello *Dáselo, dale algo”; Tien bien dello “Tiene 
bastante'; dello con dello. En cuanto al portugués arcaico véanse Silva 
Dias, Syntaxe historica portuguesa. Lisboa, 1918, $ 176 a 2 y Moreira, 
Estudos da lingua portuguesa, 1?, 77; Meyer-Liibke, Romanische Gram- 
matik TI $ 223. 

Es muy notable la incongruencia que existe en ciertos casos entre el 
género del sustantivo y del adjetivo postpuesto: carne tienro, miga crudo, 
piedra menudo, etc. (págs. 31-32). 

Sorprende la frecuencia con que aparece el sufijo - atu: roblatu “roble 
pequeño”, llabatu, llobatu “derivado de lobo", llebraiu “cría de la liebre”; 
pegaratu “cría de la pega”; cegaratu “corto de vista”, cuspiatu “salivazo', 
moñatu “excremento humano”, fisgatu “desgarrón”, resgatu “desgarradura', 
ñesgatu 'retazo de tela”, Tiene evidentemente sentido diminutivo y despectivo, 

El vocabulario que forma la parte central de la obra (págs. 
67-372) representa un inventario completo no sólo de la variedad lexicoló- 
gica que caracteriza el bable de Cabranes sino al mismo tiempo de la vida 


Reseñas 271 


espiritual y cultural que se revela en ella. Es riquísimo en matices, en voca- 
blos que complementan oportunamente nuestros informes sobre el léxico as- 
turiano y leonés, en palabras completamente desconocidas hasta ahora o que 
sirven para esclarecer problemas etimológicos de gran interés. Es, a mi 
juicio, el vocabulario más completo que hasta hoy día se ha publicado so- 
bre una región asturiana y uno de los mejores diccionarios dialectales que 
se han dado a luz en España. El esfuerzo que representa de parte de la 
autora un trabajo así, la circunspección con que ha observado la vida múl- 
tiple y variada que se refleja en las palabras y la exactitud de la descrip- 
ción de vocablos y cosas ilustradas en gran parte por dibujos y fotografías, 
merecen el elogio de los hispanistas y particularmente de los que saben por 
propia experiencia apreciar las dificultades de exploraciones de tal cate- 
goría. 

Citaremos algunos ejemplos para dar una idea aproximativa de la varie- 
dad de los materiales recogidos y del interés que presenta desde el punto 
de vista comparativo: 

pág. 237. gorupa “correa que pasa por debajo del rabo en los arreos 
de las caballerías", palabra que el Dicc. Ac. Esp. relaciona con germ. 
KROPF, pero que evidentemente deriva, según ya indicó el REW 4787, 
del germ. KRUPPA, por medio del francés. 

pág. 82. altafarra “correa de las caballerías, más baja que la go- 
rupa”, es una variante de cast. ataharre, de procedencia árabe, que se en- 
cuentra también en el asturiano occidental (Kriiger, Die Hochpyrenáen 
11153). 

pág. 231. gabita 'yunta de refuerzo que se engancha delante de las 
otras en cuesta arriba” es un vocablo (de origen oscuro) que en este senti- 
do y en el sentido primitivo de “gancho” se extiende a través de Asturias 
hasta Galicia (VKR V, 93, 94; Kriiger, Hochpyrenáen A II, 206). 

pág. 261. marañu = “montón alargado que los segadores van dejan- 
do en el prado", tiene una gran difusión en los dialectos occidentales (As- 
turias, Bierzo, León, Salamanca, Avila). Parece cierto que se trata de una 
especialización del sentido de cast. maraña = “maleza, enredo”, gall. ma- 
rañas = “madejas de hilo o estopa; enredos, trampas” (Valladares), según 
se deduce también de berc. enmarañao “se dice de las mieses cuando están 
revueltas y tiradas desordenadamente: Todo el pan está enmarañao” (Gar- 
cía Rey), port. maranho 'meio quilo de linho tasquinhado” (Tavares, 
Esbóco dum vocabulário agrícola regional. Lisboa, 1944, pág. 292). 
Prevalece pues la idea de trozos desordenados. 

La forma leonesa maratsu (Alvarez, Babia-Laciana) corresponde a 
salmant. marallo empleado en el mismo sentido al lado de maralla = “ma- 


272 Reseñas 
raña” (Lamano) y ast. barallu, al lado de marañu, montón de paya de 
erba, de llates de faba, sin excoyer (Rato y Hévia). 

Existe por fin en Asturias el tipo marayos (Bol. de la R. Soc. Geogr. 
Revista de Geografía Colonial y Mercantil XIV, 265: los segadores, al 
mismo tiempo que siegan, disponen la hierba en forma particular agrupada 
en montones bajos y muy largos que llaman marayos; enmarayar “deshacer 
los marayos', en Lanuces). 

La b. de ast. barallu citado arriba indica otra raíz parecida: gall. 
barallar “mezclar y revolver unas cosas con otras', maraballar *revolver, 
mezclar, reunir en montón los residuos y ramaje menudo de los árboles”, 
maraballa “toda clase de hortalizas estropeadas y hierbas; trozos menudos 
de ramaje” (Carré Alvarellos), astur. esbaraxar “confundir” (Rato y Hé- 
via), etc. 

Es interesante la metáfora maraños — 'nubes largas y paralelas” que 
encontramos en el Bierzo (García Rey) y que evidentemente debe su ori- 
gen a los maraños extendidos en forma paralela en los prados. 

Casi me inclino a creer que hay que relacionar también con maraño 
el vocablo maragouzo “meda pequeña que se hace en la misma tierra en 
que se recoge el trigo, con gavillas, en cuanto éstas se van atando” del ba- 
ble occidental (Acevedo - Fernández). Trátase, como se ve, de la meda 
en su forma rudimentaria, como los mismos maraños de hierba. 

Hay que averiguar la etimología de la voz que parece ser prelatina. 
Es inadmisible la presentada por A. Roseira, BFil MI, 277: INVOLU- 
CRARE ”. 

pág. 260. maniega, -u “cesta grande sin asa”, vocablo típicamente 
asturiano y que abarca también partes de León (Maragatería, Cabrera) y, 
en forma gallega, partes del Bierzo (A. Fernández y Morales, mego 'ces- 
tillo con asa sobre la boca”), La forma grande de la maniega y la dificultad 
de manejarla habrá dado origen a la acepción maniega = 'cosa grande y 
estrafalaria” que encontramos en leonés (L. Getino, Revista del Clero 
Leonés VI, 219). En cambio salmant. maniego 'fácil de manejar” (La- 
mano), forma que corresponde perfectamente a mañego “cestito de mimbre 
que llevan las mujeres al brazo; cesto empleado para la vendimia” citado 
por García Rey. En todo caso se trata de un derivado de MANUS no 
registrado todavía en el REW. Compárese por fin maniega 'la vaca que 
sólo puede uncirse a una mano” en el NO de León (Guzmán Alvarez, Ba- 
bia -Laciana). 


1) Desconozco el trabajo de Y. Malkiel sobre “maraña” publicado en 


BHi L, año 1948, N* 2, 


Reseñas 273 


pág. 346. taramingu “columpio; cualquier cosa que está prendida 
mal segura, como una rama desgajada, que no se acaba de caer, 1a- 
ramingar “oscilar, estar colgando, balancearse', taramingarse “columpiarse”. 
Todos estos vocablos denotan muy bien el valor expresivo de la raíz tara. 

pág. 366.  xingadiella — columpio” es también forma onomatopéyi- 
ca, derivada de xingar al lado de xiringar y berc. acingar “mecer, colum- 
piar” (A. W. Munthe, Anteckningar, pág. 92) y a la que se parece bas- 
lante cast. jinglar “moverse de una parte a otra colgado, como el columpio” 
(Dicc. Ac. Esp.). Presentan variantes pingar 'balancearse dos individuos 
sobre un madero” (H. Alcalde del Río, Contribución al léxico montañés, 
pág. 18 con dibujo) gall. chinchar y port. chinchadeiro, chincháo, chin- 
chiño, chinchom en portugués (RPFil 1, 474, 56). 

pág. 245. llabatu, llebatu, llobatu “pedazo de terreno que queda sin 
labrar en una tierra” representa evidentemente una animalización, según se 
deduce claramente de los ejemplos siguientes: loba en el Este de la pro- 
vincia de Lugo = “gleba que se va formando al arar, faja de tierra no 
cultivada entre dos campos” (Ebeling, VKR V, 64 nota); 'pedaco de 
terra que ficou por lavrar' Alentejo (J. A. Capela e Silva, 4 linguagem 
rústica no concelho de Elvas. Lisboa, 1947, pág. 112; cp. RL IV, 65); 
“terreno junto ao pé da oliveira que tem de ser cavado na ocasiao das 
lavras, por náo poder alí chegar a charrua ou o arado” Alentejo (RL XV, 
108); lobada, alobado “lomo de terreno no removido por el arado entre 
surco y surco” Segovia (RDiTrPop II, 622, 598); lobada “lomo entre 
dos surcos” Murcia (García Soriano); exactamente el mismo significado en 
catalán: llop 'clop de terra que ha quedat sense remoure o conrear'; fer 
llobada “fer una falta, p. e. llaurant o cavant deixar un tros sense llaurar” 
(Griera, Tresor; Dicc. Aguiló). Tiene más difusión todavía llobada, lou- 
bata, etc. = “montón de hierba' (compárese Kriiger, Hochpyrenáen C 1I, 
428). Respecto a la explicacación de la metáfora véase W. Schultz, Die 
Tiere in der Namengebung der siidfranzósischen Mundarten. Tesis doctoral 
de Hamburgo, 1938, pág. 14. 

pág. 304. potru "banco de trabajar los madreñeros', otra metáfora 
que corresponde perfectamente a burro empleado en el mismo sentido en 
la provincia de Lugo (VKR V, 64), 

pág. 336. facé sestaferia, sestaferiar = “arreglar los caminos, po- 
dar, empedrar y limpiar, trabajos que hacen entre todos los vecinos los 
viernes. Demuestra este ejemplo y el caso análogo citado por García Lo- 
mas pág. 319 y Rato y Hévia s. v. sextaferia que el sistema enumerativo de 
los nombres de los días de la semana se ha conservado hasta hoy día en una 
vasta zona que se extiende desde Portugal y Galicia hasta Asturias y la pro- 


274 Reseñas 


vincia de Santander, aunque en estas últimas regiones sólo en forma esporádi- 
ca. Sobre la extensión de este sistema en la Edad media véase el estudio de 
M. Paiva Boléo, Os nomes dos dias da semana em portugués. Coimbra, 
s. a. págs. 18 y sigs. y G. Rohlfs, Les noms des jours de la semaine dans 
les langues romanes. BFil X, 88-94. 

Son numerosos los ejemplos que podríamos citar para demostrar el 
interés que presenta el material lexicográfico para la etnografía. 
Son tanto más importantes cuanto que escasean estudios sobre la cultura 
popular asturiana. Es exhaustiva la terminología que se refiere al cultivo 
del maíz, de la castaña y de la manzana, abundantísimo también el mate- 
rial referente a las típicas industriales populares del país, como la del 
madreñero y del cestero. Numetosos detalles de la cultura material son ilus- 
trados por excelentes dibujos. Excederíamos sin embargo los límites de esta 
reseña si entrásemos en la discusión de detalles. Baste con citar unos cuan- 
tos ejemplos para destacar el carácter arcaico que distingue la cultura 
material de Cabranes hasta el día presente: 

pág. 308. Demuestra la definición de caxellu, quixellu “tronco vie- 
jo y hueco de árbol, que se corta y se emplea como colmena? que Cabra- 
nes ha conservado una de las formas más primitivas de la colmena que se 
pueden imaginar, En cuanto a detalles véase W. Brinkmann, Bienenstock 
und Bienenstand in den romanischen Lándern. Hamburg, 1938, págs. 25, 
107 (referencias a Asturias). 

pág. 297, picaderu 1. tronco de árbol sobre el que se parte la leña, 
2. el madero, a veces en forma de escalera, para subir al hórreo. Parece 
que se trata, en este último caso, del primitivo tipo de escalera entallada 
(tiene varios cortes de hácha que sirven de escalones) que data de tiempos 
prehistóricos y del que subsisten ejemplares tan sólo en algunas regiones 
arcaizantes de la Romania. Remito a Hochpyrenien A 1, 274-276 donde 
el lector encontrará la reproducción de este tipo de escalera existente en 
el SO de Asturias y datos comparativos. Representa un tipo parecido el 
burro descrito por Santos Coco, Wocabulario extremeño, RCEstExtr XIV, 
138-139. 

pág. 104. arrude = especie de percha que se coloca en las puertas 
de las chozas de los pastores; las ramas, secas y deshojadas sirven para 
colgar jarros y pucheros (fig. 1). Trátase de un utensilio rudimentario 
que se ha conservado en algunas zonas pastoriles de Europa (Hochpyre- 
náen A II, 203). Tan rara como la forma es la terminología vinculada en 
ciertos países a este objeto: astur. arrude, arrudu, extrem. arrequi y gara- 
mancho (RCEstExtr XIV, 158); según toda probabilidad son de origen 


prelatino. 


Reseñas 2 75 


pág. 333. cuña, sardera “enrejado de verdascas sobre el llar para 
curar las castañas”. Ya en el siglo XVI Eugenio de Salazar, en una carta 
dirigida de Asturias a sus amigos madrileños, llamó la atención sobre este 
simple, pero ingenioso aparato: “Las castañas tienen en alto sobre unas 
mimbres tejidas pendientes de ,Unas sogas, en las cuales miran y contemplan 
como los moros en el zancarrón de Mahoma” (Biblioteca de Autores Es- 
pañoles LXII, 303). En una ocasión anterior señalé que en efecto se trata 
de un resto antiguo de secadero (compuesto de mimbres entretejidas y co- 
locado encima del llar) que se ha conservado todavía en ciertas regiones 
arcaizantes de la Romania (particularmente en el NO y Oeste de la Pe- 
nínsula Ibérica) y que en otras partes ha sido substituído por dispositivos 
más perfeccionados (ZRPh LVI, 456-457). Sobrevive también en los 
primitivos ranchos de los países hispanoamericanos, según se deduce del 
instructivo estudio que recientemente dedicó A. Dornheim a la vivienda 
rural en el Valle de Nono (An. de Arqu. y Etn. IX, 52: zarzos; en Co- 
lombia, por extensión, = “sobrado, desván', Santamaría). 

Ya no se utiliza hoy el duerno o sea la pila de piedra para la mo- 
lienda del grano (pág. 300), pero sí subsiste una especie de molino casero 
(molin de pisar) ; antes se movía a mano (Rato y Hévia s. y. rapin, rabil), 
en Cabranes fué substituído por un mecanismo más perfeccionado (figuras 
19, 20: molin de rabilar o de pisar). 

Mencionaremos por fin las mesories (pág. 266), que son, según la 
descripción exacta de E. M. Torner, dos palos de unos 40 centímetros de 
longitud unidos en uno de sus extremos por medio de una cuerda y que se 
usan para la recolección del trigo. Parece seguro que se trata de una super- 
vivencia del sistema primitivo de arrancar las espigas por medio de PEC- 
TINES conocido en la Antigiiedad (Kriiger, El léxico rural del Noroeste 
1bérico. Madrid, 1947, pág. 54; P. Schmitz - Elsen, Die Agrarland- 
schaft der italienischen Halbinsel. Berlin 1938, pág. 39 con referencias a 
las fuentes latinas). 


F. KrUcer 


María Concepción Casado Lobato, El habla de la Cabrera Alta. Con- 
tribución al estudio del dialecto leonés. Madrid, 1948, XIX - 190 
págs., láminas y 20 fotografías. Revista de Filología Española Ane- 
jo XLIV. 


La región cuyo dialecto la Srta. Casado Lobato estudia en su tesis 
doctoral, presentada en 1947 a la Facultad de Filosofía de la Universidad 


276 Reseñas 

de Madrid, no es completamente desconocida a los romanistas. Refiérese 
a ella con frecuencia A. Garrote en su Mocabulario del dialecto vulgar 
leonés hablado en Maragatería y Tierra de Astorga (2* edición, Madrid 
1947) y está incluída en las zonas colindantes de Sanabria cuya cultura 
material describí en mi libro Die Cegenstandskultur Sanabrias und seiner 
Nachbargehiete en 1925 (abreviación: GK). Forma la Cabrera Alta 
parte de la zona Sur de la provincia de León, colindando en el Este con 
la Maragatería, en el Sur con Sanabria (provincia de Zamora) y en el 
Oeste con la Cabrera Baja de la que se distingue tanto en el aspecto 
geográfico como en el lenguaje. Trátase de uno de aquellos valles atrasa- 
dos del NO que por su aislamiento secular ha guardado hasta hoy día un 
carácter marcadamente arcaico tanto en su lenguaje, que presenta un fiel 
reflejo del antiguo leonés, como en los aspectos de su cultura material, 

La Srta. Casado Lobato ha prestado a la filología un gran servicio 
estudiando sistemáticamente el vocabulario de esa tierra y destacando, a 
base de una recopilación riquísima, los rasgos principales que distinguen 
la fonética y la morfología de su dialecto. Los que, como yo, han recorrido 
ese mundo lejano, pobre en recursos económicos y materiales, y los que 
conocen las dificultades que presenta la convivencia con esa gente humilde, 
desconfiada y recelosa, saben apreciar la energía y el esfuerzo físico que 
la joven filóloga madrileña ha tenido que desplegar para llevar a cabo su 
trabajo en ese ambiente extraño. La Srta. Casado Lobato ha observado 
muy bien los matices fonéticos del dialecto, ha conseguido trazar un cuadro 
casi completo de la morfología y ha recogido un material lexicográfico 
rico y variadísimo en sus aspectos, 

Exceptuando unos cuantos casos especiales que me habían llamado 
la atención en 1921/22 (sobre todo el carácter particular del dialecto de 
Valdavido) y que han sido corroborados por la autora del presente tra- 
bajo, el dialecto de la Cabrera Alta parece ser bastante uniforme; mucho 
mayor es en cambio el contraste que presenta la Cabrera Baja (Encinedo, 
La Baña, etc.), según demostraré en el segundo tomo sobre Sanabria que 
será dedicado a los dialectos de esa región y de sus zonas colindantes. 

Acompañan el estudio de la Srta. Casado Lobato un gran número de 
dibujos y 20 fotografías, ilustración perfecta de la cultura material de ese 
país. 

Seguirán unas cuantas observaciones de detalle que demostrarán el 
interés que ofrece el trabajo presente: 

págs. 43-44. En el pueblo Valdavido citado arriba, la autora ha 
observado los diptongos ai y au en lugar de ei y ou respectivamente, conser- 
vados generalmente en los dialectos leoneses: caldaira, tartaira; raupa 


Reseñas 217 
“ropa”, pauco “poco”. “Dado el carácter de esta localidad” —dice la au- 
tora— ''que es, en lo que se refiere al habla y costumbres, la más atrasada 
por su aislamiento, podríamos pensar si en realidad se trata de la perma- 
nencia de un primitivo diptongo o si, por el contrario, es producto de una 
disimilación posterior”. Para mí no cabe la menor duda de que se trata 
de una disimilación o, mejor dicho, diferenciación posterior. Ya la forma 
yau = “yo”, you en los pueblos vecinos, que la autora considera como ana- 
lógica, es sospechosa. Adviértase además que en la zona colindante de 
Sanabria, y más particularmente en Carbajalinos, encontramos exactamente 
el mismo fenómeno. Demuestran los ejemplos que los diptongos ai y au no 
son en ese pueblo tan sólo la continuación de formas en las que podría 
suponerse la permanencia de un primitivo diptongo ai o au respectivamente 
(L aixe “el eje”, AXE, faixe de laiña (1) “haz de leña”, FASCE; aira 
“era", baiso “beso; taucino “tocino”, auyíus “oídos', autoño “otoño”), sino 
también de formas que evidentemente carecen originariamente de tal ele- 
mento (llaiña “leña”, raya “reja REGULA, ye fayo “es feo”, curraya 
“correa”, chuminaya 'cheminea”, ¿hai yíe? “¿qué es?, raiseñore “ruiseñor; 
-ado = -ou 3* persona del perfecto; eutubre “octubre', auriellas “orillas”, 
auvaya “oveja”, etc. 

Trátase pues de un caso típico de diferenciación vocálica tal como se 
observa con tanta frecuencia en portugués (rei > rai, lenha > lamha, RL 
TI, 59, 71; Sá Nogueira, Fon, port., págs. 81, 84, 86), esporádica- 
mente en hispanoamericano (Mangels, Sondererscheinungen des Spanischen 
in Amerika. Hamburg 1926, pág. 56) y en otros idiomas (Grammont, 
Traité de phonétique. Paris, 1946, pág. 230). 

pág. 50. Vacila la autora en admitir labialización de la vocal pro- 
tónica en furmiento “levadura?” =— FERMENTUM, citando la etimología 
propuesta hace años por A. Castro *FORMENTUM, FRUMENTUM. 
Estoy seguro de que el insigne romanista hoy día ya no aceptaría tal eti- 
mología. Es la labialización de la e protónica un fenómeno tan arraigado 
en los dialectos occidentales, que casi no vale la pena discutir la cuestión. 
Compárese últimamente H. Schneider, VKR XI, 204-207. 

pág. 51. Falta una referencia a la caída de e- protónica en casos 
tales como tas enfadado “estás enfadado”, scarva cun o focino “escarba 
el cerdo con el hocico” Quintanilla, etc., fenómeno igualmente muy leonés 
(5. Ciprián, pág. 58 y, en cuanto al Oeste de la Península K, Schneider, 
VKR XI, 207-208). 

Hay otros casos importantes tales como engosta “estrecha” Quintanilla, 
ingúento “ungiiento” Truchas, etc. en los que no insisto en este momento. 

pág. 51. Merecería sin embargo una exposición más amplia el caso 


278 Reseñas 


de la -e final (la autora habla de conservación de la - e). En el caso de 
dener* “tener”, azúcar” “azúcar parece que se trata de una -e paragógica, la 
cual, según mis apuntes, no forma de ningún modo la regla en algunos ha- 
bitantes. En cuanto a sed” “sed”, red* “red”, pared? 'pared', cuya e final, 
según la autora, es también una -e débil y relajada, no sé si es exacta su 
transcripción; yo apunté con toda regularidad una -e plena; parece pues 
que se trata de una -e original. Ha favorecido la conservación de la -e final 
la e tónica, fenómeno bastante difundido en los dialectos occidentales, pues- 
to que en otros casos, según mis propias observaciones, aparece la forma 
castellana (salú “salud”, las nabidás “fiesta de Navidad” Quintanilla, ña- 
bidá, ciudá, madriz “Madrid” (Truchas). Cabe agregar por fin pexe 
(x = palatal fricativa) 'pez' y las formas esdrújulas ánjele, árbole, giés- 
pede “huésped”, cárcele (de la cocina), etc. 

pág. 62. Sorprende la lateral palatal de esbullar “pelar patatas”, 
según García de Diego, RFE XII, 5 derivado de *DEFOLLIARE, fren- 
te a paya 'paja', aguya “aguja”, etc. Encontré buchar, abuchar en el SO 
de Asturias y esbullar, al lado de bullar, en la zona gallega de Sanabria, 
donde corresponde exactamente a berc. bullar, gall. bullar, debullar, esbu- 
llar y port. desbulhar, abulhar, esbulhar (Leite de Vasconcelos, Opúsculos 
II, 256). Parece pues que la forma leonesa esbullar representa un galle- 
guismo. 

Lo mismo podrá decirse de erbellos “guisantes” = port. ervilha. 

pág. 62. La castellanización que se observa en cuanto al tratamiento 
del grupo romance mn en la Cabrera Alta (lumbre, sembrar, etc.) es 
uno de los rasgos más característicos que separan esta región de la Cabrera 
Baja donde se ha conservado por lo general la forma occidental (llume, 
omes “hombres”, ñome “nombre”, fame 'hambre”, etc.). 

pág. 68. Registra la autora como femenino del numeral las formas 
duas, duyas. Pero encuéntrase también con frecuencia la forma dues, ambas 
dues, con debilitamiento de la a. 

pág. 70. Yo apunté al lado del pronombre ñusoutros también ñesou- 
tros Valdavido, forma que puede ser comparada con ñasoutros, basoutros 
de la Cabrera Baja. 

pág. 78. Predomina en la Cabrera Alta el tipo cosieron, unieron, etc. 
de la 3* persona del plural del pretérito perfecto. Pero ya en la Cabrera 
Baja aparecen formas occidentales tales como nacienon “nacieron”, vendienon 
“vendieron', chubienon “subieron”, murienon “murieron”, etc. 

pág. 63. La sonorización de la c- inicial (cordón > gordón) que la 
autora considera como un caso de equivalencia acústica (término que ha cau- 
sado confusión entre los jóvenes filólogos españoles) tiene mayor difusión 


Reseñas 279 


en los dialectos occidentales de lo que se puede sospechar; compárense p. e. 
cordón > gurdón en la Cabrera Baja y en Sanabria (Gegenstandskultur 
Sanabrias 278), cayato > gayalo Sanabria (ib. 160), cocho > gocho Ma- 
ragatería etc. (Garrote; Steiger, Corbacho, $ 22*); cacho > gacho Tras 
os Montes (RL XII, 100; XIV, 86; Leite, Opúsculos 11, 245); gonchu, 
al lado de conchu, “nuez” en la zona gallega de Sanabria; cuspo > guspe 
Alentejo (RL XIX, 319); cuspir > guspir, cuspo > guspo Algarve (Es- 
tanco Louro, O liuro de Alportel. Lisboa 1928, pág. 244); ant. leonés 
cuyar = guliare (Menéndez Pidal, Orígenes, pág. 328), etc. 

págs. 68-69. Podrían añadirse a las esdrújulas citadas por la auto- 
ra las voces siguientes: salamántica, salamánkita “salamandra” Sanabria y 
las nuverosas variantes correspondientes a abiéspara 'avispa': gall. avéspo- 
ra, véspora, véspera, vespra (al lado de néspera, nespra), trasmont. abés- 
pora, brespa (RL XV, 336, 341, 246; XX, 137, 145), abrespa 
(RL XII, 110); Entre -Douro-e- Minho béspra (Leite, Opúsculos TI, 
438); extrem. bespra (RL XXVIII, 225); al. cvéspra, abespra, abes- 
prero (RL VII, 104); ast. aviéspara, viéspara (Braulio Vigón; Canellada, 
Cabranes, 71), abrespa (Acevedo), briespa en el Valle del R. Ibias; 
abiéspura Sanabria; por fin las variantes innumerables de meréndano = 
“fresa silvestre”: ameruéndano Cabrera Baja, amaruógano, amaruégano 
etc. Sanabria, mouruéndarno, amoruédano, amourégano, amoruégano en el 
Valle del R. Ibias. Muestran estas últimas formas, al lado de gall. 
amora, morango, morodo, morogo, ast. occi. amurolo, amorolo, port. mo- 
rango, canar. moriangano, muy bien la raíz mor- (cruzada con mouro) 
que hay que suponer para explicar aquéllas; cp. REW 5696, 

pág. 59. En cuanto a truexo “troncho, tallo de las hortalizas” remito 
al artículo Vocablos y cosas del Noroeste Ibérico que va a salir en NRFH. 

págs. 59, 145. Acierta la autora admitiendo para puxia (x= fri- 
cativa palatal) “polvo de la paja trillada' como base etimológica la forma 
PULSUS, PULSA ( -uls- >> -uis- > x). Concuerdan perfectamente 
con las formas citadas por la autora y a las que podríamos agregar ponxa 
“cascarilla del grano de la escanda', verbo esponxar, registrados por Brau- 
lio Vigón y Canellada (págs. 303, 205) en Cabranes, poxa igualmente 
usado en Asturias (Rato y Hévia), puisa “despojos que quedan en la era” 
en el NO de la provincia de León (Alvarez, Babia - Laciana, pág. 323), 
gall. puxa, pocha 'tamo” en el Sur de la provincia de Orense (Schneider, 
VKR XI, 276, 277), pócha 'casca de painco ou de milho' Tras os Montes 
(RL XIL 116; XIV, 87) y las formas siguientes todas ellas pertene- 
cientes al extremo SO de Asturias: puisa Bao, Tablado; poixa Genestoso; 
poxa Máñores, Fuejo, Besullo; puxa Degaña, forma que se extiende a la 


280 Reseñas 


zona oriental de la provincia de Lugo (según informes del Dr. W. Ebeling), 
al lado de polvo. Interesa lo que dice el señor Lebel en su instructivo ar- 
tículo sobre la etimología de francés poussiére publicado en la revista “Le 
francais moderne” X, 1942, págs. 285-293; llega el insigne romanista 
francés exactamente a la misma conclusión a base de vocablos dialectales 
franceses. 

pág. 59. 'En cuanto a xixos (x = palatal fricativa) 'carne de cerdo , 
picada y adobada para embutir”, palabra que la autora deriva, según la 
proposición de G. de Diego, de INSICIA, parece seguro que se trata de 
una forma expresiva (lenguaje infantil), según ya señalé en NRFH II, 
384. 

pág. 97. Fundándose en documentos leoneses del siglo XI la auto- 
ra confirma la etimología propuesta, hace años, por D. R. Menéndez Pi- 
dal en RFE XI, 413-414 de pregancia, bergancia 'llares'. El área de 
extensión geográfica de este vocablo puede delimitarse de la manera si- 
guiente: Cabrera Alta y Baja (Gegenstandskultur Sanabrias 90), Mara- 
gatería, partes del Bierzo, NO de la provincia de León (Guzmán Ávarez, 
Babia - Laciana, pág. 322: pregancias), zona SO de la provincia de Ovie- 
do (V, del R. Ibias oriental y sus alrededores: preganza Vallado, De- 
gaña, Tablado, Villar de Cendias, Genestoso, Cerredo; pregancia Puerto 
de Leitariegos; pregacheira Bao); es decir domina la zona occidental de 
la provincia de León y las partes colindantes de Oviedo (Asturias). Pero 
ya en la ribera del R. Narcea (Besullo, Trones) y más hacia el Norte 
(Máñores, Bruelles) aparecen gamayeras, gramayeras, formas recogidas 
también por Acevedo en el Oeste de Asturias (gamalleira, gamayeira). 
En el resto de Asturias el tipo pregancies parece ser relativamente raro 
(concejo de Lena, RFE XI, 414; Llanuces, Bol. de la R. Soc. Geogr., 
Revista, XIV, 257, al lado de calameyeres). Lo desconoce también la 
zona gallega (apunté gramalleira, garmalleira en la parte gallega del R. 
Ibias y en la ribera del R. Navia; garmalleira Bierzo occidental, Cebrero - 
Lugo). 

Agregaremos al vocablo especificamente leonés bergancia el nombre 
toponímico barrio de les bergancias de Quintanilla de Yuso. 

pág. 108. El agujero de la muela del molino por donde entra el 
grano lleva el nombre metafórico gieyo “ojo”. Esta metáfora dáse con fre- 
cuencia en los dialectos occidentales: en Asturias gijeyu (Canellada, Ca- 
branes, pág. 239), en Galicia ollo (Orense) y en Portugal (olho Serra 
da Estréla, Baiáo, Vila do Conde, etc.; olháo Minho, VKR IV, 111; 
RPFil II, 127, 160), así como también en catalán y otros dialectos ro- 
mances (Hochpyrenáen D 178). Compárese también la misma designación 


Reseñas 281 
para el orificio central de la rueda del carro en dialectos occidentales 


(Cegenstandskultur Sanabrias 218). 


pág. 108. En cuanto a tarabico, tarabica “cítola del molino que 
debido al movimiento de roturación, produce un ruido trepidadizo”, remito 
a lo dicho en Hochpyrenáen D 173 sobre el origen onomatopéyico y la 
extensión geográfica de esta palabra. Demuestran las numerosas variantes 
citadas allí y los ejemplos recogidos últimamente en RDiTrPop 1V, 312 
y sigs. que hay que rechazar definitivamente la etimología “TRABELLA. 


Queda todavía sin explicar el término tranceiro que en la Cabrera 
Alta se da al mismo objeto. Puede que también en este caso se trate de 
una forma onomatopéyica (taranceiro > tranceiro). 

pág. 114. A las formas llourigo, lourigal “ahondamientos practica- 
dos en la pared del horno” puede agregarse el topónimo lluregueiros que 
aparece como nombre de un monte en Quintanilla de Yuso y que indica 
muy bien el sentido original del vocablo: iberoromance “LAURICA “co- 
nejo”, correspondiente a cat. lloriguera. 

pág. 129. Con respecto a la difusión geográfica y al origen de 
trasga “anilla de cuero o de madera que pende sujeta en la parte central 
del yugo” puede interesar al lector lo que queda dicho en Hochpyrenáen 


C Il, 67-69, 

pág. 139. La animalización que se observa en la designación corza 
dada a la horquilla puesta en la lanza del carro me parece tanto más acer- 
tada cuanto que ocurren también nombres tales como caballete y cabra 
(VKR V, 90). 

pág. 135. Son interesantes las designaciones llobacho, solobo y 
sobrellobo que se dan en ciertas regiones del Oeste y del Norte al madero 
o travesaño embutido o ensamblado a cola de milano sobre el eje del carro, 
manteniendo fija la anchura de aquél. Trátase evidentemente de otro caso 
típico de animalización de objetos. He aquí unos cuantos ejemplos que de- 
mostrarán la variedad metafórica en la que se presenta el lobo, debido a 
su dentadura y a su voracidad. 


llobu 'pieza de madera que va embutida en la parte inferior del suelo 
del carro y sirve para sujetar las pértigas* Asturias (Braulio 
Vigón). 

lobatón, labatón empleados en el mismo sentido en la parte oriental 
de la provincia de Lugo y en el Valle del R. Ibias (Ebeling, 
VKR V, 64, nota, 70). 

lobeto, lobete “espiga incrustada en la parte inferior del lobatón' en la 


zona oriental de la provincia de Lugo (Ebeling, VKR V, 92). 


282 Reseñas 


loba “entalladura inferior en la parte delantera de la lanza del carro* 
(VKR 1, 255; Ebeling, VKR V, 64); compárese lupatus 
= mueso de freno (A. Castro, Glosarios lalino-españoles de la 
Edad Media, pág. 244). 

lobete “travesaños que atraviesan la lanza del carro” (Vigo - Galicia). 

lobatón “cinta de hierro que, en forma de media luna, afianza las di- 
versas piezas de la rueda del carro” en Gancio, SO de la pro- 
vincia de Oviedo; en otras regiones gato (Cegenstandskultur 
Sanabrias 219); cp. cat. lloba “pega de ferro, del pany de la 
porta que es mou per mitjá de la clau” (BDC XX, 164; Grie- 
ra, Tresor), loup *crochet de fer' en Francia, etc. 

lobato 'parte superior del eje del rodezno del molino, que se une a 

la parte inferior por medio de una muesca o entalladura' Ga- 
licia (Cuveiro Piñol), port. lobete, lobato (Figueiredo), boléte 
Baiáo, nobele Alto Minho, luvete Serra da Estréla (VKR I, 
08 AMD 

llop “una de les rodes principals en les máquines de teixir que van 

mogudes per aigua” Cataluña (Dicc. Aguiló). 

Compárense por fin loube = “sierra” en dialectos bearneses etc. (Pa- 
lay; ALF 1205 Bouches-du-Rhóne), lubat “traverse du ráteau' (Rohlfs, 
ARo VII, 127), etc. 

El uso metafórico de LUPUS se remonta ya al latín (". 

pág. 137. macho designa la pieza medial abultada de la rueda del 
carro. Ocurre exactamente la misma metáfora en la Cabrera Baja (Gegen- 
standskultur Sanabrias 214, 217) y en la Maragatería (Garrote). Es 
frecuentísimo el empleo de macho para designar ciertos objetos o partes de 
los mismos. Compárense macho en la ac. 5* del Dicc. Ac. Esp. y los ejem- 
plos siguientes: 

macho '“rabica do arado” Minho (Figueiredo), 'ferro principal da 

áncora' Vila do Conde (RPFil II, 155), “parte abultada de 
la hoja de la hoz y de la azada' provincia de Lugo (VKR V, 
121, nota 6, 128), 'cada una de las argollas que se colocan 
en la quilla para sostener la candinga' Chile (BIFilUnChile 
IV, 186). Nos encontramos con la misma metáfora sexual en 
los dialectos pirenaicos donde mascle designa un travesaño que 
sobresale del lecho del carro (Schmolke, Transport und Trans- 


(1) Compárese el capítulo “Immagini daila fauna in termini tecnici la- 
tini”” en V. Bertoldi, La parola quale mezzo d'espressione. Napoli, 1946, 
págs. 169 y sigs, 


Reseñas 283 


porigerále in den franzósichen Pyrenáen. Hamburg, 1938, pág. 
60; Palay), etc. a 

pág. 145. En cuanto a balea “escoba que se utiliza para barrer la 
era”, vocablo que la autora deriva del celta BALAI, hay que tomar en 
cuenta lo dicho por W. Bierhenke, VKR II, 53-54 y la discusión dete- 
nida del problema que se encuentra en Hochpyrenáen C TI, 284-298 y 
de la que se deduce que la etimología celta es inadmisible para las formas 
ibero-romances. Ocupan una posición aparte los verbos hispanoamericanos 
balear, abalear, balacear “tirotear”, directamente derivados de bala *pro- 
yectil”, frente a balayar 'aventar los granos con el balay = “aventador, 
cernedor rústico usado para aventar principalmente el arroz y el café” (San- 
tamaría, Diccionario general de americanismos. Méjico, 1942, I, 179), 
vocablos que de su parte se relacionan con balayo empleado en el mismo 
sentido en las Islas Canarias (Lugo, Colección de voces y frases provincia- 
les de Canarias. La Laguna, 1946, págs. 61-63, con numerosas referen- 
cias al hispanoamericano) y port. balaio “cesto da roupa, fruta, etc. en 
los dialectos interamnenses (Leite de Vasconcelos, Opúsculos II, 474). 
“especie de grande ciranda, tóda de junco e esparto, que serve de tampa 
de alguidar, para expor ao sol figos, etc.” Estremadura (RL XXXVI, 
90), 'cesto feito de qualquer substancia vegetal, de tamanhos e formas 
diversas” (Pereira da Costa, Voc. pernambucano, etc.), probablemente 
también con murc. baleo *1l. soplillo de pleita que se usa en las cocinas, 
2. ruedo grande de esparto o pleita con un reborde de lo mismo, que se 
destina ordinariamente a depositar granos” (García Soriano). 

pág. 146. Corresponden a cambón, palabra con que designan en la 
Cabrera Alta el palo o lanza que une el trillo al yugo, en Rionor de Sa- 
nabria cambo y en la zona oriental de la provincia de Lugo en sentido pa- 
recido cambón (VKR V, 93); además trasmont. camboada 'pareja de 
bueyes”, verbo acamboar (Gegenstandskultur Sanabrias 182-183). Deri- 
van todas estas voces de la raíz CAMB- (Cp. VKR 1, 278-281). Tiene 
exactamente el mismo origen la palabra calamón registrada por la autora 
en Castrocalbón con el significado indicado arriba y que presupone las for- 
mas camal, camalón, según ya expuse en Hochpyrenáen C 1, 313 (cp. 
ib. pág. 79). 

Ya dijimos antes que los capítulos dedicados a “Palabras y Cosas" 
tienen un carácter marcadamente etnográfico. Sacarán de ellos gran pro- 
vecho los interesados por el estudio de la casa rural, de la vida agrícola y 
de los aperos de labranza. Tienen estos capítulos un carácter netamente 
descriptivo. Sólo en el capítulo dedicado al carro rural, es decir al bien 
conocido carro chillón, la autora traspasa los límites de la descripción, 


284 Reseñas 

planteando el problema del origen del carro chillón. Después de Aranzadi 
toqué este teme en mi artículo Der Beitrag Portugals zur europáischen 
Volkskunde, publicado en la Comunicacío apresentada A secgáo do Con- 
gresso Nacional de Ciencias da Populacio. Pórto 1940, pág. 38, refirién- 
dome a la obra fundamental que el etnógrafo sueco Gósta Berg dedicó a 
Sledges and whecled vehicles. Stockholm, 1935, obra ricamente documen- 
tada de la que no se puede prescindir cuando se quiere tratar un problema 
tan delicado. 


F. KrUcER 


Cuadernos canarios de investigación, 1. Consejo Superior de Investigaciones 
Científicas, Delegación en Canarias. Santa Cruz de Tenerife, 1948. 
Un vol. en 8” de 112 páginas, 


El presente primer fascículo de los Cuadernos Canarios contiene una 
serie de trabajos del diligente investigador J. Alvarez Delgado. Hay que 
hacer notar que las islas Canarias comienzan a interesar vivamente a los 
arqueólogos por los restos importantísimos que en los últimos años han 
aparecido allí; de la misma manera, y aunque los restos son pobres en este 
otro campo, los lingiiistas perciben también el interés que las islas tienen por 
sus remotas conexiones no sólo con África, lo cual es obvio, sino con la 
España primitiva y con las culturas mediterráneas en general. 

Estos son los temas que Álvarez Delgado toca en sus estudios, y por 
cierto con fortuna desigual, si bien aportando siempre indicaciones del ma- 
yor interés con respecto a la trascendencia de los recientes descubrimientos 
de la arqueología y la lingilística canaria, que merecidamente llaman la 
atención de investigadores, incluso extranjeros. 

Pasando a la reseña de los cinco trabajos de Alvarez Delgado com- 
prendidos en este tomo, haremos notar lo que en ellos nos parece nuevo e 
interesante, sin dejar de advertir previamente que el autor tal vez ha des- 
pachado apresuradamente cuestiones importantísimas, sin detenerse en la 
investigación, como deseoso de comunicar a los demás sus descubrimientos. 

El primer trabajo critica como dos falsos etrusquismos los términos 
Roma y haruspex. El autor expone que el nombre de la urbe no es otro 
que un apelativo canario conservado por los cronistas: roma 'casa fuerte”. 
Dicho así, será difícil que los investigadores acepten tal resultado, pero no 
se olvide que Canarias ha dado recientemente en excavaciones ídolos de 
placa del tipo cicládico, y muestra conexiones mediterráneas que no permi- 
ten lícitamente prescindir por principio del acercamiento que documenta 


Reseñas 285 


muy bien el autor, haciendo ver que las etimologías hasta ahora propuestas 
no eran satisfactorias. La [foma quadrala sería la roma canaria, “torrejón”, 
y precisamente “cuadrado'. 

Del mismo modo, haruspex se interpreta por el autor por el canario 
jáira “cabra”, haridaman “rebaño”, harhuy *cuero”. 

Después de planteados estos problemas, pasa el autor a la palabra 
Vascones. Después de un examen algo ligero de las opiniones existentes, 
cree que la diferencia de esta forma con la monetal ba(r)scunes (estudiada 
por mí en el Bol. de la R, Soc. Vasc. 11) se basa en algo así como la al- 
ternancia de sordas y sonoras en casos como Vacco-caburio y Vago-don- 
naego. Sobre este tipo de sonorización de sordas intervocálicas me he defi- 
nido en el Bol. de la R. Acad. Española XXVIII, y no voy a repetir aquí 
mi argumentación. Pero las conclusiones de Álvarez Delgado sobre si 
Vascones y Bascunes suponen de por sí distintas posiciones del acento'me 
parecen imposibles. Baetulo es la forma romana de lo que en las monedas 
podía ser baitolo. Es un fenómeno del latín, que nada tiene que ver con 
las lenguas indígenas de España. Yo no creo, como parece pensar el autor 
(pág. 51 s.) que -co- en vascones sea ibérico. Lo que pasa es que la cosa 
es muy compleja, y de una parte hallo claras formaciones de las regiones 
indoeuropeizadas de España y Galia donde se da la formación con -con 
de derivados (asturco es clarísimo, no menos el aquitano Belex Belexconis 
f.), mas por otro lado tenemos Tarraco Tarraconis, Obulco Obulconis, en 
zonas no indoeuropeas: ibéricas y tartesias. Pero el sufijo -ko (tras del que 
los lingilistas que en esto siguen a Schuchardt no ven sino el -ko vasco) 
es otra cosa distinta. "Tampoco vemos de dónde sale la explicación de 
“eursko (de donde eusko según el autor) como “lo nuestro, lo propio” (pág. 
64). 

Que las dos eses o tres del ibérico son restos mal organizados del alfa- 
beto semítico, que me parece nada tienen que ver con la fonética del ibero 
(como no tienen nada que ver las dos eses en muchos alfabetos griegos, en 
el etrusco etc.), es cosa que he dicho, y si el autor lo hubiera tenido en 
cuenta, se hubiera ahorrado opiniones inútiles que expone en la pág. 55. 
También está (pág. 57) en la repetida confusión de cántabros y vascos, 
que el P. Flórez dejó aclarada para siempre. 

Más interés tiene el estudio sobre magalia y map(p alía, palabras 
latinas de origen africano que el autor interpreta teniendo en cuenta datos 
reales de importancia arqueológica. También aporta aquí el autor datos 
de los restos de la lingilística canaria. En Tenerife mago es el “campesino 
rústico”, en Gran Canaria significa lo mismo maúro, El magus “campo' del 
celta sería un elemento de sustrato africano. El autor va demasiado lejos 


286 Reseñas 


al incorporar a la misma raíz el nombre nacional de los bereberes amazig 
o tamahak. 

Las interpretaciones del carmen aruale y del vaso de Duenos, con las 
que se cierra este cuaderno, pecan de demasiado originales y seguras, sin 
ningún resquicio de duda, y esto hará desconfiar al lector formado en cri- 
terios más severos, 

En resumen, he aquí una serie de trabajos que plantean más proble- 
mas de los que resuelven. 


A. TovAr 
Universidad de Salamanca. 


Manuel de Paiva Boléo, Introducio ao estudo da filología portuguesa. 
Lisboa, Ed. da “Revista de Portugal”, 1946. VIII - 150 págs. 
Separata de los números 34 - 43 de la “Revista de Portugal”. 


El presente opúsculo —según el programa expuesto por el autor en 
el Prefacio, pág. VIl— “no es una iniciación, pues no aspira a enseñar 
los rudimentos de la filología portuguesa; es más bien una guía para todos 
aquellos —estudiantes de la Universidad y otras personas-— que, ya dis- 
poniendo de alguna preparación filológica, desean familiarizarse con los 
principales instrumentos de trabajo y otras fuentes de información, con el 
objeto de renovar sus conocimientos y elaborar trabajos personales sobre 
asuntos de filología portuguesa y románica”. Procura el autor, pues, su- 
ministrar a los alumnos la bibliografía indispensable para sus trabajos y 
transmitirles al mismo tiempo la técnica y el método de la investigación 
filológica. Tal iniciativa —Íntima expresión de necesidades hondamente 
sentidas por el autor y expuestas brevemente en el prefacio de su obra— 
merece el unánime elogio de los que conocen las dificultades que aun existen 
en ciertos países de la Romania ——no sólo en Portugal — respecto a la en- 
señanza universitaria de la filología románica y a la formación de roma- 
nistas futuros, Por consiguiente el vademecum del activo romanista de Coim- 
bra será leído también fuera de Portugal con gran interés, 

Después de tratar en el capítulo primero (págs. 1-4) la necesidad 
de bibliografías especializadas, presenta en los dos capítulos siguientes la 
bibliografía de la fonética (general y portuguesa; págs. 5-18) y de los 
elementos del léxico portugués (elementos prelatinos, latinos, germánicos, 
árabes, etc.; págs. 19-39). Ilustran unos cuantos ejemplos los problemas 
de la lexicología romance. Prosigue esta discusión en el capítulo IV, de- 
dicado a los diccionarios etimológicos (págs. 40-56), con particular refe- 


Reseñas 287 . 


rencia a las demás lenguas romances. El capítulo V trata de la explicación 
de textos arcaicos (págs. 57-72). Habría sido conveniente reservar a las 
gramáticas históricas incluídas en esta rúbrica un capítulo aparte. El ca- 
pítulo VI dedicado a la técnica de investigación filológica, especialmente 
sintáctica y semántica (págs. 73-87; en este caso también habría sido pre- 
ferible separar las materias) prepara el último capítulo en el que el autor 
plantea varios problemas que podrían formar el objeto de trabajos futuros 
de parte de los alumnos (págs. 88-117). 

Hay que reconocer que el Dr. Paiva Boléo hace lo posible para 
abrir a sus alumnos el vasto horizonte de la Romania (claro que sin aspi- 
rar a una bibliografía completa). Sorprende, sin embargo, que en la biblio- 
grafía sistemática no figuren comentarios sobre obras tan fundamentales 
como la Introducción al estudio de la lingiiística romance de W. Meyer - 
Liibke (tan sólo mencionada de paso en la pág. 63, nota 14) y los Orí- 
genes del español de D. R. Menéndez Pidal (igualmente citada sólo en 
una nota de la pág. 24, con referencia a un detalle fonético). Faltan tam- 
bién los manuales de Zauner y Bourciez. 

Por otra parte es tan rica y minuciosa la información bibliográfica 
que casi temo abusar de la paciencia y de la receptividad de los lectores y 
abrumar a los filólogos incipientes, acarreando nuevos materiales. Me limito 
pues a unas cuantas observaciones que podrán ser útiles al autor para una 
segunda edición de su manual: en la parte general Au. F. G. Bell, Portu- 
guese Bibliography. Oxford University Press 1922 y la Bibliographic 
(anual) der Zeitschrift fiir romanische Philologie (la última publicada en 
el año 1938); en la rúbrica de los grandes diccionarios (pág. 53) Lou 
Tresor dóu Felibrige; entre las pocas gramáticas históricas catalanas (pág. 
66) la tesis de P. Fouché, Phonétique historique du roussillonnais y Mor- 
phologie historique du roussillonnais, Toulouse, 1924 y la tesis de M. 
Niepage, Laut- und Formenlehre der altmallorkinischen Urkundensprache. 
RDR 1, 301-385; II, 1-51 (a la vez uno de los mejores estudios filoló- 
gicos sobre documentos medievales de la Península); la gramática de Hu- 
ber citada entre gramáticas históricas no pertenece a esta categoría; en el 
capítulo dedicado a las fórmulas de tratamiento y en el cual el autor remi- 
te también al hispanoamericano, el estudio instructivo de F. Weber pu- 


blicado en RFH III, 105-139. 


Según se deduce del temario presentado antes, el Dr, Paiva Boléo 
se ha limitado en el presente manual a algunos aspectos escogidos de la 
filología portuguesa. Falta pues un capítulo sobre el latín vulgar (y la bi- 
bliografía correspondiente, reservada, como se señala en la pág. 26, para 
la segunda edición), sobre la posición del portugués dentro de la Romania, 


288 Reseñas q 

sobre los métodos de la geografía lingiiística (tema sólo ligeramente esbo- 
zado en las págs. 41 y 115), sobre toponimia y onomatología, No me 
parece tampoco bastante perfilada la distinción entre fuentes literarias me- 
dievales (tema ampliamente tratado) y documentos, entre lengua escrita y 
lenguaje hablado (tema que indudablemente merecería una discusión aparte 
y cuya importancia ya fué señalada por el mismo Paiva Boléo en un opúscu- 
lo anterior) y la posición del brasileño frente al portugués (tema también 
familiar al autor). 

Hacemos votos para que estas ligeras sugestiones puedan ser útiles al 
autor en la redacción de la segunda edición de su manual, la cual, en una 
nueva forma, ampliada y perfeccionada, merece desde ya el reconocimiento 
que debemos al joven romanista de Coimbra por su labor fructífera e in- 
fatigable. 


F. KrUcER 


M. Rodrigues Lapa, Estilística da; língua portuguesa. Lisboa, Seara nova, 
1945. 302 págs. 


Hay libros que afianzan sus valores a través de los años. El manual 
de estilística portuguesa que debemos al conocido filólogo M. Rodrigues 
Lapa, apareció hace ya cinco años y según me informan ya está agotado. 
Esto revela el interés y la apreciación que ha encontrado en su país. La 
Estilística es un libro de divulgación, sin aparato bibliográfico, nacido de 
una serie de clases que dictó el insigne romanista sobre “el arte de redac- 
ción y de estilo"”. Es pues una obra eminentemente pedagógica escrita para 
“o povo estudioso” con el objeto de destacar los matices del portugués 
tanto en lo que se refiere al uso del vocabulario como a la formación de la 
frase. Por esto el Dr. M. de Paiva Boléo lo califica (en su Introducáo 
ao estudo da filologia portuguesa. Lisboa, 1946, pág. 100) de “estilísti- 
ca” destinada a enseñar '“a arte de redigir””, comparándola con el conocido 
libro de Strohmeyer titulado Der Stil der franzósichen Sprache y otros ma- 
nuales por el estilo. Una tal comparación, sin embargo, sólo en parte está 
justificada. Pues si la Estílistica del filólogo portugués aspira —como la 
hoy día ya algo anticuada del gramático alemán— a fines pedagógicos, 
no es menos cierto que se distingue de ésta por la base rigurosamente cien- 
tífica que la caracteriza, vale decir por el arduo afán reconocible a cada 
paso de dar una justificación o explicación lingiiística de los fenómenos 
estudiados. En estas explicaciones (que por lo tanto representan el soporte 
científico del presente manual) se nota claramente que el autor domina la 


Reseñas - 289 


bibliografía estilística de estos últimos decenios, los estudios clásicos de los 
estilistas alemanes, franceses, suizos y españoles. Así es que mirado desde 
el punto de vista portugués el manual del Sr. Rodrigues Lapa tiene un 
carácter muy nuevo y hasta revolucionario, reaccionando contra cierto gra- 
maticalismo pedante que únicamente admite las reglas de la lógica y que 
desconoce las fuerzas vitales creadoras tales como se manifiestan en el 
estilo literario y en el lenguaje hablado. Pero esta reacción no se da en 
forma polémica, sino más bien atrayendo al lector por la manera amena, 
comprensible y convincente que el autor imprime a sus argumentos. Son 
numerosos los casos que podríamos citar para dar a nuestras observaciones 
una base concreta: el empleo y la omisión del artículo, el adjetivo y la 
caracterización (capítulo en que se nota claramente la influencia de Bally) ; 
el sufijo diminutivo -inho (capítulo que podría ser ampliado por una refe- 
rencia al uso del morfema en la canción popular); el dativo de “interés 
afectivo” junto a verbos intransitivos: sorria, sorria-se; los tiempos del ver- 
bo, el valor estilístico de los adverbios en -mente; las formas del superlati- 
vo (págs. 155, 259), la coordinación y la subordinación; los matices es- 
tilísticos en el empleo de preposiciones y conjunciones (véase particular- 
mente el capítulo instructivo sobre la conjunción y págs. 283 y sigs.), etc. 


Inútil es agregar que las observaciones y conclusiones a que llega el 
autor son fundadas en un gran número de ejemplos bien seleccionados de 
la literatura y del lenguaje familiar, “producto de larga experiencia y de 
variada lectura”. Tal experiencia que incluye tanto autores modernos como 
escritores anteriores permite al señor Rodrigues Lapa hacer sugestiones 
interesantes sobre arcaísmos estilísticos, influencias del francés (impresio- 
nismo, etc., págs. 123, 124, 139) y particularidades estilísticas de deter- 
minados poetas y novelistas que podrían ser temas interesantes para inves- 
tigaciones futuras. Lo mismo vale del lenguaje familiar cuyo “estilo” ocupa 
el lugar que le corresponde en el presente manual. Sobre este tópico los 
estudios clásicos de W. Beinhauer (Spanische Umgangssprache. Berlín,- 
Bonn 1930, etc.), la tesis de A. Braue Beitráge zur Satzgestaliung der 
spanischen Umgangssprache (Hamburgo, 1931) y otras contribuciones al 
estudio del lenguaje familiar español y la reciente obra de Ch. E. Kany, 
American-Spanish Syntax (Chicago, 1945) podrían presentar buenos mo- 
delos. 

Hacemos votos para que el señor Rodrigues Lapa, cuya actividad 
científica desde hace mucho está bien conocida entre todos los romanistas, 
nos brinde pronto la segunda edición de su estilística cuya orientación 
moderna sin duda alguna fecundizará los estudios y la enseñanza de mu- 
chos países. 


290 Reseñas 

Algunas observaciones de detalle que talvez serán útiles para la pró- 
xima refundición: Sobre el cambio de género en casos tales como saco- saca 
(pág. 135) deberían consultarse los estudios de y. Wartburg, etc. - No 
me parece suficientemente explicado el valor de la preposición de en casos 
como de conlente, nem reparou que estava ferido (pág. 278). Muestra 
evidentemente un matiz causal: <a folha do castanheiro de amarela cai no 
cháo >. <Caíu de cansado >. <De alegres que estavam, náo pensavam 
em mal algum>. En cuanto al castellano véase Tobler, V. B. II?2, 201 y 
sigs. Me parece conveniente evitar el antiguo término “elipse” para expli- 
car la falta del verbo en el ejemplo siguiente: <<Semelhante gralha em li- 
vro meu e suicidava-me> (pág. 289) y en casos análogos, pues en reali- 
dad el verbo no ha existido nunca en el concepto del hablante; por lo 
tanto no ha podido ser suprimido. Deberían eliminarse los capítulos dedi- 
cados a la fonética del pronombre (pág. 162) y del verbo (pág. 205), 
pues no tienen relación con la estilística. 


F. KrUcEr 


D. A. Tavares da Silva, Esbógo dum vocabulário agrícola regional. 
Lisboa, 1942, 481 págs. Separata de los Anais do Instituto Supe- 
rior de Agronomia, vol. XII. 


Fué una idea feliz del Sr. "Tavares da Silva, profesor del Instituto 
Superior de Agronomía de Lisboa, recopilar en forma de vocabulario el 
acerbo tan rico, variado y expresivo que representa la terminología agrícola 
regional de su país. Existen. numerosos estudios dedicados a la terminología 
técnica de los paisanos portugueses, vocabularios regionales y locales y unas 
cuantas contribuciones referentes a determinados objetos (el yugo y la 
canga, el carro rural, el cigoñal, etc.). Pero todos estos trabajos, como se 
sabe, están dispersos y en gran parte apenas accesibles a los estudiosos. Con- 
siderando esta situación, un vocabulario destinado a recoger todo el rico mate- 
rial de la terminología agrícola portuguesa —como el presente— resulta de 
un valor capital, tanto más cuanto se base en investigaciones personales de par- 
te del autor y en numerosos materiales nuevos que le fueron suministrados por 
sus alumnos. Claro que los términos van rigurosamente localizados; facili- 
tan además el manejo del vocabulario las referencias recíprocas entre las 
designaciones de determinados utensilios, objetos, etc. Encontramos, p. ej., 
en la rúbrica trasmont. mólho = *conjunto de gabelas' referencias a los si- 
nónimos gabela, mangado, pousada usados en otras regiones; en la rúbrica 


Reseñas 291 
mangual — 'manal compuesto de dos piezas y que sirve para desgranar los 
cereales” toda la terminología que se refiere a las distintas partes de este 
apero; en el capítulo molhelha usado en el Duero en el sentido de “piel que 
se pone en el testuz de las vacas” referencias a las variantes meleia, melena, 
melez, melido, molhida, molida de otras regiones, etc. Los jornaleros que 
van de una región a otra para trabajar, particularmente en la temporada de 
la cosecha —fenómeno tan divulgado en Portugal, pero que hasta ahora no 
ha sido sometido a un estudio sistemático— figuran en el vocabulario del 
señor Tavares da Silva como ratinhos, bimbos, caramelos, botas, barróes, 
chaleiros, maltezes, gaiben; el rodete que las mujeres se ponen en la cabeza 
para transportar cargas y los hombros en la nuca para transportar uvas 
está representado por los sinónimos siguientes: moira, sogra, estribeira, 
rodilha, rodoiga, trouxa, galha; el tutor de la vid aparece como mogo, 
frade y pau de espera (términos que ilustran maravillosamente la tendencia 
a lo pintoresco y expresivo tan característico del lenguaje popular portu- 
gués). Bastan estos ejemplos a los que podríamos agregar muchos más 
para mostrar la riqueza y variedad de los materiales que nos brinda el 
señor Tavares da Silva en su magnífica obra. Es particularmente rica la 
nomenclatura que se refiere al cultivo del maíz, planta característica del 
Norte del país, y a la vitivinicultura, tomada ésta en su sentido más vasto. 
No pueden pues faltar los términos con que el pueblo portugués designa a 
los borrachos y a la borrachera, términos que seguramente serán algún día 
útiles al romanista que tenga vocación de trazar el lindo panorama lin- 
gilístico de este “vicio” en la Romania: estar alegre, estar alegrote, estar 
com a pinga, piteira, manta, teorga, pifáño, pista, camoéca, martinhada (a 
la que el autor dedica un capítulo extenso), ardina, taxada, caróco, caraca, 
todas estas designaciones = “bebedeira”, bebe que nem um areal' “borra- 
cho”, etc. 

El autor, con la modestia que lo caracteriza, ha dado a su obra el 
título de “esbóco””, que según sus propias palabras debe ampliarse y com- 
plementarse para que la tarea emprendida por él “seja tratada exaustiva- 
mente e em tódas as feigóes que comporta”. Me parece que nadie como él 
mismo está llamado a continuar la obra iniciada bajo tan buenos augurios 
y llevarla a la perfección que el objeto indudablemente merece. 

Errores de imprenta: pág. 257 inferno en lugar de inforno; pág. 
344 piucos en lugar de pincos; pág. 330 ouga en lugar de ouca. 


F. KrUGER 


292 Reseñas 


Augusto César Pires de Lima, Estudos cinográficos, filológicos e his- 
lóricos. Publicaciones de la Junta de Provincia do Douro-Litoral. 
Comissío de Etnografía e história, Série A, tomos III, V, VI, VIL 
Porto, 1947-1949. 1-215 págs.; 11-331 págs.; 111-567 págs; IV- 
463 págs. 


Representa esta imponente serie de tomos voluminosos el fruto de la 
fecunda labor desplegada en el transcurso de los tiempos por el conocido 
etnógrafo portense Augusto César Pires de Lima, actualmente director del 
Museu de Etnografía e Historia y del Boletín Douro-Litoral de Porto, la- 
bor que se refleja en los múltiples estudios publicados por él en revistas, 
memorias y boletines, 

Debemos la impresión de las “opera varia”? del gran maestro a la 
munificencia y al entusiasta interés que la Junta de la Provincia de Dou- 
ro-Litoral dedica hace tiempo al fomento de los estudios regionales de la 
tierra portense, brindando así al mundo científico un modelo de actividad 
cultural digno de felicitación y aplauso, 

Los estudios reunidos en la serie presente están dedicados, según lo 
expresa el título de la obra, a las tradiciones populares, al lenguaje popular 
y a la historia de la tierra portense. Preceden a las consideraciones de ca- 
rácter especial un artículo en el que el autor expone concretamente el objeto 
de las investigaciones folklóricas (I, 10-42) y otro sobre el Museo fun- 
dado y dirigido por él. En cuanto a los estudios folklóricos (que forman la 
mayoría de los publicados en los tomos presentes), abarcan casi todos los 
aspectos del folklore espiritual y dominios importantes del folklore mate- 
rial. Entre aquéllos figuran algunos artículos sobre simbolismo jurídico (I, 
103-145), O comunitarismo e o direito de propriedade nas tradigóes po- 
pulares (IV, 95-98), As propriedades em comum em Lindoso (IV, 99- 
111), numerosas contribuciones al estudio de la canción popular (Can- 
cioneiro popular de Vila-Real TV, 229-241; O cancioneiro de Cinfáes 1V, 
161-186; Romances tradicionais YV, 187-192; Cancioneiro popular de 
Cabeceiras de Basto IV, 193-206; Tradicóes populares de Montalegre 
TV, 207-227; Cancioneiro do Hospital do Conde de Ferreira 1YV, 261- 
265; Cantigas populares 111, 377-480; Romances, fados e anfiguris TI, 
481-530; “A nau Catrineta” 11, 77-96; Tradigóes minhotas e galegas 1I, 
257-267; A morte nas tradigóes do nosso país, 1, 195-212, tema ilustrado 
también por la fraseología popular y el refranero; 4 literatura popular e a 
literatura culta 1, 269-281; IV, 113-146; el folklore religioso (Nossa 
Senhora, padroeiro dos navegantes L, 67-102; Oragóes e arremedos 1, 
161-204); As marcas dos poveiros IV, 61-65; leyendas y fábulas (HI, 


Reseñas a 293 


531-549), creencias populares y supersticiones (Fogo de Santelmo 11, 
7-76; Paganismo, bruxedo e mouras encantadas YI, 19-36; Amuletos, 
talismás e bons e maus agouros, 11, 37-54; Ensalmos 111,55-79; Supers- 
tigóes várias II, 81-100; Medicina e cautelas supersticiosas TM, 101-160 
y costumbres populares (III, 205-301). Los juegos y canciones infanti- 
les, tema al que el autor dedicó un bello opúsculo publicado en 1943 en Por- 
to (2* edición; forma parte de la “Coleccáo Folclore e Pedagogia””) están 
representados por una serie de artículos sumamente instructivos: Fórmulas 
rimadas e entretimentos infantis VI, 367-376; Os jogos e os brinquedos 
TI, 151-179; A escola 1, 181-206; O valor dos brinquedos IV, 429- 
433, 

Lo mismo vale para los estudios que se refieren a la cultura mate- 
rial: A industria agrícola como elemento da vida da nacionalidade 1, 149- 
194, artículo de carácter histórico que desemboca en un cuadro de la la- 
branza tal como se refleja en la literatura popular y erudita; 4 lavoura e 
os mesteres 11, 272-301: panorama de los aspectos típicos de la vida 
rural, del tabernero, barbero, molinero, zapatero, etc.; O vinho do Douro 
IV, 243-251: el vino y la viticultura del Duero en la canción popular; 
Os sobreiros 1, 207-250: estudio sugestivo sobre el alcornoque, su utili- 
dad, su difusión en la toponimia, literatura y tradiciones populares; com- 
plementa felizmente el artículo recién publicado por el Dr. L. Chaves, 4 
cortiga e o seu vocabulário popular (RPFiL TM, 93-121). 

Nustran muy bien aspectos típicos del lenguaje popular los artículos 
siguientes: Linguagem popular (UI, 303-334: apodos, fórmulas de trata- 
miento, comparaciones, fraseología popular; Adagiario 1, 335-366: re- 
franero; A linguagem e o folklore de Entre Douro e Minho 1V, 303-347: 
a raíz de los datos recogidos por el botánico y folklorista Goncalo Sampaio; 
Notas vocabulares IV, 282-295; Deslizes no “Novo Dicionário da Língua 
Portuguesa” de C. de Figueiredo IV, 297-302; A Linguagem de Camilo 
IV, 267-281: particularidades lexicológicas. 

Terminan la obra artículos dedicados a la memoria de la gran filólo- 
ga D. Carolina Michaélis de Vasconcelos (IV, 375-384), de su esposo 
Prof. Joaquim de Vasconcelos (IV, 385-391), Augusto Simóes, “o la- 
vrador mais afamado dos nossos dias por terras de Entre Douro e Minho” 
(TV, 445-449) y de los grandes folkloristas Dr. Pedro Vitorino (IV, 
393-427) y Dr. Cláudio Basto (IV, 435-444). 


F. KrUcer 


294 Reseñas 


María Teresa de Mendonca Lino Netto, 4 linguagem dos pescadores 
e lavradores do concelho de Vila do Conde. Revista Portuguesa de 


Filologia 1, 1947, págs. 59-159; II, 1948, págs. 122-187, 


Vila do Conde, una de las playas más lindas de Portugal, está situa- 
da a 25 kilómetros de Porto, entre esta activa y bullidora metrópoli del 
comercio duerense y la tranquila Póvoa de Varzim conocida por los folklo- 
ristas a través de la bella monografía O Poveiro que hace años A. Santos 
Graca dedicó a los habitantes de su pueblo natal. Como en Póvoa de Var- 
zim ni el comercio e industrias modernas ni los veraneantes (portugueses y 
españoles) que durante meses pueblan las playas extensas y la ciudad han 
podido extinguir en Vila do Conde aquella vida patriarcal que, al lado 
de tendencias marcadamente modernizantes, dan a esta capital y sus alrede- 
dores un carácter particular. Enclavado en la misma “vila”? hay un barrio 
de pescadores que viven su propia vida; más se acentúa tal independencia 
social y la conservación de lo tradicional en la Cachina, barrio exclusiva- 
mente pesquero situado junto al mar; en Mindelo y Vila Cha, ubicados 
más hacia el sur, las faenas de la pesca se alternan con los trabajos del 
campo; sus habitantes son pescadores-labradores semejantes a los de Póvoa 
de Varzim y otros numerosos lugares de la costa atlántica, “con un pie en 
el mar y otro en la tierra” (según la linda formulación de O. Ribeiro) ; 
en el interior del país, pero no lejos de la playa, vive el hombre de campo, 
el labrador: tipo muy distinto, ajeno a los peligros y secretos del mar, de- 
dicado exclusivamente a la labranza de la tierra en la que está tan arraigado 
que no podría mirar más allá de lo que considera como su reino, su pro- 
piedad. 

Es éste el panorama que la Srta, Mendonga Lino Netto, alumna de 
la Facultad de Filosofía y Letras de Coimbra, ha descubierto en su tesis 
después de investigaciones efectuadas en el ambiente real. 


El método seguido por la autora es estrictamente descriptivo en la 
primera parte de la obra dedicada a los aspectos etnográficos de Vila do 
Conde. En los primeros capítulos traza el carácter, las costumbres y los 
modos de vivir del pescador; estudia detalladamente la casa, los utensilios 
y los quehaceres domésticos; describe minuciosamente la pesca, los barcos 
y los implementos usados en ella. Un gran número de dibujos y de fotogra- 
fías brindan la ilustración gráfica indispensable. Todo ello, expuesto con 
gran esmero y evidente afición hacia el objeto, forma la base material para 
el estudio del lenguaje del pescador, núcleo fundamental de la tesis. Limita 
la autora sus observaciones a Vila do Conde la cual aparece a través del 
artículo como una isla apartada del mundo. Sin embargo la vida pesquera 


Reseñas 295 
de la Vila tiene muchas analogías con la que puede observarse en otros 
sectores de la costa tanto en lo que se refiere a la estructura social como a 
los aspectos materiales. Habría sido pues conveniente incluir por lo menos 
en la bibliografía, que a pesar de su abundancia no revela ni sentido crítico: 
ni metódico, no sólo las “principales obras consultadas'”, sino también los 
estudios estrechamente vinculados con el tema y que tanta importancia tie- 
nen desde el punto de vista comparativo: los artículos fundamentales sobre 
la pesca publicados en la revista ““Portugalia””, el artículo modelo sobre los 
barcos gallegos de W. Schroeder publicado en VKR X, 157 y sigs., los 
bellos Estudos etnográficos de D. José de Castro sobre Aveiro (Lisboa, 
1943), las Notas etnográfico-lingiísticas de Póvoa de Varzim, publicadas 
en el Boletim de Filologia 1926, IV, 109-182, las interesantes Notas 
sóbre a pesca e os pescadores na Ilha Terceira, publicadas por el Dr. Luis da 
Silva Ribeiro en la revista 'Acoreana” 1936, págs. 147-190, etc. 

Termina la primera parte de la tesis con un capítulo sobre el labra- 
dor, capítulo aunque no tan detallado como el anterior, deja vislumbrar el 
contraste profundo que existe tanto en los modos de vivir, como también entre 
la psicología del atrevido pescador y la del paisano vecino. Los que están 
familiarizados con la estructuración económica y social de la costa atlántica 
francesa, tal como se revela en la magnífica obra del geógrafo L. Papy 
sobre La cólte ailantique de la Loire á la Cironde (2 tomos , Burdeus, s. a.), 
estarán asombrados por la multiplicidad de congruencias y contactos que en 
dichos aspectos existen entre las costas de ambos países. 

La segunda parte de la tesis trata en forma esquemática los fenóme- 
nos lingiiísticos del dialecto esbozados por primera vez por el Dr. Leite de 
Vasconcelos (Opúsculos II, 456 y sigs.). Estorban, aparte del carácter 
demasiado formal que se da al aspecto fonético y de evidentes errores, 
ciertas formulaciones poco adecuadas al estado de la fonología moderna: 
pág. 131: “O grupo ua reduz-se a u semi-vocal em curenta — quarenta, 
culidade = qualidade”. En realidad se trata de la labialización de la a 
protónica bajo la influencia de u y la asimilación vocálica posterior: wa > 
uo > o, u, proceso bien conocido en iberoromance, pág. 137. La sustitu- 
ción de la consonante inicial de tramela > caraemelho se considera como 
“'palatalización””; trátase más bien de un trueque por equivalencia acústica. 
pág. 129, Lo dicho sobre la vocal inicial e procedente de in- latino y pro- 
nunciada como ¡ nasal -'“e nasal mantém a su forma primitiva” —es un 
evidente error. 

Forma la tercera parte de la tesis un vocabulario (II, 122-174) que 
aumenta considerablemente el conocimiento de la variedad lexicológica de 


A NÁ 


296 Reseñas 

los dialectos interamnenses. Lástima que la autora, como ella misma lo con- 
fiesa, no haya podido ampliar y rectificar la parte etimológica. He aquí 
unos cuantos ejemplos que exigen —entre otros— tal revisión y ampliación: 
alvitana cp. Schroeder, VKR X, 191; chamaceira ib. 204; poita cp. 
Boletim de Filologia IV, 116 y VKR X, 207; matafiáo “atilhos no ex- 
tremo das redes sardinheiras” corresponde al it. maitafione, cat. matafió, 
prov. matafioun; canga 'junco (jugo ?) de poca altura* cp. VKR XIV, 
252-253; carumba cp. Cl. Basto, RL XIX, 261; chicha “carne, peixe' 
no tiene nada que ver con CICIUM, cp. NRFH Il, 384; morrinha “chuva 
miudinha' de morrer 'morir'>?; tramelho 'tramela” de TRABELLA ?, 
cp. Hochpyrenáen D 173-177; etc. 


F, KrUcEr 


J. Lopes Dias, Etnografía da Beira, Vol. VII. Lisboa, Livraria Ferin, 
1948, 280 págs. 


El presente opúsculo del Sr. J. Lopes Dias constituye la continuación 
de la serie ya bastante extensa que el infatigable folklorista va publicando 
desde hace catorce años sobre las tradiciones populares de la Beira Baixa 
y de la que el lector encontrará: una reseña crítica en la revista VKR 1943 
XV, 351-352. Lo que destaqué en aquella ocasión puede aplicarse peí- 
fectamente al tomo presente: una riqueza asombrosa de materiales, evidente- 
mente fruto de largas peregrinaciones e investigaciones, un talento particu- 
lar en la observación de los matices del folklore y una manera amena, pero al 
mismo tiempo rigurosamente científica son los caracteres que distinguen la la- 
bor del infatigable folklorista. Siguiendo el plan de los tomos anteriores el 
autor presenta leyendas, cuentos y romances, descripciones de fiestas religiosas 
y populares (carnaval, cuaresma, Navidad, matanza, ““magustos””), de creen- 
cias populares y supersticiones y aspectos típicos de la industria rural (se- 
rradores, cesteros, tejeros, molinos y ““atafonas”), con la terminología co- 
rrespondiente. Una serie de dibujos y fotografías contribuyen a aumentar 
el valor auténtico de las descripciones. El autor prepara un estudio de con- 
junto sobre las tradiciones populares de toda la Beira Baixa. Hacemos 
votos para que lleve a feliz término una obra que sin duda alguna repre- 
sentará una contribución valiosísima al estudio del folklore regional por- 
tugués. 


F, KRUGER 


Reseñas 297 


J. A. Capela e Silva, Estudos alentejanos. A linguagem rústica no con- 
celho de Elvas. Lisboa, Ed. da “Revista de Portugal”, 1947, 211 


págs. 


La dirección de la Revista de Portugal ha rendido desde hace años 
destacados servicios a la cultura portuguesa por la publicación de revistas, 
ediciones y estudios literarios bien conocidos (cp. en el próximo número la 
reseña sobre la espléndida edición del Cancioneiro da Biblioteca Nacional an- 
lygo Colocci-Brancuti). Más loable aun es su ayuda porque ha procurado la 
edición esmerada de obras sólo reclamadas por una minoría de lectores y 
aficionados. Hemos seguido con creciente interés la publicación de la serie 
A lingua portuguesa, revista fundada en 1942 por el director Alvaro Pinto, 
en la cual se discuten problemas actuales de la filología portuguesa y he- 
mos apreciado los progresos considerables que se ha hecho durante estos 
últimos decenios en la publicación de una nueva biblioteca de estudios fi- 
lológicos especiales. Pertenecen a este grupo los Ensaios de filologia ro- 
mánica del romanista alemán Harri Meier recién aparecidos (1948), la 
Introducáo ao estudo da filología portuguesa del Dr. M. de Paiva Boléo, 
comentada en las págs. 286/7 de estos Anales y el presente trabajo del señor 
J. A. Capela e Silva. 

El vocabulario alentejano del Sr. Capela e Silva, presentado en la 
forma simpática y hasta elegante a que estamos acostumbrados en las pu- 
blicaciones de la “Revista de Portugal”, es el fruto de un intenso convivio 
“com o bom povo do concelho de Elvas”, vale decir del extremo Este de 
esta región. Según lo indica el título, los materiales proceden del ambiente 
campestre. Es pues la terminología y la fraseología del paisano alentejano 
que da a este vocabulario su sabor particular: las formas de cultivo, la 
cosecha, los aperos, el pastoreo, los utensilios del labrador y del pastor y 
su vestidura. La vida típica del rústico alentejano aparece así reflejada en 
el espejo de su lenguaje. Contribuyen a la ilustración de objetos y aperos 
un gran número de dibujos y algunas reproducciones de realistas esculturas 
del mismo autor. Así aparecen por ejemplo dibujos de la vasija de barro 
(barranháo) que utiliza la gente para comer en grupos, la escudilla hecha 
de cortiza (coxo) que sirve para beber agua, la corna o sea un cuerno cor- 
tado destinado a guardar aceitunas o leche y el cabago 'cabazo” utilizado 
como cucharón, - un cuadro completo de los distintos tipos de envases (de 
barro, cortiza, cuerno y cabazo) brindados al campesino alentejano por la 
Naturaleza. Otras reproducciones de canudos, dediles de caña utilizados 
para proteger los dedos de la mano izquierda contra la hoz en la cosecha, 
pág. 47; de la corna ya mencionada, pág. 68; y del gravato, gancho que 


298 Reseñas 


emplean para agarrar las ovejas, pág. 105 dan una idea del arte popular 
tan arraigado entre los pastores solitarios de la vasta campiña. 

Son interesantes también los instrumentos de música reproducidos por 
el autor: el pandeiro (pág. 133) que tiene en el Alentejo la misma forma 
primitiva —caja cuadrada cubierta por una piel de oveja— que tan sólo 
se ha conservado en algunas regiones de Portugal (pandeiro, adufe), en 
Galicia y las sierras asturianas (este panderu que tocu ya de petcheichu de 
oveicha “este pandero que toco es de piel de oveja”, en una canción popular 
asturiana) y la ronca “vasija cuyo fondo es substituído por una piel de 
vejiga, atravesada por un cordel acerado que, tirado con la mano, da un 
sonido ronco y áspero” (pág. 170) que parece pertenecer al inventario 
arcaico musical de muchos países europeos donde le han dado designacio- 
nes no menos expresivas: brau, bourret, badalut en dialectos provenzales, 
rummelpoit en la Baja Alemania, etc. 


Muestran estos ejemplos el gran interés etnográfico que, además de 
la documentación lingilística, presenta el nuevo vocabulario alentejano del 
Sr. Capela e Silva. Les especialistas lo utilizarán con gran provecho junto 
con la clásica descripción de la vida rural alentejana de J. da Silva Picáo, 
la rica información lexicológica que nos brindó últimamente J. A. Pom- 
binho Júnior (en la RL y otros lugares) y otras valiosas contribuciones al 
estudio de la cultura tan pintoresca del Alentejo. 


F. KRUGER 


Max Leopold Wagner, Lingua e dialett dell America Spagnola. Edi- 
zioni “Le lingue estere”, Firenze, 1949. In 8”, 190 páginas. 700 
liras. 


No es necesario decir, dada la autoridad del gran romanista M. L. 
Wagner, cuán grande es el interés de este tomo, en el que se ofrece una 
breve pero amplia síntesis sobre la evolución y características del español 
de América. 

En realidad, sólo el atraso en los estudios científicos sobre nuestra 
lengua, tanto en lo que se refiere a la Península como a los territorios por 
donde en el correr de la, historia se ha extendido el español, impide que ten- 
gamos libros extensos sobre el tema en conjunto tal como este libro lo afron- 
ta, Á ese retraso se debe que el español dentro de la disciplina romanística, 
como en general en los estudios lingilísticos, no ocupe el puesto que cientí- 
ficamente merece. Ultimamente, los trabajos del Instituto de Filología de 


Reseñas 299 


Buenos Aires, continuando la labor de la escuela de Menéndez Pidal, han 
comenzado a permitir que se hable ya de una dialectología hispanoameri- 
cana. M. L. Wagner ha tenido el gran acierto de bosquejar una obra de 
conjunto en que hace una viva síntesis de todos estos trabajos. Es lástima 
que no haya concedido la misma atención a publicaciones españolas recien- 
tes, por lo que los especialistas notarán lagunas, a veces ya ahora salva- 
bles, en la comparación con hechos lingiiísticos peninsulares. La lista biblio- 
gráfica de la p. 172 deja ver bien claro que si de los trabajos bonaerenses 
el autor está al corriente, desconoce los trabajos de Gómez-Moreno y otros 
autores, entre ellos el que suscribe esta nota, acerca de los sustratos hispáni- 
cos, y así va a incidir en el tópico de que páramo es “ibérico” (p. 35), 
ignorando que un lingiiista del prestigio de Pokorny lo ha explicado como 
indoeuropeo. 

Por lo demás la construcción del libro es de admirar. A dos capítu- 
los donde se expone el fondo español de la lengua (pp. 11-50) y el ele- 
mento indígena (pp. 51-77), siguen una caracterización de las distintas 
zonas dialectológicas (para trazar las cuales se sigue a Henríquez Ureña), 
con una colección de ejemplos dialectales, y una conclusión muy interesan- 
te, en la que se insiste en la fundamental unidad del idioma, con la fór- 
mula *varietá nell'unitá e unitá nella differenziazione'”” (p. 147). Cierra el 
libro un capítulo sobre dialectos de tipo llamado “*criollo'” (en el sentido de 
los Kreolische Studien de Schuchardt; en esp. habría que buscar otra palabra, 
pues “criollo” aquí en América evoca imágenes muy distintas del fr. créole, 
por ejemplo). Un excelente índice avalora el libro. Que el autor se refiera 
al español de Filipinas merece las mayores alabanzas, al llamar la atención 
de los estudiosos de nuestra lengua hacia un territorio tan alejado. 

En cuanto al tema de los orígenes del español de América, Wagner 
insiste (p. 11 y 16) en su conocida tesis de lo ““preclásico”. En realidad, 
si el momento de Colón es aún preclásico, la fundación de los virreinatos y 
de las instituciones de cultura como las Universidades, ocurre en los días 
de Garcilaso, del Lazarillo, de Juan de Valdés. Es decir, que a diferen- 
cia del latín de Hispania (que no es preclásico en general, ni arcaico sino 
por referencia a los tipos seriores de Galia e Italia), la organización de las 
colonias americanas no puede decirse que fuera muy temprana para el es- 
tado de la lengua. Más afortunada, pues, que la fórmula “preclásico” o 
“anteclásico”” nos parece la expuesta por Wagner en la p. 143, donde se 
dice que “lo spagnolo introdotto in America era, in sostanza, lo spagnolo 
popolare dell'epoca della conquista”. Aplicando una teoría cronológica al 
modo de la de Gróber a la expansión del español en América, no se pue- 
den considerar anteclásicos los tiempos de 1500 a 1550, plazo en que se 


300 Reseñas 

llegan a fundar ciudades desde Zacatecas y Acapulco hasta Santiago de 
Chile y, al menos en cierto modo, en el río de la Plata. Intentar precisar 
conceptos en este campo, puede llevar a definiciones tan resbaladizas como 
la del “latín vulgar”. 


Referente a la cuestión del andalucismo, acepta Wagner en general 
(p. 80 por ejemplo) la tesis de Henríquez Ureña, pero no sin ciertas res- 
tricciones (como ya antes, RFE XIV, p. 20 ss.). El asunto habría de ser 
revisado en el sentido de que en genera] la lengua hablada al sur del Tajo 
se va inclinando progresivamente hacia formas andaluzas. Ciertos fenó- 
menos “meridionales” comienzan ya al sur de Salamanca y de la Sierra 
de Avila. Y de estas tierras de Castilla la Nueva y Extremadura deberían 
sumarse los emigrantes al español del sur en la estadística que Henríquez 
Ureña presenta en la p. 79 de la obra Sobre el problema del andalucismo 
dialectal de América, con lo que la composición variaría bastante. No se 
olvide que en el siglo XVI la España que vive más, a juzgar por los lu- 
gares de origen de escritores, conquistadores, etc. es en general la meridio- 
nal, la que hoy llamamos ““de Madrid para abajo”. Si se nos permite acu- 
dir al sentido lingiúístico del no especialista procedente de Castilla la Vieja, 
América produce, hasta en su cocina popular, la impresión de que es tam- 
bién “de Madrid para abajo”. Mas dejemos la grave cuestión, que no 
podemos nosotros resolver, y pasemos a algunas minucias, para cuya co- 
rrección me baso en mi conciencia lingiiística de no especializado. 
temerario “senza riguardo' anotado p. 37 como un americanismo de 
Venezuela, no me parece que lo sea. Yo lo he oído en Villena 
(Alicante), zona de dialecto fronterizo del murciano, dicho por 
ejemplo del marido que en sus borracheras golpea a su mujer: 
—+Esa tiene mucha suerte, su marido es borracho, pero no llega 
lemerario. 
nimio (Puerto Rico, pero se oye igual en España) en el sentido de 
*piccolissimo” no debe ser tanto un equívoco con mínimo como 
una evolución semántica en conexión con nimiedad en el sentido 
de “minucia, cicatería'. 
careto 'ragazzo della faccia sporca, moccioso” no es sólo de Hondu- 
ras, sino que es una aplicación especial del término careto que se 
aplica a los animales en español común. 
velador en la p. 90 lín. 25 es muy claro: se trata de una fiesta, como 
puede verse en el Dicc. de la R. Academia, ed. de 1947; y no 
se olvide que los novios en España generalmente se velan. 
A trueque de pecar de nimios, aún haremos algunas observaciones: 
convendría que en la próxima edición se precisara el uso del término pla- 


Reseñas 301 
teresco, que el autor (p. 7) cree tal vez sinónimo de rococó. Menéndez 
Pelayo en su Historia de la poesía hispanoamericana trata algo más que de la 
época del coloniaje (corríjase la p. 8 n.); y por cierto que no es corriente 
esa palabra coloniaje, y no somos los españoles quienes la usamos sino 
“algunas repúblicas americanas” como dice el nunca bien ponderado Dic- 
cionario académico. Las glosas en décimas no pertenecieron nunca al artz 
mayor (p. 122 n.). El término tapera no es quechua (p. 133), sino gua- 
raní. En la p. 140 carneada no debe significar sino “matanza de animales. 

En otro orden de cosas, en el siglo XVI o XVII las culturas de 
Europa, y quizá menos que otras la española, no eran “nacionales” como 
lo han sido en el siglo XIX, por lo cual no suena exacto afirmar que “la 
cultura spirituale dei tre secoli coloniali € esclusivamente quella della ma- 
drepatria”” (p. 7). Precisamente lo que llegaba a América, al menos en 
la intención, era la parte más universal de la cultura de la metrópoli, 
primero renacentista y aristotélico-escolástica, luego barroca... Se creía 
traer a América la escolástica, el derecho civil y canónico, más bien que 
la literatura nacional. La Araucana está más cerca de los Lusíadas o la 
Cerusalemme liberala que de los romances. 

Pero no quisiéramos que estas objeciones, y otras muchas que podrían 
hacerse, oscurecieran el mérito del libro, que se atreve a presentar un vasto 
panorama, aún sin explorar en detalle, y hace tentador el estudio de tantos 
horizontes todavía brumosos. La maestría del Prof. Max Leopold Wagner 
brilla en las grandes líneas del cuadro. 


ANTONIO Tovar 


Universidad de Salamanca 


Charles E. Kany, American-Spanish Syntax. Chicago Illinois, Universi- 
sity of Chicago Press, 1945. XIII - 463 págs. 


Un buen libro siempre entraña valores dignos de destacar. La presen- 
te obra, publicada hace ya cinco años por la misma casa editorial a que 
debemos los estudios de K. Piesch sobre los Spanish Grail Fragments y 
de H. Keniston sobre la sintaxis de la prosa castellana del siglo XVI, es 
de tanta importancia para la historia del español y más particularmente 
del hispanoamericano, que le dedicaremos, aunque con cierto retraso, algu- 
nas consideraciones en estos Anales. 

En la obra del romanista de Berkeley se exponen, en forma sistemá- 
tica, las tendencias más importantes de la sintaxis hispanoamericana, espe- 


302 Reseñas 
cialmente del habla popular o, mejor dicho, se ponen de relieve las diferen- 
cias que existen entre ésta y el “standard usage of contemporary Spain”. 
No cabe duda que esta gramática normativa, creada en el trascurso de los 
tiempos por el modelo de la literatura y de la Academia y observada hoy 
rigurosamente por las escuelas y las personas ilustradas de España, consti- 
tuye también la norma de las escuelas, de la literatura y de las clases cul- 
tas de los países hispanoamericanos. Pero es evidente también que por sobre 
ese ideal común, existen en Hispanoamérica ciertas peculiaridades sintác- 
ticas que llaman la atención. Tales particularidades se observan en la con- 
versación de las personas ilustradas y más aun en el habla popular y vulgar; 
encuéntranse también en obras literarias representativas con tanta mayor 
frecuencia e individualidad, cuanto que siguen las corrientes del realismo 
o de una literatura marcadamente nacional o regional, Es éste el caso de 
grandes novelistas tales como Giiiraldes, Gailegos, Rivera, de autores dra- 
máticos como Fl. Sánchez y de tantos otros que cultivan los géneros meno- 
res, la novela corta, el cuento, etc. El elemento popular ha de manifestarse 
más claramente aún en cuentos tradicionales y en la canción popular. 
Tales son las fuentes que el Sr. Kany, aparte de sus observaciones 
personales, ha utilizado en primer lugar. Siguiendo el modelo de los gran- 
des maestros de la sintaxis romance, ha recopilado durante años un mate- 
rial que, por su riqueza, su novedad y su variedad, ha de ser una verdade- 
ra revelación para muchos lectores, material que resulta tanto más atrayen- 
te cuanto que no disponemos de una información equivalente sobre la sin- 
taxis popular de España. La documentación sobre la cual el hispanista 
americano basa sus conclusiones resulta insuperable si tomamos en cuenta 
las circunstancias y las dificultades que presenta el tema. 


Dispone el autor sus materiales según las partes de la oración (sus- 
tantivo, artículo, adjetivo, pronombre, etc.), incluyendo, en los capítulos 
sobre el verbo y el adverbio, numerosas locuciones interesantes desde el 
punto de vista fraseológico y en el capítulo dedicado a las interjecciones, 
indicaciones importantes sobre las fórmulas de tratamiento. Es de lamentar 
sin embargo que no se haya detenido en la estructura de la oración, tema 
que, a pesar de encontrarse disperso en el libro, hubiera merecido en un 
tratado de “sintaxis” una sistemática exposición. Dentro de los capítulos 
mencionados, los materiales están agrupados según los diversos países. Este 
sistema, además de proporcionar al lector una fácil orientación, permite al 
autor demostrar la difusión geográfica de los fenómenos y destacar a la 
vez diferencias regionales. 

En determinados casos hay que admitir el influjo de construcciones y 
elementos indígenas, como por ejemplo el empleo del verbo dar más gerun- 


Reseñas 303 


dio con el sentido de un imperativo que se observa en la alta cordillera de 
Ecuador y en el Sur de Colombia: dame trayendo = “traeme' (pág. 158), 
el uso excesivo que se hace del gerundio en las sierras de Ecuador (pág. 
238) y la difusión de yapa, ñapa bastante arraigado en la fraseología de 
la Argentina, de Chile y de otros países (pág. 304). Como se ve, la in- 
fluencia de los aborígenes en la sintaxis es sumamente escasa, En cambio 
son frecuentísimos los fenómenos que, desde el punto de vista de la Penín- 
sula, pueden ser considerados como arcaísmos o que, comparados con el 
uso peninsular, tienen en Hispanoamérica mayor difusión y vitalidad: conti- 
más = “cuanto más' (pág. 292), enemantes = “antes” (pág. 306), el em- 
pleo pleonástico de la preposición de en casos como <e Y por qué no me 
aconsejás de que me siente en el piano? > (pág. 353), donde usado en el 
sentido de “cuando” (pág. 390) < Yo iba muy tranquilo, donde el caballo 
se espantó >, etc. 

Todas estas observaciones se basan en una comparación sistemática 
entre la tradición peninsular (que para el Sr. Kany es la castellana) y las 
particularidades observadas por él en el continente americano. Adviértase 
además que ha examinado con debida atención —dentro de su posibilidad — 
las diferencias que existen en el habla de las diversas clases sociales. 

Fundada en una sólida documentación, la obra del Sr. Kany repre- 
senta un prodigioso avance en los estudios sintácticos del castellano y una 
base excelente para investigaciones posteriores. Demostrar el interés y la 
variedad de los temas tratados por él será el objeto esencial de las notas 
siguientes. 

En las págs. 15-18 y 203 el Sr. Kany llama la atención sobre la 
perífrasis excesiva de un simple verbo por medio de un verbo auxiliar más 
nombre de acción en -ada o -ida: me corté > me di una cortada, voy a 
nadar > voy a echar una nadada, escaparse > pegar unas escapadas, etc. 
En efecto se trata de una construcción sumamente frecuente en el lenguaje 
familiar y popular de los países hispanoamericanos, según puede deducirse 
también de la colección de ejemplos presentada más recientemente por la 
Sra. de Battini respecto al habla rural de San Luis en la Argentina (págs. 
220 y sigs.; 238 y sigs.; 242): <Le di una apaliada; li han dau una 
aporriada; le dieron al pobre niño una chicotiada >. Comparado con el 
español donde hoy día tales construcciones se emplean con frecuencia en 
sentido metafórico (dar bocados = “morder', dar cabezadas = “dormirse”, 
dar las boqueadas = “estar moribundo) el uso hispanoamericano es casi 
infinito. Trátase en todos los casos citados de una acción momentáneamen- 
te acabada (ya en el presente, en el pasado o en el futuro), y que por su 
carácter particular —golpe, herida, movimiento brusco— gana en viva- 


304 Reseñas 

cidad. Este hecho —también el Sr. Kany destaca el ““vividness and rapi- 
dity “de la construcción, el deseo de'” express action vivid and completed” 
— y la frecuencia de su empleo en los países hispanoamericanos induce al 
autor a suponer que en tales construcciones se refleja el espíritu de los co- 
lonizadores, aquel “alertness, physical and mental, that characterized the 
colonists and settlers facing new problems in need of quick solving”” (pág. 
16). Por sugestiva que sea tal interpretación no creo que sea acertada, 
Opino más bien que se trata de una tendencia propia del lenguaje popular 
de dar plasticidad y vivacidad a la acción (por medio de verbos tan sig- 
nificativos como pegar y echar que en muchos casos substituyen al simple 
verbo dar), destacando en forma perifrástica, lo abrupto, lo momentáneo 
y lo perfectivo de su aspecto. Esto lo demuestran claramente los ejemplos 
siguientes tomados del catalán donde la perífrasis mencionada tiene por lo 
menos tanta difusión como en hispanoamericano. Abundan particularmente 
en los cuentos populares que se sirven de ella como recurso estilístico de 
alto valor: <Aixt qu'es drac arriba, pega unes cuantes uiades (= mira- 
das) pes voltants, no veu ningú i agafa uma vaca amb cada ma i ja es 
partit V'allá >. - <S'acosta a ses olles, pega una espipellada d'una després 
de s'altra, i.. > - < Í quant anava per afagar-lo, es falconet pega volada 
1 va descompareixer >. - < Es gigant, com veu que es falcó torna passar, 
li pega grapada, Pagafa >. - < O quina culada que pegá! >. - <Afiná 
a Wel Rej qui tornava a pigar bones pipades dalt sa paret de s'ort>. Son 
frecuentísimos también — igual que en hispanoamericano— las combina- 
ciones siguientes: pegar crit (= “dar un grito"), bot (= * dar un salto”), 
fues, enfuites, mós (= 'morder'), etc. Sobre el empleo de parecidos re- 
cursos estilísticos en el francés moderno puede consultarse el estudio ins- 
tructivo de A. Lombard, Les constructions nominales dans le francais mo- 
derne. Uppsala 1930, págs. 200 y sigs. 


pág. 32-34. Encontramos en el lenguaje popular hispanoamericano 
una marcada tendencia a sustituir el adverbio por la forma adjetiva co- 
rrespondiente: < Corrieron tan ligero... > (Laval, Leyendas y cuentos 
populares recogidos en Carahue. Santiago de Chile, 1920, págs. 100, 101). 
< Ligerito principiaron a pedirle muchas cosas a la varillita > (ib. 214). 
Muestra este fenómeno la aversión que se observa en el lenguaje popular 
contra el empleo del adverbio, forma gramatical demasiado abstracta (véa- 
se W. Havers, Handbuch der erklárenden Syntax. Heidelberg, 1931, pág. 
149). Presenta un paralelo interesante el dialecto minhoto donde la susti- 
tución del adverbio por el adjetivo correspondiente parece casi general: 
cóme sufrible = *come sofrivelmente”, chove torrencial (RL XIX, 174); 
compárese también port. gosto imenso. 


Reseñas 305 


También en el lenguaje popular catalán el adverbio formado por 
-ment casi no aparece. Va substituido por un sinnúmero de construcciones 
distintas: 

< Y se la emporta rápit (= rápidamente) a Paltra banda, en sus 
brassos > (Guimerá, Terra baixa 98). <¿Y per que es aquesta calderas- 
sa? - Per cuynar aquella colassa, respongue tot xelest (= alegremente) 
en Juanet >> (Alcover, Rondalles mallorquines 1, 10). < Y la gent com 
el sentian parlar tan granat (= noblemente), no hi posavan cap dupte de 
que... > (ib. I, 60). 

< cridant com un dessesperat (= desesperadamente) > (ib. IL, 
44). < totes fent calga com unes desperades > (ib. II, 306). < Pero 
¿i aixó es tot es jardi? diu ell com un beneit (= tonto)) > (ib. II, 54). 

< Sa jaia va fer una riaia escandalosa (= echóse a reír escandalosa- 
mente) > (ib. 1, 252). 

Son frecuentísimos casos tales como veure clar, cridar fort, anar tot 
dret, dir baix, etc. 


En las págs. 44-46 el Sr. Kany trata el uso del pronombre posesivo 
en lugar del personal con los adverbios de lugar delante, detrás, etc.: < El 
callejón, delante mío, se tendía obscuro >>. Demuestra que tal empleo del 
posesivo no se encuentra tan sólo en argentino donde tiene una difusión 
excepcional (compárese también Vidal de Battini, San Luis, pág. 380), 
sino también, aunque esporádicamente, en otros países americanos y la ex- - 
plica acertadamente por analogía con casos tales como a causa tuya, a pesar 
suyo, etc. Hállase esta construcción también en el lenguaje popular de la 
Península, “de donde vino a América”. La encontró el Sr. Kany en An- 
dalucía y las provincias vascongadas. Hay que agregar que es frecuentísima 
también en catalán, según demuestran los ejemplos siguientes sacados de 
Ruyra y Massó Torrents: < El paisatge s'esborra davant meu > - 
< Una banyista que está nedant al devant meu >. - <Fins que em plan- 
to al davant seu >. - <Vaig sentir un gemec a prop meu >. - < Dues 
gavines volen a sota meu >. - <A la mestressa la sentia trastejar darrera 
nostre >. - <Sobre meu, Vesfereit aleteig d'un roquerol >. El punto de 
partida hay que buscarlo en construcciones como a la vora nostra, etc. 
Compárese también Fabra, Cramática de la lengua catalana. Barcelona 
1912, pág. 148. Es interesante observar también la variante < Una dona 
que estava al meu davant >. - < I P'he llucada al teu darrera, per més 
que procurava amagar-se >, variante que corresponde perfectamente a 
hispanoamericano en su delante = “delante suyo”, por mi tras, en su tras, 
etcétera. 

Representa un caso distinto el empleo del posesivo en -bearnés: <Que 


306 Reseñas 


cau que bengat enta nousta >> — “Es necesario que Ud. venga a casa 
nuestra”, <En passan dabant bosta >> = 'pasando por casa vuestra”, pues- 
to que hay sobreentender “casa” (J. Bouzet, Manuel de grammaire béar- 
naise. Pau 1928, pág. 61). 

pág. 152. El autor hace observaciones interesantes sobre el empleo 
de haber 1 de + infinitivo en hispanoamericano. “Today haber + de 
+ inf. in many regions represents a simple future: ¡Pero chica, te has de 
matar! Nu'ha d'estar lloviendo, porque nu'hay nubes”. Este estado arcai- 
co (ant. cast. < creo que se contentará con esto, pues teniéndoos en su 
poder, ha de hazer lo mismo >) ha dejado también en la Península nume- 
rosas huellas, como se puede inferir de los ejemplos siguientes: 

cat. < M'en hi vaig i he de matar sense remei > (A. Ferrer Gi- 
nart, Rondaies de Menorca. Ciutadella, 1914, pág. 92). <¿Quina tasca 
m'heu de donar avui, l'amo? > (Alcover, Rondalles mallorquines 1, 19). 
< No has d'esperar aixó de ton pare tampoc! > (ib. VITI, 97). < Com 
se coneix que tens tan bon cor com poca noticia d'aquest drac que m'ha 
d'engolir!> (ib. 1, 247). <Deixa fer: que 'en he de mostrar de mirar 
allotes d'aprop > (ib. IL, 209). < Si tenc bon any a sa rota, he de fer 
una coca com una roda de carro > (ib, II, 49)| 

cast. < Salú te dé Dios. ¿y has de ir tú conmigo? - Pues claro: 
enfrente de su portal te esperaré > (Pereda VI, 366). < ¡Anda, anda!, 
ya te estás relambiendo con los vestidos que te he de regalar > (ib. V, 
74). < Y conveniéronse en que, malas-penas entrara él en quintas, se ha- 
bían de casar si no le tocaba soldao > (ib. VI, 409). 

port. < Eu hei-de falar a nhá Vitoria e tudo se ha-de arranjar > - 
< E tu, d'aqui a pouco, náo has de ir a verandar tambem? - Hei-de > 
(Lage, Os lobos 50). < Ninguém sabe o que há-de vir > (Ey - Kriger, 
Portugiesische Konversationsgrammatik. Heildelberg 1939, págs. 401-402). 

Pero hay que advertir que en las zonas indicadas la forma perifrás- 
tica ofrece también numerosos matices modales. 

pág. 202. El empleo del verbo entrar + a + inf. (< Y dentra a 
crusar el mundo / como burro con la carga >, Martín Fierro, etc.) deri- 
va de una tradición peninsular: <<antes que entrassen a iantar >> (Me- 
néndez Pidal, Cantar de Myo Cid 11 $ 161 ?; III 646); frecuentísimo 
todavía hoy en portugués: < Oh! oh! - entraram a rir-se os dois rapazes, 
prevendo já judiaria grossa > (Trindade Coelho, Os meus amores, pág. 
265). < Entrou a chorar convulsamente > (ib. 304)). < E entraram- 
lhe a dizer que era a Flor da rosa> (cuento, RL XX, 107, cp. ib. RL 
XXI, 105; XXI, 152, 157, 160). 

pág. 267. Repetición del verbo al fin de la oración: <No, señora, 


Reseñas 307 


Son ocho no más, son >. Trátase de un caso de ““Rahmenstellung” cuyo 
carácter y difusión en los idiomas romances fué estudiado hace ya años 
por L. Spitzer en un capítulo de sus Aufsátze zur romanischen Syntax und 
Stilistik. Halle, 1918, págs. 265-273. A los ejemplos portugueses citados 
por Spitzer (< eu por mim tinha-me lembrado, tinha>) agregaré los si- 
guientes que me llamaron la atención por la frecuencia con que se obser- 
van en la parte inmediata de Zamora (Sanabria): < Hace frío hoy. - 
Hace frío, hace >. - < Vengo de lejos. - Sí, señor, vendrá de lejos, ven- 
drá >. - <Callando ¡eh! a callar >. Como el Sr. Spitzer cita un solo 
ejemplo catalán, vayan unos cuantos más para ilustrar la variedad del 
fenómeno que se observa con tanta frecuencia en ese idioma: 

Repetición del verbo: << Plora la Marta, plora > (Guimerá, Terra 
baixa, pág. 32). 

Repetición del pronombre personal: < Anémhi, y veurém qué fa. - 
Jo devant, jo >. - < Jo li diré, jo > (ib. 21). < Que jo ho he vist, 
jo > (ib. 48). 

Repetición del adverbio interrogativo: < ¿Y cóm es, cóm? > 
(ib. 21). < ¿Qué hi ha de la Marta? Qué? > (ib. 32). 

Repetición del adverbio: < Are sortirá, are > (ib. 26). < Oh! 
Espérense, espérense, que encare'n sé més, encare > (ib. 12). < Aixó 
sí, també té'l seu geniot, també > (ib. 21). < Ja'l veurás, ja, si Deu no 
tajuda > (ib. 27). 

Repetición de la negación: < No hu sé, no > < No se cansará, 
no > (Ferrer Ginart, Rondaies de Menorca, págs. 167, 191), caso fre- 
cuentísimo también en oraciones exhortativas del castellano familiar: < ¡No 
se moleste, no! >> < ¡No te asustes, no! >>. <¡Amos, no hables, no! > 
(Braue, Beitráge zur Satzgestaltung der spanischen Umgangssprache. Ham- 
burg 1931, pág. 41). 

Parécese tal variedad y abundancia de la repetición del adverbio a la 
que últimamente fué observada por B. E. Vidal de Battini en su precioso 
libro sobre El habla rural de San Luis. Buenos Aires, 1949, pág. 398: 
< Ya vino, ya >, < No soy, no >. Encuéntrase también la repetición 
del pronombre, exactamente como en catalán: < Yo voy, yo >. 

Tiene pues el fenómeno una extensión más vasta de lo que hacen pre- 
sumir los ejemplos citados por Kany. 

pág. 259. Repetición del verbo por el participio del pasado: <El 
lo amarró bien amarrado >> (Laval, Cuentos 159). Demuestran los ejem- 
plos presentados por el autor que se trata de la prolongación de una tra- 
dición hondamente arraigada en la Península, según se deduce (además 


308 Reseñas 


de Beinhauer, Umgangssprache 200 citado por el autor) de Spitzer, Auf- 
sálze zur romanischen Syntax und Stilistik, pág. 137 nota. Encontramos 
la intensificación del verbo no sólo en el lenguaje familiar castellano, sino 
también en portugués y en catalán. Vayan los ejemplos siguientes: < A 
máe palpou-a bem palpada > (A. Ribeiro, Terras do demo 86), <. Tua 
máe... amochilou o dinheiro bem amochilade > (ib. 96), < um geri- 
falte que se calou bem calado > (ib. 13), < As pegas roubadas cala- 
ram-se bem caladas > (ib. 16); < Los posen dins es Ilit, un an es costat 
de s'altre, los tapen, ben tapats > (Alcover, [Rondaies mallorquines 1, 
196), < Com s'hagué rentada ben rentada, com s'hagué enllestida ben 
enllestida... va dir >> (ib. I, 171) < Aquell homo, devant tals co- 
mendacions se retgirá, ben retgirat, i no s'aturava de dir... > (ib. VII, 
92). < L'endiumenjaren ben endiumenjada > (ib. II, 240), <I se 
tanca ben tancat dins una cambra > (ib. VII, 86), < Jo del capatás en 
faría una tria ben feta > (Guimerá, Maria Rosa 89), etc. 

Interesa también el caso inverso, no tratado por el Sr. Kany y que 
sin embargo tiene gran difusión tanto en hispanoamericano como en los 
romances peninsulares y en el lenguaje familiar italiano (Ebeling, Proble- 
me der romanischen Syntax, Halle, 1905, pág. 113: it. Mangiarla, non la 
mangio di certo; Spitzer, 136 y siguientes; Beinhauer 199). Ampliando 
un poco la. documentación de dichos autores citaremos los ejemplos si- 
guientes: 

Argentina: < Admirarlo por sus dotes lo admirarás pero eso no 
significa todo >. Uruguay: < El muchacho no es malo en el fondo, pero 
muy irrespetuoso y algo botarate. Estudiar, estudia, pues tiene buenas cla- 
sificaciones. ...> (FL Sánchez, M'hijo el Dotor 1, 12). Colombia: 
< Arriba, caimán goloso, qui una niña va nadando. Cogerla, la cojerás, 
pero comértela, ¿cuándo? >> (R. Medina, Cantas del Valle de Tenza 1, 
109). 

Andalucía: < Pero dártela, para ti solo, no te la doy > (Muñoz 
y Pabón, El buen paño 104), < Buscarlo, no lo busco, porque las mu- 
jeres no sabemos buscar > (ib. 174). < ¡Eh! alto ahí, caballero! Como 
merecer, merece Ud, hasta entrar en la gloria con sus zapatos puestos > 
(ib. 244). 

Castilla: < Lo que Ud. haiga hecho; gustarme, me gusta, y la boda 
de comenencia lo era > (Rincón Lazcano y Montesinos, La alcaldesa de 
Hontanares, pág. 32). < Busca, 'busca bien; por venderse (la edición) 
no ha vendido... ¿Has cobrado en efecto? - Te diré, hombre: verás lo 
que pasó. Cobrar, he cobrado, pero escúchame... > (Quinteros, Los ga- 
leotes). 


Reseñas 309 


Asturias: < No hay que jumjúm ni que junjaina: el ceruxano man- 
dar mandólo > (Llano Roza de Ampudias, Cuentos asturianos, pág. 171). 

León: < Devanar devaneste, pero no acabeste >, en una canción 
popular (C. Morán, Por tierras de León. Salamanca, pág. 63). 

Galicia: < Eu casar bem me casara >>. <Como correr corre, inda 
que non chegará a tempo > (RFE XIII, 74). <Arriméme a un pino ver- 
de / Por si me consolaba; / O pino como era verde, / De verde chorar 
choraba > (Ro VI, 58). 

Portugal: < Temer, náo teme > (Silva Dias, Syntaxe histórica 
portuguesa. Lisboa, 1918, pág. 241). < Eu cantar cantava bem lá na 
minha mocidade >> (canción popular, RL X, 130). 

Compárese por fin la construcción análoga del gascón: < Tribalhá 
que hase, tant qui poudé > “de trabajar, trabajaba, tanto como podía”, 
< arribá que haréy, si platz a Diu > “de llegar, llegaré, si Dios quiere' 
(ZRPh LVI, 695). , 

pág. 363. El autor señala la vasta difusión del empleo de donde 
como preposición en la Península Ibérica. A las regiones citadas del Oeste 
podría agregarse Extremadura - Salamanca (< Y jaci un año corrio É 
que eris otro, hijo del alma; / ajuyis de andi tu madri, / duermis poco, 
no trabajas >. Gabriel y Galán I, 329) y particularmente Portugal, don- 
de el fenómeno -es frecuentísimo en el lenguaje popular: < As outras teem 
sido a ponte para chegar onde a ti > (Lage, Os lobos, pág. 130). < Vou 
onde A Maria > (RL XXXV, 264: Tras os Montes)). < Ir onde a 
ele > (RL IX, 277). < Foy ond ele > (Leite de Vasconcelos, Opúscu- 
los 1, 108, 160). Encontramos restos de la construcción antigua también 
en judeo-español: < Son más muncho di cuarenta años di cuandu lavor' 
ondi el > (C. M. Crews, Recherches sur le judéo-espagnol dans les pays 
balkaniques. Paris, 1935, págs. 55, 185), ande el xastre, ande el bizir 
(Wagner, Konstantinopel, pág. 138). 

pág. 130, 364. Tratando el caso de Voy a lo de Pedro = “Voy 
a casa de Pedro” que con bastante frecuencia se observa en hispanoameri- 
cano, el Sr. Kany remite a construcciones parecidas del Oeste y Sur de 
España. Presenta un caso análogo el antiguo catalán co de “la propietat, els 
bens, hisenda, terres, patrimoni” al que corresponden en las Baleares, etc. 
son tal = “propietat, finca” (Dicc. Aguiló; la consonante n es evidente- 
mente una contracción de En “señor') y es xó = “la finca' (en aixó'n Pep 
Roig = en la finca de P. R.; véase Spelbrink, BDC, XXV, 10, donde 
se discuten también opiniones opuestas); corresponde perfectamente a la 
forma del antiguo catalán bearnés enso de = “en casa de” (Lespy); co de 
= 'la maison de', go de Lacouma “la maison de L.”, < que boy enta co 


310 Reseñas 


deu me cousi > 'je vais chez mon cousin” (véase ZRPh LVI, 695 donde 
ya llamé la atención sobre la construcción hispanoamericana). 

pág. 379. Al lado de las conjunciones concesivas aunque, manque, 
mas que y ojalá que se han mantenido en hispanoamericano cabe mencionar 
también pese a cuyo empleo frecuente me ha sorprendido en la Argentina 
“y que probablemente se encuentra también en otros países americanos. He 
aquí unos cuantos ejemplos que mostrarán la diversidad de combinaciones 
sintácticas en las que interviene: 

Pese a todo, no iré. 

Pese al excesivo trabajo, siempre estaba de buen humor. 

Pese a cuantos esfuerzos se hicieron, fracasó. 

Pese a que ya comienza a llover, tendré que salir. 

Pese a que el gobierno sólo tendrá jurisdicción sobre la zona oriental 
de Alemania, Pieck en su discurso inaugural anunció que... (diario “Los 
Andes”, Mendoza). 

Los esfuerzos realizados hasta el presente, pese a ser muy pondera- 
bles, no han bastado para conjurar la situación (diario “Los Andes”, 
Mendoza). 

Encuéntranse tales construcciones tanto en el lenguaje familiar argen- 
tino, según me informa la Srta, Angélica Guiñazú, como en: el estilo litera- 
rio donde tienen gran difusión. Pero no se consignan en las gramáticas caste- 
llanas. Sin embargo hay una relación evidente entre el uso argentino y al- 
gunas locuciones que ya en el castellano antiguo tuvieron un sentido este- 
reotipado: pesiatal (= pese a tal) “lo mismo que pésete, y también se usa 
algunas veces por modo de interjección, para demostrar la extrañeza u di- 
sonancia que hace alguna cosa” (Dicc. Aut.); pesia “int. de desazón o 
enfado” (Dicc. Ac, Esp.); < ¿Qué tengo que dormir pesia a mí - res- 
pondió Sancho... -, que no parece sino que todos los diablos han andado 
esta noche conmigo? > (Cervantes, Don Quijote. ed. Clásicos Castellanos 
VI, 50, 314, donde se explica también el a pleonástico por la pérdida del 
contenido original: pesera > pesia > pesia a); <Pesia al cielo > (He- 
rrera); < Ah, pesial > (Avila, según Cejador y Frauca, La lengua de 
Cervantes 1, 855), etc.; pese a quien pese, pese a quier pesare “expresión 
familiar que denota resolución firme para ejecutar o decir una cosa, sacrifi- 
cándolo todo a la verdad” (R. Caballero, Diccionario de modismos de la 
lengua castellana, pág. 900). En todos estos ejemplos se nota muy bien el 
valor dinámico que originariamente se dió al subjuntivo y que hoy día per- 
siste en la construcción argentina. Sin entrar en una discusión pormenori- 


Reseñas 31 


zada de la cuestión, remitiré al capítulo correspondiente de la tesis de A. 
Braue, Beitráge zur Satzgestallung der spanischen Umgangssprache. Ham- 
burg, 1931, páss. 110-115 y a ejemplos del tipo siguiente: < Hoy los 
cancilleres .. .resolvieron poner fin a la conferencia el lunes, se llegue o no 
al acuerdo > (diario “Los Andes”). <El gobierno chino hizo saber 
que impondrá el cierre de los puertos comunistas chinos, les guste o no les 
guste a los norteamericanos > (diario “Los Andes”). “Terminamos estas 
divagaciones con un ejemplo típicamente hispanoamericano: < Me voy no 
más, aunque le repese al que le requetepese, como ijo on Arturo > (cuen- 
to popular chileno; BDH VI, 36). 

En las págs. 396-397 el autor se refiere a una construcción bien co- 
nocida en los romances y que en ciertas partes de Hispanoamérica liene una 
difusión particular.: Yo que entro y él que sale. Son numerosos los ejemplos 
que encontramos en los cuentos populares chilenos: < Ellos que llegan y 
Culebrás que aparece > (Laval, Cuentos populares 23). < Mariquita 
que se va y el Diablo que llega > (Laval, Leyendas 73). < Esto que 
dice el Soldadillo y el gigante que se le va encima > (Laval, Cuentos po- 
pulares 9). < Cuando llegó al primer estado bajo tierra, el Soldadillo que 
entra a una sala muy hermosa y que se le presenta un enorme culebrón con 
siete cabezas > (ib. 10). 

Encontramos el mismo caso de “relativischer Anschluss'” en Uruguay: 
< ¡Caramba! ¡Yo que venía tan contento a traerle una buena noticia, y 
me la encuentro así! >> (Fl. Sánchez, M' hijo el Dotor 52). 

Es probable —dice el Sr. Kany— que esta misma construcción se 
encuentre también en el lenguaje familiar de España. En efecto, aparece 
ya en el antiguo español y con suma frecuencia en el Romancero (< El 
señor estando en esto Mudarrillo que asomaba >; véase la rica documen- 
tación presentada por K. Pietsch, Spanish Grail Fragments 11, 83-86) ; 
encontramos casos análogos en el lenguaje hablado de hoy. (A. Braue 
27-28: < ¡Mira! ...¡Mi padre que sube! ...¡Madre mía! >). 

Pero no hay ningún idioma peninsular que tanto se parezca, en cuan- 
to a la variedad y la estereotipación de la construcción mencionada, al chi- 
leno como el catalán. Allí abundan los ejemplos tanto en el lenguaje dra- 
mático como en los cuentos populares. Allí, según observa muy bien M. 
de Montoliu BDC II, 21, quien primero llamó la atención sobre el fenó- 
meno catalán (dándole una interpretación no aceptada generalmente), la 
partícula que “se convertí en un veritable infixe d'oració, expressant una 
varietat afectiva del llenguatge narratiu””. Compárese también ZRPh LIV, 
351, donde el lector encontrará más referencias bibliográficas, y los ar- 
tículos publicados recientemente en la revista “Le frangais moderne” XVII, 


312 Reseñas 
7, 91-94 sobre le facteur qui passe (sin agotar la bibliografía ya bastante 
extensa que ha causado la construcción francesa). 

En las págs. 313-317 el autor traza un cuadro completo del empleo 
que en Hispanoamérica se hace de la fórmula fosilizada no más (Diga no 
más, etc.). Señala en Méjico el empleo de no más que en el sentido de 
“apenas, tan pronto como", remitiendo al mismo tiempo a nada más que, 
conjunción que observó en Málaga. Parece sin embargo que tal construcción 
tiene mayor difusión en la Península, según demuestra su empleo en el 
Oeste (< Pero n'amás que vieni el giien tiempo, / me esmonto de casa > 
Gabriel y Galán I, 300). Tiene un carácter parecido cat. < Anava 
baixant graó a graó, i ja no més treia enfora el cap ¡ els bracos, quan (1) 
vaig sentir una veu infantívola > (Ruyra, Pinya de Rosa 1, 18). 


El debilitamiento completo de no más parece ser relativamente raro 
en Hispanoamérica: < ¿Qué no más has traído? > “Its function then is 
merely to soften a phrase”, Adviértase que tal empleo debilitado es casi 
la regla en catalán, según puede inferirse de los ejemplos citados por M. 
L. Wagner en su reseña del estudio de I. Melander sobre el origen del 
español no más en RFE XI, 74, a los que agregaremos unos cuantos con 
el objeto de destacar el uso tan típico del catalán: << Nosaltres no més ho 
hem fet per obediencia >> (Guimerá). < No, jo no mes t'havia dit que 
Vobrissis > (Rondaies de Menorca). < No més teng pó que mos castigui 
per sa feta de s'asa > (ib.). < No-més som homo una hora cada trenta 
dies > (Rondates mallorquines). 


pág. 328. también no = “tampoco”, “rasgo del habla popular y 
rústica de muchas regiones hispanoamericanas”” y rasgo del antiguo castella- 
no conservado también en portugués, romance que, como se sabe, en lo sin- 
táctico ha mantenido una tendencia arcaizante: <<Ele náo sabe nadar, e 
eu também náo >. < “Também nenhum rumor se percebia além das águas 


> (Aquilino Ribeiro, Terras do demo, pág. 74). 


pág. 333. Una observación análoga puede hacerse respecto a la 
construcción ir + infinitivo (ant. esp. < vo meter la vuestra seña >>) que 
subsiste en hispanoamericano, en los dialectos occidentales de la Península 
(según ya observó el Sr. Kany) y en portugués: < Vai chover>. <Váo 
levar esta carta ao correlo >. 

pág. 236. Lo mismo puede decirse de la combinación ir más gerun- 
dio de ir, sumamente frecuente en hispanoamericano. Encontramos la misma 
construcción en antiguo español (< asy yremos yendo cabo adelante >), en 
gallego (< Imos indo a casa >. < Veñan vindo a traballar >. RFE 
XIII, 74) y en portugués: < Como vai o senhor? - Vou indo > = ¿Có- 


Reseñas 313 
mo le ya? - Muy bien. < Podia vir vindo o inverno, que arrasa as fontes 
e estruma os montes > (A. Ribeiro, Terras do demo, pág. 153). 

págs. 161-164. Empleo del pretérito simple y del pretérito com- 
puesto, Acierta el autor haciendo constar que el pretérito simple es mucho 
más corriente en el hispanoamericano que el pretérito compuesto (¿No vino 
todavía? ¿Qué pasó? etc.). Es éste un aspecto sintáctico que me llamó la 
atención desde el primer día de mi llegada a la Argentina. Ahora bien, 
¿cómo puede explicarse tal hecho? Según el Sr. Kany “the short, clipped 
preterite with ¡ts feeling of abruptness and finality was suited to the more 
active living in the New World and is paralleled with familiar American 
English (Did you do it? rather than Have you done it?)”. A mi modesto 
parecer no es así. Trátase más bien de uno de aquellos arcaísmos sintácti- 
cos, supervivencias medievales, que se han mantenido en regiones arcaizan- 
tes de la Península (según ya vimos antes, especialmente en las hablas del 
Oeste) y que con tanta frecuencia aparecen también en hispanoamericano. 
El caso que nos ocupa es particularmente instructivo. Sin entrar en una dis- 
cusión de los detalles (últimamente magistralmente expuestos por E.. Alar- 
cos Llorach en su artículo sobre el perfecto simple y compuesto en español 
publicado en RFE XXXI, 108-139) haremos constar que el antiguo es- 
pañol conserva todavía muchas huellas del empleo primitivo del perfecto 
simple latino que a partir del siglo XVI ya no era permitido en el len- 
guaje corriente castellano. Desde el siglo XVII —afirma E. Alarcos 
Llorach—, cuantas veces la forma simple aparece en lugar de la compues- 
ta, se debe a arcaísmo afectado, a latinismo o a necesidades poéticas. 
Únicamente en los dialectos del NO. y del Oeste, incluso el portugués, se 
ha conservado el estado anterior, estado que caracteriza el español hablado 
antes de la colonización americana y que ha dado un relieve característico 
al hispanoamericano hasta el día presente. Este hecho no excluye el que 
existan también en América zonas de carácter purista, es decir áreas que 
han adoptado el uso corriente (según las observaciones del Sr. Kany, Perú 
y Bolivia, países cuya fonética se distingue también por tendencias conserva- 
doras); este hecho no contradice lo observado recientemente por la Sra. 
Vidal de Battini, El habla rural de San Luis. Buenos Aires, 1949, pág. 
387, según la cual en el lenguaje campesino de dicha región se da una 
marcada preferencia a las formas compuestas. Pues esta observación 
concuerda perfectamente con la corriente general que se mueve en el len- 
guaje popular de tantos países y que tiende a vincular lo pasado con el 
presente. Este fenómeno claramente se observa desde hace tiempo en Fran- 
cia y se va extendiendo cada vez más en el lenguaje popular de España. 
Demuestran las disquisiciones anteriores lo interesante que sería el estudio 


314 Reseñas 

sistemático del uso del pretérito en los países americanos, atendiendo a la 
expresión literaria y a las tendencias que pudieran encontrarse en el habla 
popular. 


F. KrÚcER 


Félix Coluccio, Folklore de las Américas. Primera Antología. Con 98 
grabados fuera del texto. Buenos Aires, Editorial “El Ateneo”, 
1949. 466 págs. (Con un prólogo de A. R. Cortázar y una portada 
artística de E. Volta). 


F. Coluccio es el primero que nos ofrece una antología folklórica de 
todos los países americanos. Teniendo en cuenta la dificultad de lograr 
una visión tota] sobre tan vasto territorio y la falta de una fuerte tensión 
en las relaciones culturales de estos países, la antología resulta una obra 
muy valiosa y de gran jerarquía. La selección de los trozos se ha hecho 
con mucho esmero y fina sensibilidad para lo típico y característico. Todos 
los países están ampliamente representados exceptuando el Ecuador que 
sólo aparece en un trozo. Por otra parte debemos notar que una obra de 
este género nunca satisfará íntegramente los intereses y gustos de los espe- 
cialistas. Es sobre todo una obra de divulgación. 

Los trozos escogidos se refieren a la mitología, las fiestas, los cuentos, 
costumbres, bailes, música popular y tradiciones, y hasta temas tan intere- 
santes como las riñas de gallos en Costa Rica o los alimentos típicos de Pa- 
namá. Tampoco faltan elementos lexicológicos como provincialismos de 
Guatemala o una selección del Diccionario de peruanismos de J. de Arona 
(París 1938). Las indicaciones sobre la música popular de los distintos 
países nos permiten comparaciones. Entre los cuentos encontramos algunos 
referidos a animales que hasta ahora no fueron conocidos en España, Por- 
tugal ni en otros países: pág. 330 “De la simulación” (Paraguay); pág. 
424 “La ratona y el ratón” (Uruguay). El carácter variado dei folklore 
en los diversos países es bien marcado (vease Bolivia, Chile, Perú, Pa- 
raguay, Uruguay, Venezuela). 

F. C. ha considerado aún las publicaciones más recientes (de los años 
1946-1948) dando a conocer así algunas publicaciones folklóricas (sobre 
Canadá, Bolivia, Chile, Honduras, Uruguay y Venezuela) que, por lo 
menos en Europa, eran desconocidas. 

Los 98 instructivos grabados que ilustran la obra tienen un valor es- 
pecial, Por su importancia documental mencionaremos los siguientes: los 
“diablos de Oruro” (Bolivia), el Sicuri (bailarín, Bolivia), las figuras 


Reseñas 315 


populares chilenas de cerámica, la danza de diablicos (Panamá), los tra- 
jes de mujeres panameñas y las máscaras de baile del Perú. 
Particularidades: en cuanto al ““descabezamiento del gallo” en Chile 
(pág. 182) y el “cortagallo”” mejicano (pág. 266) cf. mi artículo Uber 
Hahnenschlagen und Verwandtes en 'Niederdeutsche Zeitschrift fiir Volks- 
kunde” XV, 1937, pág. 198-201, donde hablo de este uso en 
Alemania, Bohemia, Béarn, Asturias, Ibiza, norte de Portugal, Bra- 
sil, Méjico y Rep. Dominicana. Pág. 206 “La pistola”: falta el pri- 
mer verso de la copla. Según C. Samayoa Chincilla (pág. 229) el origen 
de la marimba sería ““netamente americano y no africano”. El origen afri- 
cano de la marimba americana no puede negarse. Este instrumento de mú- 
sica fué introducido en África de la India y se usa aún hoy en África. 
pág. 266: el ““cortagallo'” no tiene nada que ver con las riñas de gallos que 
se acostumbran en Méjico (cf. para Costa Rica pág. 149). El “cortagallo” 
fué originariamente un uso mitológico (gallo = demonio del trigo). Las 
peleas de gallos, mejicanas y costarricenses, proceden de las españolas 
(éstas de las romanas y éstas del extremo oriente). Una descripción deta- 
llada de una riña de gallos en Sevilla encuéntrase en Fr. Christiansen, 
Fesiliches Spanien, Leipzig, 1935, págs. 109-120, Estas peleas se conocen 
también en Murcia, Valencia, Ibiza, Guatemala, Venezuela, Perú, Ar- 
gentina, Paraguay y Chile. La costumbre de que un solo indio toque 
simultáneamente el “pífano' y el tamborcito en Lamas (Perú) se debe a 
una influencia española donde también se estila (con instrumento de viento 
diferente) en Cataluña, en el País Vasco y en la Maragatería. Entre los 
mismos indios de Lamas se usa también la quena y el tambor autóctono. 


W. GiEsE 
Universidad de Hamburgo. 


Félix Coluccio, Diccionario folklórico argentino. 2* edición aumentada y 
corregida, Buenos Aires, Editorial El Ateneo, 1950. 503 páginas. 


Todo investigador que alguna vez se haya ocupado del folklore argen- 
tino o americano, conoce bien las enormes dificultades con que se tropieza 
al recopilar el abundante material publicado en innumerables libros y revis- 
tas, al ordenarlo sistemáticamente y seleccionarlo con un criterio que permita 
su uso científicamente inobjetable y fecundo en resultados positivos, Por 
cierto, en un país tan rico en tradiciones populares como la Argentina, no 
existe aún una obra que comprenda toda la multiplicidad de hechos y fe- 


316 Reseñas E 

nómenos folklóricos y la totalidad de sus aspectos enlazados por una ex- 
posición metódica que facilite una orientación exhaustiva y rápida en los 
diferentes temas. En rigor, han aparecido —y muy especialmente durante 
los últimos años— muchos trabajos meritorios y aún definitivos sobre de- 
terminadas zonas del país y sobre aspectos parciales del folklore espiritual 
o material de algunas regiones del territorio argentino apegadas profunda- 
mente a la tradición vernácula. Pero estas publicaciones —diccionarios, 
cancioneros, monografías generales o especiales, etc.—, sumamente útiles 
y hasta indispensables para una labor sintética posterior, casi siempre se 
restringen a una exposición analítica, simplemente descriptiva o enumerativa 
de] material, en la mayoría de los casos incompleto, sin llegar a una visión 
comparativa e integradora que permita incorporarlo al panorama nacional 
o incluso continental de las respectivas manifestaciones. Por meritorios e 
imprescindibles que sean estos trabajos —recordamos sólo, de los últimos 
años, el Vocabulario y refranero criollo, de Tito Saubidet, las Notas a la 
antropogeografía del Valle de Tafí, de E. B. de Santamarina (Universi- 
dad Nacional de Tucumán, Instituto de Estudios Geográficos, monogra- 
fía núm. 7, 1945), los Cancioneros de Juan Alfonso Carrizo y de J. Dra- 
ghi Lucero, los estudios musicológicos de Carlos Vega, a los que hay que 
agregar ahora los importantes trabajos de la Revista de Estudios Musicales 
del Instituto Superior de Artes e Investigaciones Musicales de la Univer- 
sidad Nacional de Cuyo, y la Biblioteca de Dialectología Hispanoameri- 
cana del Instituto de Filología de la Universidad de Buenos Aires—, su 
carácter específico reside, casi exclusivamente, en la especialización; en la 
restricción a un determinado sector temático o regional, vale decir, en su 
carácter aislador, en un sentido espacial o espiritual, que fácilmente puede 
inducir a formular juicios unilaterales y hasta equívocos, en cuanto atañe 
al origen, difusión y valor intrínseco de los hechos y problemas expuestos. 


Estas consideraciones generales nos sugiere la lectura del Diccionario 
Folklórico Argentino, con cuya segunda edición corregida y considerable- 
mente aumentada, el autor trata de ofrecer, por primera vez en la inves- 
tigación folklórica nacional, una visión total y general de las tradiciones 
pcpulares, a fin de “contribuir al estudio de nuestro folklore y ordenar al 
alcance del estudioso o del simple lector, el vasto material disperso que 
sobre el mismo se ha publicado en el país y el que personalmente ha reco- 
gido”” (Prefacio, pág. 9). Integran el libro, el diccionario propiamente 
dicho, en que alfabéticamente se ordenan y explican las dicciones, concep- 
tos y hechos del folklore argentino, en sus correlaciones regionales y a 
menudo también americanas, una lista de 169 folkloristas americanos, un 
catálogo de las instituciones folklóricas de América y una bibliografía de 


Reseñas 317 


casi 1500 autores y fuentes, a los que se agregan numerosas ilustraciones 
en el texto y fotografías documentales. 

El diccionario incluye extensas comunicaciones sobre diferentes secto- 
res del folklore espiritual y material: considera el rico acervo del cancionero 
popular y de la música y danzas regionales, como también los refranes, 
versos, dichos y adivinanzas y los juegos infantiles y de adultos; da cuenta 
de los múltiples mitos, casos, cuentos, leyendas, creencias y supersticiones, 
expresiones y reflejos de todo ese mundo multicolor creado por la fantasía 
del hombre profundamente compenetrado con las tradiciones de su terruño; 
las fiestas y ceremonias religiosas y profanas, en las que se manifiesta esa 
acendrada fe y toda la ingenua y simple devoción del alma exenta de las 
complejidades de la vida urbana y cosmopolita; las tradiciones históricas y 
sociales, en cuyas manifestaciones se entrevé el poderoso influjo de la co- 
munidad étnica con su estructuración todavía jerárquica consolidada a 
través de siglos; la medicina popular, como resultado de un empirismo 
transmitido de generación a generación; la botánica, zoología, meteorología, 
geografía y toponimia folklóricas, igualmente frutos de una experiencia se- 
cular en estrecho contacto con los fenómenos y manifestaciones de la natu- 
raleza; y finalmente, ese vocabulario regional y social con sus peculiarida- 
des morfológicas, sintácticas y hasta estilísticas, exponente de una sedimen- 
tación paulatina y de una estructuración necesaria, en un sentido histórico 
y psicológico, de una población que también en su lenguaje logró plasmar 
su propio modo de ser, ya definitivamente alejado de sus primeras fuentes 
nutricias, para llegar a integrar una comunidad auténticamente americana. 

No menos copiosa es la documentación que ofrece el diccionario sobre 
los aspectos materiales del folklore nacional y continental, aunque hubiéra- 
mos deseado, a veces, una mayor profundización de los temas tratados. De 
carácter casi definitivo es lo que el autor comunica referente a los instru- 
mentos musicales, cuyas diferentes formas han adquirido, más que cualquier 
otra manifestación concreta, un carácter propio y genuinamente regional. 
Pero también en lo relativo a las tareas y aperos campestres en general, el 
libro trae valiosos datos: detalla las faenas agrícolas, la siega, la recolec- 
ción de frutos y otros productos, y el típico trabajo del rodeo y de la 
hierra, como también la labor del melero, que desde la época precolonial 
desempeña un papel de extraordinaria importancia en la alimentación de 
los pobladores de ciertas zonas; facilita datos sobre la vivienda rural, el 
rancho con sus edificios subsidiarios y sus construcciones correspondientes 
de otros países sudamericanos, sobre los medios de transporte del hombre y 
de los animales de carga y de tiro, los aperos de cultivo y de cosecha, la 


318 Reseñas s 
artesanía —alfarería, cestería, el tejido, el horno, etc.— y sobre la ali- 
mentación regional y las prendas de vestir características del gaucho. 

En resumen, se trata aquí de la exposición de un material cuya ampli- 
tud y variedad facilita una visión cabal del folklore argentino, que a menu- 
do sobrepasa las fronteras del país para internarse en los países limítrofes, 
destacando así las relaciones continentales y el arraigo americano de la 
cultura popular. Es evidente, que en una obra de orientación informativa y 
bibliográfica como la presente, la exposición de los variados términos y 
aspectos folklóricos se reduce a lo más imprescindible, más aún, porque para 
un estudio detenido y especializado, el autor remite de continuo a la biblio- 
grafía correspondiente, que hasta la publicación de esta obra nunca ha sido 
presentada con tanta extensión y minuciosidad. Con sus 1477 números, 
constituye un aporte bibliotécnico sumamente valioso para todo investiga- 
dor, y brinda sobre cualquier tema folklórico y aún lingúístico-regional, una 
excelente y cómoda orientación. Lo mismo puede decirse del catálogo de 
instituciones folklóricas de América y de folkloristas americanos, de gran 
utilidad para lograr una eficaz colaboración y una información siempre 
actual entre los especialistas. 

Es natural que una obra de tamaña envergadura no pueda ser comple- 
ta; pues es muy comprensible que un diccionario que, conforme a su título, 
pretende ofrecer con el tiempo un panorama total del folklore argentino, 
deba evolucionar orgánicamente hasta lograr, en ediciones posteriores, esta 
totalidad y este carácter definitivo a que aspira. Por otra parte, no es posi- 
ble reunir dentro del marco de una reseña que, por razones obvias, debe 
atenerse a una exposición general y a una crítica -constructiva que sólo 
puede encerrar algunas insinuaciones de orden fundamental e igualmente 
general, una lista detenida de correcciones, agregados o sugestiones particu- 
lares. Nos limitaremos, por consiguiente, a algunas consideraciones, a tra- 
vés de las cuales trataremos de hacer algunas sugerencias de carácter típico 
y positivo para futuras reimpresiones del Diccionario. 

Destaquemos, primeramente, la necesidad de un índice general de 
materias, que abreviaría considerablemente la búsqueda de los datos sobre 
determinadas formas de expresión folklóricas. Un ejemplo: es verdad que 
el tomo incluye en sus páginas numerosos y extensos párrafos que se refie- 
ren a las diferentes danzas regionales (indígenas y criollas). Pero estos 
datos están dispersos y se allegan, a través de las letras del Diccionario bajo 
la respectiva denominación que corresponde a cada uno de estos bailes 
(bailecito, carnavalito, cielito, cueca, chacarera, chamamé, chopí, danza de 
las cintas, danza del ivopé, ecuador, caballito, caramba, conejo o salta 
conejo, cuando, gauchito, pajarillo, pollito, remedio, sereno, escobilK(e) ar, 


Reseñas 319 
escondido, escuadrón, fandango, firmeza, gato, guacanic, huella, jota, ca- 
landria, condición, palomita, patria, sajuriana, loncomeo, los amores. llanto, 
malambo, manca fiesta, mariquita, marote o marotera, mazurca, media caña, 
milonga, nareg yazotata, ñucprún, pala-pala, palito, pensamiento, pericón, 
polca, prado, ranchera, remesura, resbalosa, selamal dalemata, sombrerito, 
tango, triunfo, zamacueca, zamba). El lector que quiere informarse, pues, 
sobre este importante sector del folklore, se ve obligado a recorrer todas las 
páginas del libro para obtener una impresión completa sobre este aspecto. 
Lo mismo ocurre con todas las demás manifestaciones particulares de las 
tradiciones espirituales y materiales —hay, por otra parte, un renglón 
Rimas infantiles, que corresponde a nuestra proposición—, como p. ej., las 
creencias y supersticiones, los utensilios de alfarería, los diferentes tipos de 
vivienda y sus dependencias, etc. Un índice de conceptos generales o voces- 
guía, que se podría agregar como apéndice al diccionario o bien incorporarlo 
directamente a éste, subsanaría con facilidad este inconveniente, evitando 
así la pérdida de tiempo y de esfuerzo unida a la búsqueda. Un modelo 
de ordenamiento sistemático del material nos parece, en este sentido, el 
Weorterbuch der deutschen Volkskunde (Diccionario del folklore alemán) 
de O. A. Erich y R. Beitl, editorial Alfred Króner, Leipzig, 1936, en 
cuyos artículos se ha logrado constante y completa trabazón de los temas 
especiales con la categoría general a que pertenecen y con todos aquellos 
temas especiales que les son afines. 


En el campo del folklore material hubiéramos deseado a veces mayor 
profundidad y amplitud en la exposición de los diversos utensilios y proce- 
dimientos típicos, En el párrafo que trata de la alfarería (pág. 24 b s.), 
p. ej., el autor incluye una cantidad de particularidades sobre la industria 
alfarera entre los indígenas y criollos de la Argentina, Bolivia, Chile, Pa- 
raguay, Méjico, Brasil y Perú, haciendo, sin embargo, caso omiso de las 
características esenciales de esta industria, el modelado a mano y la coc- 
ción al aire libre o, en un sentido negativo, de la no existencia del torno 
alfarero y del horno de cocer en la técnica popular, características que, 
precisamente, incorporan la alfarería actual a: una inconfundible tradición 
americana y autóctona. Nos parece imprescindible, bien que en forma sucinta 
y sintética, la mención de esta técnica, que permite interesantes compara- 
ciones con procedimientos análogos, sumamente arcaicos, de algunas re- 
giones periféricas de Europa, especialmente de las Islas Canarias, y que 
constituye una de las tradiciones más importantes del continente sudameri- 
cano en la esfera de lo genuinamente folklórico. Lo que queremos decir 
con ello es que el autor debe velar sobre las definiciones y explicaciones de 
los hechos folklóricos, para que incluyan, en cada caso, lo realmente intrín- 


320 Reseñas 

seco e importante, los rasgos característicos que les son propios, técnicos o 
espirituales, y que les otorgan su trascendencia y su valor folklórico; véase, 
en este contexto, p. ej. el párrafo que trata del telar (pág. 354 b s.), donde 
el autor se pierde un poco en divagaciones sobre “las primorosas telas de 
algodón, de lana, tanto de oveja como de vicuña, etc.”, y sobre “los solici- 
tados ponchos, las policromas colchas, los delicados cubrecamas”, etc., 
sin hablar de los diferentes tipos de telares (indígenas y español) y sus 
características mecánicas o constructivas. 

Por otra parte, hay utensilios de verdadero valor folklórico no trata- 
dos aún en el Diccionario. Mencionamos solamente las diferentes formas 
del antiguo arado de madera, que todavía hoy se observa en uso en las 
regiones del noroeste argentino, el yugo cornal o de una o dos gamellas o 
el yugo de pescuezo que se conoce todavía en el norte de la Argentina. 
Referente a otros aspectos del folklore material (rastra, pág. 321 b; rama: 
véase ramear, pág. 319 a; carreta, pág. 78 a; la troj, no mencionada por 
el autor; la batea, que igualmente falta; el fogón de la cocina, pág. 159 b; 
el mobiliario de la vivienda; la jinajera, que tampoco se menciona, al igual 
que los cercos, puertas y portones de la vivienda y de los campos de pas- 
toreo y sembradío —véase tranquera, pág. 262 b—, etc.), también sería 
oportuno una mayor profundización de los datos expuestos, puesto que en 
todos estos casos se trata de objetos típicos, sobre los cuales ya existe un 
material informativo relativamente amplio. Compárese, a este respecto, V. 
Barrionuevo Imposti, El uso de la madera en el Valle de San Javier; Im- 
prenta de la Universidad Nacional de Córdoba, 1949. 


Un ejemplo que evidencia esta necesidad de profundización en la 
esfera lingilística —que es la que más nos interesa, máxime porque el 
autor dedica numerosos artículos al lenguaje popular y aún al lunfardo—, 
lo constituye el párrafo relativo a la voz bilqui, que sólo se define como 
“tinaja grande partida por la mitad, que entre otros usos se destina para la 
fabricación de aloja" (pág. 49 a). En otro lugar de su Diccionario (pág. 
189 b), Coluccio menciona la voz huirqui “en el norte, vasija de barro en 
la que se recoge o hierve la leche”, que, etimológicamente, no se puede se- 
parar de la palabra bilqui. Proponemos, pues, que el autor reúna ambos 
términos en un mismo artículo, incluyendo, al mismo tiempo, los datos que 
se refieren a este recipiente, verificados por otros autores, y sobre los cuales 
poseo la siguiente información: según mis apuntes en las sierras cordobe- 
sas, Departamento de Nono, se designa allí con la voz de birque de la olla 
la “parte inferior del vaso de barro en elaboración, que consiste en un 
asiento propiamente dicho y paredes bajas, formadas por el primer rodete 
de barro con que la alfarera fabrica la vasija”. Compárense S. A. Lafone 


Reseñas 23210 
Quevedo, Tesoro de catamarqueñismos, bilqui “tinaja grande partida hori- 
zontalmente: la parte inferior se llama así; también las que se hacen en 
esta forma, y se usan para poner aloja”; ¡bid,, F. F. Avellaneda, Palabras 
y modismos usuales en Catamarca, bilqui “nosotros decimos, gúirqui o gúirque 
y huirqui o huirque'; O. Di Lullo, Contribución al estudio de las voces 
santiagueñas, huirqui “nombre del léxico vulgar con que se designa la olla 
de barro para recoger y hacer hervir la leche'; O. Di Lullo, El folklore 
de Santiago del Estero, pág. 413 huirquis; J. A. Carrizo, Canc. pop. de 
La Rioja VI, pág. 443 vilque, “tinajón grande que se ve en las láminas 
números IX, 4 y X, 5 [ibid., tomo 1]. Se usan también en Catamarca y 
en los Valles Calchaquíes para guardar vino'; J. V. Solá, Diccionario de 
regionalismos de Salta, virque, virqui, huilqui “tinajón de barro cocido, de 
asiento pequeño y boca ancha. Sirve para hacer la chicha o para conservar 
fresca y pura el agua o la leche. Top. cerro situado en el Dep. de Santa 
Victoria; compárese también F. Latzina, Diccionario geográfico argentino, 
2* edición, top. Vilque *paraje poblado, Rosario de Lerma, Salta”; ¡bid. 
Virque 'finca rural, Belgrano, La Rioja'. A. Malaret, Diccionario de 
americanismos, argent. vilque “tinaja grande, bocona, para guardar o lavar 
el maíz o el trigo; variantes: bilgue, huillqui, virque'; Fr. J. Santamaría, 
Diccionario general de americanismos, birque “en Argentina, barreño vidria- 
do, más ancho por el borde que por el fondo, y que sirve para lavar ropa, 
para baños de pies y otros usos; es vulgar”; 'T. Garzón, Diccionario argen- 
tino, argent. birque, bilque, en el mismo sentido. M. Lizondo Borda, Voces 
tucumanas derivadas del quichua, vilque 'tinajón indígena” < quichua 
HIRQQUI “cangilón de boca grande” (ibid). También en Chile (Prov. de 
Coquimbo) virque, vilque “tinaja'; Boletín del Instituto de Filología de la 
Universidad de Chile IV (1946), pág. 178 y fig. 23, idéntica al tinajón 
de La Rioja (véase arriba). Compárese Román, Diccionario de Chile- 
nismos y de otras voces y locuciones viciosas. Lafone, pág. 71 b, comenta 
con respecto al origen indígena de la palabra: “la idea principal está con- 
tenida en la partícula qui, partida en dos, huill o bil, cosa redonda”. Con 
todo ello, conservóse en la Argentina el sentido original de la palabra, 
anotado también por Lafone, para Catamarca: 'parte inferior de la tinaja” 
(véase arriba). Mediante este ejemplo de una palabra y de un objeto 
típico, se hace patente, así, la amplitud geográfica de la supervivencia de 
un fenómeno lingiiístico y folklórico material, su arraigo en la tradición 
autóctona y las variadas acepciones que actualmente se atribuyen a este 
objeto; reflejo limitado pero evidentemente instructivo en cuanto se refiere 
a la intensa vitalidad de las tradiciones populares en el suelo sudamericano. 


Es igualmente necesario insistir en la continua revisión y ampliación 


322 Reseñas 


de la Bibliografía, ya que, como lo expresa el autor (pág. 9), “la evolu- 
ción experimentada por la joven ciencia [del folklore] en estos últimos 
años ha sido realmente extraordinaria, tanto en nuestro país como en toda 
América”. Sobre los distintos aspectos del folklore espiritual y material 
ofrecerá nutrida y nueva documentación el tomo Homenaje a Fritz Kriiger, 
que editará la Universidad Nacional de Cuyo, durante el año en curso: 
B. E. V. de Battini, El léxico de los buscadores de oro de La Carolina, 
San Luis; A. Dornheim, La alfarería criolla en Los Algarrobos, Prov. de 
Córdoba; R. Oroz, La carreta chilena sureña; J. A. Carrizo, El tema del 
sembrador de amor en la poesía tradicional argentina; Y. Pino Saavedra, 
El amor en la poesía popular chilena; y G. A. Terrera, Folklore de los 
actos religiosos. Remitimos también, a la importante obra de Manuel José 
Andrade, Folklore de la República Dominicana, tomo 1 (en Públicaciones 
de la Universidad de Sto. Domingo, vol. LIV, Ciudad Trujillo, 1948), 
traducción española del original inglés, Folk-lore from the Dominican Re- 
public (1930), que con sus 304 cuentos folklóricos, su vocabulario y sus 
observaciones lingilísticas, constituye una fuente inagotable para el conoci- 
miento del género épico popular y para toda comparación interamericana y 
hasta universal del folklore espiritual. De igual importancia nos parece el 
Boletín del Instituto de Filología de la Universidad de Chile, en cuyo 
tomo IV (1946) se incluye un extenso informe sobre el Primer viaje de 
investigación del Instituto de Filología de la Universidad de Chile a la 
provincia de Coquimbo (págs. 157-220), con un vocabulario de chilenis- 
mos lexicográficos y semasiológicos que, tanto para la estructura filológico- 
regional como el folklore espiritual y material de esta zona, facilita un 
material muy importante (con 14 láminas). Sobre la vivienda en La Rioja 
trae algunos nuevos datos Fr. de Aparicio, L'habitation naturelle dans la 
province de La Rioja; en Revue de Géographie humaine et d'Ethnologie, 
año I, 1, París, 1948, págs. 80 ss. Llamamos asimismo la atención sobre 
las numerosas descripciones y monografías que viajeros argentinos y ex- 
tranjeros o misioneros de los siglos pasados han publicado acerca de los di- 
ferentes países de América y que suministran con sus relatos, preciosos de- 
talles sobre la estructura folklórica de estos países. Algunas de estas obras, 
como p. ej., El viaje a caballo, de Mac Camn, el Viaje al país de los arau- 
canos, de Estanislao Zeballos y El Lazarillo, de Concolorcorvo, han sido 
consultadas e incluídas en la bibliografía, pero se observa la ausencia de 
muchas publicaciones de esta clase, como p. ej. los Viajes por América 
del Sur de Alexander Caldcleugh (traducción, Buenos Aires, 1943), el 
Viaje por los Estados del Plata, con referencia especial a la constitución 
física y al estado de culiura de la República Argentina, realizado en los 


Reseñas 323 


años 1857-1860, 3 tomos, trad. Buenos Aires, 1944, de Hermann Bur- 
meister, el Viaje por el Virreinato del Río de la Plata (1795) de Tadeo 
Haenke (trad. Buenos Aires, 1943), los Travels in Chile and La Plata, 
Londres, 1926, de Jon Miers, el Viaje a Chile a través de los Andes, de 
Peter Schmidtmeyer (versión castellana, Buenos Aires, 1947) y, ante 
todo, la importante obra de Florián Paucke, Hacia allá y para acá. Una 
estada entre los indios mocobies, 1749-1767, 3 vols. (trad. castellana, Tu- 
cumán-Buenos Aires, 1942-1944) cuyo amplio material gráfico e ilustra- 
ciones son de un valor extraordinario para el conocimiento de todas las 
manifestaciones folklóricas de la Argentina del siglo XVIIL Esperamos, 
finalmente, con el mayor interés, la publicación de las Actas del Primer 
Congreso Nacional del Folklore, realizado a fines del año pasado en Bue- 
nos Aires, que encierran una gran cantidad de trabajos imprescindibles para 
el conocimiento del folklore nacional argentino. 

Todo diccionario intenta ofrecer un panorama de lo que se ha reali- 
zado en una determinada disciplina científica y de lo que son los fines que 
ésta persigue. Por lo tanto, no suele incluir, en general, resultados de in- 
vestigaciones propias. Tanto más celebramos que el autor del presente 
libro, eficaz investigador del folklore nacional, haya incorporado a su obra 
sus propios logros y una gran cantidad de nuevos datos que ha recogicto 
personalmente a lo largo de su labor, en diferentes regiones del país y del 
extranjero. En resumen, podemos comprobar que el Diccionario folklórico 
argentino de Félix Coluccio constituye en su segunda edición un esfuerzo 
digno de ser destacado entre las mejores publicaciones de su clase, que 
tanto para el lingiiista y el folklorista, como para el que estudia las tradi- 
ciones lingúístico-folklóricas en su íntima correlación de verificación mutua, 
es una obra de consulta y una fuente de información, de la que ya no se 
podrá prescindir para el estudio de cualquier tema especial o general rela- 
cionado con la cultura del pueblo argentino y de las naciones americanas. 


A. DORNHEIM 
Universidad Nacional de Cuyo. 


Victor Barrionuevo Imposti, El uso de la madera en el valle de San 
Javier. Imprenta de la Universidad Nacional de Córdoba, Córdoba, 
1949. 92 páginas. 


El Instituto de Arqueología, Lingiiística y Folklore “Dr. Pablo Ca- 
brera” de la Universidad Nacional de Córdoba, acaba de distribuir el 


presente estudio que muestra, con amplia documentación gráfica, una de 


324 Reseñas 

las facetas más características de la primitiva cultura material de la cam- 
piña argentina: la aplicación de la madera al folklore del valle de San 
Javier, situado en el sur de la Provincia de Córdoba, en la “costa' occidental 
de la Sierra Grande. Junto al cuero y los materiales vegetales y minerales, 
la madera constituye en la civilización rural de los pueblos sudamericanos 
el fundamento concreto más importante para la instalación humana y para 
la consolidación de una vida económica y social en concordancia con las 
necesidades de esta vida y con las posibilidades existentes, que la convier- 
ten en expresión de una cultura auténticamente popular y típica; fundamen- 
to también de alcance primordial para la estructuración del folklore mate- 
rial de todo pueblo, y muy especialmente de las regiones montañosas de 
Europa, cuyo folklore etnográfico se nutre de esta materia prima transfor- 
mándola en objetos de uso cotidiano o festivo que a menudo adquieren for- 
mas ornamentales de elevado valor artístico, y que contribuyeron decidida- 
mente a la concreción lingiiística de estas zonas. El valle de San Javier, 
situado en una de las zonas estratégicas del país donde se entrecruzaron 
importantes rutas de la colonización sudamericana que determinaron en 
gran medida el aspecto de su folklore —compárese mi estudio sobre La 
vivienda rural en el valle de Nono, págs. 45 s.— no es, en este sentido, 
ninguna excepción. El ensayo de Barrionuevo confirma ampliamente este 
hecho a través de un material documental que facilita en su conjunto una 
visión casi definitiva de la habilidad configurativa y creadora del campe- 
sino cordobés; visión limitada, en un sentido geográfico, pero integrada por 
una extraordinaria riqueza de objetos y formas. 

Después de una presentación del tema (págs. 7 a 11), en que se 
precisa el concepto del “folklore plástico”, cuyas exteriorizaciones llegaron 
a “constituir el medio y el fin de una costumbre”, y que introduce en el 
ambiente topográfico de la región y en el tradicionalismo de sus habitantes, 
el autor desarrolla su tema en tres capítulos: la madera en la vivienda, la 
madera en la vida doméstica y la madera en el trabajo. Franqueando las 
puertas de acceso y trangueras de la propiedad rural, el autor se acerca a 
la habitación campestre para describir la construcción del rancho y luego 
entra en su interior y va detallando el moblaje, la vajilla y otros utensilios 
domésticos. Aléjase de nuevo del ambiente inmediato de la vivienda, y 
considera las expresiones materiales del culto religioso, los santos tallados 
en madera y las cruces, para analizar, en el último capítulo, los útiles de 
labranza y de cosecha, los medios de transporte, como también algunos 
otros objetos relacionados con la vida material de los moradores del valle. 

El autor se limita a presentar el material recogido en forma descrip- 
tiva, ampliándolo con objetos que se exhiben en el Museo Arqueológico e 


Reseñas 325 
Histórico de Villa Dolores (Córdoba) y documentando su existencia an- 
terior en la comarca y la provincia mediante importantes datos recopilados 
en el Archivo Histórico de Córdoba. Frecuentemente, este material está 
relacionado también con objetos o procedimientos análogos de otras pro- 
vincias argentinas, aunque con ello el autor no aspira a transformar su 
exposición en un estudio comparativo y exegético, es decir, interpretativo o 
sintético. El trabajo “no pretende”, pues, “la jerarquía de un estudio ex- 
haustivo” (pág. 5), tampoco en lo concerniente a una descripción completa 
de todos los objetos (de madera) que se utilizan o utilizaron en el folklore 
material de San Javier. Durante mis viajes de investigación por las sierras 
cordobesas, que me condujeron desde Villa Dolores hasta la región serrana 
situada al norte de Mina Clavero, es decir, a una zona colindante con el 
valle de San Javier, del cual constituye la prolongación natural hacia el 
norte, tuve la oportunidad de estudiar el folklore material popular en todos 
sus aspectos —material que ya ha sido publicado parcialmente—, que 
coincide en un todo con el que se reproduce en el estudio de Barrionuevo. 
Por esta razón, me atrevo a expresar que el trabajo presente es una valiosa 
contribución documental al conocimiento del folklore material de Córdoba, 
que incluye la mayoría de las manifestaciones esenciales de esa región — 
relacionadas con el tema de la publicación—, que casi siempre se presentan 
con sus correspondientes denominaciones regionales, de sumo interés para 
el que estudia la cultura rural argentina en relación con el habla popular 
del país. Nos restringimos, pues, a agregar unas pocas observaciones par- 
ticulares que completan y amplían los datos expuestos. 

Págs. 13-15: puerta. Estas puertas primitivas cuyo quicial gira en el 
hueco de un pedazo de madera o de un mortero las observé también en el 
valle de Nono (Huacle) y de Los Algarrobos, con poste lateral no la- 
brado sino formado por un tronco natural. Fr. de Aparicio, La vivienda 
natural en la región serrana de Córdoba, también documenta su existencia 
en el Departamento de San Alberto (lám. LXXXII b) y otras zonas de 
la provincia (láms. LXXXII! a LXXXV b); todas ellas formas suma- 
mente arcaicas que evidencian un sorprendente parentesco con puertas si- 
milares de los altos Pirineos, del Noroeste de España (Kriiger HPyr A 
II, fig. 44 e-e?, ibid., págs. 362 ss.) y de Francia (Dornheim, Die báu- 
erliche Sachkultur im Gebiet der oberen Ardéche, fig. 18 a-d y pág. 338), 
es decir, de regiones montañosas y boscosas de la Romania europea, donde 
la madera constituye igualmente el elemento etnográfico más trascendental 
de la cultura popular, 

Pág. 27: “Las ventanas no ofrecen interés especial”. Las diferentes 
formas del mirador y de la ventana (vano de forma irregular, aberturas 


326 Reseñas 

triangulares o cuadradas, con o sin marco y reja de madera) bien merecen, 
a nuestro juicio, un interés folklórico. Sobre ellos, traté en mi estudio La 
vivienda rural en el valle de Nono, págs. 43 s., 45 (con láms.), y precisa 
mente su reja de barrotes de algarrobo es un elemento típico, de origen 
colonial y muy difundido en el país, que permite establecer interesantes 
paralelos con rejas similares de otras provincias argentinas (p. ej., de Tu- 
cumán; véase o, c., nota 79) y de España (Kriiger, HPyr a Il, págs. 
10 ss. y fig. | a-e). 

Pág. 29: A las diferentes camas que describe el autor, debe agregar- 
se una forma muy antigua que observé en Los Algarrobos (nuestra fig. 1): 
sobre dos pares de horquetas (46 cms. de alto) descansa el lecho formado 
por dos largueros (160 cms. de largo) y una cantidad de palos transver- 
sales (costillas; 75 cms.). Al igual que el “catre de tijera”, este tipo se 
conoce todavía en vastas regiones de España y otros países románicos 
(Kriger, HPyr A II, págs. 250 ss. y fig. 35 a-b”), desde donde ha lle- 
gado a Córdoba y otras provincias argentinas (Barrionuevo, pág. 31), 
durante la época colonial. En la segunda parte de mi trabajo sobre La 
vivienda rural en el valle de Nono trataré esta cuestión en forma más am- 
plia. 

Pág. 34: A los rudimentarios bancos que presenta el autor agregue- 
mos aún dos formas sencillas que a menudo se utilizan en el valle de Nono: 
el tronco tallado, de nogal (fig. 2; 45 cm. de alto) y el banco de alga- 
rrobo provisto de cuatro patas (fig. 3; 36 x 36 x 42 cms.). 

El capítulo que se ocupa de la madera en la vida doméstica (págs. 
37 ss.) facilita abundante material de múltiples aplicaciones, que pone de 
manifiesto su carácter eminentemente tradicional y arcaico. Los grandes 
fuentones de forma alargada o circular —compárese mi estudio sobre Los 
aperos de cultivo en el valle de Nono, lám. V, f—, las cucharas y cucha- 
rones de asta, más rústicos aún que sus modelos españoles —cf. Kriiger, 
HPyr A Il, fig. 30—, el almud —Dornheim, Aperos, o. c., lám. VII, 
c—, las bateas con sus sencillos soportes, los morteros, a los que pueden 
agregarse formas más primitivas aún —véase, más tarde, la segunda parte 
de La vivienda rural en el valle de Nono—, y los rústicos instrumentos del 
hilado y tejido criollo —compárese mi trabajo sobre Posición ergológica 
de los telares cordobeses en la América del Sur—, nos transmiten un pa- 
norama amplio del folklore cordobés y de su autenticidad etnográfica, en 
esa síntesis orgánica entre lo hispánico y lo americano que otorga a su con- 
junto esa sustancialidad tan peculiar. 

A los “telares” de la región (págs. 47 ss.) debemos agregar el pri- 
mitivo bastidor cuadrangular, de procedencia occidental-andina precolonial, 


Reseñas 327 


328 Reseñas 


que se utiliza para confeccionar las caronillas (véase Posición ergológica, 
o. c., págs. 12-15) y ese otro bastidor, representado en nuestra fig. 4, 
con: que se “tejen” las cinchas mediante delgados y redondos tientos de 
cuero. Este objeto está tallado de una sola pieza de madera de álamo, de 
1,50 ms. de largo, que se compone de un cuerpo alargado y rectangular el 
cual termina en cada extremo en un cabo corto y grueso. El campesino 
trabaja sentado en una silla baja, con el bastidor sobre las rodillas, asién- 
dolo por uno de los cabos llamados por este motivo mangos. Cada una de 
las dos argollas de la cincha está encajada en un mango y sujeta a éste por 
medio de tientos. El “telero” tiende primero los tientos longitudinales para 
luego intercalar los transversales. 


Pág. 52: Sobre los cántaros para agua, dispuestos encima de una 
horqueta natural —linajeras— y su difusión en la Argentina he tratado en 
mi estudio La alfarería criolla en Los Algarrobos, que se publicará en el 
tomo Homenaje a Fritz Kriiger, editado por la Universidad Nacional de 
Cuyo. 

Faltan, en este segundo capítulo, los utensilios para la preparación 
de la leche y del queso; el rudimentario colador formado por dos palitos 
dispuestos en forma de cruz que sostienen un pequeño bollo de paja (fig. 
5) que, según mis apuntes, se conoce también en otras regiones argentinas 
(San Francisco, Dpto. de Ayacucho, Prov. de San Luis) y que puede 
considerarse una forma primigenia de muy antiguos coladores españoles 
(Kriiger HPyr B, págs. 80 ss.), italianos y suizos (Scheuermeier, Bauern- 
werk in Htalien, der italienischen und rátoromanischen Schweiz. Erlenbach- 
Ziirich, 1943, págs. 26 s.); y el delgado aro de sauce (fig. 6) para fa- 
bricar quesos de vaca, de 18 cms. de diámetro y 9 cms. de alto, pertene- 
ciente asimismo a la primitiva cultura popular de España (Kriiger, HPyr 
B, págs. 85 ss. y lám. 7 a-c: formas completamente idénticas), Francia 
(íbid,) e Italia (Scheuermeier, o. c., págs. 43 s.), donde también se co- 
nocen ejemplares más sólidamente construídos, de forma rectangular y 
provistos de pequeñas tablas con agujeros (Scheuermeier), al igual que en 
la Argentina (ejemplar en el Museo F. C. Moyano, procedente de La 
Estacada, Prov. de Mendoza), a los cuales pertenecen también los primi- 
tivos cinchones de paja trenzada, con que se fabrican, entre piedras, los 
quesos de los puestos tucumanos (E. B. de Santamarina, Notas a la antro- 
pogeografía del valle de Tafí. Tucumán, 1945, pág. 39 y fig. 16), y 
que también son de origen iberoeuropeo. 

Un capítulo sumamente instructivo lo constituyen las imágenes de 
Santos y las cruces cordobesas que el autor reproduce en su monografía 
(figs. 71-74). No podemos ocuparnos aquí detalladamente de este aspecto 


Reseñas 329 


material de] culto, que desde la época de la Colonia otorga a las sencillas 
viviendas y a los caminos del campo un carácter de honda devoción reli- 
giosa. Mencionamos solamente los numerosos santos que integran la co- 
lección del Museo folklórico regional de la Universidad Nacional de Cuyo, 
procedente de distintas zonas de Mendoza, San Luis y San Juan —véase 
también H. H. Schenone, El arle de la imaginería; en Exposición de arte 
popular, Buenos Aires, 1949 — como también las cruces que encontré 
junto a los polvorientos caminos del valle de Nono, a menudo provistas de 
toscas inscripciones [LTAF 5 J 1916 - Martín M. falleció el 26 de 
Septiembre 1931— etc.], que a veces se transforman también en pequeños 
santuarios construídos sobre una base de piedras y rodados; lugares en 
los que se recuerda a un familiar malogrado o se venera a algún santo, que 
tampoco faltan en otras provincias del país (p. ej., en Cuyo, Tafí, Tucu- 
mán —según una fotografía que me facilitó el prof. Guillermo Rohmeder, 
Tucumán— o Buenos Aires) y que bien merecían una monografía de- 
dicada a sus diferentes formas y a su difusión en la Argentina, en rela- 
ción a otros países hispanoamericanos e iberoeuropeos, 

El tercer capítulo se inicia con una descripción de los antiguos arados 
de buey (págs. 59 ss.), ejemplares (del Museo de Villa Dolores) que 
coinciden completamente en sus formas con el arado que encontré en la 
Cañada de los Sauces, San Alberto (véase Aperos, o. c., págs. 26 ss. y 
lám. 2 a). Respecto a arados argentinos, consúltese más adelante mi estu- 
dio Algunos aspectos arcaicos de la cultura popular cuyana, presentado al 
Primer Congreso Nacional del Folklore, Buenos Aires, noviembre de 1949. 
El mismo trabajo se ocupa, igualmente, de los rastrillos y rastras argentinos 
como también de los antiguos carros de ruedas macizas, sobre los cuales 
Barrionuevo trae una documentación sumamente valiosa (págs. 75 s.). 
También sobre los zarzos, maromas, colmenas, soportes para tabaco, caba- 
lletes que sirven para asentar el apero —que en Nono se denominan, ade- 
más, burro, conforme a la figura zoomorfa reproducida en el texto (fig. 
106)— etc., ofreceré, más adelante, materiales recogidos en la región de 
Nono y sus alrededores. 

Págs. 68 ss.: Entre los soportes para extender o colgar productos de 
cosecha, aperos y otros utensilios, deben mencionarse, también, los diferen- 
tes alacenas, sobraritos (< sobrado, sobrar), los pequeños zarzos de caña, 
suncho o junco que cuelgan del alero de la vivienda o del techo de la ra- 
mada, los bastones naturales introducidos en algún claro de la rústica pa- 
red, y los ganchos de tamaño enorme (nuestra fig. 7) para los aperos del 
caballo, todos ellos expresiones de un estado folklórico primigenio que 
tampoco faltan en la primitiva vivienda campestre de otros países sudame- 


330 Reseñas 


ricanos (Chile: Boletin del Instituto de Filología de la Universidad de 
Chile, tomo IV, 1946, pág. 185 garabato “ramas de chañar'”; ibid., lám. 
IV, fig. 4) y europeos (Kriiger, HPyr A Il, fig. 26 y págs. 204-208). 

Termina el libro con la descripción de los estribos de madera, de 
forma triangular —que observé también en Los Algarrobos (18 x 15 
ems.), muy difundidos en la Argentina y otros países sudamericanos, y 
ante todo de las grandes trompas de chancho (págs. 87 ss.), talladas ar- 
tísticamente de un solo trozo de madera, de las cuales poseo un par proce- 
dente de los lomos” situados al oeste de Nono. Parece seguro que este 
estribo llegó a Córdoba desde Chile, a través de Cuyo, como lo afirma 
el autor (pág. 88); sin embargo, llaman la atención sus dimensiones enor- 
mes (25 cms. de largo, 21,5 cms. de alto), que no se conocen en ninguno 
de los estribos similares de Cuyo o Chile, todos de tamaño menor (17 x 
15 cms. y más pequeños aún), según los ejemplares exhibidos en el Museo 
folklórico regional de la Universidad Nacional de Cuyo y el Museo F. C. 
Moyano, de Mendoza, al igual que los estribos santafesinos que se en- 
cuentran en el Museo de Rosario. Por otra parte, Justo P. Sáenz (hijo), 
Equitación y arreos de montar (en Exposición de arte popular. Buenos 
Aires, 1949, pág. 42), relaciona estos baúles, que también en Chile se 
denominan chanchitos o trompas de chancho (ibid., nota 2), y que él docu- 
menta para “nuestras provincias del centro y norte”, con estribos idénticos 
de Méjico y California, formas que considera de origen “netamente espa- 
ñol”” (compárese ibid., pág. 36). También de este aspecto del folklore 
criollo me ocuparé detenidamente más adelante, en la continuación de mi 
estudio sobre La vivienda rural en el valle de Nono. 

Resumiendo, celebramos vivamente la publicación de este trabajo por 
parte de la Universidad Nacional de Córdoba, meritorio tanto por el ex- 
tenso material que contiene como por su exposición exacta y metódica, que 
evidencian un notable progreso y una profundización científica hasta ahora 
poco común en la investigación folklórica del país. 


A. DOoRNHEIM 
Universidad Nacional de Cuyo. 


Tito Saubidet, Vocabulario y refranero criollo con textos y dibujos ori- 
ginales. Buenos Aires, G. Kraft Ltda., 3* ed., 1948. XIX - 423 


páginas. 


Rara vez un “Vocabulario” ha encontrado en el público tan apasio- 


Reseñas 331 


nado interés como la obra presente. Su primera edición de 3000 ejemplares 
salió en 1943, la segunda tirada de igual número en 1945 y la tercera de 
5100 ejemplares tres años después. Ese éxito se debe en gran parte al tema 
de la obra que evoca una de las páginas más vibrantes de la cultura ar- 
gentina. Desentraña y saca a luz la azarosa existencia de los hombres del 
campo, los criollos que, con su labor constante y esforzada en un ambiente 
poco favorable al trabajo humano, han creado a través de los siglos una 
cultura auténticamente argentina en la cual se afianza la riqueza nacional 
de nuestros días. Es esa travesía dura, humilde y abnegada del paisano 
criollo en el medio bravío de la pampa inmensa; la vida del trabajador 
rural, resero o domador, tan simple pero tan llena de matices sugestivos; 
la naturaleza con toda la turgencia de sus bienes que lo enreda y traza su 
alma; es en una palabra, el mundo del verdadero criollo que vibra como 
una sinfonía eterna a través del lenguaje, del vocabulario tan sobrio pero a la 
vez tan expresivo, que magnifica las páginas de la obra del Sr. Saubidet. Lejos 
de exaltaciones poéticas y vagas generalizaciones el autor describe la vida 
criolla tal como la ha observado, con la visión de un pintor experimentado, 
en sus más íntimos detalles. Es esta rigurosa exactitud en la observación 
de las cosas, documentada por un sinnúmero de ilustraciones gráficas, entre 
las cuales se destacan por su valor artístico las acuarelas, lo que confiere 
a su obra de delicado artista un valor profundamente científico, que tanto 
agradecerán los filólogos como los folkloristas. Mirada desde el punto de 
vista de América, donde el estudio de “cosas y palabras”, exceptuando 
unos cuantos casos singularmente meritorios, no ha encontrado la atención 
que indudablemente merece, el vocabulario gráfico del Sr. Saubidet repre- 
senta un esfuerzo excepcional y un modelo digno de imitarse en futuras 
publicaciones. 


El Sr. Saubidet ha pasado gran parte de su infancia y de su edad 
madura —doce años inmediatamente antes de la publicación de la presente 
obra— en establecimientos de campo del sur de Buenos Aires, principal- 
mente en Tabalqué. Allí, en las estancias antiguas dedicadas a la explota- 
ción ganadera, ha recogido el material que forma el objeto de su libro, 
observando a los paisanos en sus faenas variadas, sus costumbres y su 
lenguaje, tomando dibujos e ilustrando el ambiente pintoresco con elocuen- 
tes grabados. Resulta así un enfoque perfecto de la vida ancestral (según 
veremos en seguida) de aquellos recios ganaderos, del panorama físico que 
los rodea en la soledad de las pampas, del ambiente material que han creado 
en tal naturaleza y de los modos de vivir a que están sometidos. Todo ello 
va presentado en forma de un vocabulario alfabético ricamente ilustrado, 
como ya dijimos antes, por dibujos y acuarelas. 


332 Reseñas , 

Dueños y señores de la vasta pampa que los ve nacer, vivir y morir, 
los hombres de campo con su familia, los reseros, domadores y peones, 
viven o vivían hasta hace muy poco tiempo apartados del mundo, aislados 
y separados hasta entre ellos mismos, pero muy estrechamente vinculados 
con su ganado. Al cuidado de sus caballos dedican todos sus afanes y su 
trabajo; a ellos va todo su amor y cariño, Así se explica la variedad del 
vocabulario referente a ellos (particularmente manifestado en las numerosas 
designaciones que dan a sus características físicas, al color de su pelo, 
etc.) ; su vocabulario parece oler a caballo. Así se explica también la rica 
terminología que se vincula con los trabajos y dispositivos dedicados a 
ellos “2, 

En oposición a los pastores de las sierras, los ganaderos de la vasta 
llanura van montados en caballos que dominan con una destreza bien cono- 
cida. Manejan el lazo y las boleadoras con una habilidad asombrosa; el 
apero de los caballos —+el recado de montar al que hay que agregar el 
freno, las riendas, el estribo, las espuelas, etc.—- demuestra una tradición 
técnica bien arraigada y cada vez más perfeccionada. Todo ello va descrito 
e ilustrado en el Vocabulario y refranero criollo de manera perfecta, sien- 
do por lo tanto las observaciones pormenorizadas del autor un complemen- 


to precioso a los estudios anteriormente dedicados a esos objetos (?. 


Lo mismo vale para las prendas de vestir características del gaucho: 
la primitiva bota de potro (pág. 54), el chiripá' (pág. 124), la bombacha, 
su pantalón largo y ancho, el tirador, cinto de cuero curtido para guardar 
dinero (pág. 383), el pañuelo serenero (pág. 275), la vincha, fajita uti- 
lizada para enlazar y sujetar el cabello (pág. 409), y —last not least-— 
el poncho, abrigo característico hecho de lana, paño u otro tejido, cuyos 
motivos artísticos van ilustrados por una serie de dibujos bien seleccionados 
(págs. 299 y sigs.). 

Verdad es que el gaucho formado en la soledad de la pampa es un 


(1 Compárese lo que dice A. Alonso sobre preferencias en el habla 
del gaucho en su opúsculo El problema de la lengua en América. Madrid, 
1935, págs. 165 y sigs. y sobre los nombres del pelaje D. Granada, 
Terminología hípica española e hispanoamericana. Bol. R. Ac. Esp. 1921, 
VIII, 187-198 y el artículo sumamente instructivo de G. A. Terrera, 
Voces y refranero del caballo criollo, publicado en el Bol. de la Academia 
Argentina de Letras 1948, XVII, 409-470. 

(2 W. Giese, Lateinamerikanisches Reitzeug. Archiv fiir Anthro- 
pologie XXI, 70-89; J. P. Sáenz, Equitación gaucha en la Pampa y 
Mesopotamia. Buenos Aires 1942; G. Alfr. Terrera, El caballo criollo 
en la Argentina. Buenos Aires 1947. 


Reseñas 333 


tipo aparte que no se puede confundir con pastores o ganaderos de otros 
países. Pero lo cierto es también que su ambiente y su modo de vivir tiene 
muchas semejanzas con el que esporádicamente se ha conservado en deter- 
minadas regiones de Europa caracterizadas por la misma naturaleza: los 
campinos del Ribatejo en Portugal, los vaqueros que pueblan con sus ma- 
nadas las vastas llanuras de Andalucía, los boyeros de las '“maremme” de 
la Toscana y de las estepas de Pulla, los gardian de toros y de caballos 
bravos por fin que vagan por las marismas de la Camargo (Bouches-du- 
Rhóne en Francia) (3, Todos ellos como los campesinos de la pampa van 
montados a caballo, se visten como lo exige su profesión y se dedican a 
parecidos menesteres. Su medio lo constituyen las infinitas llanuras, las 
rudas estepas o las marismas que determinan su forma de vida aislándolos 
y manteniéndolos apartados del mundo. De ahí surge el profundo tradicio- 
nalismo que da a su vida una nota singular, de ahí proceden también las 
numerosas convergencias que, no obstante ciertos aspectos particulares, se 
notan en su modo de vivir, en sus costumbres y usos y hasta en su disposi- 
ción mental y su carácter. 

La vivienda rural de los campesinos pampeanos la constituye el típico 
“rancho” cuya construcción y disposición interior ilustra el señor Sau- 
bidet por numerosas figuras (págs. 322 y sigs.; pág. 319 s. c. quincha 
sobre la confección de paredes de paja; pág. 276 pared de bollo, etc.). 
Su forma original es una choza campesina con paredes de barro, techo de 
paja y piso natural de tierra, forma que evidentemente procede de tipos 
todavía más primitivos. ¡Cuán cerca estamos de la cabano de los gardian 
de la Camargo tan parecida en su exterior al primitivo rancho criollo “Y. 


(3) Es de lamentar que hasta la fecha no se haya publicado ningún 
estudio sistemático sobre la cultura material y el folklore de la Camargo. 
La bella obra de J. Charles-Roux, Livre d'or de la Camargue. Paris, 1916 
y otras publicaciones más recientes tienen más bien carácter literario. Tam- 
bién el artículo de W. Giese sobre Reitzeug der Camargue (El recado de 
Camargue) publicado en la Festschrift fiir E. Wechssler. Jena-Leipzig, 
1929, págs. 306-314 se basa en fuentes literarias. 

(1 Cp. F. Kriiger, Volkskundliches aus der Provence: Das Museum 
Frederi Mistrals. Homenaje a C. Voretzsch, Halle, 1927, págs. 312 y 
sigs. (con referencias a estudios anteriores); F. Benoit, Les chaumiéres á 
abside de la Camargue. RFoFr 1938, 1X, 51-53, El Dr. A. Dornheim 
ha comparado (en su estudio instructivo sobre la Vivienda rural en el Valle 
de Nono, publicado en los Anales de Arqueología y Etnología, Mendoza, 
1948, IX, 49 y sigs.) las formas primitivas del rancho con la barraca 
valenciana la cual en efecto tiene gran semejanza con la cabano de la Ca- 
margo. 


334 Reseñas 


Como en éste no falta a la cabano el horcón, poste vertical terminado en 
horqueta que sirve para sustentar la cumbrera del techo (elemento carac- 
terístico de construcciones primitivas) ni la ramada, cobertizo adosado a 
una pared como resguardo contra el sol y utilizado para guardar el material 
humilde de la industria camarguesa. No falta tampoco el atalaya que se 
usaba para vigilar desde su elevación el ganado disperso en los campos, 
siendo la de la Camargo un escalassoun, vale decir, un poste alto clavado 
en la tierra y provisto de peldaños, y el mangrullo criollo un armamento de 
palos y troncos más perfeccionado en forma de torre (pág. 230). 


El lugar donde se hace fuego en la cocina del rancho, y donde la 
peonada se reúne en las horas de las comidas, el fogón, reproducido en la 
pág. 166 tiene dos características sumamente notables: estaba antiguamente 
en el medio de la cocina y era por lo general redondo, formado por cara- 
cuces (tuétanos de vaca) clavados y sobresaliendo cierta altura del piso de 
tierra. Trátase evidentemente de una forma arcaica no desconocida en otras 
partes de la Argentina (Valle de Nono, Salta, etc.) (% y otros países 
americanos, pero rarísima en los países europeos de la Romania, donde 
prevalece la forma cuadrangular. Entiendo que se trata de una imitación o 
sea transplantación del fogón encendido al aire libre, 


Como combustible utilizan leña de oveja, leña de vaca o carbón de 
pingo, esto quiere decir estiércol seco de oveja, vaca o caballo. El caso no 
es tan raro como a primera vista parece. Empléase esa clase de “leña'” en 
China, el Tibet y Mongolia, en las estepas de Rusia (la Siberia, etc.) y 
en el Asia Menor, en Macedonia y las llanuras húngaras y entre las tribus 
a orillas del Nilo. Usase también en ciertas zonas de la Europa septentrio- 
nal y occidental: en Escandinavia, Islandia, Dinamarca y en las islas de 
la Frisia septentrional (6?; en ciertos valles alpinos (7); en las marismas de 
Vandea (*% y esporádicamente también en España y Portugal. En todos 
estos casos se trata de zonas pastoriles pobres en bosques y leña. El estiér- 


(5 Cp. también A. Dornheim, La vivienda rural en el Valle de 
Noro, pág. 60 y J. V. Solá, Dicc. de regionalismos de Salta, s v. conchana. 

(61 Presenta una rica documentación de fuentes antiguas K. Heck- 
scher, Die Volkskunde des germanischen Kulturkreises, Hamburg 1925, pág. 
481. 

(1 Ph, Arbos, La vie pastorale dans les Alpes francaises. Grenoble 
1922, pág. 111; Deffontaimes, L'homme et la forél, pág. 79; etc. 

(8 L' Art Populaire en France 11, 7: bouzas: etc. Encontramos dicho 
combustible esporádicamente —para fines especiales— en las Landes del 


SO. 


Reseñas 335 
col del ganado se ofrece pues como único substituto posible. Así ya lo 
entendió Plinio que menciona esa costumbre: ““captum manibus lutum sole 
siccant””. Así en la Edad Media los habitantes del Valle de Oisans (Del- 
finado) acostumbraban a hacer ““ignem de fimo vacarum'” (%. Y esta 
costumbre la observaron los viajeros que visitaban esos valles desolados en 
tiempos posteriores: ““Gedórrter Kuhmist war nebst etwas Gestráuche, das 
man im Herbst sammelt, lange Zeit die einzige Brennmaterie der Einwohner 
von Grave. Mit diesem erbármlichen Feuer wurde unter meinen Áugen in 
dem erbármlichsten aller Dórfer das erbármlichste aller Mittagsmahle zu- 
recht gemacht”, declaró el alemán Chr. F. Mylius en 1812 0”. “Les ha- 
bitans del Mont-Cenis se chauffent, et font cuire leur pain avec la fiente de 
vache” observó A. L. Millin en su viaje a través de Saboia y Piamonte 
(1816) y esto mismo confirma A. Hugo, el hermano del gran romántico, 
en su obra France pittoresque 1835, 1, 355: “La vallée de Queyras manque 
de bois. Pendant l'hiver les poéles ne sont chauffés qu'avec de la bouze de 
vache séchée au soleil”. Lo curioso es que tal práctica no ha caído en des- 
uso; obsérvase todavía en la actualidad en determinados valles del Delfi- 
nado, de Saboya y Suiza, correspondiendo al término leña de vaca que 
dan los criollos al estiércol utilizado como combustible la denominación bois 
de vache que encontramos en la Haute-Maurienne. También en las “bou- 
zrines'”” del ““marais breton”, país completamente desprovisto de bosques, 
la misma costumbre persiste hasta el presente, 

En cuanto a España la hemos observado en la tierra de Campos 
“donde queman únicamente paja o estiércol” (1) —«es el burrajo citado 
en el Dicc. Ac. Esp.—, en partes de Andalucía donde llaman pava a la 
lumbre formada por pajazas, boñigas secas y troncos de toba que se hace 
en los cortijos donde no hay leña (12 y en Galicia (Valladares s. v. ar- 
gueiro). En Portugal designan con bolas las “rodelas, feitas de pó de car- 
váo, amassado com bosta de boi, para conservar o calor nos fogareiros”. 
En este último caso parece que se trata de estiércol utilizado para tapar la 
boca del horno, etc., práctica en cuya difusión no podemos insistir en este 
momento. 

De entre el moblaje y los utensilios domésticos nuestro autor describe 


(8) T. Selafert, Le Haut Dauphiné au moyen-áge. Paris 1926, págs. 
526, 564. 

(10) Mylius, Malerische Fussreise durch das siidliche Frankreich. 
Carlsruhe 1818-1819, 1?, 223. 

(1) Dantin Cereceda, Resumen fisiográfico de la Península Ibérica, 
pág. 270. 

(12) Venceslada, Vocabulario andaluz, s. v. 


336 Reseñas 

varios tipos de camas (págs. 71-72, 88) y bancos (pág. 30) —objetos 
de alto valor etnográfico-—, los trébedes (pág. 392), el chifle, asta de 
animal vacuno que sirve para transportar líquidos en el campo (pág. 122), 


variante pampeana de un utensilio empleado en todos los países pastoriles 
del mundo. 


Forman parte indispensable del rancho el pozo del que el Sr. Saubi- 
det presenta tipos diferentes (págs. 197 jagiel, pág. 310 pozo, pág. 12 
algibe que recuerda un tipo de pozo —con arco de hierro artísticamente 
cenfeccionado— de casas señoriales europeas y americanas) y el vetus- 
to horno (pág. 191) que no falta en el patio de ningún rancho y que hasta 
sobrevive en muchas casas antiguas (de adobe) de las ciudades (también 
en las modernas, como Mendoza). 


Como la cosecha de cereales se realizaba en pequeña escala bastaban 
métodos sencillos para la trilla de las mies y la molienda de los granos. Para 
separar los granos de trigo de las espigas se practicaba la trilla por medio 
del pisoteo de las bestias, operación arcaica que se ha conservado en varias 


zonas de la Romania europea y que subsiste también en otras regiones del 
continente americano (13), 


Para pisar el grano (y más particularmente el maíz) utilizaban en la 
pampa bonaerense morteros hechos ya de madera, ya de piedra (págs. 
249, 242 s. v. mazamorra). Trátase pues de aquel método primitivo co- 
nocido desde los tiempos prehistóricos que ha dejado sus huellas tanto en 
América (en la zona cuyana, en Bolivia, etc.) como en determinadas re- 
giones de Europa (11): en Suiza (Tesino particularmente), en las zonas 
colindantes de la Italia septentrional, esporádicamente también en los 
Alpes franceses (15), y en una vasta zona de la Italia oriental que va de 
los Abruzos hasta el Cabo de Leuca (1% así como en partes de la Francia 


mm e A. Dormheim, Los aperos de cultivo en el valle de Nono, AILi 

(14) Nos limitamos a citar de entre la bibliografía más reciente: L. 
Riitimeyer, Ur-Ethnographie der Schweiz. Basel 1924, págs. 220 y sigs.; 
A. Maurizio, Histoire de l'alimentation végétale. Paris 1932, págs. 54 y 
sigs.; Meynen, artículo instructivo sobre las formas del mortero publicado 
en la revista Ethnologica 111, 117 y sigs.; R. Wildhaber, Cerstenmórser, 
Gerstenstampfe, Cerstenwalze, En: Schweizerisches Archiv fir Volkskunde 


XLV, 177 y sigs. 

(15? Según las encuestas del Sr. Zeymer en el Valgodemar: grara, 
FEW Il, 12942, 

(5 G. Rohlfs, Problemi etnograficilinguistici dell Italia meridionale. 
RLiRo IX, 253-254, fig. 6, 22. 


ai 


Reseñas 337 
occidental (Touraine, La Briére etc., donde se utiliza como pile-mil, cp. 
Hochpyrenáen A 1, 213, nota), en la Baja Alemania (donde sirve para 
pisar sémola etc.), en las provincias bálticas, en los Balkanes, etc. 

En cuanto a la cocción del pan, ya dijimos antes que el horno confec- 
cionado de barro como edificio independiente siempre forma parte del ran- 
cho. 

No insistimos en los aperos agrícolas —las enormes carretas de las 
que el autor traza un cuadro magnífico en las págs. 81 y sigs., la rastra, 
vehículo sin ruedas que se usa para transportar cargas pequeñas, y el yugo 
cormil de forma bastante grosera reproducido en la pág. 82 con el sobeo y 
la coyunda— puesto que ya han sido o van a ser tratados próximamente 
en estudios especiales comparativos (17), 

La tijera de tusar utilizada en la pampa bonaerense para esquilar las 
ovejas (pág. 382) corresponde perfectamente a las formas que desde tiem- 
pos antiquísimos se han conservado en todos los países partoriles de Euro- 


pa (Hochpyrenien B 60). 


No merece menos atención el tarjador, palo de madera en el que, 
durante una yerra (véase más abajo), el mayordomo indica, haciendo cor- 
tes, tarjas, con un cuchillo, el número y sexo de los animales señalados o 
marcados (pág. 379). También en este caso se trata de una tradición an- 
tiquísima que se remonta a los tiempos en que no existía todavía la escri- 
tura “9, Son variadísimos los tipos y formas que antes existían de esos 
curiosos “documentos de madera”. Hoy día en los países europeos tan 
sólo sobreviven recuerdos de ellos. En Francia y en la Península Ibérica 
en los últimos siglos casi exclusivamente se empleaban para apuntar (en 
panaderías particularmente) lo que se vendía a fiado. Tanto más intere- 
santes son las tarjas que se han conservado como sistema usual de contar 
en los países de pastoreo: en Suiza particularmente, en Saboia y el Franco 
Condado, en determinadas regiones de Italia y también en España. En 


(17) Compárense particularmente los estudios siguientes del Dr. A. 
Dornheim: Los medios de transporte en el Valle de Nono. Provincia de 
Córdoba. En: Spiritus 1941, 11, 49-62; Los aperos de cultivo en el Valle 
de Nono, citado arriba; y el artículo Algunos aspectos arcaicos de la cul- 
tura popular cuyana que va a aparecer próximamente. 

(18) E, Frhr. von Kinssberg, Rechiliche Volkskunde. Halle 1936, 
págs. 139 y sigs. con referencias a estudios anteriores. De entre la biblio- 
grafía regional séame permitido citar tan sólo R. Weiss, Das Alpwesen 
Graubiindens. Erlenbach-Ziirich, 1941, págs. 155 y sigs., 159 y sigs., 
230 y sigs., y P. Scheuermeier, Bauernwerk. Erlenbach-Zúrich 1943, págs. 
11 y sigs. 


338 Reseñas 


Galicia 15? los pastores se sirven de tallas para contar el ganado. Corres- 
ponde esta práctica pues exactamente a la observada por el Sr. Saubidet 
entre los ganaderos criollos. Adviértase sin embargo que éstos usaban para 
marcar el número de animales también tarjas de cuero crudo, sistema que 
claramente denuncia origen criollo. 

No son menos interesantes las prácticas adoptadas por los campesinos 
criollos para marcar el ganado en signo de propiedad. Es tan frecuente la 
señal hecha por medio de un corte en la oreja del ganado lanar y vacuno 
en todos los países de pastoreo que casi huelga citar ejemplos justificati- 
vos (19, Encontramos en la pampa argentina la misma variedad de señales 
o muescas que caracteriza a otros países, la misma riqueza en la terminolo- 
gía de los cortes (horqueta, muesca, paletilla, punta de lanza, zarcillo, mar- 
tillo, etc.) que observamos entre los pastores de los Azores, de la Penín- 
sula, de Italia y de los Alpes. 

Lo mismo puede decirse de la marcación del ganado mayor por medio 
de un hierro marca con cabo de madera terminado con una letra, cifra o 
signo cualquiera (págs. 233 y sigs.). El acto de aplicar al ganado el hierro 
calentado —la yerra (pág. 415) — es una fiesta tradicional en la cual se 
manifiesta el genio y la virilidad de los gauchos, exactamente como la ferra 
en Portugal, y la famosa ferrado en la Camargo “9, 

Mencionaremos por fin la trompeta, trozo de cuero o de latita cortado 
en forma ovalada que se sujeta en los agujeros de la nariz del ternero para 
desmamarlo; puede estar provisto también de algunos clavitos. Este uten- 
silio corresponde exactamente al que usan en la Camargo y otras partes de 
la Romania europea con el mismo objeto (Hochpyrenáen B 42 y sigs.). 
La designación trompeta parece ser secundaria; corresponde originariamente 
al aparato de cuero que se coloca a los animales, suspendido de una cabe- 
zada y cubriéndoles el hocico a fin de impedirles comer, denominación que 
se relaciona perfectamente con el sentido de la raíz tromp-. 

Podríamos citar muchos ejemplos más para documentar la variedad de 
los materiales ofrecidos por el Sr. Saubidet: la descripción e ilustración de 
juegos (taba, pág. 375, la riña de gallos, págs. 345 y sigs.. etc.) y bailes 
populares (pág. 29; malambo pág. 223, etc.), los capítulos interesantísi- 
mos dedicados a la “ciencia gaucha” y a los remedios usados entre ellos, 


(18) Revista “Nos” XV, 201. 

(19) E. Frhr. von Kiinssberg, Rechiliche Volkskunde, págs. 150 y 
sigs. Encontrará el lector referencias a los países romances en Hochpyre- 
náen B 58 (a las cuales cabe agregar estudios más recientes). 

(20) Hochpyrenáen B 59, etc. 


Reseñas 19391 


las observaciones sobre la fauna y flora del país, etc. Llaman la atención 
además los excelentes dibujos con los cuales el autor ilustra los movimientos 
y gestos característicos de los gauchos al arrojar el lazo (págs. 143 y sigs.), 
las boleadoras (págs. 48 y sigs.), los piales (págs. 291 y sigs.) y al echar 
a verija (pág. 137). 

Hemos insistido en tantos detalles para destacar el gran interés etno- 
gráfico que reside en el método empleado por el Sr. Saubidet para definir 
y comentar las palabras. En efecto tal explicación de la terminología no 
puede ser ni más completa ni más sugestiva. Terminaremos con algunos 
apuntes lexicológicos que más vivamente aun harán resaltar el valor lin- 
gilístico de la obra presente. 


Comparaciones y dichos típicamente criollos: apretaditos como trenza 
de ocho (pág. 21), andar dolorido de las tabas, no le dan más las tabas 
= 'caminar con dificultad” (con referencia al juego popular de la taba, 


pág. 376), etc. 


Metáforas de la esfera religiosa: nazarenas 'grandes espuelas usadas 
por los gauchos de antaño” (pág. 253; cp. también Santamaría, Dic. de 
americanismos) ; bendito “toldo formado por dos cueros, como las manos 
juntas por el extremo de los dedos en actitud de rezar”, hacer un bendito 
“hacer un toldo” (pág. 39, como también en otras regiones de la Argentina 
y en Bolivia); tres marías 'las boleadoras de tres bolas", por medio del 
nombre de esas estrellas (pág. 393). 


Término eufemístico: Don Mateo “el mate' (pág. 241 :¿Dónde 
estás, don Mateo, que no te veo?), cp. M. L. Wagner, ZRPh XLIX, 
12. 


Son frecuentes las animalizaciones de objetos, ya se trate de metáfo- 
ras existentes en castellano o de creaciones criollas: zorra “pequeño carro 
de dos ruedas y pértigo” (pág. 420), denominación que en la Península se 
da a la narria; burro “caballete de madera, de cuatro patas, que se usa para 
colocar el recado o montura” (pág. 60), metáfora frecuentísima para ob- 
jetos parecidos; garsones “especie de lazos o aros de soga que colgaban de 
los yugos para pasar las cuartas de la carreta” (pág. 175), evidentemente 
por la semejanza con el pico enorme del ave. 


De entre las personificaciones merece atención muchacho = “trozo de 
madera que sirve de puntal al pértigo de la carreta” (pág. 250). Trátase 
de una metáfora muy común entre los paisanos y que tiene numerosos para- 
lelos en los idiomas romances: mogo en portugués, mosso “mozo' en catalán 
(cp. mozo 'arrimo o tentemozo de carácter especial” en mejicano, etc.), 
mocico '“tentemozo del carro” en aragonés, tentemozo en gallego, etc., baylet 


340 Reseñas 


en gascón; mancebo “pau que liga a extremidade anterior das chedas do 
carro ao cabecalho”, en alentejano, etc. 

La terminología del yugo y de sus pertrechos es marcadamente caste- 
llana (yugo, coyunda, sobeo, camello) lo que denuncia su origen penin- 
sular. Lo mismo puede decirse de la carreta. Mencionaremos tan sólo maza 
“cubo de la rueda”, camas “maderos en que se encajan los rayos de la rue- 
da', término que parece corresponder a cambas en el NO y Oeste de la 
Península, matabuey 'grampas que sujetan el eje a los limones”, vocablo 
que aparece con varios significados en la terminología peninsular del carro, 
limones “palos que van colocados paralelamente en cada uno de los costa- 
dos de la carreta”, etc. El vocablo limones, atestiguado también en otros 
países sudamericanos (según Santamaría), es A 
ninsular; lo encontramos en dialectos meridionales y occidentales, en u- 
gués y en catalán (llimonera “bragos del cotxe Barcelona, contralimón en 
valenciano). No recuerdo sin embargo haberlo encontrado en la terminolo- 
gía del antiguo carro chillón. Este hecho y la vasta difusión de la misma 
palabra en galorromance (FEW V, 247) parece indicar que fué tras- 
plantada de Francia a la Península Ibérica con el perfeccionamiento del 
carro: prov. limoun, limounié, limouniero; cat. llimonera (BDC XXII, 
158; Griera, Tresor, s. v.) ; valenc. contralimón (VKR VI, 342); murc. 
limón (García Soriano); andal. limón (Venceslada), dialectos extreme- 
ño, salmantino limón, aimón (Zamora Vicente, Mérida, pág. 110), alent. 
limóes (Capela e Silva, Elvas, pág. 54, 111; RL XXXVI, 237). Pa- 
rece acertada la etimología gala LEM- propuesta por v. Wartburg, FEW 
V, 247. 

Vocablos sueltos: fachinal “lugar húmedo y bajo, en donde crece con- 
fusa y abundantemente la maleza” (pág. 162) parece ser un brasileñismo 
(cp. fachina Pereira da Costa, Voc. pernambucano; fachinal (Moraes, 
Voc. sul-rio-grandense, exactamente en el mismo sentido). 


F. KrÚGER 


Berta Elena Vidal de Battini, El habla rural de San Luis. Parte 1: 
Fonética, Morfología, Sintaxis. Buenos Aires 1949. XX-448 págs., 
con un mapa geográfico. Universidad de Buenos Aires, Facultad de 
Filosofía y Letras, Instituto de Filología: Sección Románica. Biblio- 
teca de Dialectología Hispanoamericana VII. 


San Luis es una de las provincias céntricas de la República Argen- 
tina. La atraviesa en dirección Este-Oeste el ferrocarril que conduce de 


Reseñas 341 


la Capital Federal a Mendoza y a la frontera chilena. Forman el Norte 
del territorio de San Luis las sierras que llevan su nombre y donde se con- 
centra la mayor parte de su población actual. Todo el resto lo constituyen 
vastas llanuras de carácter marcadamente pampeano. Históricamente San 
Luis, cuya capital fué fundada hacia fines del siglo XVI (1594 o 1596), 
forma parte de la antigua provincia de Cuyo, es decir no fué conquistada 
y poblada (lo mismo que la región de San Juan y Mendoza) por el litoral, 
sino por la corriente colonizadora que vino de Chile, país al que perteneció 
hasta 1776. Estos hechos , el carácter serrano del Norte, la posición inter- 
media entre el Litoral y las cordilleras arcaizantes del Oeste y la depen- 
dencia histórica que acabamos de esbozar, hechos a los que cabe agregar 
las tendencias modernizantes que irradiando del Litoral y en especial de 
Buenos Aires han venido a modificar poco a poco la economía y los modos 
comunales de vida, han sido los factores decisivos en la formación lingiiística 
de San Luis. La población indígena fué escasa a la llegada de los españoles, 
excepto en la región extrema del Norte, y debió disminuir más aún después de 
la conquista. Hay que preguntarse pues si el influjo de los aborígenes fué de 
tanta importancia como lo supone la autora respecto a las características de 
la entonación regional (págs. 21-29). 

Sea como fuere, la fisonomía lingiiística de San Luis presenta nume- 
rosos problemas y sólo a base de un estudio detallado de sus variados as- 
pectos era posible llegar a una solución. Es ésta la tarea difícil que se propuso 
la Sra. Vidal de Battini y que ha realizado con entusiasmo patriótico y 
una energía excepcional. Fruto de su labor constante, que inició siendo 
maestra de escuela en San Luis, su pueblo natal, y/ que intensificó cada vez 
más en numerosos viajes de investigación en el terreno, la obra presente es 
riquísima en materiales nuevos y resultados concretos. Como primer estudio 
sistemático del habla rural de una región argentina representa un esfuerzo 
considerable, un modelo digno de imitación, en una palabra, una obra que 
hace honor a la simpática filóloga y al gremio que la formó. 

La primera parte de su obra trata la fonética, la morfología y la sin- 
taxis; la segunda parte que vendrá después brindará el léxico elaborado 
con el celo y la eficiencia de que la autora ha dado prueba indiscutible en 
un estudio anterior (". 

Debido a los múltiples factores que han intervenido en su formación 
—substrato indígena, el viejo fondo colonial y nuevos aportes, tendencias 


(DB. E. Vidal de Battini, Voces marinas en el habla rural de San 
Luis, artículo publicado en la revista Filología, Buenos Aires, 1 (1949), 
105-150, 


342 Reseñas 


arcaizantes e influjos modernos— el habla rural de San Luis presenta un 
organismo delicado y de suma complicidad. A todos estos múltiples ele- 
mentos y diversas corrientes la autora ha estado atenta en sus observaciones 
y su descripción. Así se pueden desprender de su obra las diferencias que 
hay entre las distintas clases sociales, el fondo común y la ma- 
tización particular. Representan rasgos comunes de todas las clases sociales 
de San Luis por ejemplo el estrechamiento de vocales en casos como león > 
lion, blanquear > blanquiar (pág. 37), el seseo (pág. 41) y la tendencia 
a la aspiración de la s en final de sílaba (pág. 41), el yeísmo (caballo > 
cabayo, pág. 47) —frente a la pronunciación rehilante del Litoral y la 
conservación de la lateral propia de ciertas comarcas del interior— 
la predilección por sufijos afectivos (pág. 350 y sigs.) y aumentati- 
vos (pág. 363) y el empleo frecuente del re intensivo (remalo, requele, 
etc., pág. 215 y sigs.), la marcada preferencia por la forma perifrástica 
del futuro (pág. 388), la falta de congruencia en casos como corfále (!) 
ramas a los árboles (pág. 377), etc. Demuestran sin embargo cierta vaci- 
lación la consonantización de la u ante l, r (jaula-jaubla-jabla, pág. 40), 
los casos de metátesis (págs. 63 y sigs.) y los cambios de acento entre 
vocales concurrentes (maíz-máiz, pág. 30). Son señales de una conversa- 
ción descuidada la asimilación de la r final de los infinitivos (comprarlo > 
compralo, pág. 46) y el cambio de w- inicial en gije- (gúeno, giievo, etc., 
pág. 51) y propios del habla rústica la forma contracta anque = 'aunque' 
(pág. 192), el uso excesivo de sufijos aumentativos (pág. 363) y el true- 
que del pronombre nominativo yo por mi tras preposiciones (pobre de yo, 
etc., pág. 381). Están restringidos a la conversación de los viejos una serie 
de fenómenos, los que por esa razón hay que considerar como marcados 
arcaísmos: la conservación de los antiguos diptongos en riestra y priesa 
(págs. 40, 179), mujier en lugar de mujer (pág. 45), el cambio de -dr- 
en-gr- por equivalencia acústica (magre, lagrillo, etc. pág. 52), niervo > 
ñervo (pág. 54), la -e paragógica en male, cantare, etc. (pág. 79), cuasi 
en lugar de casi (pág. 176), etc. No hay que olvidar por fin las corrientes 
de nivelización que proceden de la acción de la escuela, y que constituyen 
“una fuerza de modificación inmediata” (págs. 19-20, 31, 48, 49). 

Por otra parte han merecido la atención de la autora las diferen- 
cias regionales, ya se trate de la provincia de San Luis o de 
fenómenos opuestos, observados en las zonas vecinas. Así la aspiración de 
la h- (= lat. f-) que no se conserva en San Luis, salvo en pocas pala- 
bras: juir, jedentina, etc. (pág. 44), es frecuentísima, en cambio, en las 
zonas inmediatas del Norte (Salta, Jujuy, Bolivia, etc.). Lo mismo puede 
decirse del desgaste completo de la preposición de (> e, í) en ciertas com- 


a 


Reseñas 343 
binaciones: ha de ser > hai ser, corral i piedra (pág. 191). Estos casos 
demuestran que hay que buscar los arcaísmos en las comarcas del Norte. 
Este contraste notable hasta se nota dentro de la misma provincia de San 
Luis. Son numerosísimos los ejemplos que podemos citar para demostrar 
el carácter marcadamente conservador de la zona norteña; son característi- 
cas de esta región el cambio de -e > -i después de consonante palatal: lechi, 
cochi, fenómeno que se observa también en Santiago del Estero, Tucumán 
y casi todo el Norte argentino (pág. 36); la sustitución de -dr- por -gr-: 
magre, cuagro que igualmente tiene gran difusión en otras regiones conser- 
vadoras tales como la Sierra de Córdoba (>, la zona andina (incluso Chi- 
le), Colombia, etc. (pág. 52); la -e paragógica: bdule, sufrire que hoy 
día casi exclusivamente se observa en los viejos de la zona norteña, pero 
que aun tiene gran vitalidad en Tucumán, Salta, Jujuy, Colombia % y 
Chile (pág. 79); la forma mujier común a la zona norteña de San Luis 
(en la conversación de algunos viejos), La Rioja y otras provincias nor- 
teñas y andinas (pág. 45); los casos de metátesis antigua (pág. 67). El 
uso del diminutivo es más frecuente en San Luis que en el Litoral, “y puede 
decirse que aumenta gradualmente hacia el norte” (pág. 250); no hay 
más que comparar la frecuencia del uso de los diminutivos en Colombia 


donde hasta aparecen en gerundios (bebiendito y cantandito) Y 


, para 
averiguar la exactitud de tal observación. En cuanto a la morfología los 
elementos arcaicos también predominan en la zona norteña en contacto geo- 
gráfico con otras regiones del norte (págs. 119, 121 comís = comeis, 123 
formas perifrásticas del futuro, 127 formas del verbo haber: hi, hei, hais, 
himos, etc.). Lo mismo puede decirse de ciertas construcciones sintácticas, 
como por ejemplo el uso del artículo definido con nombres de personas: 
el Chacho, la Negra (pág. 385), fenómeno que igualmente tiene su mayor 
difusión en el Noroeste, y de partículas arcaicas como velay común: al 
Noroeste de San Luis, Salta '*?, Tucumán (*, Jujuy (?, Colombia y Chi- 
le (pág. 200). 


(2 A. Mangels, Sondererscheinungen des Spanischen in Amerika. 
Hamburg 1926, pág. 40. 

(3) Mangels 66. 

(MJ, R, Medina, Cantas del Valle de Tenza. Bogotá 1949, 1, 
pág. XXXVIIL 

(MJ, V, Selá, Dicc. de regionalismos de Salta, s. v. 

(61 J, A. Carrizo, Cancionero popular de Tucumán. Buenos Aires 
1937114558" 

(MJ. A. Carrizo, Cancionero popular de Jujuy. Tucumán 1935, 
pág. 250. 


344 Reseñas 


No es menos interesante la posición que San Luis ocupa frente al 
Litoral, vale decir ante las tendencias niveladoras que irradiando por 
diversos. caminos de la Capital Federal amenazan la vida autóctona de las 
hablas del interior. Consta que en muchos aspectos San Luis ha conservado 
su carácter tradicional. No participa en el yeíemo rehilante que caracteriza 
a Buenos Aires y la zona del Litoral (pág. 47); guarda también ciertas 
particularidades en el tratamiento de la s final de sílaba (pág. 42), fenó- 
menos que ya bastan para asegurarle un carácter peculiar en su estructura 
fonética; difiere más todavía en los matices de su tonada (pág. 23 y 
sigs.). Hay discrepancias notables también en la conjugación, particular- 
mente en las formas bebís, comís = bebeis, comeis, cantaris - comeris - 
vivirís las cuales, aunque evidentes restos arcaicos propios de la zona serra- 
na, contrastan netamente con las formas típicas del Litoral bebés, comés, 
etc. (págs. 121, 122). Merece atención particular la frecuencia del uso 
que se hace de morfemas tan expresivos como la re- reforzativa (remalo, 
remalísimo, repronto, rerremalo, etc., pág. 215) y los sufijos diminutivos 
y aumentativos (págs. 350, 363 y sigs.), pues demuestran la vitalidad que 
los elementos afectivos han conservado en la esfera rural del interior. Evi- 
dencian el popularismo que caracteriza a esta región también ciertos fe- 
nómenos sintácticos como el empleo del artículo para nombres de personas 
(el Chacho, el Pocho, etc., pág. 385) y la falta del artículo en casos como 
“No hay que trabajar día domingo”, “Iré día sábado” (pág. 386), cons- 
trucciones que se usan mucho menos en el Litoral. En cambio es un intruso 
del Litoral dura que se oye a veces en San Luis en lugar de la forma ar- 
caica agora predominante (pág. 30). No considero como tal la palataliza- 
ción de la -n- en giñebra = giniebra (pág. 54), puesto que tal cambio 
(que además se observa rara vez en San Luis) obedece a una tendencia 
asimilatoria frecuente en muchos países hispanoamericanos (hasta en San 
Luis ñervo). 

Cabe preguntarse por fin hasta qué grado la antigua dependencia de 
Chile ha determinado la fisonomía lingilística de San Luis. “Aun hoy” 
——dice la Sra. de Battini— ““se advierte el influjo ejercido por Chile en 
la fonética y en el vocabulario regionales” (pág. 18). Puede considerarse 
como tal con seguridad el yeísmo (pág. 48) y la -e paragógica aunque 
ésta, según ya advertimos antes, se encuentra también en muchos otros paí- 
ses (pág. 78). La nasalización de vocales tan corriente en el español de 
Chile no ha dejado huellas más allá de Mendoza (pág. 57). En cambio 
existe convergencia absoluta en el empleo del sufijo -icho tan frecuente 
en Chile como en Mendoza y San Luis (pág. 356). 

Bastarán los ejemplos citados para demostrar que no carecen de inte- 


Reseñas 345 


rés las conclusiones que se pueden sacar de las exposiciones de la Sra. de 
Battini respecto tanto a la estructura del habla de San Luis frente a las 
zonas colindantes como a las diferencias regionales que se observan en ella. 
Cabe añadir que la autora ha prestado su atención particular a la proce- 
dencia de los fenómenos, comparando sistemáticamente el estado lingilístico 
argentino (y sudamericano) con el de la época anteclásica y el de los dia- 
lectos peninsulares. 

Seguirán unas cuantas observaciones de detalle que nos ha sugerido la 
lectura de esta obra tan interesante. 

Fonética. 

págs. 60-61. Sorprende la frecuencia con que aparece en el habla 
de San Luis una consonante nasal intercalada: nuca >> nunca, nupcias > 
nuncias, boñiga >> muñinga, Máximo > Mánsimo, examen > ensamen, 
etc. Es sabido que el mismo fenómeno abunda en aquellos países hispano- 
americanos (Méjico y otras partes de Centroamérica) que tienden a la 
nasalización de vocales. Parece pues sumamente probable que hay que pre- 
suponer tal estado también en San Luis. La abundancia de la nasal inter- 
calada sería pues un índice de que también en San Luis existía antes la 
nasalización de vocales que persiste aún como rasgo característico en la 
zona occidental de Cuyo en contacto con Chile (véase más arriba). Con- 
cuerda con este caso también mio >> miño (pág. 55), transformación que 
corresponde perfectamente a la observada en portugués y gallego minha 
donde hay que presuponer también nasalización de la vocal. 

pág. 33. Llama la atención el cambio de acento en la interrogativa 
qué con preposición: ¿Cón que me paga? ¿Pá que has vuelto? ¿Y pór 
que, po?, fenómeno que se observa también en el habla vulgar de Men- 
doza. Trátase evidentemente del traslado del acento en el elemento más 
significativo causado por el afecto. Cita la Sra. de Battini también la forma 
sustantivada cónque empleada en el sentido de “acuerdo”, “compromiso”: 
“Los hermanos se separaron con el cónque de volverse a juntar en el mis- 
mo punto”. Opino que este caso no tiene relación con el anterior (con qué 
> cónque); hay que partir más bien de la conjunción ilativa con que 
(= lat. cum quid) tan frecuente en hispanoamericano y en el castellano 
peninsular: ¿Conque me equivoco? Conque ¿nos vamos o nos quedamos? 
Recuerdo haber encontrado el conque sustantivado también en España. En 
efecto aparece en el Dicc. Ac. Esp. como expresión familiar con la acep- 
ción de “condición”, significado que corresponde perfectamente al señalado 
por nuestra autora en argentino. En cuanto al acento empleado en la grafía 
argentina (cónque) no presenta ninguna dificultad; muy al contrario refle- 
ja perfectamente la realidad fonética. 


346 Reseñas 


pág. 79. Explica la autora el desarrollo de una -e final de apoyo 
(afane, clarine, hospitale, etc.) “por razones fonéticas”; séame permitido 
remitir al capítulo correspondiente del estudio de A. Mangels $ 80 donde 
encontramos una explicación más precisa y a las palabras del maestro G. 
Millardet: “Il semble donc que le germe de la voyelle d'appui soit tout 
entier contenu dans la détente de la consonne qui précede” que perfectamen- 
te esclarecen el caso (%, 

pág. 196. Considero como resultado de un proceso puramente foné- 
tico la variante chei del tratamiento che, ““con i extraña” (según Tiscor- 
nia), que se observa entre hombres del pueblo y campesinos en la zona 
occidental de la Argentina. Trátase a mi juicio de un caso de diptongación 
afectiva tal como se observa en ciertos dialectos de la Península y otros 
idiomas; compárense por ejemplo que > quéi, porqué > purquéi, José > 
Joséi en forma de vocativo etc. en Sanabria (%, y otros dialectos leone- 
ses (10, José > Jesei, J'zéi también en dialectos portugueses (RL IV, 
240; XIX, 339), vocé > vocei en Algarve (1D, y en una exclamación 
que corresponde perfectamente a la argentina ché- cá-chei... 'interje. de 
guiar o gado lanigero” en Tras os Montes (RL XX, 152). Es esta amplia- 
ción del cuerpo fonético causada por el énfasis que se da a la palabra, todo 
lo contrario del desgaste de palabras que se observa frecuentemente. 

*“Algunas palabras de uso muy frecuente, y por lo común en posición 
débil, que a veces puede ser proclítica o enclítica, sufren un desgaste ex- 
tremo en su fonetismo”” (pág. 82). Como prueba de ello se registra toda 
una serie de ejemplos sumamente característicos en las págs. 83-87 a los 
cuales podrían agregarse muchos más citados en el capítulo sobre contrac- 
ción de frases (págs. 87-89) y en otros lugares, pues en efecto se trata 
de un fenómeno muy frecuente. Encuentra la Sra. de Battini tal desgaste 
de palabras en los casos siguientes: en fórmulas de tratamiento (ño Juan, 
ña María, a las que podría agregarse serita, sirita = señorita en Salta), en 
fórmulas de cortesía (chas gracias = muchas gracias, na tarde = buena 
tarde, etc.), en partículas que constituyen muletilla (Sí, po = Sí pues; no, 


() G. Millardet, Études de dialectologie landaise. Toulouse 1910, 
pág. 159. 

Mm F. Kriiger, El dialecto de San Ciprián de Sanabria. Madrid, 1923, 
págs. 27-30. 

(10) Guzmán Álvarez, El habla de Babia y Laciana. Madrid, 1949, 
pág. 304; A. Llorente Maldonado, Estudio sobre el habla de la Ribera. 
Salamanca 1947, pág. 88; etc. 

(1 Estanco Louro, O Livro de Alportel. Lisboa 1929, págs. 185, 
198. 


Reseñas 347 


po = no, pues; bien po = bien, pues; entós, enfó = entonces), en voca- 
tivos que hoy día aparecen con el significado de interjecciones (¡Jasús! 
¡asús! — Jesús! pág. 202, forma a la cual corresponde en Salta ¡sus!; 
Ayy jura o Aijuna = hija de una; basta, hó = basta, hombre; Abá, qué 
lindo vestido!; Abá, cómo llueve! que la autora explica como desgaste de 
Ah, bárbaro! (12) y en la fórmula ¿Có te va? = ¿Cómo te va? Trátase 
del mismo fenómeno en los casos siguientes: nuidir = no he de ir (pág. 
88), no gua ir — no voy a ir (pág. 51), hai ser = ha de ser (pág. 191), 
quí stecho = ¿qué te pasa?, ¿qué está haciendo?, fórmula que parece 
corresponder a ¿qué te has hecho?, en Salta; aguaverís = 'agora veréis” 
que es la clásica amenaza con que se corre a los niños cuando se los va a 
castigar: < ¡Aguaverís, muchacho insolente! > (págs. 88, 200), llamada 
enfática que puede compararse con astur. vicá = “venid acá'; en todos los 
casos citados las construcciones perifrásticas han perdido su valor original. 
Representa un caso parecido la pérdida de la sílaba inicial es- que, favoreci- 
da por tendencias fonéticas bien conocidas, se observa en los tiempos de 
esperar, y muy particularmente en los de estar: spérale, pérate; táte queto 
(págs. 35, 37), tando, forma del gerundio que en Salta tiene general- 
mente la significación adverbial de “de repente” (V. Solá); encontramos 
exactamente el mismo fenómeno en dialéetos peninsulares: to facer “tengo 
de hacer”, to comer “tengo de comer”, también en el sentido de simple fu- 
turo en Asturias (13): No lo toy de conocer = “No lo he de conocer!”, 
No lo toy de saber — “No lo he de saber!' en el Norte de Salamanca 04; 
espera ahí > péráhi en portugués (RL IV, 245), etc. Cuadran en el 
grupo de palabras desgastadas también chacho = “muchacho', voz de ca- 
riño tan frecuente en América como en el lenguaje corriente de la Penín- 
sula (pág. 80) al que corresponde mano — *hermano' en otras regiones 
americanas y paz = “rapaz' en portugués (RL XIV, 291: en la expre- 


(122 No me atrevo a contradecir a la docta autora. Séame permitido 
sin embargo advertir que la misma interjección aparece con el mismo signi- 
ficado (de sorpresa, espanto) también en otros romances donde hay que 
considerarla como expresión emocional primitiva: Home, bá = “exclama- 
ción de espanto, de admiración” en "Tras os Montes (Tavares da Silva, 
Esbocó dum vocabulário regional, pág. 256), también en español y fran- 
cés (R. Carstensen, Die Interjektionen im [Romanischem. Tesis de Tubin- 
ga 1936, pág. 53). 

(13) M. J. Canellada, El bable de Cabranes. Madrid 1944, págs. 
BO 70351 

(14) A, Llorente Maldonado, Estudio sobre el habla de la Ribera. 
Salamanca 1947, pág. 168. Explica el autor la forma toy erróneamente 
por un cruce de hey más fengu más soy. 


348 Reseñas 


sión eh paz!, se oye solamente entre rapaces) ; cumpa = “compadre”, cuna 
= 'comadre', usados en el sentido de “amigo”, “amiga” (pág. 81), formas 
abreviadas que pueden compararse con pá 'padre', má 'madre' usados en 
Asturias (5, etc, 

Ahora bien, ¿cómo se explica el desgaste fonético de tales palabras? 
Se ha hablado de la frecuencia de su uso, de su posición débil, también 
de la rapidez del habla corriente (1%, de fonética sintáctica etc. Pero todos 
estos factores no son suficientes para explicar el fenómeno en sí. ¿No son 
vocablos frecuentemente usados p. ej. la cama, la cabeza, el tiempo etc.? 
Y sin embargo no han sido sometidos al “'écrasement”. ¿No pronunciamos 
con frecuencia rápidamente frases tales como < No me gusta nada > (en 
momentos de enfado), <Lo conseguí todo > (para expresar la satisfac- 
ción)? Y sin embargo no ha cambiado nada en la estructura fonética de 
la frase. No pueden pues ser la frecuencia del uso ni la rapidez del habla 
las que han producido la transformación (aunque hay casos en que este 
último factor en efecto puede intervenir). Es más bien el desgaste semánti- 
co, el debilitamiento de la acepción o función original, es decir un factor 
psicológico el que lo ha determinado. Así lo entendió el anglista W. Horn 
al publicar su estudio Sprachkórper und Sprachfunktion (2* ed. Leipzig, 
1923) (17, así lo entendieron otros numerosos lingilistas que dedicaron a ese 
notable libro la atención merecida. El desgaste fonético es pues una con- 
secuencia digamos lógica del desgaste semántico o funcional. Así se com- 
prenden fácilmente todos los ejemplos citados arriba: las fórmulas de tra- 
tamiento y de saludo (a las cuales podría añadirse como ejemplo clásico 
Vuestra Merced > Usted), los vocativos convertidos en interjecciones, par- 
tículas como pos y entos que han perdido su valor primitivo, numerosas 
construcciones perifrásticas en las cuales los verbos conjugados funcionan 
tan sólo como auxiliares y los casos de chacho, mano, pá, má, etc. en los 
que los sustantivos han tomado el significado de voz de cariño. 

Es verdad que el desgaste funcional puede conducir a un debilita- 
miento fonético excepcional del cuerpo de la palabra, pero puede ocurrir 
también el caso opuesto: contrariamente a lo que hace esperar la evolución 


(13) Canellada, s. v. 

(16) Así recientemente M. de Paiva Boléo en su [ntrodugáo ao estudo 
da filología portuguesa. Lisboa 1946, pág. 59 y G, Rohlfs que en su ma- 
nual Romanische Philologie. Heidelberg 1950, pág. 60 habla de ““Schnell- 
sprechformen” y tantos otros, 

(17) Compárese también el artículo Schwáchung und Stárkung des 
Sprachkórpers del mismo autor, publicado recientemente en ASNS 186, 
págs. 65-82. 


Reseñas 349 
normal, se conservan o hasta se refuerzan fonemas cuando lo exige el 
valor semántico o la función del vocablo. Presenta un caso interesante el 
tratamiento de -d- intervocálica en San Luis. Según se desprende de los 
ejemplos citados en las págs. 49-50 la caída de la fricativa intervocálica es 
frecuentísima y casi lo común en la conversación descuidada y familiar de 
esa región: asau = 'asado', corriu = “corrido”, ramaita — 'ramadita', tua- 
via = “todavía”, agua i lluvia = "agua de lluvia', etc. Pero hay palabras 
en que la -d- no se pierde nunca: da las terminaciones, en -ado, los nombres 
propios Amado, Conrado (pág. 49), además nada y todo (pág. 50). 

Después de lo dicho antes estas excepciones casi no necesitan explica- 
ción: tanto en un caso como en el otro el valor semántico de las palabras 
no ha permitido la reducción en los nombres propios desde luego y en los 
dos adverbios nada y todo por su carácter particularmente ponderativo (1%, 
¿Sería posible en San Luis una reducción de nada en los ejemplos si- 
guientes: < No voy a volver nada >. < Todavía no brotan nada los ár- 
boles >>. < Lo sabemos todo >>? Hasta hay casos en que el énfasis, vale 
decir, el grado afectivo con que se pronuncia una palabra puede conducir 
a un reforzamiento de la articulación: tal reforzamiento se observa por 
ejemplo en el alargamiento de sílabas y en la diptongación afectiva de que 
ya hablábamos antes. 

Terminaremos con un ejemplo que igualmente encontramos en San 
Luis y que por las variantes existentes en otros romances recibe una con- 
firmación particularmente sugestiva. Trátase de la forma contracta de 
“vamos a ver” >> mos a ver >> m'a ver >> maver y de maviamos formado 
sobre maver + viamos = 'veamos': <Mire, don Juan, la tormenta que 
se viene. - ¿Maver? - Si ha llenau la charca “e langosta. - Maviamos, mu- 
chacho > (pág. 88). Encontramos exactamente el mismo debilitamiento 
fonético —debido al debilitamiento funcional— en otros romances: bediám, 
bejám > biám, miam, bam = “voyons' en bearnés (J. Bouzet, Manuel de 
grammaire béarnaise. Pau 1928, pág. 48; Palay, Dict. béarnais) ; beyám, 
biám “voyons' en rossellonés (Fouché, Phonétique du roussillonnais 1, 193), 
vam en Menorca (< Ja sé que feré, provaré de posar-hi una pesseta, vam 
si també'n surtirán més >> Ferrer Ginart, Rondaies de Menorca 1, 38), 


al lado de mam (Moll en Miscelánea dedicada a D. A. Ma. Alcover 409), 


(18) El fenómeno no está limitado a la Argentina. Al hablar de la 
caída de -d- A. Rosenblat advierte expresamente que la -d- se conserva en 
determinadas regiones de América en el caso de todo y nada, “aun entre 


gente analfabeta” de la altiplanicie mejicana (BDH HH, 151-152, 153). 


350 Reseñas 


vamellara — 'veyam ell ara...” “ya lo creo" (ib. 459), alicant. n'am 
(Barnils, Die Mundari von Alacant $ 45), anyam “a ver (Dicc. Alcover). 

Se explican por la misma tendencia: rossell. mirau > mau ma foi, 
voyez-vous!”, mire > mi “tiens, regarde” (Fouché 1, 228), esp. mira > 
mía > miá, mi (Beinhauer, Spanische Umgangssprache 22), <¡Miste que 
yo casarme con un zeñó!; ¡Miste que Encarniya por Olivares der brazo de 
eze hombre >> (Quintero II, 90), mire t aixó > mitexó “mire, mire” (Moll 
409) y cat. ja verás > arás (Dicc. Alcover: <Arás, noy, no sé que't 
digui >). 

El uso estereotípico de a ver si conduce a construcciones tales como: 
< Vea a ver si es cierto >. < Andá ve a ver si vienen > “Mira si vienen” 
(pág. 393). Encontramos exactamente el mismo caso en la Península: 
< Miá a ver si nos oye alguno > (Spitzer, Aufsátze 117); compárese 
también el ejemplo citado arriba: < 1 jo la veuré vam si hu paga > 
(RFE IX, 189). 

Morfología (págs. 90-375), 

Contiene esta parte capítulos sobre la: morfología de las diversas partes 
de la oración y capítulos sobre la formación de las palabras. 

En los primeros encontramos una exposición completa de la morfolo- 
gía del sustantivo, del adjetivo, de los pronombres y de los verbos, un capí- 
tulo instructivo sobre las clases de los adverbios y giros adverbiales, sobre 
las preposiciones y conjunciones, un cuadro completo de las interjecciones 
particularmente ricas en formas y matices (págs. 193-201) y un párrafo 
no menos interesante sobre gestos y ademanes (págs. 209-213). Basta para 
ilustrar la variedad de los temas tratados en dichos capítulos destacar unos 
cuantos detalles: los verbos de origen indígena convertidos por sus termina- 
ciones en formas romances: quinchar “formar paredes de junco”, pircar 'ha- 
cer pared de piedra en seco”, simpar “trenzar”, macharse *embriagarse', vin- 
char “poner la vincha, es decir la cinta con que se ciñe la cabeza o se sujeta 
el pelo”, etc.; entre los adverbios los que designan la remota antigúedad 
(en tiempo de Ñau o Ñaupa, en tiempo de Maricastaña, en tiempo del rey 
Perico, en tiempo del botón bumbula, etc., todos ellos = “antiguamente, en 
tiempo muy antiguo”), la idea de “inmediatamente, en el acto” (al tiro, al 
grito, sobre el pucho; en un santiamén, en un tris, etc., págs. 169, 171) o los 
que derivan de poncho “capote de monte típicamente criollo" (a porchadas 
*en abundancia” = “lo que puede caber en un poncho extendido”, pág. 178, 
estar a poncho “no saber nada, por no haberlo estudiado”, pág. 181); llama 
la atención también la preferencia por el adverbio local pospuesto en lugar 
de una preposición: tierra adentro, pampa adentro, campo afuera, monte 
udentro, de puertas afuera, barranca arriba, etc. (pág. 174 y sigs.). 


Reseñas 351 


No sorprende la falta de creaciones regionales de adverbios en -men- 
te (subsisten tan sólo formas arcaicas tales como falmente, mesmamenle, 
pág. 187), puesto que en el habla familiar argentina se da preferencia al 
empleo de los adjetivos (baila lindo; hablan muy rápido, pág. 189). 

De entre los prefijos merece particular atención el prefijo intensivo 
re- cuyo empleo va documentado por una magnífica colección de ejemplos 
(págs. 215-217). “En ninguna región alcanza la particular vitalidad que 
tiene en el habla de San Luis y de otras provincias argentinas”. Como el 
Sr. A. Rosenblat ha anunciado un estudio especial sobre este tema (BDH 
1, 122) que llenará una sentida laguna, no insistiré sobre detalles. Tan 
sólo apuntaré que en Chile el prefijo re- aparece con frecuencia en com- 
binación con otras partículas intensivas; encontramos en los Cuentos popu- 
lares en Chile de R. A. Laval los ejemplos siguientes: < ¿Pa qué's ese 
cuerpo tan regrande? >, pág. 212; < Si el corderito era tan bien retier- 
no, cómo no había de salir buena >, pág. 194; < Y m'hizo otras cosas 
más, bien repiores >>, pág. 214; <Tan regrande y tan vilote! >, pág. 
214; < tan bien refuerte >, pág. 9. Ya se ha observado varias veces 
que el empleo de re-, etc. tiene mayor o menor arraigo en unas partes que 
en otras. En la Península Ibérica, además de las regiones mencionadas por 
mí en RFE VIII, 319, es particularmente frecuente en el habla popular de 
Andalucía, según puede desprenderse de los numerosos ejemplos que se 
encuentran en los autores regionalistas (Muñoz Pabón, Quintero, etc.) : 
< Cuidado con el reimprudente, hija! - ¡Madre de los Dolores y qué 
vergiienza tan regrande al llegar a la plaza y...! - Y hace Ud. muy re- 
bien. - ¿La zeñora era mu reguapa, verdá usté? - Hija, qué preguntones 
son los novelistas y qué reteimprudentes! - Que fuera la modista, la agracia- 
ciada por la suerte, o mejor, la ladrona, sí, reteladrona! - Me alegro y 
me retealegro. .. - ¿Lo del dolor de cabeza?.. mentira y retementira. - 
Pero lo peor de todo es que, como tiene tan requetepoquísima formali- 


dad.. >. 


La exposición de los sufijos es tan completa como puede desearse. 
Analiza la autora sistemáticamente el valor funcional de los diversos sufijos 
y reúne en grupos los que pertenecen a la misma categoría semántica des- 
tacando al mismo tiempo su difusión y empleo social (como por ejemplo 
los que expresan la semejanza, págs. 319 y sigs.; gentilicios, págs. 331 y 
sigs.; los desvalorativos, págs. 337 y sigs.: -ucho, -acho, -aco, -anga, etc.). 
Ocupan un lugar preeminente, como es de esperar, los diminutivos (págs. 
350-362) y los aumentativos (págs. 363-373) a los que se agregan los 
superlativos (-azo e-ísimo, estos dos de extraordinaria vitalidad). La auto- 
ra no ha podido consultar (por causa de la guerra) los estudios fundamen- 


352 Reseñas 
tales sobre los sufijos ibero-romances de M. L. Wagner publicados en VKR 
TI, XIV y ZRPh LXITI, 329-366, LXIV, 321-363 en los cuales el 
lector encontrará paralelos interesantes referentes a -azo, -ango, -ingo, et- 
cétera (19, 

Sintaxis 

Termina la obra de la Sra. de Battini con un capítulo sobre la sin- 
taxis (págs. 376-407), capítulo muy oportuno puesto que escasean obser- 
vaciones directas sobre la sintaxis del lenguaje popular y más aun estudios 
regionales de esa categoría. Para su capítulo sintáctico la Sra. de Battini 
no ha podido utilizay el American Spanish Syntax de Ch. E. Kany. Resulta 
de una comparación de los dos tratados que las observaciones de la autora 
argentina complementan en varios puntos a las del hispanista americano, 
Sin entrar en un análisis minucioso ilustraremos las particularidades de la 
sintaxis de San Luis con unos cuantos ejemplos: 

págs. 134-135, 376: marcada preferencia por el empleo del reflexi- 
vo como complemento de interés, etc., como se observa en el lenguaje familiar 
de tantos romances: < No se me enferme >. < No se soñó que ven- 
dría >. 

pág. 379: dislocación expresiva del calificativo con reiteración pro- 
nominal: < Era una niña, linda ella y avasida como pocas >. 

pág. 382: frecuente empleo de muletillas entre las cuales se destacan 
como típicamente argentinas y americanas este empleado en los espacios que 
la vacilación o la duda dejan libres en el discurso (<< ¿Cómo se llamaba 
la niña? - Este, este... me parece que Adela >), como es (< Estaba 
ocupándome como es... del canje >) y resulta que (en el encabeza- 
miento de una oración sin que haya causalidad) ; estos últimos dos no cita- 
dos por la autora. 

pág. 385: frecuencia del empleo del artículo definido en nombres de 
personas (el Chacho) y de lugares (El Bajo, Las Chacras, Los Algarro- 
bilos) ; caracterízanse estos últimos como '““épithétes de condition” en su 
sentido original. 

pág. 387: marcada preferencia por la forma compuesta del pretérito 
en lugar del pretérito simple (< ¿Como ha amanecido? >). Esta obser- 
vación me ha sorprendido, pues lo que me llamó la atención desde mi lle- 
gada a la Argentina es precisamente lo contrario, el gran uso que hacen 
aquí del pretérito simple comparado con el de España, tal como se mani- 
fiesta por ejemplo en el caso citado por Kany 162: < ¿No se halla me- 


(10) El Instituto de Lingúística de la U. N. C. proyecta una edición 
refundida y aumentada de dichos artículos en castellano. 


Reseñas 353 
jor? - le pregunté. - Igual no más. - ¿Durmió? - Hasta, aurita, no más Ss. 
Valdría la pena estudiar esta cuestión en detalle. 

págs. 123, 388: marcada preferencia por la perífrasis en el empleo 
del futuro (< Voy a ir al campo > = Iré al campo), del futuro de 
probabilidad (< Han de ser las mejores niñas del pueblo >) y de las 
formas exhortativas (< vamos a mirar, vamos a comer >). Trátase de 
una tendencia bien conocida del habla popular. Compárense nuestras obser- 
vaciones enla pág. 306 de estos Anales. 

pág. 389: empleo del imperfecto en oraciones condicionales (< Si 
yo juera el patrón no le pagaba >). Este empleo, propio del lenguaje fa- 
miliar, se encuentra también en otras partes de Hispanoamérica (en Chile, 
Colombia, cp. < Un borracho preguntaba que si en lVotra vid' habría 
chich', aguardient' y guarapo: que si no, no se moría >, canción popular 
colombiana) como en la Península (20), en judeo-español (21) y en francés 
familiar, etc. 


pág. 390: repetición del verbo para expresar acción intensiva en casos 
como “canta que canta, corre que te corre, mata que te mataría, pilla que 
te pillo, dale que le darás”, Como se ve, es particularmente variada en 
San Luis esta construcción bien conocida; cp. además págs. 164, 216, 


¿ELE 


págs. 395, 398: repetición de adverbios en casos como: < Ya vino, 
ya; no dicen, no; sí sabe, sí >. Me refiero a esta construcción en estos 


Anales, pág. 307. 
Léxico. 


El léxico del habla rural de San Luis formará el segundo tomo de 
la obra presente. Adviértase sin embargo que el lexicógrafo y el etimolo- 
gista encontrarán en el primer tomo observaciones interesantes cuyo estudio 
está facilitado además por un índice de palabras muy completo. Vayan 
algunos ejemplos como ilustración: 

pág. 148. Se inclina la autora a relacionar argent, chumar, chumar- 
se 'embriagarse” con jumarse, ahumar y los sustantivos juma, jumera, hu- 
mera que se encuentran en otros países americanos y en la Península, re- 
chazando la suposición de un indigenismo (cp. pág. 148 de su obra y 


(0 A, Braue, Satzgestaltung der spanischen Umgangssprache, Ham- 
burg 1931, págs. 100-102. 

1 M. L. Wagner, Judenspanisch von Konstantinopel. Wien 1914, 
$ 54, C. M. Crews, Recherches sur le judéo-espagnol dans les pays bal. 
Raniques. Paris 1935, pág. 184. 


354 Reseñas 


los datos presentados ya anteriormente por A. Rosenblat en BDH II, 
250). En efecto tal hipótesis tiene gran probabilidad. En cuanto a la 
consonante inicial ch- podría pensarse en un cruce con el vocablo chupar 
que se halla largamente difundido con la misma acepción en los países 
hispanoamericanos, incluso en San Luis y también en el Brasil (Santama- 
ría; R. García, Dicc. brasileiro; Moraes, Voc. sul-rio-plat.: chupar, chu- 
pista, chupado; etc.). Complican el caso sin embargo designaciones tales 
como chumbar “emborrachar', chumbao 'borracho” que encontramos en Sal- 
ta (J. V. Solá), chumbado = “chulado”, chuladio “embriagado' en Per- 
nambuco (Pereira, Voc. pernambuc.), al lado de chumbergar, xumbergar, 
xumberga “embriaguez” ('término que los lexicógrafos derivan del nombre 
propio Schlomberg) en el Brasil, chumbar 'embriagar' también en portu- 
gués (Figueiredo), chumbo, chumbado = “borracho” en gallego (VKR 
XI, 264); chuva “embriaguez, ebrio”, estar na chuva en el Brasil. Cito 
estas palabras en la mayor parte inexplicadas tan sólo para subrayar la 
necesidad de un estudio comparativo de las designaciones del ebrio y de 
la embriaguez. 

pág. 149 pispar, pispear “inquirir, avizorar, aguaitar'. Estoy de acuer- 
do con la autora que relaciona el vocablo argentino (frecuente también en 
Mendoza y en Chile) con port. bispar “avizorar”, “entrever, lobrigar, avis- 
tar ao longe' (según Figueiredo), acepción también frecuentísima en 
gallego y en brasileño (Pereira da Costa, etc.). Pero no me parece 
acertada la etimología presentada por Nascentes que deriva la palabra por- 
tuguesa de bispo (““vigiar como obispo, daí lobrigar ). Opino más bien que 
en uno y otro caso se trata de una forma expresiva (“mot expressif”), 
empleada con preferencia en el habla familiar y (en Portugal) en el argot. 
Corresponde a la acepción “furtar, surripiar, bifar” que se da a bispar 
en Tras os Montes, pispar en catalán, pispa “el lladre”, también en argot 
(Griera, Tresor, s. v.); también en este caso, como ya advirtió M. L. 
Wagner, Notes linguistiques sur l'argot barcelomais. Barcelona 1924, pág. 
85 hay que suponer una “formation onomatopéique qui cherche A expri- 
mer un mouvement rapide”. 

pág. 150. Al citar el verbo ochar, hochar que en la región andina 
y en muchas otras partes de Hispanoamérica significa “azuzar a los pe- 
rros" (= ant. cast. ahuchar) o también (en sentido más general) “provocar” 
la Sra. de Battini remite al estudio extenso que, después de D. R. Menén- 
dez Pidal (RFE VIl, 13-15), dedicó J. Corominas a esta familia de pa- 
labras. Los dos etimologistas están de acuerdo en que las formas castella- 
nas derivan del francés hucher, término de cetrería que significa “llamar a 
voces o con silbidos”, junto al sustantivo huché “grito de llamada'. En cuan- 


Reseñas 355, 


to al verbo huchear atestiguado en el siglo XVI con la acepción de “gritar, 
vocear, llamar” sin duda hay que relacionarlo con la interjección huchohó, 
según Cobarrubias 'término de los cazadores de bolatería, cuando se les 
ha remontado el pájaro y le llaman con el señuelo”. Pero no sé si debe 
identificarse con este término de la cetrería el grupo hochar, huchar, ajo- 
char, ajuchar, ahuchar que en los países hispanoamericanos designa “azuzar 
a los perros” como en aragonés auchar, uchar “ahuyentar, azuzar los perros” 
(uchamoscas 'aparato para ahuyentar las moscas” Pardo Asso), vocablos 
a los cuales cabe agregar también cat. uxar “esquivar les mosques” (Dicc. 
Aguiló; Griera, Tresor). Me parece más plausible suponer como base la 
forma onomatopéyica ox, och que.con tanta frecuencia se emplea para lla- 
mar a los animales: cat. ox “crit per als animals de cárrega' Valencia, “crit 
per despedir o allunyar a algú; ¡fora, fora!”, “crit per a espantar les ga- 
llines* Mallorca (Dicc. Aguiló), “crit per a fer fugir els porcs” (Griera, 
Tresor); cat. uix “per a aclamar les ovelles” (Griera, Tresor); salmant. 
oxiquí “para espantar las gallinas” (Llorente Maldonado, Estudio sobre el 
habla de la Ribera. Salamanca 1947, pág. 159), oxear “espantar gallinas, 
aves, etc.', al lado de osar, osear (Lamano) ; ox “voz con que se ahuyentan 
las gallinas" León (Guzmán Alvarez, Babia y Laciana, pág. 318); oxar 
“espantar las gallinas o las aves' en el bable occidental (Acevedo 162); 
trasmont. oche 'expressío usada para afagar bois” (RL XII, 112), Entre- 
Douro-e-Minho ouxe (Pires de Lima, Estudos etnográficos, filológicos e 
históricos III, 316 “para levar os bois a beber') ; variantes: ¡pócho! ¡pócho! 
Tras os Montes (RL. XII,.116; XV, 348), boich-boich Beira Alta, pucho, 
pucho Entre-Douro-e-Minho (Pires de Lima MI, 316) y Alto Minho 
(RL XXV, 194), estas últimas usadas para llamar perros. 

pág. 151. Convence perfectamente la etimología propuesta por la 
Sra. de Battini de meliscar 'ir en busca de las espigas sobrantes de la cose- 
cha del maíz, también = 'recoger los racimos de uva que escapan a la vista 
de los vendimiadores', por fin = “recoger restos de basura”. Procede según 
ella de melear “buscar miel'. Cabe añadir tan sólo que el sentido especial 
de melear es sacar miel a las colmenas silvestres, salir para ello al campo en 
busca de ellas", según nos informa Santamaría, Dicc. general de americanis- 
mos. 

pág. 338. Difiero, sin embargo, de la autora en la explicación que 
da al vocablo tacho “vasija de hojalata”, formado, según ella, con un matiz 
despectivo, de tarro (de sentido parecido). Según R. Lenz, Dicc. et. se 
trata de una antigua palabra castellana. Pero el caso es que en tal acepción 
el vocablo no parece ser atestiguado en castellano. Existe en cambio en portu- 
gués y con la variante aumentativa tacha también en el Brasil, de donde pare- 


356 Reseñas 


ce haberse propagado a otros países hispanoamericanos (al lado de tachuela). 
¿Sería pues de origen portugués? 

pág. 305. También en cuanto a fachinal “terreno generalmente ane- 
gadizo cubierto de juncos y de hierbas', forma curiosísima desde el punto 
de vista argentino, y que la autora deriva del salmant. fachina'"huerta plan- 
tada en la ladera de los montes; huerto; tierra cercada y dedicada al culti- 
vo intenso” hay que recordar que el vocablo existe con el mismo significado 
como en el Litoral y el centro de la Argentina en el sur del Brasil: “lugar 
baixo, de certa extensáo, e coberto de uma vegetacáo bastarda e arbustí- 
fera e pobre' (L. C. de Moraes, Voc. sul-rio-grandense), 'campo de pas- 
tagem entremeado de arvoredo esguio” (R. García, Dicc. de brasileirismos: 
desde Río Grande hasta Sáo Paulo). Dada la extensión geográfica hay 
que concluir que el vocablo fachinal (Figueiredo: faxinal) fué propagado 
desde el Sur del Brasil a lo largo de la costa a la Argentina y que allí 
la fricativa inicial fué convertida en la africada correspondiente. Deriva 
faxinal (fachinal) de faxina = “vara fina e flexivel quando verde”, tam- 
bién nombre de un arbusto agreste (Pereira da Costa, Voc. pernambucano; 
etc.) = port. faxina “molho de Jenha”, arag. faxina ( x = fricativa pala- 
tal), fajina, 'haz de leña”, “montón de fajos', etc. (Hochpyrenáen C II, 
166), FEW III, 426 FASCINA. La designación salmantina fachina, 
fagina “huerta plantada en la ladera de los montes” en cambio representa 
más bien un derivado de FASCIA: ant. arag. faxa, cat. feixa, port. faixa 
*porcáo de terra estreita e longa', según ya señalé en Hochpyrenáen C ll, 
18; término frecuente también en Francia para designar trozos de tierra 
largos y estrechos, particularmente los situados en una ladera (FEW III, 
425). 

pág. 340. miñango “pedazo pequeño de cualquier cosa' “podría ser 
una formación sobre miñatura = miniatura”. Opino más bien que este vo- 
cablo ha de relacionarse directamente con los señalados en la pág. 342 
piñingo, miñingo, pichingo = “pequeño”, usados particularmente para aca- 
riciar a los niños, y otras palabras de esta categoría —chiringo, pirringa, 
mirringa — “pedazo, fragmento de una cosa'— citadas (junto con miñango) 
por M. L. Wagner, ZRPh LXIV, 332-333 y cuyo elemento vocálico 
¡ indica en forma expresiva la pequeñez. 

pág. 306. Observaciones interesantes sobre guadal “terreno suelto, 
movedizo y gredoso', originariamente = “pantano”, derivado de la voz 
americana guadua “especie de bambú. 


F. KRUGER 


Reseñas 357 

J. Vicente Solá, Diccionario de regionalismos de Salta (República Ar- 

gentina). Buenos Aires, Sebastián de Amorrortu e Hijos, 1947. 
318 págs. 


La provincia de Salta, que forma parte de la zona andina del extre- 
mo Noroeste de la República Argentina, no es absolutamente desconocida 
a los filólogos y folkloristas. En 1933 el insigne folklorista Juan Alfonso 
Carrizo publicó su magnífico Cancionero Popular de Salta en el cual reve- 
ló la insospechada riqueza de tradiciones populares que aun subsisten en 
aquella región montañosa. “Las provincias del interior”” —había escrito 
el mismo autor en un artículo publicado ya en 1927 en la revista Huma- 
nidades— “y en especial las alineadas a lo largo de la Cordillera de los 
Andes, son verdaderos relicarios de la tradición nacional”. Esto lo demues- 
tra también el Diccionario de regionalismos que el señor Vicente Solá acaba 
de publicar. Recopilando vocablos y giros populares en la capital de la 
provincia donde reside hace años como vice-rector del Colegio Nacional y 
en sus alrededores y aprovechando además los materiales relegados en ar- 
chivos o publicados en revistas, hoy día difícilmente accesibles, ha realiza- 
do una labor tan encomiable que hasta puede ser considerada como un 
modelo para futuras investigaciones regionales. 

Lo que llama la atención es el número elevado de vocablos salteños 
de ascendencia indígena, influencia que no se nota tan sólo en los topóni- 
mos (a los que el autor dedica preferente atención), nombres de plantas y 
animales, sino también en otras esferas de la vida humana. Como en otros 
países americanos es casi exclusivamente indígena el vocabulario referido al 
cultivo, elaboración y consumo del maíz. Pertenecen a esa categoría pala- 
bras como anguá y tacana con las cuales se designa el mortero hecho de un 
tronco de árbol ahuecado (véase en la pág. 336 de esta revista) y empleado 
para separar el afrecho del maíz pelado (aitir), y pecana “piedra plana, 
lisa, ligeramente cóncava que se utiliza para moler granos. 

En cambio es netamente castellana la terminología que se refiere al 
telar rústico en el cual se tejen las telas: lisos; pisaderas, pisadores; pala 
“el palo que aprieta la trama de la urdimbre'; templador “palanca con que 
se tiene tensa la urdimbre'; enfulio “pieza de madera que sirve para enfar- 
dar la tela”, junto con cocca no suficientemente definido “parte del telar, 
preparadora del hilo". Demuestra el carácter castellano de la terminología 
que el telar rural de Salta —contrariamente a lo que se observa en otras 
partes de Sudamérica— no es de origen indígena, sino peninsular como lo 
denuncia también su construcción. Nos encontramos pues con la misma si- 
tuación expuesta magistralmente por el Dr. A. Dornheim respecto a la 


358 Reseñas 


provincia de Córdoba y otras regiones “'atravesadas por las grandes rutas 
de la colonización hispánica”, desde Bolivia hasta la Pampa argentina 2”. 
Es de notar también la frecuencia con que aparecen términos caste- 
llanos para designar aparejos utilizados para conducir carga a lomo de 
caballería: cangalla aparejo, o armadijo colchado”, como en Bolivia; árganas 
“canastos que se colócan a los costados del animal carguero”; fercios “las 
cargas que se lían a los costados de la mula” (??; reatar “atar bien la carga 
de una mula', reata lonja con que se ata la chigua'; balumar “cargar un 
caballo o una mula con cargas grandes” (cast. balumbo, etc.) ; junto a chi- 
gua “canasta de poleo, mimbre, cuero u otro material, que sirve para trans- 
portar frutos”, vocablo que según Lenz, Dicc. et. es de origen quechua. 


Lo mismo puede decirse de ciertos aspectos de la agricultura. Pero no 
bastan los datos presentados por nuestro distinguido amigo para esbozar un 
cuadro completo. Vayan como ejemplos provisionales uñir “uncir', tilera “pieza 
de un arado de palo que sujeta el timón', término que evidentemente co- 
rresponde a telera usado con el mismo sentido en diversas partes de la Pe- 
nínsula; melga = cast. amelga, etc. 

No sorprende que en un país ganadero como es la Argentina existan 
numerosos objetos fabricados de cuero. Los hay en Salta —<como en otras 
comarcas— (% de un primitivismo exquisito: noque “recipiente de cuero 
vacuno que se utiliza para pisar la uva o para fermentar las vainas de al- 
garroba en la preparación de la chicha, o también para cuajar la leche”, 
término peninsular frecuentemente discutido por los etimologistas sin que se 
haya tomado en cuenta la existencia de noc en catalán, nauc en provenzal, 
etc.; capacho “cuero de forma cilíndrica que sirve para desgranar el maíz, 
golpeándolo con un palo' que evidentemente se relaciona con el ant. caste- 
llano capacha “esportilla”, capazo etc. (cp. FEW Il, 243*); balsa “cue- 
ro que sirve para transportar las gavillas de trigo a las parvas o para le- 
vantar tierra de las excavaciones; generalmente es tirada por bueyes que 
la arrastran por el suelo”, vocablo que hay que relacionar con las balsas 
hechas de cueros, cañas, junco, etc. que antes se utilizaban para atravesar 


(1 A. Dormheim, Posición ergológica de los telares cordobeses en la 
América del Sud. Revista del Instituto Nacional de la Tradición. Buenos 
Aires 1948, I, 7-29. 

(22 Confróntese sobre estos términos también A. Dornheim, Los me- 
dios de transporte en el Valle de Nono. “Spiritus”, Mendoza, 1, 53 y 
sigs. con referencias a las variantes peninsulares. 

(3) Véase la documentación presentada por A. Dormheim, Los ape- 
ros de cultivo en el Valle de Nono. AILi III, 47-38 sobre noque, capacho. 


Reseñas 359 


ríos (9, por lo tanto también de origen peninsular; ovejón “sombrero blan- 
co, de factura criolla, hecho de cuero de oveja o llama”, etc. 

Hemos insistido en estos detalles para estimular a nuestro distinguido 
amigo salteño a proseguir las investigaciones para que ensanchando su esfe- 
ra de observaciones pueda consumar el estudio del vocabulario por des- 
cripciones fieles de la cultura material. Nadie como este eximio cultor del 
folklore posee disposiciones tan relevantes para brindarnos en un futuro 
cercano la obra completa que esperamos. 


F. KrUcER 


J. R. Medina, Cantas del Valle de Tenza. Estudio preliminar de J. Var- 
gas Tamayo. Bogotá, Biblioteca del Folklore Colombiano, 1949, 3 
tomos 1: XLVI1I-270 págs.; II: 276 págs.; III: 194 págs. 


En el pequeño pueblecito de Sutatenza, ubicado como atalaya de las 
montañas boyacenses que atisban el Valle de Tenza, vivía hace algunos 
años un sencillo sacerdote, hijo de la parroquia y pastor entonces de sus 
coterráneos, el Rvdo. Padre Joaquín R. Medina. Apasionado por el fol- 
klore de su tierra, había ido recogiendo durante su vida sacerdotal, todo 
cuanto encontró a su alcance en materia de cantos, leyendas, cuentos y 
consejas populares. De todo ello —fruto de una labor verdaderamente be- 
nedictina— nada se habría conservado si el editor de la presente colección, 
el Rvdo. Padre J. Vargas Tamayo, que había oído hablar de la afición 
del buen párroco, no hubiese tenido la plausible idea de sacar a la luz 
todo aquel material precioso que inmerecidamente permanecía rezagado. En 
efecto, poco antes de la muerte de su autor, que pretendía quemar este 
caudal folklórico por considerarlo impropio de su actuación sacerdotal, le 
hizo comprender la necesidad de la publicación. Desgraciadamente de todo 
lo que el humilde sacerdote había recolectado de la tradición popular se 
ha salvado nada más que el material reunido en los tres volúmenes de las 
Cantas; material relativamente escaso si se lo compara con el inmenso 
acerbo que el folklorista había guardado en sus cajones, pero suficiente 


(4) Dormheim, Los medios de transporte, separata pág. 7; trae una 
documentación riquísima de la balsa GC. Friederici, Amerikanistisches Wórt- 
erbuch. Hamburg 1947, pág. 72; propone la etimología VASCULUM 
el Sr. H. Jamner, en la revista Filología, Buenos Aires 1, 151-152 (bas- 
la > balsa) ; pero no me convence tal hipótesis ni desde el punto de vista 
semántico (cp. balsa = “charco') ni fonéticamente, cp. REW 917. 


360 Reseñas 


para que el modesto sacerdote del Valle de 'Tenza viva como uno de los 
coleccionistas más fervorosos y beneméritos de la tradición popular en la 
historia del folklore colombiano, 

De las diez mil coplas que el P. J. R. Medina dejó coleccionadas 
casi la mitad —4488— han sido salvadas y editadas ahora debido a la 
diligencia del P. Vargas Tamayo y a la liberalidad del Ministerio de 
Educación Colombiano,— un número respetable, un verdadero “record” 
que merece el elogio y la admiración de todos los folkloristas. Junto a las 
valiosas colecciones colombianas publicadas anteriormente— la de Antonio 
José Restrepo: El Cancionero de Antioquía. 3* ed. Barcelona 1930 y la 
de Juan de Dios Arias: Folklore Santandercano. 2* ed. Bucaramanga 
1943 — las Cantas del Valle de Tenza constituyen una fuente riquísima 
de información de la que sacarán gran provecho no sólo los folkloristas 
colombianos sino todos los que se dedican al estudio de la canción popular 
castellana. Pues no cabe duda que la mayor parte de los cantos populares 
que se oyen hoy día en la Península y en América, pese a ciertos matices 
regionales, tienen un fondo común, y es el de la tradición castellana. Insiste 
en este punto con razón el P. Vargas Tamayo en el Estudio preliminar 
que precede a la colección de las cantas, citando —entre otros— un ejem- 
plo bien elocuente: 


¿Q'és aquello que reslumbra ¿Qué es aquello que reluce 
debajo del campanario? debajo del campanar? 
Si será la vida mía ¿Es lucero o es la estrella 
o la Virgen del Rosario? o es la Virgen del Pilar? 
Valle de Tenza Aragón. 


No era una tarea fácil ordenar el cúmulo de canciones dejadas por 
el P. Medina. Me parece sin embargo un acierto del editor, el haber divi- 
dido la materia en un orden lógico correspondiente a las diversas inspira- 
ciones poéticas que forman el tema de las canciones. He aquí algunos 
ejemplos que pueden servir para ilustrar la inmensa variedad de faces: 
Goces de la vida (las cantas, fiestas, bailes, bebidas), El ambiente parro- 
quial (religiosas, santos y santas, romerías, el cura), Del amor y del do- 
lor, tema como es de esperar particularmente rico en manifestaciones lite- 
rarias, La cruz del matrimonio, Del reino vegetal, Del reino animal, Pince- 
ladas idílicas, etc. Resulta también muy instructivo encontrar reunidas en 
series o grupos canciones de idéntica o análoga estructura externa, sacrifi- 
cándose así ligeramente la ubicación lógica de la idea, pues es indudable 
que también la “forma” de la canción popular castellana tan típica, tan 


Reseñas 361 


característica presenta un tema sugestivo para estudios posteriores. Vincú- 
lase ese tema estrechamente con el estilo, sobre el cual el editor nos brinda 
en el Estudio preliminar acertadas observaciones. En cuanto a la grafía 
““se ha optado por una acomodación, la más próxima a la fonética del 
hombre del campo” relacionándose de este modo el alma y el lenguaje del 
pueblo en una armonía perfecta. De lo dicho antes se desprende fácilmente 
que también el lingiiista encontrará en la presente edición de las Cantas 
del Valle de Tenza una rica mina de información, tanto en lo que respecta 
al uso de las palabras (véase en el t. III, 161-193 el Vocabulario alfa- 
bético de regionalismos colombianos) como a la fonética y a la sintaxis. Sin 
agotar el asunto mencionaremos unos cuantos ejemplos: 


Contracción de vocales: en las jiestas di'horun año 
132; el que juer enamorao, q.enamori a la soltera 2533; y es por culp'e 
los ratones 67. 


Desplazamiento del acento: pus no me saliá la 
cuenta 132; que su niño va'tocarle masque siá con el chombor 156; yo 
teniá ya mi pensao 994; serián santas las mujeres 1008; cuando saliás de 
Piglesia 1051; áhi 'tá, por enamorao 2538; si di áhi sale pa * las tiendas 
2592; me convidaron a la caceriá di un runcho 3356, 

Estrechamiento de vocales protónicas: y el 
potro lu hace golver 128; tan chanchiroso comu ella 133; tiene boc'y queri 
hablar 141; lo qui hace 1060; hasta en casos como los siguientes: ayer 
me tirú'n galembo 2566; me tocú ayunar la chicha 306; un indio saliú al 
camino 2578; porque se llevú a mi chato 4437; yo sembrí una mate 
mango 3621; ¿Quí haré yo pa no soñarme toas las noches con vos? 750; 
compárese en los dialectos leoneses Qué sé yo > kisióu, etc. 


Caída de la sílaba protónica: “toy guardando mis 
semillas “toy cuidando mi ganao 1049; ¿Qué seriá mi jundamento? ¿Qué 
“tariá pensando yo? 1855; “Tése queto, 'ñor mocito 2549, 

De entre los fenómenos sintácticos citaremos los siguientes: 


masque empleado en el sentido de “aunque” como en el lenguaje po- 
pular de la Península (astur. mas que te cargen a dineru) y en otros países 
sudamericanos (véase Kany, American Spanish Syntax 380, sin referencias 
a Colombia): Ah, malaya, quén tuviera masque juer” un macho viejo... 
120; He de bailar con mi chata masque digan los pueblanos. . 100; Tocáli 
a la niñ ? hermosa masque siá la guacharaca 161; etc. 

Pero se emplea también aunque en las variantes anque y enque: Qui 
anque la chicha si acabe nu hemos de dejar el són 166; y enque me maten, te 
miro 732; Yo se lo queriá decir, enqui harta pena me da 998. 


362 Reseñas 


donde usado en el sentido de preposición: El domingo me juí a misa, 
el martes * onde mi chata 866; Ya don yo teniá jurado de no casarme 
tuavía 955; véase Kany 363 y sigs. y en la pág. 309 de estos Anales. 

Representa una variante del empleo bien conocido de puro en sentido 
reforzativo (de pura hambre andavan amarillos - lo hice así de pura tonta - 
de puro tonta perdió el empleo) el ejemplo siguiente: Ya no quero cantar 
más, que me sirve di armonía, que de puro q'he cantado ya tengo la lengua 
fría = “de tanto cantar”, 'a fuerza de cantar”. 

Repetición del verbo en sentido reforzativo: Manzana, si no querés 
que yo me pong'a mirarte, escondét'escondidita y dejá de provocarme 3583 
- Arriba, caimán goloso, qui una niña va nadando. Cogerla, la cogerás; pero 
comértela ¿cuándo?” 684. Compárese en la pág. 308 de estos Anales. 

Empleo de la preposición en más gerundio: De la pobreza no si hable; 
yo con vos me casaré: en teniendo tu cariño con eso me mantendré 975. 

Calificativo en relieve: El cantar de las muchachas, pero d'ellas soli- 
ticas, es el cantar de los cielos, y más cuando son bonitas 40. 

Frecuencia del perfecto formado con el auxiliar “tener”: Les tengo dichu 
a las piedras se quiten del caminito 811; El alcalde de Guateque ya me 
tieni amenazao porque me miran las niñas cuando voy a mi mercado 858; 
Es tanto lo que me dicen que ya me tienen cansao 1056. El aumento de 
dicha forma verbal no se observa tan sólo en América, sino también en el 
lenguaje rural de la Península. 

Por interesante que sean los rasgos fonéticos y las peculiaridades de 
la sintaxis popular para el filólogo, por cierto no constituyen en sí el encan- 
to de las poesías de Tenza. Es más bien su valor intrínseco, la frescura y 
rigueza de imaginación, la delicadeza y profundidad de sentimientos, la 
sencillez de la expresión, en una palabra es aquel pensar y sentir popular 
que determina la esencia de la poesía del pueblo lo que les da un carácter 
particular. En este sentido las Cantas del Valle del Tenza son verdadera 
poesía popular, no rara vez vinculada a alusiones picarescas y hasta groseras, 
como las coplas andaluzas, extremeñas y aragonesas, los cantares gallegos 
y las trovas que cantan en Portugal y en el Brasil. Vayan unos cuantos 
ejemplos que más que un comentario docto harán sentir su sabor: 


Las canticas que yo canto Si yo Juera mat ' e rosa 
ninguno me las enseña, en tu patio m ” estendiera, 
porque yo me las apriendo y cada vez que pasaras 


cuando me mandan por leña. una rosita te diera. 


La naranjit * era verde 
y el tiempo la maduró: 
se ha de llegar aquel día 
en que vengás con yo. 


3604 


Reseñas 


3537 


Hasta del sol tengo celos 
cuando sale muy brillante: 
me parece que madruga 
solamente por mirarte. 


3947 


363 


Cuando van las candelillas (“luciérnagas') 
alumbrandu aquí y allí, 

me parecen tus ojitos 

que me * tán buscandu a mí. 


Salg ' el sol, salga la luna, 
salgan todas las estrellas, 
y que salga mi chatica 
en medio de toas ellas. 


3940 3757 


F, KRUGER 


Luis da Cámara Cascudo, Antologia do folclore brasileiro. Sao Paulo, 
Livraria Martins Editora, 1945 ('* A marcha do Espiritu”, vol, XV), 
502 págs. - Contos tradicionais do Brasil. Rio de Janeiro, Americ- 
Edit., 1946 (Colecáo “Joaquim Nabuco”), 420 págs. - Geografia 
dos mitos brasileiros. Rio de Janeiro - Sío Paulo, Livraria Olympio 


Editora, 1947. (Colegáo Documentos Brasileiros vol. 52), 467 págs. 


El estudio del folklore fué cultivado en el Brasil durante el siglo XIX 
y principios del XX por una serie de investigadores que, con gran preocu- 
pación científica y verdadero amor a la patria y a sus tradiciones, contri- 
buyeron al conocimiento profundo y detallado de la vida popular brasileña, 
de sus costumbres, de sus cuentos y sus canciones. Otros, entusiastas afi- 
cionados, ayudaron a coleccionar el material para la investigación. Destá- 
canse entre los folkloristas brasileños por sus colecciones y estudios: Couto 
de Magalhíies, J. Barbosa Rodrigues, Melo Moraes, Filho, Sílvio Rome- 
ro, M. R. Quirino, Joáo Ribeiro, Afránio Peixoto, Nina Rodrigues, Ama- 
deu Amaral, Roque Callage, Arturo Ramos, Gustavo Barroso y Renato 
de Mendonca. Varias veces, durante los años 1934 a 1939 llamé la aten- 
ción de los interesados por las cuestiones folklóricas sobre las nuevas pu- 
blicaciones brasileñas de esta índole, especialmente en las revistas Wolkstum 
und] Kultur der Romanen, de Hamburgo, XI, 375-379; XII, 423-426 y 
Ethnologischer Anzeiger, Stuttgard 1, 121-122. 

En los últimos diez años el interés por los estudios folklóricos ha au- 
mentado considerablemente en el Brasil como así también en los países de 


364 Reseñas 
lengua española, especialmente en España, Colombia y la República Do- 
minicana. Para coordinar las investigaciones tan diferentes metódica y geo- 
gráficamente se fundó en Natal, capital del Estado do Rio Grande do 
Norte, la “Sociedad Brasileira de Folk-Lore'”” (S. B. F. L.) el 30 de 
abril de 1941. Acogemos con gran beneplácito a esta nueva sociedad' y 
esperamos de su labor una intensificación de los estudios folklóricos y 
etnológicos en tan extenso territorio como lo es el Brasil. Fundador y pre- 
sidente de la Sociedad es L. da Cámara Cascudo, insigne folklorista y 
gran trabajador, de cuyas tres importantes publicaciones quiero hablar aquí. 
Fué una idea magnífica la de elaborar una Antologia do folclore 
brasileiro pues ella permite a los interesados estudiar en un tomo los pasa- 
jes más notables, en el sentido folklórico, de los cronistas de los siglos 
XVIXVIII, de los viajantes extranjeros y de los estudiosos brasileños de 


los siglos XIX y XX. Si bien es cierto que una Antología no puede ser - 


más que una selección de noticias etnológicas y folklóricas, es muy útil para 
quien no dispone de los libros originales, sobre todo cuando la selección 
está hecha con tanta competencia y habilidad. Como los pasajes escritos 
en lenguas extranjeras están traducidos al portugués y como L. da C. C. 
añadió a cada contribución una pequeña biografía del autor y su corres- 
pondiente bibliografía, la Antología resulta un excelente manual para el 
estudiante brasileño y extranjero. L. da C. C. dedicó su libro “Aos can- 
tadores e violeiros, analfabetos e geniais, ás velhas ámas contadeiras de 
histórias maravilhosas, fontes perpétuas da literatura oral do Brasil” los que 
probablemente nunca leerán este libro. 

Cierta dificultad ofrece la cuestión de si tal o cual obra debe consi- 
derarse como obra científica de folklorista u obra folklórica de índole li- 
teraria. L. da C. C. incluye, en la pág. 262, un trozo de las Lendas do 
sul de Simóes Lopes Neto, que yo considero obra literaria. así como los 
Contos gauchescos del mismo autor o las publicaciones del tipo de Darcy 
Azambuja, No galpáo o de C. Pires, Conservas ao pé do fogo. Es difícil 
establecer hasta qué punto estas obras ofrecen un verdadero material fol- 
klórico comprobado, no obstante su valor como obras de literatura regional. 


Las fiestas de Moros y Cristianos (véase el relato del inglés Henry 
Koster, (muerto probablemente en 1820) para Pernambuco, p. 69 y el de 
martius (1794-1868) para Minas Gerais, p. 83) son variantes de la 
misma fiesta del siglo XVIII de Río de Janeiro ya conocida (L. Edmundo, 
O Rio de Janeiro no tempo dos Vice-Reis, 2* ed. Rio 1935, p. 138-1939) 
y aun de Méjico (R. Ricard en Journal de la Société des Américanistes 
XXIV, 51-84 y de España (Giese, Nordost-Cádiz, Halle 1937, p. 216- 
220). 


— ID 


A 


Reseñas 365 


Los Contos tradicionais do Brasil son cien cuentos populares, unos to- 
mados de boca de los mismos padres o de la tía del autor que los oyeron 
en el alto Sertáo de Paraíba y Rio Grande do Norte, otros le fueron na- 
rrados por colaboradores de diversas edades y distinta formación cultural 
y finalmente otros fueron sacados de colecciones impresas, cuyas fuentes 
están debidamente indicadas; pero todos ellos permanecen aún vivos en la 
tradición popular. Al final de los cuentos tomados directamente de la tra- 
dición oral se indica siempre la autoridad de la persona que los narró, 
cuyo modo de contar casi siempre se respeta; por eso uno de los méritos 
mayores de esta colección es el de haber conservado la dicción ingenua, 
primitiva de sus narradores. No se consigna el lugar de nacimiento de 
estas personas sino el sitio donde pasaron su infancia o donde aprendieron 
los cuentos, 


Por el prefacio se deduce que L. da C. C. conoce perfectamente los 
problemas que se relacionan con el estudio de los cuentos populares bra- 
sileños. Con mucha razón indica (pág. 15) que los cuentos indígenas y 
africanos se han mezclado de tal manera que no es posible separarlos. La 
proporción entre los elementos amerindios, africanos y europeos la da como 
1:3:5. Una gran ventaja para los estudiantes ofrecen las extensas notas 
comparativas dadas al final de cada cuento y donde L. da C. C. expone 
sus amplios conocimientos de los cuentos de todos los países (americanos, 
portugueses, españoles, orientales, africanos) y de la literatura científica 
respectiva. 

La colección presenta interesantes ejemplos de esa mezcla de motivos. 
Las explicaciones comparativas permiten distinguir claramente la herencia 
ibero-romance de las aportaciones africanas. O chapin do rei (pág. 184) 
es un ejemplo que comprueba que un cuento oriental puede haber sido 
divulgado en el Brasil en época reciente (divulgación hecha por un brasi- 
leño de origen libanés por vía literaria cf. pág. 187). Los cuentos están 
sistemáticamente ordenados en grupos: cuentos de encantamiento, cuentos 
ejemplares, cuentos de animales, burlas, cuentos religiosos, etc. 

Para algunos de los cuentos me permito aportar ciertas referencias 
que tengo a mi alcance en este momento, pero sin completar las compara- 
ciones en forma sistemática: 

pág. 34 (Os compadres corcundas) : Existen también versiones fran- 
cesas (una picarda, otra de las Ardenas), una catalana, otra valenciana 
y otra vasca (véanse mis explicaciones en la Revista Internacional de Es- 
tudios Vascos XX, 462-464). S. La Sorsa ha publicado la variante de 
Apulia, La fortuna di due gobbi (Tradizioni popolari pugliesi. Fiabe e 
novelle I, Bari-Roma 1928, pág. 261). El texto de la versión japonesa 


366 Reseñas 


encuéntrase en H. Plaut, Japanische Konversationsgrammatik, Heidelberg 
1904, pág. 40. 

pág. 72 (A princesa Gia): Conozco este cuento del noroeste de Ale- 
mania (región de Oldenburg) donde en vez de la rana aparece una gata 
(De lútt Katt) y también de Lorena (gata). Sobre la divulgación de las 
variantes italianas del cuento de la princesa-rana véase L. di Francia, Fiabe 
e novelle calabresi 1-11, 2* ed., Torino 1935, p. 252. 

pág. 87 (O marido da máe d'agua): Leyendas de sirenas conocemos 
también en Colombia. En Europa las mujeres marinas tienen un papel impor- 
tante en las tradiciones celtas (bretonas e irlandesas), en el Kalevala finlan- 
dés y se encuentran además en las tradiciones griegas, dinamarquesas (en los 
Folkeviser) y en los cuentos populares frisones, donde al lado de las ondi- 
nas aparece el ondino Eke Nekepen. Cf. aun los rusálki rusos, Giilnar y su 
familia en la historia del infante Bedr de Persia y de la infanta Giauhare 
de Samandal en el Kitáb alf laila wa laila árabe y las yakkhinis en el 
Játaka 196. 

pág. 97 (O filho da burra): Una traición análoga a la de los dos 
compañeros aparece en el cuento turco del ave Anka, cuento N? 8 del 
Billurkjósk, en el cuento albanés del ruiseñor (birbil gizari; Pedersen, 
Albanische Texte, Leipzig 1895, p. 30) y en el cuento irlandés Tri 
'nighean rí Esia (L. Múhlhausen, Zehn iriseche Volkserzáhlungen aus 
Sid-Donegal, Halle 1939, pág. 33, cf. Béaloideas IV. 414 y V. 209). 
En el cuento irlandés, en vez del diablo que ayuda al héroe, aparece un 
“hombre del anillo”, como en varias historias del Kitáb alf laila wa laila 
(Aladino y la lámpara maravillosa, Cuento de Maruf). Cf. también el 
anillo mágico del cuento árabe 52 en H. Schmidt y P. Kahle, Volkserzáh- 
lungen aus Palástina, Góttingen 1918. En los cuentos turcos, cabellos que 
se frotan hacen las veces del anillo, como en el cuento N? 4 de la colección 
árabe mencionada. 

pág. 169 (A menina dos brincos de ouro): El motivo de la mucha- 
cha en el saco del viejo feo se conoce por cuentos italianos aunque en el 


resto son diferentes. (cf. L. de Francia III, 105-108). 


pág. 181 (Os quatro ladróes): El tema de persuadir al hombre que 
su carnero es un perro se conoce también por el Humajunname turco y 
por las fábulas rumanas de Tichindeal de 1814 (Fáb. 126, texto repro- 
ducido en Gaster, Chrestomatie romána 1, 214). pág. 195 ( A história 
do papagaio). Existe también una versión turca del Tufiname. El motivo 
de los dos papagayos que vigilan la virtud de la mujer en el Sukasaptati 
ya se encuentra en Jataka N* 198. 

pág. 225: Con los cuentos de Pedro Urdemales y de Eulenspiegel 


A 


Reseñas 367 
pueden compararse también los cuentos turcos de Nasreddin Hoga que se 
divulgaron aún por la Península Balcánica y por Rumania (cf. A. Pann, 
Nasdravanile lui Nastratin Hogea, Bucarest, 1853) y los cuentos mala- 
yos de Jaka Bodo o Si Pandie (Java), Mau Loha (Timor) etc. (N. 
Adriani, De Bare'e Taal, Den Haag 1913; C. Snouck Hurgronje, The 
Achehnese, Leyden 1906). 

p. 236 (O sapo e o coelho): Sobre la apuesta entre la tortuga y el 
ciervo cf. aún O. Dáhnhardt, Natursagen IV, Berlin 1912, págs. 54, 
65-66. 

pág. 246 (O cágado e o teiú): El cuento correspondiente en Nama 
(tribu hotentote) con el chacal y la hiena fué publicado por L. Schultze, 
Aus Nameland und Kalahari, Jena 1907, p. 46 L. y C. Meinhof, Afri- 
kanische Márchen, Jena 1921, pág. 138. 

pág. 254 (A raposa furta e a onca paga): Cf. Roman de Renart, 
Branche 111 y Reynke Voss (bajoalemán) 1, 3. 

pág. 278 (O caboclo, o padre e o estudante) : Publiqué el respecti- 
vo cuento vasco con el texto árabe en la Revista Internacional de Estudios 
Vascos XV, 191-194 y hablé de él y de la versión: mejicana en la misma 
yevista XIX, 313-314, Otra versión vasca aparece en el Anuario de Eusko- 
Folklore XIV, 108-110 (segunda aventura). 

pág. 284 (A roupa do rei): Está también en el Oyrg vezir turco. 

pág. 297 (O menino sabido e o padre): Respuestas análogas a las 
primeras que da el niño se conocen por cuentos españoles, franceses e ita- 
lianos; véanse mis notas en Volkstum und Kultur der Romanen V, 259. 

pág. 305 (O menino e o burrinho): La Fontaine, La laitiére et le 
pot au lait, En el libro V del Trantrakhyayika, la versión más antigua del 
Pañcatrania trátase de un bracmán y una olla con harina de cebada, 
en el Hitopadesa (IV, 6) es un bracmán con una olla de sémola, en el 
Kitáb alf laila wa laila, un ermitaño con una olla de manteca, en el Hu- 
majunname turco, un hombre devoto, un dervís, con un cántaro con aceite 
y miel. 

pág. 314 (4 moca e a vela): Cf. para Portugal y España, C. Ca- 
bal en Folklore y costumbres de España 1, 189 y sig. La misma tradición 
existe en Sicilia, Calabria, Apulia, Toscana, Véneto y Friul. 

pág. 346 (A festa no céu): La historia de la tortuga transportada 
por dos ánades encuéntrase también en el Humajunname turco. 

pág. 360 (O afilhado do diablo): Cf. las versiones irlandesas Grua- 
gach na gcleasanna (Múhlhausen págs. 37 y 130) y la historia de Ali 
Dzengiz en el Billur Rjósk turco. 

Existen también versiones armenias (cf. G. Rohlfs en Archiv fiir das 


368 Reseñas 
Studium der neueren Sprachen vol. 168 (1935), pág. 71): Habrmani y 
Mitil chavk. 

pág. 374 (Frei Joúo sem cuidados) : véanse mis contribuciones: Tran- 
cosos” Tres preguntas do rei” (Revue de litléralure comparée XVIII, 152- 
160) y Uma versáo estremenha do conto das 'Trés preguntas do rei” (Bi- 
blos vol. XVI, t. IL, 645-650). La segunda pregunta: ¿Cuánto pesa la 
luna? es muy rara, pero se encuentra en las versiones de Coimbra y de 
Turquel. Minho y Beira son las provincias que más han contribuído a la 
emigración portuguesa al Brasil. Versiones vascas del cuento aparecen en 
el Anuario de Eusko-Folklore XIV, 122-126 y en R. M. de Azkue, 
Euskalériaren yakiniza 11, Madrid 1942, págs. 252-254. 

págs. 379 (As testemunhas de Valdivino): Cf. también la historia 
de las grullas de Danadil en el Humajunmame turco. 

pág. 399 (O compadre da Morte): Cf. el cuento alemán Der Ce- 
vatier Tod (Grimm) y la novela de Aquilino Ribeiro 4 Crande Dona 
(en Estrada de Santiago). 


La Ceografia dos mitos brasileiros es un manual fundamental de la 
mitología y las creencias populares en el Brasil. En la primera parte (págs. 
1-63) L. da C. C. da las características de las creencias hoy, vivas toda- 
vía, según su distribución geográfica, región por región, explicando las 
causas e influencias geográfico-económicas y etnográfico-históricas como así 
también la relación variable en la proporción de los tres elementos: euro- 
peo, africano y amerindio. Otro detalle de su observación es la intensidad 
variable de la tradición mitológica popular. Resalta la importancia del ele- 
mento portugués y la gran fuerza modificadora de los portugueses que unas 
veces cambiaron las tradiciones indígenas, pero las más transformaron sus 
propias creencias mitológicas adaptándolas al muevo ambiente. Los portugu- 
ses adoptaron también figuras mitológicas amerindias que tienen cierta im- 
portancia para la divulgación de mitos tupíes. La influencia africana se ve 
especialmente en el ciclo de la angustia infantil. El Quibungo surgió en 
Bahía y no se encuentra en otra parte (pág. 274); es un elemento: formado 
en el ambiente negro, pero no importado de Africa. Por otra parte a pesar 
de que la influencia de los negros ha sido tan importante en Bahía y aún 
en Pernambuco, sin embargo el elemento negro no ha determinado la 
creación de ningún mito. Es de interés la conjetura de una probable in- 
fluencia de los indios Carirí en la mitología popular de Paraíba (pág. 35). 

En Pernambuco la influencia miñota es manifiesta (pág. 37). L. de C. 
C. sabe destacar con rasgos de vivo color las características de la vida 
popular de Pernambuco, Bahía y del antiguo Río. 

Todo el resto del libro está dedicado al estudio de las figuras mitoló- 


Reseñas 369 
gicas, de su diferenciación geográfica y de su evolución, incluso de la mi- 
gración de mitos: mitos primitivos y regionales (indígenas, europeos, afri- 
camos, diferenciaciones regionales), el ciclo de la angustia infantil, el ciclo 
de los monstruos, mitos secundarios y locales. Es un compendio de todo 
lo estudiado hasta ahora sobre mitología brasileña y, de su valuación crítica. 
Algunos fenómenos se estudian también en su divulgación americana fuera 
del Brasil, de modo que este libro resulta también de interés para la mito- 
logía de la Argentina, del Uruguay y del Paraguay. 

Muchas veces asistimos a la mezcla de motivos antiguos, que nos 
parecen más importantes que los nombres, pues éstos pueden haber sido 
trasladados. El concepto claro de un ente mitológico es el resultado de la 
elaboración científica del investigador, pues sólo raras veces el pueblo mismo 
tiene una idea bien determinada de las apariciones y de las personaficacio- 
nes populares. 

Muy apreciable es la rica documentación etnográfica e histórica como 
así también las explicaciones de las palabras tupíes. 

En las páginas 67 y sigs. L. da C. C. da un ejemplo instructivo de 
la influencia de los misioneros en la evolución de la mitología tupí: trans- 
formador del gran dios popular Juruparí en diablo y metamorfosis de “Tupá 
en Dios por creación erudita y artificial. Con mucha razón subraya L. 
da C. C. la influencia portuguesa en la evolución de la figura del Sací- 
Pereré (pág. 152) que aparece como un mito de existencia relativamente 
moderna (pág. 155). 

págs. 169 - 170: No creo que existan íntimas relaciones entre las si- 
renas y las moras encantadas en Portugal. Hay que partir del tipo popular 
de la mujer del mar, del río o de la fuente, hermosa y tentadora, represen- 
tante de un mundo sobrenatural, espíritu acuático (en forma de pez-mujer, 
o sea mujer hermosa que canta o no). Las sirenas griegas y romanas de la 
antigúedad representan un caso especial, 

pág. 201: el hombre transformado en lobo se encuentra también en 
la tradición bretona (Marie de France, Bisclaoret). 

pág. 241: a la Cabra cabriola cf. el cuento alemán Der Wolf und 
die sieben Geislein (Grimm) y el cuento rumano Capra cu trei iezi (lon 
Creanga). 

pág. 315 (sete Marias): cf. el papel mágico que desempeña el nú- 
mero siete en los cuentos populares románicos y vascos; véanse mis notas 
en Miscelánea filológica dedicada a D. Antonio Ma. Alcover, Palma de 
Mallorca 1932, pág. 27. 

pág. 318: El tema de la metamorfosis de una moza en una perra 
encuéntrase en la Disciplina clericalis (Exemplum XIII: De canicula la- 


370 Reseñas 

crimante). Cf. también el cuento inglés del siglo X111 Dame Siriz. Sobre 
el origen oriental de este tema véase E. Wolff, Untersuchumgen ¡ber die 
Geschichte von der weinenden Hiindin, Múnchen 1911. 

pág. 441: La costumbre de poner las mamas encima de los hombros 
para alimentar a los hijos no se conoce en Europa y no podría ser por ra- 
zones de estructura antropológica; se encuentra, en cambio, en ciertas tri- 
bus negras. Esta costumbre mencionada en la tradición portuguesa como 
propia de las Amazonas, debe ser un elemento introducido en el folklore 
portugués por navegantes o exploradores de la costa africana. La misma 
posición de las mamas presenta un cuento albanés (la mujer del león en 
Pedersen, Albanische Texte p. 30, representada como mujer y no como 
animal). También en este caso hay que pensar en una costumbre de cier- 
tas negras que habría sido introducida como elemento fantástico por via- 
jeros árabes en la tradición oral árabe, de ésta habría pasado a la turca y 
de allí al cuento albanés. 

Resalta de nuestras exposiciones el alto valor de los tres manuales 
de L. da C. C. para el mejor conocimiento del folklore brasileño y la 
nueva orientación científica de representación, documentación, comparación 
y crítica que, sin duda alguna, significa un progreso metodológico. El que 
desee trabajar en el futuro sobre el cuento brasileño o mitología sudameri- 
cana tiene que tomar como base de orientación los libros de L. da €. C. 


WILHELM GIESE 
Universidad de Hamburgo. 


CONTENIDO 


ELwerT, W. TH., La crisi del linguaggio poetico italiano 


nelliotoconto A EA 36 - 81 
KRUGER, F., Etimologías hispánicas .................. 82-112 
KrúceEr, F., El Pirineo Español. Arte popular decorativo en 
Cataluña. La fiesta de Navidad ...............-. 157-190 
KunarhH, K., La casa rural en el Este de Guatemala ..... 140 - 156 
E PiEL, J. M., Apontamentos de etimologia portuguesa ...... 228-236 


Frhr. v. RICHTHOFEN, E., La evolución estilística en la poe- 
CONEA bata PIES O es de 1-35 


_TOVAR, A., Ensayo de caracterización de la lengua guaraní 114-126 


VIOLANT 1 SIMORRA, R., Terminologia sobre el foc, la llar 


Watlun al BallarsiSobi AA 191 - 227 
ZAPPACOSTA DE WiLLMOTT, M. E., Problemas del hispano- 

amena a a de os 127 - 139 

RESEÑAS 

ALessio Giovanni, Le origini del francese. Introduzione alla 

Grammatica storica. ............... (S. Bucca) 256-257 
BARRIONUEVO ImPosTI, Víctor, El uso de la madera en el 

valle de San Javier ............ (A. Dormheim) 323-330 
BarrisTI, Carlo, Avviamento allo studio del latino volga- 

A (F. Schiirr) 249-253 
BartisTI, Carlo y ALessto, Giovanni, Dizionario etimologico 

MATAS recaer ranoroasena (S. Bucca) 253-256 
Bibliographie Internationale des Arts et Traditions Populai- 

Y EA A OSA (F, Kriiger) 237-240 


CAMARA CAscubo, Luis da, Antologia do folclore brasileiro. 
Contos tradicionais do Brasil. Geografia dos mitos bra- 


A (W. Ciese) 363-370 


CANELLADA, María Josefa, El bable de Cabranes (F. Kriiger ) 


CAPELA E SiLVa, J. A., Estudos alentejanos. A linguagem 
rústica no concelho de Elvas. ........ (F. Kriiger) 


Casapo LoaTo, María Concepción, El habla de la Cabre- 
ra Alta. Contribución al estudio del dialecto leonés. 


O A E (F, Kriiger) 
CoLuccio, Félix, Diccionario folklórico argentino ...... 
A (A. Dornheim) 
CoLuccio, Félix, Folklore de las Américas. Primera Antología 
A (W. Giese) 
Cuadernos Canarios de Investigación ......-.- (A. Tovar) 


GriERA, A., Bibliografía lingiíística catalana .. (F. Kriger ) 


GriERA, A., Tresor de la llengua, de les tradicions i de la 
cultura popular de Catalunya ......-+- (F. Kriger) 


Havers, Wilhelm, Neuere Literatur zum Sprachtabu ....-. 
A (A. Tovar) 


Kany, Charles E., American-Spanish Syntax .. (F. Kriiger) 


Kayser, Wolfgang, Eine Einfihrung in die Literaturwissen- 
schaft (La obra de arte lingúlística. Introducción a la 
ciencia literaria) ....« «<<. ==. (4. Dormheim) 


Lores Dias, J., Etnografia da Beira. Vol. VII (F. Kriiger) 
Mebina, J. R., Cantas del Valle de Tenza .. (F. Kriiger) 


MeNDoNcA Lino NETTO, Maiía Teresa de, Á linguagem 
dos pescadores e lavradores do concelho de Vila do 
(TU rss (E. Kriger) 


Paiva BoLéo, Manuel de, Introdugáo ao estudo da filologia 
POrLUgUesa ...oooocoocoroooococm”.. (F. Kriiger) 


Pires DE Lima, Augusto César, Estudos etnográficos, filológi- 
Lose bIaóricos o ( F. Kriger) 


Poema de Fernán González, Edición, prólogo y notas de A. 
Zamora Vicente -............ (G. Moldenhauer) 


RiquER, Martín de, La lírica de los trovadores. Antología co- 
mentada. Tomo 1: Poetas del siglo XII ......... 
A E (CG. Moldenhauer) 


RobricuEs Lapa, M., Estilística da língua portuguesa. ... 
Es (FE. Kriiger) 


RohLrs, Gerhard, Romanische Philologie. 1. Teil: Allgemeine 
Romanistik. Franzósische und Provenzalische Philo- 


e (F. Kriger) 


267 -275 


297 - 298 


275 - 284 
315-323 


314-315 
284 - 286 
262 - 264 


264 - 266 
245 - 248 


301 -314 


240 - 245 
296 
359 - 363 
294 - 296 
286 - 288 
292 - 293 


259 - 262 


288 - 290 


288 - 289 


248 - 249 


SAUBIDET, Tito, Vocabulario y refranero criollo con textos y 
dibujos originales ................ (F. Kriiger) 


SoLÁ, J. Vicente, Diccionario de regionalismos de Salta (Re- 
pública Argentina). ............... (F. Kriiger) 


TAVARES DA SILVA, D. A., Esbóco dum vocabulário agrícola 
cial eaneassogoradsacroórónea (F. Kriiger) 


VIDAL DE BATTIMI, Berta Elena, El habla rural de San Luis. 
Parte 1: Fonética. Morfología. Sintaxis. (F. Kriger) 


WAGNER, Max Leopoldo, Lingua e dialetti dell America 
pd it (A. Tovar) 


330 340 


357 - 359 


290 - 291 


340 - 356 


298 - 301 


LA PRIMERA EDICION DE ESTE 
LIBRO SE TERMINO DE IM- 
PRIMIR EN LOS TALLERES GRA- 
FICOS D'ACCURZIO, DE CALLE 
BUENOS AIRES NO 202, DE 
LA CIUDAD DE MENDOZA, 
EL DIA 16 DE OCTUBRE 
— DE 1950. —— 


AÑO DEL LIBERTADOR GENERAL SAN MARTIN 


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